Amén (Three-Shot)

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Summary

Tobías es un chico que vive en un hogar religioso, con padres religiosos y una vida en la que pareciera rodearlo la religión. No sabe muchas cosas, pero lo único que tiene en mente es que "No Pueden Gustarle los Chicos", lástima que al crecer se dio cuenta, de que eso era lo único que le gustaba... Y tendrá que superar ese pensamiento para poder vivir tranquilo y feliz. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Esta es la historia de la infancia y adolescencia de uno de los protagonistas de mi historia "A Particular Teacher", por si quieres saber cómo continúa, en mi perfil encontrarás la historia. By: Matías

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

En El Nombre Del Padre

Narrador Omnisciente

Tobías es un chico de 6 años que acaba de entrar por primera vez a una iglesia, estaba algo sorprendido, ya que nunca había visto algo así en persona, pero tampoco tanto, por el hecho de que sus padres le habían hablado de como era y el porqué ellos la iban a construir y al fin pasó.

Sus padres sonreían, Tobías sonreía, porque a fin de cuentas él es un niño, y una de las cosas que hacen sonreír a un niño es ver a sus padres felices, amándose y abrazándolo mientras tienen una sonrisa de orgullo en sus rostros. Tobías quería que algún día sus queridos padres tuvieran una sonrisa igual o más grande para él, algún día, algún día…

Lástima que las cosas no serían tan fácil, puesto que dos meses después, en su primer día de escuela, Tobías conocería a Marcos, su compañero de banco.

Y solo le bastó dos semanas para “caer en la tentación”.«Él es amable conmigo y los demás, me cuidó de unos chicos que me molestaban, me ayudó con la tarea y a hacer actividades, también tiene una muy linda sonrisa, su cabello está muy bien peinado, tiene unos tiernos hoyuelos, y hermosos ojos verdes»pensaba Tobías.

Él no lo sabía aún, pero a los ojos de su familia él estaba cayendo, y cayendo en un abismo profundo y oscuro del cual le costaría años salir.

Si es que contaba con la fuerza y la voluntad para hacerlo.

Tobías se acercó a la amiga de su mamá, sus padres le habían pedido a ella que lo cuidara hasta que ellos volvieran de la iglesia. Y tanto que le hablaron de Dios, al pequeño Tobi le surgió una duda.

—¿De dónde vino Dios? —preguntó inocentemente Tobías.

—No vuelvas a preguntar eso —dijo la amiga de sus padres algo enojada o al menos eso creía Tobías.

Desde entonces no preguntó nunca más eso, y por si fuera poco, fue teniendo esa mentalidad de “te lo dicen, te lo supones, no preguntas, solo los sigues como cordero ciegamente”.

•••

A sus 11 años ya prácticamente vivía en su habitación, no salía mucho, y no tenía amigos, los únicos con los que se relacionaban en la escuela eran los profesores de vez en cuando y un poco Marcos, él era una persona que le hacía sentir tantas cosas que no entendía, era todo demasiado confuso y sentía dentro de él que era algo que debía guardarse y no hablar de esto con nadie, ni siquiera Dios. Y para el hacer eso era tan difícil, ya que desde que era un bebé le habían hablado de él, y aunque no lo había visto, únicamente por estatuas o pinturas, le habían hablado de tal forma de él que Tobías sentía que hasta le debía cosas, puesto que según él nadie había dado su vida por él.

—Lo siento, sé que debo hablar de estas cosas contigo, pero leí una vez una cosa que se me quedó en la cabeza —. “Eres un acto infame”, “Arderás en el infierno por lo que eres”—, y desde entonces no me he sentido bien conmigo mismo, por como soy, por lo que siento. Tal vez y sea solo una confusión —«eso espero»—.No quiero fallarte, sé que te debo mucho, sé cuanto me quieres y cuanto te fallaría si hago algo que no debo hacer, y jamás hice nada que no debía hacer, pero dime padre, ¿cómo puedo controlar lo que siento? ¿Cómo hago para que este sentimiento desaparezca?, quiero que se vaya —«No del todo»—, te pido perdón si alguna vez te fallé, padre mío, espero no volver a hacerlo.

Siguieron pasando los años, y las dudas que tenía sobre su otro padre aumentaban, pero él se las guardaba e ignoraba cada una de ellas, ya que cuanto más pasaba más se alejaba de todos y terminaba solo en su habitación con una cruz sobre su cama. Y aunque jamás lo admitiría, le daba algo de miedo, no porque se le podría caer, sino por como se veía ese hombre muerto y crucificado sobre el mientras dormía.

Tobías tenía 12 años, y las cosas para él nada más se volvían una pesadilla, ahora no solamente tenía estos sentimientos imparables sobre Marcos, sino que había visto a unos dos chicos más y a él le parecieron… bonitos…

Tobías se quería morir, él pensaba que cada vez más sentiría esto por cada hombre que pasara frente a él, que estos sentimientos que él tenía jamás iban a irse, que se convertiría en la mayor decepción que sus padres alguna vez pudieron tener. Él no quería eso, no quería nada de lo que le estaba pasando, él no podía ser así, no sabía por qué el Dios que ama tanto y sin reproches le estaba haciendo esto.

¿En qué se había equivocado? ¿Qué había hecho mal? ¿Qué hizo para tener que sentirse de esta manera? ¿Tenía perdón lo que había hecho? ¿Su Dios lo perdonaría?

No sabía que hacer, estaba tan asustado, lo habían hecho sentirse tan asustado de sí mismo, ese sentimiento de que eres algo malo, de que las personas te odian sin conocerte, solo porque eres algo diferente a ellos… Él no sabía que hacer con todo esto que le estaba pasando, solamente podía rezar, y solamente rezar.

—Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo —. «¿Qué más puedo hacer?: No lo sé. ¿Puedo decírselo a alguien?: No, no puedo. ¿Qué hago ahora?: Reza»—. Bendita tú eres, entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora hasta nuestra muerte: Amén.

«¿Por qué siento que a pesar de hacer esto un millón de veces nada va a cambiar?, tengo fe en él, y no dudo de ello ni por un segundo, mi vida gira en torno a él, voy todos los domingos a misa, rezo cada día varias veces, hago todo lo que el padre me dice para ser un mejor cristiano… Pero no siento que nada de eso me ayude a cambiar el mal que en mí hay».

—Pero pase lo que pase, no voy a perder mi fe, porque si pierdo mi fe, lo pierdo todo.

•••

13 años tiene Tobías, una sola cosa ha cambiado en él, si antes era algo tímido y tenía pocos amigos, ahora se podría decir que es un antisocial con toda seguridad.

Su mirada ahora es fría, vacía, parece como si le hayan quitado algo, lo más importante para él, una cosa que no se devuelve, ni en sus mejores sueños puede tener esa cosa que le quitaron: Su Humanidad.

En sus ojos se veía lo vacío que estaba, los de más hablaban de que él era o un niño perfecto o un niño sin alma. Para sus padres un orgullo, alguien que no se queja, habla lo justo y necesario, jamás alza la voz, es el más religioso de la familia, siempre tiene su postura y es alguien sumamente dócil, hace lo que le dicen sin rechistar.

Aunque realmente es alguien que lo han moldeado, tanto que ya no tiene postura propia o exclusivamente la tiene tan en su interior que se olvidó que está ahí. Alguien que le da miedo mostrarse tal cual es porque le da miedo que lo “descubran”, y sepan que no es como los demás. Sabe que no va a pasar nada, aunque haga todo lo que le dicen, que no va a cambiar, pero aun así quiere intentarlo, o se convence así mismo para que si hace un esfuerzo más podrá cambiar.

—Padre, te pido perdón por todos los pecados que he cometido, sé que te he fallado, que hay algo malo en mí, trato tan fuerte de solucionarlo, pero me siento cada vez más perdido, como si cada intento de mejorar solo me alejara más de ti, y sé que eso está mal, yo no quiero perderte, yo no quiero ir al infierno, yo no quiero que no me ames o que te dé asco… No quiero eso, pero ya no sé qué hacer, siento que una parte de mí se perdió para siempre y que jamás la voy a volver a recuperar, necesito tu ayuda, por favor, te necesito.

Caminando entre los árboles que había atrás de su casa, ya que viven cerca del campo; él está buscando redención, lo han inculcado toda su vida para pensar sé cierta manera, y aunque el haya tratado con todas sus fuerzas de ser positivo y creer que la “enfermedad” que posee tiene cura, ya está perdiendo la fe… O mejor dicho la poca esperanza que le quedaba.

Su antes se sentía vacío, ahora siente que ese cascarón que le quedaba se rompió, y de él solo quedan lo que alguna vez pudo ser…

«¿Cómo es posible que alguien con una vida por delante sienta que su final ya ha llegado?»reflexionó.

—Aunque viendo que lo único que me espera es un triste y doloroso final. Ya no sé qué considerar. Es, de cierta manera, como si ya no me quedara nada más, pero ya absolutamente nada.

«Eso sonó muy triste»opinó Tobías.

—Porque lo es —. Alguien al lado mío habló.

Tobías al darse cuenta de que no estaba solo, se asustó un poco, pero solamente se notó por un par de segundos. Después miró a su alrededor y pudo ver que estaba caminando en una calle con varias casas, y una de ellas era la que estaba este chico.

Parecía tener 23 o 22 años, era un adulto joven, tenía el cabello negro, músculos bastante notorios, y unos ojos marrones tirando a negros, además de un par de tatuajes y un aro en la nariz.

—¿Qué? —soltó Tobías algo confundido.

—Estabas hablando en voz alta —aclaró él—. Aunque la verdad yo te veo bastante completo, pero seguramente no te referías a eso, ¿verdad?

—Ey, Mateo. Mamá dice que ya nos vamos, así que —. Marcos llegó y vio a Tobías, tardo unos segundos en procesarlo, pero después habló. —Hola Tobías. Nos tenemos que ir —dijo mirando a Mateo.

—Hola —dijo como pudo el adolescente.

—Está bien, ya voy. Vos anda, yo primero quiero terminar aquí —comentó el adulto joven.

—Vale, adiós —. Me saludó con la cabeza.

—Como ya debes saber Tobías, yo me llamo Mateo, y si bien ahora me tengo que ir, el siguiente finde semana vuelvo, así que si quieres puedes venir y hablamos. Si quieres —recalcó y yo solo me fui.

«No puedes ser amigo de esas personas, nada más empeorarán la condición en la que estas. Solamente míralo, son gente mala, gente muy mala, y te llevarán por un camino que no es de Dios»pensé.

•••

Era el cumpleaños número 14 de Tobías, para ese punto odiaba cada fecha festiva, y por poco no odiaba la vida misma.

Había algo, él sabía que algo le hacía falta, mucha falta, pero no quería pensar en eso, no podía hacerlo, ya que sino todo lo que había hecho hasta el día de hoy se habría desmoronado. Porque aunque no lo parezca, él es solo un niño, y un niño que el castillo que tardo 14 años en construir, fue hecho de cartas, y al más mínimo viento todo se puede caer.

Porque es solo un niño, al que le piden que actué como un adulto, que no sea un niño, que no se equivoque, que todo sea como debe ser. Que llegue lejos, sin ver el camino que debe recorrer, que… Creo que ya se entendió.

Como siempre, a él le enseñaron que debía ir a la iglesia si tenía miedo, si había cosas que debía confesar, si tenía que liberarse de algo, que lo haga ahí, con un padre, con alguien… Pero siempre debía hacerlo acompañado, y como a él daba miedo que alguien se enterara de su sucio y retorcido secreto, eligió que su acompañante sea María.

—Tengo temor de ti, tengo miedo a lo que pueda pasarme, me da mucho terror en lo que voy a convertirme. Me pongo a llorar suponiendo que mis papás van a odiarme cuando se den cuenta de que estoy yendo por el camino equivocado… Ayúdame por favor, madre mía, ya se lo pedí a Dios y ahora te lo estoy pidiendo a ti, por favor, sálvame. No quiero que ese final inevitable llegue, no quiero —susurró Tobías, ya que sabía que si alzaba un poco más la voz iba a llorar, y él no podía hacer eso, le habían dicho que estaba mal hacer eso.

“Los hombres no lloran”.

«Necesito una mamá que me diga que todo va a estar bien… Por favor, dime que todo va a estar bien, lo necesito»pensó Tobías.

El chico miró la estatua, pero nada pasó, siguió mirándola un rato largo, pero siguió sin pasar nada, esperó y esperó, pero lo que quería jamás llegó.

Pero Tobías siguió esperando, ya que debía hacerlo, tenía que seguir rogando por perdón y ayuda, no podía simplemente no hacer nada y dejar que las cosas pasaran, porque si lo hacían… Ese niño sabía que todo iba a estar perdido si dejaba que todo simplemente pasara.

«Sé que mis papás me aman más que nada a en el mundo, rezan siempre por mí, piden por mí siempre, que me vaya bien en la escuela, que sea el mejor, que nada malo me pase y pueda llegar a cumplir con lo que ellos esperan de mí. Pero todo tiene un límite, y el mío es ese extraño, pequeño y terrible sentimiento»pensó.

•••

Era el cumpleaños número 15 de Tobías, él ya no podía ser más feliz, no quería sentir nada, él tenía perfecta conciencia de que si dejaba entrar un mínimo rayo de luz a su cueva de oscuridad, estaría perdido.

Por eso se resignó, y según él eso era lo mejor para todos, no existía otra solución, y por nada del mundo iba a aceptar esos putrefactos sentimientos. Se los llevaría a la tumba, junto con su cadáver, ni siquiera en su lecho de muerte iba a confesar algo así. No iba a defraudar a tantas personas diciendo les que no era normal.

Él estaba en la clase de educación física, no era muy bueno, ni siquiera le gustaba, pero en vez de expresar eso solamente hacía lo que le pedía el profesor y trataba de hacerlo lo mejor que podía, y un poco más.

Siempre le han enseñado a hacer eso, da todo lo que tienes y luego da un poco más, sin importar nada, siempre se puede dar un poco más. Y si no eres un maldito avaro que no sabe que puede compartir, entre otras cosas que le enseñaron.

El chico trataba de ignorar a los demás y hacer sus cosas, pero mientras las hacía, el profesor le llamo la atención al joven, y vio de repente que Marcos se acercaba a él.

Con ese uniforme de educación física…«No pienses en eso,ignóralo».El maestro les pidió hacerlo juntos, ya eran ese tipo de ejercicios que se necesitaban de dos personas, y mientras los hacían Tobías sentía el cuerpo del chico junto al suyo… «No pienses en eso, maldito chico asqueroso, hormonal, que no puede controlarse con nada, animal, degenerado, sucio, deberíanmatart».

La realidad es que solo estaban haciendo ejercicios, pero la mente adoctrinada de Tobías lo estaba castigando, diciéndole de todo, haciendo que se odie, y todo por nada realmente.

—Oye, ¿te encuentras bien?, parece que te vas a desmayar —dijo Marcos preocupado mientras se acercaba al chico.

—Sí, solo estoy algo cansado. No es nada —dijo Tobi mientras miraba al chico, y en tan solo unos segundos vio lo lindo que era, pero en seguida volvió a la realidad.

«Esto no puede seguir así, porque si esto me vuelve a pasar… Va a ocurrir algo, algo muy muy malo»pensó el chico de tan solo 15 años.

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