Javier & Cristal - Preludio a la locura

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Summary

Si estuvieras buscando un camino y encontraras a alguien tan perdido como tú, ¿sería una buena o una mala influencia? ¿Te ayudaría a encontrar ese camino, o te haría sentir más perdido? Cuando Javier y Cristal se conocen al empezar sus estudios universitarios, inician una amistad en la que, tratando de buscar el significado de sus pesadillas, llegan a creer que el mundo de los sueños podría ser algo más grande que solo parte de sus pensamientos. A medida que buscan esta conexión, empiezan a notar que los secretos que guardan están relacionados con varios trastornos mentales que podrían llevarlos por un camino sin retorno... “Aunque las cosas malas a veces se quedan en nosotros como una cicatriz, me gusta creer que las cosas buenas también pueden perdurar, y tal vez quedarse más allá del tiempo y los recuerdos”.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Los sueños que compartimos

¡Hola! Antes que nada, quisiera hacerles una pregunta:

¿Sabían que, existe una historia que todos guardamos en nuestro interior? Humanos, animales, plantas... ¡Todo tipo de seres! Pero ¿que en su momento más trágico, sufrió del olvido y a la vez quedó dormida en cada uno de nosotros para la eternidad?

Y ya sé qué es lo que se preguntarán: Si es que quedó en el olvido, ¿cómo es que alguien está contándola ahora? ¡Y me alegra que se hagan esta pregunta! Porque ESE es el paso más importante para poder entender todo lo que les voy a contar desde ahora...

Creo que toda esta historia comenzó el día en que sus vidas se entrelazaron... La vida de estos 4 seres. Pero ¿saben qué? Para poder entender mejor esta historia, creo que sería bueno empezar con uno de mis momentos favoritos:

En este momento, nos situaremos a principios del año 2002, en el país de Bolivia, en la ciudad de La Paz. Una ciudad maravillosa, con lugares muy bonitos para conocer, y todos los climas que se puedan imaginar. Se los digo, ese tema del clima es una locura; en un solo día puede amanecer con un aire helado, más tarde hacer un calor tremendo, y en la noche caer una lluvia fuertísima, que puede durar 5 minutos... o 5 horas. ¿Y si hablamos de la comida? ¡Uff!, ¡había tantas cosas muy ricas para comer! Marraquetas, salteñas, tucumanas... Pero no nos desviemos mucho del tema principal. Empezaremos con Javier, mejor conocido como Javi por sus amigos. Era un muchacho de 17 años, que vivía en esta ciudad y hace unos días había terminado sus estudios escolares. ¿Se imaginan?, era lo que llamarían “un flamante bachiller”.

Si me pidieran describirlo, diría que físicamente era un muchacho bajito, de lentes, cabello negro corto; que a simple vista parecería alguien muy cuadrado, ¿no creen?

Pero ¿su forma de ser? Era tan raro en su manera de pensar. A veces se encaprichaba tanto con algo, que llegaba a un punto en el que se volvía desesperante como una mula; pero otras veces estaba abierto a tantas cosas, que parecía la persona más comprensiva del mundo... Creo que una de las mejores formas de describirlo, es justamente a través de este momento que elegí:

Javi tenía que elegir qué iba a estudiar en la universidad. Lo cual, déjenme decirles, era algo bastante importante para él y su familia.

Empezando ese año, a principios del mes de enero, pasó algo que otras personas verían como muy extraño: Javi abrió los ojos y se encontró en un lugar inmenso, vacío y silencioso. ¡Este lugar se veía surrealista! Podríamos decir que lo rodeaba un paisaje “de ensueño”.

Cuando bajó la mirada, sólo podía ver una cueva a la distancia. Y al mirar hacia su entrada, empezó a notar un par de ojos mirándolo desde el interior.

—¿Otra vez? —se dijo, con cansancio en la voz—. A ver, Javi, con calma, piensa...

Caminando un poco hacia adelante, se detuvo después de dar unos pasos, como si supiera que había algo más frente a él. Luego colocó las manos en el aire y terminó apoyándolas en una pared invisible.

Observó hacia los ojos dentro de la cueva y estos lo vieron de vuelta. En ese momento, él empezó a sentirse nervioso ¡y asustado! Entonces, desde las profundidades de la cueva, emergió una criatura gigantesca, ¡corriendo hacia la salida! ¿Era una bestia?, ¿un monstruo?, ¿algo como una quimera?, se movía de forma tan errática y se veía tan lejos, que no se podía distinguir. ¡La dueña de ese par de ojos empezó a mostrarse fuera de la oscuridad! Javi sentía que estaba en peligro... Y de repente, empezó a escuchar que una voz lo llamaba por todos lados...

—Javier... Javier... ¡Javier!

La voz resonaba sin parar, y entonces, él... despertó.

Javi empezó a abrir los ojos, con su cuerpo acostado en un piano eléctrico, donde había varias anotaciones, partituras y libros; y volvió a escuchar su nombre. Se levantó un poco adormilado y lentamente se dirigió al piso inferior de la casa. Ahí se encontró con su madre, Margaret, quien era la que lo estaba llamando desde hace un rato. Mientras iba caminando, Javier se decía en su mente:

—«Qué raro, la misma pesadilla, el lugar, la bestia...»

Al llegar donde Margaret, ella le habló con un tono de voz alegre y emocionado:

—¡Pedaazo! —ese era un apodo cariñoso con el que ella llamaba a Javi—. ¡Hay alguien que quiere verte! ¡Está en la entrada!

Después de dirigirse a la puerta principal, Javi colocó su mano en la chapa y pensó:

—«Momento... Ahora que lo pienso, no he tenido visitas estos días... ¿Quién será?»

Javier empezó a emocionarse y abrió la puerta. ¿Quién podría ser? A medida que crecía su expectativa, terminó de abrir la puerta, para descubrir a... su hermano Damián, al que veía todos los días. Damián era el hermano mayor de Javi, por 5 años de diferencia.

Javi puso una cara de aburrido, que para qué les cuento, y se preguntó si su madre solo quería jugarle una broma. En ese momento su hermano lo saludó desde la calle y le señaló su lado derecho. Javi dirigió la mirada y vio que alguien llegaba al lado de su hermano. Era... la novia de Damián: Irma. Que por cierto, Javi igual veía muy seguido. Pero... ella traía algo entre brazos.

Javi se quedó viendo a Irma bajar algo de sus brazos en la puerta de entrada de la casa, y era...

—«Un perrito... ¡Es un perrito!» —dijo Javi varias veces en su mente, mientras una sonrisa crecía en su rostro.

Damián lo miró y le dijo:

—¡Mira, Gato! —un apodo que Damián usaba para referirse a Javi—. ¡La Irma me lo regaló! Se va a llamar Diana y ahora va a ser parte de la familia. ¡Se va a quedar a vivir con nosotros!

Diana parecía tener pocos días de edad y Javi se acercó a la cachorra con mucho cuidado. Después de que Irma la colocó en el piso, se podía ver que le habían puesto un tutú rosa de adorno. Era una de las imágenes más tiernas que se puedan imaginar.

Diana empezó a tratar de moverse con sus 4 patitas. Y aunque se tambaleaba con la torpeza de un bebé, empezó a acercarse a Javi poco a poco. Cuando al fin ambos ya se tenían frente a frente, uno al otro, Javi se hincó para estar a su altura, bajó la cabeza y le extendió las manos. Diana subió sus patitas y... puso una en la cara de Javier, haciéndole caer sus lentes. Él empezó a reírse y la agarró de sus 2 patitas delanteras con una sonrisa, mientras Diana le empezó a lamer la cara.

En ese momento, llegó Margaret y dijo:

—¡Hooola, señowriita! —a Margaret le gustaba usar acentos graciosos hacia los que sentía cariño.

Ambas se miraron y Diana se acercó poco a poco a Margaret y esta última le dio una caricia en la cabeza. Mientras lo hacía, Margaret la miró con dulzura y le dijo:

—Bienvenida... Pichika.

La palabra “Pichika”, es una palabra que viene de la lengua Aymara, uno de los idiomas nativos de Bolivia. Una pichika, es una trenza de cabello, que generalmente usan las mujeres Aymaras de forma tradicional. A Margaret, junto a los acentos que usaba, también le gustaba mucho usar apodos y modismos con personas por las que sentía cariño.

¿Qué les parece si dejamos a Javi por un momento, mientras se va conociendo con Diana?

Mientras tanto, en otro lado de la ciudad, una muchacha llegaba a casa de su abuela. ¿Su nombre? Cristal. Cris para sus amigos. A ver, tratemos de describirla: Cris tenía 17 años, físicamente Cristal era atlética y su altura se parecía a la de Javi. Sobre su apariencia, tenía el cabello rubio y largo en forma de coleta, un rostro alegre, y ojos grandes y celestes.

¿Y su forma de ser? Podría decirse que tenía mucha energía y era algo que contagiaba a los demás. Era muy activa, le gustaba siempre estar haciendo algo. Cris era de esas personas que no se pueden quedar quietas y te hacía pensar que sus baterías eran ilimitadas.

Después de abrir la puerta de lo que iba a ser su nueva habitación, Cris dejó sus maletas en el suelo y tomó con su dedo al lorito que llevaba en su hombro, el cual llevaba unas pequeñas vendas en su ala derecha; lo colocó encima de un perchero y se abalanzó de frente contra la cama, descansando un poco antes de voltear su mirada hacia su mascota.

—¿Será que lo vale? —decía Cris, mientras veía a su loro mirándola con curiosidad—. Ay... mamita...

Cris sacó una bolsa de frutas de su chamarra, que contenía una porción pequeña de Kiwis dentro. Sacó 1 de ellos y se lo entregó a su loro para que lo tome con su pico.

—Kiwis, ¡para mi Kiwi! Ajaja. Pero tampoco hasta que te quedes panzón, ¿no? Ya ni vas a poder volar...

Cristal tenía un lorito llamado Kiwi, y empezó a imitar su voz, con un tono muy exagerado:

—¡Claro que lo vale! ¡Braaak! ¡La mamá quiere que sigas tu sueño! Así que... ¡A echarle pilitas!

Después de eso, Cris bajó la mirada y se quedó viendo al vacío.

—Mamita, te prometo que valdrá la pena... Sin importar la distancia.

Cristal se acomodó boca arriba en su cama y cerró los ojos. Tan rápido como se acomodó, se quedó dormida. Dentro de su sueño, Cris apareció rodeada de oscuridad, donde lo único que podía ver, era a ella misma. En ese momento empezó a escuchar una voz, la cual decía entre gritos:

—¡¡¡¡Ahhh!!! ¡¡¡¡NOOOO!!! ¡¡¡¡NOO LOOO TENDRÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁSS!!!! ¡¡¡¡¡AAYUDAAAAAAA!!!!!

Cristal trataba de encontrar el origen de la voz... pero le costaba mucho. A medida que caminaba buscándola, los gritos empezaron a hacerse más fuertes y la voz volvió a escucharse:

—Espera... ¿Q-qué eres tú? Nooo... NOOOoo... ¡¡¡ALÉÉÉÉJATEEE!!! ¡¡¡ALÉJATEEEEEE!!!

En ese momento, Cris se detuvo. Empezó a sentir miedo, estaba alerta, ¡presentía peligro! Y... despertó; levantándose de forma abrupta y con una transpiración fría en su cabeza. Rápidamente, como un acto reflejo, volteó su mirada hacia Kiwi, pensando que era él quien le hablaba mientras ella dormía... Pero Kiwi solo la miraba con curiosidad, mientras Cris empezaba a calmarse.

—¿Por... qué? ¡¿Por QUÉ?! ¡¿¡¿POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ?!?! ¡¡¡Ya estoy HARTAAA!!! —Cris se tapó el rostro con las manos, mientras trataba de mantener la calma—. Pero, esto... ¡Por fin se va a acabar!

¿Vaya situación no? Si había algo que en ese momento tenían en común Cristal y Javier, era que ambos sufrían de unas muy “peculiares” pesadillas...

Dejando a Cris por un momento, avancemos unas cuantas horas en el tiempo. Al llegar la noche en la ciudad de La Paz, se podía ver a una persona, que parecía ser un hombre adulto. Y digo “parecía”, porque la razón por la que era difícil de distinguir, era que usaba una larga gabardina que cubría gran parte de su cuerpo. También usaba un sombrero para tapar su cabeza y unos guantes negros. Vamos, se notaba que realmente trataba de permanecer en el anonimato, jaja. Tenía una postura firme y parecía de una complexión fuerte. Y aunque hacía un gran trabajo ocultando su apariencia con su forma de vestir, se podía notar un collar colgando de su cuello... Y en este collar, había una piedra.

Esta persona misteriosa, estaba parada frente a una casa de 3 pisos, mirando fijamente por encima del techo. Se quedó viendo un punto fijo en el cielo por un tiempo... Y si ustedes se concentraban en ver ese lugar, hubieran empezado a notar unos orbes de luz que titilaban lentamente, de forma suave y casi imperceptible, como si fueran los restos de una luz que se hubiera concentrado ahí y hubiera ido desapareciendo.

Después de ver estas luces, esta persona sacó una libreta de su gabardina. ¡Su libreta tenía anotadas un montón de direcciones! ¿Lo más extraño? Tenía datos muy detallados, como ciudades, países, nombres de calles y números de casas. En la libreta, algunas direcciones estaban tachadas y otras no. Esta persona sacó un bolígrafo y empezó a escribir:

País: Bolivia

Ciudad: La Paz

Dirección: Zona Panqara, Calle Muxsa, número 795

Posibles portadores: Familia Zelani

Y así como terminó de escribir, guardó su bolígrafo y agarró la piedra de su collar. Empezó a apretarla fuertemente con su puño. La mano que apretaba la piedra, empezó a temblar poco a poco, cada vez con más intensidad, mientras la persona caminaba lentamente, cojeando un poco, alejándose cada vez más de la casa que estuvo observando.

Resumiendo hasta ahora: 3 personas que tenían sus propios asuntos por resolver, ¿no creen? Javi estaba pasando un momento lindo con la nueva integrante de su familia; Cris estaba en un nuevo lugar, y parecía que se había separado de su mamá; y la persona misteriosa andaba investigando cosas, que aún no se sabían si eran para bien o para mal...

Y así fueron pasando algunos días... y los días ya se volvieron semanas. Y en los primeros días de febrero, la mañana de un lunes, empezaba a sonar la alarma en el cuarto de Javi, que por cierto, él siempre ignoraba las primeras... ehm, ¿5 veces? Javi tenía un ritual bastante común en las mañanas, la alarma sonaba a las 6:30, la ponía en “posponer” para que suene de nuevo dentro de 5 minutos. Pasaba lo mismo a las 6:35, 6:40, 6:45, etc., ya me entienden. A las 6:55, Javi se levantó de su cama, aún adormilado y se dirigió lentamente a la ducha. Al recibir el agua caliente, empezó a sentir que su energía empezaba a aparecer y ya se puso más despierto. ¡Era un día importante para él! Ese lunes empezaba sus clases en la Universidad. Después de ducharse, vestirse y demás, tomó su mochila y salió de su cuarto. Javi se quedó mirando la puerta de la habitación de al lado, y gritó desde fuera:

—¡Chau, Dam!

Damián, desde el otro lado de la puerta, respondió de vuelta:

—Ya, ¡chau, Gato! ¡Que te vaya bien!

Javier bajó al segundo piso de la casa, donde su mamá lo estaba esperando con un vaso de jugo de naranja recién preparado. Javi lo recibió y antes de tomar, dijo:

—¡Hola, ma! Gracias.

Margaret le sonrió y dijo:

—¡Pedaaazo! Mirate, ¡tu primera clase de Ingeniería de Sistemas!

Javi terminó el jugo y le dio un beso en la mejilla.

—¡Gracias, ma! ¡Chau!

Se acercó a las gradas que daban al primer piso, pero antes miró hacia la habitación de sus padres y dijo:

—¡Chau, pa! ¡Estoy yendo!

Su padre lo miró desde la habitación y le respondió:

—¡Chau, hijo! Que te vaya bien, Gato. Y ánimos, vas a ver que es una buena carrera.

Mientras Javi bajaba al primer piso, su madre volvía a su cuarto. El papá le dijo a Margaret:

—Aunque no le guste mucho la carrera, es lo mejor para él...

Margaret, con un suspiro, asintió con la cabeza. Ambos se quedaron a ver televisión por un momento, antes de empezar con sus tareas diarias.

¿Ya se dieron cuenta de que Javi no era el chico más feliz del mundo al tener que estudiar Ingeniería, verdad? Pero sus papás lo forzaron a hacerlo, debido a que sus hermanos también la estudiaron. ¡Ah! Hablando de sus hermanos, solo conocen a Damián por ahora... Ya en otra ocasión les hablaré de su otro hermano.

Verán, volviendo al tema de Ingeniería: Para los papás de Javier, era una carrera que le iba a asegurar un trabajo y buena paga en el futuro. Dos cosas que eran muy importantes para su padre. Y si llegara a tener problemas en esa área, podría contar con sus hermanos para ayudarlo, porque ellos ya eran ingenieros titulados.

Después de que Javi había bajado al primer piso, se quedó en el patio jugando unos minutos con Diana. Por cierto, durante todo el tiempo que pasó desde el día que Diana llegó, ella creció un poquito más, ya era un poco más ágil y fuerte, y tenía su casita cerca al patio. Había este juego que ambos tenían, en el que Javi, a unos metros de distancia, se ponía en una pose con los brazos abiertos, donde parecía que quería atraparla y se quedaba quieto como estatua mientras la veía. Y ella, al verlo, también se quedaba quieta. Y después de unos segundos, ¡Javi corría a toda velocidad hacia Diana! Y ella, en respuesta, se echaba de espaldas para que la abrace y le dé caricias.

—¿Qué pasa contigo? ¿Mmh? ¿Qué pasa contigo? —le decía Javi con un tono más juguetón, mientras se abrazaban—. ¿Quién es la más bella del mundo? Seguro vos, seguro vos.

Después de jugar, Javi se despidió de Diana dándole un beso en la frente. Salió de su casa y fue hacia la avenida para esperar un Minibús hacia la Universidad. En Bolivia, unos de los transportes públicos más usados, son los Minibuses y los Micros, ambos con diferentes rutas predeterminadas. Él empezó a decirse dentro de su cabeza:

—«Ahhh, ¿será que hay gente conocida?, ¿o puros nuevos? Ojalá haga amigos como en el cole... Jaja, hablando de eso, ¿qué habrá sido de esos payasos?»

Ya dentro del Minibús, Javier se quedó pensando en la pesadilla que tenía desde hace muchos años. ¿Recuerdan a la criatura que salía de una cueva? ¿Qué tal si por ahora la llamamos “La Bestia”? Después de todo, así es como la llamaba Javi la mayor parte del tiempo. En este sueño, algunas veces La Bestia se quedaba viendo a Javier por más tiempo antes de moverse. Había ocasiones donde parecía que La Bestia movía su boca, como queriendo comunicarse con él, pero él nunca pudo escucharla... ¿Recuerdan la pared invisible? Javi se preguntaba si esto tapaba el sonido.

—Si supiera lo que dice... Ahí sería otra cosa —refunfuñaba Javi—. Pero ¡esa bestia de porras!

Estas últimas palabras ya sonaban lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de la señora que tenía sentada a su lado, la cual lo miraba con preocupación ante la imagen de Javier hablando consigo mismo. Después de un momento, Javi volvió a la realidad y notó la mirada de la señora y se disculpó de la mejor forma que pudo:

—No, ¡no, señora! ¡No le decía a usted! Lo que pasa es que me estaba acordando de... ¡de mi perrita! Jaja, que hace un montón de travesuras ¡y a veces se pasa de la raya! P-perdón si la asusté...

Junto a la señora, las demás personas dentro del Minibús empezaron a reírse de todo esto, ya que en un lugar tan cerrado, se podía escuchar todo el chismecito.

—Ay, joven, sus ocurrencias... —dijo la señora, ya más tranquila.

¿Y qué pasaba con Cristal? Cristal estaba durmiendo boca arriba en su cama, con una pierna fuera y un chorro de saliva cayendo de su boca. Y unos ronquidos... Madre mía, ¡sus ronquidos! Me recuerdan a gente que trabaja en construcciones con esos taladros gigantes. De repente, Cris abrió los ojos y miró su reloj en la mesa de lado:

—No... No, no, ¡¡no, no, no!! ¡¡Estoy re-tarde!! —decía Cris, mientras daba un salto para levantarse de la cama.

Saludó a Kiwi y puso su dedo con cuidado en el pecho del lorito, acariciándolo mientras le daba de comer. Por cierto, a estas alturas, Kiwi ya tenía toda una casita instalada en el cuarto de Cris. Después de cambiarse lo más rápido que pudo, Cristal se puso una liga en el cabello y salió de su cuarto. En la cocina se encontraba su abuela preparando el desayuno. Cris la saludó con un beso en la mejilla y dijo:

—¡Hola, mamá Luisa! —decir “mamá” seguido del nombre, es una forma común de llamar a las abuelas en varias partes de Latinoamérica—. ¡Y chau!, ¡no me despertó la alarma ni el Kiwi! ¡Corro a la U!

—Corré hijita, ¡pero con cuidado! —le dijo su abuelita, mientras se reía un poco—. ¡Me cuentas cómo te va!

Cris tomó una marraqueta de la mesa y salió de su casa. Aahh, las marraquetas; estas delicias son un tipo de pan que se prepara en la ciudad de La Paz, destacando por su textura crocante. Cristal comenzó a caminar con paso acelerado hacia la Universidad, mientras pensaba:

—«¡Primer día de Psicología! ¡Ojalá haya buenas personas!»

Mientras Cris se apresuraba hacia la Universidad, empezó a cantar todo tipo de canciones en el camino. ¡Su voz era especial! Podía cantar una balada y después de unos segundos estaba cantando una canción de rock pesado. Un momento la escuchabas como cantante de ópera, y de repente parecía una estrella de pop con un tema muy alegre. Pero, había algo más... También cuando hablaba, se podía notar una voz con un acento cantarín, que delataba un poco de donde venía: Tarija. En Bolivia, la ciudad de Tarija era conocida como “La capital de la sonrisa” y era un nombre ganado gracias a la gente tan amable y amistosa que se podía encontrar ahí. ¡También tenía un clima muy agradable! Generalmente era tranquilo y templado. Una vez, alguien importante me dijo que “era como estar en un paraíso”.

Javier y Cristal se dirigían a la Universidad, pero... Mientras tanto, en otro lugar muy alejado, había una casa que parecía abandonada. La casa era muy pequeña y tenía una habitación. Después de que se abrió la puerta, ingresó cojeando la persona misteriosa con gabardina. Se puso a arrastrar una mesa que estaba a un lado y la llevó hacia el centro de la habitación. En la mesa colocó un pergamino, que al abrirlo mostraba un mapamundi con algunas marcas de bolígrafo. Acercó una silla, se sentó y luego sacó su libreta de direcciones y empezó a poner otras marcas en el mapa.

—¡Por ahora esto es suficiente! —dijo con una voz gruesa y un poco ronca—. Si mando a alguien a estos 2 lugares, yo mismo me puedo encargar del tercero...

Después de terminar sus anotaciones, se quitó el sombrero y la gabardina, revelando su apariencia. Parecía un hombre adulto, con un cabello corto y un poco canoso. Su rostro se veía serio y con algunas arrugas. Agarró un vaso del estante, se sirvió una bebida y se quedó sentado mientras tomaba, tratando de disfrutar el sabor.

Volviendo a Javi, podemos ver que él ya estaba en su primera clase. Vaya, ¡se veía muy concentrado! Estaba tomando notas de todo lo que estaba escrito en la pizarra. En ese momento, la docente dijo en voz alta:

—Bueno, chicos, vamos a hacer un ejercicio para conocernos mejor, ¿ok? Quiero que cada uno se presente a la clase y diga el por qué eligió estudiar esta carrera —la docente miró a Javi, que seguía distraído con sus anotaciones—. ¿Qué tal si empezamos contigo?

Javi cruzó su mirada con la docente y se dio cuenta de que tenía que hacer su presentación. Se levantó rápidamente de su silla, volteó hacia toda la clase y dijo:

—¡Hola! Soy Javier, pero mis amigos me dicen Javi... También me dicen “Bicho” por Jabicho y también me dicen... Ehm, bueno, eso no viene al caso, porque esta es una clase con gente educada que no va a andar diciendo ese tipo de malacrianzas... —los demás empezaron a reír un poco y el ambiente se fue haciendo más relajado—. Bueno, ya hablando en serio, yo decidí estudiar esta carrera... porque mi familia siempre pensó que yo debía estudiar Ingeniería de Sistemas, porque eso me iba a asegurar un trabajo estable y dinero en el futuro...

En ese momento, ¡la puerta de la sala se abrió de golpe! Como si un fantasma la hubiera empujado. ¿Adivinan quién lo hizo? Jeje, todos voltearon asustados al escuchar la puerta y vieron a... Cristal. Ella estaba exhausta y respirando con dificultad por todo el trayecto que recorrió para llegar hasta ahí. Cris trataba de recuperar el aliento y después de unos segundos, cuando ya pudo hablar un poco, miró a la docente y le dijo:

—¡Perdóóóóón!, ¡Licen! —“Licen” es un diminutivo de “Licenciada”—. Esta... es la... carrera de Psicología... ¿verdad?

La mayoría de los alumnos se quedaron viéndola como si estuvieran hipnotizados. Varios de los varones se quedaron boquiabiertos.

—“Wow...“, “¡Mirá qué linda!“, “Dios mío, gracias por tanto, perdón por tan poco” —eran algunas de las frases que se escuchaban de los chicos.

¿Y las chicas del salón? Pues la mayoría de ellas miraban a Cris de pies a cabeza. Algunas asombradas, otras con el ceño fruncido. Y algunas volteaban a observar a los chicos para ver sus reacciones.

La docente miró a Cristal a los ojos y le respondió:

—Sí, es esta. Bienvenida a Psicología. Justo estamos haciendo presentaciones, así que, por favor, toma asiento.

Cris buscó un asiento vacío y encontró uno al lado de Javi y fue a sentarse ahí.

—Javier se estaba presentando —dijo la docente—. Continúa por favor...

—Como les decía —dijo Javi—, mi familia siempre quiso que estudie Ingeniería, porque es una carrera con trabajo asegurado y buena paga, pero... ¡Yo decidí entrar a Psicología porque quiero ayudar a la gente! ¡Quiero que la gente pueda confiar en mí para ayudarlos! Y... —Javi bajó la mirada y también el volumen de su voz— ¿Quién sabe? Tal vez poder entender algunas cosas...

Vaya, vaya; sorpresa, sorpresa... Javi tenía un gran secreto en sus manos, ¿no creen? Él hizo algo que podría traerle muchos problemas: se había inscrito a la carrera de Psicología e hizo creer a su familia que estaba en Ingeniería de Sistemas. Yo creo que ya me entienden mejor de cuando les dije que era alguien bastante raro, ¿verdad?

Esta historia, queridos amigos... ¡Continuará!