Metamorfosis

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Summary

Eider ama la música. Adler compone pequeñas letras que piensa que nadie verá jamás. Eider tiene problemas consigo mismo. Adler reflexiona mucho sobre todo. Eider es un peregrino eterno, no pasa más de un año en el mismo lugar. Adler es un chico de pueblo, jamás ha salido de allí. Eider, en el fondo, tiene miedo de quien es realmente, de lo que oculta entre sus entrañas. Adler tiene miedo...De la magnitud de sus sentimientos, de sus deseos, y de que su corazón se rompa por primera vez.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo


— ¿Quien es él?


Adler se dio vueltas por la cama, con sus ojos azules entrecerrados, su cabello revuelto y la espalda descubiert. Observó lo que miraba el chico frente a él.


En su pizarra de cartón, en dónde cuelga cosas, son visibles un par de fotografías, nada realmente ostentoso ni tampoco demasiado minimalista, algunos dibujos que con tachuelas eran sostenidos, letras diversas de canciones, bocetos de instrumentos y un par de flores secas. También imágenes de diversos álbumes musicales y otras fotografías de artistas variados. Un pequeño santuario. Iluminado por la luz de la tarde que, desde dónde estaba, semidesnudo y acostado en su cama, era hermoso de observar


Y las pocas fotografías que habían allí (que no eran de famosos) , eran realmente lo último que podría llamar la atención al entrar a su cuarto.


Eran medio borrosas y oscuras, y estaban ligeramente escondidas entre bocetos (bocetos que no pertenecían a él). No es que Adler invite a muchas personas a su cuarto, pero siempre ha sido una persona prevenida por naturaleza, nadie puede culparlo por eso, la vida le ha dado un par de puñetazos, especialmente en los últimos meses.


El lindo chico frente a él lo miraba expectante

, y Adler repentinamente sintió una necesidad abrumadora de decir la verdad, de contarlo todo, todo lo qué pasó


Él sabía bien, muy bien, que no podía hacer eso, por lo menos no este momento. No ha terminado de lamer sus heridas (ni siquiera su rodilla ha sanado en totalidad) pero pudo visualizarse a si mismo sentándose correctamente en la cama, con una expresión seria en su rostro, y empezar a hablar. Y seguir y seguir hablando, hasta que se haga de noche, que pasen días, que pasen años, que no exista pensamiento que no haya sido expulsado de su mente, de su corazón. Era una fantasía tonta, y él ya no era igual de estúpido como hace un año, pero su soñadora mente aún se desviaba en ocasiones.


Observó, por breves segundos, las fotografías. Ah, el sol de la mañana realmente reflejaba en su cabello, aunque en estos momentos sea un simple pedazo de papel, tenía ese efecto en su corazón. Los recuerdos asomaron la cabeza en su memoria, recuerdos del momento en que aquellas fotografías fueron tomadas, de lo que en algún momento hubo detrás de ellas, todas esas cosas maravillosas, y las horribles.


Lo recordaba todo.


Había llorado demasiado por eso, había sacrificado demasiado por todo lo que ocurrido. Recuerda aquella noche confusa en su memoria, la mirada gélida de su madre, los llantos de su padre, los gritos, los golpes, él, huyendo, encontrándose cara a cara con esa persona.


Oscuro, solo, adolorido, lastimado. No pudo dejar de llorar, tuvieron que sedarlo. Ojos hinchados y ojeras negras. Y se mantuvo así por un tiempo.


En este momento pareciera que sigue sedado, como aturdido. Incapaz de sentir realmente algo, de sentirse feliz o emocionado, o triste y enojado. Ya no era absolutamente nada cómo lo había sido antes.


Había ocurrido una metamorfosis.


Sabio que tenía que decirle algo al chico a su lado (No era cualquier chico, después de todo) pero su garganta estaba seca y sus palabras no iban a fluir


— Ah — se atrevió a decir. Se sentó correctamente en la cama y cambio la dirección de sus ojos hacía quien estaba ahora con él. Directo a sus ojos, mirando aquel color, casi podía pretender que nada de lo que pasó había pasado de verdad, solo un mal sueño, una pesadilla, producto de su estrés. Podía cerrar sus propios ojos, señal de no querer hablar de ello, y tenía la certeza que lo iba a entender.


Pero quería, realmente quería hablar.


Le sonrió, con una sonrisa cegadora. Acercó su mano al rostro ajeno, y acarició con tanta suavidad cómo le fue posible.


— ¿Realmente quieres saber?


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— Deja eso.


La voz de Eider sonó fuerte, decidida, mientras miraba fijamente los ojos de su padre a través del espejo del auto. No agacho la cabeza en ningún momento, los dos pares de ojos encontrándose a través del cristal


Su padre permaneció estoico, sin inmutarse. Ni comentarios hirientes, ni gritos, ni advertencias. Solo silencio.


— ¿Por que?, ¿No es verdad que eso es lo que te gusta? — Sus ojos, inexpresivos, incitaron a una pelea. La música siguió sonando de fondo, demasiado fuerte para el gusto de Eider


No respondió. Estaban solos los dos por el camino a casa de su madre. Thor, sentado a su lado, acercó su hocico a su mano, en señal de contención, casi cómo si entendiera la situación a la que su amo estaba siendo expuesto.


Eider sintió una frustración cegadora instalarse dentro de él. No tenía ni celular ni audífonos hace ya un tiempo (Habían sido destrozados hace meses por su padre y, por supuesto, no había vuelto a comprar ninguno, ni tampoco le permitió al mismo Eider comprarse otros), se había acostumbrado ya a los intentos de su padre de irritarlo, pero esto, ya era demasiado


El camino a casa de su madre (todo este trámite legal que hizo ella para que la custodia volviera a su poder) había sido un procedo horrible. Meses de pruebas, tribunales, psicólogos infantiles tratándolo cómo si fuera el niño tonto de hace 10 años, que los necesitó hace mucho tiempo ya. La peor parte fue al inicio, cuando en los exámenes físicos arrojaron las heridas, moretones y esguinces provocados por la ira de su padre.


Pero ahora, ahora irá con su mamá.


Su madre y su hermana, que lo llamaron llorando desde el celular de su abuela (la forma secreta en que se comunicaron), quienes lo vieron magullado, con un ojo morado y otras cosas horribles. Desconsolado, arrepentido, cobarde


Este era el último pequeño esfuerzo, el último viaje en ese horrible auto, con aquel horrible hombre, quien había arruinado algo hermoso que le pertenecía a Eider. Era la última vez.


Fijó su mirada en la ventana, el sol otorgaba sus últimos indicios de luz. La vista, extrañamente lo hizo sentirse melancólico, casi como si fuera a ponerse a llorar en cualquier momento. Podría llorar cuando estuviera junto a su madre, en sus brazos, abrazado a ella.


Solía no comprenderla, cómo se quedó tanto tiempo junto a su padre y cómo a pesar de todo ella lo quería. El año pasado, ni siquiera hubiera pensando en ir a verla, y si lo hubiera hecho hubiera sido de mala gana, con resentimiento y odio .


Pero ahora, solo quería llorar en sus brazos.


Podrá hacerlo cuando estén cara a cara, pero ahora debe mostrarse fuerte. No debe caer en los intentos de su padre de sacarlo de quicio, tiene que mirar el horizonte.


Ah, hay un azul hermoso en el cielo


Se le revolvió la cabeza con recuerdos prohibidos, recuerdos que solamente llegaban a su cabeza en noches de soledad. Ojos azules, cabello negro, una sonrisa y una promesa.


Una mirada devastada, unos ojos llenos de lágrimas, inyectados en sangre. Ojos rotos observando directamente en su alma. Traición, arrepentimiento (¿realmente se arrepentía?) y una emoción fea y desagradable, un sentimiento horrible, que carcomía sus pulmones y devoraba su corazón.


Ha pasado un tiempo, pero sigue recordándolo cómo si hubiera sido ayer.


Se pregunta si algún día será capaz de volver a ese lugar. Quién sabe, probablemente nunca lo haga, aunque su corazón muera por hacerlo


Pero el destino siempre ha trabajado de formas misteriosas.


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