Namaenai Volumen 2

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Summary

Sinopsis (Volumen 2, sin spoilers) Entre el trabajo, la escuela, viajes y nuevos vínculos, surge una chispa... Muy literalmente. Magia. Hay más de la que parecía existir. ¿Se podría considerar algo bueno, o malo? Que exista algo tan poderoso... --- Historia terminada en 2013, reescrita en 2015 para mejorar la ortografía y gramática. Edición final en 2022, para agregar canciones diferentes durante la trama, y dibujos. Publicada en 2023. Es posible conseguir los 7 volúmenes editados hasta el momento al comprarlos en mi sitio web, sino puedes leerlo aquí semanalmente ♥

Status
Ongoing
Chapters
56
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 15 parte 1

Capítulo 15: Chocolates y pastel

El espectáculo de fuegos artificiales no se detiene pronto. Dura cerca de media hora en la que aquellas luces con formas diversas y lindas iluminan el cielo.

La pólvora crea una cierta nube que pese a cubrir un poco las imágenes, el brillo sigue siendo visible, imponiendo presencia tanto con el sonido como los dibujos.

El grupo de amigos continúa observando un buen rato, hasta que la cantidad disminuye considerablemente. Aún se oyen unos pocos, otros se ven, pero ellos se alejan de aquello para regresar a la zona de los puestos del festival.

Se mantienen juntos unos minutos así jugar en otra atracción, animados por el ambiente que proporciona la noche.

Lo cierto es que son tantas cosas para hacer que es difícil escoger. No obstante, existe la limitación del dinero. No son capaces de probarlo todo.

Se aprecia que tras participar los seis en varias actividades más, deciden dispersarse, aunque no sin antes unas pequeñas quejas de parte de Io.

Él quiere pasar más tiempo con Kazuma, y este se niega. Con una expresión tranquila, le explica en el oído que se lo compensará más tarde, que le prometió a Chitose acompañarla.

Se nota que el nuer sí desea ir con él, y a la vez no quiere ser malo con Chitose.

Le propone a Io que, si tiene tiempo, después de que deje a Umi en su casa pueden quedarse hasta la madrugada o primeras horas de la mañana paseando por el centro.

Él acepta gustoso, asegurando que suena mucho mejor aquello que apenas oírle por el ruido. Kazuma se sonroja y sonríe con calidez, se le nota aliviado en demasía.

Así, el grupo se separa en pares: Umi y su pareja, Sakura y Yuu, el nuer y la gótica. Cada uno se dirige a diferentes zonas. Umi e Io buscan ir por el platillo fuerte, ambos quejándose de un hambre acumulada durante las atracciones.

Sakura y Yuu continúan jugando. Los dos son un tanto competitivos, así que pese a que lo usual es que “el chico le regale algo a quien quiere impresionar”, ambos están tratando de sacar los puntajes más altos.

Quizás lo cursi no reine entre ellos hoy, más no parece importarles. Sus risas, al igual que en la escuela y en cada salida que los incluye, resaltan sobre los demás amigos.

Chitose y Kazuma, según lo planeado con anterioridad, se dedican a conversar, y qué mejor para él que mientras come dulces. Se compra todo lo que encuentra, cargándolo hasta en bolsas, y convidándole a la chica.

Ella parece hastiada de tanto caramelo, así que pone una cara graciosa. Él sonríe como si riera, divertido de su expresión.

Claro, luego le cumple el capricho de ofrecerle algo más salado, un poco de takoyaki. Él no lo prueba, pues no es lo que quiere en el momento.

Pasean por los senderos que existen entre las tiendas momentáneas, hablando con dificultad debido al bullicio de la gente. En eso, él decide conducirla a la misma zona en la que conversó con Umi más temprano, un lugar más tranquilo.

El brillo de los ojos de Chitose mientras lo ve es igual al que tiene cuando desea retratar a alguien, dibujar alguna escena. Ella le pregunta cosas superficiales primero, sobre la comida misma, los postres, de sus pasatiempos.

Mientras más lo oye, parece más apagada. Y al revés, él suena alegre por comentarle de sus gustos, cual niño hablando de su juego favorito. De hecho, es lo que es. Un adolescente entusiasmado de un equipo que creó en su DZ.

Ella no se ve como si entendiera todo al comienzo, luego sí, va recopilando los términos que él le explica en detalle. Aun así, quizás le aburre. Las preguntas que surgen son cada vez menos ya que él es quien le cuenta.

Cuando culmina con ese tema, empieza a mencionarle sobre música.

Coinciden en algunos géneros que prefieren, pero Kazuma es más abierto, pudiendo abarcar tanto lo que a ella le llama la atención además de lo que escuchan más los otros del grupo de amigos.

De nuevo, ella lleva una expresión perdida, uno no puede saber si lo está escuchando o no.

Sin embargo, el nuer decide ahondar en otra cosa relacionada, que sería la composición.

Notas, melodías, partes de una canción, letras… Él se ve tan feliz y animado, sus ojos llevan más brillo de lo usual, sus labios una sonrisa amplia, y su voz tiene un ligero cambio. No suena en mayor volumen, sino un tono más cálido y dulce.

El nuevo tema tampoco parece interesarle a Chitose, pues de música sólo le gusta cantar u oír rock y metal, y nada más. No posee otra afición por ello.

Kazuma, quizás notando su aburrimiento después explayarse un rato, deja un espacio de silencio. Uno esperaría que ella vuelva a preguntar algo, y no.

Lo observa sin decir nada, sosteniéndose desde la mejilla con una mano, usando la rodilla como soporte.

El nuer ladea la cabeza, con un rostro tierno y tranquilo a pesar de ello. Puede saber lo que piensa, y aun así no le cuestiona al respecto.

Después de unos minutos, a Chitose se le ocurre algo más para decir, contándole ella sobre sus propios pasatiempos.

Él la escucha y opina, distinto a la chica que sólo variaba entre un “oh”, “mh”, “ya veo, entiendo”.

Es más, siendo costumbre de este, termina en una “mini discusión” sin enojo como tal, donde menciona los pros y contras de lo que Chitose comenta. Ella niega, riendo.

De hecho, se la ve más animada que antes. Quizás esa parte de Kazuma le agrada, al igual que a la mayoría.

Esa fracción de él que busca imponer sus pensamientos considerando lo que es correcto o mejor idea, y que se retracta al instante si le dan buenos argumentos.

Las puestas en común con él no son desagradables, aunque quién sabe cómo será cuando se enoja.

Ya sin más que cuestionar, o sin ganas de hacerlo tal vez, decide irse con él a la zona de juegos de nuevo.

Así transcurren unas horas, donde el grupo se junta para continuar divirtiéndose los seis.

No es sino hasta pasadas las 5:00 AM que Kazuma se queda en el primer centro con Io, dando vueltas en las galerías vacías de gente, disfrutando del silencio donde sólo se escuchan sus pisadas y un eco de sus voces suaves.

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[ 2015, Febrero, 12 ]

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Desde hace un par de semanas, tanto el primero como el segundo centro se encuentran llenos de gente. No en único las peatonales; todos los negocios, las calles, las veredas.

Igual que en Diciembre, en Febrero también existe otra fecha comercial muy importante para Japón: el día de San Valentín.

Tanto las jóvenes adultas, adolescentes y niñas, tienen la costumbre de preparar alguno que otro regalo para quien les gusta. Claro, el día sigue siendo conocido como “del amor y la amistad” por lo que entre amigos también es posible.

El regalo principal y el más común, suele ser chocolate. Ya sean bombones, caramelos, muffins, galletas, siempre en una cajita o bolsa decorada y bonita.

Estos obsequios tienen dos “clasificaciones” según los japoneses. Los verdaderos, que serían cuando a la chica realmente le gusta el chico; y por compromiso, que son los que se suelen regalar las amistades, aunque mucha gente tímida usa eso de excusa para dárselo a su platónico.

¿Por qué sólo las mujeres hacen regalo en esta fecha? Porque los hombres suelen dar una respuesta formal en el Día Blanco, el catorce de Marzo. Los presentes de los chicos suelen ser más caros y en muchas ocasiones más llamativos.

Por supuesto, esta es una especie de costumbre dentro de su cultura, pero no obligatoria. No por ser mujer una debe tener regalos listos sí o sí, es opcional. Lo que sí, es casi imposible es que un chico obsequie algo en San Valentín.

En occidente, por otro lado, el Día Blanco no existe y en el catorce de Febrero es el hombre quien regala.

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Los autos atraviesan a gran velocidad por las carreteras, hay varios estancamientos. Multitudes de personas cruzan de una esquina a la otra, en un ambiente cálido sólo por el sentimiento.

El clima está fresco, siendo realistas, todavía no es primavera. El cielo hacia arriba se ve despejado, los rayos del sol iluminan, aunque no alcanzan a calentar mucho.

El trío de chicas conocido avanza junto a la muchedumbre, tomándose de las manos a través de Sakura que se sitúa en el medio.

Umi le agarra con la derecha, Chitose con la izquierda. Van a un paso apresurado, chocándose con la gente, al igual que los demás con ellas. No es por nada malo en particular, pero las tiendas se llenan con rapidez.

—¡La Repostería de Nyo recién está por abrir! —alza la voz Sakura, algo agitada.

—¡No estaríamos corriendo si hubiéramos salido más temprano! —se queja Umi, aunque igualmente ríe divertida.

—¡Así hubiera sido, si las señoritas no se hubiesen puesto a retocar su maquillaje! —se suma a los gritos Chitose, mirando hacia atrás, pues es quien va más adelante.

Esa pastelería se ubica cerca del centro comercial, haciendo dos cuadras hacia la izquierda de este.

De inmediato luego de un gran salón de juegos, que abarca desde la esquina hasta la mitad de la cuadra si se llega desde el edificio gigante antes mencionado, se puede ver cómo un cartel sobresale hacia arriba en forma de un muffin rosado con un corazón blanco y chispas de chocolate.

Podría decirse que es la preferida de estas amigas.

Con mucho esfuerzo, llegan a la puerta a las 19:01 PM, donde el dueño mismo se encarga de sacar un pequeño pizarrón que dice la especialidad del día.

Tomando grandes bocanadas de aire, las chicas aprovechan que no hay rastro de una fila, ingresando primero.

Apenas pasar, se aprecia cómo las paredes son de un color amarillo pastel, el suelo son baldosas rosadas pastel también, que además tienen una figura muy bonita porque los bordes son redondeados y la conjunción de cuatro forman pequeños diamantes blancos.

Hay mesas, ocho en específico, que son marrones circulares y con manteles blancos. En cada una hay dos sillas, y unas cartas de menú.

Todo eso se puede ver desde el gran ventanal que es la “pared” que da con la calle. Es, por supuesto, una pastelería con un servicio especial. No sólo sirven postres, también café y otras bebidas calientes y frescas.

Sin embargo, según la descripción misma del título en el cartel, no es una cafetería. En términos reales, es una mezcla.

Ellas ni si quiera son capaces de hablar todavía, eso causa una risa a carcajadas del joven que atiende, quien niega con la cabeza con una mano en la frente.

—Buenas tardes chicas. ¿Por qué tan apresuradas hoy?

Quien se halla tras el mostrador, y a la vez es el dueño, es un chico de un metro ochenta y tres.

Tiene el cabello celeste opaco con varios flequillos y los ojos del mismo color. Se ve extrañamente natural.

Su tez es apenas más clara que la de Chitose. Su cuerpo está tan tonificado como el de Chris, se nota a simple vista por cómo le quedan las mangas de la ropa de su “uniforme”.


—¿Vienen por las ofertas? —alza las cejas.

—Duh —parece salirle del alma a Sakura, quien luego ríe también y se yergue—. Necesitamos dos kilos de chocolate blanco y dos de chocolate negro. Por cierto, buenas tardes.

A diferencia de otras ocasiones que ella espera que Umi haga el pedido, se ve que tiene una gran afinidad con el gerente.

El chico se ubica detrás del mostrador. Este es todo transparente excepto por la parte donde se apoya la caja registradora y un par de cosas más.

A través del vidrio se pueden apreciar los diferentes postres como pasteles, muffins, bombones, golosinas, incluso creaciones peculiares hechas con los mismos ingredientes; todas tienen una preciosa decoración.

Por eso se llama La Repostería de Nyo.

—No hay problema, ya, ya busco~ —sonríe amplio y se dispone a indagar en unos estantes detrás de él, en la parte más alta que alcanza con relativa facilidad.

»¿Y quiénes serán los afortunados? ¿Algunos compañeros? ¿O alguien que les gusta?

—La gran señora estúpida es quien consiguió pareja, nosotras todavía no. Pero~ —aclara de una manera graciosa, con una gran sonrisa—. En eso estamos.

—Mh, mh —asiente un par de veces Sakura.

—Ya veo, espero que tengan éxitos en ello —deja sobre el mostrador dos grandes barras de chocolate negro amargo, y el blanco algo más dulce. Seguido de eso, se dedica a guardarlas en una bolsa—. ¿Algo más?

Umi se halla en silencio, observando unas hojas que se repiten a poco de la entrada, y su versión miniatura encima de la madera. Se anima a hablar.

—Yo quisiera hacer una consulta sobre… Este panfleto.

Sus mejores amigas la miran, agrandando los ojos como si no lo esperasen para nada.

—Oh, ¿Lo de los puestos de trabajo? Sí… He abierto otra sucursal, y no podré estar todo el tiempo aquí. Allá será mucho más grande, pero no quisiera dejar desatendido aquí.

»Es una parte especial de mi corazón, este negocio —mira hacia el techo, algo nostálgico mientras lo menciona—. Claro, voy a pasar todos los días a revisar en determinadas horas, y seguramente mi esposa quedará a cargo, yo dirigiré el nuevo.

—Oooooh~ —las adolescentes escuchan con atención, curiosas de lo que cuenta.

—Dejando de lado lo mío, ¿Qué dices para venir a probarte mañana a la tarde? Y si te va bien, el lunes comienzas.

Nyo sonríe amable, a la espera de su respuesta.

—Eeeh… Creo que está bien —le contesta pensativa, y le devuelve la sonrisa.

—Fufufu~ ¿Buscando trabajo? —Chitose le da un suave golpe en el hombro.

—¿Me vas a dejar sola en el club? —Sakura la ve, arqueando las cejas y con un puchero en los labios—. ¿Ah, hermana?

—Afuera les explico bien chicas —ríe bajo y se rasca tras la cabeza—. Disculpe señor Nyo, ¿Cuánto debemos pagar ahora?

—Ah~ —se queja con un tono tonto—. No me digas señor, despedida —bromea señalándola con el índice, con un falso enojo—. Aún soy joven, tengo sólo veintiséis —le menciona mientras teclea en la caja registradora para conseguir el ticket.

—Bueno, es que no sé. Está casado, tiene un negocio, me siento a años luz de usted —infla una mejilla, comentándole su sincera opinión.

Sakura busca en el bolsillo el monedero, dejándolo a simple vista.

—Muchas gracias por la admiración~ Por las dudas niñas —le entrega a Sakura el ticket, es natural pensar que es quien va a pagar—, quiero que sepan que ustedes también pueden tener éxito en su vida. No están tan lejos como imaginan.

»Los años pasan más rápido de lo que uno espera. Sólo no se desvíen del buen camino.

—Uh~ Ya se puso filósofo —lo molesta Chitose, riendo animada—. Gracias, eh.

—Nada de gracias, son tres mil yenes la consulta —le devuelve la broma, pero extiende la mano hacia Sakura—. Eh, son mil ochocientos yenes por la oferta de hoy.

—Perfecto~ —deja sobre el mostrador los billetes y recoge la bolsa, acercándosela a Umi—. Hasta luego Nyo, suerte con el trabajo de hoy.

Umi tiene una expresión de confusión, no pensó que le iba a tocar cargar las cosas. No obstante, no hay nada que objetar, ni siquiera pagó. La toma por la parte superior, a la vez que se guarda uno de los panfletos en el bolsillo.

Seguido de eso, el joven se despide. Las saluda con la mano, sonriendo alegre. Ellas hacen una corta reverencia y salen del negocio, caminando lento.

Cuando cierran la puerta, se escucha despacio el mismo sonido corto digital que indica si alguien pasa o entra. Se detienen a un lado de la pastelería, sin avanzar más.

—Ahora sí hermana, ¿Cómo es eso de que me vas a abandonar en canto? —la mira achicando los ojos, a la vez torciendo la boca.

—No diría abandonar… Es que necesito dinero. Quiero poder comprar cosas yo también.

»Estoy cansada de tener que ahorrar meses para hacer un regalo tan… Barato como el que les hice en navidad —suspira, dejando caer los brazos y bajando los hombros.

»Ustedes saben que esos mochi no eran muy caros. Y no tenía para darles nada más. Es frustrante. Y no sólo eso, sino que siempre tengo que pedir prestado hojas, lápices…

»No es divertido tener que esperar a navidad y a mi cumpleaños para tener útiles nuevos… O que no me compren los libros de la preparatoria y deba siempre sacar copias.

—Lo extraño es que tus padres sí tienen dinero, así que no entiendo por qué tendrías que llegar a esos extremos —alza una ceja Chitose, cruzándose de brazos.

—Obvio que tampoco me dejarían trabajar formalmente. Porque arruinaré su imagen, y de seguro se van a molestar conmigo porque soy menor.

»Me van a decir cosas como “sólo deberías pensar en estudiar”, “nosotros ya te damos techo, no exageres”, “trabaja de otra cosa donde no te vean mis compañeros” y cosas así.

»Es obvio. Pero ya estoy lista para los regaños —lleva la mano disponible al pecho en forma de puño.

—Si te corrieran o algo, porque no sé realmente cómo reaccionen ya que no los conozco del todo bien, sabes que puedes quedarte en mi casa unos días —le comenta con tranquilidad Chitose, y le “quita” la bolsa de las manos.

—Muchas gracias Chi, de verdad —sonríe, bajando la mirada. «No me van a correr, tampoco creo que sean tan exagerados ahora. Desde que estoy con Io se han vuelto mucho más amables dentro de todo»—. Y… Yo sí podía llevar eso, no hacía falta.

—Mira cómo se te ponen las manos de rojas. No moleste, gran señora estúpida —le pega un capirotazo y ríe fuerte.

—Bueno hermana… —parece como si hubiera estado esperando su turno para hablar.

»Yo sí voy a seguir yendo al club. No creo que necesite un trabajo —se rasca la mejilla, mirando hacia arriba y a un costado—. Por cierto, ¿En dónde vamos a cocinar?

—¿Oh? En casa de Io obviamente. Él tiene todos los ingredientes que faltan, y los moldes para los postres —parpadea varias veces, algo perdida por la pregunta.

—¡¿Qué?! No~ No quiero ir a su… —hace una pausa y suspira, negando con la cabeza—. Perdón. Realmente sí tendría que aceptar si él lo propuso.

»Es decir… No es como que él se lleve bien conmigo, y aun así me invita a pasar. Sería de mala educación decirle que no, ¿Cierto? —tuerce la boca hacia la derecha, pensativa.

—No tienes que ir si no quieres —Chitose alza un poco los hombros y los baja, mirándola—. ¿Qué harás?

—Sí voy. No pasa nada, nomás no le voy a hablar mucho a ese niño —cierra los ojos, enarcando un poco las cejas—. Estaré bien, no se preocupen.

—Bueno Sa, si tú lo dices~ Espero que sí —se acerca a ella y la abraza despacio.

—Mh, sí. Sí estaré bien —le acaricia un tanto el cabello y corresponde a la acción.

—Por cierto, Umi —Chitose enarca las cejas, mirándola con una notoria curiosidad—, si el flaquito ve que estás cocinando para él ya no será una sorpresa.

—De todos modos no hay sorpresas entre nosotros, casi nunca. Son más planes que sorpresas —le explica tranquila, separándose de la otra con delicadeza.

»O sea… Hace una semana que lo hablamos, porque si se dan cuenta, justo hoy es jueves y usualmente salgo con él. Le avisé que iba a cocinar en su casa.

—Oooh~ —no parece que tengan mucho que opinar, sólo asienten.

—Bueno, vamos entonces, sino no vamos a terminar nunca —Chitose sujeta con la izquierda a Sakura, como había hecho al venir hasta donde está.

Umi también toma con la derecha a su consentida, entrelazando los dedos con ella. En realidad, les es necesario ir de esa manera por la marea de gente que hay más atrás.

Dentro de todo hay un “momento de paz” frente a la pastelería debido a que no hace mucho abrió.

De esa manera, comienzan el camino hacia la casa del menor. Sakura la conoce sólo por fuera, sería su primera vez yendo a los adentros del lugar. Eso tiene pensativa Umi, que se siente un poco preocupada.

Espera que no existan discusiones, más porque lo más probable es que no estén solos.

Tratándose de Io, lo más seguro es que haya invitado a sus mejores amigos, aunque se pregunta si ellos estarían en la cocina, o el comedor, o en la habitación.

Ella mira en dirección contraria a la que caminan por un momento, en la sala de juegos de al lado de la pastelería.

Encuentra una figura que en cierto modo le resulta muy conocida, pero a la vez todo lo contrario. Una persona alta y delgada, apenas más alto que Yuu, de cabellos negros lacios hasta los hombros, ojos marrón rojizo y lentes.

Va vestido con una polera negra y un pantalón de jean holgado, borceguíes y cadenas.

Incluso le recuerda un poco su propia forma de vestir. Sin embargo, tras parpadear, ese joven ya no está.

«¿Quién era…? ¿Por qué siento que conozco a esa persona…? Es como si quisiera decirle algo… Y… Ya tampoco recuerdo su cara… Mmm… ¿En qué pensaba? Ah, sí, que tenemos que llegar pronto a casa de Io como dijo Chitose».

Vuelve a concentrarse en sus pasos, y en no chocar tanto con la gente que avanza por su cercanía.

Es una tarea imposible lo último, al menos intenta que no sean “golpes fuertes”. A pesar de que transcurrieron meses de que ella va al segundo centro, todavía no consigue acostumbrarse al “ritmo” al que se maneja.

Más allá de lo despejado que se ve el cielo, está cada vez más obscuro. También más frío. El viento se hace más presente, cosa que tanto a Sakura como Umi les afecta. Chitose, así no llevase su tapado largo, de igual forma no lo sentiría.

Umi hace una comparación mental, mientras mira con detenimiento la ropa de la otra. «Ella e Io gustan de usar esos abrigos largos… Pero los de Io son mucho más delgados en tela, mientras que los de Chitose sí son bien abrigados».

«Es irónico, cuando él es friolento». Por ese pensamiento sin querer tropieza. No es una buena idea fijar la vista en algo que no sea la vereda en estos momentos.

.

A las 19:35 PM, las chicas llegan al frente de la casa de los Sawada. Están agotadas, es extenuante estar entre tanta gente desde su punto de vista.

Ninguna es muy fanática de ir a cosas como conciertos o discotecas. Sin embargo, el que daría un verdadero no rotundo con respecto a esas “fiestas grandes” es Yuu, a él sólo le gusta juntarse con sus amigos.

Las amigas miran por la ventana, inútilmente, porque por invierno la cubre siempre las cortinas. Luego se ven entre sí, y Umi opta por sacar el celular.

No pasa ni un minuto entre que le envía el mensaje y su pareja va atenderlas en las rejas. Se acerca a ellas trotando, y quita el seguro así puedan pasar con tranquilidad.

La vista que ellas tienen de Io es algo sorpresiva para el clima que se viene comentando, pues él está con una camiseta sin mangas roja.

Es parte de un conjunto que suele usar en media estación, junto a su pantalón negro ajustado y borceguíes bordó.

—Hola flaquito, ¡Eh! Te vas a enfermar si andas así —alza las manos a la altura del pecho propio, haciendo hacia atrás los codos como expresión.

—No me digas —le contesta con las cejas arqueadas y tiritando. Tiene la piel erizada.

—Buenas noches… —dice Sakura en voz baja, ingresando al jardín.

Io acomoda de nuevo las rejas apenas pasa la última.

—Ay mi amor, aunque andes con el caloventor en el living, no es para que salgas así —lo regaña Umi, alzando una ceja, con una mano en la cintura— Vamos adentro.

A pesar de la manera en que se lo dijo, está muriendo en su interior por escuchar la voz de Io tan temblorosa y ver ese lado “frágil” que tiene el chico que es en verdad la persona más fuerte que conoce, físicamente hablando.

También observa que se le marcan en la camiseta un par de pequeñas protuberancias por el frío, eso sí le hace sentir una especie de vergüenza.

«Vengo a cocinarle unos chocolates y ahora me lo quiero comer en chocolate».

Tras que el cuarteto se adentra en la casa, el Io se encarga de cerrar la puerta principal.

Y viendo hacia la mesa, la suposición de Umi es correcta. Sobre esta hay un par de notebooks, en las sillas mochilas y bolsos, además del par de mejores amigos de su pareja ocupando los lugares de siempre.

—Hey Umi~ —saluda Chris con la mano, y abre los ojos cuando divisa a las otras dos—. Oh, Chitose, ha sido un tiempo.

»¿Y tú, bella dama~? —camina hasta ella, mostrándose curioso. También lleva una camiseta sin mangas blanca. Además, un pantalón ajustado de color marrón, y está descalzo naturalmente.

Los cuatro que estaban afuera segundos atrás terminan de quitarse el calzado, dejando en la derecha sus cosas como Io indica.