Hace mucho tiempo
Esta historia ocurrió hace mucho tiempo, cuando las princesas encantadas, los príncipes valientes, los guerreros leales, los dragones y las hadas…
―Hechiceras ―interrumpió Nur―. Yo no quiero ser un hada, quiero ser una hechicera.
Era la más pequeña del grupo y aunque sabía que a la que más le interesaba el juego era a ella, no le importaba hacer sus aclaraciones con tal de que todo saliera tal cual su imaginación de niña de diez años lograba crear.
―Ok, serás hechicera, pero no vuelvas a interrumpirme ―dijo Carla, quien en ese momento era la encargada de organizar el juego―. Vamos de nuevo.
Esta historia ocurrió hace mucho tiempo, cuando las princesas encantadas, los príncipes valientes, los guerreros leales, los dragones y las hechiceras portadoras de la magia más poderosa todavía existían.
En esa época, uno de los continentes más prósperos estaba dividido en cuatro reinos. Cuatro reinos que, con la ayuda de un concejo de sabios, tomaban las decisiones en conjunto porque, aunque cada uno tenía el poder suficiente para reinar y proteger el territorio que lideraba, sabían que nada se igualaba al trabajo en equipo. La seguridad de saber que no estaban solos y que siempre habría alguien para apoyarlos cuando las cosas se pusieran feas era de los valores que los motivaban a trabajar por el bienestar de su comunidad.
El territorio del pequeño continente estaba dividido en cuatro grandes reinos. El reino del norte, liderado por Vicente, un guerrero fornido y de mal carácter. El reino del Sur, liderado por Santiago, un Príncipe de buen humor y gran amabilidad. El reino del oeste, liderado por la hermosa princesa Carla…
Todos rieron, mofándose de su vanidad. Pero ella les dedicó una mirada fulminante, se cruzó los labios con el dedo índice, haciéndolos callar y continuó.
El reino del oeste, liderado por la hermosa princesa Carla, caracterizada por su creatividad y un genio mandón.
Y el reino del este, protegido por la princesa Julia. Bella, amable y con un gran corazón, los pobladores de este reino no podían ser más felices. Las costas bañaban sus tierras, lo que hacía que su pueblo fuera el más envidiado como también el más vulnerable, ya que podía ser atacado por pueblos de otros continentes para ser conquistados. Cosa que no dudarían en hacer si no fuera porque el hermano de la princesa, el príncipe Rodrigo era uno de los guerreros más entusiastas del continente.
Había sido él quien, junto a su primo Vicente, hicieron frente a un grupo de rebeldes que, en una oportunidad, intentaron conquistar el reino del sur. En aquella primera batalla fueron derrotados, por lo que no les quedó más remedio que invocar a la hechicera más poderosa de todas.
Ella apareció dos días más tarde, con su cabello rojo como el fuego ondeando al igual que un estandarte de victoria. A lomos de su gran dragón y con su fiel amigo Diego, no dudaron en luchar por la seguridad del pueblo y liberar al príncipe Santiago de su opresión.
Pero meses después, al concejo se le ocurrió la maravillosa idea de erradicar la hechicería y la brujería en todas sus formas. Por lo que Nur fue desterrada a los confines más lejanos del territorio. Separada de su amigo Diego y de su dragón, la encerraron en una de las torres más altas de un castillo alejado y allí permanecía, esperando ser rescatada.
Las malas decisiones del concejo continuaron y cuando hubo que elegir al heredero al trono del este, anunciaron que Julia sería la soberana, pasando por sobre su hermano Rodrigo. Esto provocó que el príncipe se convirtiera en uno de los piratas más famosos. Sanguinario, embaucador y a veces cruel en extremo.
Y con uno de los guerreros más valientes en alta mar y la hechicera más poderosa del reino encerrada en una torre, un grupo de conquistadores decidió desembarcar en las costas del reino del este. Aquella madrugada, nadie esperaba tal ataque, mucho menos la princesa, quien era una ferviente defensora de creer en el buen corazón de las personas.
Y sin pensárselo dos veces, el grupo de usurpadores, la tomó prisionera y la encerró en la mazmorra del castillo hasta que ella aceptara desposar al cruel conquistador.
―¿Por qué me tienen que tomar prisionera a mí? ―preguntó Julia, levantándose la falda del disfraz de princesa que usaba para la ocasión y que casi no le permitía caminar sin pisarlo.
En ese momento era apenas una niña de trece años que soñaba más con ser hechicera que princesa. Pero no quería arruinar la ilusión de Nur, por eso aceptaba su papel sin rechistar. Pero que la secuestraran a ella, eso sí no lo permitiría.
Podía postergar su sueño de ser la hechicera de corazones, y así, curar todos los corazones rotos del mundo, incluido el de su madre. Pero que la tomaran por la débil del grupo, eso no.
―A mí también me secuestraron ―dijo Santiago― y no me quejé. Ni siquiera cuando mi libertadora fue Nur, la más chiquita. Eso sí que es vergonzoso.
―¡Me aburro! ―gritó Nur desde la casa del árbol que Jorge les había construido en el patio de su casa.
―O se callan y siguen jugando; o las dejamos y nos vamos a jugar al fútbol ―dijo Diego. Tanto él como Vicente, Santiago y Rodrigo intentaban aparentar que, por tener quince años, no disfrutaban del juego y estaban ahí por hacerle un favor a las chicas.
―Está bien, solo dame un segundito que me quiero asegurar de que mi dragón me atrapará al caer de la torre ―dijo Nur y se tiró de la casa del árbol.
A Jorge no le alcanzaban las piernas para correr a su lado e impedir que golpeara contra el suelo. Por suerte, alcanzó a atraparla de una pierna y la elevó en el aire antes de que se golpeara.
―Nena ―dijo Jorge con el corazón desbocado, dejando a Nur en el suelo―, cuando quieras que tu dragón te atrape debes llamarlo y contar hasta tres. Entonces yo llegaré.
―¡Fabulósico! ―gritó Nur con el corazón acelerado por la emoción de haber sentido que volaba―. ¿Lo intentamos otra vez?