Nuestros Milagros de Navidad

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Summary

Acompaña a Jacob y Miranda de "Todo lo que necesito, eres tú" A vivir esta nueva aventura con sabor a navidad. Miranda Wilding espera gemelos, que considera sus milagros de Navidad, puesto que después de su enfermedad no estaba segura de poder tener hijos. Jacob Wilding, el cantante y bajista del grupo "Déjà Vu" no ha dejado de viajar por compromisos laborales, las Navidades se acercan y él debe cumplir con un concierto en New York, pero no le dijo a Miranda, y terminaron discutiendo. Está histérica y con las hormonas alborotadas. Miranda se siente sola y viaja a New York para reconciliarse con Jacob, sin esperar vivir una increíble aventura y ¡solo unos días antes de su parto! Un bolso perdido, contracciones, personas peligrosas y la bondad que caracteriza la Navidad. OBRA REGISTRADA

Genre
Romance/Humor
Author
HanaCR
Status
Complete
Chapters
9
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Perdida en New York

— Hola, lo siento, pero creo que estoy perdida — Llevo más de quince minutos caminando por la quinta avenida, no tengo la menor idea de donde estoy.

— ¿Hacia dónde se dirige? — me pregunta la anciana a la que he pedido información, imagino que mi gran abrigo y mi protuberante vientre la han hecho apiadarse de mí.

— Necesito llegar al Radio City Music Hall— Miro a la anciana con la esperanza de que me diga que nos encontramos al lado o algo así.

— Bueno, pues no está muy lejos — Mi mirada llena de esperanza — Se encuentra a unos 30 minutos caminando desde aquí, pero con el agua nieve y en su estado — mira mi vientre — Creo que es mejor que tome un taxi.

Le agradezco y la dejo partir, de nuevo está cayendo nieve, pero como dijo la anciana, es más agua helada que te deja temblando y te congela hasta el último hueso del cuerpo.

Empiezo a caminar en la dirección que la señora me ha dado, he olvidado mi bolso en el restaurante en el que estuve comiendo.

No entiendo cómo pude hacerlo, si pagué la cuenta, en qué momento lo dejé en el restaurante, otra posibilidad es que lo haya perdido en el camino, aunque no logro recordar si lo traía, espero que esté en el restaurante, o, sino, voy a tener problemas de verdad.

Como quería caminar un poco, antes de enfrentarme a Jacob y querer cortarle la cabeza, solo fui consciente de que no lo tenía 20 minutos después, y ya no me fue posible volver, aparte de que no recuerdo el camino, entré al restaurante al azar, así que no recuerdo muy bien cómo se llama.

— ¿A dónde se dirige? — Me pregunta el taxista.

Estar embarazada de gemelos al menos me ha servido para que un joven hombre me cediera el servicio, y eso que dicen que la gente en New York es súper individualista.

— Al Radio City Music Hall — Le informo al chofer.

No sé cómo voy a pagarle, no puedo simplemente escaparme con una tonelada de peso sobre mi vientre, pero creo que podré encontrar en la entrada del teatro a uno de los escoltas de los chicos o a alguien del equipo técnico que seguro va a prestarme el dinero.

— No creo que pueda acercarla hasta el teatro, en este momento hay un concierto y la entrada está imposible — El taxista empieza a moverse por la quinta avenida, sigue derecho, no se desvía en ningún momento.

No había pensado en eso, tal vez hubiese podido hacer el recorrido a pie, pero estoy muy cansada y empiezo a sentir algo de molestia en el bajo vientre, además de que me cuesta respirar con este frío.

— ¿Usted piensa ir al concierto en su estado? Porque no es por entrometerme en su vida, pero las chicas que se encuentran esperando para entrar, están realmente histéricas, podrían hacerle daño, señora — Podría decirle que se meta en sus asuntos. Pero, creo que solo lo hace por amabilidad.

— Lo sé, en realidad es urgente que vea a alguien ahí — No tengo la menor idea de cómo voy a hacer para conseguir el dinero.

—¿Se encuentra bien? — me pregunta el taxista, reviso su nombre, Dylan.

Parece simpático, tal vez pueda prestarme su teléfono portable.

— Sí, gracias — Lo miro con cara de cachorro abandonado — Es solo que, acabo de perder mi teléfono – suspiro —¿Podría prestarme el suyo, para llamar a mi esposo? Es urgente.

— Claro — me pasa su teléfono y le marco a Jacob, como era de esperarse no lo coge, solo conozco su número y el de Bianca, así que le marco a ella, espero que como siempre lo tenga pegado a su cuerpo.

“Hola” — Esa no es la voz de Bianca ¿Me habré equivocado?

— ¿Bianca? — El taxista me mira extrañado, debe pensar que Bianca es mi “Esposo” esposa.

“No se encuentra en este momento, ha tenido una urgencia” — me responde una voz de mujer, seca, demasiado severa, para luego preguntarme — “¿Quién es usted?”— ¡Qué chica tan desagradable!

— Soy Miranda Wilding, la esposa de Jacob, necesito hablar con el urgente y … — Miro el teléfono, para descubrir que la chiquita me ha colgado

¡Cuando la vea personalmente va a arrepentirse! Normalmente, no soy rencorosa, pero esta chica es una grosera y ha sobrepasado los límites.

— ¿Cómo se atreve a colgarme? — Casi le grito cuando vuelve a coger el teléfono, después de marcarle dos veces anteriormente.

“No tengo la certeza de que sea usted la esposa del señor Wilding, este número no está registrado” —Vuelve a colgarme y yo me quedo con el teléfono en la mano.

— En serio me ha colgado dos veces en mi cara — digo a la nada — ¿Puede creerlo? Y así preguntan que por qué pierden el trabajo tan rápido — en esta ocasión me quejo y refunfuño ante Dylan, mi chofer maravilloso.

— No sé quién sea su esposo, pero al parecer, es más difícil comunicarse con él que con el Señor presidente de la República — me dice el taxista mientras sonríe — No puedo avanzar mucho más, señora, tal vez algunos metros, lo siento mucho, pero tendré que dejarla a unos cuantos metros antes del teatro — Me quedo mirándolo con la mente en blanco cuando me dice el valor de la carrera ¿Y ahora qué hago? — ¿Señora? No puedo avanzar más y necesito tomar otro pasajero, ya sabe, pronto será Navidad y debo aprovechar que tengo trabajo suficiente – Parpadeo y las lágrimas empiezan a descender por mis mejillas.

Estas estúpidas hormonas, además, tengo unas ganas inmensas de hacer pipí.

— ¿Tiene hijos? — Es lo único que se me ocurre preguntarle.

— Sí, dos — soy consciente del tráfico y del ruido de la calle — De 6 y 10 años — sonríe y yo lo hago con él, antes de decirle que no tengo un solo centavo encima de mí.

— Yo — me aclaro la garganta — Lo siento, señor, le juro que nunca ha sido mi intensión engañarlo, es solo que pensaba que al llegar al teatro mi esposo me daría el dinero para pagarle — el hombre se gira y me mira con una expresión seria.

— ¿Está queriendo decirme que no va a pagarme? ¿Que no tiene dinero? — intento secar mis lágrimas, pero estás han continuado derramándose.

— ¡No, no, de verdad! — me sueno la nariz — Voy a pagarle, solamente que no en este momento. Lo siento, es solo que he olvidado el bolso en el restaurante en el que estaba y pensé que al llegar al teatro mi esposo podría pagarle — El dolor en mi bajo vientre es cada vez más incómodo — Es Navidad, le prometo que no he querido robarlo y no voy a hacerlo. Voy a llamarlo, la agente de mi esposo tiene ahora su número, le prometo que voy a llamarlo o puedo pagarle por aplicación — Se me ocurre en el último momento.

—¿Cómo va a hacerlo si no tiene teléfono? — me pregunta seriamente, y yo no sé qué decirle.

—¿Podría volver a intentarlo? — El pobre debe pensar que me estoy enloqueciendo, acabo de decirle que no tengo ni un duro y encima, vuelvo a pedir su teléfono prestado.

Me lo pasa vigilando las puertas del vehículo.

Piensa que voy a escaparme con él. Ahora soy una ballena que pesa una tonelada y que además un taxista mira como si fuera una ladrona ¡Esto ya es el colmo!

— ¡Mierda! — Grito. Jacob tiene el teléfono apagado — Jacob, amor, estoy en New York, muy cerca al teatro donde te presentas, pero he perdido mi bolso, no tengo dinero, ni teléfono, este es el número del taxista que me ha acercado al teatro, pero no puede continuar, está bloqueado por culpa de tus fans y además no tengo cómo pagarle, por favor, contesta — El taxista levanta la ceja interrogante — Nos hemos peleado — Le digo rápidamente e intento con Bianca de nuevo, nadie contesta.

No puedo recordar el número de Aiden, de Lucas o de alguno de los chicos. Le devuelvo el teléfono al chofer.

— Gracias, esto es inútil — Suspiro — Voy a pagarle, estoy segura, ahora el problema es que me deje ir.

Igual su número ha quedado registrado en el teléfono de Jacob y de Bianca.

— Intente encontrar a su esposo y cuídese, no se ve muy bien — me dice el chofer y se inclina para abrirme la puerta.

—¿En serio? — No puedo creer la gentileza y confianza de este señor — Le prometo que voy a pagarle, nunca voy a olvidarlo.

— ¡Baje! — Creo que va a arrepentirse, quiero salir de aquí lo más rápido posible, pero no lo logro — ¡No puede ser posible! — murmura Dylan y sale del auto, siento sus manos ayudándome a levantarme y a salir.

— ¡Cómo pesa! — No digo nada, No creo que esté exagerando.

— Son gemelos — le respondo y él sonríe — Muchísimas gracias y felices fiestas.

— Feliz Navidad, ahora váyase antes de que me arrepienta y tenga cuidado — Le sonrío y empiezo a caminar lentamente.

Me ha tocado el mejor taxista del mundo, no sé si es por las fiestas o por mi avanzado estado de embarazo, pero reconforta, saber que este tipo de personas todavía existe. Si no encuentro un lugar donde hacer pipí, lo haré sobre mí misma, y no pienso pasar todo el día oliendo a pipí, y menos llegar a pedirle disculpas a Jacob, con ese olor ¡Si debe estar rodeado de hermosísimas mujeres, por Dios! La verdad es que el día que discutimos tenía muchos celos, ya que él veía las mujeres más bellas y delgadas, mientras yo solo aumentaba de peso y me parecía cada día más a una ballena.

Me desvío por una pequeña calle, prestando mucha atención para poder volver a mi camino sin perderme. Encuentro un pequeño callejón solitario y me inclino detrás de la parte final de una escalera de emergencia, donde se encuentran los botes de la basura ¡Qué asco!

Me sostengo del metal de la escalera, intentando no tocar los botes de basura, aprovechando que estos me cubren cierro los ojos por el gran alivio que siento al poder aliviar mi vejiga. Sigue cayendo la nieve que se derrite y te congela y no tengo paraguas, así que trato de acomodar mi ropa rápidamente y me pongo de pie difícilmente. Cuando logro conservar el equilibrio y respirar normal por el esfuerzo, soy sorprendida por dos hombres de aspecto rudo y agresivo, que me miran como si yo hubiese robado su botín de oro.

No son Piratas, ¿verdad? En realidad, parecen narcotraficantes en medio de una entrega.

¿Por qué me pasan estas cosas a mí?

¡Ay Dios mío! ¿En qué lío me he metido?