Parte 1
¡Navidad! ¡Qué mejor momento para regresar a casa con los seres queridos!
—¡Amor mío!, ¿deseas panqueques?
—¡Si mamá!, ¡me encantan!
Doña Camila Vda de Belvedere, tenia por sublime placer la grata y alegre compañía de su unigénito, quien alejado de la casa paterna por los estudios regresaba al lado de su madre cada fin de año.
—¿Qué haremos hoy día mamá? —preguntó Diego muy solícito.
—¿Qué te parece si vamos de compras y por la tarde salimos de paseo? —respondió entusiasmada su madre.
—¡Me gusta la idea! ¿Sabes qué?, estaba pensando que tal vez...
La presencia de Diego llenaba de luz no solo aquella vanidosa y coqueta mansión, sino también el desolado corazón de su madre quien atesoraba en secreto, todos esos preciosos momentos junto a su hijo para revivirlos cuando volviese a quedar sola, en esa morada tan llena de confidencias, tan llena de nostalgia y silencio. De pronto Doña Camila recordó que unos días atrás, Diego le había dicho que quería conversar con ella de algo muy importante.
—¿Qué asunto es ese cuya urgencia deseas tratar conmigo?
—Hay una chica que conocí en las aulas y estuvimos saliendo…
—OK ¡muy bien!
—Lo cierto es que ella es muy bonita y... muy inteligente y... tiene buenas metas y... saca buenas notas y…
—¡Al grano hijo!, ¿Qué pasa con ella? no me digas que…
—¡Sí mamá!, ¡estoy enamorado!, ¡perdidamente enamorado!, ¡profundamente enamorado!, ¡la amo con todo mi corazón!
—¡Oh! ¡Me alegra mucho escuchar eso!
—Si mamá y... quisiera casarme con ella.
—¿Cuándo?
—¡Lo antes posible! —respondió Diego, muy entusiasmado.
—¿Cuál es la prisa?, ¿acaso está embarazada?
—¡Sí, si lo está!, ¡vas a ser abuela mamá!, ¡muchas felicidades!
—¡No, no, no!, ¡no puede ser! —respondió doña Camila mientras se agarraba con ambas manos la cabeza.
—¡Estoy muy alegre, mamá!
—No será menor de edad ¿verdad? ¡Dime que no es menor de edad!
—Claro que no mamá, ¿cómo se te ocurre?
—¿Y te quieres casar por el hijo o porque la amas?
—¡Porque la amo y a mi bebé también!
—Muy bien —contestó secamente su madre.
— Quiero hacerme cargo de ellos y formar mi familia.
A estas alturas doña Camila, estaba no solo fastidiada, frustrada y decepcionada por las consecuencias de la conducta inmoral de su hijo, sino también por la amenaza que representaban contra los planes que había elaborado con prolijo esmero y cuidado para él. Era obvio que dado su imperfecto carácter temperamental, perdiese rápidamente la paciencia:
—Y supongo que te habrás fijado bien a que familia pertenece antes de revolcarte con ella.
—¡Mamá! ¿Cómo puedes hablar así? Ella se llama Victoria Rojas y no es de familia millonaria, de hecho vive en los arrabales, pero es…
—¿Arrabales? —interrumpió su madre con el rostro desencajado y preguntó furibunda—: ¿Qué tienes en la cabeza?
—¡Basta!, ¡escúchame! —Replicó Diego.
—¿Qué hiciste? —reclamó perpleja su madre.
— No me interesa si no tiene fortuna. ¡Me importa un pepino! —respondió Diego con vehemencia.
—¡No te casarás con una cualquiera, menos sin apellido ni fortuna! ¿Qué de bueno le viste?
—¿Una cualquiera? ¡Vicky no es esa clase de personas! ¿Crees que yo me fijaría en una cualquiera?
—¡Eres un Belvedere! ¿Sabes lo que eso significa?, ¿lo entiendes?
—Mamá. Se muy bien que cometí un error. Lo admito y lo confieso. ¡Perdóname por favor! Pero no pienso abandonar a Victoria. ¡Ella está muy asustada, teme que yo la abandone!
—¡Pues bien merecido se lo tiene!
—Mamá, ¿puedes entender que yo deseo formalizar mi relación con ella?
— ¿A si? —respondió doña Camila con ironía y desprecio antes de contraatacar.
—¿Y cómo sabes que es tu hijo? —preguntó esbozando una sonrisa triunfante para luego dar con saña, la estocada final.
—¡De mujeres así, uno no sabe con quienes se acuestan! —sentenció con agudo sarcasmo poniendo en duda la honorabilidad de aquella desconocida jovenzuela que, sin saberlo, se había interpuesto entre Diego y sus ambiciosos planes.
—¡Mamá! —Protestó Diego, sorprendido por tan grave insinuación contra la honestidad de Victoria. Pero esta escueta y breve respuesta carente de argumentos, le decía a doña Camila que había dado en el meollo del asunto. Por tal motivo arremetería sin darle tiempo a defenderse:
—¡Escúchame Diego! ¡Deshazte de ella y de su hijo! ¡Hoy en día es fácil abortar a un engendro! —Pero Diego indignado contra aquella horrenda sugerencia no la dejó continuar.
—¡No madre!, ¡no quiero que mi conciencia me remuerda por el resto de mi vida! ¡El aborto es la forma mas cruel para quitarle la vida a un bebé que vive indefenso en el vientre materno!
La vehemente defensa del hijo no nacido le hizo cambiar de táctica a doña Camila y basar sus argumentos en la ventajosa vida que tendría si tan solo siguiese su consejo, o mejor dicho los planes que había trazado para él.
—¡Diego, vive tu vida!, ¡tienes un gran futuro por delante, no lo eches a perder con una cualquiera!
Pero Diego no la dejó continuar y respondió de inmediato —Todo lo contrario. Echaría a perder mi futuro si no me caso con Victoria.
—Hijo, vive tu vida y conocerás chicas lindas de buen apellido y te casarás con alguna de ellas. —Pero siempre que doña Camila le decía: “vive tu vida” se refería a la que ella había planificado para él.
—Ya conocí a una chica linda y como ella ¡ninguna!
—¡Basta Diego!
—Quiero hablarte de ella y no me dejas. Tú crees que no seré feliz con Victoria pero no la conoces ni tienes idea de lo linda que ella es. Y eso del buen apellido es tan solo un pretexto para discriminar a las personas con menos recursos.
—Oh cariño, ¿qué te hizo esa mujer que no te das cuenta? ¡Yo sé que tú no sabes tomar buenas decisiones en el amor!, ¡te conozco muy bien!, ¡por algo soy tu madre!
—¡No intentes manipularme mamá! ¡Ya no soy un niño!
—¿A sí? Diego, por si no te has dado cuenta, sin mí serías un don nadie.
—¡Mamá! —atinó a decir Diego, sintiéndose humillado y adolorido.
—¡Si señor, un don nadie! Y te recuerdo que tengo toda nuestra fortuna bajo mi poder. A propósito, hablando de dinero, ¿qué ayuda quieres?, ¿más dinero tal vez?, ¿para qué?
—Necesito pagar mis estudios, es que…
—¿Qué? —interrumpió doña Camila, realmente sorprendida—. ¿acaso no te di para que cubras holgadamente todos los gastos?
—Tomé lo que tenia para rentar un departamento y darle un lugar cómodo a Victoria donde pueda llevar tranquila su embarazo.
—¡Qué irresponsable eres!
—¡Es que su padrastro le hace la vida imposible! ¡Así no puede llevar bien su embarazo! ¡Es mi hijo el que está en su vientre y quiero lo mejor para él!
—Diego no quiero seguir hablando más de esto —contestó doña Camila, frustrada y decepcionada al ver que su amado hijo había llegado demasiado lejos al tomar decisiones que desbarataban por completo sus preciados planes.
—¡Ayúdame por favor! Será únicamente hasta terminar mis estudios.
—¡No!
—¡Mamá, tan solo me falta un ciclo!
—¡Basta, escuchame, Diego!
—¡Por favor mamá!
—¡Basta! Mis planes o los tuyos. O te deshaces de ella y de su hijo, o te largas de mi casa.
—¡Es el colmo! —protestó Diego.
—¡Pero si persistes en seguir con ella, no esperes un centavo de mi cartera! —finalmente, doña Camila había logrado poner a Diego entre la espada y la pared. Estaba segura que se vería obligado a decidirse por acatar sus planes.
—¡Me decepcionas mamá! ¡Nunca me hubiera imaginado esto de ti!
—¿Y qué esperabas?
—¿Puedes entender que yo amo a Victoria? No quiero esa vida que me ofreces mamá. Nunca sería feliz. ¿Fuiste feliz con papá?, ¡siempre discutiendo!, ¡siempre guardando las apariencias!, ¡siempre llorando a escondidas! —Diego, había revivido recuerdos tristes de su infancia al sentirse rechazado por su madre, tal vez porque volvió a sentir la misma angustia que a menudo vivía de niño.
—¡Basta! ¡Cállate! ¡No quiero recordar nada de eso! —contestó doña Camila quien nerviosa y descontrolada, por revivir sorpresivamente tan dolorosos recuerdos, abofeteó a su hijo.
—Tal parece que... ya olvidaste tu verdadero origen, mamá —atinó a responder Diego y sin decir más, se retiró.
Doña Camila no contestó. Ofuscada y con el espíritu quebrantado por tanta soledad acumulada, se había descontrolado. En un súbito e inesperado giro de la conversación, los mejores planes para su Diego habían terminado en el tacho. Ya ni siquiera pasaría esa navidad con su hijo, como tanto lo había soñado.
Mientras tanto, Diego meditaba en el incomprensible rechazo de su madre, lo que ciertamente le partía el corazón. Subió a su habitación, empacó sus cosas y se fue no sin antes decirle a su progenitora:
—El amor crece madre. Ya no eres la única que está en mi corazón. Hazle sitio en tu corazón para las personas que tu hijo ama.
Doña Camila aparentando frialdad e indiferencia lo vio desde su ventana subirse a su bmw y partir. Sin embargo aquella actitud no era mas que una simple careta que había aprendido a usar desde niña para ocultar su vulnerabilidad y sobrevivir. Pero bajo aquel disfraz había un angustiado corazón que se negaba a gritos quedarse solo de nuevo:
—¡Vuelve Diego, no te vayas, vuelve!, ¡no me dejes sola por favor! ¡Perdóname Diego, perdóname…
¡Corre Camila!, ¡no dejes que se vaya!, ¡vé por él! ¡Un gesto de arrepentimiento vale mas que las apariencias! En vano grita el corazón si los labios no se mueven. En vano grita su dolor, su arrepentimiento o su amor si el miedo se impone como sello sobre los labios. Y los de Camila permanecieron cerrados, sellados, silenciosos, aún cuando sus desesperados ojos lo veían alejarse y su corazón reclamaba su grata compañía. Una era la Camila que orgullosa lo dejó ir, otra la que moría al pie de la ventana viéndolo partir…
El orgullo tiene los pies de plomo, pintados de oro. Paraliza la voluntad y mata el esfuerzo que la humildad necesita para reparar el daño hecho.
Diego, se subió a su auto, aceleró la marcha y puso rumbo a su dulce hogar del que nunca debió salir.
La acibarada plática que acababa de lidiar con su madre, le llenaba de amargura el alma y los ojos de lagrimas. Lágrimas que brotaban del corazón. Lágrimas que le ofuscaban la razón. Lágrimas que esbozaban en trazos desvanecidos, un camino difuso. Tan difuso como el golpazo que le cayó encima. Tan rápido que no supo de donde vino. Tan funesto que entre los retorcidos fierros, susurró por ultima vez el nombre de Vicky y su bebé...
CONTINUARÁ...
