Su JOY

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Ten cuidad con lo que deseas, mascota.

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Complete
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11
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5.0 2 reviews
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18+

UNO

Se suponía que la temporada de las fiestas era la época más mágica y emocionante del año, no un momento para que te pisoteen el corazón y te lo arranquen del pecho.

Al crecer como hija única, mis padres hicieron un esfuerzo adicional para hacer de ese el momento más memorable de todos. Esos dos adultos ridículamente emocionados colocaban luces parpadeantes y decoraciones en cada rincón de la casa mientras cantaban populares canciones festivas. Hicieron todo lo que pudieron para hacer que su pequeña, con sus coletas desordenadas y con un diente faltándole, sonriera.

Eran una pareja extraña, pero no en el mal sentido. Mis padres siempre fueron asustadizos, demasiado amorosos y permisivos, pero muy quisquillosos, lo suficiente como para educarme en casa incluso cuando ambos trabajaban a tiempo completo. Dijeron que no querían que me sintiera sola, así que se turnaron para abrazarme durante mucho tiempo todos los días. Según ellos, yo era su felicidad, la bebé que les alegró la vida. Por eso me llamaron Joy, que en inglés significaba alegría.

De pequeña, me sentaba en la alfombra con una taza llena de chocolate calientito lleno de más malvaviscos de los que se me debería haber permitido comer, vistiendo un feo suéter hecho a mano de dos tallas más grande, y los observaba durante horas. Con mis grandes ojos reflejando el brillo centelleante y las luces parpadeantes, los observaba ser el par de adultos más felices que una niña podría encontrar y, en el fondo, supe que siempre quería poder sonreír así cuando creciera.

Era una sensación de magia y fantasía que nunca superé, incluso después de mudarme a mi propio lugar y vivir sola. Eran las únicas dos semanas del año en las que esperaba que todo fuera mágico y nada saliera mal, pero a solo una semana de que comenzara, sucedió esta mierda.

—¿Q-qué quieres decir? —No pude comprender sus palabras. El órgano en mi pecho perdió su ritmo mientras la decepción derribó mis facciones. Esas palabras eran simples, pero el hombre que tenía delante las juntó en ese orden específico, y mi mente se negó a darles sentido.

—Eres divertida, pero no creo que seas la chica para mí. —Tom se encogió de hombros con esa sonrisa triste, como si no se pudiera hacer nada al respecto. Eso no fue lo que gimió junto a mi oreja hace tres horas mientras me follaba. ¡Oh, no! En ese entonces, todo era, Joder, sí, tu coño es perfecto, y llámame papi, pequeña.

—Pero ... Pero hemos estado juntos durante dos años. —En realidad, habían pasado más de dos años, más como dos y medio. Eso era si follar dos veces por semana contaba como estar juntos.

—Nunca te amé, Joy, solo quería divertirme un poco. Eso es todo. Siento tener que decirlo así. Es mejor ahora que más tarde.

Allí fue cuando pasó. El momento exacto en que lo sentí morir. En ese momento, no podía decir qué era, pero se resquebrajó y pereció dentro de mí en segundos, llevándose todas mis ya tenues esperanzas de un futuro con el hombre que tenía delante.

«Espera, ¿dijo mejor? ¿Mejor para quién?».

—Se acabó —repitió esas palabras. Entonces supe lo que significaban, dolor, uno que no tenía ni idea de cómo curar. También significaba soledad y vergüenza, mucha.

—Pero si quieres, todavía podemos ser... —¡Joder, no! Será mejor que no diga esa palabra. Mi corazón no podía soportar escucharla, así que lo detuve.

—Yo... Yo… Me tengo que ir. —Cuando me volví, mis pesados ​​brazos se envolvieron alrededor de mi pecho.

—¡Joy! —Tom tomó mi mano, deteniéndome. No era lo que quería hacer, pero mi vista nublada se fijó en él—. Tú ... eres una buena persona, y sé que irás a buenos lugares, conocerás buenas personas y tendrás la vida maravillosa que te mereces al lado de alguien que se sentirá afortunado de tenerte. Estoy agradecido por nuestro tiempo juntos. De verdad —aseguró con ojos de cachorrito muy abiertos. ¿Eran necesarias esas palabras? Maldita sea. Esos ojos azules me harían sentir mal si le diera un puñetazo en la nariz en ese momento.

«¿Qué decir a eso?».

La mano de Tom se suavizó alrededor de la mía hasta que la soltó, dejando que mi mano cayera flácida. Dió un paso atrás, con esa sonrisa triste curvando sus labios mientras mi mundo se desmoronaba. No podía ver su rostro por otro segundo, así que sostuve la caja más cerca de mi cuerpo y me giré.

Ahí se fue toda la magia. Toda la alegría de la temporada, asesinada a sangre fría. Solo le tomó un par de oraciones, y esa sonrisa de lástima. ¡Guau! Abandonada una semana antes de que se encendieran las luces. Descartada antes de que se sirviera la primera taza de chocolate caliente espolvoreado con menta, antes de que tuviéramos la oportunidad de acurrucarnos bajo una manta caliente mientras veíamos películas románticas. Todo fue porque le traje a él y a los demás oficiales una caja de donas, y me atreví a preguntarle si quería venir a casa y pasar un día con mi familia. No le pedí a Tom que les dijera a mis padres que era mi novio, solo que era mi amigo, pero eso fue demasiado. Había cruzado la línea.

Ese idiota me folló en todos los rincónes oscuros de esta pequeña ciudad, y no se quejó ni una sola vez. Durante dos años, acudía a él cada vez que me llamaba y dejaba que me lo hiciera entre sus descansos del trabajo, y eso estaba más que bien para ese imbécil. Durante ese tiempo que pasamos juntos, no le exigí nada, no hice una escena o tuve una pelea con él, ni siquiera una discusión, pero para él, conocer gente importante en mi vida fue un paso demasiado lejos.

Mientras salía descorazonada del vestíbulo del departamento de policía con una caja de donas vacías y sin tener un rumbo particular a donde ir, sus palabras seguían resonando en mis oídos. Una buena persona. Se deshizo de mi gordo trasero como si fuera basura, pero yo era, ¿buena? Buena para ser usada y desechada, quiso decir. Fue mi culpa. Se lo hice demasiado fácil.

Con comezón en los ojos y lágrimas brotando de ellos, ignoré el frío y pisoteé sobre la fina capa de nieve que cubría el pavimento hasta llegar a mi auto. Se negaron a dejar de caer, así que cuando llegó el momento de abrir la puerta, mi visión era tan borrosa que no podía ver en qué rincón oscuro de mi bolso habían desaparecido mis llaves.

Después de colocar la caja vacía en la parte superior del carro para desocupar mis manos y buscar, rebusqué entre las porquerías que llevaba en mi bolso. En lugar de encontrar mis llaves, mis manos se encontraron con un teléfono zumbando. Era un mensaje de texto de él. Tuve que limpiarme la cara dos veces para poder leerlo.

—¿Hablemos luego, está bien?

Me destrozó. Después de admitir abiertamente que no fui más que un juguete de carne para él, ¿quería hablar? ¡No! ¡A la mierda Tom y su estúpida cara! Golpeando mi dedo frío contra la pantalla, borré el mensaje y bloqueé su número. A ese idiota nunca le importó conocer a ninguno de mis amigos, por lo que no podría encontrarme a menos que rompiera un par de reglas. Pero nuevamente, para él, yo no valía la pena, así que eso no sucedería.

Con las llaves finalmente en la mano, abrí el auto y entré. Durante los siguientes cinco minutos, me senté en el asiento del conductor, apoyé la cabeza en el volante, dejé que mis rizos rojos cubrieran mi cara enrojecida y sollocé como la ingenua estúpida que era.

¿Cómo pude haber sido tan idiota? ¿Por qué no envié a ese bastardo al infierno hace años? ¿Qué vi en él?

Conocí a Tom en un bar. Ese hijo de puta entró con sus amigos y todo el lugar se iluminó. Pensé que mis ojos nunca verían a un hombre más hermoso. Tal vez fue el alcohol, o que yo nunca había sido el centro de atención de nadie, pero cuando cruzó la barra, se inclinó sobre el mostrador y me habló, se me cayeron las bragas. Por encima de la música a todo volumen, dijo que yo era deslumbrante y que deberíamos pasar un rato juntos.

Caí redonda.

¿Qué había en él que no me enamoraría? Alto, musculoso, de cabello oscuro, ojos azules, sonrisa perfecta y seguro de sí. El tipo de hombre por el que muchas mujeres sacarían sus garras y pelearían. Lo más sorprendente era que él estaba interesado en mí y, por supuesto, no quería arruinarlo. Nadie que se veía tan bien como él se había acercado nunca a mí.

De ese bar me llevó a casa y me dijo que tenía prisa, que no hacía falta que nos desvistiéramos. Eso fue extraño. Tom procedió a follarme como si no hubiera un mañana, luego se fue. No me dio su número, pero nos encontramos una semana después por pura casualidad, y volví a caer por él.

Una vez más, me llevó a casa y nos pidió que no nos quitáramos la ropa durante el sexo. Extraño, pero a Tom parecía gustarle. Se corrió fuerte, gimiendo en voz alta, así que lo dejé pasar. Después de eso, intercambiamos números y nos vimos a menudo, pero él seguía teniendo la misma solicitud, así que pensé que era su kink. Por supuesto que no lo era.

Estúpidamente pensé que finalmente había encontrado a un chico que se preocupaba por mí, así que hice todo lo posible para mantenerlo feliz, ignorando todas las advertencias. Si me quería, solo tenía que enviarme un mensaje de texto y yo estaría allí con los condones y una botella de lubricante, sin hacer preguntas. Esa devoción nunca fue mutua. Cada vez que le sugería que saliéramos juntos, me interrumpía.

Tom era un chico fiestero, más como esos de fraternidad, y yo era una gusana de libros de románce, por lo que rara vez conectábamos en algo significativo. Nuestros intereses estaban a mundos de distancia, pero cuando estábamos juntos en mi cama, todas esas diferencias desaparecían y se volvía mágico.

Ya que mostró sus verdaderos colores, me di cuenta de que había estado asumiendo que él sería como uno de esos protagonistas masculinos en mis novelas favoritas, el idiota que se convertiría en el Príncipe Azul. Bueno... Resultó que Tom era todo idiota y cero encanto.

Cada vez que tenía la oportunidad de conocer a sus amigos, lo bloqueaba. Tom me dijo que no le gustaba que me mezclara con ellos, que eran unos idiotas, así que me pidió que no estuviera cerca de ellos.

Pensándolo bien, nunca entendí por qué si sus amigos eran idiotas, él comoquiera salía con ellos todos los fines de semana. Esa era otra cosa que no me atrevía a cuestionar. Por lo tanto, a cada fiesta o salida a la que iba, yo no podía ir.

Además, Tom me dijo que estaría celoso si alguien intentara tocar lo que era suyo. Tóxico como la mierda, pero en mi mente retorcida, me hacía sentir especial, como si a él le importara. No, no le importaba. Ese hijo de puta simplemente no me quería cerca, y mientras lloraba con todo mi corazón en mi auto congelado, supe que estaba pagando un alto precio por mi ignorancia.




NOTA de la Autora:

AVERTENCIA: HISTORIA OSCURA

Esta será una muestra de diez capítulos.