Rumbo desconocido
La conocí aproximadamente un mes antes de navidad, fue como un milagro, de esos que son difíciles de creer. Era un día frío como cualquier otro, la brisa acariciaba mis mejillas y el sol se escondía detrás de las nubes tormentosas.
Caminaba vagamente pensando que el año acababa y no había hecho nada que realmente valga la pena, la sensación decepción y vacío asolaba mi pecho. Sin darme cuenta llegué a la estación del tren y pareció buena idea sentarme descansar.
Al poco tiempo se sentó a mi lado una bella señorita, era muy joven, hermosa, delicada y de perfecta silueta. Parecía una mujer sacada de las novelas que tanto me gusta leer, no podía dejar de mirarla, pero tampoco deseaba incomodarla.
Sacó un libro de su abrigo, me pareció muy extraño pues ya casi nadie lleva libros consigo. Reconocí la portada de inmediato, pues era una novela romántica de mi autor favorito, es poco conocido pero fascinante al escribir.
Me acerqué a ella preguntando por el libro, a lo que respondió gentilmente diciendo su nombre, era su favorito y era la segunda vez que lo leía. Quedé fascinado una vez más y no pude evitar mencionarle otros del mismo autor, pues me había emocionado de más. La conversación fluía fácilmente, me enamoré inmediatamente de su sonrisa , quería conocer más de ella por lo que me subí al tren y me senté a su lado sin saber a donde me llevaría.
Resultó ser una chica trece años menor que llegó de intercambio estudiantil, la más brillante de su clase. Se alojaba en un lujoso hotel cerca del aeropuerto y solía escaparse de vez en cuando a conocer las calles pues sus padres no la dejaban. Después de todo era muy joven y la ciudad es muy peligrosa para los extranjeros.
Me ofrecí acompañarla hasta una esquina antes de llegar a su destino, estaba nervioso pues nunca había hecho tal cosa a pesar de mi edad. Su padre salió preocupado por ella, reconocí al hombre al instante ya que es el juez más famoso de la ciudad, un caballero, alguien muy importante y respetado. Al saber eso, supe que no la vería jamás, y, aunque lo hiciera podría traerme más problemas de lo que necesito.
Pasaron unos días, me senté a leer bajo la copa de un árbol y quedé profundamente dormido. Desperté horas después y para mi sorpresa, ella estaba a mi lado, leyendo la novela de siempre, concentrada, perdida en su mundo de fantasía. La saludé y rápidamente me regañó por haberme quedado dormido, haciendo hincapié que era peligroso hacerlo. No sé cuantos años han pasado desde que no me regañaban, mis padres murieron hace años, no tengo mujer ni hijos, se siente tan extraño.
Le ofrecí invitarle un helado, a lo que aceptó alegremente, caminamos por el parque en busca de una heladería. Para mi sorpresa, era violinista, pianista, poseía también otras habilidades y pensaba seguir la carrera de medicina. Me pareció una vocación muy noble, aunque sé que demanda mucho tiempo y suele ser tortuosamente estresante, me preocupé un poco por eso. Continuamos hablando, mientras más la conocía, más me gustaba, era muy extraño, no había pasado esto en años. Sabía que debía parar, si seguía hablando con ella me enamoraría y eso sería desastroso, pues es un amor imposible.
Comía como una niña, se emocionaba fácilmente por las flores del lugar, su voz era suave y tierna. Todos nos miraban y aunque me gustaba pensar que pensáramos que éramos una pareja, sé que parecemos más a un padre con su hija. La vida es muy cruel, ella es solo una niña y yo ya no soy tan joven como antes, a lo que me recuerda que también es muy descuidada, cualquier día podrían hacerle daño si sigue así confiada.
Comentó que había fugado de casa una vez más, amaba a su padre, pero detestaba estar encerrada. Deseaba explorar el mundo por su cuenta, una chica apasionada por la vida, por la naturaleza. Una chica muy diferente a todas las mujeres que he conocido antes, definitivamente es una en un millón.
Salimos a caminar un rato, le conté de mi trabajo, en que lugar vivía, algunos detalles de mi vida privada. Por alguna razón no sentía que hablaba con alguien tan joven, me sentía muy cómodo, era como hablar con un igual, tal vez es la madurez que transmite al hablar o tal vez el físico tan desarrollado para su edad.
Le dije mi nombre y pregunté el suyo, era un nombre un poco extraño, pero hermoso a la vez, al repetirlo un par de veces se quedó grabado en mi cabeza. Todo era perfecto en ella, hablaba de sus metas, sus sueños, de muchas cosas interesantes, era abierta a cualquier tema y siempre sabía que decir.
Le pregunté si tenía novio, a lo que respondió que no, nunca se había fijado en alguien pues siempre estuvo concentrada en sus metas. Era una chica muy aplicada, parecía que no le faltaba nada, parecía que era muy feliz y que no necesitaba nada más en su vida. Por otro lado, yo era un desastre en muchos sentidos, temía que conociera ese lado de mí y se decepcionara.
Las horas pasaron, estaba anocheciendo por la que le ofrecí una cena para luego llevarla a casa, ella aceptó gustosa. Era muy refinada al comer, sabía que usar y que no para cada plato, su padre le había enseñado desde pequeña. Parecía una niña rica sacada de las novelas que tanto me gusta leer, que mujer tan fina y refinada.
La acompañé según lo acordado, me dio su número de teléfono, quería seguir hablando conmigo. Me sentí el hombre más feliz del mundo en ese instante, pero, indicó que le escribiera solo cuando ella lo haga primero, de lo contrario nos traería muchos problemas. Al instante recordé que ella es un amor prohibido en todos los sentidos, estaba por tomar un camino sin retorno.
Regresé a casa feliz, pero preocupado a la vez, me preguntaba que pasaba conmigo, es una chica muy joven, es una locura si quiera pensar en un amorío con ella. Claro que lo más probable es que solo estaba siendo gentil conmigo mientras yo me hacía ideas equivocadas.
Al despertar recibí su mensaje deseando que tenga un bonito día y que la había pasado bien conmigo. Respondí rápidamente emocionado, pues no esperaba que escribiera tan pronto, aun no lo podía creer. Mencionó que partía a estudiar y una vez más recordé que aún es una niña, me sentí extraño por unos segundos. Dentro de mí sabía que estaba mal, que debía cortar todo lazo con ella, que dolería si me fijaba en ella, pero…ya no podía detenerme, yo…me estaba ilusionando.