Primera Aparición
-- Mi padre de pequeña siempre me contó la historia de el león y la gacela. La gacela era la más preciosa de toda su manada y siempre tuvo una vida llena de alegría y sin preocupaciones, pero un día mientras paseaba; como normalmente lo hacía, un león hambriento la veía a lo lejos. La gacela sentía la mirada del león, pero no le hacía caso, ya que pensaba que al ser importante en su manada nadie la llegaría a tocar; pero, a el león eso poco le importaba. Cuando ella bajo la guardia, el león la ataco matándola de un solo mordisco en el cuello.
-- ¡Ay, que miedo!- dijo el pequeño, mientras se tapaba la mitad de la cara con la manta.
-- La gacela, antes de morir, le preguntó porque le estaba haciendo eso y adivina que le dijo.
-- Qué?
-- Tu vida estuvo llena de lujos y no supiste mantener humildad en tu corazón, pero en cambio yo que siempre estuve en dificultades, fui bondadoso y leal a mis amigos. Ahora, ten en cuanta de que por primera vez estás ayudando a alguien. Mientras la gacela agonizaba escuchando eso, más leones de la misma manada se le acercaban.
-- Y eso que significa?
-- Que no puedes sentirte superior a los demás, ya que puede haber alguien más malo.
-- Lo dices porque soy rico?
-- Probablemente. Pero bueno- la chica se levantó de la cama, acomodando la manta sobre el niño- ahora tienes que dormir, mañana va a ser un día increíble.
-- SI!!
-- Nos vemos.
Darwin asintió, Vanesa lo miro y sonrió alegre mientras cerraba la puerta.
Un gran suspiro salió de sus labios, estaba agotada, ese día en especial le había tocado ayudar a Darwin a aprenderse las líneas de una página para una obra de teatro.
Su momento favorito es cuando el pequeño se duerme, en esa circunstancias puede aprovechar para darse un poco de amor propio, eso significa "escurrirse en la cocina" para robar un poco de vino o comer esas deliciosas carnes.
Bajo las escaleras sobando el fino pino que dio vida a las agarraderas de la misma, miró hacia el techo, un enmarcado de ángeles en algún tipo de guerra, lo adornaba.
Al llegar al final dio una mirada fugas al inmenso comedor que allí había, también miró los cuadros que, probablemente, costaron más que su propia casa.
Aveces fantaseaba con poder quedarse a vivir en esa mansión o hacer algún tipo de negocio sucio para poder pagar la mitad de esa vida.
Cuando llego a la gran cocina, abrió el refrigerador. Éste se encontraba lleno de cualquier clase de cosas caras y vegetales recién cosechados, literalmente.
Saco un pedazo de queso blanco y la cerró, luego agarro un plato y puso el queso en él. Abrió la estantería superior tomando una gran copa de vidrio, dejó todo sobre la mesa y se dispuso a agarrar el vino más delicioso que allí había.
En el estante estaba una botella que le llamó la atención, nunca la había visto antes, supuso que era nuevo y exportado de algún país.
-- Mierda, esta cerrado.
Chasqueo la lengua, ese era un gran problema.
Giro sobre sus talones para buscar otra bebida igual, al encontrarla sonrió. Cuando fue a agarrar aquel extraño vino para devolverlo a su lugar, noto que ya no estaba cerrado.
Una cara de extraño se formó en su rostro, miró hacia todas parte por sí alguien le estaba haciendo una broma.
Miró de nuevo la botella, de la cual salía humo por el pico. Ahora que estaba abierta, no podía desaprovechar la oportunidad.
La agarro y se sirvió un poco.
Tomo la copa entre sus manos y la revolvió sutilmente, ahora si, es hora de probarlo.
Sus ojos se abrieron de par en par, el sabor que aquel vino tenía eran como el de una uva recien cosechada, ni muy madura ni muy nueva, era exquisita.
No lo pensó dos veces y se sirvió otro vaso, cuando ese se acabó, tomó otro y así continuo hasta que se acabará.
-- deliciosho- un pequeño ipo se salio de sus labios y seguido una gran carcajada.
Las horas habían transcurrido en ella tomandoselo hasta la última gota.
Reía y gritaba de felicidad, esos momentos fueron muy alegres para ella. Desde que consiguió ese trabajo de niñera, no tenia tiempo para si misma y tampoco para su propio bienestar.
Los Vazques le pagaban generosamente por el cuidado que le daba a su primogénito y único hijo, pero no era que la tratarán tan bien.
Siempre la miraban sobre los hombros y solo le dirigían la palabra cuando tenían que decirle algo importante.
Su mueca de alegría cambió a una de tristeza, recordó que hace unas semana su novio terminó con ella por culpa de su empleo. Él siempre le sermoniaba que no le agradaba esa familia, a lo que ella siempre le decía que gracias a ellos tenían para la comida.
Estaba por subir las escaleras cuando un toque en la puerta llamó su atención, bajo los dos únicos escalones que subió y camino en dirección a la puerta frotándose los ojos.
-- Si, buenas.
Quitó la mano de sus ojo esperando que volvieran a la normalidad, para poder ver bien la silueta de la persona que estaba allí.
Parpadeo un par de veces y cuando pudo ver nuevamente, aquella sombra que estaba allí ya se había ido.
-- Hola?
Suspiro de frustración.
A esas hora de la noche una broma podría sacarla de sus casillas, además era imposible que alguien entrara a esa mansión con tan alta seguridad. Camino hasta la cocina para dejar la copa allí, pero antes la observo detalladamente ¿Porqué está familia gastaba tanto en unas copas? Era ridículo, lo que tenía en las manos probablemente costaba lo mismo que dos de sus quincenas.
Antes de finalmente colocarla en el estante, vio reflejada en ella la sombra de alguien detrás suyo. Abrió los ojos aterrada.
Giro velozmente, pero antes de emitir algún sonido un cuchillo filoso atravesó su garganta.
Instintivamente puso ambas manos sobre su cuello en un inútil intento de evitar desangrarse.
Aquella persona, que aun mantenía el arma dentro de su cuerpo, lo movió de manera fuerte hacia la izquierda contándole casi completamente el cuello, dejando a la vista parte de su vértebra.
Podía sentir como cada vena que daba camino a su cabeza era cortada sin esfuerzo, veía sus manos manchadas y lágrimas brotaron de sus ojo. Era desesperante no poder hacer nada, su garganta era destrozada sin ningún esfuerzo.
Una charco de sangre empezó a formarse en sus pies, Vanesa estaba casi decapitada, pero eso no impidió que caminara en dirección a la salida.
Pero fue en vano.
Solo dio máximo 5 pasos, antes de desplomarse en el suelo.
Aquella sombra veía la escena sin ningún sentimiento.
Volteo la mirada, al ver al pequeño parado en la entrada de la cocina, con ojos bien abiertos y lágrimas desbordadas por sus mejillas.
-- Va... Vanesa- dijo bajando la vista hacia su querida cuidadora.
El "monstruo" desapareció antes los ojos inocentes de un niño que no sabía nada.