Capítulo 1

[Tsubame]
La primavera hacía abundantes los árboles de Ginko en esa enorme finca perteneciente a un noble de bajo rango que tenía a su merced una flotilla de niños abandonados durante la primera guerra contra Joseón.
Todos eran de los denominados abominables, niños que podían percibir cosas que nadie más podía y que podían hacer cosas que los humanos normales no lograban alcanzar ni con la meditación más profunda.
Todos y cada uno de esos niños fueron atados con grilletes y su rango era mucho menor al de la servidumbre, eran tratados peor que a un esclavo extranjero y sobrevivían de comer hierba y semillas que caían de los árboles, algunos más hábiles sabían tratar la corteza de los árboles para que fuera comestible y algunos otros simplemente no tenían tanta suerte.
Tsubame y Umeko eran del pequeño porcentaje que lograba sobrevivir con hierbas, corteza de árboles de ginko y algún que otro grano de arroz que encontraban tirado en el suelo.
Era una existencia miserable, pero no tan miserable como los que eran obligados a morir de hambre en las calles. Ellas dedicaban su vida a servir a las hijas del noble hombre, nunca supieron si era soldado, cazador, tal vez consejero de la reina o ministro, nunca comprendieron por qué iba de ciudad en ciudad, pero siempre llegaba con las manos llenas de joyas, telas de la más alta calidad, maquillaje egipcio para las damas de la casa, pergaminos, pinturas y mucho más.
Ellas siempre estaban en silencio por detrás de sus amas, estaban siempre listas para sujetarles los largos dobladillos de los kimonos, proteger sus finos zapatos de los charcos cuando salían a caminar y de básicamente hacer todo lo posible por ellas, desde cepillarles el cabello, hasta aplicarles maquillaje cuando lo requirieran.
Por las noches, solían cepillarles el cabello y perfumarles el cuerpo después de que tomaran una ducha caliente, Tsubame era propiedad de la hija menor del señor y Umeko de la mayor.
ーRealmente quisiera cambiar de esclavas, estas dos ya me aburrieronー respingó la hermana menor mientras Tsubame le peinaba el cabello.
La hermana mayor soltó una carcajada y sonrió con malicia.
ーHemos tenido ya mucho tiempo a estas niñas y aunque a papá le hayan costado una fortuna por ser gemelas, realmente quisiera unas nuevasー concedió la mayor ー, estas dos ya son obsoletas.
Tsubame y Umeko se horrorizaron al escuchar eso, no podían expresar su temor, pero sabía que serían capaces de lanzarlas a un acantilado solo por diversión como hicieron con muchos otros iguales que ellas. Quién sabe qué otras atrocidades eran capaces de hacer.
ーPero son bonitas, deberíamos dejarlas para que pulan nuestras joyas o para que limpien las letrinasー continuó la mayor.
ーLo único bonito que tienen estas esclavas, son sus ojos ¿Qué tal si solo se los sacamos y los hacemos joyas?ー dijo la menor emocionada.
Si bien, Umeko y Tsubame no eran feas, lo que destacaba más de ellas eran sus ojos, azules y brillantes, era como poder ver el mar en ellos y aunque Umeko tenía los ojos ligeramente más claros que los de Tsubame, no eran menos hermosos.
Tsubame, aterrorizada dejó caer el cepillo de la joven dama al suelo, provocando que un diente de este se trozara con el impacto. La niña profirió un quejido de miedo.
ー¿Ah? Pero eres idiota, niñaー se quejó la dama mayor.
ー¡Mi cepillo!ー chilló la menor volteando para propinar a Tsubame una bofetada que la hizo caer de espaldas.
La mujer se puso a horcajadas sobre la niña y comenzó a darle una brutal golpiza.
ー¡Tsubame!ー exclamó Umeko intentando separar a la joven dama de su hermana gemela.
ー¿Te atreves a tocar a una noble?ー chilló la dama mayor antes de patear a Umeko con tanta fuerza que fue a dar contra la pared.
ー¡Umeko!ー exclamó Tsubame entre quejidos intentando liberarse para alcanzar a su hermana.
Giró la cadera e hizo a la noble menor tambalearse y caer de lado, solo en ese momento pudo liberarse para poder ir al rescate de su hermana, la ayudó a levantarse y revisó que no estuviera herida, por fortuna, no había nada grave de lo cual preocuparse.
ーMaldita niñaー farfulló la noble mayor acercándose a Tsubame con la mano en alto para arremeter contra ella a golpes.
Umeko levantó la mano para defender a Tsubame, temblaba de miedo y su única voluntad era que nadie volviera a golpear a su hermana, sintió una calidez inexplicable en el pecho, de pronto, creía que todo el poder del universo estaba dentro de su ser y cerró los ojos esperando su final.
ー¡No la toques!ー exclamó Umeko.
Todo ocurrió en cámara lenta a ojos de Tsubame, vio un intenso destello de luz azul salir de la mano de su hermana y cuando la mano de la noble mayor estuvo a centímetros de las niñas, este comenzó a desintegrarse como arena hasta el pecho.
La noble menor y Tsubame observaron aquello con horror, pues a pesar de haber sido pulverizada, su hombro sangraba como si hubiera sido recién arrancado de su cuerpo por una feroz bestia. La mayor profirió un agónico quejido y las observo sorprendida, realmente aquel movimiento la había tomado por sorpresa; se quedó quieta un momento, observándola con un profundo odio y de pronto, su mirada perdió brillo y de un momento a otro, su cuerpo sin vida se tambaleó y cayó de espaldas al suelo.
La noble menor chilló horrorizada cubriéndose la boca intentando retroceder y huir para pedir ayuda, si lo lograba, tanto Tsubame como Umeko morirían a manos de los demás pobladores. Tsubame tomo un kanzashi del mueble a su lado y corrió hacia la hermana menor para poder atravesarle la garganta con el filo de aquel “inofensivo” adorno para el cabello.
La noble menor también pereció.
Ambas niñas compartieron miradas de horror, los pasos apresurados de otros sirvientes y la madre de las dos nobles se escuchaban acercándose, sabían que debían huir; ambas se pusieron de pie y tomadas de la mano salieron por la puerta corrediza que daba al patio central de la enorme finca.
Sus yukatas estaban empapadas en sangre y eso fue lo que las sentenció definitivamente. Salieron de la finca a una calle densamente poblada, todos las observaron con frialdad, sabían que ellas eran las abominables de la finca del lord del pueblo y verlas manchadas de sangre que definitivamente no era de ellas, firmó su sentencia de muerte.
Huyeron al bosque, no debían ser alcanzadas por ningún poblador y aunque supusiera ser perseguidas de por vida, definitivamente era mejor que morir torturadas.
Umeko guiaba el camino sujetando la mano de Tsubame firmemente, dieron la vuelta en la esquina de una casa de té pero ahí estaba su verdugo, un guerrero de palacio que al verlas, no dudó en sacar su katana para acabar con ellas. Lograron huir por poco pero sería complicado salir ilesas de aquella persecución.
Estaban a punto de llegar al puente que determinaba la salida del pueblo pero su paso fue bloqueado por perros cazadores que habían sido entrenados para atrapar personas como ellas; gruñeron y soltaron mordidas al aire intentando atraparlas mientras retrocedían.
Todo estaba a punto de acabar, ellas serían condenadas y morirían a manos de la furiosa turba de aldeanos. Umeko concentró una cantidad enorme de luz azul en su mano y cuando estuvo a punto de atacar a los aldeanos que comenzaban a rodearlas, el filo de una hermosa y resplandeciente katana atravesó su pecho como si estuviera hecho de papel.
ー¡Umeko!ー chilló Tsubame al ver a su hermana caer al suelo sin vida ー¡Umeko, despierta, esto no es gracioso!
Tsubame se arrodilló al lado del inerte cuerpo de Umeko y la zarandeó para intentar despertarla, pero todo su esfuerzo fue en vano.
La misma persona que había acabado con la vida de Umeko se acercó lentamente a Tsubame y levantando su Katana, dispuesto a cortarla como a una hoja de papel arroz, sonrió, disfrutaba de acabar con abominaciones como ellas.
Tsubame tensó el cuerpo sujetando la inerte mano de Umeko, apretó los párpados y pudo sentir un terror intenso, realmente no quería morir, no de esa manera.
ー¡Alto!ー exclamó la niña sacando todo el miedo desde lo mas profundo de su pecho.
En ese momento, escuchó el filo de la Katana golpear el suelo, abrió los ojos esperanzada a ver que su verdugo hubiera cambiado de opinión pero caso contrario a todo pronóstico, pudo ver como el cuerpo de aquel frente a ella se separaba por la mitad al igual que todos los demás que la rodeaban.
Se horrorizó al ver lo que había ocurrido, quería creer que no había sido ella la causante de aquella atrocidad, pero fue en vano, porque no había ningún otro ser vivo a su alrededor.

La niña temblaba de miedo mientras arrastraba los cuerpos al río, el agua se los llevaría y purificaría para que pudieran seguir su camino hasta el inframundo.
Lloraba amargamente dejando rastros de sangre a su paso, depositando los cuerpos de sus víctimas en el río que poco a poco iba robándole el color a la sangre de los fallecidos.
Recordaba tristemente el día en que fue capturada para ser vendida como esclava. Los aldeanos del pueblo donde había nacido las persiguieron junto a su madre que también era hechicera, las persiguieron hasta un risco, provocando la muerte de su madre y la captura de ambas niñas.
Había sido doloroso ver como hasta los niños con los que solía jugar les lanzaban rocas y trataban de herirlas con dagas solo porque habían visto a su madre utilizar energía maldita en contra de una manada de lobos que amenazaba con atacar la aldea.
Las personas eran ingratas.
ーNiña ¿Qué haces?ー se escuchó una voz detrás de ella.
Volteó sintiendo pánico de encontrarse con algún aldeano furibundo pero fue todo lo contrario.
A una distancia pertinente la observaba un anciano de mirada pacífica ataviado con una túnica de monje y a su lado un niño que le sonreía mostrando los dientes, con el rostro mugroso y las manos llenas de tierra.
ーLos dejo en el río para que los dioses los purifiquen...ー murmuró en respuesta.
ー¿Y crees que los dioses purificaran a gente que ha intentado asesinar a dos pobres inocentes niñas?ー preguntó el anciano.
ーNosotras asesinamos a las nobles a las que servíamosー murmuró Tsubame.
ー¿Sintieron algún tipo de alegría al hacerlo?ー cuestionó el hombre.
Tsubame negó lentamente con la cabeza, realmente había sido puro miedo lo que había sentido, arrepentimiento y mucha tristeza pues al final del día, sus amas eran lo único más cercano a familia que tenía.
ーEntonces solo te estabas defendiendoー aseguró el niño que alegremente se acercó a ella ーpuedes estar con nosotros si quieres, nosotros también nos hemos defendido del mundo alguna vez.
ー¿Defenderse?ー preguntó Tsubame confundida.
ーNosotros somos iguales a ti, niña, también somos capaces de percibir y utilizar energía malditaー aseguró el hombre ー, a partir de hoy tienes dos opciones, sobrevivir con nosotros o vivir eternamente perseguida por los cazadores.
El niño le extendió la mano y sonrió. Tsubame los observó extrañada pero estaba al tanto de que no mentían, ellos también tenían un aura de color azul a su alrededor, igual que ella o su hermana, era una calidez muy familiar, era como encontrar nuevamente a su familia.
ーSé que puedes verlo, al final del día, tus peculiares ojos representan el nacimiento de un nuevo mundoー murmuró el anciano antes de acercarse a ella para ponerle sobre la cabeza una manta que le cubría hasta los pies ーsolo tú puedes decidir cómo vivir, si deseas seguir adelante o si deseas enfrascarte en la maldad y en la sed de venganza.
Tsubame vio el reguero de sangre a su alrededor, estaba segura de que eso no era lo que quería así que asintió lentamente antes de romper a llorar mientras se cubría el rostro con las manos, el niño se acercó a ella y la abrazó con fraternal afecto, haciéndola sentir segura de lo que acababa de decidir.
ーPrometo que te cuidaremos muy bien, pequeñaー aseguró el anciano ーSukuna y yo hemos sabido seguir adelante a pesar de las inclemencias del mundo.
ーPor cierto ¿Cómo te llamas?ー preguntó el pequeño Sukuna.
ーMe llamo... Tsubame.
