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Summary

Continuación de Sun in our Eyes, un poco más de la vida de Harry y Louis en Francia.

Genre
Romance/Drama
Author
Mar
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

única parte


Después de todo, Harry había encontrado la felicidad tomando aires distintos. 

Habían pasado un poco más de dos meses desde que dejó todo para irse con Louis, y con toda la certeza que su mente y corazón le permitían tener, sabía que había sido la mejor decisión que pudo haber tomado. 

Jade vivía en la ciudad vecina, mientras que ellos habían conseguido un lugar en un pueblo cerca de la playa. Louis tenía un trabajo estable como profesor de inglés y español, le iba bastante bien. Y, por su parte, Harry no estaba trabajando aún; pero a veces ayudaba a Louis a organizar cosas para su trabajo, y según Louis, eso estaba perfecto, no pretendía que Harry se  estresara con asuntos laborales cuando no era necesario que lo hiciera.

Harry también horneaba pasteles y demás postres para vender; aunque no era muy común que lo hiciera, lo hacía solo cuando le hacían encargos a su alfa. Y ese era algo así como su trabajo. 

Todo era maravilloso, Harry estaba más feliz que nunca. En Francia había encontrado una gran comodidad respecto a muchas cosas. Por ejemplo, no se tenía que ver a escondidas con Louis. Tampoco tenía que ocultar sus uñas pintadas, ni tenía que vestir con ropa aburrida. Ni mucho menos tenía que pasar momentos de incomodidad al ser llamada como no se identificaba.

Le gustaba que, al parecer, todos —o la gran mayoría— estaban abiertos mentalmente y la aceptaban tal y como era. En especial Louis. No había sido fácil para Harry abrirse de esa manera, nunca había hablado sobre ello, solo lo había escrito en su diario. Sin embargo, una vez tuvo el valor de tratar el tema con su compañero, se sintió mucho más libre, aunque también tenía algo de miedo por la posibilidad del rechazo; pero, gracias a la vida y quienquiera que había bendecido a Louis con ese gran corazón y alma tan pura, nunca llegó un rechazo o un comentario malo. Louis la amaba tal como era, la amaba más que a su propia vida. Harry también lo amaba más que nada. Amaba vivir con su alfa en lo que ahora sí podía llamar un «hogar».

Adoraba las mañanas de besos suaves y café ligero acompañado de tostadas con mermelada. También tenía un gusto especial por las tardes de calles alegres y vientos frescos, donde podía caminar por todo el pueblo tomada de la mano de su alfa. O esas tardes de sábado o domingo —o en realidad cualquier día de la semana— en las que elegía quedarse en casa, momentos donde la radio sonaba a un volumen considerable y bailaba con Louis al ritmo de Runaround Sue.

Todo parecía perfecto para ambos.

Exceptuando una que otra cosa, por supuesto. Siempre había algo.

—Los franceses me odian.

Harry, desganada y con un puchero en sus labios, dejó la bolsa del mandado en el piso. Al lado del sillón donde tomó asiento.

Louis frunció el ceño ante la expresión y las palabras de su chica. Harry realmente parecía atormentada. Y cansada, su cara que tenía un brillo alegre como cotidianamente la luz del sol brillaba, se notaba un poco apagada, hasta su piel parecía más pálida de lo usual. 

—¿Por qué lo dices? —preguntó el ojiazul al mismo tiempo que se acercó con un plato de fruta cortada en cuadritos. 

Era verano y las frutas de temporada estaban deliciosas. Él sabía que Harry las amaba, entonces cada que podía buscarse un tiempo para ello, preparaba algunas cosas para ambos. Como la comida que hacía un momento acababa de sacar del horno.

Harry aceptó el plato pero no tocó el contenido, en cambio miró a Louis con ojos brillantes. No ese brillo usual de alegría. Era, en cambio, una mirada cristalina que avisaba que estaba pronto a romper en llanto.

—Me odian. Me odian por ser inglesa, ¡todos odian a los ingleses!

Louis, desde su lugar, en cuclillas y con las manos en ambas rodillas de Harry, miró a esta última con confusión. Y luego dijo:

—Yo no los odio.

—¡Tú eres inglés!

Entonces Louis rio y se levantó, solo para sentarse al lado de Harry y abrazarla.

—Amor. Ellos no te odian, ¿cómo podrían odiarte? —cuestionó y le dio un beso en la mejilla antes de continuar—. Eres la persona más agradable que cualquiera podría conocer.

—Ellos creen que soy estúpida y rara —contrapuso—. O por lo menos tonta. Me odian, sé que me odian —insistió en ese último punto.

Louis sabía que eso no era cierto. No le gustaba decir que alguien exageraba las cosas, mucho menos cuando se trataba de Harry; pero Harry estaba exagerando las cosas. 

El asunto de creer que alguien la odiaba se trataba solo de que aún no se adaptaba por completo a su nueva vida. Bueno, no se había adaptado a la gente. 

Y probablemente los demás tampoco se habían adaptado a tener a personas nuevas en ese pequeño pueblo.

Entonces, meditando todo eso, el alfa tomó una fresa y la llevó a la boca de Harry, pensando en que quizás algo de dulce le haría bien en ese momento. 

La rizada miró con el ceño fruncido la fruta frente a ella, pero cuando Louis la empujó, entendió que debía comerla. Así que abrió la boca y dejó que el alfa introdujera la fresa hasta la mitad para empezar a masticar.

—Cuéntame qué pasa.

Harry se dio prisa a tragar lo que había en su boca para, seguido de ello hablar:

—Todo empezó la primera semana que llegamos. ¿Recuerdas a la señora Monge?

—Por supuesto, nos invitó a su fiesta.

Harry asintió. La reunión de la que hablaba Louis —la cual era la primera y la última a la que habían asistido porque Harry se rehusaba a asistir a las demás—, era la que había iniciado con su maldición.

—De camino, un tipo tiró su jugo de arándanos sobre mí.

—Mm-hmm, lo recuerdo.

Harry ese día estaba tan apurada porque iban tarde y se suponía que no debían llegar tarde a la reunión de alguien, que su paso apresurado había sido despistado, tanto como para chocar con un beta que terminó derramando el jugo que llevaba en mano. El muchacho se había molestado y soltado un montón de maldiciones, Louis lo pudo escuchar a la distancia. Y cuando llegó con Harry, esta se encontraba con los ojos llorosos contemplando su bonita camisa floreada arruinada por una enorme mancha color borgoña. Ese día también habían mandado toda su ropa a la lavandería. Entonces Harry no tenía nada más que una camiseta de un color rojo deslavado y unos cuántos pequeños agujeros: dos en el hombro y otro más en un costado. La usaba para cuando tenía que trapear. Era una prenda ligera que la hacía sentir libre al moverse. La amaba para andar en casa, era claro que no era para presentarse a una reunión de bienvenida. Lástima que era lo único que tenía, y que tampoco iba a aceptar la propuesta de Louis sobre no ir. No podía quedar mal.

Aunque después de lo que había pasado, por supuesto ahora pensaba que haber escuchado a Louis habría sido una mejor opción.

—Pues ella me detestó por ir mal vestida —dijo.

—Claro que no; eras encantadora.

—Le hubieras dicho eso a sus ojos —comentó, recordando la mirada de ojos desorbitados de Léa Monge. Le había hecho sentir juzgada. Aun después de ese tiempo, le seguía revolviendo el estómago pensar en que les dio una horrible primera impresión a todos los que estaban presentes en la reunión—. Su aversión por mí creció cuando tropecé con tu pie, no sé qué quería ahí.

—Oh, ahora mi pie tiene la culpa.

—¡Tiré su florero! —chilló—. Era caro, se veía.

Louis suspiró, negando varias veces a no sabía qué, y riendo.

—No lo era, he visto muchos de esos en el mercado. Además, ella jamás te dijo algo, fue, de hecho, muy amable con ambos, Harry.

Harry rodó los ojos, y no se olvidó de comentarle a Louis que el aborrecimiento de la señora Monge por él creció todavía más cuando decidió besar a Louis al lado de la fuente, creyendo que, como siempre sucedía en ese tipo de casas, nadie iba al jardín trasero.

Louis volvió a reír al recordar la situación. El asunto había sido que, en un momento de la reunión, Harry y él se habían apartado de todos los demás. La idea había sido explorar la casa Monge porque les interesaba ver más de ese grande y lindo lugar. Había muchas flores que ambos amaban. Así que, cuando caminaron por el jardín trasero hasta llegar a una elegante fuente en el centro de este, se tomaron unos minutos para admirar los colores de las rosas bañadas por los rayos de sol. Y es que en ese contexto de sol y flores y paz —y en cualquiera, a decir verdad, pero en ese más—, Louis se le antojó tan bello a Harry, que mantener la distancia entre ellos había comenzado a parecer una tarea complicada. 

Teniendo en cuenta que el corazón de Harry latía desbocado al apreciar a Louis así, con las pequeñas arrugas que se formaban a un costado de sus ojos al sonreír por observar las flores, le había sido imposible evitar acercarse. Terminó uniendo sus labios en un beso más pasional de lo que pretendía que fuera. Le había mordisqueado el labio inferior y le había tocado una nalga a Louis. Se separaron solo porque alguien se aclaró la garganta, y al girarse vieron que se trataba de la señora Monge, que se notaba apenada y tal vez indignada. Harry se había disculpado y estaba demasiado avergonzada como para verla a los ojos. Volvieron a la reunión y todo continuó con normalidad, al menos a los ojos de Louis, porque Harry parecía tener una visión diferente sobre lo que había sido.

—Entonces, todos aquí te odian —comentó Louis, aún pensándolo. Obviamente no era cierto, pero Harry asintió ante sus palabras.

—A ti te aman.

—Mucha gente me ama —admitió Louis.

Harry volvió a rodar los ojos. Resultaba que su alfa era amado y ella la oveja negra. Antes era al revés. O algo así. 

No, antes los amaban a los dos. Al menos las personas que no eran de su familia.

—Tú eres guapo y casi francés. Te adoran. Odio esto.

—Hazza, bonita —comenzó—, nadie puede odiarte. No te has dado el tiempo de conocerlos y ellos tampoco a ti. Es lo que pasa.

Harry bufó, irritada y con ojos llorosos, y fue entonces que Louis supo que el asunto era algo que de verdad la ponía de mal humor. Y que probablemente le irritaba más el hecho de que él, su alfa desde hacía varios años, no le diera la razón.

—De todos modos, dime qué pasó hoy. ¿Qué es lo que los franceses hacen con mi Hazza?

La nombrada suspiró antes de comenzar a relatar, y por su cara, Louis se dio cuenta de que tal vez sería una historia larga.

—Pues… estaba haciendo las compras en el mercado —empezó—. Y yo no sé cómo se llaman todas las cosas en francés, Louis, yo… apenas sé decir buenas tardes —bufó, acción que el otro alfa había descubierto que Harry realizaba para ahuyentar las lágrimas y la voz aguda—. Entonces quería estos cereales… y no sabía cómo se llamaban.

—Creo que no estoy entendiendo.

—Todavía no termino. —Rodó los ojos—. Lo que pasa es que yo lo pedí como “avena” —dijo, haciendo comillas con sus dedos. Louis pensó que hasta al hacer eso se veía afligida—, y entonces la mujer no me entendió, pero yo no sabía cuál de los frascos tenía avena porque eran de… cerámica, era imposible ver el contenido, Lou.

Hizo una pausa para tomar la mano de Louis —que todavía sostenía la fruta— y la levantó para poder comerse la fresa.

—Entonces pasó lo mismo con el arroz, yo no sabía cómo se llamaba.

—¿Y aprendiste?

—Pues sí, pero a costa de malas caras y vergüenzas —se quejó—. Le pedí con señas y mi mediocre francés que quitara las tapas de los frascos para poder ver lo que tenían. 

Louis soltó una risa ligera. Si él hubiera ido, eso no habría pasado. Pero Harry había insistido en que ella podía hacer esa clase de cosas sola.

—Entonces ella me miró mal, pero aceptó.

Louis retiró el plato de donde estaba para poder poner su cabeza sobre el acolchado par de piernas de Harry. 

—Después de eso, seguí comprando otras cosas y una señora me regañó.

—¿Y eso?

—Choqué con ella y casi tira sus bolsas —respondió—. No sé qué me dijo, pero no parecía algo amable. Fue un accidente, Lou. Y bueno, solo entendí inglés —agregó.

—Hmm, de acuerdo… —dijo. Bueno, los franceses eran difíciles, así que no pensaba que tuvieran algo solo en contra de Harry, como él parecía creerlo—. ¿Pasó algo más?

Harry suspiró antes de continuar.

—Un señor me gritó y estoy seguro de que me llamó tonta. 

Louis sentía las caricias en su cabello. Le gustaban, pero tomó la mano de Harry para acariciarla y dejarle un beso, tratando, tal vez, de reconfortarla. Su chica era una persona muy sensible. Sabía que esas situaciones la abrumaban y no por razones simples, tenía en cuenta que su vida en Inglaterra, rodeada de personas horribles como lo era su padre y sus otros familiares, había sido puro de aquello que no le gustaba y la hacía sentir mal. La hacían sentir inferior, tonta. Se lo decían casi a diario. Y ella no era eso, solo hacía las cosas de forma diferente a los demás. 

Pero nadie estaba acostumbrado a lo que era distinto. Y ahí estaba el problema. Nunca había sido Harry, habían sido los otros.

Así que, ahora con el asunto de estar en un lugar completamente nuevo para ella, iniciando una nueva vida y adaptándose a lo que esto traía, todo se volvía a complicar. Pero Louis no iba a dejar que Harry se sintiera mal otra vez. Harry estaba aprendiendo, estaba comprendiendo su alrededor, enfrentándose día a día a su nueva realidad. Louis entendía la situación, entendía a Harry y la ayudaba y le tenía paciencia. Sin embargo, comprendía que no toda la gente era como él.

Eso no era un impedimento para que Harry estuviera tranquilo y feliz. Con el tiempo todo iría mejor.

—Me dijo algo como… ¿imbécile?, cuando revisé las verduras. Creo que no debía tocarlas; pero si no lo hacía, ¿cómo iba a saber si sí estaban en buen estado?

Louis sintió una creciente furia avivarse en su interior. ¿Cómo podía ser la gente tan grosera? ¡Y con Harry! Eso debería estar estrictamente prohibido.

Imbécile —repitió—. Una palabra perfecta para describir a ese tipo, más bien. 

—Sí… y volvió a decir algo sobre ser inglesa, supongo. Me dijo igual que la señora.

Louis suspiró. Que Harry no supiera francés sí parecía un problema. 

Sabía muy bien que ellos eran quienes debían adaptarse al idioma, a la vida en Francia. De todos modos, no pasaba por alto que la gente debería ser un poco más amable y no decir nada por su nacionalidad, ¿qué sucedía con eso? Sabía que el problema era a causa del idioma, pero, de cualquier forma, no dejaba de ser desagradable.

—Antes que nada, amor, quiero que sepas que no eres tonta —dijo, girándose para encarar a Harry, que lo miraba desde arriba con ojos grandes y algo tristes—. Estás aprendiendo a vivir aquí. Apenas llevamos unos meses y adaptarse no es fácil. Además, por mínimas que sean algunas cosas, son diferentes para nosotros y para ellos.

—Siempre creí que era casi igual.

—En la ciudad lo es un poco más. En el pueblo la gente es… bueno, diferente, quizás algo difícil para nosotros que somos extranjeros —dijo Louis—. Podemos quedarnos aquí y seguir lidiando con algunos detalles, y tú mejorando en francés. O podemos irnos a la ciudad. Allá hay mucha gente que…

—No —interrumpió—. No puedo huir de todo, menos de problemas que no son problemas reales.

Louis se levantó para esta vez ser él quien tuviera a alguien sobre él. Entre sus brazos protegía a Harry, que se acurrucó contra él y se llenó los pulmones con su aroma a menta.

—Me gusta aquí. Aprenderé los modales de la gente, sus costumbres y el idioma —musitó—. No quiero irme de aquí. Hemos estado tan felices, Lou. No quiero que esto se arruine por mí.

—Oh, amor. Nada se arruinaría, estaría bien.

Harry negó, sus rizos brincando al compás del movimiento de su cabeza. Louis atrapó un par de ellos y jugó enredándolos en sus dedos, dejándolos quietos y acariciándolos. Harry ronroneó y trató de crear más cercanía, queriendo sentir más a su alfa, su toque delicado y balsámico. Queriendo más de ese fresco olor embriagante.

—Dame clases de francés, prometo ponerte atención esta vez —dijo—. También le diré a Lucille que me enseñe a… ¿ser un poco, como… francesa? 

—No necesitas actuar como las chicas francesas, Harry. Con que hables el idioma estará bien.

Harry frunció sus labios en un puchero. Claro que necesitaba tener modos franceses. Ella era extremadamente distinta a ellos y creía que siendo un poco más similar, podría mejorar la convivencia.

—Pero no son amables conmigo, alfa —lloriqueó.

—No todos van a serlo —respondió—. Escucha, todos aquí nos tenemos que adaptar a todos, no solo tú. De todos modos, cuando hables el idioma, créeme que todo cambiará.

—¿Y si no?

—Esa posibilidad no existe —dijo, sin dejar de trazar patrones irregulares en la espalda de la ojiverde, por encima de la delgada tela de su remera amarilla—. No dejes que esto te desmotive, amor. Eres una mujer muy inteligente, bonita, amable y capaz de ganarse a toda la gente. Resolveremos esto y todos te amarán casi como yo.

Harry sonrió ante las palabras y las cosquillas que le provocaban los dedos de Louis sobre su piel. Descubrió que poco a poco se fue sintiendo mejor.

—No creo que los vendedores lleguen a amarme.

—Dudo que ellos amen a alguien, siempre son así, ¿sabías? Conmigo y con otras personas que he visto cuando voy a hacer las compras a ese lugar.

Harry salió de su escondite en el pecho de Louis para poder verlo.

—¿De verdad? —preguntó, y vio al alfa asentir un segundo después—. ¿Por qué no me habías dicho? 

—Creí que no era necesario, perdón.

Harry negó, restando importancia al asunto, luego volvió a acurrucarse contra Louis.

—A Pierre y a Margaux no les gusta que me acerque a sus mascotas o a sus hijos.

—Pierre y Margaux son así con todo el mundo, flor.

Harry lo pensó un momento, y después de recapitular en sus recuerdos de la pareja conviviendo —o tratando de hacerlo— con otras personas, se dio cuenta de que Louis tenía razón. Los Graton eran personas que describiría como extrañas, esas con las que nadie quisiera pasar más de un día a su lado porque sería muy incómodo. Pero a ella le agradaba la familia, dejando de lado a los padres. A ella le encantaría tener una familia. Era un pensamiento que había estado dando vueltas en su cabeza, sin parar, desde hacía mucho tiempo. Pero ya sabía que era algo complicado.

Levantó su cabeza y dejó un beso en la barbilla de Louis, dando por finalizada la charla. Probablemente también le dio un lametón y unos cuantos besos más. Era como solía comunicarle, cuando estaban muy juntos, que le gustaba estar ahí, que le gustaba él. Apreciaba cada instante a su lado y cómo lo hacía sentir bien después de momentos de angustia.

—Lou —llamó la ojiverde luego de un rato. De nuevo estaba escondida en la curva del cuello del aludido, y había llegado a su cabeza un pensamiento aleatorio, mientras se llenaba los pulmones del aroma de su alfa. 

—¿Sí, amor?

—Me gustan las mascotas —dijo. Tal vez podrían volverse padres de algún bonito animal.

Louis sonrió. Él ya sabía que Harry era una amante de los animales, de hecho llevaba días preparando una sorpresa.

—Tal vez podamos tener una. —Llevó su mano a la cabellera esponjosa de Harry, proporcionando más caricias por milésima vez en el día. Le gustaba y a Harry también.

—¿De verdad? —salió de su escondite, viendo con ojos brillantes a Louis, quien le dedicó una pequeña sonrisa.

—Por supuesto, bonita.

Harry sonrió como boba cuando Louis se acercó y le dio un pequeño beso en los labios. Tan dulce y suave.

Volvió a la posición anterior luego de un rato, cerrando sus ojos cuando se encontró tan cerca de la fuente de olor de Louis porque, joder, ese aroma siempre era agradable, mágico. Lo amaba demasiado.

—También me gustan los bebés —bisbiseó luego de un rato, cuando estaba cayendo dormida. 

No se dio cuenta de que no solo lo había pensado, sino que lo había dicho. 

Tampoco se percató de que Louis se tensó ante sus palabras.

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Era obvio que Harry y Louis no podían tener bebés. Y era evidente que Harry deseaba una familia. Louis lo comprendía, era normal querer niños luego de un tiempo. Aunque también sabía muy bien que aunque estando solo los dos juntos era suficiente y era todo lo que siempre habían querido. Ellos ya eran una familia. Con hijos o no, ellos lo eran. Estaban llenos de amor para darse, estaban bien. Aunque no se podía engañar. Con todo y eso de estar bien siendo ellos dos, sabía también que llegaría ese momento de querer avanzar, era inevitable, por más que tratara de convencerse de lo contrario. Ninguno de los dos iba a negarse a la idea de una familia más grande. Con uno o dos pequeñajos que les alegraran los días y les hicieran invertir tiempo en cosas distintas. 

Había estado meditando las posibilidades desde esa tarde en que Harry se quedó dormida con la cara en su hombro y él la cargó hasta la cama para que pudiera dormir la siesta con total comodidad. Una vez que estuvo en la habitación, se dio cuenta de lo que su chica le dijo. Bebés. Quería bebés. No solo le estaba diciendo que le gustaban, lo que le quiso decir era que los quería. Así era Harry, y después de más de cuatro años juntos de pura confianza y amor, Louis la conocía bastante bien. Así que, si su compañera decía que algo le gustaba, era porque ya estaba pensando en tenerlo. 

Lo que sucedía era que Louis no podía poner un cachorro en ella. Tampoco podían adoptar uno. Los últimos dos años Louis había escuchado mucho sobre las posibilidades de legalizar el matrimonio y la adopción para parejas de la misma casta; pero, aunque socialmente ya no está mal visto emparejarse entre omega y omega, o alfa y alfa, lo de la adopción para parejas como ellos seguía siendo un tema que siempre se discutía y al final se dejaba de lado; así hasta que alguien volvía a armar un escándalo por ello, ya fuera por una razón favorable o una detestable. Aunque, también debería tener en cuenta que últimamente parecía tener más relevancia, se estaba haciendo más ruido con ese tema. Podría representar una oportunidad. 

De todos modos, no pretendía ilusionarse, porque probablemente pasaría lo de siempre, y tomando en cuenta eso, sus opciones eran… inexistentes. 

Pensar en todo ello no era algo que al alfa ojiazul le gustara, pero resultaba inevitable hacerlo. Y cuando pasaba, era entonces que llegaba una de esas pocas veces en las que sentía un dolor extraño en el pecho, un vacío. Y es que Louis siempre había tratado de complacer a Harry, siempre había estado pendiente de sus necesidades, de su bienestar y de que sintiera que estaban en el lugar correcto. Lo había hecho incluso cuando estaban en Inglaterra ocultando su romance, lo que tenían años construyendo. Y ahora, ahora no podía darle a Harry lo que quería. 

De este modo, ese peso y esa inconformidad combinada con tristeza al pensar en que dos alfas no podían procrear o tener una familia como todos los demás de cualquier otra manera, se afianzó cruelmente en su ser. De ahí que, luego de un par de semanas, haya esperado el momento perfecto para darle un regalo a Harry. Algo que le gustara, que la hiciera sentir feliz aún si no se trataba de cachorros. 

Era sábado por la mañana y Louis podía ver la luminosa calle a través de la ventana. Se le mostraba un día alegre. Podía ver también a su hermosa chica relajada entre las sábanas caoba. Estaba en una posición extraña, pero su pecho subía y bajaba con tranquilidad, sus rizos estaban libres por su cara y sus labios rellenos y rosas se encontraban entreabiertos. De ellos escurría una fina línea de saliva, lo que, al verlo, hizo que Louis riera sutilmente con ternura. Siempre disfrutaba ver la comodidad de su amante por las mañanas. Más en días como estos, donde Harry dormía hasta las doce de la tarde, por lo menos.

Louis siempre tenía tiempo de limpiar la casa y preparar un buen almuerzo para cuando Harry despertara. 

Hoy sería diferente, sin embargo. Pues ese tiempo Louis lo ocuparía para organizar lo que tenía pendiente, y lo que Harry tendría sería un buen almuerzo francés que su alfa compraría en un restaurante.

Cuando salió no dejó una nota para la ojiverde porque sabía que al volver seguiría dormida. De todos modos, se daría prisa para llegar al lugar de donde obtendría, nada más y nada menos, que dos gatos bebés. 

Resultaba que Jaqueline, la hija de Bastien —compañero de trabajo, profesor igual que él, y un buen amigo—, tenía una gata blanca que había parido seis gatitos hacía apenas dos semanas. Bastien le había comentado que estaban buscando casas para esos animalitos porque tenerlos todos en su hogar no era una opción por cuestiones de orden y espacio para los animales. Gritch, la gata, estaba bien, pero tener más gatos ahí no sería lo adecuado. Y por eso Louis había aceptado llevar un par con él. Tenía espacio suficiente para dos, además eran hermanos, los tomaba en par porque si ya se los iban a quitar a la madre, no quería separarlos de alguien cercano una vez más. 

—Louis! —saludó Bastien cuando luego de un par de golpes en su puerta, abrió para encontrarse con el aludido.

—Ça va!? Où est Jaqueline? —preguntó, a pesar de poder ver a la niña cargando una canasta, donde él suponía, llevaba a los gatitos—, elle a deux beaux chatons pour moi.

—Louis! —La niña lo recibió con una sonrisa y algo parecido a un abrazo, dado que solo tenía una mano libre—. Voici les précieux bébés.

Le entregó la canasta, donde Louis pudo ver que descansaban dos pequeños gatos. Uno era gris, sus pequeñas patas eran negras en la punta, al igual que sus orejas y su colita. Y por otro lado, el segundo era blanco y tenía solamente la cola de un color más oscuro. Eran preciosos. A Harry le iban a encantar.

—Harry va adorer ces petits chatons, chérie. —Sonrió a la niña que asintió varias veces ante sus palabras, entusiasmada.

—Mais dis à Harry qu'il doit bien s'occuper d'eux! —pidió—. Maintenant qu'il sera sa maman…

—Jaqueline! —reprendió Bastien, y tiró de un mechón de cabello de su hija, aunque no con fuerza suficiente para lastimarla.

La niña solo pudo reír mostrando sus grandes dientes delanteros y sus mejillas rojas ante la mirada de su padre. Louis no se sentía apenado por lo que había dicho Jaqueline, pues la pequeña de ojos grises tenía razón. Harry sería la madre de esos gatitos, y estaría encantada por ello. 

—Harry est la maman. —Louis se mostró de acuerdo. Vio a la nena sonreír y levantar una ceja mientras le dirigía a su progenitor, quien ahora se mostraba sonriente, una mirada de «te dije, viejo»—. Merci, Jaque. Ma femme va être très heureux.

—De rien, Monsieur Tomlinson. Harry sera une maman formidable —dijo ella, con una sonrisa amplia—. Tu veux boire quelque chose? Eau, soda…?

—Oh, oui, s'il te plait.

Se quedó un rato con la pequeña familia, hablando con Bastien del trabajo y con Jaqueline del cuidado de los gatos. Ella le dio una lista que él de inmediato supo que tendría que transcribir en su idioma para que Harry entendiera todo. Aprendió mucho sobre el cuidado y alimentación de los gatos bebés. No parecía tan complejo, así que pensó que para él y su chica sería pan comido.

Cuando regresó a casa eran las doce con treinta, y por lo que podía ver, Harry aún no se levantaba, así que no tenía qué preocuparse por si le había faltado comida o si se encontraba preguntándose dónde había estado.

La miró con amor desde los pies de la cama. El aroma a pomelo y un toque de limón que Harry destilaba era cautivador, y Louis estaba feliz con que su corazón bailara como loco apenas percibían sus ojos a Harry moverse un poco, despertando de su largo sueño. Se acercó por un lado, evitando hacer ruido y, con sumo cuidado, sacó a los gatos uno por uno. Ellos ya se encontraban despiertos y caminando en las sábanas, curiosos y sobre Harry. La rizada abrió los ojos cuando sintió picar algo en su nariz y en su mejilla izquierda. Se sorprendió cuando vio dos bolitas de pelo sobre su pecho. Se notaba confundida, con los ojos muy abiertos mientras el gatito blanco la olfateaba y el gatito gris comenzaba a lamer su mejilla.

Pronto su mirada encontró a Louis, y al verlo, tan guapo y radiante como era costumbre, no pudo evitar sonreír. 

—Tú…

—Sorpresa —dijo el ojiazul al acercarse para darle un beso.

—Lou, son preciosos —expresó una vez estuvo sentada y con los peludos en sus piernas. Ellos jugaban y ella los veía enternecida—. ¿Cómo los conseguiste? Me encantan. —Sus labios se abultaron en un puchero y extiendió las manos hacia Louis, pidiéndole que se acercara—. Son hermosos, gracias.

Compartieron un beso más antes de que Harry se levantara para asearse. Mientras estaba en la ducha con la puerta abierta para poder escuchar, Louis le contó cómo fue que obtuvo al par de gatos. Harry se dio prisa para poder salir lo más rápido posible y pasar tiempo con los gatitos. Apenas los tenía y ya los adoraba.

Pasaron gran parte de la tarde viendo la televisión y comiendo todo lo que Louis había comprado para el almuerzo. Harry seguía encantada con sus gatitos, no los soltaba ni un segundo, y si tenía que ir por soda o levantarse del sofá por cualquier razón, llevaba a los pequeños animales con ella. Incluso cuando Louis salió a comprar un arenero y mantas para sus gatos y regresó una hora y media después, Harry seguía entusiasmada con ellos. Elvis y Starr —como la ojiverde ya había decidido que se llamarían— parecían muy cómodos en sus brazos.

Después de un rato, Harry los estaba alimentando de nuevo. 

—Jacqueline dijo que los tenías que cuidar muy bien ahora que tú eres su madre —dijo Louis.

Harry se quedó inmóvil un momento. 

¿Madre? ¿Louis la había llamado la madre de dos gatitos?

Una sonrisa de hoyuelos se extendió en sus labios, hasta que sus grandes ojos brillaron.

Mamá. Claro que le encantaba ese concepto, no importaba si era posible o no.

—Soy la mamá de dos gatitos. —Otra vez mostró un puchero, y su alfa se acercó para besarlo—. Pronto crecerán y querré más.

Tanto ella como Louis rieron. Claro que Harry adoptaría más gatos. Siempre quiso tener uno, desde que era una niña. Sin embargo, su papá nunca se lo había permitido. Pero ahora su alfa venía y le traía dos que tendría que cuidar mucho porque eran apenas unos bebés. Le encanta todo. Louis era el mejor alfa que podía tener. 

ཻུ۪۪⸙︽ 🏡 ︽◌ ༉‧₊

Habían pasado tres semanas desde que adoptaron a sus gatos. Habían recibido la atención médica necesaria y también buenos cuidados de su parte. Excelentes cuidados. Harry no se despegaba de ellos ni por un segundo, y las tres veces que Jade los visitó, ella estaba igual. 

A Louis le alegraba ver ver así de feliz a Harry. Aún no hablaban del tema de los cachorros, tal parecía que Harry no se había dado cuenta de lo que había dicho, y Louis, bueno, él no se sentía preparado para tener una charla como esa. Estaba agradecido de que Harry no hablara de ello, aunque debería.

Y también agradecía que los gatos de alguna manera estuvieran llenando ese vacío que Louis sabía que Harry tenía por la falta de cachorros.

—Tout va bien, mon amour? —preguntó Louis al entrar a la habitación. 

Habían decidido que hablarían en francés en algunas ocasiones, eso le serviría a Harry para mejorar. No era lo mismo que el alemán, que Harry hablaba como nativa, pero le iba muy bien en las clases que Louis le daba diariamente, así que podía entender muchas cosas.

—Non —dijo, dejando de lado las mantas. Hacer un nido para sus gatos era difícil. Habían estado durmiendo en una camita que Louis había comprado, pero ahora que habían crecido un poco más, necesitaban más espacio y Harry decidió que era una buena idea hacer un nido en vez de comprarles camas más grandes—. Je vas… vais, sí, je vais pleurer —comentó.

Louis le creía, tenía esa cara de frustración que mostraba cuando algo no le salía bien a la primera, y sabía que terminaría llorando.

—Oh, ¿y eso por qué? Ven aquí, conejita —pidió, palmeando sus muslos para que Harry se sentara en ellos.

Harry obedeció, abrazándolo en cuanto estuvo arriba de él.

—Creí que sería una buena idea, Lou —habló contra el cuello de su amante—. Es un completo desastre, ¿cómo esto puede ser tan difícil? Es solo un nido…

—Tómalo con calma, amor. Te quedará bien —animó—. Pero si decides que no quieres hacerlo, iremos a comprarles camas, ¿de acuerdo?

—Tienes que ayudarme. Me estoy sintiendo mal.

Louis frunció el ceño profundamente y tomó a Harry por los hombros para alejarla un poco y poder examinarle el rostro. Tenía los ojos brillantes y las mejillas sonrojadas. No parecía enferma, pero podría estarlo.

—¿Estás enferma?

Harry, riendo con ligereza ante la confusión de su alfa, negó. Seguido de ello se escondió en el cuello de Louis otra vez.

—Mi celo, Lou. 

Louis se paralizó. 

Era cierto, ¿cómo había podido olvidarlo?, di tenía todas las señales clarísimas: la piel de Harry había estado caliente desde la mañana, su olor se había notado intenso desde el día anterior y, bueno, había estado necesitada de atención. Solo que Louis no había estado consciente de lo que era, y era esa la razón de que no tuviera nada preparado para el celo de su chica, que solía durar dos días.

Louis obvió que debía salir porque el celo de Harry podía comenzar en cualquier momento.

—Amor —habló para llamar la atención de la rizada, consiguiendo que levantara la vista—. Tengo que ir a comprar cosas para tu celo —dijo—. ¿Vienes conmigo o te quedas aquí?

Harry lo pensó un momento. No quería despegarse de Louis, realmente. Aunque tampoco podía ir con él.

—Necesito terminar el nido —respondió con una mueca triste. 

Louis la abrazó y le plantó un beso en el hombro desnudo, luego, haciendo que Harry se moviera, se puso de pie.

—Volveré pronto para ayudarte, ¿de acuerdo?

Harry asintió, pero antes de dejar ir a Louis, lo marcó con su aroma. Louis se sorprendió un poco cuando Harry no solo se restregó contra él para impregnarlo de su fragancia, sino que además se tomó el tiempo de juguetear con la piel de su cuello, chupando y mordisqueando para dejar marcas bastante visibles. No era algo que Harry acostumbrara hacer; pero parecía no querer despegarse de ahí, sus labios cálidos acariciaban todo ese espacio y Louis sabía que si Harry seguía haciendo eso, se pondría duro y eso no sería conveniente en ese momento.

No quería alejar a la ojiverde, sin embargo. Harry podría tomarlo como rechazo de su parte, y que se malinterpretaran las cosas no estaba en el plan de Louis. Así que, aunque no era lo más cómodo, dejó que Harry mordisqueara su carne, que se abrazara más a él y que repartiera besos por donde quisiera. 

Fue cuando Harry succionó la piel de la nuez de su alfa para dejar una gran marca roja, que Louis decidió que era suficiente. 

Muy a pesar de los dos, tendrían que esperar para cuando todo estuviera listo. El celo de Harry no se podía desencadenar sin estar preparados para ello. Así que, Louis, con amabilidad y un tacto suave, alejó a Harry. Le dio un beso sonoro y le dijo que tenía que ir a hacer las compras. Prometiendo volver pronto y traer con él su helado favorito.

Cuando volvió una hora después, le fue imposible no notar que había algo diferente. La tibieza habitual de la casa lo recibió, aunque esta vez el aroma a pomelo y limón que le saturaba las fosas nasales era todavía más fuerte que antes. Había algo distinto, y a pesar de sentirlo, nada parecía estar fuera de su espacio habitual. Vio los sillones y las flores en el mismo lugar de siempre. El perchero con los sombreros estaba tal como había estado desde hacía días. Pero finalmente captó algo cuando avanzaba un poco más. Debajo del comedor había mantas formando un círculo, por lo que el alfa podía notar. Se acercó hasta agacharse y entonces lo pudo ver. Ahí estaban Elvis y Starr, durmiendo plácidamente en un acolchado hueco de telas blancas inundado de su olor y el de su chica: era lo que alteraba el ambiente. 

Sonrió ante la imagen mental de Harry metiéndose en ese lugar tan apretado para construirles un nido a sus gatitos.

Salió de ahí para no perturbar la paz y el sueño de los pequeños gatos. Ordenó las cosas que debía ordenar en la nevera y dejó otras más en las bolsas para subir con ellas hasta la habitación que compartía con Harry.

Al estar parado frente a la puerta de su habitación, pudo oler el pomelo intenso y el limón. La fragancia lo envolvió, se enredó en sus fosas nasales y lo mareó. 

Escuchó jadeos y gruñidos de placer que le erizaron la piel mientras las feromonas de Harry manipulaban sus sentidos. Sintió la dureza creciente en su pantalón al imaginar cómo se encontraba Harry y de qué manera jugaba consigo misma. Su bonita chica debía estar muy caliente y necesitada.

Pronto escuchó su nombre entre gemidos bajos. Entonces, abrió la puerta y vio a Harry tendida en la cama, con la espalda contra una pila de almohadas tan blancas como el esmalte que cubría sus uñas. Movía su mano con rapidez, parecía incapaz de pensar en otra cosa que no fuese su propio placer. Tenía la boca entreabierta, su pecho subía y bajaba, jadeaba repetidas veces el nombre de Louis como si elevara una oración. Y cuando abrió los ojos, cuando miró a Louis, fue cuando realmente sintió que el calor le quemaba la razón. La mirada oscura de Louis, su respiración pesada acompañando su aroma exquisito con el que Harry se embriagaba, era algo entre el paraíso y el infierno. 

Así que, mientras seguía perdida en el ultramar de los fanales de Louis, que la miraban como si quisieran poseerla en cuerpo y alma en ese mismo instante, siguió bombeando una y otra vez hasta correrse ruidosamente y tener su nudo siendo envuelto por su puño.

Louis franqueó el espacio entre él y Harry, sosteniendo ahora él a Harry en su enorme mano para continuar haciendo el trabajo él mismo. Un gemido de placer brotó de los labios de la rizada cuando Louis cerró su puño a su alrededor con algo más de fuerza. La ropa se volvió un estorbo al siguiente segundo, y de pronto solo eran sus cuerpos desnudos frotándose a la par de sus firmes caricias.

—Voy a follarte ese apretado culo hasta que llores —murmuró el alfa, acariciando con sus labios y su mentón la clavícula de Harry, que sintió el delicioso aliento de Louis quemarle la piel con cada sílaba pronunciada.

Había algo de Harry que Louis adoraba con locura. Sus pechos. Enormes pechos que subían y bajaban con su respiración o con los movimientos ejercidos al Louis manipular su cuerpo caliente. Estando tan cerca de esa maravillosa zona, Louis se inclinó sobre Harry y hundió su cara entre sus tetas cubiertas de una ligera capa de transpiración. Lamió y chupó y mordisqueó como un animal hambriento, arrancándole a Harry gemidos de satisfacción. La chica se dejaba hacer por Louis, estaba tan perdida en el placer que en ningún momento había puesto resistencia ante los juegos de Louis, que ahora la sujetaba con fuerza por el cuello con una de sus manos, y con la otra jugueteaba con su agujero, trazando círculos con el dedo pulgar. Chupaba sus tetas, había prestado especial atención a la izquierda, su pezón se había puesto rojo y estaba demasiado sensible, los dientes de Louis rozando la carne eran la gloria, Harry sentía que podía correrse otra vez tan solo por tener a su alfa comiéndole las tetas con la avidez que lo realizaba, ella estaba agitada y desesperada por liberación, quería que Louis la follara de una vez, pero ni siquiera podía pedirlo, lo único que salía de su boca eran gemidos y el nombre de Louis.

Harry ni siquiera se dio cuenta cuando pasó, pero de un momento a otro estaba sobre su vientre, tenía las piernas separadas y las manos de Louis sobre sus nalgas. Su alfa le dijo algo sobre ser la mujer más bonita que había visto en su vida, o algo parecido, realmente no estaba escuchando, el calor le había nublado los sentidos y solo era consciente de los toques y lo que se sentía bien. Ni siquiera escuchó su gemido cuando Louis empezó a comerle el culo. 

La lengua de su alfa mojó todo el borde de su agujero y después lo penetró, una y otra vez, lamía y besaba como si estar vivo dependiera de ello. Harry lloriqueó cuando Louis empezó a succionar su entrada y azotarle las nalgas con algo de fuerza. Las piernas le temblaban y empezaba a tener ligeros espasmos, sabía que no podría aguantar mucho más. Era una chica tan sensible, tenía solo la lengua y un dedo de su alfa maltratando su agujero y estaba vuelta loca, pero la voracidad con la que Louis saboreaba su culo y el ímpetu con el que su enorme dedo se hundía en ella, era más que suficiente para causar esa reacción. Harry exhaló con fuerza, sintiéndose completamente acabada, era una marioneta manejada por su alfa, una muñeca que se movía a voluntad de Louis. Entornó los ojos cuando sintió que estaba a punto de terminar, su sonrisa se convirtió en una risilla involuntaria y luego gemidos altos que acompañaban el temblor de todo su cuerpo. Louis mordisqueó su nalga izquierda y le azotó la derecha antes de alejarse. Ella cayó rendida entre las sábanas, drenada de energía, y lo último que escuchó fue el susurro de su alfa diciéndole lo buena chica que era y lo mucho que la amaba. 

Despertó con el cuerpo bañado en sudor, la piel pidiéndole ser tocada. Encontró los ojos azules de su alfa viéndola con atención, sabiendo lo que ocurría, esperando que realizara cualquier movimiento. Lo primero que Harry hizo fue acercarse y besar a su alfa. Este último hundió su mano derecha en los cabellos de Harry, impidiéndole moverse y así controlar él el ritmo del beso. Besarse fue lo único que hicieron durante varios minutos, con la punta de sus dedos recorrían las partes alcanzables de su cuerpo, se veían a los ojos y volvían a unir sus labios, una y otra, y otra vez.

En un momento, la energía de Harry había vuelto. Se incorporó y gateó hasta quedar frente a Louis, entre sus piernas. Las puntas de sus dedos se deslizaron lentamente por los muslos del antes mencionado hasta llegar a su polla y tocarla con ambas manos temblorosas, como si fuera algo que ansiaba sentir pero tenía que tratar con sumo cuidado como muestra de adoración. Louis la detuvo cuando estuvo a punto de tomarlo en su boca, apretando su puño en el cabello de Harry, que gimió en protesta. 

—Pídeme que te deje chupar mi polla, princesa.

Harry lo vio con ojos grandes y brillantes, su pecho subiendo y bajando con intensidad. Ni siquiera veía con claridad, estaba completamente perdida en el éter de la mirada de Louis y las ganas que tenía de sentir la gruesa polla de su alfa llenando su boca.

—Por favor —dijo en un jadeo, y trató de acercarse todavía más a su objetivo, pero fue detenida por el mayor—. Déjame chuparte la polla —pidió al tiempo que se acercaba al vientre bajo del ojiazul, repartiendo besos vagos hasta los muslos una vez se halló lo suficientemente cerca.

Louis había empezado a acariciarle el cabello sudoroso, prestando atención a su rostro caliente y su mirada incapaz de comunicar algo más a parte de lascivia. Harry era un desastre de piel ardiente y jadeos involuntarios.

Louis nunca la había visto igual. Se tomó un momento para meditar si debían avanzar. Tal vez podían esperar a que el calor de Harry disminuyera un poco.

—Harry, amor…

—Quiero hacerlo, déjame chuparte la polla, alfa, por favor —jadeó sobre los labios entreabiertos de Louis.

La súplica en los ojos de gacela de su pequeña chica lo derritió, sintió su piel arder ante la anticipación de la boca de Harry calentando su polla, imaginándola succionando hasta vaciar su interior.

—Entonces hazlo —Louis gimió, empujando lentamente su polla en la boca deseosa de Harry. Entreabierta y húmeda. Deliciosa. No pudo evitar gemir otra vez cuando la punta ancha y rosada de su miembro estuvo envuelta por completo entre los regordetes labios de Harry, quien segundos después bajó su mandíbula, lista para tomar a Louis casi en su totalidad, si le era posible.

Las lágrimas se juntaron en los ojos de Harry a medida que Louis introdujo casi toda su longitud en ella. Podía oler el almizcle y sentir en su lengua las pulsaciones de Louis. Su mirada casi perdida estaba rogando porque su alfa la hiciera atragantarse mientras ella movía su lengua con avidez, pero su deseo abrumador la volvía torpe. Se había olvidado de que debía chupar una polla.

—Te dije que chuparas, Harry, ¿no era también lo que querías? —preguntó Louis al darse cuenta de lo que pasaba con Harry, conteniendo la risa y haciendo su mayor esfuerzo por no mostrarse burlón—. No voy a follarte la boca si no te lo ganas.

Harry parpadeó un par de veces, dándose cuenta de la situación en la que estaba y lo que tenía que hacer. Tragó, cerrando su boca alrededor del miembro de Louis, que siseó ante la sensación.

Fue cuando el alfa de ojos azules le dio un suave golpe en la mejilla, que Harry empezó a chupar la polla que tenía en la boca como si su vida dependiera de ello, el ímpetu con el que llevaba todo hasta el fondo y tragaba el presemen y su propia saliva tenía a Louis ardiendo de placer. Ella también estaba ardiendo y era de lo único que era consciente, además de amar complacer a su alfa con su boca. Sintió un calor cosquilleante creciendo en su vientre bajo y su propia polla palpitar al apreciar a Louis cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás. Iba a correrse por el simple hecho de ver a su alfa disfrutar una mamada. 

Un gemido gutural brotó de su garganta al momento que Louis tomó con puño fuerte sus rizos y empujó su polla lo más profundo que pudo en el interior de su boca. Estaba quieta a fuerza y a merced de Louis, siendo un juguete para el placer del alfa más grande, que le follaba la boca lento y con fuerza. Las bolas de Louis le golpeaban la barbilla, creando un sonido como de un chasquido, en parte por la fuerza, en parte por la saliva que escurría de la boca de Harry. Quería tomarlo todo, e incluso cuando sentía que podía tener arcadas, se esforzó por evitarlas y disfrutar de la gorda polla de su alfa ensanchando su garganta.

No pasó mucho cuando se sacudió en un intenso orgasmo, siendo incapaz de gemir con libertad porque Louis todavía le metía la polla en la boca una y otra vez, más rápido, ansiando alcanzar su propia liberación.

Tragó gustosa el semen de su alfa, sin un nudo de por medio. No tuvo tiempo de pensar en por qué no le había dado uno porque cualquier idea que se estuviera formando en su mente fue interrumpida por un dedo húmedo que se abrió paso en su agujero. Estaba tan perdida que no se había dado cuenta en qué momento su alfa se había movido.

Gimió cuando Louis le mordió el hombro mientras hurgaba a su antojo en su culo, manejando su agujero con completa familiaridad, abriéndola con facilidad al haber tomado un poco del lubricante que yacía a su lado sobre la cama.

—Mira eso —comentó el alfa una vez se irguió y pudo observar el trasero gordo de Harry—, ahora es tan fácil abrirte, amor. —Introdujo un segundo dedo que se deslizó con facilidad—. Oh, te estabas preparando antes de que yo llegara, ¿no es así? Y sigues preparada. ¿O te has vuelto una bonita puta fácil de abrir después de que te he follado tanto?

A Harry se le puso la cara roja. Era cierto que hacía un par de horas había intentado alcanzar su punto de placer por su cuenta y al no poder hacerlo había recurrido a bombear su polla, pero también había notado que, después de tanta práctica, prepararse no era tan difícil. Su culo cedía más rápido, y ahora que estaba más consciente, era capaz de sentir vergüenza.

—Yo… Lo hice. Pero también es más fácil —dijo por lo bajo—. No pude alcanzarlo, alfa.

Louis soltó una risa ronca que envió una punzada directo a la polla de Harry, sentir la barba del ojiazul en la parte trasera de sus muslos tampoco ayudaba a calmar su calor. Comenzó a contonear el culo, queriendo algo más que sabía que su alfa le podía dar además de su lengua, y estaba ansiando tenerlo. 

Louis le acarició las nalgas antes de azotarlas y hundir su cara entre ellas. Dejó una cantidad exagerada de saliva, pero apenas suficiente para una lubricación adecuada. Harry se retorció innumerables veces entre jadeos provocados por la lengua de Louis entrando y saliendo de su agujero como hacía un rato ya lo había hecho, hasta que el músculo húmedo fue reemplazado por tres dedos enormes y gruesos que hicieron que Harry se quejara y se removiera incómoda. Anteriormente había sido diferente, era solo uno, pero las manos de su alfa eran enormes y ahora lo notaba muchísimo mejor.

—Solo un poco más, bonita —le dijo al oído antes de darle un beso en la sien—, te daré mi polla en un momento y tienes que estar preparada para mí.

Tal y como lo dijo, lo hizo. El dolor se hizo presente con rapidez. Louis era grande, y con la rigidez del cuerpo de Harry y la escasa flexibilidad que tenía en ese momento, resultaba difícil moverse. Aunque, una vez estuvo lista y pudo comenzar a moverse contra la polla de Louis, todo resultó más que maravilloso. A pesar de cualquier cosa, sus cuerpos encajaban perfectamente uno con otro, y en ese instante de olores dulces y aire caliente, piel con piel era todo lo que podían sentir correcto. 

El tiempo transcurrió con lentitud. Entre los olores de su sudor, disfrutados en todo momento, y la ocasional incomodidad al cambiar posiciones, no fueron necesarios los descansos toda esa tarde.

La lucidez de Harry iba y venía. Louis la follaba lento y con fuerza mientras la otra lloraba y balbuceaba un montón de cosas en su oído. 

—Más, más, por favor, alfa —la ojiverde pedía mientras apretaba las nalgas de su alfa contra sí, pretendiendo que llegara más profundo—. Quiero tu nudo —dijo en medio de un jadeo—, lléname de tus cachorros…

Louis detuvo sus embestidas por un momento, sacando su cara de la curva del cuello de Harry, buscando la mirada de esta. El brillo peculiar de esos ojos verdes le hacía saber al alfa que Harry había perdido el control de sí misma. Era su dulce chica actuando por puro instinto otra vez.

—Bien, amor, ¿segura que puedes recibir mi nudo?

Harry asintió al instante, reclamando los labios del hombre encima de ella.

—Sí, lo quiero… Quiero… quiero estar llena de tus cachorros —expresó con una diminuta sonrisa, sus ojos cerrados entre los varios besos desordenados que dejaba en los labios de Louis mientras capturaba en su mente la imagen de algo que no podría tener.

A Louis se le partió el corazón. Y si no hubiera sido porque Harry empujaba sus caderas contra él, no habría podido terminar, no habría podido hacer un nudo que Harry disfrutara tanto porque en ese momento su chica completamente fuera de sí debido al celo, creía que podía crecer algo dentro de ella.

Las horas pasaron, con eso un día y otro, así como había pasado el celo de Harry. Louis estaba agotado y deseaba dormir una semana si se le permitía, pero tenía a su chica con él, y ella no parecía querer dormir, así que él tampoco lo haría. Estuvieron en silencio, compartiendo su espacio divino entre aromas frescos y respiraciones suaves. El alfa sintió la verde mirada de Harry recorrerle el cuerpo, y pronto notó que examinaba las marcas que le había dejado producto de la noche anterior. 

—¿Hice algo mal?

—¿Cómo dices? —preguntó, su ceño fruncido en profundidad ante la mirada preocupada de Harry y su labio inferior prisionero entre sus dientes de conejo.

—Que si… hice que te lastimaras o algo, ¿estuve mal? Lo siento, no quería ser brusca, no…

—Harry, para —pidió—. No hiciste nada mal.

Harry lo miró poco convencida, después se volvió a centrar en las marcas.

—Tú también tienes —dijo Louis, pensando que eso podría funcionar para apaciguar los pensamientos de preocupación que estaba teniendo Harry—. Y tú no tienes que preocuparte por la torpeza de los movimientos cuando quien te folla soy yo —murmuró en el oído de Harry, haciéndola estremecer de pies a cabeza y al mismo tiempo morirse de vergüenza, pues era verdad que Louis era el que llevaba el control, y que, en todo caso, si alguien era bruto, era su alfa.

De todos modos, Louis comprendía la preocupación de Harry. Su celo había sido más intenso de lo que solía ser y la manera en que se había comportado, aunque satisfactoria y en extremo buena, había sido diferente. Louis lo atribuyó a lo que guardaba la mente de Harry, a su anhelo de tener hijos. Como si fuera posible. Como si fuera omega. Como si biológicament fuera una mujer.

—Escucha, Harry… Estuvo bien. Muy bien —dijo—. Tú pediste…—se interrumpió en un suspiro, pensando en que podría romper el corazón de su chica de la peor manera. Pero no podía hacer algo para mejorarlo—. No sucederá.

—¿Qué? —La evidente confusión en la expresión y la voz de Harry casi hicieron que Louis se abstuviera de hablar. Pero era algo que necesitaba decir.

—Los cachorros, Harry —dijo—. No los tendremos. Me pediste… me pediste que los pusiera en ti.

Harry pareció genuinamente sorprendida. Pero, más que eso, asustada, como si la hubieran atrapado haciendo algo que no debía.

—Alfa, yo…

—No tendremos un cachorro, Harry. Sabes bien que es algo que no puedo darte. Algo que no se nos permite.

—Louis…

—No seremos padres —interrumpió de nueva cuenta, con las lágrimas en sus ojos amenazando con salir y quemarle la piel—, lo lamento.

Tuvo a Harry llorando desconsoladamente y en silencio casi toda la tarde. Ella no estaba molesta, tenía el corazón roto y los sueños enterrados, pero no estaba molesta. Sabía que era verdad, y que Louis se lo dijera también, había estado bien. Ella no era capaz de engendrar y jamás lo sería. La posibilidad de adoptar también parecía en extremo lejana. Ella deseaba más que nadie ser madre, tener una enorme familia con su alfa, un hogar lleno de amor y luz; pero no era posible, no importaba cuánto lo deseara, ni cuantas veces, llorando, le pidiera al universo y a quienquiera que escuchara sus deseos que le diera la oportunidad de hacer una familia.

Se limitaría, después y a pesar de todo, a criar a sus gatitos. Esos no se le había prohibido tener.

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Parecía que, después de casi un mes y medio, las cosas estaban mucho mejor. Harry había avanzado en su aprendizaje de francés, y aunque ponerse a estudiar mucho más había sido una defensa ante la desolación que había atravesado y de la cual seguía intentando salir, había dado resultados positivos. Ya no lloraba casi todos los días al recordar las palabras de Louis y volver a pensar en lo mucho que deseaba ser madre de cachorros. Su alfa se había disculpado infinidad de veces y siempre la escuchaba cuando ella decidía hablar del mismo tema una y otra vez. 

Pero todo estaba bien. Su vida marchaba con normalidad, estaba tranquila, estaba feliz al lado de Louis. Sus gatitos eran más grandes, y los mimaba mucho, ellos querían dormir siempre entre Harry y Louis, pero estaba bien, eran sus pequeños gatos y tenerlos cerca era agradable. 

Harry también parecía más despreocupada respecto a convivir con los franceses, ya no creía que la odiaban, y era capaz de asistir al mercado sin recibir insultos o regaños, y ya tampoco se le dificultaba pedir la comida correctamente.

Estaba bien, y estaba feliz. Tenía una casa hermosa llena de flores, una playa con el mar más azul que había visto jamás a menos de treinta minutos del pueblo, una amiga incondicional con un corazón enorme que la ayudaba a vestirse como las chicas lo hacían, y tenía a su alfa. Su maravilloso alfa que la llenaba de besos y bailaba con ella al ritmo de Runaround Sue cada que dicha canción sonaba. Louis decía que ella era la chica de su historia, y que contrario a la canción, él era feliz porque su maravillosa y bella Sue estaba con él y solo con él. 

Se habían tirado en la cama, bailar al ritmo de una canción de melodía tan alegre no era precisamente ligero. 

—No bailaremos esto cada vez que suene, Lou —le dijo Harry, sin aliento—, ¿qué si suena tres veces en menos de una hora? ¿Bailaremos todas esas veces?

Louis rio, eso sería divertido.

—Bailaremos todas las veces que suene. Hasta cuando estemos viejitos y la escuchemos por ahí.

Harry rio, negando ante las palabras de su alfa, sí lo creía capaz de hacer eso. Entendía lo especial que era esa canción para Louis, y también lo era para ella. Era la canción que habían bailado juntos por primera vez, luego de casi un año de haber empezado a salir. Ese día estaban en una fiesta de una de las amigas de Jade, una alfa llamada Perrie, celebraba su cumpleaños en la playa y Jade era quien se había encargado de llevar a Harry y a Louis con ella para que pudieran pasar todo ese día y el siguiente juntos. 

—Tú vivirás más, hasta los cien, pero no bailarás nuestra canción con nadie más —dijo Louis de repente. Harry no pudo hacer más que reír y asentir a lo que el alfa dijera.

—Te concedo vivir menos de cien. Me las arreglaré bien sin ti —dijo Harry.

—Me lo imaginé.

—Me las arreglaré muy bien sola.

—Lo sé —Louis reafirmó en un tono que, a pesar de parecer serio, era todo lo contrario—. Y señora Tomlinson, déjeme decirle que esto inicia ahora. El dolor de espalda me está matando.

Harry frunció el entrecejo apenas de manera visible, pero la comprensión se podía ver en sus destellantes ojos cuando dijo:

—¿Quieres que te haga un masaje?

Louis cerró los ojos y asintió. 

—Por favor —dijo. Y después de eso, agregó—: estaba decidido a trabajar doble turno para conseguir un lugar más grande para cuando agrandemos la familia, pero ya no lo veo posible —bromeó—, tendremos que vivir apretados aquí.

—¿Qué? —dijo la ojiverde, deteniendo sus manos en los hombros de Louis.

Louis sonrió, ahora acostado sobre su espalda y pudiendo ver los ojos confundidos de Harry, que tenía todos los rizos en la cara. Tomó una profunda respiración y dijo: 

—Ya es posible. —Sus ojos se iluminaron al decirlo en voz alta. Había estado tan emocionado por ello, que apenas se enteró había querido decírselo a su chica, pero necesitaba una confirmación de la veracidad del asunto, y finalmente, el día anterior, la había tenido. Estaba inmensamente feliz—. Han aprobado los matrimonios y la adopción para personas como nosotros, amor.

Y entonces la boca de Harry se abrió y sus fanales centellearon gracias al agua que se empezó a acumular en ellos. En un movimiento ágil cambió de posición, de manera que ahora estaba sobre un Louis risueño que le acariciaba los rizos y la había ceñido a su cuerpo en un cálido abrazo cargado de amor.

—Puedo… puedo ser oficialmente una Tomlinson. —Harry aún intentaba procesarlo, y sus pensamientos en voz alta solo lograban que Louis sonriera más—. Podemos... Podemos tener cachorros, Lou. ¡Cinco cachorros! 

—Bueno, cinco ya sería...

—Louis Tomlinson —interrumpió, levantándose y posando sus manos en el pecho del mencionado—. ¡Seré Harry Tomlinson oficialmente!

—Déjame pedirte matrimonio primero. —Sonrió.

—Ya estamos casados, bobo. Pero quiero llevar tu apellido, ¿te gustaría?

—Me encantará, Harry —dijo, y le dio un beso en los labios a la mencionada—. Harry Tomlinson —pensó en voz alta luego de un momento—, te queda tan bien.

En ese momento lo único que podían pensar era en lo felices que los hacía lo que estaba sucediendo en el mundo, lo que iba a suceder en su vida. Habían esperado tanto por ello y lo querían con la misma intensidad. Era maravilloso que por fin fuera real.

Entre tanta emoción, Harry se abalanzó sobre el hombre para besarlo una vez más. Lo aprisionó con su cuerpo, manteniendo sus manos a los costados de la cabeza de su amante, hasta que Louis, con el cuidado que siempre tiene al tocar a Harry, invirtió las posiciones. Entonces, en ese momento tan íntimo de respiraciones relajadas y olores frescos mezclados, se miraron fijamente, detallando cada facción de sus rostros y cada peca en su piel. Con amor y algo más que eso. Sus ojos eran los que mostraban todo lo que con palabras no les era posible explicar. Todo parecía nuevo, como si después de la noticia las cosas fueran muchísimo más ligeras, sabían que todo sería más fácil e iría mejor. 

Louis le dio otro beso a Harry. La besaría toda la vida de ser posible. Harry era magia y era vida. Era todo.

—¿Sabes qué siento cuando te beso? —cuestionó Louis sobre los labios de Harry. 

—Mm-hm.

—Que todo está bien —dijo por lo bajo, vacilando sobre los labios de Harry hasta que otra vez cerró la cercanía entre ambos—. Que siempre podemos lograr todo porque estamos aquí los dos —susurró, con sus labios aún rozando tentativamente la boca rellena y roja de la chica—. Y que te amo, te amo, te amo mucho, Harry. —Fundieron sus labios en otro beso. Una danza lenta de lenguas y el sabor de la libertad en todo su tacto—. Y ahora podemos tener lo que tanto hemos querido.

Se quedaron en silencio unos minutos, no sabían qué más decir, seguían intentando digerir los últimos acontecimientos de esa generación progresista que empujaba a la nación a realizar verdaderos cambios, a ofrecer oportunidades para más de un par de sectores de la población. Era cierto. Era cierto y era increíble. Podían casarse, podían tener bebés. Harry, por fin, podía ser una madre.

—Nuestra primera cachorra se llamará Summer —dijo.

Louis no pudo hacer otra cosa más que sonreír y asentir. Su primera cachorra se llamará Summer, porque el nombre llevaría el recuerdo de algo maravilloso que daba inicio en el verano. Una oportunidad hermosa, un nuevo amanecer.

Él le concedería a Harry todo lo que quisiera, ya fuera elegir el nombre de sus cachorros, o la cantidad de niños que tendrían. Le daría todo porque quería que fuera feliz, porque quería seguir viendo el sol brillar en sus ojos y quería que todas las estrellas brillaran en su cielo.