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「 ✦ Leon Version: RE Death Island ✦ 」
"Quiero el divorcio", esos tres vocablos devastadores surgiendo despiadadamente de entre los aterciopelados labios de Leon fueron responsables de la catástrofe emocional que arremetió contra Abby.
Los meses postreros había captado actitudes inusuales en su marido en presencia suya, mas su abrumada mente alegaba a favor del hombre excusando su comportamiento por la cantidad de trabajo al que se sometía siendo agente del gobierno. El corazón enamorado e ilusionado de Abby se rehusaba a creer que Leon ya no la amaba pese a percibir la maldita y obvia distancia que su esposo trazó; adiós a los despertares cálidos donde lo primero que sus órbes apreciaban era su tan amorosa sonrisa dándole los buenos días, adiós a los besos en su frente y abrazos mientras sus desayunos humeantes se preparaban con cariño, se despidió de sus pláticas ya sean triviales o de temas importantes, así también dejó de recibir palabras de afecto y suaves caricias que en su momento para ella significaban una enormidad de dicha y confort.
Al menos Leon tenía la descencia de mostrarse cabizbajo tras propinarle aquel golpe bajo que bien reconocía destrozaría cada pequeña parte de su ser. El nudo en la garganta de Abby le imposibilitaba el habla, su boca estaba seca, su estómago amenazaba con derramar el desayuno sobre el piso de la sala y su corazón hecho miles de pedazos en tanto sus ojos vacilantes ansiaban perderse en funestos llantos.
—¿Por qué? —musitó a duras penas.
Leon profesó un suspiro prolongado y apartó la mirada llevándose una mano a la nuca para barrer la zona con sus dedos, aparentemente incómodo.
—M-mis sentimientos por ti se han apagado —declaró con voz trémula.
"Déjame reanimar nuestro amor", pensó Abby, sin embargo, ninguna palabra salió de su boca fieramente sellada. Leon ya no la amaba. Esto provocó miles de estallidos macabros en su corazón, se rompía cada vez más y quien era el responsable de tanto sufrimiento fue el hombre que en aquella tarde vivamente soleada aceptó ser su esposo y permanecer a su lado en las buenas y las malas. "En las buenas y en las malas". Abby había cumplido con ello, Leon también hasta ahora. La mera idea de seguir con su vida sin su esposo resultaba absurda e impensable. Pero él ya no deseaba tenerla cerca y el orgullo que poseía Abby era demasiado, por lo que solo dijo:
—Entiendo.
Esa interminable noche Leon durmió en el sofá y Abby sintió su cuerpo helado sin la presencia protectora de su esposo, el colchón se veía enorme para una sola persona. Cada pequeño detalle la sumía en un estado depresivo muy complicado de sobreellevar. Silenciosas lágrimas bajaban dolorosamente por sus mejillas y caían sobre la almohada humedecida mientras su cuerpo se acurrucaba entre las mantas que resguardaban del frío a su cuerpo, mas no así con su corazón de heridas recientes. Había conocido a este hombre de cabellos rubios cuando eran novatos y sus preciosos ojos azules con mirada inocente la flecharon sin poder hacer nada para detener sus emociones por él. Volvieron a verse después de un tiempo al ser asignados juntos a una de las misiones que el gobierno le confiaba a algunos agentes; la inocencia en aquel hombre había desaparecido tras haber experimentado diversas situaciones en su campo de trabajo, no obstante, esos órbes cristalinos aún poseían abundante voluntad de obrar con justicia y le pareció suficiente para dejarse atrapar por Leon. Salieron durante dos intensos años y a la edad de veintisiete se casaron para estar juntos el resto de sus vidas, sin embargo, ahora Leon ansiaba divorciarse a la edad de treinta y seís años.
En las penumbras de su fría habitación Abby meditaba acerca de su estropeada ralación, pues no hallaba respuesta a sus interrogantes. ¿Qué cosa arrastró a Leon a querer romper lazos con ella de forma tan precipitada sin tratar de remediar lo que fuese que estaba mal? ¿Quizás la rutina de su matrimonio lo cansó? ¿Se aburrió de la vida de casado? ¿Ella no entregó lo mejor de sí y lo decepcionó por ello? Lo ideal sería preguntárselo a él sin preámbulos, pero no se atrevía a conversarlo. Reconocía que su salud mental y emocional pendía de un delgado hilo y no le ayudaría en nada oír a Leon lanzándole en la cara todos los motivos del inminente divorcio.
(...)
Los trámites del divorcio habían sido completados, por ende nada los unía ahora. Leon optó por mudarse a otra residencia lógicamente y se llevó sus pertenencias dejando un gran vacío detrás. Decidió que el gato de pelaje sedoso de color blanco y negro que adoptaron hace años se iría con él debido a la férrea predilección que tenía el felino con Leon; Abby hizo muecas de angustia por esto, pero al menos ella tenía al perro marrón de ojos animados que la seguía durante casi todos sus quehaceres en el hogar.
Sobrevivir casi un mes sin Leon fue una tortura, un reto que Abby aún no podía saber si superaría. Estaba ordenando su armario cuando al fondo del mismo una distinguida y familiar prenda la obligó a detener sus movimientos. Con lentitud recogió la chaqueta y respiró el aroma que desprendía, aún persistía la colonia varonil de su ex esposo. En tanto su can merodeaba a su alrededor Abby guardó la chaqueta en una bolsa de cartón y se alistó para salir. En la puerta su mascota ladró y movió la cola, tal como hacía los días que Leon regresaba de su trabajo.
—Él no regresará, Bobby —le explicó una vez más al can, sin embargo, él no comprendió y sus ojos observaban con expectación hacia su siguiente acción —. Espera aquí, ¿sí? Tienes agua y una buena cantidad de comida en tu tazón. Prometo no tardar.
En el trayecto hacia la nueva casa de Leon Abby no paraba de morderse el labio con ansiedad, pues no estaba del todo segura acerca de su decisión sobre visitarlo sin avisar. Era probable que su ex esposo no reaccionara bien al tenerla en su nuevo espacio, no obstante, Abby creyó buena hora para dedicarle unas últimas palabras para cerrar su duelo. Necesitaba despedirse para avanzar y rezaba para que Leon estuviera de un humor flexible. Al estacionar frente a la casa respiró hondo y tomó la bolsa para dirigirse hacia la puerta. Grande fue su sorpresa al ser recibida por el amigo de Leon, Chris. El pelinegro la examinó en un estado de confusión hasta que se recompuso y sonrió casi con incomodidad.
—Hey, hola, Abby.
—Chris... ¿cómo estás?
—No me quejo —se encogió de hombros y agregó—: Estás buscando a Leon, ¿no?
—¿No está?
—Eh... no.
—¿Tardará mucho en volver?
—Supongo que sí... no lo sé.
Algo en la apariencia tensa de Chris más sus ojos rehuyendo su mirada formaron un tumulto de inquietud en Abby, quien preguntó con voz ahogada:
—¿Dónde está Leon?
Chris bufó antes de hablar, resignado.
—En una cita con Ada.
El mundo entero dio vueltas y amenazó con hundirla hasta el fondo, sus huesos se sintieron gélidos y sus músculos casi entumecidos. ¿Ada Wong? ¿La misma mujer que fue el primer amor de Leon? Imposible. No podía ser cierto que esos dos estaban en una cita ya que aquello que ellos solían sentir se esfumó hacía mucho. ¿O Leon había mentido acerca de superar a Ada? ¿Todos estos años él estuvo esperando a tener oportunidad para correr a los brazos de esa mujer?
¿Solo fui un asqueroso reemplazo suyo? ¿Siquiera me amó alguna maldita vez? ¿Pensaba en Ada durante nuestro matrimonio?
Abby se tragó el nudo en su garganta y sintió que sus ojos ardían pidiendo a gritos dejar salir saladas lágrimas de ellos. Trató de fingir una sonrisa, no obstante, falló y formó una extraña mueca con sus labios. Chris le envió una mirada de pena, empeorando la situación.
—Solo vine a entregarle esto que olvidó en mi casa —su voz se quebró mientras le entregaba la bolsa al hombre de gran musculatura —. Su chaqueta es algo de mucho valor para él, me sorprende que la haya olvidado... —el suave maullido del felino de Leon asomándose a la puerta la interrumpió y con una expresión dolida Abby acarició al gato y este se rozó contra su mano, a gusto en contacto con sus caricias —. Bueno, es mejor que me vaya.
De vuelta en su casa, acostada sobre la cama derramando lágrimas de tristeza Abby maldecía en su mente a quien en su momento fue la persona que más se ganó su corazón. Tomó su celular y no pudo evitar enviarle un mensaje a Leon.
Nunca la superaste, ¿cierto?
Espero que estés disfrutando
tu cita.
No le importaba en absoluto quedar en ridículo y sin dignidad, no importó si él pensaba que ella era la clase de ex que no soltaba y después comentaba pestes de ella con su círculo de amigos. Hizo a un lado su orgullo, pisoteado por su ex esposo. Abby debía dejar ir la rabia y decepción que la envolvía al menos por medio de aquel burdo mensaje cargado de sentimientos negativos. A continuación se durmió cubierta de amargo llanto, ignorando las llamadas de Leon llegando quince minutos después de haber enviado el insignificante mensaje.
NOTA: cada capítulo es un
one shot independiente y
no tiene relación con los
otros a menos que yo así
lo indique al comienzo!