CAPÍTULO 1: El mundo religioso de Zácralum e Issar, su primer Ateo
El LEMA DE LOS DEVENATORS
Celso Leopoldo Acuña Pérez
Julio Eduardo García Martínez
“Orden e Imperio”.
“Si Dios está en todas partes, entonces no está en ningún lado,
Si todos somos importantes, entonces nadie realmente lo es…”
INTRODUCCIÓN
Es difícil explicar que mi vieja alma sea antigua, justamente porque en una vida pasada habitó en un futuro muy astronómicamente remoto, en un desolado y frio planeta errante, un planeta interestelar, no sujeto a la tutela de ninguna estrella, un planeta huérfano, llamado por sus diversos y antagonistas habitantes, Zácralum. Y este relato, sobre la odisea desencadenada por una pasión carnal, quizás confundida y enredada en el amor trascendental, no pretende nada más que testimoniar la tragedia de Issar y Alessia, una pareja de amantes, que quizás son solo otro idilio más, en el extenso devenir histórico de las conciencias en este universo. Tal vez, solo las vidas y experiencias, más entre tantas, de un hombre y una mujer… pero, además, con todo lo que esto implica y suma, para bien o para mal, estemos donde estemos encarnados. Una y otra vez, siempre anhelantes a la perfección y a la felicidad, que siempre se nos escapan en el último trazo, en el gesto tardío o la palabra equivocada.
Rondarf es un nombre que he soñado desde pequeño, acompañado de imágenes de aventuras en un lugar distante en el tiempo y el espacio donde se refieren hacia mí con ese nombre, Rondarf. Ahí, en ese mundo me cuentan historias sobre mis ancestros, especialmente de dos, Issar y Alessia, y creo, las historias me las cuenta mi tutora, Velissa, ella los conoció bien, a ambos y creo que logró también comprenderles, pese a que su funesto hado, son parte, quizás preponderante, en el rompimiento del equilibrio entre lo que fueron en Zácralum, dos imperios enormes, el homónimo, Zácralum, el de la igualmente Ciudad Santa, y su rival, el imperio de los herejes de Usirix, los cuales, pese a algunas similitudes y paralelismo a los de nuestro contexto terrestre, son a su vez, sobre todo en lo religioso y en lo espiritual, muy diferentes a los estados que conocemos en este mundo.
Este, nuestro mundo, la venerable y denostada Tierra, y eso lo sabemos todos, es un planeta dejado de la mano de Dios…. Es un mundo donde Dios o los dioses solo hablaron con nuestros antepasados en un pasado mítico, no lucharon con él, ni por él en ningún lugar, y así fue, como cada uno de nosotros, en cada generación, se fue aferrando cada vez más a sus propios dioses internos… En esta nuestra Tierra, Dios nos olvidó apenas nos creó… somos sus hijos olvidados…nada nos dejó para comunicarnos con él, efectiva y eficientemente, ni para consolarnos en forma práctica y lógica. Sus designios siempre son misteriosos y arcanos, sobre todo cuando perdemos a un ser querido… Dios vive eternamente acompañado de sus ángeles en su beatico cielo. Nosotros, nos perdemos a diario, aquí en esta voluble tierra, para solo encontrarnos, tomando una última bocanada de aire, ante la oscura muerte, en absoluta soledad.
En cambio, en Zácralum, sus dioses vivieron y convivieron con su flamante humanidad, y las huellas de sus dioses pueden tocarse y emplearse como bendiciones y maldiciones. Zácralum es un mundo donde las ruinas de civilizaciones más avanzadas se cruzan con las primitivas herramientas de las primigenias culturas humanas. Un mundo protagonizado por guerreros y batallas épicas donde la ciencia es confundida con magia, y la historia con religión.
En la raíz de la teofanía de este mundo, llamado Zácralum, encontramos a los Ángals y los Núrgals, dos distintas civilizaciones que propiciaron la vida en el planeta Zácralum, formando a una humanidad autóctona, la que, con el tiempo, apoyaron y guiaron, hasta dar a luz a toda una civilización nativa, que acabó percibiendo a estos seres vivientes, como sus dioses creadores.
Y estos dioses crearon a los Devenators, la casta de humanos más fuerte y astuta de todo el planeta Zácralum. Mitos hablan de cualidades divinas en humanos altamente bendecidos por parte de los dioses, otros hablan de manipulación genética para dotar a estos humanos, los Devenators, con habilidades extraordinarias, un grupo selecto que pudiera proteger y guiar al resto de la humanidad a través de las mareas del tiempo.
El planeta Zácralum está ubicado enfrente de una estrella, ésta daba siempre la misma cara al planeta, y proporcionaba, entonces, distintas cantidades y tipos de radiación lumínica a cada sector del planeta. Surgió así en Zácralum, ocho zonas muy demarcadas en su superficie, que afectarían a su futura población, fauna, flora y minerales. Desde el norte al sur, surgieron franjas permanentes de territorio donde predominaban el azul, el violeta, el púrpura, el amarillo, el rojo, el naranja, el verde y el arrebol.
Esta estrella blanca fue llamada Gunelve por los habitantes del planeta Zácralum, y sería sagrada para todos, pero en especial para los Devenators, que llevan en su pecho la estrella de ocho puntas… ocho, por los ocho colores con que proporciona luz y calor a los ocho sectores de Zácralum y a sus habitantes, que tendrán su color de piel según la zona del planeta en donde habiten por mayor tiempo.
Pero es momento de contar esta historia como se ha soñado, y durante la narración de este viaje, se irá exponiendo un contexto más completo y profundo de este mundo y sus personajes.
CAPÍTULO 1: El mundo religioso de Zácralum e Issar, su primer Ateo.
Para la pequeña niña, el miedo era su eterno compañero, y solo distinguía en sus memorias, entre días y noches tenebrosas, y días y noches aún más terroríficas. Su nombre era Velissa, y era extremadamente delgada, pero fibrosa de brazos y piernas, de nariz aguileña y pómulos altos, con cabellos y ojos café claros almendrados, extrañamente muy femenina, pese a su corta vida y juventud, su piel violácea por el frio, tenía ciertas tonalidades púrpuras en sus mejillas y manos.Bajo el manto de la noche, intentaba pasar desapercibida bajo las ramas de unos pequeños árboles frutales, ubicados a un lado de un oscuro y tenebroso bosque, que parecía avanzar lentamente, noche a noche, hacia la pequeña aldea donde Velissa creció, un típico pueblo fronterizo del Reino de Erdons, con calles barrosas y casas hechas de adobe y madera, protegidas de la lluvia y el viento con techumbre de paja fuertemente apretujada.
Estas rústicas viviendas contaban con pequeños ventanales, cruzados por barrotes de hierro y con puertas extremadamente sólidas, que eran cruzadas por enormes tablones, para dotarlas de mayor firmeza y seguridad, lo que indicaba lo acostumbrados que estaban los lugareños a resistir bestiales ataques.
Así eran exactamente todos los poblados del Reino de los Erdons, un pequeño estado ubicado en la frontera noreste del imperio Zácralum, en el cual nunca surgió ni se estableció una gran capital que permaneciese en el tiempo, y que pudiera llevar con holgura el título de ciudad…
La región, fue conquistada por el imperio de Zácralum rápidamente, al inicio de la expansión de los Devenators, y fue anexada, más a través de negociaciones que de batallas. Sus habitantes, simples y débiles campesinos y artesanos, de piel color violeta, eran en su mayoría, “Intocabols”, que, según antiguos anales de la ciudad sacra, significa, “No Bendecidos”, es decir descendientes de hombres y mujeres que no participaron en la Batalla de los Dioses, una importante batalla entre los Ángals y los Núrgals, en la que los humanos lucharon a lado de los Ángals. Así que los “Intocabols” eran aquellos que no respondieron al llamado a combatir de los Ángals, y es por este pecado de sus antepasados, que sus fronteras estaban infectadas de Alukkus, diabólicas criaturas mutantes, híbridos entre humanos y otras especies animales; y Felgors, un pueblo de humanos caníbales, de piel azul, que evolucionó independiente y naturalmente de primates aislados en la isla del lejano norte, llamada Bayenoord. Felgors significa “Gritones” o también “Predicadores”, pues antes de atacar, suelen orar a sus perversos y oscuros dioses, pero con blasfemias y herejías, maldiciendo a sus propios dioses por su oscuro y triste destino de ser un pueblo de roedores de huesos, y para peor, de cadáveres de su misma especie.
Pero si algo había que temían Alukkus y Felgors por igual, era a los nobles y bellos Devenators, la primera línea de defensa de la humanidad, que todavía libre de pecado, vivía y habitaba detrás de las fronteras protectoras del Santo Imperio de Zácralum, la Ciudad Divina. “Orden e Imperio” …era el lema de los Devenators, los cazadores de demonios.
Los Erdons contaban en sus historias, y aquí diferían unos de otros, que no habían acudido a la Batalla de los Dioses, porque el recién aparecido desierto de Dúmded, les había cortado el paso, y otros argüían, que habían sido engañados o advertidos por una diosa Ángal que adoraban, Zaligastia.
-¿Hacia dónde marcháis buenos y violetas Erdons? -Les había dicho una brillante figura, vestida de sol - La Ciudad Santa queda en la dirección contraria a la que lleváis…
Fue así, que los Erdons, que marchaban hacia occidente, cambiaron de dirección hacia el levante… y extraviados y avergonzados, decidieron habitar en el lugar en el que se encontraban, cuando se enteraron de que la gran batalla se había llevado a cabo sin su presencia.
Entonces, si los Erdons miraban en menos y despreciaban a los azules Felgors, por sus costumbres caníbales y por su permanente olor a excremento, los violetas Erdons estaban conscientes, de que ellos mismos, a los ojos de los dignos y aguerridos Devenators, los caballeros de la piel púrpura, eran solo poco más que polvo y basura.
Todo por el pecado de sus antepasados de haber faltado a la magna cita bélica en los Campos de la que llamaban, “La Batalla de los Dioses” o “La Primera Gran Coalición”. Y en su fe, esperaban el momento de una futura segunda gran batalla, “La Segunda Gran Coalición”, en la que por fin pudiesen redimir la falta de sus antepasados. Por eso Zaligastia o Dalila como le llamaban los Erdons, la Diosa del Desierto, era amada, pero también temida por estos, venerada, y a su vez odiada… pues nunca sabían con absoluta seguridad si era su mejor protectora o su peor enemiga.
Por ello, dos Erdons, “Han” y su cuñado “Odo”, que conocían a Velissa, la niña que se escondía bajo un manzano, cercano al oscuro bosque, discutían entre sí, sobre la conveniencia para ellos de intentar acudir a rescatarle.
-No es que la descuidaras, necio Odo, lo que me enoja tanto. Sino a quien descuidaste.
-¡¿A quién Han?! ¡¿A esa posible puta?!
-Esa puta, como tú la llamas, es aún una doncella. Puedo dar fe de su honor. La apodan, “Brava Flor”.Porque es tan arisca como bella…
-¿“Brava Flor”? ¿Es hija de un Devenator?
-Bueno, no lo sé exactamente, “Brava Flor” se crio como huérfana en este poblado, es callada y valiente, pura voluntad. Algo de lo que tú sabes muy poco. Una vez la vi defender su virginidad de tres tipos a la vez, con un balde. ¡Con un puto balde! La verdad a nosotros dos, esta noche nos quedan pocas opciones: O nos arriesgamos e intentamos traerla a seguro, salvándola o pereciendo en el intento… o le sucede algo a esa doncella, y cuando lleguen los Devenators nos harán un juicio por no haber intentado protegerla… ya tú lo sabes, está en su código de honor proteger doncellas en peligro… ellos no dudarían en enfrentar a los monstruos de la noche en defensa de una inocente. En cambio, nosotros nos estamos meando encima por tan solo pensar en aproximarnos al bosque oscuro…
Esta noche, una vez más, la quinta en lo que va del mes, la aldea es atacada por los Alukkus, terribles criaturas, semihumanas, sedientas de sangre. Es una noche colmada de espantos y penas. Ya hay varios aldeanos muertos y algunos más afortunados, aún permanecen como los que escuchamos, agazapados en las puertas de sus hogares, tratando de defender sus pertenencias y a sus seres queridos, infructuosamente, pues están siendo claramente vencidos y a punto de ser sobrepasados y aniquilados por un enemigo que les supera en vigor y ferocidad. Gritos y ruegos colman la estrellada y glacial noche.
-Pfff…– replicó uno de los “Erdons”, Odo. – Si yo contase con una armadura de Devenator, o una de sus armas de rayos, si pudiese inyectarme su Suero Mágico, o blandir una de sus afiladas lanzas, no dudaría en intentar rescatar a la mentada Velissa…
-¡Calla boca, miserable! – Le retrucó espantado el otro “Erdon”, Han, el tutor de Velissa. - ¡Esas palabras son herejía! Solo un descendiente de la raza de los Devenators puede manejar esas armas maravillosas y no perecer en el intento…
-¿Quién sabe? Si tan solo pudiéramos usar las sagradas armas… ¿Por qué nos prohíben intentarlo? –
-¡Porque eres bajo de estatura! ¡Y tus cabellos son rojos! ¡Y tu piel completamente Violeta!
-¿Y qué me importa a mí? – Contestó con visible mal humor Odo. - Si viviera unas temporadas en los hielos del norte, terminaría con mi pellejo azul, como un sucio Felgor, pero si pudiera habitar las cálidas tierras de la Ciudad Divina, al poco tiempo, mi cara se tornaría tan púrpura como la de esos estirados…
-¡Silencio! Algo escucho venir… ¡Los Alukkus nos rodean! ¡Auxilio!
-¡Mira!, Algo brilla detrás de los Alukkus!
Velissa, era alta para su edad, y su apariencia era agradable, no era naturalmente de piel violeta, sino púrpura, y sus cabellos no eran totalmente oscuros. Esa noche, tuvo una intuición que la hizo alejarse del poblado, arriesgándose a ocultarse entre los árboles frutales próximos al peligroso bosque.
Los Alukkus, asaltaron derechamente al poblado, como lobos hambrientos, eran gigantescas criaturas que se desplazaban con un deambular simiesco, pero armados con garras y colmillos de reptil… Al menos cuatro o cinco atacaban cada vivienda en el poblado, cuando de pronto, rompiendo la oscuridad, se escuchó diáfano y brillante, un cuerno de caza.
-¡Maldición! ¡Silencio Jivan! - se escuchó gruñir una voz. - ¡Nos espantas las presas!
-No es divertido si no saben que llegamos. – Replicó alegremente el joven Devenator, mientras guardaba su cuerno y empuñaba su espada, al tiempo que espoleaba su cabalgadura hacia delante, cuando en ese mismo momento, una fuerte explosión le detuvo en seco.
-Sé prudente Jivan. – Le advirtió Issar, el Devenator que comandaba al grupo de guardias fronterizos, – recuerda y atente al plan de combate.
Luego del primer estallido, una serie de explosiones le acompañaron. La mayoría de las chozas del poblado, ahora ardían, iluminando la noche, junto a ellos, varios Alukkus corrían despavoridos de un lugar a otro, consumidos por las llamas. Algunos lugareños “Erdons” también corrían desesperados, igualmente buscando alivio de las llamas… uno de ellos, Odo, tropezó de frente con un Alukku, también en llamas. Una gran carcajada brotó de entre los Devenators.
-Primero Jivan y su cuerno, después Neodim y sus fuegos de alquimista y ahora ese aldeano “Erdon” debilucho que envistió al Alukku en llamas. -Reía con una gran carcajada estruendosamente Edelfar, el formidable y soberbio Devenator. -Da ya la orden de atacar Issar, o no quedarán demonios mutantes que matar…
-¡No por nosotros ni nuestra gloria, sino por la gloria del imperio de Zácralum! – Rugió Issar. – ¡Adelante Devenators, a degüello, sin piedad!
Para los pobrespobladores, el miedo a los demoniacos Alukkus, ahora es sustituido por el pánico de ser arrollados por la carga de los Devenators,a la angustia de hace unmomento, de tener un desenlace fatídico y ser devorados por mutantes grotescos, ahora se instala el respeto y sumisión, ante este magnífico grupo de guerreros, queportando las sacras armaduras laminares y poderosas armas, destrozan a los Alukkus más lentos, y ahuyentan fácilmente a la mayoría, eliminando a las terribles criaturas a base de mandobles de espadas brillantes, así como punzadas de largas yfuertes lanzas de un filo claramente superior a cualquier metal del poblado, y además haciendo gran gala de habilidades en combate y una fuerza física descomunal,haciendo palidecer hasta el más esforzado de los aldeanos, pero por si todo esto no fuera suficiente, también cuentan con armas de fuego y rayo. Ningún aldeano las había visto en su vida en acción, solo habían escuchado hablar de ellas en lo que creían eran cuentos infantiles y leyendas chauvinistas. Pero ahí estaban… El mito era verdadero, los Devenators, podían herir a distancia… con el rayo y el trueno.
Velissa, la muchacha en los frutales cuenta con solo poco más de cuatro mil días, y no puede dejar de pensar en los cadáveres de quienes eran sus vecinos y amigas, y que ella misma se vio obligada a sepultar, a pocos metros de allí, devoradas aun vivas por los sanguinarios y crueles Alukkus durante el último de sus ataques, hace solo unos pocos días atrás.
Sigilosamente se acerca a ella por sus espaldas un Alukku, es un ser de apariencia demoniaca, Velissa logra darse cuenta de la presencia de dicha criatura, el terror y el llanto la invaden y paralizan. La criatura monstruosa es corpulenta y de gran altura, cabeza alargada, dientes afilados y unos ojos que reflejan las llamas del mismo infierno, está por saltar sobre ella, con sus ojos clavados en el estómago de la muchacha, pues tienen por costumbre, alimentarse de las entrañas aún tibias y palpitantes de sus víctimas, y regodearse, mirando a los ojos de quienes se alimentan, que, paralizados por el terror, se dejan comer vivos, sin ánimo de luchar.
-¡No moriré sin defenderme, maldita bestia! -Le grita la joven al gigantesco Alukku, mientras blande un bastón de madera para defenderse. - ¡Acércate infeliz!
Pero es en ese instante que una afilada pieza de metal atraviesa el pecho del demonio, el cual despide un gemido desgarrador. La niña observa impresionada. Detrás de la criatura se encuentra la figura de un ser humano, con un arco curvo en su mano. El guerrero en cuestión cubre su cuerpo con una asombrosa armadura oscura y un casco con forma de reptil que oculta su rostro. Ella no lo sabe, pero la flecha que salvó su vida, la disparó Racel, el Halcón, el mejor arquero de los Devenators.
-No les des ventajas, muchacha, - le dice Racel a Velissa, al pasar por su lado, y tendiéndole una larga y pesada filosa lanza, - mátalos antes que se puedan acercar a ti.
El guerrero con su arco se aleja de la niña, disparando su arco y flechas a nuevos objetivos, y se adentra en la aldea en llamas. Velissa, se encuentra más confiada después de este encuentro, pero al observar a su alrededor, nota que dentro del oscuro bosque, surgen nuevas miradas tenebrosas, en cuyos ojos brillan las llamas del incendio de las chozas de la aldea, y que aún no se sienten intimidadas ni por las llamas ni por los formidables guerreros recién llegados, rodeando a Velissa, mientrasse escuchan sonidos guturales y movimiento entre la maleza; se trata de más demoniacos Alukkus, contemplando a la solitaria muchacha, y preparándose para atacarla, mientras se empujan unos a otros.
Las criaturas saltan y corren en manada ferozmente para atacarla. Ella, sorprendentemente revitalizada, se prepara para vender cara su vida. Issar, el comandante de los Devenators, que se había desviado en solitario hacia la arboleda de frutales, allende al bosque, ve una figura femenina combatiendo denodadamente, que le llama la atención, es Velissa.
El sublime y bien armado guerrero que es Issar, pelea con elegancia y facilidad contra las estúpidas y feroces bestias.Aniquila a las criaturas con su espada y con su extraña arma de rayos eléctricos, que paralizan a las sanguinarias bestias, y les hacen temblar y rugir cuando son alcanzadas por ellas, quedando electrocutadas sobre el suelo, desmayadas. Mientras pelea, Issar observa también detenidamente a la joven aldeana, la niña solitaria, la cual se defiende de forma magnífica de los ataques de las bestiales criaturas, con la lanza de Racel, como si esta fuera un simple bastón, mostrando habilidades sobresalientes para su frágil y esbelto cuerpo, pero poco a poco, denota que se está agotando, y más criaturas le atacan con saña. Es entonces que el imponente guerrero decide acudir en donde la niña se bate desesperada, para rescatarla de las inmundas criaturas agresoras. En ese mismo momento, un gigantesco Alukku, el más grande de la manada atacante, sin duda un macho alfa, que sobre sale medio cuerpo de los árboles frutales mientras avanza hacia Issar. Cuando llega frente al guerrero, se yergue, alzándose en toda su envergadura, y aunque Issar esté montando un magnífico corcel de batalla, la cabeza del jinete queda apenas a la altura del vientre de la gigantesca y oscura bestia. El eficiente y experimentado combatiente, con una mano, blande su espada, apuñalando a la bestia y derramando sus tripas sobre las hojarascas del húmedo suelo. Al mismo tiempo y sin dudar, con su otra mano, activa su arma electrificadora, sobre la misma piel del gigantesco animal. Mientras el enorme bruto tiembla y se lamenta estruendosamente, un fuerte olor a pelo chamuscado invade el ambiente, espantando al noble corcel del guerrero, que caracolea nervioso. El Alukku herido, se dirige en su huida, ciega y directamente, hacia la estupefacta y paralizada doncella. Issar envaina su espada, gira su caballo, apuntando con su arma de pólvora al Alukku, que corre sin control, y parece que arrollará a la joven en su desesperada y agónica huida. Pero antes que esto suceda, suena un gran estruendo, es entonces que la enorme y espantosa bestia es alcanzada y destrozada, quedando con el pecho abierto por la salida del proyectil que le ha impactado por su espalda, desplomándose oportunamente, a los pies de la niña. Issar guía su corcel hacia la joven, y tomándola de la cintura, la alza sobre su cabalgadura.
-Gracias gran señor, – musitaba aun trémula la pequeña Velissa, – por golpear por mí, con la voz del trueno a esa bestia que me atacaba…
-El sonido solo es parte del proceso de la explosión de la pólvora niña. – Explicó pacientemente Issar. -El Alukku cayó herido por un proyectil, pero es un arma muy lenta de volver a cargar, alejémonos del bosque. ¿Qué hacías sola ante tanto peligro allí?
-Mi nombre es Velissa, soy huérfana. - Respondió la joven dama, - tuve un presentimiento, vi en mi mente a la aldea en llamas, por eso me aparté de las viviendas con techumbre de paja...
Issar levantó una ceja al escuchar la explicación de la muchacha, y un pensamiento cruzó por su mente.
- Tiene la intuición de un guerrero Devenator. -Pensó Issar. -
El combate continuaba alrededor de ellos, gritos y amenazas mezclados con aullidos agónicos y desgarradores estertores se escuchaban por doquier. Issar era uno de los guerreros Devenators, y no solo uno más, era el capitán de esta avanzada fronteriza de cincuenta combatientes, y tenía además una historia personal muy particular para ser un guerrero Devenator, pues a pesar que tenía limpieza de sangre, probada en sus dieciséis bisabuelos Devenators, y su piel era púrpura, producto de su continua permanencia por generaciones en la Ciudad Divina, su familia no había mostrado históricamente una disposición natural a la guerra, sino más bien, una inclinación más ligada a la instrucción.
Issar era hijo del llamado, Ayo del Rey, Jaissar Kelav.Este se destacó por sus actos, ante la familia real, y ante el mismísimo Emperador Madnus, el Amo de Zácralum, llegando por sus méritos, a formar parte de la Guardia Imperial, y finalmente ser nombrado Gran Maestre de la Guardia. Jaissar tenía un profundo y sincero afecto por sus estudiantes, salvando incluso a la princesa Madiel, la hija favorita del Emperador Madnus, de una gran enfermedad, que sólo podía ser curada con una extraña planta que se encontraba más allá de los límites del imperio Zácralum, cruzando los valles infestados de los terroríficos Alukkus orientales, en el centro del Imperio rival Usirix, la Nación Roja. El padre de Issar se aventuró sin compañía y se enfrentó a todas las adversidades, hasta que encontró la extraña planta, en el corazón del Imperio Rojo, los enemigos jurados de Zácralum, en los territorios de los fanáticos religiosos del Círculo del Quetzal, su facción más exaltada y acérrima enemiga de Zácralum. Sin embargo, contra todo pronóstico, Jaissar, regresó con la hierba medicinal requerida, salvando a su estudiante, la princesa Madiel. Fue gracias a este logro, que ganó gran reputación y también la promoción para ser, no solo un guardia imperial más, sino su Gran Maestre, es decir, el que preside las ceremonias y ritos de iniciación de los nuevos Devenators, los jóvenes elegidos para ser parte de la Guardia Imperial, la flor y nata guerrera de Zácralum. Sin embargo, Jaissar, se consideraba a sí mismo más un erudito que un aventurero y solía decir a sus allegados de confianza.
-Salvé a mi estudiante Madiel, a quien aprecio tiernamente. – Solía comentar con su afable voz de barítono gastada, - pero jamás pensé en que además era una princesa, y de entre ellas, la hija favorita del emperador… de ello solo me percaté y fui consciente de la real dimensión de mis actos, cuando ya me envolvía la capa dorada y púrpura de la Guardia Imperial.
Por su mesura y prudencia en el trato y desinterés y bonhomía, en sus actos, Jaissar, el padre de Issar, era una leyenda viviente entre la Guardia Imperial, y en general, entre todos los Devenators, que se caracterizaban por ser ambiciosos y calculadores, sobre todo si alcanzaban puestos de preminencia. Por ello, todos lamentaban su muerte a manos de los Rebeldes Rojos de Usirix, los seguidores del Círculo del Quetzal, y este lamentable hecho, forjó en Issar, un odio inconmensurable hacia esta facción del imperio enemigo de Zácralum.
Issar, el efectivo guerrero, al igual que sus compañeros, pelea y vence a las criaturas cercanas con sus grandiosas armas, salvando a la niña Velissa, y a los demás aldeanos Erdons. Los demás guerreros también han aniquilado a la mayoría de los bestiales Alukkus atacantes, y las restantes brutales alimañas huyen apaleadas o heridas hacia el siniestro y pavoroso bosque. Mientras algunos aldeanos plañideramente se lamentan por sus familiares caídos o sus viviendas perdidas, otros se acercan lastimosa y humildemente a agradecer a los formidables y nobles salvadores, tocando con su frente, los colgantes pies de los guerreros en sus estribos. Los Devenators, en su generalidad, ni siquiera les miran, sino que simulan vigilar el horizonte, para disimular su profundo desdén.Solo los más jóvenes, como Jivan, tocan distraídamente a las inclinadas cabezas en señal de aprobación por el homenaje recibido.
Issar decide romper con el incómodo momento dando instrucciones a sus hombres.
- ¡Terminad de quemar esta aldea en ruinas! ¡Quemad todas las casas y graneros! –gritó Issar, poniéndose de pie sobre sus estribos, luego de ayudar a Velissa a descabalgar, -haremos política de tierra quemada para esos bestiales Alukkus y sus pérfidos aliados los Felgors… que esas abominaciones, no encuentren un grano de cereal, ni una brizna de paja, cuando llegue el invierno en este yermo lugar… que esta desolada frontera sea su tumba… si es necesario quemaremos todas las granjas a la redonda, nada debe proporcionar alimento a las bestias… pero antes, nuestro código de Devenators, la casta bendecida, nos exige hacer justicia… mientras una doncella huérfana corría peligro, los hombres de esta aldea se escondían miserablemente… ¿Quiénes son los tutores de Velissa, esta pequeña y valiente huérfana?
Issar señaló con su brazo a Velissa. Un tambaleante aldeano “Erdon” se adelantó. Era Han, su cuñado, Odo, estaba herido, no por los Alukkus, sino por el estallido de las armas que Neodim, el alquimista, había hecho detonar sobre los techos de paja de las chozas de la aldea, con el fin de espantar a los Alukkus y dar visibilidad a los Devenators en su ataque fulminante.
-Yo fui su vecino y protector desde que su madre falleció víctima de los Alukkus y Felgors. - Comentó Han con voz trémula, mientras tocaba inconscientemente sus heridas y quemaduras, - anoche justamente le reprochaba a mi cuñado que no fuéramos a rescatarla como corresponde a personas honorables… pero no sabíamos porque se había alejado sola del poblado, y los Alukkus atacaban por todos lados… si no fuese por vuestra proverbial llegada, benditos salvadores… ¡todos nosotros hubiésemos perecido!
-¿Conoces el lema de los Devenators? – Interrumpió soezmente Edelfar, el magnífico y fornido guerrero Devenator.
-Claro, “Orden e Imperio.”- Respondió estremeciéndose el avergonzado Erdon, que ya intuía su destino.Todos los Devenators presente rieron con sorna.
-¡Todos los ignorantes piensan lo mismo! – Dijo Jivan, - lo escuchan en el Himno de los Cazadores y lo repiten como monos… si supieran…
-¡Silencio Jivan! – Le interrumpió abruptamente Razag, el prudente Devenator, y mejor amigo de Issar, un soldado alto, de corpulencia media y atlética, facciones varoniles y mirada noble, que luego agregó conciliadoramente. - No aludas los secretos de la Guardia en público…
Los jóvenes Devenators, hacían alusión al lema secreto de su Orden, “Si Dios está en todas partes, entonces no está en ningún lado, si todos somos importantes, entonces nadie realmente lo es. “El cual les fue enseñado, al momento de su admisión en la Guardia, mientras escupían a la estrella de ocho puntas, y pisaban a la misma figura en el suelo.
-Sucio “Erdon”, ¿Conoces el himno de Caza de los Devenators? – Interpeló Jivan, el joven y apuesto Devenator, con una media sonrisa en su rostro, al apesadumbrado tutor de Velissa.
-Por supuesto… - Balbuceó Han, el “Erdon” apenas audiblemente. -¿Quién no la ha cantado reiteradamente en vuestro honor? ¿cuántas veces la he cantado para enseñársela a mis hijos e hijas…?
-¡Cántala entonces ahora con todas tus fuerzas en nuestro honor! -Le expresó Jivan bruscamente.
El “Erdon” miró asustado y temeroso hacia todas las direcciones, buscando apoyo entre sus vecinos, o piedad entre los jinetes, y sus ojos se detuvieron en los de Velissa, que le devolvió la mirada con absoluta frialdad. Supo que debía comenzar a cantar… nerviosamente carraspeó y entonó con muchos esfuerzos, pero curiosamente, con armoniosa voz:
-“Orden e Imperio, es nuestro lema,
Las leyes sacras son nuestro honor,
La gloria sea para la Eterna Zácralum,
¡Buena caza, Devenator!…
Si el Alukku acecha la paz de las familias de Zácralum,
¡Que el inocente no tenga temor!
¡Ahí va sin miedo, el valiente cazador!
¡Tiemblen cobardes y sucios Felgors!
Vuestra Estrella de Ocho puntas, son el emblema del protector,
Mientras el pueblo goza de bienestar, el Devenator lucha sin vacilar,
Vive sin preocuparte, virginal doncella amada,
Que hasta los oscuros Núrgals, temen a los nobles cazadores,
Vive tranquila hermosa mujer, que por ti luchan sin tregua,
Los valientes y apuestos, Devenators…”
La idea de Jivan, era interrumpir la canción en el momento justo… pero la bella y armoniosa interpretación había emocionado y sobrecogido a todos los presentes, pese a las duras y crueles circunstancias. Pero reconocer que el “Erdon” tenía buena voz, y que este le había robado protagonismo, inquietó profundamente al joven Devenator, y cuando cruzó su mirada con Velissa, que le observaba expectante, reaccionó rápidamente.
-¿Qué sacas con cantar bellamente, si no practicas lo que cantas? - Le expresó con rudeza al aldeano “Erdon”, atropellándole con su cabalgadura, mientras le recriminaba gritándole. - ¡Eres un embaucador! ¡Un encantador de doncellas! … ¡Debiste luchar contra los Alukkus! ¡Defender a la doncella en peligro! ¡Así se gana el corazón de una mujer! ¡Peleando por ella! ¡No escondiéndose del peligro! ¡Cobarde! ¡Eres igual como tus antepasados que huyeron del campo de la Batalla de los Dioses!
Quizás el acobardado y afinado “Erdon”, hubiese querido o intentado responder, que sus antepasados no huyeron del Campo de la Primera Gran Coalición, porque nunca llegaron… Pero Jivan, ya había levantado su brazo, empuñando su arma de descargas eléctricas, y le había disparado. Han, cayó al suelo sin sentido, y perdió el control sobre sus esfínteres, quedando boca bajo en el húmedo suelo, tendido sobre sus propios orines y cubierto por sus propias fecas.
-Átenlo. - Ordenó Issar calmada e inexpresivamente. -Este cantor pasará una semana en el cepo, en las celdas del Krak de los Cazadores. Llevaremos a todos los sobrevivientes de esta aldea, al Krak, allí le designaremos tierras para que se les distribuya como siervos de la gleba. Excepto la doncella Velissa, ella parece ser especial, necesito realizar unas pruebas con ella…
-¿No es muy joven para ti? -Se atrevió a bromear el Devenator llamado Razag, pues se consideraba el mejor amigo de Issar, y de allí su confianza, sin embargo, el sentimiento era mutuo entre ambos guerreros. – Si se enterara cierta emperatriz de Usirix, llamada Alessia…
-¡Calla boca! -Respondió con una sonrisa Issar de buen humor. -No todo en este mundo se trata de faldas como tú crees…
-Es para educarla - Refunfuñó Edelfar. - Issar sabe ganar batallas, pero no guerras… no sabe porque realmente pelea un guerrero Devenator, en el fondo, siempre piensa como un simple profesor…
Issar, iba a responder con evidente disgusto, pues entendió que Edelfar se burlaba de la memoria de su padre, que, de docente fue transferido por méritos a la Guardia Imperial, y no era miembro de la guardia por herencia milenaria como la mayoría de los demás Devenators que ocupaban ese puesto.
-Solo un bruto de escasa altura de miras como tú, Edelfar, – intervino oportunamenteNeodim, un Devenator de mayor edad que la mayoría de los allí presente, de profesión alquimista, que también era llamado el Brujo, y que consideraba que formaba parte de la comitiva más como un agregado científico que como un guerrero, – puede pensar que la docencia es una actividad simple, claramente es la más importante de todas las profesiones, recuerda que todos nos inclinamos ante el emperador, menos los maestros.
Edelfar acusó el golpe, y no respondió. Pese a ser reconocido como quizás el más feroz y efectivo Devenator en combate, si se exceptuaba a Bralak el invencible, Edelfar, tenía varios problemas en su autopercepción, pese a tener su sangre limpia en más de cuarenta generaciones y ser uno de los guerreros más corpulentos con una muy alta estatura, Edelfar tiene el complejo de siempre querer estar por encima de todos en todo, teniendo fuertes frustraciones al no lograrlo, por lo que, al no ser el más alto de los Devenators allí presentes, como él creía merecer clara y vistosamente, lo llevaba a usar siempre zapatos con plataformas para que le ayudaran a despuntar y sobresalir, provocando las bromas y burlas de sus compañeros. Este era su problema y principal cuita. Devenators como Racel, Jivan, entre otros, eran notoriamente más altos que él, incluso Razag lo sobrepasaba ligeramente; y aunque Edelfar fuera mucho más fornido que casi todos, la diferencia de estatura era algo que no soportaba. Su otra debilidad, era que, pese a que siempre lo negaba, Edelfar tuviera unas incomprensibles inclinaciones artísticas, y fuera un triste y desafortunado aficionado al canto, y que, para su desgracia, lo de armonizar voces, no era lo que mejor se le daba, y para colmo, este último secreto suyo, era por todos también conocido.
¡A ver si alguien soluciona este problema! – Gritó Racel, pasando en su brioso caballo gris por delante de todos. Racel, el hermano de Razag, era el Devenator considerado como el mejor con el arco y flecha, además era el Devenator más alto, esvelto y ágil, por todo esto, era conocido como el halcón letal. – Ese simple “Erdon”, cantó el himno de los Cazadores mejor que muchos de los Devenators aquí presentes y tranquilamente puede que sea más alto que alguno de ellos…
Todos los jinetes rieron estruendosamente, codeándose entre ellos, mientras Racel se alejaba con sus ojos verdes, como de gato, brillándole entre los mechones cenicientos y lisos que caían sobre su frente y con su mirada clavada en Edelfar, mientras una sonrisa burlona se asomaba en su rostro.
Edelfar suspiró sobre su caballo, totalmente incómodo y chasqueado, el ingenio no era su fuerte, no había podido responder a Neodim, porque éste citó en su perorata a el Emperador, y el código de los Devenators impiden contradecir una frase en que se mencione la autoridad imperial. Y la broma de Racel era una clara provocación a él… pero sin nombrarlo… y allí radicaba su genialidad… si él se mostraba ofendido y cortaba en dos al impertinente joven en frente de todos, que ganas no le faltaban, no tendría como demostrar que había sido injuriado, y aunque no temiese al castigo, así le fuera en ello la vida, sí le horrorizaba el ser denigrado de su rango como Guardia Imperial, título milenario en su familia. El Código de los Devenators era muy severo en cuanto a la disciplina en combate, y sobre todo contra quien osase atacar con armas a un compañero durante una campaña.
-Basta de pullas. – Intervino Issar, consiente de su papel y obligaciones de líder, -concentrémonos en evacuar esta aldea… no creo que los Alukkus regresen, ya está amaneciendo… y creo que la banda de Felgors que perseguíamos, ya deben haber huido lejos… pero tanto alboroto puede atraer a una horda de jinetes Hurdos, y ustedes saben que las cabalgaduras de esos rostros amarillos, son más rápidas que las nuestras, que ya están de por sí cansadas… y solo tenemos a Racel para competir con sus arcos compuestos curvos. Si es una horda numerosa, podría darnos problemas…
-¡Yo no temo a los problemas! – Rugió Edelfar, feliz de volver a pisar su terreno favorito, las baladronadas. - ¡Ni necesito de estrategias ni artimañas explosivas para degollar Hurdos, Felgors o Alukkus…!
-Por eso no serás nunca capitán, como Issar. – Le musitó en su hombro Razag. -No todo es degollar…
-¡Ni tampoco faldas! – Rio celebrándose a sí mismo Edelfar, por lo que consideró una excelente broma, algo que hasta él mismo podría reconocer, no era muy común ni propio en él. - ¡Issar te lo acaba de decir!
La carcajada con que acompañó estas palabras Edelfar, fue tan sincera y ruidosa, que terminó contagiando a todos, y aliviando la tensión existente, propia de los momentos posteriores a un combate.
Como quien arrea ganado, los jinetes comenzaron a empujar y a rodear a los pobladores, instándoles a marchar. Jivan se adelantó presuroso a todos, y espoleando a su caballo, tomó a Velissa por la cintura, la acomodó delante de su montura, y la rodeo con sus fuertes brazos.
-Permítame protegerla y transportarla gentil dama. – Le dijo mientras sus ojos azules se clavaban en los ojos de la doncella, que, abrumada por la atención, no atinaba a decir, “esta boca es mía”. Avergonzada bajo sus párpados, pues no pudo sostener la mirada del fornido y apuesto rubio joven, de cabellos como el trigo en verano, que la desnudaba con los ojos, y que sin palabras le decía cuanto la deseaba.
Consientes que encontrarse cincuenta caballeros Devenators, acompañado por campesinos heridos, mujeres y niños, contra una horda de Jinetes Hurdos, que nunca bajan de al menos dos mil jinetes, sería motivo de una carnicería, es la razón y fundamento, por lo que deciden escapar y salir raudos del lugar.
Los guerreros enfilan hacia el Krak de los Cazadores, un enorme Castillo Fortaleza, que había sido un antiguo monasterio, perteneciente antiguamente a una Orden Religiosa llamada los Caballeros Triangulares de Hacatl, siendo Hacatl una deidad Ángal al que todo el imperio Zácralum rinde tributo, y cuya Fe en él, es sumamente fuerte.
Cuando logran visualizar las almenas del enorme castillo, Issar ordena, disminuir el ritmo, al parecer ya están todos a salvo. Mientras cabalga a su alrededor el guerrero líder se presenta ante los refugiados, como Issar, el Devenator. Era un hombre fuerte, en la plenitud de la edad, de cabellos negros y ondulados, que ataba con un simple cordón, de barba oscura, de ojos color miel, y nariz recta. Su piel púrpura, no lograba ocultar una extraña palidez en su noble rostro, que ni siquiera su poblada negra barba, podía tampoco disimular. Así como también era notoria la melancolía permanente y una profunda tristeza en su mirada.
-Antes de irse, los Ángals, nuestros bondadosos dioses, - inició Issar su discurso, a viva voz, dirigiéndose a los refugiados mientras estos caminaban indiferentes e inexpresivamente, en una lenta y agotadora procesión hacia su destino, - prepararon una institución, cuyos miembros serían la autoridad y guía de la humanidad, sus protectores y defensores. Los Devenators, los Cazadores de Demonios. Ustedes tendrán la fortuna y suerte de ser siervos de la gleba de los Devenators del Krak. Trabajarán la tierra, sembrarán y cosecharán tranquilamente, a cambio de ello, nosotros velaremos por ustedes.
-Gracias poderoso y gran señor. – Musitaron a coro, los cansados refugiados, sabiendo que eran estas palabras las que esperaba de ellos, su venerable benefactor. La anciana más cercana a Issar, extendió su mano, y tocó su pie, en señal de sumisión.
-Los Devenators más puros y nobles, están en la realeza. – Continúo explicándoles pacientemente Issar a los desvalidos y vulnerables campesinos, - y dedican sus esfuerzos, en la alta política y la economía global, liderando a si mismo cada rubro importante, como la arquitectura, el arte, la medicina, el comercio. Y los Devenators más fuertes y valientes, somos enviados a la milicia, a mantener el orden y seguridad dentro de las fronteras de nuestro Imperio, y de ser posible a conquistar y someter nuevos territorios, para que más ciudadanos del mundo, se beneficien de nuestra sagrada misión de protegerles y cuidarles. ¿Entendéis?
-Si poderoso y benigno Señor, - clamaron varias voces cansadas, mientras otros agitaban dificultosamente sus cabezas en forma afirmativa.
-Los Ángals dejaron muy en claro, que los Devenators hemos sido bendecidos por ellos para tener habilidades físicas y mentales superiores al humano promedio, - continuó Issar exponiendo a su cautiva y pasiva audiencia ambulante, la historia de su casta, - para poder así llevar a cabo estas importantes tareas, proteger y dirigir, somos más fuertes, más hermosos, más sabios, más inteligentes que el común de los habitantes de este mundo.
Ahí Issar se detuvo incómodo… le correspondía por su cargo, realizar este ritual de explicar las razones y motivos del Imperio Zácralum, pero solo la mirada anhelante de Edelfar, al que le encantaba escuchar una y otra vez la saga de los Devenators, lo motivó a seguir exponiendo a los refugiados, porque y como deberían ser buenos siervos de la gleba, y trabajar para ellos, es decir, ser desde mañana, esclavos afectos a una heredad, a una porción de tierra, de la cual, no se desligarían de ella al cambiar ésta de dueño, pues los terrenos, estaban distribuidos como propiedad entre los guerreros Devenators, mientras estos estuvieran de servicio en la región, y al irse, generalmente de regreso a la Ciudad Divina de Zácralum, los terrenos cultivables y los siervos en esta, pasaban automáticamente a ser propiedad de otro guerrero Devenator.
-No es servidumbre, es esclavitud. - Recordó Issar a una joven y eufórica Alessia, a la bellísima y adorable Alessia de su juventud, que, en su etapa de rebeldía juvenil, solía protestar y criticar con vehemencia contra estas prácticas del estado de Zácralum. - No son expediciones de salvataje, son razias para saquear y capturar esclavos…
- Los Devenators de la milicia. – Prosiguió Issar maquinalmente, luego de una breve pausa que no pasó desapercibida por quienes le escuchaban con atención, pues notoriamente hacia un gran esfuerzo para concentrarse y evadir los recuerdos, para así, no desviarse en su discurso, -somos de suma importancia, pues existimos para ser los protectores del imperio, así como los encargados de expandirlo, y llevar la buena nueva de las ideologías y enseñanzas de nuestros dioses, los beatíficos Ángals, a los desafortunados seres humanos, que no las conocen o que no las han aceptado para reglamentar y ordenar sus vidas.
Issar calló, visiblemente agotado y conmovido. Edelfar lo consideró claramente emocionado por el relato de las glorias de Zácralum y de los Devenators, pero la anciana campesina “Erdon”, que tocó su pie, y aun caminaba junto a su cabalgadura, lo presintió dubitativo y melancólico. Issar no había podido evitar evocar su sentimiento de profundo desacuerdo y malestar, cuando se le indicó, luego de pasar toda una noche en vela, como ritual de iniciación, para ingresar a la Guardia Imperial, debió pisar y escupir la sagrada estrella de ocho puntas, alarmado y sobrecogido, había girado su cabeza para ver como reaccionaban sus compañeros de arma, ante una petición tan herética, y entonces vio que Edelfar, por ejemplo, y varios más, lo habían realizado sin dudar ni vacilar. Issar, tenía tantas ganas de ingresar a la Orden, en la cual su padre era Gran Maestre, que también lo hizo, para su gran pesar, pese a todas sus aprensiones y temores.
Nacido en la capital de Zácralum, conocida como la Ciudad Divina, y también llamada Zácralum, al igual que el planeta errante, Issar era un guerrero Devenator. Por lo tanto, contaba con fuerza y habilidades físicas superiores a las del humano promedio. Era asombroso y eficiente en el combate. Pero solo era un guerrero Devenator común, no era el más fuerte ni el más hábil, si se le comparaba con otros de sus cofrades, pues le faltaba la frialdad e irreverencia por la vida ajena, típica de un guerrero Devenator. incluso entre los cincuenta presentes que comandaba en ese momento, había varios mucho más poderosos que él. Pero al igual que su padre, su rectitud y prudencia en el combate y su planeación, lo destacaban como un buen líder, y era querido y respetado por quienes le correspondía guiar y dirigir.
Desde niño, fue preparado para ser parte de la Guardia Imperial, la elite de la elite, lo mejor de lo mejor, los Devenators entre los Devenators, al servicio directo de la protección de la familia imperial, cargo y oportunidad que le había brindado y heredado su padre, en primera generación. Issar había iniciado su carrera como Devenator de la Guardia Imperial, desde lo más alto, desde muy temprana edad, gracias a su padre. Entre los orgullosos Devenators de la Guardia, herederos por decenas de generaciones del cargo, éste era una mancha en su hoja de vida, imposible de borrar.
Issar era consciente, de que se murmuraba en Zácralum, que durante la búsqueda de la planta medicinal para curar a la princesa Madiel, en el corazón del territorio de Usirix, su padre había sido prisionero de los fanáticos religiosos, pertenecientes al Círculo del Quetzal, y que estos le habían liberado, solo ante la promesa de introducir en la Guardia Imperial de Devenators, en lo mejor de lo mejor de Zácralum, una práctica herética que corrompiera a la juventud más bella y granada del odiado imperio rival. Estos rumores habían cobrado mucha fuerza cuando Issar era niño, pero luego se habían diluido ante la ejemplar vida y conducta de Jaissar.
Como el padre de Issar nunca dejó de lado totalmente su gusto por la docencia, Issar tuvo la suerte de criarse entre la realeza, contando incluso con la amistad de la princesa Madiel, la hija regalona del Emperador, al que su padre había salvado. Y así fue como Issar estaba presente cuando llegó al palacio imperial, la princesa más bella y rebelde que hubiera existido, Alessia Sular, proveniente del Reino de Zajaxis, que también acudía, para ser discípula de Jaissar.Issar y Alessia se enamoraron tiernamente, y tuvieron una relación secreta en su adolescencia, fueron el primer y furtivo amor juvenil de ambos, e intercambiaban besos furtivos, entre los cortinajes del palacio y apasionadas e ingenuas cartas, entre las flores de los jardines imperiales.
Siempre bajo la mirada envidiosa y lasciva de Rhuyn Silmansur, el hijo cautivo en Zácralum, del fallecido y derrotado Emperador Zygnu de Usirix, que había sido llevado como rehén y para ser educado en la fe de Hacatl y los Ángals, a la Ciudad Divina de Zácralum; y también como prenda y garantía de paz, por lo que con cualquier rumor de disturbio en las fronteras con Usirix, su vida siempre pendía de un hilo, y muchas veces era recluido y encarcelado por meses. Para los demás jóvenes del palacio, Rhuyn, era percibido como un joven taciturno y desagradable. Muchas de las burlas que recibía de los demás se debían al rojo color de su piel. Más su joven y enérgico corazón, era leal y decidido, y en Alessia Sular de Zajaxis, había encontrado su dueña y señora.
Pronto, y para sorpresa de Issar, la bella y rebelde Alessia, se transformó paulatinamente, en una responsable y seria diplomática del Imperio de Zácralum, que terminó final e impensadamente, como emperatriz de Usirix, y esposa del ahora, Emperador Rhuyn, una unión convenida, aparentemente para incitar la paz entre ambos imperios. Issar, motivado por su pasión juvenil, y en busca de una explicación, logró ser incorporado, en consideración a su padre, como Guardia personal de Alessia, en Atzatlán, Ciudad Capital del Imperio Usirix, pero fue destituido de su puesto como guardaespaldas de Alessia, debido a las sospechas de Daneb, un Centinela Celestial de Usirix, que propagó calumnias, de una supuesta relación adúltera de Issar con Alessia.
El Emperador de Zácralum, se enfureció con Issar por lo sucedido, primero, por atreverse a considerarse digno de una princesa Devenator, cuya sangre limpia, contaba solo con príncipes y reyes en sus dieciséis bisabuelos. Segundo, por haber traicionado su confianza, y tercero, y por sobre todo, por haber propiciado dudas sobre la fidelidad de la esposa, y la legitimidad de los herederos, del ahora irascible y ególatra soberano de Usirix, Rhuyn,el “Títere”, que era como estaba siendo llamado por sus súbditos rebeldes, que no lo aceptaban totalmente como su soberano, por haber sido impuesto como emperador por Zácralum, y por haber tomado como esposa a Alessia, a una princesa extranjera, una costumbre ajena a la tradición de los gobernantes de Usirix, pues sus soberanos solían casarse con sus hermanas, para mantener la pureza del linaje.
Así, expulsado de Usirix, al llegar a Zácralum, Issar no fue para nada bienvenido, y si no es por la intercesión de la princesa Madiel, seguramente hubiese sido ejecutado.
-¿Ya olvidaste padre, lo que el Ayo Jaissar hizo por mí? – suplicó la princesa, - ¡Destierra a su hijo a la más peligrosa de sus fronteras, pero no hagas caer su sangre sobre nosotros!
Fue de este modo que Issar compareció como castigo en el reino de los Erdons, en la frontera Noroeste del Imperio Zácralum, donde tomó el liderazgo de una compañía, conformada casi en su totalidad por sus amistades, quienes lealmente le siguieron a su destierro. Y era por ello, el motivo que tan alto nivel de distinguidos buenos guerreros, estuvieran destinados a tan miserable y pobre territorio.
Issar se culpaba y se sentía muy frustrado, pues no había logrado estar a la altura de ser un gran guardia imperial como lo había sido su padre, y le molestaba de sobremanera que este hubiera muerto en Usirix, al reemplazarle como Guardia personal de Alessia, abandonando su alto cargo de Gran Maestre en Zácralum, y que lo último que Jaissar supiera de su hijo, era que este había sido degradado y enviado al último y más lúgubre extremo del Imperio de Zácralum.Al parecer, ser guardaespaldas, no es un puesto que Issar desempeñara a la perfección, debido a su naturaleza pasional, así que el fantasma de la grandeza y méritos logrados por su padre como guardia imperial y el gran honor y respeto que este implica, le perseguían y le atormentaban.Pero en “Erdons”, Issar ha demostrado ser sobresaliente liderando a su patrulla, cazando a los bestiales Alukkus y diezmando a los antropófagos y sanguinarios Felgors, y todo indica que disfruta mucho más rescatando a pueblos de los ataques de estas bestias mutantes y feroces; que, enfrentando a las intrigas y calumnias, venenos y puñales de las cortes imperiales.
Issar ha estado obsesionado desde niño con la figura de su padre, primero con eléxito por este logrado, y luego por la culpa que ha sentido, de ser la causa indirecta de su muerte en Usirix. Issar siempre necesitó de la aprobación explícita de Jaissar, y este, se la brindó en vida siempre, pero Issar en sus malas decisiones y acciones, sentía que acababa derrumbando y arruinando la confianza de su padre, sobre todo, al haber abandonado Zácralum y a la Guardia Imperial, para seguir a Alessia a Usirix como guardaespaldas, sin más consejo que la proporcionada por el consumo excesivo de hidromiel. Ahora que su padre está muerto, Issar no encuentra paz ni armonía en su interior.
-No hay forma de mitigar lo funesto de esta noticia y lo ingrato de mi misión – Así había comenzado diciendo, Daneb, el Centinela Celestial de Usirix, a Issar en Zácralum, poco antes de que este saliese hacia su destierro al reino de Erdons, y en cada silaba, sonaba su típico acento formal y frio, en el que siempre parecía subyacer un dejo de burla e ironía. – Tu padre, el que fuera Gran Maestre de la Guardia Imperial de Zácralum, el Ayo del Rey, Jaissar Kelav, ha muerto. Resbaló al asomarse para contemplar el interior de la Puerta de Infierno, el Pozo de Fuego del Desierto de Karakum, que lleva siglos ardiendo, y que tu padre anhelaba conocer y visitar desde que había llegado a Usirix… Nos fue imposible recuperar su cuerpo… lo lamentamos y nos unimos a tu dolor.
Issar quedó inmóvil por un largo momento… Luego estalló y se abalanzó sobre el guerrero de Usirix, cuyo rojo rostro permanecía impávido.
-¡Mientes! – Aulló Issar, lanzándose al cuello del emisario extranjero. -¡Mientes! ¡Tú fuiste quien asesinó a mi padre!…
-¡Te equivocas Devenator! – Se defendió Daneb, intentando zafarse y escapar de las fuertes manos que le estrangulaban, impidiéndole respirar y hablar normalmente -¡Yo ni siquiera estaba allí! …De ser como me acusas… ¿Por qué vendría hasta aquí, a exponerme enfrente tuyo?
-¡No alcanzo a entender toda tu inquina y veleidades! – Le gritó en la cara Issar a Daneb, quedando ambos cara a cara, y perdiéndose en los negros y fascinantes ojos de Daneb, que a nadie dejaban impertérrito… -¡Vete de aquí!
Issar lanzó lejos al Centinela Celestial, recordando su calidad de embajador intocable… Este se levantó, alisó sus ropajes con sus manos, y dijo.
-Más dolores hemos de compartir Issar, – su voz sonó lúgubre y funesta, - antes del final de tanta comedia. No eres de mi agrado, pero yo no te deseo el mal que tú anhelas para mí.
-¡Vete de una vez! – Bramó enfurecido Issar. – Ustedes siempre buscan confundir la verdadera justicia con insana venganza… pero yo tarde o temprano tendré a ambas de mi lado…
Daneb, hizo un círculo en el aire, con su roja mano derecha, y se retiró. Era la señal que Issar necesitaba. Daneb había realizado el símbolo de los rebeldes de Usirix, la invocación simbólica de los miembros del Círculo del Quetzal. No era entonces leal a Rhuyn, o ninguno de ellos eran leales a Zácralum.
-¡Dame fuerzas Hacatl…! – musitó Issar apoyado contra una pared, a punto de desmayarse. - Padre mío, te prometo que algún día tendré pruebas de su traición… y les haré pagar… ¡Lo juro! por la Serpiente Emplumada…
Así fue que Issar, el Devenator, el hijo del Ayo del Rey, el amor juvenil de la Emperatriz Alessia,marchó con sus amigos al Krak de los Cazadores en el Reino de Erdons, a cumplir la misión encomendada a los Guardias Fronterizos,de mantener la paz y el orden entre los siervos de la gleba de los pueblos y defender las fronteras de los ataques de los Alukkus, las bestias mutantes creadas por los Núrgals, o de enemigos nómadas, como las tribus de los crueles y aborrecibles Felgors, los sin patria, los devoradores de cadáveres de fría y lívida piel azul, o de impedir y detener en lo posible, las incursiones de las Hordas de los jinetes Hurdos, el laborioso, pero belicoso pueblo de gente amarilla, que solían asolar los territorios del imperio de Zácralum como plagas de langostas. Estas tareas, las cumplía Issar y su compañía a cabalidad.
Issar también se le dio la misión de entrenar a jóvenes soldados y futuros Devenators, que pudieran surgir en el reino de los Erdons, producto de que antiguos Devenators, hubiesen copulado con mujeres nativas. Pese a estar prohibido nominalmente, tácitamente, era la regla menos cumplida por los guerreros de Zácralum. El Castillo y Fortaleza, llamado el Krak de los Cazadores, era una especie de antiguo monasterio que servía como base Devenator, en la frontera del reino de los Erdons, y que Issar estaba haciendo funcionar también como campo de entrenamiento y aprendizajes bélicos.
-No lo puede evitar. – Solía comentar Edelfar con profunda extrañeza. - Siempre se los he dicho, aunque ustedes se molesten conmigo, en el fondo, Issar es un profesor… un gran profesor. – Se apresuró a agregar, dirigiendo una beatifica sonrisa a Neodim, quien le asiente con complacencia.
Neodim Sugmar, el llamado brujo alquimista, es otro que no ve al Krak de los Cazadores solo como una fortaleza más, para él, es un gran y fantástico laboratorio para experimentar e investigar todo. Pues ha encontrado maravillas que analizar y grandiosos recursos con las cuales experimentar. Neodim viene de una antigua familia de alquimistas del imperio Zácralum, si se le puede creer a sus cuentas, cien generaciones de científicos, originarios de Zititlán, un reino también al norte del imperio Zácralum. Sin embargo, para sus compañeros, y sobre todo para los siervos y campesinos, es un poderoso mago y hechicero del imperio de Zácralum, capaz se convocar a las llamas con estruendos gigantescos.
-Ser experto en explosivos. - Suele comentar entre risas Neodim. - Me he transformado aquí en “Erdons”, en un ser de un aurea mística y aterradora… ¡Neodim! ¡El Señor de la Pólvora y la Electricidad!
Neodim, es una mente brillante y sobresaliente al resto de la población e incluso se destacaba de ello entre todos los Devenators. Se dice que sus ancestros fueron manipulados genéticamente por los dioses Ángals para tener capacidades mentales superiores. Y aunque son originarios de la capital de Zácralum, sus antepasados fueron enviados a gobernar Zititlán, cuando esta fue anexada, y él nació y creció allí, y se percibe a sí mismo como un Zititlán, pero residía en la capital, la ciudad divina de Zácralum, cuando fue enviado por su familia, para ser discípulo de Jaissar el Justo. Allí trabó amistad con Issar, y llegado el momento, decidió acompañarle a su destierro a Erdons.
-Erdons no está tan lejos de Zititlán. -Dijo ampulosamente Neodim a Issar, cuando le comunicó su decisión. - Yo aún tengo mi piel violeta, y puedo parecer solo un lugareño entre los violáceos Erdons de ser necesario, este detalle nos podría ser de utilidad.
Se puede decir que Neodim es un científico, practicando química y física de forma primitiva, y tratando de redefinir lo que el vulgo llama magia. Se dedica con pasión a comprender y utilizar los llamados “Tesoros de los dioses”, reliquias incomprendidas, que generalmente se tratan de armas y herramientas que los dioses dejaron en el mundo, así como también dedica sus esfuerzos a descifrar los escritos de Ángals y Núrgals, que contienen asombrosos conocimientos del micro y macro universo.
Las explosiones, antes de un ataque de la Compañía de Devenators de Issar, son fruto de su inventiva. Y la idea es confundir y diezmar al enemigo, antes del ataque frontal tradicional.Neodim, no es un Devenator con grandes habilidades físicas, aunque siguen siendo superiores a las del humano común y corriente, pero es su asombrosa inteligencia, con la que logra ser un soldado útil e imprescindible para las misiones Devenators en las heladas fronteras del noreste. Es un hombre alto y delgado, de piel violeta, y poseedor de una mirada penetrante e hipnótica, en sus casi imposibles ojos de color violeta amatista.
Issar y sus Devenators, así como los refugiados aldeanos Erdons, arribaron por fin a las enormes puertas de hierro forjado de la Fortaleza del Krak de los Cazadores, una base Devenator al que Issar y compañía ahora llamaban hogar. Cuando los Devenators y refugiados llegaron a las puertas del Krak de los Cazadores, un visible consternado y nervioso joven les estaba esperando. Era Marses, el imberbe discípulo de Issar, que, para sorpresa de todos, había quedado designado por Issar, a cargo de la Fortaleza mientras durase su ausencia.
-Maestro Issar. - Saludó nerviosamente el joven discípulo de inciertos orígenes-, según algunos y para escándalo de muchos, posiblemente un Felgor. - Esperábamos vuestro regreso, no hay novedades en la Fortaleza.
- ¿Visitas? - inquirió Issar. - ¿Algún mensaje?
- El invencible Bralak acudió a la Fortaleza. - Respondió apresuradamente y balbuceando Marses. - Acompañado de sus embanderados, Gigan y Enor. Preguntaron por la Dama Rexina. Les respondí que la Dama Rexina solo abandonaba sus aposentos cuando usted estaba en la Fortaleza y nadie podía molestarle en su reclusión y meditación. Lo tomaron de muy mal humor y se alejaron cabalgando a galope tendido. Eso fue poco después de que usted saliera a realizar la vigilancia a la frontera.... poco después llegó el Caballero del Silencio, Dáigon, pero no ingresó a la Fortaleza. Sólo veló sus armas, aquí en las mismas puertas, pese a que le insistimos en que pernoctara en un lecho.
- ¿El hijo de la Dama Rexina estuvo aquí? - Replicó Issar desde su cabalgadura, repentinamente preocupado. - ¿Y ella no salió de sus aposentos a saludarle?
- No - respondió Marses - al parecer, eso esperaba el Caballero del Silencio, y al no ocurrir, se marchó al amanecer del día siguiente a su llegada.
- ¡Algo no está bien! - Exclamó Issar. - ¡Vamos Neodim!
La Dama Rexina, la hermana del Rey Lomart de Zajaxis, la Reclusa del Monasterio de la Orden Triangular del Quetzal para la Mayoría, y para los iniciados, la Guardiana del San Relic Hacasinis, no salía frecuentemente de sus habitaciones, menos en ausencia del Caballero a cargo de la Fortaleza. Sólo Issar tenía las llaves de sus aposentos.
Issar abrió la puerta y encontró el cuerpo asesinado de la Dama. Crueles puñaladas le habían quitado la vida y un nauseabundo olor infectaba la habitación. Neodim se acercó al cuerpo, visiblemente afectado y acongojado.
- Este cuerpo lleva mucho tiempo sin vida. - Explicó luego de un rápido e improvisado análisis forense. - Esto sucedió antes de nuestra salida y es claramente obra de un Devenator.... el tamaño de las heridas, denotan una fuerza descomunal...
- Cita a todos en el Salón del Krak. - Ordenó Issar claramente afectado y dolido, - esta noche debemos hablar como hermanos.... el mal ya está entre nosotros...
Hermanos Devenators, mi vida ha cambiado, muchos de nosotros aprendimos de las enseñanzas de mi padre, en la Ciudad Divina, pero ni él, me preparó para las revelaciones que hemos encontrado en los textos de la antigua Orden Triangular del Quetzal.... existe un mensaje encriptado en los restos mortuorios de Hacatl. Y estos han sido preservados para que enfrentemos los momentos difíciles que se nos avecinan. Se vienen tiempos de fuego y hambre hermanos. El asesinato de la Condesa Rexina fue para callar su voz. Ella era la guardiana de los misterios de la Antigua Orden. No estaba recluida en el Krak de los Cazadores... era su regenta y guardiana... y murió en manos de uno de los nuestros.... de eso no hay duda... un puñal artero ya se esconde entre nuestro grupo más íntimo. Y eso me duele hasta los tuétanos... mirar vuestros ojos y saber que uno de ustedes, eliminó nuestro pasaje más seguro hasta el San Relic Hacasinis.... el cáliz sagrado con los restos mortales de Hacatl... su sangre.... su mensaje para la humanidad... su legado.... pero quiero que sepa, el que haya hecho esto, que solo nos ha retrasado. Neodim conoce otros caminos. Serán más tortuosos. Pero encontraremos el mensaje del Ángal más piadoso. Y entonces, se hará justicia también para Rexina, la guardiana del San Relic Hacasinis.
Issar, en los días siguientes, trabajó instalando a todos los refugiados, designándoles los terrenos a cultivar y presentándoles sus propietarios Devenators.
Esta tarea era muy demandante y agotadora, a la vez que ingrata y desapacible. Los siervos de la gleba solían rápidamente comentarse, quienes eran los Amos menos exigentes y cuales los más estrictos. Y todos querían a los primeros y nadie a los segundos.
Issar citó a todos los Devenators en el salón principal del Krak, para comentarles este problema, e instar a todos a ser compasivos y caritativos.
-Issar, sabes que te admiro y respeto. – Bufaba impaciente Edelfar. -Abandoné Zácralum, la ciudad divina por seguirte a tu destierro… no te los estoy sacando en cara, solo establezco el hecho. Tú no sabes administrar. ¡Los siervos se tornan holgazanes e insolentes, si no les pones límites severos desde un comienzo!
-Edelfar… te considero mi amigo, y agradezco tu presencia aquí – Para su coleto, Issar, no pudo evitar pensar que quizás hubiese sido mejor que Edelfar no le hubiese seguido al destierro, - solo te pido, que los siervos asignados a tu cuidado, sean tratados con cariño y afecto…
-Pfff… ¿Estas bromeando? – “No soy un ayo”. Estuvo a punto de decir Edelfar, pero se arrepintió a tiempo. – Issar, entiéndeme, me crie en una hacienda con cientos, miles de siervos… sé qué pasó a mi familia, cuando relajó compasivamente las normas de exigencia en la productividad… no se cosechó ni la mitad de lo esperado… ¡Y te estoy hablando de las mejores tierras de Zácralum! ¡No de estas ciénagas y pedregales que hay aquí en Erdons!
-¡Edelfar! …Solo les estoy pidiendo a todos ser magnánimos y compasivos… ni siquiera te nombré específicamente… tú te sientes aludido…
-Issar, ¡Sé que lo dices por mí! ¡Sé lo que murmuran mis siervos y siervas! ¡Que soy cruel y abusivo! ¡Y sé que todos ustedes se hacen eco de esas murmuraciones! ¡Me acusan de malvado y tiránico! ¡Y esperan que yo lo festine con ustedes!
-Edelfar, amigo, te pido ante todos que te detengas…
-Issar. Puedes engañarte a ti y a cualquiera. Pero a mí no me engañas. Yo sé porque actúas así, por qué prefieres humillar a un compañero Devenator, por la opinión de unos miserables plebeyos... ¡Porque quieres ser el popular entre ellos! ¡Esa gentuza, esos intocabols, de verdad te importan!
-Tú no sabes nada de mí, Edelfar, no sabes nada de lo que yo sienta o me lastime... Yo sí sé todo sobre ti. Sé que actúas como un demente despiadado, porque en el fondo eres el más sensible y emotivo de todos nosotros.
-¡Cállate Issar! Detente tu ahora, o haré que te arrepientas…
-No Edelfar, digamos esta noche todas las verdades a la cara. Sé que insultas y que alejas a cualquiera que se te acerque, porque estás tan cansado como cualquiera de nosotros de estar destinados a pelear y combatir, sin nunca detenerte para recibir un trato amable o disfrutar de un cariño sincero de quien realmente nos importe.
-¡Te pedí que te calles Issar!
-Neodim me lo ha explicado, Edelfar, Neodim ha leído antiguos códices, conoce cómo y con qué propósito los dioses nos hicieron, y nos modificaron desde lo más profundo de nuestro ser, pero… nunca les importamos...
-¡Issar, basta! ¡Estás hablando herejías contra los dioses Ángals!
-No puede ser que estemos condenados y programados para actuar solo agresivamente… todos los aquí presentes somos iguales… pero sé que somos libres Edelfar… todos podemos ser libres… hermanos, vosotros que me seguisteis al frio y oscuro noreste: Yo construiré el camino de mi vida, no los Dioses ni los Demonios, yo. No creo en el determinismo de los dioses Ángals, hermanos, ni en la eterna excusa de las maldiciones de los Núrgals. El hombre debe ser el amo de su propio destino, no los dioses Ángals ni los demonios Núrgals. Los dioses y demonios son creaciones nuestras, para darnos explicaciones de lo que no entendemos… por eso pido bondad y piedad, para los que menos tienen… ese es mi verdad… he puesto mi alma y mi corazón ante ustedes…
Un silencio sepulcral unió y cubrió a la Compañía de Devenators allí reunidos, todos entendían que la situación y momento, eran de extremada importancia y gravedad.
Los humanos de Zácralum, ya sean nobles Devenators o simples plebeyos, o incluso “Intocabols”, son muy devotos a sus dioses, percibiéndolos como entidades divinas omnipotentes, y tratando de cumplir a toda costa, con lo que creen que es la voluntad de estos seres divinos que son prioridad en sus vidas. Por eso, la revelación y desahogo del ateísmo de Issar, es algo nuevo, un puente que nadie hasta ahora ha cruzado en Zácralum, y que paraliza a sus compañeros. Se podía ser hereje o pagano en Zácralum, pero no agnóstico… las pruebas de las existencias de los dioses estaban allí, frente a todos, máquinas maravillosas, tecnologías mágicas… se podía incluso ser demoniaco y adorar a los Núrgals, o cismático y adorar a Dalila, la Diosa del Desierto, la desconsolada pareja del gran dios Hacatl, como principal divinidad… pero ser escéptico de las divinidades… ¡Un Devenator!, alguien que por su pura existencia es una prueba viva de la labor de los dioses en el mundo de Zácralum… era incomprensible e inconmensurable… Ni la presencia ahí, en el Salón del Krak de los Cazadores, de un hereje adorador de Quetzal, como llamaban al dios Hacatl en Usirix, ni de un siervo de Huitzil, el hermano rebelde de Hacatl, hubiera dejado a los Devenators más pasmados y desconcertados, que las palabras vertidas por Issar exponiendo su incredulidad y nihilismo.
- Sinceramente compañeros, siento mucho el ser tan complicado, sé que es difícil convivir conmigo. - Dijo Edelfar rompiendo el silencio y el encanto que este había provocado en todos, como si no hubiese escuchado a Issar y su fuerte declaración de lo que fácilmente podría juzgarse como impiedad y traición a la Ciudad Divina de Zácralum. - Es la única palabra que encuentro para disculparme, complicado… en cuanto a mi forma de ser, a mi manera de pensar, soy complicado… todos los aquí presentes somos complicados…
-Jamás he dejado de amar a Alessia, ella es el gran amor de mi vida... – Dijo Issar, ahogando un sollozo en su garganta y una lágrima resbaló por su mejilla, desde su ojo izquierdo, como si tampoco hubiese escuchado las palabras anteriores de Edelfar, - paso las horas en mi cámara, imaginando una vida a su lado… si Rhuyn no la hubiera desposado… no sé. Quizás incluso me hubiese conformado con una vida a su lado como su guardaespaldas, si Daneb, no hubiera hecho lo que hizo, calumniarnos… Ahora camaradas, queridos cofrades, intento día a día comunicarme con ella, a través de “Piedras Mágicas”, máquinas comunicadoras, como les llama Neodim; las Telanis, les llamaban en Usirix, son como piedras de cristal oscuro, donde se muestran imágenes, como si se tratara de un extraño hechizo. Si en el Palacio de Usirix hay otra como ella, otra Telanis y yo creo haber visto una de ellas en su recámara, podría al menos saber de ella… preguntarle si me ama… La verdad amigos míos, yo dirigiría a mi valiente Compañía mañana mismo, a una expedición por todo Usirix, solos contra todos los Centinelas Celestiales de Usirix, contra todos los Alukkus de Zácralum, y contra todos los Núrgals del Universo, con tal de poder encontrarme nuevamente con mi amada, una vez más... ahora todos ustedes, saben todo sobre mi… ustedes sabrán que hacer… o me siguen o me entregan…
Todos quedaron inmóviles y estupefactos por un instante. Más pronto reaccionaron. Primero Razag, puso su mano en el hombro de Issar, luego Jivan, luego Racel, Neodim, y así, uno por uno, todos los Devenators presentes, hasta finalmente incluirse Edelfar, formando un gran círculo alrededor de Issar, en absoluto silencio… y así permanecieron largo tiempo, hasta que el frio reinante en el Gran Salón del Krak de los Cazadores, les hizo retirarse a descansar, uno en uno, dejando a Issar a solas, sólo Razag y Neodim quedaron en el salón.
-No estás solo hermano, lo sabes, – le sonrió Razag, - pero ahora tenemos otro gran problema por resolver.
-¿Qué vamos a hacer con el asesinato de la condesa Rexina? - Preguntó Neodim. Esto complicará aún más nuestra noble búsqueda del San Relic Hacasinis, buscado por generaciones por los Devenators y el imperio Zácralum.
-Pero esa frenética búsqueda del San Relic Hacasinis, de pronto se detuvo, como si hubiese existido una orden social de acallar el tema… así como fue una moda constante por generaciones, de pronto nadie volvió a mencionarlo.
-Incluso se persiguió y silenció a quien hablaba del tema, sabemos muy bien por Xelsor, mi antepasado, que hay algo muy poderoso detrás de ello, pero que quedó oculto y en silencio en las oscuras sombras…
-No lo sé hermano, estoy agotado, - responde Issar, - es mejor descansar y despejar la mente por hoy, mañana averiguaremos que hacer con toda esta situación. Además del San Relic Hacasinis, la condesa Rexina estaba obsesionada, al igual que tu antepasado, Xelsor, con otro oscuro secreto, un importante tesoro que al parecer le llaman el “Kubitzyx”, la condesa mencionaba que está oculto en Zácralum, en manos de las más altas autoridades, del mismísimo emperador y sus sacerdotes, algo con un enorme poder que podría infligir grandes cambios en el imperio y el mundo entero.
-¿De qué Núrgals estás hablando ahora? - dice Razag.
-El Kubitzyx, - responde Neodim, creo haber escuchado una vieja historia ancestral sobre eso, pero se sabe muy poco, y el que se atreve a indagar, desaparece, como Xelsor. ¡Maldición! ¡Por los Ángals y los Núrgals! Son demasiados los secretos y las incógnitas que hay allá afuera, y qué puede que realmente sean ciertos y nos estén afectando, me vuelve loco todo esto, me da mil vueltas la cabeza, es demasiada información, Issar tiene razón, debemos mejor descansar, para mañana tener una mente más despejada e ir solucionando nuestros problemas uno por uno.
-De acuerdo, - dice Razag, vamos a dormir hermano.
-Sí, estoy agotadísimo, física y emocionalmente, - responde Issar. Necesito descansar. Tienes razón Neodim, a cada tarea su momento.
Por primera vez, después de mucho tiempo, una reunión de la Compañía de Issar, termina sin grandes abusos en la ingesta de alcohol, no había humor para beber hidromiel esa noche. La verdad, es que Issar, como muchos otros Devenators, están frustrados de sus vidas. Si bien comprenden lo afortunados que son, y dimensionan claramente que es un gran honor ser Devenator, también están cansados de sus complicadas responsabilidades de mantener el orden, conquistar, dar seguridad, administrar haciendas; al final solo se sienten esclavos de combate, y viven solo para cumplir con su deber para con el imperio. Nunca habían verbalizado y expuesto en voz alta sus aprehensiones, acerca de lo que han desarrollado, una especie de vicio hacia la violencia, que les cuesta admitir, así como una afición viciosa a la guerra y a la destrucción. Claramente, al final son solo, por un lado, niños mimados. Pero para ellos, aún falta mucho que madurar, para poder asumirse como tales. El principal problema para estos Devenators, es que ahora el tiempo libre para beber, platicar, visitar bares y prostíbulos, haciendo de desmanes hasta la madrugada o por más de un día, ya no les resultará ni atractivo ni terapéutico. Toda una vida de batallas y guerras genocidas contra todo lo que sea diferente o piense distinto, les están pasando la cuenta. Y los descubrimientos de la condesa Rexina y Neodim, el alquimista en antiguos y vetustos textos, no hacen más que acrecentar sus dudas e inseguridades.





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