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Los sueños de Nick

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Summary

Skylar Anderson es una estudiante universitaria que vive con su hermano mayor tras la pérdida de sus padres. A medida que se une al grupo de amigos de su hermano, descubre que el chico que le tomó el pedido en una cafetería y capturó su atención es el mejor amigo de su hermano. A pesar de la atracción mutua, deciden mantener su amor en secreto para evitar romper amistades. Sin embargo, la presión aumenta cuando una foto de ellos se hace pública, y el hermano de Skylar le pide que termine la relación. A pesar de esto, Nickolas está decidido a luchar por su amor y está dispuesto a sacrificarlo todo por estar con Skylar. La historia explora los desafíos de mantener un amor en secreto y las decisiones difíciles que deben tomar los protagonistas.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

La cafetería en la que trabajo es como un sueño hecho realidad para los amantes de lo vintage. Cada rincón está lleno de encanto y nostalgia. Los muebles antiguos cuidadosamente restaurados nos transportan a otra época, mientras que las lámparas de araña colgantes iluminan el lugar con un resplandor cálido y acogedor. El suelo de madera desgastada cuenta historias de innumerables conversaciones y risas compartidas. Pero lo que realmente hace especial a esta cafetería es el hermoso paisaje que se extiende más allá de sus grandes ventanales. Desde aquí, puedes contemplar un jardín lleno de flores vibrantes y coloridas, donde los pájaros revolotean y cantan su melodía matutina. Los árboles frondosos proporcionan sombra fresca en los días calurosos, mientras que el aroma del café recién hecho se mezcla con la brisa suave que entra por las ventanas abiertas.

Oigo la música clásica que suena de los vinilos en cuanto entro en el espacio. La mayoría de los adolescentes odian su trabajo o prefieren salir de fiesta en la primera oportunidad que se les da. En mi caso, me considero parte de los que le da igual que opción tenga. Las ataduras no son de mi estilo: un día podría aparecer en las fiestas que organizaban los universitarios para recibir a los de último año de preparatoria, y al otro no volver a pisar una en meses.

En ocasiones, no lo detesto del todo. Puede llegar a ser entretenido cuando hay eventos importantes en los que asiste muchas personas y gano una buena cantidad de dinero. También, cuando entra un grupo de chicas e intentan coquetearme descaradamente, sin importar que sean amigas entre sí; me divierte verlas pelearse por atención. Sin embargo, las miro con desinterés y me muestro distraído con la libreta de pedidos en las manos.

No me interesan.

Mi compañera de trabajo no tardó en llegar unos segundos después. El último turno terminó hace unos minutos, por lo que tenemos poco tiempo para alistarnos y retomar el puesto. Con una sonrisa, saludo a Kayla en cuanto la veo.

—Espero que hayas traído café para todos mientras te ponías al día —bromeo, viéndola caminar con rapidez para tomar nuestro uniforme de trabajo. Apoyo mi codo en la madera del mostrador, ladeando mi cabeza para observarla. Ella se gira hacia mí, sonriente, atando su delantal por la espalda.

—Tendrías que agradecerme, estoy siguiendo tus pasos para mantener la emoción el día de hoy.

Asiento mentalmente, entendiendo aquel juego que comenzaba entre nosotros.

—Oh, ahora resulta que eres una seguidora de mis hazañas. Espero que no te hayas perdido el desfile que organicé esta mañana, entonces.

Kayla niega con la cabeza. El humor en sus ojos es evidente.

—No te preocupes, estuve allí en espíritu. Mil disculpas por no haber hecho una entrada triunfal como la tuya.

Su cabello rojizo, atado en una coleta improvisada, se mueve de un lado a otro al tirar su cabeza hacia atrás y reír abiertamente.

—Oh, tranquila, siempre puedes intentarlo otro día. Tal vez puedas dar un salto mortal al entrar para impresionar a todos.

Sus ojos celestes brillan. A veces pienso qué, de tanto reírse, puede llegar a ponerse a llorar.

—Buena idea. Pero creo que necesitaré algunas semanas de práctica antes de intentarlo. No quiero terminar en el suelo frente a todos.

Hago un ademán con las manos, como si estuviera demostrando algo obvio.

—¡Oye! Sería un momento inolvidable para todos. Pero te entiendo, no todos pueden igualar mi nivel de estilo —alardeo con gracia y ella gira los ojos al terminar de escucharme.

—Tienes razón, eres insuperable en eso. Prometo que trabajaré en mi entrada triunfal para sorprenderte algún día.

Sonrío.

—Te creo, fiel seguidora.

No tardamos en ponernos a trabajar. Los clientes venían de a grupos de amigos, cuando terminaba el horario de clases de la Universidad más cercana. Era costumbre ver a las mismas personas circular la cafetería, pero siempre era posible encontrarnos a alguien nuevo. Hoy es de esos días en los que sólo vemos entrar personas, una tras la otra. En esos casos, atendemos a una velocidad impresionante, en la cual llegamos a sentirnos como esclavos explotados de trabajo. El cabello de Kayla, que antes estaba en una coleta, ahora se encuentra suelto y despeinado. Se le ha perdido el moño por algún lado, y creo que aún no se dio cuenta. Sin embargo, no se lo pienso decir; es muy gracioso verla con las mejillas rojas del calor. No quiero imaginarme si algún cliente encuentra un pelo en su café, eso sí sería un verdadero desastre.

Kayla no es la única en pocas pintas: desgraciadamente, me he pasado tantas veces las manos por mi cabello, que siquiera lo siento. Realmente es un día muy alborotado. Y necesitamos ayuda más que nunca.

Todavía falta una hora para que mi turno termine, y ya quiero desaparecer.

Maldito viernes.


***

La cafetería está abarrotada, con gente apiñada en todas partes. Las mesas están ocupadas, la fila para pedir se extiende hasta la puerta y nosotros corremos de un lado a otro tratando de atender a todos. El ruido de las conversaciones, el aroma del café y el sonido constante de las máquinas de café crean un caos frenético en el lugar. Parece que la cafetería está al borde del colapso por la cantidad abrumadora de gente que hay.

Me muevo de mesa en mesa, tratando de tomarles el pedido a todos, y también estar atento en caso de que Kayla necesite de mi ayuda. Sé que dentro de poco comienza el turno de Levi, un chico de nuestra edad que lleva trabajando aquí hace mucho, eso no hace más que relajarme y dejarme trabajar con más tranquilidad.

Gire mi cabeza al escuchar las campanas de la puerta de entrada, tres chicas entraron con una sonrisa, hablando entre ellas con una notoria ansia. En cuanto observan hacia el frente, me ven, y sonríen coquetas instantáneamente.

No es por ser egocéntrico, pero suelo causar ese efecto en la mayoría las personas, por no decir todas.

Ellas siguen caminando hasta ocupar una de las mesas libres del fondo y sentarse juntas. Kayla se acerca para dejarles la carta del menú y volver más tarde a tomarles su pedido. Pero antes que ella pueda irse, la frenan. Desde del mostrador puedo notar como una de las chicas y Kayla intercambian palabras. Mi compañera de trabajo se voltea discretamente, dirigiéndome una mirada con gracia y a la vez con un poco de odio. Las otras dos chicas que están sentadas a un lado, me ojean de arriba a abajo, susurrándose cosas.

De pronto, las campanas de la puerta vuelven a sonar, y volteo con disimulo. Es inevitable husmear quien entra.

Para mi sorpresa, no se trataba de cualquier persona.

Era ella.

La vi entrar a la cafetería: la chica de mis sueños, aquella que había imaginado durante noches sin conocerla. La que atormentaba mis sueños, apareciendo en ellos de la nada y distorsionándolo todo. Mi corazón se aceleró al verla, y el mundo a mi alrededor parece desvanecerse. Ella existe. No era mi cerebro queriendo engañarme: la chica existe. Está aquí, delante de mí. Puedo verla a la perfección.

Sus ojos verdes brillan con una intensidad impresionante bajo las arañas elegantes y antiguas que cuelgan del techo de la cafetería. Su característico cabello largo y castaño claro, cae en suaves ondas sobre sus hombros, como si de una cascada de seda se tratara. Era como si el universo hubiera conspirado para ponerla frente a mí en ese preciso momento. Como si aquel sueño se cumpliera.

Mi madre tenía razón: <<Los sueños se cumplen, Nickolas, sólo tienen que esperar el momento indicado para manifestarse ante ti.>>

Y para terminar de sorprenderme, nuestros ojos se encuentran; una corriente eléctrica se desato en el aire. Sentí como si el tiempo se hubiera detenido, mientras nuestras miradas se fundían en un inesperado momento mágico. En esos segundos eternos, pude ver destellos de su personalidad, de su esencia. Era la misma que radiaba en mis sueños.

Sus labios esbozaron una sonrisa tímida y, durante un instante, pude ver la curiosidad en sus ojos, como si también sintiera esa inexplicable conexión al vernos. Una chispa de energía recorrió el lugar cuando le devolví la sonrisa. Comencé a escuchar, las personas que me rodeaban volvieron a aparecer en mi radar de visión, y aquel intercambió de miradas se desvaneció.

La chica de mis sueños desvió la vista hacia las mesas, examinando cada una de ellas. Al parecer, estaba buscando algo.

O a alguien.

¿A quién buscas, querida?

Su mirada frenó en las tres chicas que no quitaban ojo sobre mí hace unos minutos; ella sonrió y comenzó a caminar hasta su mesa. Corro la vista, desinteresado, cuando la rubia -supongo que una de sus amigas- me guiña un ojo, coqueta, pensando que la veía a ella.

Kayla llega al mostrador y lo rodea para quedar a mi lado.

—¿Qué pasó? —pregunto con gracia, sabiendo la respuesta. Kayla voltea los ojos. Poco después, suelta una pequeña risa irónica.

—Ellas quieren que vayas tú, maldito.

Suelto una carcajada por el odio en su voz.

—Que envidiosa eres, Kay. Ya te lo he dicho, nadie se resiste ante mis encantos naturales.

Ella empuja con su mano mi hombro, echándome del sector de cafés.

—Ve y conquístalas, así al menos, nos dan una buena suma de propina —exige, arrastrándome por la espalda hasta estar fuera del exhibidor de pasteles que tenemos. Sonrío, con interés en la idea.

—Pues, tengo que recibir algo a cambio, querida Kay. ¿Como piensas que lo haga todo sin una devolución, eh?

—Púdrete. Tú me las robaste.

Le guiño un ojo.

—Recuerda que ellas te pidieron que sea yo quien las atienda.

-Vete. Ahora.

—Bien, bien. Pero la propina que reciba es tuya, por la molestia, ¿vale?

Kayla sonríe, complacida.

—Me parece bien. Aunque sigues siendo un maldito.

Me doy la vuelta para comenzar a caminar, mi corazón latiendo desbocado. Durante noches enteras, he soñado con esta chica misteriosa de ojos verdes y cabello castaño, y hoy, finalmente, la veo en persona. ¿Es real o es solo producto de mi imaginación? Me acerco lentamente, tratando de capturar cada detalle de su rostro en mi memoria. ¿Por qué siento una conexión tan profunda con alguien que apenas conozco? Mi mente se llena de preguntas mientras me acerco aún más.

Antes de llegar, un recuerdo llega a mí:

<<Tus sueños son tan valiosos como las estrellas, Nick. Nunca dejes de perseguirlos>>

Su voz... era la misma que en mi sueño; el color de sus ojos, se sienten igual que perderse entre el azul del cielo y el verde del mar. En ellos encontraba ternura, inteligencia y una pizca de travesura. Cada vez que sonreía, su rostro se iluminaba como un amanecer radiante, y su sonrisa contagiaba alegría y calidez. Había algo en ella que transmitía una mezcla de dulzura y valentía, como si pudiera conquistar el mundo con su encanto.

Pero algo cambió. Su aura es diferente, su energía no es la misma. En este momento, me doy cuenta de que había idealizado a alguien que solo existía en mi mente. En mi imaginación.

¿Quién eres realmente, chica de mis sueños?

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