Capítulo 01
[🎧] I'm not the only one - Sam Smith
Saber todo y nada de esa persona tan importante para ti. Querer estar junto a él, aún si una parte de ti insiste en decir que no es lo correcto. Arriesgarte aún teniendo todos los indicios frente a tus ojos e ignorarlos.
Desde pequeños pasaban cada momento juntos, toda travesura, carcajada, secretos, promesas. Todo era entre ellos.
— Siempre estaré a tu lado y te protegeré de cualquier daño — acarició la mejilla regordeta del contrario, haciendo que ambos se sonrojaran.
Rojo y verde, se miraban con intensidad ofreciendo y aceptando una realidad que no era posible.
Cuando el más pequeño de ellos llegó a los 18 comenzaron una vida independiente, rentando un departamento pequeño pero habitable. El cenizo salía todos los días buscando trabajo con su mejor amigo. Mientras que el peliverde se quedaba en casa atendiendo sus deberes escolares y del hogar.
Todo era bueno, normal, peleas casuales que se resolvían hablando o después de una larga ronda de sexo. Pero después de dos años, cuando el cenizo tenía un trabajo estable como editor en una editorial no tan conocida y el pecoso a medio año de terminar la carrera en Literatura, todo aquel mundo de ensueño, empezó por derrumbarse.
La primera señal no le tomó tanta importancia, ya que era una persona paciente y que su pareja llegará unas dos horas tarde, no le molestaba, entendía perfectamente que el trabajo como editor era pesado. Pero cuando empezó a notar que su novio llegaba a casa después de las 12 de la madrugada, recién bañado y más distante que otros días empezó una guerrera de inseguridades por su cabeza.
Medio año después, solo había pasado medio año cuando se percató que su pareja le fue infiel por primera vez.
Katsuki le reclamó por su falta de atención hacia él, que no lo atendía lo suficiente cuando él llegaba al trabajo. Izuku entendió eso, pues se enfocaba demasiado en sus estudios, y más cuando debía entregar su proyecto de titulación. Le ofreció disculpas por eso, por no estar para él, se sintió una mala persona, una pésima pareja por descuidar a su novio así.
— Lamento haberte engañado, es solo que el estrés en la maldita editorial me estaba matando. Prometo que no se volverá a repetir.
— Lo siento Kacchan, también fue en parte mi culpa. — Izuku se acercó hasta abrazar al cenizo el cual correspondió el abrazo.
Esa primera vez lo arreglaron platicando y reforzando lo dicho entre las sábanas. El pecado estaba superando la infidelidad pero se repetía una y otra vez en su cabeza que no se repetiría.
— Prometió no hacerlo de nuevo… — suspiró — Lo prometió…
Lamentablemente para él, no lo cumplió, ni una vez.
La misma historia se repitió cuatro veces, esta vez Izuku con 22 años trabajaba de profesor suplente en bachilleratos y universidades, Katsuki de 26 años trabajaba en la editorial del padre de su mejor amigo.
Fueron cuatro veces en un mismo año, en las que Izuku se enteró de las infidelidades de su novio.
Pero la cuarta fue la que dejó el vaso al borde.
Katsuki estaba en la entrada de su "hogar", viendo con los ojos muy abiertos a el pecoso.
Está vez, Katsuki si que tenía una reunión con varios editores, festejaron con ellos por el éxito de sus manuscritos y terminaron pasados de copas, lo último que recordaba era a una de sus compañeras, una chica peliverde llamada Setsuna montandolo sin descaro. Llegó al departamento después de las 2 de la mañana y al entrar, Izuku lo esperaba con los brazos cruzados.
Izuku al verlo entrar, estaba por hablar tranquilamente con él, pero en cuanto vio las mordidas en el cuello de su novio, éste estalló.
— ¡SOLO SON PALABRAS! SIEMPRE FUERON JODIDAS PALABRAS SIN SENTIDO PARA TI KATSUKI! — Gritaba Izuku lleno de enojo, tristeza y descripción. — INTENTÉ ATENDERTE LO MEJOR QUE PUDE AUNQUE ESTUVIERA MENTALMENTE CANSADO.
— Deku… No grites, me duele la puta cabeza.
— Ja… Bien… se acabó, me largo — dió un paso atrás con lágrimas en los ojos, fue a la habitación de ambos y en cuanto tomó su celular, Katsuki se lo arrebató.
— Tú no irás a ni un puto lado — habló conteniendo la respiración. Pues en cuanto escuchó esas palabras salir de los labios de Izuku, todo en su mente se volvió oscuro, pues no permitiría que SU Izuku se fuera de su lado.
— Devuélvemelo…
Katsuki aventó el celular hacia atrás y tomó al pecoso de sus manos,
— S-sueltame… me lastimas… — Se quejó
— Tú — El rubio susurro cerca del oído del menor, haciendo a este temblar. — Tú eres mío… — mordió el lóbulo logrando sacar un jadeo del peliverde.
Lo aventó a la cama que compartían y de una manera brusca, le retiró los pantalones que llevaba puestos.
— ERES MÍO Y DE NADIE MÁS, ASÍ QUE DE AQUÍ NO TE VAS, ¿OÍSTE? — Tomó a Izuku de las caderas y lo volteo haciendo que el trasero del menor quedará expuesto a su mirada.
Se relamió los labios sin apartar su vista de aquel agujero que para él, era lo más exquisito del mundo. Masajeó cada nalga, amasandola entre sus manos y soltó una sonora nalgada sacando un chillido del pecoso.
— ¡CONTESTA!
— S-si… Soy t-tuyo…
— Así es —
Cada embestida, gemido y gruñido, eran excitantes y deprimentes, pues a uno le fascinaba la manera en que lo montaba, y el otro no lograba ver más allá del placer que lograba darle su pareja.
Ambos terminaron exhaustos, cansados, pero eso no evitó que el rubio tomara la oportunidad de ser perdonado una vez más.
— Izu… Lo lamento, está vez no fue mi culpa, ni siquiera lo recuerdo. Solo salí de ahí apenas recobré la conciencia… Realmente lo siento…
Tal vez con esa pequeña mentira lo logró convencer, pues no mucho tiempo después, ambos volvían a la normalidad. El rubio feliz por lograr que el peliverde le creyera y no se alejara de él, e Izuku más calmado al notar que su novio no tenía la culpa y que llegaba temprano a casa.
Medio año más y todo iba bien. Desde el punto de vista del pecoso, todo volvía a la normalidad. Pero para cierto cenizo solo era un descanso.
Era su día libre y no quería estar encerrado en casa con el peliverde que se la pasaba pegado en su oficina arreglando sus clases de esa semana. En su lugar fue al departamento de sus dos más grandes "amigos".
— Lo engañaste de nuevo, ¿Cierto?
— Eso a ti no te importa, pelos de mierda.
— Tal vez no conozca a tu novio, pero lo que hiciste no es de hombres.
— ESO YA LO SÉ, CARAJO, lo sé... — con un suspiro levantó la cabeza — Pero aunque lo haga, una y otra vez, él me perdonará. Siempre me perdona — Dijo con una sonrisa engreída.
— ¿Quién es está vez? ¿Awase? ¿Setsuna? ¿Cómo se llamaba la rubia esa? A si ¿Melissa? - preguntó el pelirrojo, pero no obtuvo respuesta alguna. — No me jodas… ¿Monoma? ¿Otra vez?
Un rubio de ojos ámbar era abrazado por el pelirrojo y éste solo guardaba silencio, le era incomodó tener al cenizo en casa con su pareja.
— Si tanto quieres tener esa clase de libertad, ¿Porqué no lo hablan y llegan a un acuerdo? — Volvió a hablar el pelirrojo.
— C-cierto, tal vez las cosas mejoren para ambos. — habló por primera vez dirigiendo su mirada a la de su amigo cenizo.
— Te conviene, ¿No? — Pensó Katsuki como respuesta a Kaminari. — Tsk... Como sea... Vamos a jugar o me tendré que ir con el idiota de Sero.
~
Un par de semanas después de esa leve conversación, Katsuki avisó que llegaría tarde, ya que él tenía que revisar varios manuscritos pendientes. Izuku entendió y decidió darle una sorpresa a su novio. Preparó un bento con la comida favorita del contrario, algo de comida picante, se puso los zapatos, tomó las llaves y salió en dirección a la editorial de su pareja.
Llegó y preguntó en recepción por la oficina de el cenizo.
— Quinto piso, saliendo del ascensor, a la izquierda todo derecho.
— Muchas gracias — sonrió y se dirigió a la dirección señalada.
[🎧]
Su corazón palpitaba rápido, tal vez era la emoción por ver la cara de sorpresa de Kacchan al verlo con algo de comida para él. O eso es lo que se hacía creer él mismo. Caminó por el pasillo y al tener el pomo de la puerta en sus manos se detuvo.
Unos ruidos amortiguados salían de aquella habitación. Con algo de miedo abrió lenta y silenciosamente la puerta quedando pálido y con un nudo en el estómago al ver tal escena.
“Siempre estaré a tu lado y te protegeré de cualquier daño.”
"No lo volveré a hacer"
"Lo siento…"
El recuerdo de esas promesas eran completamente dolorosas, sentía como su interior se quebraba en miles de pedazos — ¿Pero y si tú eres quien más daño me ha hecho? — se preguntó el pecoso.
Los gemidos de la persona rubia bajo Katsuki se hacían más y más fuertes conforme él comprendía mejor la situación. Hasta que, sin pensarlo dos veces dejó el bento en el suelo y salió de ahí dejando la puerta abierta. Ninguno de los dos se percataron de dicha presencia hasta que acabaron y notaron aquel cambio en la habitación.
— Mierda... — Murmuró Katsuki molesto. Pero al ver el bento en la entrada, el pánico lo invadió. — ¡MIERDA!
— T-Tal vez una de las empleadas se espantó y dejó abierto... — Dijo el otro mientras se disponía a abotonar su camisa.
— Tsk... Como sea... — Con algo de intranquilidad se dirigió a su escritorio. Pasaron unos minutos y volvió a hablar. — ¿Sigues aquí? ¿Qué quieres?
— Kats... — el rubio tenía la mirada en sus pies, se le notaba nervioso. — Lo dejé... por ti. Quiero estar contigo... — levantó la cabeza mirando los ojos rojos que se posaban en él con intensidad.
— ¿Y? Yo no te pedí que lo hicieras, te dejé en claro que aunque me acueste contigo no dejaría a Deku.
— ¡Pero...!
— Pero nada, esto entre nosotros no es nada, Kaminari.
— ¡LO DEJÉ POR TI! DEJÉ MI RELACIÓN CON EIJIRO POR UNA OPORTUNIDAD CONTIGO Y TÚ...
— Yo amo a Deku...
— Si tanto lo amas, por qué estás aquí, con tus "horas extra" de trabajo — lágrimas salían de los ojos ámbar. La impotencia que sentía era enorme que lo único que podía hacer en ese instante era llorar.
— Tsk... Me largo...
— ¡NO!... — Kaminari lo tomó del brazo muy fuerte y con un susurro logró decir — Solo... Quédate un rato más... Una última vez... Por favor...
Katsuki tomó sus cosas junto con las de el otro.
— Vamos, conociendo a Kirishima, se fue en cuanto terminaron de hablar ¿No? — lo abrazó y el contrario asintió, lo tomó de la mano y fueron al departamento del rubio.
~
Por otro lado, el peliverde salió del edificio con lágrimas en los ojos, dolía, claro que le dolía. Ciegamente creyó que todo volvía a la normalidad, pero eso no pasará.
Caminando a toda prisa no se fijo por dónde iba, choco con alguien y de inmediato volteó a verlo para poder disculparse, pero en cuanto esa mirada roja cayó en él, quedó en completo silencio, un joven de cabellos rojos igual que su mirada, de estatura alta y un físico envidiable, lo observó con preocupación y culpa.
— Lo siento, no miré por dónde iba. ¿Estás bien? — Su voz era grave y fuerte, pero el tono rasposo lo delató, estaba como él. Estaba... Mal. Pero algo hizo click en Izuku, parpadeo varias veces sacudiendo la cabeza.
— E-estoy bien, lo siento, yo tampoco miré por dónde iba, no te preocupes...
— Bien... Nuevamente, lo siento... — Y con una última mirada al más pequeño, dio media vuelta y siguió su camino.
— Adiós... — Dijo al aire y se dirigió al departamento.
Dentro de ésta cerró la puerta y se dejó caer en ella soltando un llanto incontrolable haciéndose bolita en su propio cuerpo, recuerdos de aquellas promesas hechas uno al otro, aquellas risas entre los dos, esas bellas noches de pasión, se le hacía irreal el estar sufriendo algo como eso. Al parecer todos esos preciosos momentos que pasaron juntos, solo eran especiales para él. Pasado un rato, con ojos hinchados y rojos, se levantó viendo la hora.
— Falta poco más de una hora para que regrese.
Entró a la habitación que compartían y vio las fotos que adornaban el lugar... Quería volver a llorar, pero se tragó las ganas y tomó una decisión, tal vez era el calor del momento, tanto enojo, decepción, disgusto y rabia lo dejaron tomar un camino, algo dentro de él le decía que era lo mejor y mientras se dirija al armario, en su mente pasaban momentos con el cenizo, desde que eran pequeños hasta el momento antes de que todo se fuera a la mierda.
Guardo ropa, zapatos, cepillo de dientes y unas cuantas cosas más, cerró la maleta y tomó un baño rápido que relajo todos sus músculos, al salir se puso un pantalón negro, una camisa blanca y una sudadera verde olivo. Tomó todos sus ahorros y mandó un mensaje a su mejor amigo.
— Hola, Sho. Lamento molestarte pero... ¿Estás en tu casa?
— Hola! Sí, aquí estoy... ¿Todo bien? ¿Pasó algo?
— ¿Puedo ir y... quedarme unos días contigo?
— Claro... Te espero…
— ¡Gracias!
Soltó un suspiro, estaba sentado en la cama con el teléfono en una mano y acariciando el álbum de fotos con la otra.
La abrió y tomó una de sus fotos favoritas. Eran ellos de pequeños con sus madres. Inko lo abrazaba fuertemente mientras él estiraba sus manitas, ambos sonreían muy alegres, Mitsuki llevaba el rostro ligeramente sonriente y con el ceño fruncido mientras que Katsuki en sus brazos estaba rojo y enojado con su madre. Era una foto muy hermosa si se lo preguntan, la paz que le transmitía hizo que dejara el álbum abierto con las llaves del departamento y una última nota.
[-No me busques-]
~
Un pelirrojo se dirigía al departamento que compartía con su ahora expareja. Después de chocar con aquel joven de ojos verdes, tan delicado y con una bella piel de porcelana, su mente volvió en sí. Vio en él algo rompiéndose, vio el momento exacto en el que aquel chico se desmoronaba, quería ayudarlo, saber que es lo que lo tiene así, pero vamos, era un desconocido, alguien más en el mundo igual que él, sufriendo igual que él, aún así, las ganas de hacerlo no se iban, pero él tenía problemas en ese instante.
Sin darse cuenta, estaba frente a aquella puerta, tomó las llaves y abrió en silencio con la intención de ir a dormir un poco. Supuso que el rubio estaba en el trabajo, que no tardaría en llegar, o eso pensó hasta que escuchó ruido en la habitación que era de ambos.
Toda la casa estaba a oscuras, pues ya eran pasadas las diez de la noche, y la única luz que había, salía de la pequeña abertura de la puerta, con delicadeza estaba a punto de abrir, pero un gemido fuerte que conocía muy bien lo detuvo.
— Ahhh~ sigue... AAhh~... M-más... Kats... Dame más...~
— ¿Cómo mierda te dije que... agh~ me llamaras cuánto te… follo?~
— Ka~kacchan!!!~ aaAh!! siii~
Entendió perfectamente que era el ruido que lo dirigía a esa habitación. Abrió la puerta con brusquedad y vio como su supuesto "mejor amigo" cogía con la persona que más amaba. Ver cómo ambos se corrieron en cuanto lo vieron entrar, lo cabreo de sobremanera.
— Eijiro… Emm... — Kaminari intentó hablar y tomar aire mientras se tapaba con las sábanas.
— No... No quiero escuchar nada... De ninguno... — Lágrimas silenciosas salían de sus ojos rubíes, la decepción y rabia era visible en la forma en la que apretaba los puños para controlarse. — Ahora entiendo por qué te incomodaba que él estuviera en la casa con nosotros...
— Kirishima... — Katsuki con los bóxers ya puestos se aproximó a su amigo. Pero un golpe en la mejilla lo hizo retroceder y dejar la mirada en el suelo con los puños apretados.
— Ni se te ocurra volver a dirigirme la palabra, Bakugo.
Estaba frente al armario y sacó una mochila negra, en la que metió ropa al azar y cosas indispensables, tomó los ahorros que guardaba en la parte alta de un estante y se dirigió a la salida de aquella habitación. Con un pequeño giro de cabeza dijo sus últimas palabras.
— Espero no volver a encontrarme a alguno de ustedes. Y Bakugo... — guardó silencio para confirmar que ambos lo escuchaban — Un favor, dile de esto a tu pareja, no se merece la mierda que eres y con suerte, te dejará para que él sea feliz con alguien más.
Salió del departamento dejando a un Kaminari lloroso entre las sábanas sintiendo algo de arrepentimiento y a un Bakugo cabreado por aquellas últimas palabras dichas por el pelirrojo.
Al salir del lugar, caminó para sentarse en alguna parte, aún seguía en shock pero logró calmarse un poco y hacer una llamada que fue rápidamente contestada.
— Si? ¿Kirishima?
— Hola Sero. Disculpa la hora pero... ¿Estás en casa?
— Si, hermano, ¿Qué sucede? ¿Todo bien? ¿Y Kaminari?
— ¿Puedo quedarme esta noche contigo?
— Claro, ¿Dónde estás? Pasaré por ti.
— Gracias, hermano... Estoy en la estación de autobuses cerca del departamento.
— Bien, te veo en unos minutos.
La llamada terminó y se recostó en los asientos de espera, su mirada estaba perdida, empezó a analizar desde cuándo era que lo engañaban, divagó un rato hasta que noto que desde hace poco más de cinco meses Kaminari se comportaba extraño y Bakugo evitaba su mirada.
— ¿Desde hace tanto tiempo? — Pensó y varios recuerdos felices junto a aquel rubio de mechón negro. El recuerdo de contarle a su mejor amigo que estaba enamorado de Kaminari, pedirle ayuda para confesar su amor y el momento en el que le pidió vivir juntos.
Lágrimas dolorosas caían al suelo. Esperaba que aquel chico que estaba con Bakugo se alejara de él por su bien, nadie merece ser dañado de tal forma.
De repente el rostro de aquel peliverde llegó a su mente, con esas mejillas rojas y manchadas de lágrimas, el temblor en su cuerpo que contenía todo ese dolor, recordar al chico hizo que lograra calmarse y miró al cielo.
— Ojalá pueda volver a verte y tal vez... Tal vez podríamos volvernos amigos...
En la mente de ambos chicos, rojo y verde, todo era un caos... Sus ánimos eran bajos, pero el recuerdo de aquel triste encuentro accidental los calmaba de alguna manera. Soltaron un suspiro largo y cansado. El deseo de superar ésto era enorme, pero la duda de lograrlo era mucho más.
Cuando alguien ha sido parte de tu vida durante tanto tiempo, arrancarlo de ella es como arrancar las raíces de una planta.