Fuck stress, have sex (Jacaegon, HotD)

Summary

Aegon, de todos sus familiares, es el único que no tiene una vida emocionante o mínimamente interesante. La última relación que creyó tener se acabó abruptamente. Cuando alguien responde su mensaje en Twitter acaba concertando una cita para tener relaciones, la cual podría cambiar su vida.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Tarde lluviosa, la gente corriendo por las calles porque no es sólo una pequeña lluvia, si no una tormenta que caía con fuerza y que lograba que todos huyeran para esconderse dentro de algún edificio, una pequeña tienda o una cafetería.

Todos menos Aegon. Se quedó empapado hasta los huesos, con el corazón roto y sin ninguna fuerza para irse. Se sentó en la banca del pequeño parque y comenzó a ser invadido por pensamientos intrusivos, odiosos, donde siempre se considera menos importante, desagradable y fácil de descartar.

Sentirse así no era nuevo.

El frío de estar por completo mojado, toda su ropa empapada, lo hizo temblar. Sabía que tenía que moverse, dejó de lado la caja de regalo donde un tonto animal de felpa se quedó esperando ser entregado.

Cuando llegó a su departamento dejó un camino de agua hasta el baño, donde se desnudó, se dio un baño de agua caliente y se puso la pijama, decidido a tirarse en la cama y dormir tal vez por todo el fin de semana. Eso hizo, aunque se levantó a ver el estado de su celular, el cual por fortuna era a prueba de agua y no había muerto en aquel baño inintencional.

Apagó la luz de su habitación, se tiró en la cama, se tapó con el edredón. Se pone a ver las publicaciones de su familia, todos parecen tremendamente felices y haciendo cosas interesantes. Daeron está en un campamento, subió varias fotos con amigos, en una fogata. Se ve un chico siempre a su lado, bonitos ojos azules. No tiene idea de quién es. Luego está Helaena en su blog de viajes, parecía que estaba dando la vuelte por el mundo y sus vídeos eran muy bonitos.

Aemond publicaba muy poco y nada donde se viera él, si no sabías cómo se veía en sus redes no te ibas a enterar. Pero siempre subía una foto cada día donde era evidente de que estaba acosando a un joven, siempre una foto de ese chico. ¿Dónde diablos estaban? Ni idea, pero ahí dejaba en redes las pruebas para cuando este chico lo demandara.

El padre de Aegon viajaba en un crucero, se lo había sugerido Helaena y el tío Daemon dijo que lo acompañaría. El crucero duraba como nueve meses y pasaría por montones de puertos y países. Una escapada de hermanos que se traducía en cientos de fotos que su padre subía todos los días.

Su mamá iba todos los días al gimnasio, al spa, se hacía las uñas, se arreglaba el cabello y salía todas las noches con amigos. Los amigos era más bien un amigo, un tipo todo feo que era heredero de campos de naranjas en el Caribe y tenía una compañía de jugo envasado. El mundo entero bebía jugo de naranja así que tenía un montón de dinero. Su papá no decía nada de lo que hacía su madre y ella tampoco pensaba que era raro que se fuera de crucero con su hermano.

Aegon suspira, hasta su abuelo Otto andaba de aquí para allá dando conferencias sobre sus libros de superación personal y empoderamiento. Vendía cursos y demás cosas, que la verdad es que era uno de esos engaños para sacarle dinero a la gente, pero se paseaba y conocía a gente importante o famosa.

Todos tenían una vida muy interesante menos él.

Eso lo deprimía, no le había dicho a nadie lo mal que se sentía, pero era así. Simplemente iba a trabajar, regresaba a casa, intentaba tener una vida social, pero odiaba a sus amigos. Intentaba tener una vida sexual, pero era sosa y sin nada de emoción. Intentó tener una relación, lo dejaron plantado y luego, una tormenta cayó sobre de él.

Su vida es una mierda y acaba de corroborarlo.

De manera estúpida publica en Twitter, o como se llame esa cosa, una simple frase.

“Estoy triste”

Listo, nadie responderá, a nadie le importa, ni a sus padres ni a sus hermanos. Bloquea el celular, lo pone debajo de su almohada y trata de dormir. La notificación que llega cinco segundos después no se lo permite. Saca su celular de debajo de la almohada, vuelve a encender la pantalla y mira la respuesta a ese sencillo tweet.

“¿Quieres un abrazo?”

Aegon no sabía quién era ese que le respondía, no lo conocía. Se metió a su perfil y había solo cosas relacionadas con música, ni una sola foto.

Hasta que encontró una foto que, si era él, era un dios griego de abdomen de cuadritos y labios esponjosos.

Ojalá lo fuera.

Iba a responder algo “normal”, pero al final pensó que responder abrazame esta no era del todo claro, así que piensa en algo más directo y sencillo.

“Mejor una cogida”

Y ahí quedaría, sería todo, esa persona le diría lo grosero que era si sólo quería hacerlo sentir mejor. Una cogida lo haría sentir mejor, mucho mejor. Pero la gente piensa que un café o una película romántica son mejores soluciones.

“Tu casa o la mía?”

Aegon grita al leer aquello, estaba más que seguro de que no sería el tipo de la foto, no podía ser. Alguien así no andaría aceptando sexo a gente random en Twitter.

¿O sí?

“Cuánto?”

Es la opción más viable, es un guapo prostituto que cobra por poner esos labios esponjositos en la verga de otro hombre que necesita amor y una cogida.

“Puedes traer vino”

-¡¡Puta madre!!

Aegon se levanta de golpe, no sólo por la respuesta si no porque ahora tiene un mensaje directo con una dirección que de hecho está bastante cerca.

“Te espero”

No debería ir, por supuesto que no. Sin embargo, guardó en su celular la foto esa con ropa andrógina que dejaba ver su piel, su abdomen por el que quería pasar su lengua y esa boquita. Antes de darse cuenta ya se estaba masturbando sobre la ropa porque esa foto lo provocaba.

Decidido, se vistió, un pantalón, una camisa, una chamarra encima porque después de la lluvia hacia algo de frío. Salió, una botella de vino de su alacena y listo. Caminó por quince minutos hasta dar con el edificio moderno, recibió un código en su celular que utilizó para abrir la puerta. Había cámaras de seguridad, pero no un portero. Subió las escaleras, le había dicho por mensaje que era del departamento 3, el único en el tercer piso, así que no había forma de equivocarse. La puerta al final se abrió cuando Aegon la tocó con sus nudillos para anunciarse.

-Pasa, por favor.

El hombre que le abre es más joven, ya era obvio por la foto, tal vez apenas había logrado cumplir veintiuno y sería bueno que preguntara, por si acaso.

-Claro.

Aegon entra, el lugar minimalista y todo en tonos grises y negros. No había fotografías en las paredes, ni marcos en alguna mesa. Era uno de esos lugares de un solo ambiente, entraba junto a la cocina, con electrodomésticos bastante caros, se abría a la sala con bonitos sillones de una sola plaza y una pequeña escalera que llevaba a un tapanco donde estaba la cama.

-Trajiste vino.

-Dijiste que era el precio.

-Es como decir que era gratis.

-Por si acaso lo traje.

El chico toma la botella, lee la etiqueta y levanta una ceja.

- ¿Esperabas vino en tetrapack?

-No, pero tampoco una botella de hace 10 años de un vino chileno de uva Malbec.

-No bebo cualquier cosa.

Aegon camina por la modera cocina, es lo más destacable del lugar, el refrigerador de dos puertas, horno empotrado y una mesada de piedra que parecía mármol y tal vez lo era. Este lugar valía una millonada, estaba seguro. Además, había un ventanal enorme que ahora les dejaba ver que la lluvia volvía a caer, una televisión de muchísimas pulgadas de esos que son tan delgados que parece que si soplas cerca de ellos los puedes derribar.

-Lo pondré a enfriar.

El chico, que sí era el de la foto, se pasea por su cocina descalzo y Aegon no se está fijando en sus largos pies o cuidadas uñas que fueron arregladas en un salón. Eso lo sabía por su madre, cuando alguien tiene parejita la cutícula y las uñas con precisión milimétrica, lo han hecho en un salón por las manos de una experta.

Aun así, no veía eso, miraba con descaro y censura al mismo tiempo porque ir descalzo en la cocina no está bien, nada bien. Pero no estaban cocinando nada, sólo sacó su carísimo enfriador de botellas de vino que llevaría el líquido a la temperatura adecuada en cosa de nada.

-Listo, ahora, ven acá – el chico se acerca a él, Aegon percibe el aroma amaderado de un perfume caro, de esos que su padre usa cuando sale con su tío y se pierden por días porque son las cosas que los hermanos hacen. Curioso, Aemond jamás se ha perdido por días con él, pero debe ser cosa de los mayores de cuarenta años.

El chico toma su chamarra, ahora la ve barata, fea si se compara con la bata fina de seda y esos pantalones de lino, delgaditos, que se van a arrugar horriblemente en cuanto el otro se siente, pero que le dan una elegancia al más joven que lo hace pensar en que habría aceptado hasta el abrazo que le ofreció al principio.

-Toma asiento.

Aegon mira alrededor, había unos bancos en la cocina, claro, ahí se comía en la barra, sólo dos bancos porque ese tipo de lugares eran para una o dos personas. Nada más. También podía sentarse en esos silloncitos de una sola pieza o tal vez en el bonito sofá con respaldo que mira hacia el televisor.

El rubio se sienta ahí. El chico lo sigue, se siente a su lado, no deja de mirarlo y eso debería ser ilegal porque es obvio que es menor que él y alguien menor no debería poder ponerle las piernas temblar. Pero es que el chico era precioso en foto y más allá de hermoso en persona. El cabello le brillaba, los rizos tenían volumen y estaba seguro de que ese suave aroma a frutilla era de su shampoo.

Su sonrisa era bonita, sus dientes blancos sólo un poco disparejos, pero se compensaba con sus labios. Esos labios tenían gloss y brillaban y Aegon no podía quitar sus ojos de esa parte de su anatomía sólo para no ver lo que dejaba ver la bata de seda pobremente amarrada. Veía su pecho, pectorales firmes, pezones rosaditos, los abdominales marcados, el vello púbico que subía hasta su ombligo.

Mierda, pensó Aegon al darse cuenta de que se estaba poniendo duro de sólo mirarlo.

-Espera, primero el vino.

- ¿Está listo?

El chico se levanta, la bata se abre cuando gira para ir a la cocina, puede ver su cintura, la línea de las caderas. Es precioso, definitivamente el deseo de verlo sin ropa es fuerte y su imaginación sigue haciendo que su verga se levante descaradamente.

-Sólo necesita cinco minutos.

-Rápido.

-Te juro que la cogida durará más que eso.

El chico lo dice como si fuera normal hablar del tiempo que dura al tener relaciones, Aegon se lo toma como tal, sonríe y aprieta los labios para no reír. Acepta la copa de vino, la temperatura es ideal, la lleva a su nariz y aspira, adora el vino chileno, es perfecto.

-Excelente, porque con cinco minutos no se me quitará la tristeza.

- ¿Cuánto necesitas?

Aegon sonríe de nuevo, bebe un poco del vino y recuerda lo mucho que le gusta y que, aunque habría deseado poder beberla toda, al ver el líquido tocar los labios de ese chico encontró una provocadora imagen la cual atesoraría en su memoria.

Esos labios.

Esos labios en su verga.

Esos labios, ahora, en su verga.

Respiró profundo para calmarse porque ya dolía su entrepierna.

-Estás imaginando algo e incluye mis labios en tu anatomía, ¿verdad?

- ¿Lees mentes?

-Interpretó la tienda de campaña que tienes en tus pantalones.

El chico deja su copa en el piso, se arrodilla frente a Aegon y pasa sus manos para agarrar la cintura del pantalón, juega un segundo con ello, se pasa la lengua por los labios para que la desesperación del rubio aumente.

Jala el pantalón, libera a Aegon porque se lleva también la ropa interior.

-Lindo -le dice antes de comenzar a lamer la punta y ese líquido preseminal que habla de lo excitado que esta el mayor.

-Espera – le pide cuando lo ve abrir la boca decidido a comerse su verga. - ¿Cómo te llamas?

-Jace.

-Yo soy Aegon.

El chico, Jace, sonríe antes de bajar hasta la punta de su miembro mientras sigue mirando sus ojos, besa esa cabeza libre de cualquier redundante piel que le podría estorbar. Beso tras beso hasta abrir su boca y dejar que la longitud de Aegon desaparezca dentro, hasta lo más profundo.

El rubio es educado, bebe su vino mientras el elegante chico se come su verga, toda una cena gourmet donde él es el platillo que se ha servido a domicilio. Cuando su copa queda vacía la deja sobre el sillón, por fortuna la tapicería es gris oscuro, si se derraman algunas gotas no será obvio. Echa la cabeza atrás sobre el respaldo, pone su mano sobre esos rizos y lo sujeta ahí para que siga chupando hasta que él se corre con fuerza y entre jadeos y gemidos que no ha logrado controlar.

Jace se levanta, pero dejando bien limpia su verga, se ha tragado todo el semen y se limpia los labios con educación recordando la analogía de comer un delicioso plato hecho con los mejores ingredientes. Recupera su copa de vino, se un trago la vacía, algo no tan educado, pero no importa, sabe que está pasando el sabor salado y tal vez amargo de su semilla. No había cogido en buen tiempo y su estado de ánimo no lo había provocado ni una buena masturbada.

-Ven.

El joven lo guía a las escaleras, Aegon pierde los zapatos y termina de retirarse el pantalón, así que sube al piso de arriba medio desnudo. El tapanco no es tan bajo como pensaría, pero ahí sólo está la cama, la cual es grande, el colchón es suave y las sábanas de algodón muy fino.

- ¿Egipcio? ¿Diez mil hilos?

-No podría ofrecerte poner tu precioso trasero en algo menos fino.

Jace lo empuja sobre la cama, lo deja ver como se desnuda, la bata que ya de por si debaja todo a la vista y el pantalón delgado que ya muestra como su miembro encuentra todo aquello de lo más interesante. Cuando muestra sus genitales Aegon acepta que hasta la verga la tiene bella, larga, no tan ancha, sin prepucio, una cabeza rosada y limpia, los testículos pesados, el vello púbico tan negro y rizado.

Aegon se saca la camisa para quedar en el mismo nivel de desnudez y mira al joven recorrer el camino hasta una pequeñísima mesita de noche de dónde saca un tubito de lubricante. Perfecto, piensa el rubio mientras se pone en cuatro y eleva el culo para que Jace pueda prepararlo.

-Qué bien te ves así.

Le dice Jace y el halago, si bien no era necesario, le encanta. Aegon lame la muy dura verga de Jace mientras el joven se recubre sus dedos con el lubricante y comienza a penetrar esa rosada entrada que le resulta tan bonita a la vista. Aegon gime de una forma muy provocadora, descarado, lo pone aun más duro. Lo grabaría y lo escucharía cada noche, pero en los pensamientos de Jace aquello no sería necesario, el rubio seguramente querría repetir esto noche tras noche.

Cuando Jace mete tres dedos Aegon se gira, lo mira como si fuera un reto el que usara algo más para hacerlo gemir, así que Jace no pierde tiempo y abre sus piernas hasta dejarlas pegadas a la cama, lo sujeta de la cadera y lo eleva alineando su rosadita entrada a su miembro.

Lo penetra de un solo movimiento y Jace por un momento teme haberse equivocado, pero un segundo después el rubio gime casi como si de un animal se tratara y lo hace perder la cabeza, empujándose con fuerza dentro de su cuerpo, profundo, rápido hasta que lo tiene gritando su nombre sin darle ni un segundo de descanso ni piedad.

Aegon está perdido, nunca lo había jodido así, como si supiera que puede aguantar ese ritmo, siendo usado al gusto de ese hombre joven y fuerte, con bonitos músculos y manos grandes que lo sujetan con seguridad. Grita cuando lo gira, extraña su presencia dentro de ser, para el culo para que vuelva a ese lugar donde pertenece. Jace se entierra de nuevo, yendo aun más profundo, arrancando jadeos que se pierden en el colchón que ahoga la mayoría de los sonidos que salen de su boca.

-Aegon…

-Hazlo adentro…

Obviamente era la elección incorrecta siendo Jace un hombre que recién conocía, pero en ese momento no le importaba gran cosa lo que pasara después, sólo quería sentirlo, su eyaculación cálida dentro de sí y luego que está manchara sus muslos, así como él mancharía sus sábanas carísimas dentro de unos pocos segundos.

Dicen sus nombres entre gemidos, se derrumban sobre la cama sin importar nada más.


Aegon despierta en la madrugada con los dedos de Jace abriéndolo de nuevo, lo mira con sueño, con los parpados medio abiertos.

¿Cuántos años tiene este niño? Se pregunta el rubio pensando que tiene demasiada energía como para una segunda ronda.

- ¿Puedo?

-Aja – responde Aegon sin ganas de colaborar, estaba durmiendo demasiado cómodo, demasiado bien. Pero Jace entra despacio, parece consciente de que Aegon no ha terminado de despertar y es cuidadoso en cada movimiento.

Se escucha un sonido húmedo gracias al lubricante, adentro, afuera. Se escucha un suave jadeo, Jace tiene una voz bonita y gimiendo bajito es más deliciosa. Se escucha su respiración acelerada y el vaivén de la cama.

Aegon se corre sin haberse tocado y es posible, no está seguro porque sigue con los ojos cerrados, que eso sea lo que provocó el orgasmo de su joven amante.

-Perdón – le dice al acostarse a su lado, al besa su rostro.

- ¿Mmm?

-Por despertarte así.

-No pidas perdón, sólo volvamos a dormir.

El joven se abraza a él, le da besos, acaricia su cabello. Aquello no parece una cogida, pero Aegon no se va a quejar si el lindo chico de rizos oscuros es de esas personas que se vuelven cariñosas después de sacar toda la energía sexual.

Dos veces

En la tercera vez su joven amante lo recarga contra la mesada, le baja los pantalones que ya se había puesto porque se supone que se iba y se la mete ya sin preparación, Aegon está tan sensible que se corre tres veces y solo atina a gemir disfrutando la forma en que la verga de Jace se entierra, se mueve, toca todos sus puntos de placer y lo lleva a olvidarse de todo, de que se iba, de que esto era una cosa de una noche y nada más.

El más joven tiene un periodo de recuperación excelente y Aegon desearía poder seguirle el paso, pero cuando lo agarra en la puerta justo cuando está a punto de salir y lo siente sobre su verga para hacerlo saltar y de nuevo hacerlo gemir hasta desfallecer.

-Quédate a comer.

Aegon con las piernas temblorosas le dice que sí, pero cuando Jace le dice que se bañará aprovecha para salir de ahí. Pide un Uber mientras baja por las escaleras y sube al él después de esperar un minuto en la banqueta.

“Aegon, hagamos esto bien, te invito a cenar”

Claro, hagamos esto bien, repite el rubio quien después de aceptar porque comida gratis en un lugar bonito. El baño también estaba bonito, muy elegante. Los lavabos eran de cantera, por eso Jace fue cuidadoso cuando lo empinó sobre uno de ellos y lo mantuvo agachado hasta que lo tomó con ganas de hacerlo gritar. Pero no tenían tanto tiempo, solo unos minutos antes de que alguien se quejara de que la puerta estaba cerrada desde adentro.

Hagamos bien esto también significaba que lo invitaba a un elegante brunch en el parque para juntar dinero para una beneficencia. No tenía ropa adecuada para ello así que Jace lo lleva primero a comprar un traje adecuado. Mientras se lo prueba le dice que tal vez no le favorezca de la entrepierna y pide otro en diferente corte, lo ayuda a probarlo en el vestidor, pero primero le come el trasero con la boca y la lengua, lo deja mojado y listo para su verga que lo penetra sin compasión mientras tapa su boca con la mano para que no haga un escándalo.

Hacerlo bien incluye tomar un vuelo en primera clase y que la sobrecargo tengo que fingir no saber lo que pasa en el pequeño baño donde hacen una desgracia de sus ropas y se tienen que cambiar a la pijama que tan amablemente la aerolínea les regala.

En la casa de playa, totalmente privada, tiene mucho más sexo que nunca en su vida y si no fuera porque es imposible, Jace estaría erecto todo el tiempo, tocándolo, provocándolo, haciendo que le pida por su verga la cual ya estaba acostumbrada a entrar en el rubio y llevarlo al más encantador éxtasis.


-Jace, tenemos que hablar – le dice un día de tantos mientras Jace la prepara un café solo cubierto con la bata de seda, esta vez de un color blanco, el resto de su cuerpo desnudo para placer de los ojos de Aegon.

-Estoy embarazado, no puedes dejarme.

Aegon se ríe, toma el café de las manos del más joven y se siente en uno de esos bancos junto a la barra del desayunador.

-Eres el activo, el embarazado tendría que ser yo.

- ¿Estás embarazado? – juega con la idea y parece complacido de ello. – No te preocupes, me haré responsable, nos casaremos a la brevedad, compraré un lugar más grande para que nuestro pequeño tenga más espacio para jugar.

-Basta, no tengo lo que se necesita para eso.

-Adoptaremos – responde sin pensarlo Jace y Aegon solo puede reírse.

-Jace.

-Está bien, me comporto seriamente – el menor se sienta en el otro banco al lado del mayor. - ¿Qué necesitas decirme, amor?

El hagamos esto bien también incluye esos nombres cariñosos, el que Aegon duerma entre los brazos de su amante casi todas las noches y hacen el super cuando se acaba el jamón o el pan.

-Falté cuatro veces al trabajo en este mes así que me despidieron.

-Perfecto, celebremos.

Se levanta del banco, toma su mano y lo jala para llevarlo al sillón donde se profanaron la primera vez. Lo sienta encima de él, su erección ya lista para atenderlo y penetrarlo sin mayor problema.

-Jace… ¿qué? – Aegon jadea, gime, grita cuando el menor se empuja con vigor presa de la felicidad que le provocó el saber que el rubio ya no tenía trabajo. Una vez que empiezan no podrán hablar hasta que Jace lo lleve a dos o tres orgasmos, casi siempre la última eyaculación ya no tiene nada de líquido, sólo es el placer de sentirse duro y alcanzar el clímax otra vez.

Aegon abre los ojos, están acostados de alguna manera sobre el sillón. Jace lo mira con ojos lánguidos, parece encantado con esa contemplación de su pareja.

- ¿De verdad no te molesta?

- ¿Qué no trabajes? – Aegon asiente – Para nada, de hecho, así podríamos irnos en dos días a otro país, ¿qué prefieres conocer? ¿Japón, Tailandia, India?

-Japón.

-Es un hecho… ahora, ven acá.

-Déjame descansar un rato.

-Descansas en mi verga, yo hago todo.

-Me iré a bañar.

-Te enjabono y luego te cojo.

-Jace.

-Aegon, me pones duro con sólo verte, quiero cogerte todo el tiempo, estamos solos, aquí no me puedo controlar.

-Si puedes.

El rubio trata de huir al baño, pero el menor lo atrapa, lo sujeta por las caderas, se hinca frente a él y comienza a mamársela.

-Niño… basta… no tengo tu energía.

Jace se detiene, lo mira suplicante, quiere seguir comiendo su verga, es como negarle su dulce favorito. Aegon se compadece, se recarga en sus hombros y le hace una seña con la cabeza para que continue.

Ahora su vida es así. Publica fotos de su cuerpo donde se ven las marcas del paso de Jace junto con lugares del mundo que han profanado.

¿Eso es un descaro?

La verdad no le importa mientras tenga a su joven amante para enseñarle que la vida puede estar llena de placer.

FIN