Capítulo 1
1
LOS ALFAS
Alfa y omega.
Se suponía que debía haber una alfa para un omega y por lo tanto un omega para un alfa. Uno para uno, complemento en todo sentido, compañeros, amigos, amantes, padres. Ese el último motivo, ser padres.
Había entonces lindas omegas con redondas caderas y abundantes pechos y omegas masculinos que muchas veces no era tan claro que lo eran. No distaba demasiado de un alfa, tal vez en la estatura o en la complexión, cosa que se cumplía con él, siendo que no era tan alto ni fornido. Pocos omegas masculinos tenían una linda carita de ángel o un trasero paradito y redondo.
Uno de sus grandes amigos, Lucerys Velaryon, cumplía con el requisito de tener un rostro angelical y bellísimo. Claro que no era perfecto, tenía un problema que detuvo a muchos alfas de intentar algo con él. En el transcurso de un año creció y creció y ahora era más alto que el alfa promedio. Esto no detuvo al alfa que terminó siendo su novio, un tipo que le seguía el juego en todo sentido.
-Estos jabones, ¿por qué son tan pequeños?
-Me los traje del motel.
Qyle Martell, el omega que había sido educado para seguir las tradiciones, aventó los jabones como si quemara. Lucerys sólo pudo reír porque, aunque eran muy amigos, eran por completo diferentes.
- ¿Vas a esos lugares con…?
-Con Aemond, claro – Lucerys se tira en la cama, Qyle retoma su lugar en la silla, lo está viendo jugar, practicando para uno de tantos torneos que se dispone a ganar. – Son lugares con mala fama, pero es mejor que coger en la calle.
Qyle se sonroja y se ríe con nerviosismo.
-Vas muy rápido con ese alfa.
-No tanto, sólo nos casamos en secreto el mes pasado, pero todo tranquilo.
Qyle se ríe, no hace mucho caso de su amigo quien estaba esperando ver su reacción y cuando lo tomó a broma, no le aclaró nada más.
“Venadito de grandes ojitos azulesssssssssssssssss”
Qyle tomó su celular en medio stream sólo porque era de Lucerys y ya sabía que le pediría algo porque sólo le decía “venadito” cuando quería algo y no era cualquier cosa. No era cómprame un café porque el niño era un Velaryon, podría comprar Starbucks si un día se le antojara. Era algo grande.
“Qué necesita su Alteza?”
-Aegon, mi cuñado panzón – le comienza a explicar el favor tan importante que no le puede pedir a nadie más – está a punto de cometer un crimen de odio en contra del mejor amigo de mi hermano.
- ¿Y cómo puedo yo evitar ese crimen?
-Enamora a este alfa.
Le muestra una foto de un rubio de bonito cabello que tal vez tenga su misma edad, por lo menos eso parecía.
-Es guapo.
Lucerys toma eso como una victoria, se pone a hacer un bailecito ridículo y luego le pasa todas sus redes, su celular y el número de su casa.
Por supuesto que hace el stalkeo de rutina, se pasa por muchas de sus fotos, en gran mayoría selfies y debe aceptar que sí, es guapo, pero además tiene cierta personalidad que se muestra claramente en cada foto además de un humor interesante.
Tal vez debió revisar su celular en otro momento que no fuera la calle, a punto de tomar un camión para regresar a su casa.
-Ya te la sabes.
- ¿Qué? – iba a girar para ver a quién le estaba hablando cuando una mano se agarró a su cintura y la otra fue usada para sostener algo puntiagudo contra su espalda.
-No mi valedor, no manches tu vida, no te voltees, sólo saca la cartera y ese celular se ve nuevo, haz una donación a mi causa.
Hizo caso al darse cuenta de que esa persona lo estaba asaltando y de verdad no quería que esto escalara porque de repente escuchó el sonido claro del tipo ese olfateando su cuello.
-Se le agradece su amable donación y nada de darse vuelta.
- ¿Quién diablos eres y porqué estás llamando a mi celular?
-Qyle y sé que es un número desconocido, pero es que me robaron mi celular y la cartera, una señora me dejó hacer una llamada.
- ¿No tienes dinero para regresar?
-No, nada, ¿me podrías pedir un Uber?
-Sí, claro, ¿cuál es tu ubicación?
Lucerys le dijo que su Uber sería una camioneta Subaru de color azul. Pasó un poco más del tiempo del usual, casi media hora, pero cuando la SUV se estacionó frente a él no tuvo mucho tiempo para reaccionar cuando el mismo alfa del al foto, el que es el mejor amigo de Jacaerys, bajó y le preguntó con una preciosa voz grave si él era Qyle Martell.
“Yo soy quién tu gustes que sea,” pensó, pero contuvo su emoción y sólo dijo que sí. Él se presentó de forma educadísima como Cregan Stark, le dio la mano, una mano suave de uñas bien cuidadas. Apretó suavemente la suya y ya con eso tenía a Qyle imaginando cosas que no debería.
Le abrió la puerta del copiloto, el ayudó con el cinturón de seguridad y cerró su puerta. Nadie, nunca en la vida, había hecho eso por él.
-Primero, ¿estás bien? ¿Te lastimaron?
-Ah… no, fue todo muy rápido, sólo sentía que traía una navaja y la apretó contra mi espalda, pero fue todo.
- ¿Qué? ¿No te habrá herido?
Qyle no esperaba aquello, que Cregan, el amigo guapo del hermano de Lucerys, le quitara el cinturón de seguridad y lo hiciera girar para revisar su espalda. El omega se tensó de inmediato, no por qué doliera si no porque lo estaba tocando y eso no era normal para Qyle quién no solía dar una entrada tan fácil a los alfas.
-No tengo nada, de verdad.
-Es mejor estar seguro.
Se vuelve a sentar, asegurar con el cinturón y no por ello logró controlar su sonrojo, tal vez Cregan no lo vio o fue muy amable para no evidenciarlo. Le dijo que irían a comprar un nuevo celular, Qyle sonrió y negó con la cabeza porque no tenía en ese momento para comprar uno nuevo, usaría uno viejo que aun guardaba, sólo tendría que recuperar su número.
-Es mejor uno nuevo, de otra manera tus aplicaciones no funcionarán correctamente.
-Ah claro, pero no me alcanza para comprarlo.
-No te preocupes.
Ese no te preocupes fue más bien un yo pagaré por él, aunque Qyle se negó muchas veces, Cregan insistió sobre todo al enterarse de que usaba el celular también para trabajar. Recuperó su número y Cregan se lo pidió de forma muy discreta.
-Te enviaré un mensaje para ver que todo funciona bien – le dijo con mucha seguridad sobre lo que hacía, aunque Qyle podía ver que al decirlo sus mejillas se pusieran un poco rojas.
-Sí, claro, es buena idea – le da su número y luego de eso se añaden en cada red social que tienen porqué de ahí fueron a tomar un café y luego dieron una vuelta por el parque, cosas que Cregan no solía hacer siendo que salía más a bares o clubs.
Qyle no podía creer aquello, que se hubiera llevado realmente bien con Cregan. Esto era extraño, él no solía conquistar a nadie. Así que su sorpresa fue más que enorme cuando recibe un mensaje de la persona que le robó su celular.
De inmediato le dice a Lucerys, que el tipo que lo asaltó lo quiere ligar.
-No, no manches, ya dejaste medio baboso a Cregan y necesito que lo mantengas lejos de Aegon o lo va a asesinar.
-Sí, bueno, Cregan es muy amable, me compró un celular.
- ¿Qué?
-Me compró un celular.
-Listo, te ama, así que nada de malandros.
2
LOS PATITOS
Los había citado a los dos, pero sin engañarlos, les dijo que se verían los tres, que los tres saldrían a pasear por el parque y hablarían.
Dalton Greyjoy, el malandro asaltante que le robó su celular había insistido bastante. Mensajes desde muchos números diferentes, llamadas, fotos, de todo para llamar su atención y cuando no lo logró, se presentó en su casa tocando y tocando el timbre. Se escondió en su habitación, apagó todas las luces y fingió no estar en casa hasta que los vecinos llamaron a la policía porque Dalton rompió una ventana.
No quería que se lo llevaran a la cárcel, así que lo metió a la casa y le mintió a la policía. Dalton aprovechó ese tiempo para dar vueltas por todos lados y encontrar las fotos de su familia. Esa noche estaba solo, sus padres y su hermana habían salido a un campamento, por fortuna.
Esa noche también el alfa con trabajo ilegal se convenció de que Qyle tenía una hija, inventándose una historia de embarazo adolescente de lo más extraña. Todo por ver una foto con su hermana cuando ella era muy pequeña.
Gracias a eso Cregan, de alguna manera extraña, se enteró de que Dalton decía que tenía una hija y ambos, sí, ambos, decidieron que se querían hacer responsables de ella.
De repente tenía dos alfas que le juraban que lo apoyarían y le darían para los gastos de la pequeña.
-No sabía que Judith es tu hija – le dice Lucerys entre risas - ¿qué no era tu hermana?
-No mames.
-Tenías como doce años cuando nació, ¿no? – su amigo se retuerce de la risa, Qyle le ha mostrados las publicaciones de Dalton y Cregan y Lucerys no aguanta ya su estómago y hasta parece que dejó de respirar de tanto reírse.
-De verdad no sé por qué no entienden, sobre todo Dalton, está insiste e insiste que le diga cuánto pago de colegiatura, que si toma clases extra, que si me alcanza para la comida, que si mis papás me ayudan, que si no quiero irme a vivir con él a su cantón.
-Basta, no puede ser así, te quiere ver con bendi -sigue riendo, aunque ya parece que se está tranquilizando.
- ¿Cómo?
-Que te quiere preñar.
La expresión de Qyle fue motivo de nuevas risas de su amigo.
Así que por ello los había citado a ambos ese día, le gustaban ambos. Eran guapos, demasiado guapos, a tal grado que no entendía por qué alfas que se veían así lo volteaban a mirar. Pero era un poco más allá de sólo gustarle por ser guapos.
Dalton era amable si olvidabas el hecho de que en realidad lo había asaltado y que lo había acosado con llamadas y mensajes para luego ir a meterse a su casa y revisar todos los cuartos buscando información. Aquello no era bueno ni la mejor manera de conocer a alguien y para ser sinceros debió poner la denuncia por el robo de sus pertenencias y luego dejar que se lo llevara la policía cuando se metió a su casa.
Pero Dalton era lindo, lo hacía reír, a veces un poco grosero o tal vez demasiado directo con ciertas declaraciones, pero lo sentía tan real y sincero que no necesitaba preguntarle si hablaba en serio.
En lugar de decirle que le gustaba le decía que se la ponía dura y que se lo quería coger. Qyle se sorprendió porque eso no sonaba educado ni agradable, pero Dalton le dijo que sí, que le gustaba mucho, que le parecía demasiado lindo, pero que igual quería cogérselo y hacerlo disfrutar.
Eso era demasiado directo para Qyle, cuyas mayores interacciones con las personas era en línea y cuando conocía personas en la vida real era porque estaba trabajando. Aun así, tomaba el transporte público cuando tenía que hacerlo porque en realidad en su familia iban con el dinero justo.
Le había aceptado varias salidas a Dalton, eran cosas sencillas, ir a comer una hamburguesa o andar en bicicleta. Todas las veces que Dalton quiso pagar por las cosas que comían o hacían, Qyle preguntaba cómo ganaste ese dinero y nunca le aceptó nada si la respuesta era dudosa.
Esa fue la motivación que tuvo el alfa para conseguir un trabajo normal, en una tienda de reparación de celulares donde si bien no tenía estudios, era total y completamente resolutivo. Los problemas más frecuentes eran que habían olvidado la contraseña, que no registraron su huella y ahora no podía usar el celular. Además, tenía un ojo clínico para saber si la procedencia de ese celular era legal o no.
Se quejaba del pago ridículo en su trabajo, pero cuando Qyle le aceptó una salida y pudo pagar por lo que se le antojaba al omega, se dio cuenta de que esto era mejor y mucho más satisfactorio.
Por el otro lado Cregan. Le gustaba demasiado, cuando le envió un vídeo cantando Qyle no pudo más que derretirse. Lo adoraba. Cuando lo empezó a stalkear por petición de Lucerys era obvio que ese alfa tenía un mega enamoramiento con el hermano mayor de Lucerys, otro alfa. En ese momento creyó que no tenía caso interesarse por un alfa al que le gustaban los alfas. Pero, le parecía muy guapo así que haría el intento de conectar con él.
Lo que ayudó fue el asaltó que sufrió. Después de ese día, Cregan estaba tan al pendiente que cayó en la historia de que su hermana era su hija y tuvo que explicarle y mostrarle fotos de su madre, la cual falleció en el parto, razón por la cual él, como omega, se sintió muchísimo más apegado a la niña.
Cregan conoció rápido a su familia, a su padre quien había sido policía y trataba a todos como criminales, con su hermana, quien ya tenía 8 años para ese momento y con la nueva esposa de su padre, quien a decir verdad trataba como madre porque se había ganado ese lugar. El alfa era de ese tipo de persona que no dudas en llevar a casa y dejar que todo mundo sepa que podrías tener algo más con él.
Si a Cregan le decía que le gustaba mucho, el alfa respondía que a él también, que soñaba con darle un beso, con tomar su mano y pasear por el parque. Nunca le hablaba de coger o de desearlo de esa manera.
Dalton y Cregan eran dos facetas de un alfa y en realidad le gustaban mucho, así como eran.
Por ello es por lo que habían llegado a ese punto, ese día en el parque. Los vio llegar, Dalton primero, con bonita ropa, el cabello peinado y se sentó en una banca a esperar. Luego Cregan llegó con uno de sus perros, uno de los pequeños porque los grandes asustan a la gente y no suele traerlos al parque. Se sentó al lado de Dalton, ninguno de los dos estaba engañado sobre el otro, de hecho, cuando Dalton seguía creyendo la tontería de que su hermana era su hija, le había dicho a Cregan que dieran ambos la mensualidad de la que creía hija de Qyle.
En realidad, aquello le había causado demasiado ternura, era muy propio de Dalton, algo que sonaba extraño, pero con toda la buena voluntad posible de quererlo ayudar.
Así que Dalton sabía de Cregan y Cregan de Dalton y todo mundo pensaría que no podrían llevarse bien, que siendo alfas serían más territoriales y desearían quedarse con el omega y compartir en una relación estaría por completo fuera de la realidad.
Pero no fue así.
Ese día era la primera vez que saldrían juntos, los tres. Se los dijo claro y se sintió estúpido al decirlo, que le gustaban los dos, que no sabía si iba a poder elegir entre ambos y que, por ello, prefería simplemente alejarse de ambos.
Ninguno de los dos aceptó. Le dijeron que no le iban a pedir elegir.
Así que ahí estaban los dos, sentados en una banca, hablando entre ellos, Dalton jugando con el perrito Bull terrier de Cregan, atrayendo todas y cada una de las miradas de las personas que pasaban frente a ellos porque ambos eran alfas increíblemente atractivos y era obvio que cualquiera los miraría, hasta otros alfas.
Y por el otro lado estaba él, quien no tenía el rostro todo precioso de Lucerys o la personalidad de Aegon, el omega del hermano mayor de su amigo. Lo había conocido en una fiesta después de la presentación de los alfas, porque Jace buscaba ser conocido en el mundo de la música y Cregan tenía una capacidad como productor musical que le sorprendía.
Así que ambos alfas eran amigos desde hace muchos años y además, trabajaban juntos. Esa cercanía molestaba a Aegon, por eso Lucerys le dijo que enamorara a Cregan, sólo que cuando conoció al otro omega se dio cuenta de lo ridículos que eran sus celos, porque era una de esas personas magnéticas, capaces de atraer a cualquiera.
De hecho, después de ver la forma tan liberal de Cregan, capaz de aceptar una salida de tres y estar ahí, platicando con el otro alfa que cortejaba al mismo omega, Qyle pensaba que si Jace o Aegon hubieran sido capaces de compartir habrían sido bastante felices.
Pero ahora ese alfa que podría compartir con otro alfa lo estaba cortejando a él, el omega más simple del mundo sin la belleza de Lucerys o la personalidad de Aegon.
-Hey.
Les dice al llegar y los dos se levantan para saludarlo. Dalton es mucho de contacto, lo abraza, le da un beso en los labios. Cregan mira al piso no porque le moleste si no porque en realidad está tomando un poco de valor, cuando Qyle se le acerca para saludarlo, su abrazo es más cálido que en otras ocasiones y si bien lo besa en la mejilla, rozó levemente la comisura de sus labios.
Eso era un avance, definitivamente.
Cregan los invitó a desayunar y fue bastante agradable porque ambos alfas trataban de adivinar que le gustaría al omega y parecían complacidos cuando lo lograban. De igual manera las miradas estaban sobre de ellos y Qyle lo entendía, era difícil pasarlos por alto.
Hubo un momento en que ambos alfas se levantaron para ir al baño, el omega aprovechó para mandarle a Lucerys las fotos que les había tomado.
“Wey, se fueron los dos al baño??”
“Sí…”
“Espadazos”
Qyle se estaba riendo de esto cuando un alfa desconocido se sentó sin pedir permiso frente a él.
-Creo que te dejaron con la cuenta – le dice sacándolo de la concentración que tenía mientras miraba su celular.
-Ahh… no, claro que no.
-Es obvio que sí, tal vez consideraron que no estabas a la altura.
- ¿Qué? – escuchó aquello sorprendido y deseraría poder ignorarlo, pero justamente le dijo lo que lo hacía sentir más inseguro sobre todo el asunto de Dalton y Cregan, que él no creía que dos alfas tan bonitos pudieran interesarse en él.
-Mira, si tú vienes conmigo y te portas bien, pagaré por lo que consumieron.
Por esa razón es que le costaba tanto relacionarse con personas en la vida real y peor aún con alfas. Se quedó en shock, mudo por lo que acaba de escuchar, pero sin ningún deseo de tolerarlo.
-No es necesario.
Se levanta, va a la caja y paga por el consumo de los tres, para luego salir del restaurante y regresar a la banca donde se había citado con los alfas más temprano en la mañana.
“Qué te dijo qué?? Wey no mames, puto idiota. No le creas a un pendeje, Qyle, tú no tienes que estar a la altura de nadie, ellos tienen que merecer estar en tu compañía…”
Iba a responder a Lucerys cuando Dalton y Cregan lo encuentran, es palpable para un alfa el estrés en el omega, se percibe su aroma que había dejado de ser tan relajante para ambos volviéndose amargo.
- ¿Por qué saliste? – Cregan le pregunta dándole la oportunidad de explicar, pero cuando Qyle sigue en silencio Dalton se adelanta.
-Cuando regresamos a la mesa escuchamos a un pendejo hablar sobre lo que te dijo, se lo estaba contando a todos los idiotas con los que iba. Ese pendejo ahora necesita una cirugía o algo…
-Fractura de nariz, seguro.
- ¿Qué? No, pero … ¡¡Dalton!! No debiste…
-Claro que sí debió – Cregan lo mira con seriedad. – Me habría gustado que no te fueras del lugar, pero lo entiendo, debió ser horriblemente incomodo.
Tanto Qyle como Dalton miraban a Cregan más que hipnotizados, el alfa pese a ser de su edad era alguien que parecía saber manejar situaciones y, sobre todo, dar mucha tranquilidad. Si Cregan decía que estaba todo bien, estaba todo bien.
-No soy partidario de la violencia, pero el tipo merecía ese golpe y Dalton es realmente rápido y certero.
-Obviamente mi rey, si he golpeado valedores por menos, como no voy a romperle su madre a alguien que insulte a mi omega.
-Nuestro.
-Eso.
Qyle si se pone a llorar por el estrés y por lo bonito que siente al tener a dos alfas asegurándole que nadie tiene derecho a decirle cosas así, que él jamás sería menos que ellos por las razones que se imagina, que ellos son los que desean estar con él por sobre todas las cosas y que, para ellos, el omega es exageradamente bello y no entiende cómo nunca había sido cortejado.
-Vengan, les compro un helado.
Dalton lo jala del brazo para levantarlo, lo abraza cuando esta de pie y espera a que Cregan los abrace a los dos. Eso era raro, visto por fuera, pero se sentía totalmente adecuado para Qyle quien no se había sentido tan tranquilo en los brazos de otra persona como lo sentía con ellos.
Los tres caminaban juntos para salir del parque, el bull terrier de Cregan caminando animadamente a su lado, cuando la mirada de Qyle se queda fija en un vendedor de patitos. Eran broches para el pelo de patito de huele amarillo con diferentes versiones.
- ¿Quieres uno? – le pregunta Cregan de inmediato.
-Es una tontería.
- ¿Pero te gusta y quieres uno?
-Sí, son muy lindos.
Qyle tenía dos patitos en el cabello, uno era un patito músico, con audífonos y una guitarra y el otro un patito malandro, con chamarra de cuero y casco de motociclista. Dalton y Cregan tenían cada uno un patito gamer que de inmediato les encantó.
EXTRA
- ¿Por qué no fuiste al viaje con tu hermana?
-Fueron con mis padres.
Estaban en video llamada, como siempre hacía desde hace un mes que había iniciado aquello, aunque fuera por unos minutos se hablaban para terminar el día, pero ahora le causaba mucho ruido a Cregan que el viaje a Disney World que haría con su hermana se lo fuera a perder por ninguna razón lógica y más porque Qyle llevaba semanas planeando eso, los horarios y el recorrido dentro de cada parque para disfrutarlo todo.
-OK, ¿y tú porque no irás?
-Es muy caro.
-Qyle… - Cregan no sentía que tuviera que decir que si era por dinero solo tendría que haberle dicho y listo, no se debía preocupar por ello.
-Está bien, no es por dinero y sí, se suponía que era un viaje familiar y lo teníamos todo cubierto, pero…
Los dos alfas lo miran fijamente y aunque cada uno está en su casa, siente el peso de su atención.
-Entré en celo, ya tomé todo lo que se puede tomar y no funciona, estoy exageradamente mojado…
La llamada se corta y Qyle se queda mirando la pantalla sin entender.
“Lucerys…”
“Ya estás en Disney??”
“No fui, no puedo detener mi celo…”
“Wey, te quedaste solo en tu casa??”
“Sí, es totalmente seguro, mi mamá se encargó de dejar todo lo que pudiera necesitar”
“Te dejó un alfa o que pedo? Porque eso es lo que necesitas, pito alfa”
“No, claro que no, Lucerys…”
“Aprovecha wey, de verdad, diles a tus alfas que andas fértil y que te preñen… bueno no, que andas caliente y que te rellenen… jajajaja”
“Les dije, se les hizo raro que no fuera al viaje y la llamada se cortó”
“Wey… te van a caer en tu casa para darte pito doble!!!!!!!!!!”
Qyle pensaba que Lucerys podría tener razón, pero no lo creía en serio, no lo creía de verdad. Aun así, se cambió de ropa por si de verdad venían no lo encontraran con el pantalón mojado. Luego fue a sacar la caja de pastillas que le dio su mamá por si acaso cuando le dijo que estaba saliendo con alguien. Sus padres creían que sólo era Cregan, no les había aclarado que Dalton también estaba en la ecuación, aunque algo suponían porque lo veían hablar con dos alfas, contarles cosas de dos alfas y en el bloqueo de su celular estaba la foto de los tres.
Esa foto con los patitos de huele en el cabello.
Llevaba un mes tomando anticonceptivos, esperaba que estos si funcionaran, no como los supresores que mágicamente lo dejaron en ese predicamento. Se tomó la pastilla sin pensarlo.
-Qyle.
-¡¡QUÉ PEDO!!
El omega estaba en la cocina tomando agua y leyendo los nuevos mensajes de Lucerys cuando la voz de Dalton hizo que le aventara el vaso, por fortuna era de plástico.
-Dijo que le diste llaves – trata de disculparse Cregan.
-Lo siento, las viejas costumbres – Dalton se seca el agua del rostro mientras sonríe, puso esos ojitos de cachorrito que le eran tan difíciles de ignorar.
- ¿Qué hacen aquí?
Dalton y Cregan se miran uno al otro y Qyle se siente idiota, porque tal vez era demasiado obvio lo que hacían ahí, pero era una barrera que no habían cruzado.
-Bueno…
-Pensamos…
-Ya que estás en celo…
-Podría ser que quieras…
-Que quieras coger – dice finalmente Dalton – y lo digo así porque si no Cregan hablará dando mil vueltas y al final es eso. Queremos coger contigo.
La primera vez fue raro, conocerse así entre los tres era algo que normalmente un omega bien educado, de una familia bastante normal, no debería vivir nunca.
Pero la segunda vez el calor del celo pegó por completo y Qyle estaba viviendo la necesidad por los alfas de una forma intensa.
Cregan lo hizo sentarse en su verga a modo de preparación, la ventaja de estar tan exageradamente mojado era que podía tomar al alfa sin mayor problema, aunque aun sentía la resistencia de su cuerpo. Pero no importaba, aguantaba esa punzada de dolor que luego se convertía en una oleada de placer al sentir como el miembro de Cregan lo llena tanto que no era posible estarlo más.
Pero si era posible.
Cregan lo sostenía y buscaba sus labios para distraerlo de lo que hacía Dalton con su coño. El otro alfa metió sus dedos para embarrarlos con la humedad que seguía lubricando al omega, cubrió su verga con esto. Cregan lo agarró a Qyle con firmeza por el trasero y se levantó para que fuera más fácil que Dalton se colocara por detrás.
-Voy a salir un momento – le dice Cregan con esa voz tan relajante que lo tenía atontado, escucharlo gemir había sido el cielo y no se repondría de eso jamás.
Los alfas se alinean, Dalton toma la libertad de tomar ambas vergas con su mano y masturbar un par de veces, aquello hizo que los dos jadearan y Qyle sólo sintió más calor en su vientre y una oleada de lubricación que era ya vergonzosa.
Cuando entran en él fue demasiado y al mismo tiempo, no era suficiente.
- ¿Estás bien? – pregunta Cregan de nuevo al pendiente de la expresión de su rostro y cuando vio que había algo de incomodidad hizo que Dalton se detuviera.
-Aja…
- ¿Podemos seguir? – Dalton le besa la espalda, los hombros, para el alfa era difícil de entender que ese omega hubiera pasado años de virginidad sin que nadie hubiera logrado contemplarlo en un orgasmo. Se sentía muy afortunado que estuvieran ahí juntos, conociéndose tan profundamente.
-Si…si…
Qyle no va a estar coherente durante todo el tiempo que tomaron los alfas para disfrutar aquello, el entrar poco a poco en ese coño que los recibía amablemente, mojándose para dejar deslizar las dos vergas hasta el fondo. El omega se sujetaba de los hombros del alfa mientras el otro alfa lo tomaba de las caderas para moverlo de manera circular sobre las durezas que lo habían penetrado.
Lo tenía por completo perdido en el placer, pero ambos eran cuidadosos porque no querían lastimarlo, por eso esa unión entre los tres duró muchísimo, porque tomaron su tiempo para disfrutar, para tocarse, sentir los músculos tensarse, el aroma del omega que los tenía embriagados y el sonido de sus gemidos los tenía al borde.
Querían hacerlo rápido, querían ir tan al fondo y llenar su matriz de su semilla. Deseaba que el cuerpo de Qyle respondiera a estar con dos alfas, que ovulara, que concibiera a sus hijos, verlo con una enorme pancita. Sabían a la perfección que aquel deseo era lo más instintivo que sentían como alfas al tomar a su omega, pero de verdad deseaban darle todo el placer posible entre ambos.
Cuando se corrieron el omega estaba inconsciente, después de tener tantos orgasmos como no creía posible, había llegado a un límite. Abrió los ojos un momento después y lo alfas, sabiendo que no podía anudar, habían salido de dentro de él y lo miraban asustados.
- ¿Hicimos algo mal?
-No – aclara porque si bien fue parte del orgasmo, sabe que los dos no esperaban que eso pasara.
-Es que tú…
-Te desmayaste.
-Hay que volverlo a hacer.
-Pero…
-Hay que practicar para no desmayarme, estoy muy seguro de poderlo lograr.
“Qué se siente??”
“No te lo puedo explicar… la verdad no…”
“Wey, que suerte, o sea, eso jamás lo voy a sentir, Mond jamás aceptaría”
“Uy qué lástima… qué pena por ti…”
“Puto… jajajaja”
“Y ahora que hacen?? Ya te la van a meter de nuevo??”
“Si me la meten una vez más no voy a poder caminar nunca más… lo juro…”
“Qyle Martell, acaso eres una perra débil??”
“Cállete baboso…has tenido dos vergotas en el coño al mismo tiempo?? No verdad?? Jajajajajaja”
“No antojes”
“Le voy a decir a tu alfa”








