Capítulo 1
IS A LITTLE MORE THAN THAT
Los años de escuela habían terminado por lo menos para él, siendo el mayor de sus hermanos tenía que dar un ejemplo. Aunque su madre, cada que lo veía, parecía sentir una profunda decepción.
Era como no debería de ser. Su estatura era poca, su hermano menor ya lo sobrepasaba por más de diez centímetros y sus formas no eran para nada las esperadas. Era menudo, caderas más anchas de lo usual y casi nada de músculo. No era guapo para los estándares, se suponía que era un alfa y no lo parecía, por lo tanto, nadie lo miraba dos veces.
Los omegas se reían cuando pasaban a su lado, tanto hombres como mujeres, ellos sabían que era un alfa, podían percibir su aroma, sin embargo, no les era interesante.
Ellos, los omega, quería un alfa alto, musculoso, pectorales, espaldas anchas, muslos tonificados y abdomen de cuadritos.
No podía culparlos, a él también se le hacía agua la boca sin pensaba eso mismo, aunque él no buscara un alfa, si no un omega grande y fuerte que pudiera dominarlo.
-Hey, chico nuevo – le dice su compañera de trabajo, una linda omega de bonita sonrisa.
-Ahhh... sí, ¿qué necesitas?
-El jefe necesita que hagas unos diseños, quiere conocer tu estilo.
El alfa entra a una oficina, bien iluminada, aire fresco circulando gracias a un purificador. Una elegante máquina de café en una esquina y en la otra, un arbolito bonsai.
-Recuérdame tu nombre – le dice un hombre de traje que ha entrado por otra puerta. Lo mira, es elegante pese a que se quita el saco y se queda en mangas de camisa.
-Soy Aegon Targaryen.
-Qué gran apellido, ¿de quién eres hijo? ¿De Viserys? ¿De Daemon?
-Ahhhh de Viserys – responde un poco confundido porque su nuevo jefe conociera a su padre.
-Por fortuna, tendríamos un conflicto de intereses si fueras hijo de Daemon.
Aegon parpadea, no entiende nada.
-Está bien Aegon, necesito un concepto de marca para uno de los clientes – le comienza a explicar y el joven toma notas para no olvidar nada. Sale de esa oficina con lo que piensa es el trabajo de toda una semana, pero necesita entregar algún avance al día siguiente. Se sienta en su silla y comienza a concentrarse, ignorando a los demás compañeros y hasta a su propio cuerpo porque se saltó la hora de la comida.
Al día siguiente cumple con su entrega y sigue trabajando con ahínco, su jefe se da una vuelta por su cubículo, lo mira trabajar por algunos minutos y parece que eso le agrada porque cuando Aegon se salta de nuevo la hora de la comida, su jefe le deja una lata de refresco y un tazón de ramen.
Aquello fue muy amable, por eso Aegon se esforzó todavía más y para el día en que entregó el trabajo final, este fue aprobado para una campaña de marketing.
Aegon se sorprendió demasiado, pero no fue la única vez que hizo bien las cosas y a su jefe le encantaba lo suficiente como para usarlo en otros proyectos y por ello, a los seis meses de haber entrado a trabajar, tenía ya un aumento de sueldo y un mejor departamento donde si alguno de sus hermanos le pedía recibirlos por el fin de semana lo podía hacer.
-Aegon, toma – su compañera de trabajo le da un boleto, lo sorprende con eso porque hasta el momento se había negado a recibir uno. Era para la fiesta de la empresa de fin de año, un evento de gala al que iban todos los empleados.
-No iré a la fiesta.
-Claro que sí irás, todos vamos, es una noche muy divertida y, además, vamos a darnos un taco de ojo.
Aegon no esperaba eso último y no tenía idea de a qué ser refería.
-No me veas así. Es el único día donde los hijos de nuestro guapo jefe se involucran con la empresa y te voy a decir algo, esos chicos están bien hechos, hechos con amor.
-No tengo ropa formal como para ir…
-Ay, por favor, ese no es problema, ponte cualquier cosa, no te van a negar la entrada.
Aegon recibió el boleto y cuando esa tarde se fueron dos horas antes a casa llegó a enfrentarse a su guardarropa limitado. Casual más que formal era lo que le describía, por lo menos tenía una camisa limpia y un pantalón de vestir. Como le dijeron, nadie le negó la entrada pese a que se veía menos espectacular que la mayoría.
Hasta los becarios parecían listos para conquistar y eso ponía levente estresado a Aegon, si aquí encontrara a su omega soñado seguramente no lo miraría ni una sola vez.
-Aegon – lo llama su compañera, está con otras amigas, todas omegas, lo saludan con buen ánimo, lo invitan a beber y de los canapés, todo es gratis y ellos beben sin restricción. Aegon está mareado y aun no era medianoche, lo cual es lo más osado que ha hecho en meses.
Escapa un rato de las omegas, ellas parecen beber mucho más y él, aunque sea alfa no tolera del todo bien grandes cantidades de alcohol. Se va a la mesa de la comida, encuentra emparedados y se lleva la charola para comer.
-Eso es demasiado – le dice alguien, Aegon no voltea, está comiendo.
-No – responde con la boca llena – de verdad tengo que comer o el alcohol hará estragos.
- ¿Me compartes uno?
-Aja – responde el alfa, toma uno de los emparedados y lo estira en la dirección del desconocido.
-Gracias – responde y para comer, se sienta a su lado. Es hasta ese momento en que lo mira de verdad, no solo como una figura en su campo visual, si no como la persona alta, fornida y de hermoso rostro que era.
“En la madre, está precioso,” piensa Aegon antes de volver a comer.
- ¿Estoy precioso? – pregunta riendo y Aegon debe aceptar que es posible que lo haya dicho en voz alta. – Sí, lo dijiste en voz alta, pero muchas gracias, me halaga que un lindo alfa me lo diga.
-Lo siento, eso ha sido grosero.
-No, para nada, no te preocupes.
Comen un par de emparedados más hasta que el hombre a su lado se queda en silencio, sin moverse, tan solo mirándolo.
- ¿Quieres ir a bailar?
La fiesta está en su punto más alto, hay un DJ y la pista está muy llena, las luces han bajado, hay gente con pulseras neón saltando al ritmo de la música. Aegon se siente muy viejo al ver aquello, nunca ha bailado esa música y ahora le abochorna un poco lo mal que pueda hacerlo.
-No sé bailar.
-Sólo es dejarte llevar al ritmo.
El hombre se levanta, le ofrece su mano y Aegon duda por el tiempo más breve posible, se había decidido rápido de forma inesperada. Lo toma de la mano, lo sigue a la pista. Se mezclan con los demás sin gran problema, nadie está prestando atención, lo único que quieren es beber y sacar el estrés.
Se mueve imitando al otro hombre, se ríe porque se siente tonto, él, con ese cuerpo menudo no debe de verse igual al alto y fuerte espécimen con el que ha llegado a la pista. Está seguro de que lo abandonará en cualquier momento, hay omegas muy bonitas a su alrededor y él sabe que Aegon es un alfa.
Su nariz se lo ha dicho.
La nariz de Aegon lo ha engañado porque ha encontrado un aroma dulce en este hombre, su aroma favorito de hecho, a pastel de chocolate. Pero es que está borracho, obviamente este hombre así de bueno es un alfa, uno con el que soñaría todas las omegas y terminarían mojadas, chorreando, babeando. Él, siendo el alfa menos tradicional de todos, físicamente, estaba demostrando serlo también hormonalmente, la sola presencia de este hombre lo ponía duro y ganoso.
Pero qué más daba, no era como si estuvieran cogiendo, ¿quién dice que no se puede bailar con otro alfa?
Aunque el otro alfa le pusiera las manos en las caderas y lo pegara a su cuerpo, que se moviera como si aquello fuera una cópula donde Aegon fuera quien recibiera esa gran verga de alfa que lo dejaría lleno y satisfecho.
Quería hacerlo, aunque fuera una vez y sabía que no era posible, a los alfas no les gustan otros alfas, es difícil entrar en ellos, no hay una humedad, una cavidad flexible, la capacidad de recibir un nudo.
Y que un omega se lo cogiera era todavía menos probable.
Así que ese baile provocador en la pista, rodeados de otros cuerpos sudorosos, con las manos del hombre por todo su cuerpo, frotándose contra la intimidad de alguien desconocido, era lo más que tendría y lo estaba disfrutando.
-Ven…
Lo toma de la mano nuevamente, lo guía entre toda aquella gente, lo lleva a un segundo piso saltando una cadera de donde pendía un letrero que decía “no pasar.” Aegon sabía que no estaba bien, pero su corazón estaba latiendo rápido, su verga estaba dura y la vista de ese trasero paradito y redondito del hombre era suficiente para hacerlo olvidar muchos de sus límites.
Llegan a una habitación privada, no sabía que este tipo de lugares tuvieran habitaciones privadas, había sillones, una barra de bar y una cama. Que jodido estaba esto que en un salón para fiestas había habitaciones con camas.
Pero no se iba a quejar, no si podían seguir tocándose como lo habían estado haciendo hasta hace rato. El hombre no se demoró, lo sentó sobre su regazo y comenzó a besarlo, moviendo sus caderas sobre su anatomía, la cual se sentía crecer por las actividades que compartían. Aegon no podía negar la emoción que tanto había tratado de reprimir, su deseo de ser dominado en la cama pese a ser un alfa, de ser penetrado, de ser tomado con dureza hasta que se corriera todas las veces posibles.
Se desnudan, no hay comparación entre ambos, el hombre tiene un torso ancho, pectorales, abdomen marcado, brazos gruesos y fuertes. Esas piernas, cuádriceps poderosos y unas caderas ricas y extrañamente redondeadas, pero debería ser por ese trasero paradito que le daban ganas de morder.
Cuando se retira la ropa interior, Aegon mira una verga dura y grande, no tanto como esperaría, pero de un tamaño adecuado y que sólo hizo que salivara deseando metérsela en su boca y chuparla hasta sentir el sabor salado en su garganta.
Aegon se percata de una humedad que baja por la cara interna de los muslos de este hombre, aquello es raro y lo hace pensar de nuevo en su olor, a pastel de chocolate, al tamaño de esa verga, bonita, pero tal vez un poco más pequeña que la suya.
Pero no lo piensa demasiado, se desnuda, lo deja ver su cuerpo, con algo de músculo, pero delgado, pequeño, esas caderas que siempre le criticaban, pero con buen trasero y ese miembro tan alfa que nadie podría menospreciar.
Se miran con hambre, la lógica le dice a Aegon que las cosas no son como parecen, pero no importa, lo que desea sigue en pie y ahora sabe que lo que desea es con él, con este hombre y lo quiere tener ahora.
Lo ve meterse los dedos en una parte de su cuerpo que no debería estar ahí, porque todo grita alfa menos esa rajita entre sus piernas donde se pierden esos dedos largos robándole un jadeo que Aegon jura que es el mejor sonido de la vida.
-Ven.
Aegon vuelve a hacer caso, se siente sobre de él una vez más, el hombre toca su trasero, roza su entrada, esa que los alfas mantiene en virginidad pulcra porque son alfas, suelen darle con todo a un omega, no recibir verga.
El hombre usa su propio lubricante para lograr que sus dedos entren en Aegon, algo que jamás había sentido y, por lo tanto, se tensa, se sujeta del pecho musculoso que tiene a su disposición y gime suave, temeroso de expresar lo bien que se siente y al mismo tiempo lo mucho que duele porque nunca nada antes había entrado por ahí.
Tal vez un supositorio, no recuerda toda su infancia.
- ¿Crees que pueda entrar en ti? – le dice el hombre a pesar de que tiene sus dedos dentro de su trasero y como estos dedos son largos lo tiene jadeando y al borde de un orgasmo. – Siempre lo he deseado…
-Hazlo, por favor…
No tiene que decirlo dos veces. El hombre, que para estos momentos ya es muy claro que es un omega, uno que puede tomarlo de las caderas y levantarlo para bajarlo con cuidado sobre su verga, lo hace sin problemas mientras Aegon se sostiene con sus piernas, recarga sus manos sobre el abdomen y se relaja lo suficiente para permitirle entrar en él sin dañarlo.
Se unen en una bonita danza que se adereza con sus jadeos, gemidos, gruñidos y gritos pidiendo por más, más rápido. Aegon se queda sin voz y sin semen de tantas veces que se corrió y el omega dentro de él parecía no tener intención de terminar con la cópula que habían iniciado como algo para quitarse las ganas.
Aegon sintió que todo estaba bien cuando el orgasmo del omega lo golpeó, sintió su escasa semilla dentro de su cuerpo y lo vio reflejar el placer que había sentido en su rostro, en el temblor de los labios, en esa forma de fruncir su entrecejo de la concentración que tenía en la actividad que compartían.
Se reclina sobre el bello hombre que lo ha hecho conocer el verdadero placer que tanto deseaba tocar una sola vez. Lo besa, un beso íntimo, disfrutando los labios esponjosos del omega, dejando que su lengua entrara y tomara posesión de su boca y adorara su sabor.
Ese contacto entre ambos los dejó sin aliento de una forma diferente que la intensa cogida que acababan de protagonizar.
-Ah, por cierto… - dice recordando algo importante – soy Aegon Targaryen.
-Mucho gusto Aegon, soy Jacaerys Strong.
-Basta, no puede ser, es poco ético.
-Te gusta, me gusta, no voy a quedar embarazado y sólo es coger.
-No es sólo coger, Jacaerys Strong, no mientas.
-Bien, es mentira, es más que coger, me gustas, me gusta todo lo que hacemos cuando nadie puede vernos y quiero más de eso y más de ti; salir en una cita, ir al cine, no sé, tonterías así donde puede escuchar de tu vida, tus intereses más allá de la verga de un omega en tu culo.
-Jace… no lo digas así.
- ¿Qué tiene que lo diga así? Te quiero en mi vida y tú me quieres en tu culo, ¡es perfecto!
-Eres el hijo de mi jefe, esto tiene que parar.
- ¿Esto está mal porque trabajas para mi papá?
-Obviamente.
- ¿Sólo es eso? ¿El conflicto de intereses?
-Sí.
- ¿No importa que sea menor que tú, que sea omega y que te guste mi verga?
-No, nada de eso.
-Bien, vale, te sacaré de trabajar, te daré una mensualidad y….
-¡¡NO, NO HARÁS ESO, NO!!
-Dijiste que eso era el único problema.
-Ay Jace por favor.
- ¿Qué? Te puedo mantener, no me molesta.
-Deja de decir esas cosas.
-Te mantengo bien atendido, te hago de comer, te alimento con mi verga en tu culito de durazno y esperamos a que algún día tenga ganas de embazarme para que entonces sí me des hasta preñarme.
Aegon no lo podía creer cuando su jefe, con bastante pesar para ser sincero, le dijo que tenía que dejarlo ir, pero que lo había recomendado en una editorial para hacerse cargo de su departamento de marketing.
Trató de negarse, pero fue terminante. Era mejor para él, le dijo, ganaría más.
“Hiciste que tu papá me despidiera”
“Dijiste que era el único impedimento”
“Me gustaba trabajar para tu papá”
“Aegon ven a verme, te extraño”
Aegon mira el mensaje, no lo puede creer, no puede creer a ese niño más bien. Recién salido de la universidad, con su propia empresa en ciernes, piensa que puede tener al mundo entero a sus pies sólo porque su padre es dueño de una empresa exitosa.
Tal vez así es con el resto del mundo, Aegon acepta. Pero en su caso es levemente diferente.
Tiene a Aegon a sus pies porque le cumple su fantasía, lo hace feliz y, además, de todo movería el cielo para no dejarlo escapar de su vida.
El alfa tiene que comenzar a ser sincero y aceptar que siente muchas más cosas por el omega que sólo deseo.
“Voy, tardaré un poco, la editorial está más lejos que la empresa de tu padre”
“Hay un coche gris frente a ti, sube a él, no puedo esperar”
Ay, jodido Jace, piensa Aegon, ahora hasta le manda un auto para recogerlo porque quiere coger.
Aegon también tiene que comenzar a aceptar que en realidad esto no es molesto si no halagador.
FIN