Prohibido Tocar

Summary

Lo que empezó como un juego, acabó con la confesión a sus amigos de su relación.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte única

PartDespués de un día en la playa al que las chicas le obligaron a ir, se encontraba en la casa que habían usado de tienda en la mañana, en una de las habitaciones que le había tocado compartir, con nada más y nada menos que su novio en secreto, Abarai Renji.


Él y Renji llevaban siendo pareja desde que habían salvado juntos a Rukia la vez que se infiltraron en el Seiretei. No se lo habían dicho a nadie ya que temían sus reacciones, sobretodo la de la pelinegra al ver que su dos mejores amigos se habían juntado.


Pero que más podían hacer, se amaban y esperaban que algún día sus amigos lo entendieran.


Se encontraba ya listo para irse a dormir, pero una idea le pasó por la cabeza. Una idea que le incluía a él, a su novio y mucho sufrimiento para los dos. Una sonrisa maliciosa cruzó por su cara para seguidamente quitarla al escuchar la puerta abrirse y cerrarse con pestillo, parecía que el pelirrojo también tenía ganas de disfrutar una buena noche.


Sintió unas manos rodearle la cintura y unos labios en su oreja.


—¿Qué te parece si jugamos, Ichigo?— susurró en su oreja para meter sus manos por la camiseta que en ese momento llevaba.

Un jadeo salió de su boca sin que lo pudiera contener.


—Me parece bien, pero yo decido el juego— le respondió para darse la vuelta, cogerle las muñecas y tumbarlo en la cama.

Renji tenía la sonrisa maliciosa que Ichigo había puesto anteriormente tras ver las intenciones del menor.


—Y ¿se puede saber a qué quieres jugar?— preguntó con un tono pícaro sin borrar la sonrisa de su cara.


—A prohibido tocar— respondió, viendo como la cara de Renji cambiaba completamente de una sonrisa pícara a una cara de asustado.


—¿Qué clase de juego es ese?— preguntó con miedo ante la respuesta del contrario.


—Que yo puedo hacer lo que quiera, pero tú no puedes tocarme en ningún momento, a menos no hasta que yo diga lo contrario— explicó, acercándose peligrosamente a la cara del mayor y posando sus brazos alrededor de su cuello.


—Oohh, entiendo, eres cruel ¿lo sabes?— volvió a poner la sonrisa que tenía antes.


—Creeme, será una tortura para ambos— finalizó cortando el espacio entre ambos, uniendo sus bocas en un beso al mismo tiempo que se sentaba en el regazo del pelirrojo.


Ambos estaban disfrutando de ese beso e, inconscientemente, Renji llevó sus manos a la cintura de Ichigo, a lo que este le dio un golpe en reproche.


—No, no, recuerda que no me puedes tocar— recordó con una sonrisa triunfante al ver la cara de disgusto del contrario.


Sin dejarle decir palabra lo volvió a besar, pero esta vez profundizando más el beso. Abarai, sin saber que hacer con las manos, las echó a los lados de su cabeza disfrutando el beso que su pareja le estaba dando.


El contacto de ambas bocas cada vez era más profundo y tuvieron que separarse para poder respirar, aunque ese momento no duró mucho porque enseguida Ichigo volvió a buscar ese contacto, esta vez metiendo su lengua en la boca de Renji y acercandolo más a su persona con los brazos en su cuello. Incluso ahora que el mayor no podía hacer otra cosa más que disfrutar, seguía llevando el control del beso, demostrando así que era más fuerte que él incluso en ese momento.


Cuando se volvieron a quedar sin aire, Ichigo se separó con la respiración agitada. Vio la lujuria que se reflejaba en los ojos del mayor y, queriendo desesperarlo aun más, empezó a retirarse la camiseta lenta y tortuosamente ante los ojos del pelirrojo y lanzarla a algún lugar de la habitación. Ante tal vista el chico sobre la cama podía sentir un cosquilleo en las manos al querer tocar la tersa piel que estaba a su alcance, pero que en ese momento le era imposible llevarlo a cabo ante la regla del menor.

Ante la intensa mirada llena de lujuria y deseo por parte de Abarai, tanto su cara como todo su cuerpo subió de temperatura cogiendo un tono rojizo que iba en comparación con el pelo del contrario. Esto lo único que hizo fue desesperar aún más a Renji, que ante la tentación apretó las manos formando puños mientras se comía con la mirada al chico encima suya.


Ichigo no pudo evitar formar una sonrisa divertida ante la reacción de su acompañante. Empezó a descender y a acariciar con sus manos el cuerpo bien formado de su amante, haciendo que este soltara gruñidos de satisfacción ante el contacto. Se acercó más y empezó a besar y lamer el cuello con tatuajes del pelirrojo que le volvían loco. Su lengua delineaba las marcas negras dibujadas en la piel de su novio, saboreando a su paso la misma mientras escuchaba los gruñidos y jadeos del mayor. Su propia piel también pedía ser atendida por las grandes manos de Abarai, pero ver la cara de desesperación del mismo le encantaba y le animaban a seguir con ese juego, a menos de momento.


Renji elevó sus brazos por encima de su cabeza en un intento de aguantar las ganas que tenía de agarrar la piel contraria y marcarla a su libre albedrío, en si, el cuerpo contrario era una tentación y que se lo hubieran prohibido le estaba matando la poca cordura que en ese momento estaba luchando por mantener. Tener al de pelo naranja encima suyo haciendo lo que le da la gana con su cuerpo lo volvía simplemente irracional.


Una vez Ichigo estuvo satisfecho del cuello de su pareja quitó la camiseta del mayor lanzandola por algún lugar y descendió hasta su cintura con las manos a cada lado y, una vez más, haciendo uso de su lengua, ascendió lamiendo los músculos del pelirrojo que, conforme subía, se iban tensando ante el placer que la lengua del menor le estaba dando. El cuerpo de Renji estaba sucumbido ante un inmenso calor y placer en ese momento que apenas le quedaba razonamiento en ese instante. Ichigo veía esto y sabía que Renji estaba haciendo todo lo posible por no darle la vuelta a la situación, en sus adentros se estaba muriendo de risa, pero al mismo tiempo, quería que el mayor ignorara su juego e hiciera lo que quisiera con él. Sus manos recorrian cada rincón del cuerpo contrario hasta llegar a sus hombros, donde las deslizó por toda la extensión de sus brazos hasta que llegó a sus manos y las juntó apretandolas. Al ver que el mayor no hacía nada decidió acercarse a su oído y susurrar.


—Aprieta mis manos— susurró con sensualidad en el oído del contrario, sintiendo como el cuerpo sobre el que estaba sentado temblaba de excitación y como sus manos eran agarras con fuerza, sin llegar a dañarle, y entrelazaba sus dedos con las suyas.


Ese único contacto no era suficiente para Renji, pero supuso que era eso mejor que nada.


Ichigo se apoderó de la boca del mayor, haciéndole un gran favor a este ante lo desesperado que estaba, y el menor lo podía sentir ante la presión que aumentó en sus manos. Durante el beso sonrió ante la desesperación del mayor.


Se separó de su boca y soltó sus manos, ganándose un gruñido en desacuerdo del contrario. Antes de que el mayor pudiera quejarse se movió hacia atrás en el regazo del mayor y empezó a bajar el pantalón que en ese momento llevaba, teniendo que elevarse un poco para poder quitarlos más cómodamente y lanzarlos junto con las camisetas antes retiradas.


Renji abrió los ojos ante la acción del pelinaranja y soltó un jadeo al sentir como Ichigo masajeaba con su mano su miembro ya erecto por encima de la tela, comenzando a soltar gemidos roncos y bajos sin poder contenerlos, haciendo que Ichigo sonriera maléficamente. De un rápido movimiento se deshizo también de los boxers que su novio llevaba y con una mirada de lujuria introdujo su miembro en su boca como si fuera lo más apetecible del mundo. Abarai soltó un gemido aún más ronco y más alto que los otros ante esa acción. Ichigo se acercó a su cara y le chistó para que guardara silencio.


—No grites tanto, recuerda que las chicas están en una habitación y Toshiro y el resto de capitanes en la otra— avisó, a lo que Renji le gruño.


—Acuérdate de esa frase cuando te esté dando tan duro que no sepas ni como te llamas— replicó ante lo dicho por el menor, ganándose un gran sonrojo de parte de este que igualaba casi el de su cabello.


Ichigo volvió a lo que estaba haciendo antes.


El ardor en sus manos seguía estando, pero ahora se le había sumado un hormigueo ante la excitación del menor saboreando su miembro a una velocidad tan lenta. Era una desesperación tras otra, Ichigo chupaba y lamía su extensión como si de una paleta se tratara, pero iba muy lento y eso lo estaba desesperando a unos niveles inhumanos.


Cuando el pelinaranja vio que Renji ya estaba lo suficientemente ansioso se apartó de él, ocasionando que un hilo de saliva quedara desde la punta del miembro hasta su lengua, haciendo que el pelirrojo tubiera una imagen de Ichigo sumamente excitante, teniendo que contener el gran gemido que quería salir en lo más profundo de su garganta.

El menor terminó de separarse y se levantó del regazo del mayor, consiguiendo un gran gruñido en desaprobación. Lo ignoró y se levantó por conpleto para seguidamente, empezar a quitarse el pantalón lentamente ante la incrédula mirada del pelirrojo, que viendo lo que hacía Ichigo, creía que estaba viendo lo más sexy y sensual que podía existir. Entre la delgada figura y el buen cuerpo del menor, era un pecado personificado, y eso lo único que hacía era desearlo más.

El pelinaranja finjía ignorar la intensa mirada de color marrón que estaba sobre él y se desprendía de las únicas prendas que le quedaban de la manera más provocativa que se le pudiera llegar a ocurrir, cosa que parecía estar logrando ante la intensa mirada que el chico aún en la cama le dirijía.


Terminó de deshacerse de sus prendas dejándolas caer delicadamente al suelo mientras se deslizaban elegantemente por su cuerpo, como si estuvieran hechas de seda, dejando ver a su paso la tersa piel junto con las bien formadas piernas de Ichigo, junto con su miembro bastante erecto por las caricias que él mismo le había propinado a su novio momentos antes. En ese lapso de tiempo decidió que ya era hora de que su pareja también se divirtiera.


—Renji— llamó al mayor, sacándolo del trance en el que se había sumergido al ver la piel expuesta del menor ante él y haciéndolo sentarse en la cama, mientras este se acercaba juguetonamente y volvía a posicionarse en su regazo —Puedes tocarme cuanto quieras, sin contenerte— informó en un susurro cerca de sus labios mirándolo directamente a los ojos.


Ante esta información Renji no pudo contenerse más y, con toda la necesidad que en ese momento sentía, dirigió sus hambrientas manos a las seductoras caderas del menor para, sin tiempo que perder, deborar su labios mientras lo atraía a su cuerpo. Ichigo disfrutaba de la intensidad con la que su novio lo esta besando y tocando, era un deleite para su persona después de haber estado esperando. Dirigió sus manos al cabello rojo que su novio poseía y le quitó la goma que mantenía ese peínado peculiar que le encantaba. Se notaba la desesperación por cada lamida que el pelirrojo daba a la lengua del menor, le estaba quitando el aire más rápido que otras veces y esto ocasionó que se tuvieran que separar. Pero Abarai, con la pacienza ya inexistente en su sistema, se abalanzó a devorar el cuello de piel acanelada de su amante como si su vida dependiera de ello.


Apretó las caderas de el pelinaranja y lo puso debajo de él, situándose entre sus piernas mientras dejaba innumerables marcas rojas en el cuello y clavícula del contrario y sus manos hacían un recorrido por todo su cuerpo desde sus hombros hasta sus perfectas piernas que lo volvían loco. Chupaba y lamía cada centímetro de piel que se encontraba a su paso.


Dirigió 3 dedos a la boca del menor y, ante esto, supo lo que tenía que hacer y los lamió seductoramente mientras miraba los ojos castaños del pelirrojo encima suyo, que se mordía el labio ante la imagen de un Ichigo sudado lamiendo sus dedos de una manera tan excitante, provocando que su miembro doliera más de lo que ya le dolía. Una vez pensó que los dedos ya estaban lo suficientemente húmedos los retiró de la boca del menor y los dirigió rápidamente a la entrada del contrario e introdujo uno de golpe, que hizo que Ichigo soltara un gemido de dolor y placer tan alto que casi lo deja sordo, aunque eso le encantaba. Con sorna y aún con el dedo dentro suyo se acercó a la cara del pelinaranja.


—No grites tanto, recuerda que las chicas están en una habitación y Toshiro y el resto de capitanes en la otra— repitió con burla lo que él le había dicho anteriormente, ganándose una mala mirada que cambió a una de placer cuando Renji introdujo el segundo dedo llegando más profundo que antes.


Empezó a hacer movimientos de tijeras, dilatando la entrada del menor que, ante tal placer tenía que morderse el labio inferior para no dejar salir los gemidos que estaban atorados en su garganta. Aunque no pudo aguantar mucho y juntó más el cuerpo del pelirrojo al suyo y, apartando el cabello que tenía en el hombro, mordió este para evitar los gemidos mientras pasaba sus manos por la ancha espalda del chico encima de él.


Un tercer dedo se hizo presente, probocando más presión en el hombro de Renji al intentar no soltar los sonidos que su garganta quería dejar salir. Esto solo ponía más excitado al pelirrojo, que ya no podía aguantar el placer y retiró los dedos del interior de Ichigo, provocando que este soltara su hombro con la respiración agitada por la excitación que solo los dedos de su pareja le habían ocasionado. Pero no estaba preparado para el miembro del mayor, que se introdujo completamente en él e hizo que otro gemido como el primero, aunque esta vez sin dolor, saliera de lo más hondo de su garganta. Un sonrojo se apoderó de su rostro, pero el placer lo había cegado y ya no le importaba si lo escuchaban o no.


—No sé si esta es la mejor manera de que se enteren de nuestra relación, pero si tú lo quieres así— dijo con sorna al ver en que condiciones se hallaba el menor. Cegado ante el placer de tenerlo dentro de él.


Ichigo no respondió, mejor dicho, no podía responder, de su boca solo salían gemidos y jadeos de puro placer, y Renji todavía no se había movido. Pensar eso lo ponía aún más caliente, no se imaginaba el placer que le haría sentir en ese momento.


Momento que no tardó en llegar, ya que el pelirrojo empezó a moverse, lenta pero profundamente, haciéndolo delirar del placer y que sus gemidos salieran más continuos y fuertes, importándole poco si el resto de gente en esa cabaña le escuchaba, prefería pedir perdón a pedir permiso.


Renji no se quedaba atrás, sus ojos tenían la imagen más excitante que nunca pudieron haber visto. No era la primera vez que lo hacían pero ese juego que se le había ocurrido al menor había ocasionado que lo quisiera poseer de una manera salvaje y desenfrenada, por lo que no tardó en aumentar el ritmo de las embestidas a unas incontrolables y deseosas de llegar al punto dulce del pelinaranja.


Cuando Ichigo soltó un gemido fuerte y continuo supo que ese punto que volvía loco al menor había hecho acto de presencia y, con una sola idea en la cabeza, empezó a embestir únicamente ese punto en el interior del pelinaranja, que por el gran placer que estaba sintiendo, se estaba aferrando a la espalda del pelirrojo, dejando marcas de las uñas y arañazos que de a poco iban poniéndose rojas y a sangrar, aunque poco le importó este hecho a ambos cuando estaban sumergidos en un placer tan profundo que ya les daba igual ser escuchados.


Ichigo sentía como dentro de poco se vendría, por lo que, como pudo, se dirigió a su pareja.


—Re-Renji, me-me v-v-vengo— pronunció como pudo ante el éxtasis que sentía que se le acercaba.


Sin contestar, el mencionado aumentó sus embestidas en ese punto dulce del menor mientras que drigía una de sus manos al miembro de su pareja, tapando así la única salida, logrando un lloriqueo por parte de Kurosaki que rápidamente fue opacado por otro gemido ante las intensas y continuas embestidas que el mayor le proporcionaba.


Abarai tampoco estaba muy diferente, se sentía desfallecer con cada embestida que daba, la estrecha y cálida entrada de Ichigo lo estaba apretando de una manera exquisita que se iba intensificando conforme el orgasmo del pelinaranja se iba acercando.


—Por-favor R-Ren-ji— suplicó para que el mayor lo dejara liberarse, lo que Abarai le provocaba con cada embestida lo estaba matando de placer, y no poder correrse era una tortura.


—Ya-casi-estoy— dijo entrecortado por el calor que se alojaba en su vientre bajo por el inminente orgasmo.


El pelirrojo soltó la salida del menor y empezó a bombear su miembro al ritmo de las embestidas, sacando cada vez más gemidos de satisfacción y más arañazos en la espalda por parte de Ichigo. Este no aguantó mucho más y se vino en la mano del mayor y parte de su propio abdomen.

Después de un par de embestidas más Renji se vino en el interior del menor, llenándolo con su esencia y sacándole un último gemido a ambos, uno largo y sonoro tras sentir el gran éxtasis que habían sufrido tras ese gran juego.


El pelirrojo salió a duras penas de Kurosaki y los acomodó a ambos en la cama. Era pleno verano y tras ese acto lo último que iban a hacer era taparse con una sábana. Ichigo no tardó en caer dormido mientras era observado por Abarai, que le acariciaba el cabello que se le había pegado a la frente por el sudor causado por esa muestra de amor mutuo mientras ideaba alguna excusa para decir a sus amigos y capitán al día siguiente, aunque esto no duró mucho y siguió los pasos de su pareja quedando en un profundo sueño mientras lo abrazaba por la cintura y el pelinaranja usaba su brazo como almohada.


(...)


Ya era de mañana y se podían ver a varias personas desayunando en la orilla de la playa. Todos estaban allí, incluso Hitsugaya-taicho, todos menos un pelirrojo lleno de tatuajes y el shinigami sustituto, ambos seguían aún en la habitación que se les había asignado el día anterior.


—Chicos ¿escucharon los ruidos de la habitación de Ichigo y Renji anoche?— preguntó Rukia al resto de los ahí presentes.


—La verdad es que sí, Kuchiki, ¿piensas que se pelearon o algo?— preguntó inocentemente Ukitake ante la incógnita de la pelinegra.


—Yo creo que no se pelearon precisamente— dijo pícaramente Rangiku finalizando con una risa igual de pícara que su tono de voz y mientras se tapaba la boca con una mano.


—¡Matsumoto, no digas esas cosas!— gritó Hitsugaya sonrojado hasta las orejas ante el comentario de su teniente.


—¿Qué pasa, capitán? ¿Quería ser usted?— volvió a decir con el mismo o incluso mayor tono pícaro mientras se dirigía al albino.


—¡Matsumoto!— volvió a gritar esta vez más colorado que antes ante el nuevo comentario de la chica.


—¿Mmm? ¿De qué hablan? ¿Por qué Toshiro-kun se ve tan rojo? ¿Le afectó el calor?— preguntó inocentemente Orihime ante el comportamiento de los shinigamis.


—No te preocupes, Inoue-san, no es nada— contestó rápidamente Ishida para que Orihime no se diera cuenta de lo que estaban hablando, con las mejillas sonrojadas, ya que había entendido de lo que hablaban a la perfección, y los gritos que escuchó desde su habitación en la otra punta de la cabaña le hacían darse incluso más cuenta.


—Seguro que esos dos tuvieron una gran pelea y no me invitaron— reprochó Ikkaku, ya que él también había escuchado los gritos, pero estaba tan ensimismado en su mundo de lucha que poco le importaba el resto.


—Abarai seguro se peleó con Kurosaki por cualquier nimiedad— dijo con el tono de siempre Kuchiki-taicho ante la incesante charla que se estaba llevando a cabo.


—Jajajajaja, no me creo que sean tan inocentes— se reía a todo pulmón Yoruichi-san junto con Rangiku-san por la inocencia del resto.


—Yoruichi-sama ¿por qué esa risa?— preguntó Soifon ante el comportamiento de la que aún creía su superior.


—Venga ya, Soifon, no me digas que tu también eres tan inocente. Puedo apostar mis 7 vidas a que tú también escuchaste esos gritos— respondió confiada de sí misma mientras seguía riendo.


—Yoruichi-san, no es un gato de verdad, por lo que no puede apostar 7 vidas que no tiene— comentó tranquilo Chad ante el comportamiento de la chica de pelo morado.


—Sado-kun tiene razón— concordó Unohana-taicho.


—El comportamiento de esos dos no era de rivalidad— dijo Nemu sin emoción alguna.


—¿A qué te refieres?— preguntó extrañada Nanao ante lo dicho por la teniente del 12° escuadrón.


—Me refiero a que Abarai y Kurosaki se comportaban de manera amorosa y no de rivales— aclaró la chica de trenza.


—¿Mmm? ¿Ichi se comportaba así?— preguntó Yachiru ante la incesante conversación que se estaba llevando a cabo.


Todo se quedó en silencio, uno bastante extraño, hasta que las risas de Yoruichi y Matsumoto lo rompieron estrepitosamente ante las caras de muchas de las personas ahí presentes.


—Este día es genial— siguió riendo Rangiku junto con Yoruichi al compás.


—No entiendo de lo que hablan— dijo la teniente del 4° escuadrón.


—Esos dos no se pelearon, esos dos estaban teniendo una noche de marcha sin alcohol de por medio— volvió a decir la shinigami de grandes atributos, consiguiendo que el sonrojo de Hitsugaya y el de Ishida aumentara mientras que uno se alojaba en las mejillas de Orihime, Rukia, Soifon, Nanao e Isane, junto con una cara de incredulidad en Kuchiki-taicho, Ukitake e Ikkaku que no se creían lo que escuchaban. Yachiru seguía sin entender, por lo que decidió dejar de prestar atención a la conversación.


—¿Estais seguras de eso?— preguntó aún impausible Chad, que no había tenido reacción alguna ante la información, al igual que Nemu.


—Más que seguras, mocoso— afirmó Yoruichi ante la pregunta del mexicano.


—¿En serio podría ser eso?— preguntó aún sin creerselo Rukia, que le era imposible emparejar al pelirrojo y al pelinaranja en una relación amorosa.


—Si no nos crees pregúntaselo tu misma— aconsejo Matsumoto para seguir riendo.


—Sería una pareja un tanto... Curiosa ¿no, Kuchiki-taicho?— dijo Ukitake incómodo ante la información adquirida por parte de la teniente del 10° escuadrón.


Kuchiki no respondió, solo se quedó mirando su plato de comida como si fuera lo más interesante en ese momento.


—¡Taicho! No debería estar bajo el sol durante tanto tiempo— llegó corriendo la teniente del 13° escuadrón junto con el chico que siempre va detrás de ella gritando.


—Chicos, estoy bien, estamos debajo de una sombrilla, no me pasara nada— dijo tranquilo para relajar a los miembros de su escuadrón.


—Si usted lo dice, ¿de qué están hablando?— preguntó la misma que habló antes para intentar adentrarse al tema.


—Cojan asiento, esto va a ser divertido— rio maliciosamente Rangiku junto a la pelimorada.


(...)


Se podía ver a un pelirrojo mientras se removía incómodo ante la luz del sol que le daba directa en los ojos y, sin más remedio, los fue abriendo hasta que pudo acostumbrarse a la gran iluminación.

Sintió un peso en su brazo y pecho y bajó la vista encontrandose una melena naranja por la cual sonrió. Recordaba perfectamente lo acontecido la noche anterior con ese chico y lo único que hacía era ponerlo feliz al recordar que ese chico le pertenecía, al igual que él le pertenecía al pelinaranja.


Con su brazo libre empezó a acariciar la suave melena del menor, pero no pudo estar mucho rato así ya que el sol hizo lo mismo que hizo con él, despertando a Ichigo de su letargo. Este, al despertar, lo primero que vió fue el bien formado y lleno de tatuajes cuerpo de su pareja, a lo que se sonrojó ferozmente por lo que pasó la noche anterior. Esto solo causó ternura al mayor que lo veía atento a cada movimiento.


—Creo que no voy a poder mirar a nadie a la cara— rompió el silencio Kurosaki.


—Fue culpa tuya, tú me provocaste, Ichigo— contraataco Abarai.


—Ya, ahora veo que fue mala idea— se reprochó a sí mismo ante la estúpida idea que se le había ocurrido.


—No fue tan mala idea— dijo apretando la cintura del pelinaranja y acercando peligrosamente su cara a la contraria. —Fue el segundo mejor hasta la fecha— terminó.


—¿E-El se-segundo?— preguntó sin entender a lo que se refería su pareja.


—Claro, el primero fue la noche que pasamos después de que me aceptaras— dijo suave abrazando cariñosamente a Ichigo mientras este se sonrojaba violentamente y se escondía en su pecho por la vergüenza.


—Te has levantado cariñoso ¿verdad?— intentó ocultar su vergüenza con un comentario sarcástico.


—Siempre que me levante contigo, sí— parece que no le salió como pensaba. —Será mejor que nos duchemos antes de bajar, no creo que los otros nos quieran ver llenos de tu semen mientras el mío escurre por tus piernas, aunque no me molestaría— dijo esto último pícaramente mirando fijamente los ojos de Ichigo.


—B-Bien, vamos mejor a ducharnos— dijo todavía nervioso levantándose de la cama y dirigiéndose al baño de la habitación.


—Que bonita vista por la mañana— se escuchó detrás del pelinaranja y este, pensando que estaba mirando por la ventana, giró la cabeza, pero lo único que encontró fue a Renji mirando su trasero sin pudor alguno junto con el resto de su cuerpo al descubierto. —Sobre todo por esa cosita blanca que escurre entre esas preciosas piernas— agregó con su típico tono pícaro mientras veía el líquido blanco escurrir desde la entrada del pelinaranja hacia abajo.


Ichigo se sonrojó bestialmente antes de adentrarse en el baño, pero no cerro la puerta.


—¿Vienes o qué, Monito?— preguntó desde el baño, utilizando ese apelativo cariñoso que únicamente utilizaba cuando estaban solos. Siempre utilizaba ese o Serpy, pero le apeteció decir el otro.


No tardó mucho en escucharse unos pasos por la habitación que se dirigían al baño para ver la puerta abrirse y al pelirrojo entrando por esta.


Se bañaron juntos, pero no pasó de eso porque no querían tardar para no preocupar a sus amigos.

Salieron de la ducha y se vistieron.



—Sabes, me gusta mucho ese collar— dijo Renji mientras se acercaba a Ichigo para ver de cerca el collar que este portaba.


—Gracias, Renji— contestó aguantandose los nervios de tener al mayor tan cerca.


Después de prepararse quitaron el pestillo y salieron de la habitación. Cuando llegaron a abajo no vieron a nadie, pero se asomaron y los vieron hablando en una mesa a la orilla de la playa, por lo que decidieron acercarse normalmente como siempre.


Cuando llegaron y los vieron todos se quedaron en silencio, haciendo que la pareja se quedara dudando. Vieron como Rukia se ponía en pie y se dirigía hacia ellos, se colocó enfrente de ambos y los miró a ambos a los ojos.


—Bien, ahora que ya estáis aquí, quiero respuestas— dijo sin vacilar, cruzandose de brazos.


—¿Qué respuestas quieres, Rukia?- preguntó Renji ante lo dicho por su amiga de la infancia.


—¿Qué sois?— acusó la pelinegra al dúo que estaba delante de ella.


—Pues yo un shinigami sustituto y él un shinigami ¿no?— dijo Ichigo señalándose a él y a Renji.


—No me refiero a eso, ¿sois pareja o solo sois amigos?— preguntó directa, sorprendiendo tanto a los que estaban sentados como al par que estaba delante suya, que no se creían lo que decía su amiga.


Como si pensaran lo mismo, ambos giraron a ver al contrario antes de asentir mutuamente y soltar un suspiro derrotado de parte del menor.


—Ya iba siendo hora ¿no, Renji?— soltó en un suspiro mientras volvía a mirar al pelirrojo a su lado.


—Eso parece— respondió y se acercó a la oreja del pelinaranja para que solo él pudiera escuchar —¿Cómo se lo decimos?- preguntó con un toque de picardía.


—No sé, haz lo que quieras— respondió también en un susurro para que solo Abarai lo escuchara.


—Ooh, que no se te olvide que eso me dijiste anoche— recordó con un tono pícaro más detallado que el anterior, provocando que Kurosaki tuviera que aguantarse un sonrojo que quería apoderarse de su cara.


Renji no le dio tiempo a contestar, lo rodeó con un brazo por la cintura y rápidamente lo acercó a él, dándole un beso posesivo, como si estuviera marcando su territorio. Ichigo no tardó mucho en corresponder ante el beso de su pareja, colocando sus manos en la nuca ajena para profundizarlo y sentía como otra mano se hacía posesión de su cintura para atraerlo aún más al cuerpo contrario.


Todos los presentes que observaban esto estaban con la boca por los suelos, todos menos Nemu y Kuchiki-taicho que estaban impasibles, pero este último sí tenía la boca ligeramente abierta por la impresión. Las dos que antes se estaban riendo ahora no daban crédito a lo que veían con sus propios ojos.


Pasados unos segundos, que para algunos fueron horas, la pareja se separó y se quedaron mirando a los ojos fijamente. Nadie rompía el silencio que se creó después de ese inesperado momento.


La atmósfera que se creó fue rota por la pelinegra que todavía no salía del shock en el que estaba.


—¿Desde... Cuándo?— preguntó como pudo, rompiendo la conexión de miradas que los contrarios habían entablado.


—Desde que ellos fueron a rescatarte— respondió el pelirrojo la pregunta de su amiga de la infancia.


—¿Por qué... No me... Lo... Dijísteis?— preguntó como pudo sin salir del shock aún.


—Porque teníamos miedo de lo que pudierais pensar— respondió esta vez el pelinaranja mientras abrazaba a Renji por el abdomen y este le rodeaba el cuello con uno de sus brazos.


—¿Miedo por qué?— interrogó esta vez Unohana-taicho que, como el resto, seguía un poco shockeada por la reciente escena.


—Porque yo soy un shinigami, lo que quiere decir que tengo muchos más años que Ichigo, y pensamos que por eso no se lo tomarían bien— explicó Renji las incógnitas de la capitana del 4° escuadrón.


—Además, no sabíamos si nos aceptarían por el echo de ser ambos hombres— añadió Ichigo a la explicación del mayor mientras apretaba el agarre que tenía en el abdomen de este.


—¿Cómo pudieron pensar eso? Somos sus amigos, aunque sean pareja eso no cambiará, y mientras no dejen de pelear contra mí me da igual— dijo Ikkaku con un casi imperceptible tono rosa en sus mejillas.


—Madarame tiene razón— concordó Hitsugaya sin mirar a la pareja.


—¿En serio?— preguntó el menor con un brillo especial en los ojos ante lo dicho por el peliblanco más bajo.


—Claro que sí, Ichigo-kun— contestó Ukitake la pregunta del pelinaranja.


Ambos chicos aun en pie sonrieron como nunca antes para seguidamente abrazarse entre sí. Cuando terminaron de abrazarse abrazaron también a Rukia que estaba delante de ellos, abrazo que obviamente la pelinegra correspondió con una gran sonrisa.


El resto del día pasó entre bromas y juegos, junto con mimos por parte de la nueva pareja.