Amor, sinónimo Libertad.
Érase una vez, cuando los cielos tormentosos de Camelot estaban teñidos de negro y la esperanza perecía ajena al cambio. Sin aviso previo, una paloma viajera mandada con el peso de la verdadera paz, llegó hasta manos de aquellos que tenían miedo. Esa criatura repleta de bondad salvó y alivió los corazones de todos.
Aunque, hubieron muchos que quisieron encarcelarle en las masmorras más oscuras, pudo lograr lo que parecía imposible ante ojos extraños.
Antes del triunfo y la fé. Antes del regocijo y felicidad por doquier.
Lancelot conoció a Sonic The Hedgehog, ellos protagonizaron un duelo fugaz que terminó rápido; dejando visible a la primera persona que creyó en su misión y dejó libre el camino. Estuvo planeado blandir la espada a modo violento, muy seguro de querer cortar la garganta del erizo azul. Entonces los rubíes brillaron embelesados e inexplicablemente soltó ambas manos rendidas. Porque jamás había sentido algo igual, nunca vivió de tal forma que percibió todo encajar y completarse.
Recordando cada parte cual memoria mágica, no perdiendo los detalles de ese momento. De ese ser tan bello que cayó en los brazos al tropezar. Allí, el aliento que hacía tiempo perdió lo devolvió a la vida. Colocó unos sentidos nuevos, poniendo amables luceros y anhelando seguirle los pasos. Saludo a la hermosura del jovencito llamado Sonic, admiró la fortaleza de una vida tan resplandeciente. Por eso las manos dejaron caer la espada y al no tener palabras, ni sentirse merecedor de él, dejó que se fuera. ¿Cómo sería alguien capaz de intentar lastimar a una criatura pequeña tan valiosa? Eso sería lo mismo a un pecado fatal, con consecuencia del mismísimo infierno.
Luego, Sonic derrotó el mal, convirtiéndose en el nuevo soberano de Camelot.
Fue amor a primera vista que creció cada vez que tenía la oportunidad de verle sonreír y pensaba que todo era perfecto. ¿Era una locura pensar que esos ojitos risueños, lo miraban con ansías?, Lancelot jamás se había sentido así en su vida. El propio corazón le susurró que no podría aguantarlo. Un sueño pasando, revoloteando maravillado. Así siguieron los días, meses, hasta que se cumplieron dos años.
De repente, un día, de la nada fue escogido por el rey y Lancelot comenzó a sentirse perteneciente a él. Sabiéndose que no todo el mundo tenía el lujo de encontrar un lugar —hogar... —, eso que cualquiera necesitaba para vivir. Brillando andaban ellos dos, cómplices del cariño: apasionado, atrevido, lo que se conocía como deseo y ensueños de amor puro. Uno era fuego pero el otro, un cristal frágil, muy frágil, que fue consumiendose por las llamas.
A Lancelot le encantaba contemplarlo sonreír, ya fuera de día, cuando los rayos acariciaban aquel rostro tierno, o cuando la noche arrullaba las pestañas y respiración. Corrían a los campos de flores, donde pasaban tarde acostados conversando, solo allí podía descansar escuchando la voz de miel. Contando vivencias, lo que antes hacía en su verdadero hogar, las grandes hazañas que había compartido con amigos, qué más que ser amigos eran familia. En los jardines llenos de rosales y fuentes —se encontraban —, a veces jugando o entrenando juntos.
También habían diferencias entre las ilusiones, porque la luz existía con la oscuridad. Lancelot a sabiendas de verlo decaer a cada mirar agotado, pensó en él, que podría estar angustiado. Lo entendió, pues en brazos se escondía ocultando la ansiedad de los demás.
En una ocasión, fue pillado mirando el trono del rey, que a los fanales carmín, era el lugar más valioso del mundo. La silla coronada destellaba de diamantes, acompañada con un alfombrado dorado. Sonic, habría pensando que tal vez veía ese lugar con deseo fugaz. Sonrío compasivo apaciguando los sentidos.
—¿Quieres sentarte allí? —musitó juguetón.
—O-Oh no, no podría, Lord Sonic . —negó el caballero.
—Es solo una silla.
—Es el trono del rey, alteza. —recalcó orgulloso.
—Vamos Lancelot, siéntate un momento en el trono del rey. ¿Puedes considerarlo si yo te lo pido? —rogó con ojitos cristalinos.
Por lo que apenado reposó la enfundada a un lado y se dejó caer cuidadosamente allí, probando que no era tan diferente de algo que haya conocido, Sonic carcajeó mirándolo desde unos centímetros. Pero aquellos belfos duraznos y orbes cariñosos, alteraron los sentimientos del caballero.
—Te pareces a alguien que amo y extraño mucho. ¿Estás cómodo ahí? —enarcó una ceja curiosa —. Pero ustedes son tan diferentes al mismo tiempo. Me he preguntado: ¿Qué estará haciendo sin mí?
De todas las torturas, de todas las veces que recibió apuñaladas y cortadas; ningúna dolió tanto como escuchar que ese corazón pertenecía a otro, al parecer alguien parecido a él. No hubo reproche. De pronto tenía al chico arrodillado a sus mismísimos pies, descansando confiando, la cabeza sobre regazo. De inmediato, Lancelot trató de retirarlo porque eso no podría ser.
—Mi Lord Sonic, os ruego la lejanía de vuestro santo y pulcro cuerpo. Ningún a de ser merecedor de tan grato regalo cercano.
—Aquí estoy bien. Aquí contigo no me siento solo. —dijo implorando clemencia, ya que un tormento llevaba arrastrando consigo.
—Lord Sonic, alteza. —murmuró acongojado.
Los esmeraldas del rey se alzaron tiritando, este se levantó haciendo movimientos morosos, algo místico de verse. Entonces acunó las mejillas morenas del sorprendido azabache y se dejó ser sobre el regazo. Pidiendo con la mirada que no preguntara nada y solo lo abrazara. Ah~ y cómo olvidar cuando le tomó la mano, pues sonrojados, se miraron tanto pero tanto tiempo. Sonic lloró mostrándose sincero entre los fuertes brazos, fielmente respaldado por Lancelot.
—Me siento mal desde hace tiempo.
—Mi Lord, si me es permitido hablar más de lo que está estipulado. No ha estado fuera de mis fanales, pues vuestro pesar aflige y penumbra mi ser. Soy pertenecer, consciente de su alteza. —susurró, dejándose tocar por las pequeñas manos del jovencito.
—Lo lamento. —mencionó asustado.
—Me perturba concebir que se me impide sanar cualquier que sea vuestro dolor, mas el deseo que vive en mi sentir, me habla con que debo mantenerlo justo en este lugar. Por el resto de la eternidad.
Su egoísmo lo transportó a una desesperación peculiar. Quizás porque intuía que el rey no era él, sino un principito lindo anhelando el momento cuando volvería a casa. No podía permitir eso, pero tampoco ignorarlo sin brindarle consuelo. Para cuando supo la verdad, latieron, sintiendo seguridad al mirarse y saberse probablemente enamorados. Lo bueno de la vida en un beso largo, largo largo...
¡Al fin lo había encontrado!
Pese a todo lo que estaba mal en aprovecharse de un amante tan desolado, sostuvo duchas manos con fuerza y lo invitó a continuar aquello.
—Lancelot... —el "principe" jadeó entre labios secos.
—Rey, vuestra excelencia es tan dulce como la miel. Me atreveré a profesar que es mi dulce rey. —suspiró fascinado. Olvidándose por completo de lo ajeno, lo que importaba en el corazón del otro y las posiciones sociales.
—No puedo quedarme aquí para siempre. —desanimado besó donde su frente fruncida, adolorida por tal aclaración.
—Es mejor que calme aquella angustia inquieta. Su majestad, permitidme y encomiende para hacer la obra en su honor y de esa manera, calmar vuestra alma desconsolada. Anhelo desde lo profundo que sienta la virtud a mi lado. Reconozco que es poco ante tal realeza que porta con orgullo mi rey, pero dejadme servirle.
—Pero, Lancelot.
—Os suplico, Lord Sonic.
Silencio fue...
Ese romance fluyó en las siguientes estaciones. Amorío fuerte: pasional, espontáneo y consensuado, a pesar de no amarse enteramente.
Pero Lancelot sabía que lo quería y no necesitaba decirlo, ¿para qué? Si ya tenía idea de cómo iban a terminar. En algún momento deberían despedirse.
¿Cómo serían devueltos los días? Esos cuando a hurtadillas se fulminaban con besos apasionados, necesitando de apego. Las veces que recorrieron sus cuerpos, cómplices del sentido candente por tenerse. Lancelot aceptó compartirlo, pues esos suspiros, sabía que no iban dedicados a él. Sonic imploraba a la luna, con ojos que lloraban ante ella, símbolo de pertenencia. También el añoro constante por volver a los brazos del verdadero amor. A sabiendas de esto, el caballero intentó quedarselo, porque lo amaba. ¡Lo hizo con todo lo que tenía!
Estaba seguro. Día y noche, solo pensaba en él. Maldijo el desdichado momento cuando Merlina encontró la forma de devolverlo a su dimensión. Lancelot luchó contra impulsos de quitarle esa posibilidad, mas cruzado en brazos presenció —que no tenía razones para herirlo así —, ya que lo veía sufrir hacía tiempo.
—¿Qué debería hacer con esto? —sostuvo la bola de cristal temblando con indecisión pasando por el rostro inocente.
—¿De qué os refiere, Lord Sonic? La decisión entre sus manos, le pertenece.
—Pensé en todo, y por un momento creí que mi deber era estar solo un buen tiempo.
—¿Hay algo que condene a vuestra excelencia?
—Desde que llegué aquí imaginé que estaría de paso, sin embargo, me quedé casi tres años —jadeó tembloroso y vulnerable. Lancelot atisbó interrumpirlo, el cobalto ignoró y continuó. Los luceros esmeraldas bramaban tristeza, mas soportó como el guerrero que era ante la vida —. Y todo en Camelot comenzó a mejorar, el pueblo quiere a su rey, mis caballeros me aman. Yo sé que todos creen en mí...
—Ayudadme a comprenderlo, mi Lord. ¿Qué clase de mal lo condena de tal forma?, ¿qué os sucede majestad? —tomó la mano consternado por aquel estado quebradizo.
—No sé qué decisión tomar. ¿Cómo puedo pensar en dejarlos aquí? ¡Es una locura!, ¿qué clase de desalmado sería al hacerlo? —exclamó eufórico —. Y al mismo tiempo que veo rostros tan conocidos, sé que no es lo mismo. No puedo con esto. Por eso creí que mi deber era estar solo un tiempo; porque conocería nuevos amigos y así iba a crecer para ser mejor pero. —finalmente el rey sollozó quebrando cada parte del cuerpo herido.
—Rey Sonic. —murmuró dolido sin poder abrazarle, así impotente frunció el ceño desde su lugar. Impávido.
—¡No puedo vivir así!, extraño a mi hermanito Tails, a Amy. Extraño a Knux y Rouge. A Cream, a los chicos Chaotix, a Silver, a Blaze. A mi querida Vainilla y Queso. ¡Extraño mi hogar! —lloró desconsolado —. Y recordé a Shadow, ¡No puedo vivir solo!, ¡lo necesito tanto! Extraño a Shadow, te extraño mucho Shadow...
Entonces el resiliente caballero negro sintió dolor al verlo destruido, con la mirada ensimismada en el martirio, la añoranza y desolación. ¿A quién engañaría? Él sabía que estaba infeliz, que aunque Sonic andara todos los días mimado por sus besos y caricias; no parecía suficiente para convencerlo a olvidar y ser feliz. El corazón se partió con cada quejido tormentoso, cada lamento cortado del principito, no siendo bello al escurrir miles de lágrimas, sino puro igualado a una divinidad dorada; un ángel.
Empático fue arrodillándose, acompañando al chiquillo tembloroso, quien era un desastre y ya sin ningún gozo.
—¡Te extraño Shadow!
Dolió, lo enojó al oírlo.
—¡Te necesito, te extraño tanto Shadow!
Algo triste o más que triste.
—Pero no sé qué hacer. No puedo dejar lo que tengo aquí. No puedo defraudar a tantos y... Simplemente no puedo. ¡Qué hago!, ¡¿qué hago?! Shadow, quiero estar contigo. No puedo vivir solo. No puedo.
—Mi rey —llamó atención colocando ambas manos sobre los hombros vencidos, el otro lo miró destruido —, ¿Me es imposible remplazadle?
De ahí todo fue silencio, acompañado de una mirada indescriptible del cobalto hacia el hombre desesperado, quien a base de una sonrisa implorante, quería persuadirle.
—Porque os aseguro yo puedo prometed mi vida entera, corazón y mente. Puedo asegurad todo lo benevolente que soy —moroso deslizó a tomar de la mano para besarla con dedicación y allí mantenerla, suplicando con el penar de sus sentimientos sin vergüenza o miedo a mostrarlos. Quizás Sonic podría verlo y ceder. Deseaba que se enamorara de él —, dejadme ocupar aquel lugar. Me he enamorado de usted y haría lo que fuera para llenarlo de dicha, así mismo felicidad, por favor, no me dejéis en soledad. Le amo, S-Sonic. De verdad lo amo y quiero vivir con usted lo que quede de mi vida. Sois lo más maravilloso que me ha pasado, un regalo por vivir, por eso no quiero perdedlo.
Dijo olvidando las formalidades reales, en los ojos del héroe vió impacto. ¿Acaso no lo sabía?, ¿por qué estaba tan sorprendido y no decía nada? Solo jadeos inconsisos. No obstante, Lancelot encontró respuesta contemplando las lágrimas que echó ese pobre jovencito.
Pero volvió a intentarlo, aferrándose en un abrazo inolvidable para ambos.
—Deseo mantenerme con usted, porque siento que existo para amarle solo a usted. Sois mi deseo, mi dulce rey.
Abajo observó la bola brillar, mientras pensaba en el deseo que ya maquinaba un portal. Sí, él sabía cuál sería el final del cuento. Y cuándo era momento de convertir ese amor en realidad —al dejarlo ir —, para así volver con la otra mitad.
Quiso darle una oportunidad, tal vez el cobalto cambiaría de opinión. Esperó, esperó, esperó. Fue entonces que Sonic ¿correspondió?
—Quisiera corresponderte de la misma forma pero lo lamento mucho, Lancelot. Yo ya tengo a alguien esperando por mí, alguien a quien amo tanto... Creo que nunca podré terminar de agradecerte. Fuiste tan bueno conmigo y me hiciste feliz, extremadamente feliz cuando creía que no podría más.
—Calmad, no os pertubeis —lo arrulló con suave voz, este le sonrió encantador antes de besarlo por última vez, el principito lloró angustiado por lo que había causado —. Mas he de admitir, que mi vida habría sido dichosa si nos hubiera juntado en el principio. Al final, esto no podrá ser. Me hubiera fascinado conocedle antes.
—¡Lancelot, perdóname! —se aferró al cuerpo, abrazándolo.
—Quiero enviarlo a vuestro hogar, esperando que llegue con bien. Yo me quedaré con un pedazo de vuestro corazón viviendo en el mío. No imagino soportar el no tenerle más, ¿me concede el honor de robarmelo su majestad? —bromeó riendo profundo.
Jamás había experimentado tal sensación bonita al escucharlo reírse pese ser un momento muy triste. No había ninguna duda que todo de ese joven le gustaba y no creía en la ilusión de hallar a alguien igual. Si lo dejaba ir ya no sentiría amor. Tenía miedo, demasiado. Aunque no pensó perder, se dejó hacerlo cuando debajo activó la esfera pensando en el deseo.
"Su deseo fue dejarlo libre y feliz"
—¡¿Qué haces?! —sollozó empezando a desaparecer, Sonic trató de aferranse y el cabellero lo despedía con una sonrisa empática.
—Os agradezco por tan maravillosa oportunidad a su lado. No viva triste por Camelot y los amigos que conoció. Todos entendemos que vuestro lugar está donde debe ser. Volved con su familia y amado. Prometed que será feliz. Si no os marchais ahora, después no voy a permitir que se vaya. Así que no incite a arebatadle de las manos de vuestro amado.
—¡Lancelot no puedo dejarte así! ¡Necesito más tiempo para pensar! ¡¿Qué va a pasar con ustedes y Camelot?! ¡No puedo irme aún!, ¡no quiero irme de esta forma!
—Sabíamos que esto llegaría a su fin. ¿Puedo pedirle algo? Quiero una de sus preciosas sonrisas, ¿podeis darme eso último? No se vaya de mis ojos con miedo de perder. Espero me recuerde con un poco de amor, aquel que pueda tenerme.
—¡Perdóname! —lloró abrazándolo mientras iba desapareciendo —¡Perdóname, Lancelot! —enserio lo iba a extrañar.
El cabellero a tiempo, acarició su mejilla riendo apenado, dando las últimas palabras, antes de no poderse ver nunca más y por la eternidad.
—No teneis que disculparos y tampoco sentir culpable. Solo me hubiera encantado haberle conocido antes, habría sido tan hermoso. —besó cariñoso dónde su dedo pulgar recorrió antes.
Nunca olvidaría aquel momento en que lo conoció y el último dónde ese hermoso ser, lo abrazó, rió rebosante de ternura; sonriendo entre brillos mágicos. Así se dieron una despedida memorable. El mayor regalo que pudo tener de Sonic fue un lugar pacífico en los bosques. El abrazo cálido, los destellos iluminando toda su carita y el silencio que agradeció. Allí desapareció.
Para cuando ya no lo tuvo entre brazos, miró estos mismos con desdén, lamentando profundamente aquella partida. Frunció los labios aguantando el hueco dentro de la garganta. Después de perderlo al fin, lo único que hizo fue dejar humedecer los carmines apagados que en adelante cargaría consigo.
—En realidad, deseaba mi corazón, que se quedara conmigo...
Érase una vez un valiente cabellero. Él era: amargado, testarudo, arrogante y llevaba cargando el dolor de una despedida que rompió su corazón. Este hombre, se había ensimismado en los recuerdos del pasado. En el reino de Camelot lo amaban, otros le odiaban. Muchos más querían ser como él pero eso era imposible.
Un buen día, por esas andanzas melancólicas que daba por la plaza, su mente dejó de divagar al escuchar los gritos de unos cuantos chiquillos. Rufianes que solo jugaban. Por una extrañeza de la vida, algo le hizo voltear a verlos. Pocas veces veía a la gente ser feliz.
Estos tres niños traviesos aventaban bombardeos hechos tomates podridos. La víctima era nada más y nada menos que un bufón del palacio. Lancelot lo dedujo por su vestimenta. Ese payasito se quejó a cada pelotazo rojo.
¿Cuánto hacía que Lancelot renunció al palacio? No recordaba bien. Enarcando una ceja se dió media vuelta, ¿Qué importancia debería darle? Pensó fríamente pero...
—Detenganse, vuestro castigo terminó. —se interpuso, mostrándose imponente.
Los niños, maravillados de tan impoluta presencia pararon en un segundo, consiguiendo con alejarse asustados. Con un movimiento limpio, blandió la espada rompiendo el candado que tenía prisionero al payaso. ¿Y por qué razón lo ayudó? No tenía respuesta.
Al verlo, las miradas conectaron, se trataba de un erizo azulito y la cara se le hizo muy conocida. Volviendo con sus planes, el frío azabache; lo alejó de la picota. Aquel extraño observaba todo lo que hacía con agradecimiento y ensueño.
—Ni os ocurra dirigidme alguna palabra —con una mano cubriendo el rostro del bufón, apartó miradas, volvió a su respectivo camino. Resguardando lo extraño que se sentía pero continuando con el día a día.
Y algo allí nació.
—¿Por qué mi cara está ardiendo? —se tentó el muchacho, cayendo en cuenta del repentino latir y sonrojo carmín. Suspiró lento volviendo la mirada al caballero Lancelot.
Olvidándose del estado andrajoso y el pestilente aroma de sus ropas, ese chiquillo saltó emocionado, aquí y allá agradecía vuelto un tornado de emociones y otro par de cosas. Atrás del castillo pudo soñar con volverlo a encontrar. ¿Era posible volverse a enamorar?
¿Era posible volverse a enamorar?...
Tal vez muy pronto lo iban a averiguar. Por lo tanto este cuento, por ahora va a terminar.