𝐈.- 𝐄𝐍𝐂𝐇𝐀𝐍𝐓𝐄𝐃
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𝐀𝐥𝐥 𝐈 𝐤𝐧𝐨𝐰 𝐢𝐬 𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐞𝐧𝐜𝐡𝐚𝐧𝐭𝐞𝐝 𝐭𝐨 𝐦𝐞𝐞𝐭 𝐲𝐨𝐮.
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Era un lunes soleado en el exclusivo barrio de La Condamineen Mónaco y Max se despertó con el sonido de su alarma. Mientras la apagaba comprobó la hora, eran las 7:00 am. Luego procedió a estirarse, tratando de encontrar la energía para levantarse de la cama y hacer su rutina diaria de ejercicios. Ha tenido esta batalla interna todas las mañanas durante los últimos dos años, odiaba hacer ejercicio pero le gustaba tener un cuerpo delgado, especialmente porque era alto y tendía a aumentar de peso rápidamente.
Una vez que terminó su sesión de ejercicios, se duchó y tomó un desayuno rápido antes de salir de su apartamento durante las siguientes 12 horas, se despidió de sus bebés Jimmy y Sassy mientras cerraba la puerta y prometía jugar con ellos más tarde.
Sí, siempre se sentía culpable dejándolos solos y se consideraba un padre ausente. Esa era una de las razones por las que contrató a la hermana de Landon como cuidadora de sus gatos.
Todavía pensando en ellos, llegó alCentre Hospitalier Princesse Gracey fue directamente al 4to piso, el departamento de Pediatría. Al llegar saludó a Lando, su mejor amigo, y felizmente recibió a su primer paciente del día. Sí, amaba su profesión con todo su corazón, era su única pasión, pero había días en que Max sentía que su vida era demasiado... predecible y aburrida.
Para él, solo era otro día en el hospital... o eso pensaba.
Sergio llegó un poco tarde al tercer piso del Centre Hospitalier Princesse Grace, destinado al departamento de obstetricia y ginecología.
A pesar de que vivía en Fontvieille, uno de los distritos más lujosos de Mónaco, el tráfico era terrible, por lo que tuvo que correr para reunirse con Christian en su oficina unos minutos después de las 8:00. Abrió la puerta de madera y de inmediato lo saludó un muy feliz Christian Horner.
— Checo, amigo, ¡es increíble verte otra vez!
Sergio cerró la puerta y procedió a abrazar a su viejo amigo y mentor.
— Hola Christian, también me alegro de verte. Lamento la tardanza, todavía me estoy acostumbrando a las calles y a la ciudad en sí. El tráfico fue una pesadilla esta mañana— Checo explicó un poco avergonzado porque sí, el mayor era su amigo pero también su nuevo jefe y era su primer día en el hospital. Luego, se sentó en la silla justo en frente del escritorio de Christian, mientras que el otro hombre se sentó en la que estaba detrás.
— Oh, no te preocupes, está bien.— El hombre mayor hizo un movimiento con la mano tratando de desestimar sus preocupaciones.— Lo que realmente importa es que finalmente estás aquí. Me alegro que después de tantas veces de insistirte que vinieras, finalmente decidieras darle una oportunidad a este hospital.
Sergio suspiró, recordando todos esos años de Christian invitándolo e insistiendo en que se trasladara a Mónaco a trabajar. En ese momento tenía una vida excelente y cómoda en Guadalajara y no deseaba cambiar eso. Pero después de casi tres años de trabajar sin parar y ver a mucha gente sufriendo por el Covid, decidió que necesitaba un cambio. La pandemia en México fue terrible. Demasiados contagios y muertes.
Así que, cuando Christian lo llamó el mes pasado y le dijo que había una vacante para un obstetra/ginecólogo en el Centre Hospitalier Princesse Grace, decidió dar un salto de fé. Las pésimas condiciones del sistema de salud mexicano facilitaron su decisión. El sistema de Mónaco era uno de los mejores del mundo y sería un honor trabajar allí.
Cuando salió de la oficina de Christian procedió a reunirse con el personal que trabajaba en su piso, sabiendo que pasaría mucho tiempo allí y compartiría muchas experiencias con ellos. Fue genial, era una persona muy sociable, así que que conocer gente nueva era normal y emocionante.
Se sorprendió gratamente cuando se dio cuenta de que conocía a dos de los médicos debido a los años que pasó en Europa estudiando su especialidad. Resulta que durante los últimos 3 años, Christian contactó a los mejores médicos en el campo y los convenció de trabajar en el hospital.
Uno de ellos era Sebastian Vettel, un hombre amable y tranquilo, el otro era Fernando Alonso y era todo lo contrario a Seb, pero ambos se llevaban bastante bien. Checo también conoció a su nueva secretaria, una joven pelirroja llamada Alice, y con su ayuda dio inicio a una nueva etapa en su carrera.
No sabía cuánto tiempo se iba a quedar, el acuerdo era por un año cuando firmó el contrato, con la opción de una extensión. En ese momento Sergio tenía en mente que estaría un año y luego regresaría a México, pero no sabía que su vida y sus planes iban a cambiar para siempre.
Era la hora del almuerzo y la cafetería estaba abarrotada, otra vez. Tratando de ignorar todos los ruidos, Max un poco molesto buscó una mesa vacía en compañía de Lando y Carlos, el novio de su mejor amigo y uno de sus amigos más cercanos.
Estaba tan concentrado en su objetivo, que chocó contra alguien. Molesto como estaba, su primera reacción fue lanzar una mirada asesina a la persona que tenía enfrente y esa persona era Fernando. El médico obstetra y ginecólogo le devolvía una mirada juguetona y una sonrisa.
— ¿Hay algún problema, Max?— preguntó el hombre.
— No, solo estoy buscando una mesa y este lugar está jodidamente lleno. No puedo creer que después de tantos años con el mismo problema, el hospital todavía no hace nada para encontrar una solución. Es ridículo.
Justo cuando estaba a punto de disculparse por su actitud, Carlos lo interrumpió.
— ¡Checo!
¿Que?
No tenía idea de lo que Carlos estaba diciendo, así que siguió la dirección de sus ojos. Fue entonces cuando vio por primera vez al hombre que estaba junto a Fernando y sin querer lo miró a los ojos.
Ojos marrones, cabello oscuro, pecas y algunas arrugas alrededor de los ojos. También tenía la piel bronceada y buen cuerpo. El hombre era más bajo que él pero eso no lo hacía menos atractivo, todo lo contrario. Él era SEXY. Max sentía que se le cortaba el aliento.
¿Por qué no había visto a ese hombre antes? No había manera de que pudiera haber olvidado esa cara.
No sabía por qué, pero sintió que se miraron el uno al otro durante una eternidad. Había algo en sus profundos ojos marrones, como una chispa, que envió escalofríos por su espalda.
Entonces el hombre aparto la mirada y se dirigió a Carlos.
— ¡Hola cabrón! ¡Cuánto tiempo sin verte, no sabía que trabajabas aquí!— Dijo el hombre emocionado con un fuerte acento.
Max estaba intrigado, hablaba español y conocía a Carlos.
— ¡Sí, he estado trabajando en este lugar los últimos 2 años y no sabía que estabas aquí!
— ¡Oh, es mi primer día! Fernando me estaba mostrando todo hasta que nos encontramos con ustedes.
Por eso no lo había visto antes, era nuevo.
Fernando decidió intervenir.
— Sí. Le estaba mostrando los alrededores hasta que nos topamos con ustedes.— Fernando se giro hacia él con una expresión divertida. — Amigo, ciertamente sabes cómo causar una primera impresión.
Sintió sus mejillas arder. Maldita sea su costumbre de maldecir cada dos frases. Por supuesto, lo primero que el hombre escuchó salir de su boca tenia que ser una maldición. A Max no le importaba lo que la gente pensara de sus constantes maldiciones, sabía cómo controlarse cuando estaba con sus pacientes y eso era lo importante, pero en ese momento con ese hombre misterioso, era diferente y no sabía por qué.
Max escuchó a todos reír y quería que el suelo se lo tragara, pero eso fue hasta que vio sonreír al hombre.
Mierda, ¿Por qué es tan atractivo?
Recordando sus modales, Fernando procedió a presentarlos a todos.
— Chicos, él es el Dr. Sergio Pérez. Checo, ya conoces a Carlos, y debido a la memorable primera impresión que hizo, apuesto a que ahora puedes identificar a Max. De cualquier manera, él es el Dr. Max Verstappen, y el joven es Lando Norris. Max es pediatra, así que lo verás por nuestro piso.
Bueno, mierda.
— ¿Tu no eres doctor?— Sergio preguntó sorprendido al más joven del grupo.
— Todavía soy estudiante de medicina, es mi último año— respondió Lando.
Sergio pareció sorprendido porque Max parecía tan joven como él y lo habían presentado como un pediatra.
— Oh, pensé que tú...— Max, que estaba dividido entre querer tener su atención otra vez y desaparecer de ahí porque sabía que se estaba sonrojando, lo interrumpió nerviosamente.
— Sí, todos se confunden porque estamos juntos todo el tiempo y él trabaja conmigo.
Checo estaba a punto de hacer más preguntas cuando escuchó que lo llamaban a la distancia por un hombre mayor, el Dr. Helmut Marko. Fue entonces cuando Max supo que su breve reencuentro había terminado. Nadie podía ignorar o dejar al Dr. Marko esperando.
— Bueno, Helmut me está buscando y todos sabemos que no puedo dejarlo esperando. Fue agradable conocerlos.
Max no ignoró cómo los ojos de Sergio se quedaron más tiempo en él cuando dijo la última frase.
Checo estaba almorzando con el Dr. Marko y no podía evitar ignorar lo que decía el otro hombre. Todo en lo que podía pensar era en el joven doctor de ojos azules sentado al otro lado de la cafetería hablando animadamente con sus amigos. Max Verstappen.
Sergio sentía curiosidad por él y la electricidad que recorrió su cuerpo en el momento en que se miraron a los ojos. Podía decir que Max también lo sintió ya que el joven se sonrojó todo el tiempo que estuvieron hablando.
— Sergio, ¿estás escuchando lo que estoy diciendo?— Finalmente escuchó la voz del Dr. Marko y parecía bastante molesto.
Trató de recordar de qué estaban hablando para no parecer grosero, especialmente porque era su primer día, y fue entonces cuando se dio cuenta de que había estado ignorando a Marko durante los últimos 2 minutos.
— Ah... no Doctor, lo siento. Estaba pensando en todo el papeleo que me falta por hacer.
El mayor estaba molesto pero se quedó callado, eso era raro porque el hombre siempre tenía algo que decir y Sergio lo sabía. Había sido víctima de sus comentarios sarcásticos, especialmente cuando era más joven, pero sabía que tenía buenas intenciones.
Al igual que con Christian, Sergio conoció al Dr. Marko cuando estudiaba su especialidad en Inglaterra. Solamente estudió allí durante 2 años, pero fue suficiente para crear un vínculo con el hombre mayor. Tal vez por eso se atrevió a preguntarle por Max.
— Disculpe Doctor...—Preguntó.
—¿Sí?— Helmut respondió distraídamente.
— Justo antes de reunirme con usted, Fernando me presentó a algunos colegas. Carlos por supuesto, Lando y Max... creo que era su nombre.— Dijo Sergio tratando de sonar indiferente.
Vio como los ojos del Dr. Marko se iluminaban instantáneamente y la admiración invadía su rostro.
— Oh, sí, Max. Un joven brillante. Verdaderamente único en su clase.
Bien, eso era nuevo. Nunca había escuchado a Marko hablar así de alguien. El hombre parecía que le daría a Max el mundo si se lo pidiera.
— Parece bastante joven, ¿como de 25? Y Fernando lo presentó como pediatra.— Sergio respondió tratando de obtener más información.
Marko suspiro con orgullo.
— Sí, Max es un prodigio. Tan inteligente que comenzó la escuela de medicina a los 16 años y tan pronto como la terminó, estudió su especialidad. Es uno de los mejores en el campo, siempre estudiando, mejorando y tratando de ser el mejor. Algunos incluso dicen que es demasiado competitivo, pero creo que esa es su mejor cualidad.
No respondió de inmediato, por lo que Marko lo tomó como el final de la conversación y cambió de tema. La verdad es que Sergio se interesó más en Max que antes de preguntarle a Helmut sobre él.
Todo lo que su mente repetía sin parar era la voz de Fernando que decía: “Max es pediatra, así que lo veras por nuestro piso”.
Y no iba a negar que le gustaba la idea de ver al joven a todos los días.
Tan pronto como terminó su almuerzo, Max se dirigió de inmediato al elevador, y justo cuando estaba presionando el botón que lo llevaba a su piso, alguien entró. Cuando miró de quién se trataba, instantáneamente reprimió un quejido.
El Dr. Charles Leclerc. El niño dorado del hospital.
No era que odiara al hombre. Charles era una buena persona, lo que lo hacía aún más molesto. Solo que ambos eran pediatras, excelentes en su campo y casi de la misma edad.
Esto hacia que la gente los comparara siempre. Era mejor que Charles, eso era un hecho y siempre lo sería, pero el otro hombre era monegasco y más gente lo conocía ya que había vivido allí toda su vida. Así que por supuesto, todos sabían que Charles Leclerc era un pediatra dulce, gentil y amable que era excelente en su campo.
Naturalmente existía una especie de rivalidad que fue creciendo con los años porque estudiaron juntos sus especialidades y siempre competían por sacar las mejores notas. Max era mejor, todos lo sabían, pero cada vez que Charles lograba algo, era más elogiado que cuando él lo hacía.
Para romper la incomodidad que llenaba el ascensor, Charles decidió iniciar una pequeña charla.
— ¡Hey!
Max reprimió el impulso de poner los ojos en blanco. No quería hablar.
— Hola.
— Entonces... ¿ya conociste al nuevo Doctor? Checo.
A Max no le gustó la forma en que Charles se refirió a Sergio. ¿Quién creía que era para llamarlo por su apodo?
— Sí, lo conocí en la cafetería.— Contesto Max con cara de aburrimiento.
— Es muy agradable, ¿no?— Charles respondió. — Lo conocí hace unas horas cuando fui al piso de obstetricia y ginecología a hablar con Seb. Me contó sobre su vida en México y su trayectoria allí.
A Max no le gustaba la idea de que Charles ya estuviera hablando con Sergio. El hombre podía agradarle a todos y sin querer hacia que él pareciera un pediatra frío y distante que solo se preocupaba por ser el mejor médico del departamento.
Normalmente no le importaba lo que la gente pensara de él, pero con Sergio, era diferente. No sabía por qué, pero quería dar una buena impresión y eso probablemente se jodió gracias a su encuentro en la cafetería y a la conversación que tuvo Charles con el hombre.
Molesto por eso, lo único que salió de su boca fue un ”hmmm" y agradeció al universo cuando se abrieron las puertas del ascensor.
Todo lo que pudo pensar durante el resto del día fue que tal vez su oportunidad de impresionar al nuevo médico ya había pasado y Charles ya le había ganado en eso. Por supuesto, siempre quería lo mismo que Max.
Por mucho que Sergio estuviera tan intrigado por Max Verstappen, no habló con él hasta el mes siguiente.
Había pasado las últimas 4 semanas acostumbrándose a su nueva vida en Mónaco y equilibrándola con su negocio en México y poniéndose al día con el trabajo en el hospital. Se tomó el tiempo para conocer a los pacientes y sus expedientes, sus colegas y cómo funcionaba su departamento.
Tenia que agradecer a su asistente Alice por la última parte. La mujer pasó horas ayudándolo y dándole algunos consejos. Ella realmente fue una bendición y en poco tiempo se convirtió en alguien en quien podía confiar, una amiga.
Era lunes por la mañana y Sergio estaba en su oficina discutiendo con ella el horario del día cuando Fernando entró con cara de emoción.
— Knock knock. Hola Checo, Alice.
La joven respondió de inmediato con un “Hola” y se retiro, deduciendo que quería hablar en privado con Checo.
— ¿Qué pasó? — Checo preguntó confundido y asustado al mismo tiempo. Conocía a su amigo, así que sabía que estaba tramando algo.— Tu cara me asusta.
Fernando puso los ojos en blanco.
— Nada tío, quería comentarte que cumplo 5 años trabajando aquí y los del departamento y unos cuantos más vamos a salir a celebrar el viernes en la noche. Vine a invitarte y obligarte a que nos acompañes, no has salido desde que llegaste hace un mes.
Sabiendo que Checo iba a dar una tonta excusa para no ir, le ofreció una oportunidad que no podía rechazar.
— Max vendrá.
Sergio no sabía que decir, porque en realidad no tenía una excusa para no ir y además quería hablar con Max.
Tal vez no lo había visto mucho el último mes ni habló con él en absoluto, pero eso no significaba que dejara de pensar en él o de mirarlo a escondidas las veces que estaba en la cafetería y el joven también estaba allí almorzando con sus amigos. Era consciente de las miradas que Max le lanzaba cuando estaban en la misma habitación, y cada vez que se miraban a los ojos, el rubio instantáneamente miraba hacia abajo sonrojándose.
Checo encontró eso realmente encantador. Max era realmente adorable y lindo. Tenía estos ojos azules, cabello rubio y labios gruesos que lo hacían parecer tan inocente. El look perfecto para un pediatra.
Se dio cuenta demasiado tarde de que estaba soñando despierto con el joven y se esforzó mucho por encontrar algo que decir, pero no pudo. De hecho, no lo necesitaba, no tenía sentido porque desde ese encuentro en su primer día, Fernando sabía que le gustaba Max y lo molestaba con eso de vez en cuando.
— Venga Checo, si no es por mi, mínimo ve por el chaval, se ve que mueres por hablarle, hasta das pena.
Checo puso los ojos en blanco y respondió.
— Cállate wey, pensaba ir pero si sigues con tus cosas mejor ya no. Especialmente si te vas a poner así de nefasto frente a Max.
Fernando se rió e ignoró su amenaza.
— Nos vemos el viernes en el Blue Gin a las 9:00. Y ponte chulo.
Sergio no tuvo la oportunidad de responder porque Fernando salió rápidamente de su oficina. No iba a admitirlo ante su amigo, pero en realidad estaba deseando que llegara la noche del viernes. Solo necesitaba averiguar dónde estaba ubicado ese bar.
— Maldita sea, amigo, ¿puedes dejar de mirar esa mesa por un maldito minuto y prestar atención a lo que digo? Está claro que no vendrá hoy.
Max casi se atragantó con la comida.
— ¡¿Q-qué?! ¡¿De qué estás hablando?!
— Oh cállate, no me engañas, soy tu mejor amigo. Claramente estás buscando a Checo como lo has estado haciendo las últimas semanas. Te gusta.
Max agradeció al universo que estuvieran solos. ¿Era tan obvio? ¿Sergio también se había dado cuenta?
— ¡Cállate! ¿Qué te hace decir eso?— Respondió fingiendo estar indignado y con un poco de pánico en su voz.
— Como dije, soy tu mejor amigo y al menos para mí, es muy obvio. La forma en que miras a tu alrededor todos los días buscándolo y cómo dejaste de ir tanto al piso de obstetricia y ginecología, solo vas cuando es estrictamente necesario. Te conozco Max, lo estás evitando, y haces eso cuando te gusta alguien.
Max no respondió a eso porque no quería mentirle a su amigo y Lando volvió a hablar.
— Tengo buenas noticias para ti. Fernando está celebrando 5 años de trabajar aquí.— Max lo miró sorprendido.— Lo sabrías si fueras a su piso y dejaras de evitar el lugar como la peste. Como sea, lo va a festejar el viernes por la noche y nos invitó. Es en Blue Gin a las 9:00 y adivina quién va?.— Dijo la última parte con voz cantarina.
Max se negó a responder, lo que hizo que Lando pusiera los ojos en blanco.
— Sí, amigo, Checo va a ir, así que es la oportunidad perfecta para que finalmente le hables y dejes de mirar su mesa como un cachorro perdido deseando que aparezca y te hable.
— Ahh... no lo sé, Lando.— Max respondió dudoso.
— Oh, vamos amigo. ¡Vamos! No es como si tuvieras otra cosa que hacer aparte de leer otro artículo sobre niños. Además, como te decía, es el momento perfecto para que hables con él. Nadie necesita salvar vidas o atender pacientes, así que puedes tomarte tu tiempo para hablar y no sé... tal vez incluso hacer más que eso.
Max puso los ojos en blanco.
— Cállate, no soy como tú y Carlos.
Lo pensó durante varios segundos. De hecho, estaba emocionado ante la perspectiva de ver al hombre fuera del trabajo, pero también estaba nervioso porque recordaba su primer encuentro, por lo que tener la oportunidad de interactuar con él y finalmente conocer el punto de vista que tenía de él hizo que Max se sintiera un poco ansioso.
Era consciente de que Charles había estado hablando con Sergio constantemente porque el hombre había pedido ayuda para conocer los antecedentes de los pacientes que ambos departamentos compartían y, por supuesto, el monegasco fue el primero en ofrecerse como voluntario. Así que, naturalmente, Max pensó que Sergio tenía la perspectiva de ambos que casi todos tenían. Charles, el médico amable y desinteresado, y Max, el superficial y competitivo.
— No voy a aceptar un no por respuesta. Vas a venir, te guste o no.
Eran las 9:45 y Checo acababa de llegar al bar Blue Gin, y como todo en Mónaco, estaba lleno de lujo y sofisticación. Había días en los que todavía estaba asombrado por su nuevo estilo de vida.
Sí, sabía que había trabajado duro durante muchos años e hizo las inversiones correctas, pero aún así, vivir en Mónaco era algo diferente y, a veces, abrumador.
El bar estaba ubicado en el Monte-Carlo Bay Hotel & Resort y tenía vista al mar Mediterráneo. Las luces eran en su mayoría azules y moradas, lo que le daba al lugar un ambiente misterioso y travieso que le gustó de inmediato. Se dio cuenta con una sonrisa de que era el ambiente perfecto para sus propósitos.
Sergio era un hombre con una misión esa noche. Y no, por mucho que quisiera a su amigo, la misión no era ir ahí a festejar a Fernando.
Un Host lo conducía a la mesa designada, pero luego sus ojos encontraron a alguien que conocía desde la distancia.
Max.
Como siempre, el joven hablaba sin parar, y en ese momento su víctima era Carlos. Checo agradeció al Host y le dijo que podía encontrar el camino a la mesa. A medida que se acercaba, finalmente pudo ver claramente a Max. Era extraño mirarlo usando algo más que su bata blanca. Llevaba una camiseta negra, jeans ajustados y tenis blancos. El atuendo lo hacía lucir más joven y despreocupado. No había rastro del médico serio que llegó a ver en el hospital.
Checo lo encontró aún más atractivo si eso era posible. Sí, definitivamente iba a hacer su movimiento esa noche.
No era como si Checo fuera un conquistador o algo así. Bueno, ya no. Definitivamente disfrutó de las ventajas de ser un joven apuesto durante sus años en la escuela de medicina y cuando estudió su especialidad en Europa, pero eso fue en el pasado. De hecho, no fue a Mónaco con la idea de encontrar a alguien. Nunca se le pasó por la cabeza. Pero Max era tan diferente a cualquier otra persona que había conocido y quería llegar a conocerlo.
Fue hasta que llegó a la mesa que todos se dieron cuenta de su presencia. Fernando, Sebastian, Lando, Carlos y Max eran los únicos que habían llegado.
— ¡Checo! ¡Viniste!— Fernando dijo abrazándolo. Sintió que Max lo miraba fijamente.
— Sí, te dije que lo haría. ¡Incluso te traje un regalo!— Luego procedió a darle al hombre la botella de tequila que llevaba.
— ¡Gracias hombre! ¿Es de ese nuevo negocio en el que invertiste?— Preguntó Fernando. Estaba tan feliz con su regalo que casi hizo que Checo se sintiera culpable de sus verdaderas intenciones para esa noche.Casi. Pero el hombre fue quien sugirió que debería ir y finalmente hablar con Max, así que no importaba.
— ¡Sí! ¡Espero que te guste! La calidad es muy buena, una de las mejores.
— Genial, tal vez podamos abrirla cuando nos invites a tu nuevo y elegante departamento.
Checo sonrió y puso los ojos en blanco y luego procedió a saludar a todos, tomándose su tiempo para hablar con cada uno hasta llegar a Max.
—¡Hola Max!— Saludo con una sonrisa encantadora, sentándose a su lado.
— Hola.— Respondió el menor.
— Ha pasado un tiempo desde que hablamos. ¿Ese día en la cafetería, creo?
— Sí.— dijo Max de nuevo.
Parecía nervioso y Sergio incluso podía ver el rubor en sus mejillas. Era adorable y divertido al mismo tiempo.
Oh, va a ser una gran noche.
Sergio no tenía malas intenciones, para ser honesto, solo quería conocer mejor a Max y obtener su número. Pero teniendo en cuenta lo tímido que se ponía cuando Checo estaba cerca, podría ser todo un desafío. Y le encantaban los desafíos.
— No te he visto mucho por mi piso y recuerdo que Fernando dijo que nos veríamos constantemente debido a la naturaleza de nuestros campos.— comentó Sergio con inocencia, pero sabía el por qué Max evitaba el lugar ya que Fernando era un chismoso y le dijo el motivo.
Max respondió con otro“Sí” y Sergio vio que Lando lo empujaba con el codo haciendo que el rubio se sobresaltara un poco y torpemente intentara de nuevo.
— Quiero decir, sí, he estado muy ocupado últimamente.
Checo estaba cautivado. Max Verstappen, que nunca se callaba, se quedó sin palabras frente a él. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos por más de dos segundos sin sonrojarse. Y Sergio siendo Sergio no pudo evitar reírse de él.
— ¿El gato te comió la lengua, Max?
Eso enrojeció aún más al joven médico y Sergio pudo escuchar la risa de Lando, lo que molestó a Max.
— No.
— Entonces, ¿por qué no hablamos ahora?— pregunto Sergio con una sonrisa y acercándose a él, haciendo que Max se estremeciera. — En el momento en que llegué, te vi hablando con Carlos. De hecho, literalmente hablas con todos los demás sin parar, pero cuando se trata de mí... parece que te quedas sin palabras. ¿No te agrado? ¿Es eso?
Podía escuchar la respiración de Max entrecortarse. La distancia entre ellos no era la apropiada para 2 colegas que hablaban casualmente. Y Sergio podía sentir los ojos de sus amigos sobre él, pero no le importaba, no era como si no supieran sobre su atracción por Max. Podría agradecerle a Fernando por eso.
Max trató de encontrar las palabras durante unos segundos y cuando finalmente abrió la boca, solo dijo “No”.
Checo solo se rió. Max se ponía más lindo cada segundo que pasaba con él. Puso una cara de frustración haciendo un puchero en el proceso y Sergio reprimió las ganas de robarle un beso ahí mismo.
— Quiero decir que no es que no me agrades. Es solo que... Oh dios.— Max se cubrió la cara con las manos avergonzado.
Checo tomó la situación como la oportunidad que buscaba esa noche. El DJ comenzó a tocar un ritmo tecno más fuerte que antes, por lo que se inclinó más cerca del oído de Max cerrando la distancia entre ellos.
— Hey, está bien. Creo que tengo la solución a este problema.— Max se giró un poco y lo miró a los ojos, con la cara tan cerca que Sergio finalmente se dio cuenta de que tenía una marca de nacimiento en el labio superior. —Tal vez podrías darme tu número, ¿sabes? Tal vez no mirarme ayudaría.— Dijo con una sonrisa coqueta.
Max no pudo evitar reír, echando la cabeza hacia atrás debido a sus bromas, lo que lo hacía aún más atractivo. El azul de sus ojos, la forma en que todo su rostro se iluminaba y simplemente disfrutaba de su risa. En ese momento Checo supo que haría todo lo posible por ver esa sonrisa una y otra vez.
— Ok.— Contesto Max. Fue corto y simple, pero fue suficiente.
Checo con entusiasmo sacó su teléfono, lo desbloqueó y abrió su lista de contactos.
— Excelente. Entonces, ¿Cómo debo guardarte? ¿Cómo te dice la gente? ¿Max? ¿Maxie?
— Solo Max.
— Ok, solo Max. ¿Me harías el honor de darme tu número?— Justo cuando Max estaba a punto de responder, lo interrumpió.— Oye, y ni siquiera te atrevas a darme un número falso porque me daré cuenta.— Y una vez más, Max se sonrojó.— ¿Qué demonios, amigo? ¿De verdad me ibas a dar uno falso?
— ¡No! ¡Te juro que no!— Respondió Max, luego procedió a darle su número.
— Ok, me aseguraré de que me hayas dado el verdadero y que tengas el mío.— dijo Sergio con tono acusatorio. Abrió WhatsApp, buscó el contacto de Max y ahí estaba. Tan guapo y joven en su foto de perfil. Estaba parado en una playa con el agua cristalina detrás de él.
— ¿Dónde se tomó esta foto?— preguntó Sergio mientras le enviaba un “Hola” y escuchaba el zumbido en el teléfono del otro hombre.
— Ibiza. Fui con unos amigos un fin de semana el mes pasado.— Max respondió y luego, después de unos segundos, procedió a hablar de nuevo, dándole a Sergio una mirada desconfiada.— Si querías mi número tan desesperadamente, ¿por qué no se lo pediste a Fernando o Carlos?
— ¿Quién dijo que estaba desesperado?— Sergio respondió, arqueando una ceja y haciendo que Max se sonrojara. Pero no lo negó porque, para ser honesto, usó la excusa más tonta para obtener el número del joven.
Fue el turno de Max de arquear una ceja y Sergio volvió a responder con una pregunta.
— ¿Te hubiera gustado eso?
— Eso hubiera sido raro.— Max dijo honestamente con una sonrisa.
— Entonces, si te envío un mensaje de texto mañana, ¿vas a responder o vas a actuar como lo haces cuando nos vemos en persona?— preguntó Sergio mientras tomaba la bebida que había dejado al otro lado de la mesa y casualmente ponía su brazo alrededor del respaldo de la silla de Max.
— Sí, responderé.— dijo Max haciendo una mueca. No queriendo que la conversación terminara, le preguntó a Sergio qué estaba bebiendo.
— Vodka, ¿quieres un poco?— Sergio respondió después de tomar un sorbo, y Max al instante hizo una mueca de disgusto. Solo lo miró con una mirada divertida, esperando una explicación de su reacción.
— Simplemente lo odio. No tengo buenos recuerdos del vodka.
Luego, Checo procedió a acercarse a Max nuevamente, los labios cerca de su oreja y pudo ver cómo esta se ponía roja, al igual que su cuello.
— ¿Y te gusta el tequila?— Preguntó con voz ronca, todavía muy cerca de él. El rostro de Max estaba de un rojo ardiente y también estaba sin aliento.
— Sí. — Alcanzó a responder y Sergio pudo sentir la tensión entre ambos.
Todos sus sentidos estaban enfocados en Max, y sólo en Max. Y por lo que vió, al hombre más alto le gustó.
— ¿De...? Sabes que lo fabrican en muchos estados.
— Jalisco.— respondió Max vergonzosamente rápido, sonrojándose de nuevo. Sergio no pudo evitar sonreír porque no sabía cómo pero se dio cuenta de que Max sabía que era de allí. Tal vez Carlos le contó un poco sobre su vida. A Checo no le pasó desapercibido que Max pronunciaba correctamente la ‘J’.
— Bien, la mejor calidad, créeme.— Dijo con un brillo en los ojos y una sonrisa coqueta. —¿Sabes que más me gusta? Mucho en realidad.— Se humedeció los labios mientras esperaba la reacción de Max, y el hombre no defraudó, pues lo miró con una mirada curiosa esperando.— Jenever. Los holandeses ciertamente saben cómo producir cosas exquisitas.— Terminó susurrando al oído de Max.
Escuchó que su respiración se entrecortaba nuevamente y tuvo que esperar 3 segundos para que el hombre reaccionara. Justo cuando Max estaba a punto de responder, sintió una mano en su hombro sobresaltándolo y haciendo que ambos hombres miraran hacia el lado de Checo. Era un Fernando borracho quien lo arrastró a otra parte de la mesa para hablar de los recuerdos que tenían juntos.
No tuvieron la oportunidad de volver a hablar, ni siquiera de despedirse, pero a él no le importaba. Finalmente había podido hablar con Max, divertirse un poco con él y obtener su número.
Max se despertó con un gemido al día siguiente cuando sonó el timbre. Tenía resaca y parte de él lamentaba haber salido la noche anterior, especialmente porque tenía planeado leer y básicamente memorizar un nuevo artículo que se publicó el jueves.
Poniéndose una playera abrió la puerta, dejando que Lando entrara rápido para que sus gatos no salieran. Eran lindos pero también una amenaza.
— ¡Hey! ¡Que buena noche tuviste ayer!— Su amigo dijo emocionado.
— Hmm. ¿Por qué estás feliz tan temprano? Siempre te levantas tarde los fines de semana.— Respondió, acariciando a Jimmy y Sassy para que se callaran. Sus maullidos incesantes le estaban dando dolor de cabeza.
— Amigo, es mediodía.
Mierda, no puede ser.
Por eso sus bebés prácticamente le gritaban. Estaban hambrientos y enojados.
— No lo sabía, me acabo de despertar.— Respondió, dirigiéndose a la cocina para alimentar a los gatos que lo seguían aún maullando, más fuerte esta vez.
— Hmm, sí. Apuesto a que estás en la Cloud 9 en este momento.— Lando dijo con una sonrisa enorme, apoyándose en el mostrador negro de la cocina.
— ¿De qué estás hablando?— Max preguntó confundido, sirviendo la comida de Sassy mientras Jimmy le mordía los pies tratando de llamar su atención.
— Amigo, no hay forma de que no lo recuerdes. No estabas tan borracho.
— De que estas hab...— Entonces Max dejó de hablar. Rápidamente sirvió la comida de Jimmy y se dirigió a su habitación para buscar su teléfono.
Tocó la pantalla y leyó un mensaje de un número desconocido.
“Hey, ¿estás bien? Estabas bastante feliz cuando vi que te fuiste anoche” (11:38 am)
Sergio.
Desbloqueó su teléfono y abrió su chat. Su primer instinto fue mirar su foto de perfil. Al igual que él, Sergio estaba en la playa, pero estaba sentado en un yate, con gafas de sol y sonriendo a la cámara. Siempre trabajador, tenía una computadora en su regazo.
Después de mirar la imagen por lo que pareció una eternidad, recordó que tenía que responder.
“Hola” (12:18 pm)
Al instante se arrepintió de su respuesta.
Idiota, ¿por qué no puedes formar una oración adecuada? No es como si estuvieras frente a él en este momento por el amor de Dios. Es un mensaje.
“Hola. ¿El gato también se comió la mayoría de tus dedos?” (12:21 pm)
No pudo evitar sonreír. Sergio podía ser un idiota a veces. Le asombraba cómo podía estar tan serio un minuto y en otro actuar como un niño.
“No, acabo de despertar. Pero para que lo sepas, creo que mis gatos estaban considerando morderme los dedos para despertarme porque estaban hambrientos y no muy felices” (12:23 pm)
Al recordar que Lando lo estaba esperando en la cocina, salió de su habitación y a medida que se acercaba, recibió otro mensaje de texto que lo detuvo en seco.
“Sabía que dabas la vibra de una persona a la que le gustan los gatos” (12:28 pm)
Sonrió otra vez. Y luego se dio cuenta de que no había guardado su contacto. Pero, ¿cómo debería guardarlo?
“Oye, ¿cómo debo guardar tu número? Quiero decir... el nombre” (12:30 pm)
“Uh... me puedes guardar como Checo. O Sergio si quieres, pero nadie me llama por mi nombre” (12:31 pm)
Recibió otro mensaje de texto y esa vez Sergio agregó un emoji de guiño.
“Me han llamado por otros nombres, pero ese es un tema para otro día ;)” (12:32 pm)
No pudo evitar poner los ojos en blanco y sonreír de nuevo.
Dios, realmente es un idiota. Un viejo idiota que todavía usa emojis en lugar de stickers. ¿Cuántas veces he sonreído durante los últimos 15 minutos?
Al recordar la tarea que tenía pendiente, comenzó a pensar, tal vez demasiado para algo tan simple como el nombre de un contacto, pero no le importó.
O Sergio si quieres, pero nadie me llama por mi nombre.
Sergio. De verdad le gustaba su nombre, era único, al menos en Europa. Tal como él. Y el hecho de que pudiera usarlo cuando nadie más lo hacía, le hizo sentir que tenía un tipo diferente de conexión con el hombre mayor. Una conexión diferente a la que tenía cualquier otra persona. Así que sí, fue Sergio.
Recordando que lo dejó en visto, respondió.
“¿No usas stickers?” (12:35pm)
“Oye, no soy tan viejo. De hecho, si los uso, solo que soy demasiado flojo para encontrar el correcto entre todos los stickers que tengo”. (12:36 p. m.)
Volvió a sonreír y estaba a punto de responder cuando Lando lo llamó desde la cocina.
— Amigo, ¿dónde estás? ¿Estás tomando una ducha fría?
Max puso los ojos en blanco.
— No, ya voy.
— ¿Qué te tomó tan-ohh. Ustedes se están enviando mensajes de texto, ¿no es así? Espera, ¿ya estás sexteando? ¿Interrumpí algo?— Su amigo respondió con una sonrisa de suficiencia.
— Lando cierra la puta boca. ¿Cómo sabes que le estoy escribiendo a Sergio?
— Ohhhh Sergio. Lo estás llamando por su nombre.— El joven respondió con un tono burlón.
Justo cuando estaba a punto de decirle a Lando que se fuera a la mierda, sintió que su teléfono sonaba de nuevo.
“Entonces... ¿cuál fue el resultado final? ¿Cómo me guardaste?” (12:41 pm)
— ¿Es Sergio?— Lando dijo su nombre con el mismo tono burlón.
Decidió ignorarlo, optando por tomar una captura de pantalla de su chat y enviársela a Sergio. Max esperó unos segundos por una respuesta, ignorando a Lando porque había sido extremadamente molesto ese día, más de lo habitual.
Se estaba poniendo nervioso. ¿Fue demasiado? ¿Se pasó de un límite? Quizás a Sergio no le gustaba su nombre. Justo cuando su mente estaba a punto de sumergirse en muchos escenarios trágicos, recibió una respuesta. Corta. Simple. Pero tenía un significado debajo.
“Me gusta” (12:47 pm)
¡Hola! Este es mi primer fic largo y es un AU completamente diferente.
Surgió como una idea random que le conté a una amiga y le encantó ,así que escribí el primer capítulo como su regalo de cumpleaños.
¡Espero que les guste tanto como a mi!
Mas personajes se irán integrando conforme avancen los capítulos.
*Kismet: Cada persona tiene un destino único e inevitable que ya está escrito.
Puedes leer la versión en ingles en mi cuenta de AO3
AO3: BloomingAri