burning love, like fire on fire
Los dĂas seguĂan pasando y Wooyoung parecĂa desesperarse cada vez aĂşn más.
Tanto San como Ă©l iban a casarse con dos personas que apenas habĂan conocido en un baile de pacotilla del cual no querĂan haber ido en primer lugar.
Y ahora cada vez que miraba la mano de San, le ponĂa de los nervios que allĂ descansase un anillo que no fuera puesto por Ă©l.
La odiaba. Aunque no podĂa culpar a la pobre mujer, era hermosa y agradable, una lástima que se fuera a casar con alguien que sabĂa que no la querĂa.
Al fin y al cabo, Eunbi se veĂa como una buena chica para San, Âżcierto?
MordĂa sus uñas, tratando de controlar la ansiedad que lo carcomĂa por dentro velozmente.
A este paso perderĂa los estribos antes de estar en el altar.
Altar.
Altar, con alguien...
Iba a estar en el altar con alguien que no era su amado.
Con alguien que no era San.
El menor tratĂł de aguantarse el llanto, que amenazaba con salir, sintiendo su garganta apretujada.
MirĂł por el gran ventanal de su palacio, observando el cielo.
Solamente deseaba que San viniera a visitarlo una Ăşltima vez por la noche y que le dijera que todo estaba bien.
Aunque Ă©l sabĂa que nada de lo que estaba pasando se sentĂa bien para ambos.

Por la noche, como Wooyoung predijo, San estaba en el jardĂn, esperándolo bajo la luz de la luna.
Sonrió como un niño pequeño, alegrándose de verlo y se escabulló del lugar, saliendo afuera con sigilo.
Una vez estuvo fuera del palacio, fue corriendo hasta San, saltando y enredando sus piernas en la cintura de este, comenzando a darle pequeños besos por toda la cara, algunos, en el cuello pecoso que el alto tenĂa.
San, un poco aturdido, tratĂł de recuperar el equilibrio cuando Wooyoung casi salta encima suyo y empezĂł a reĂrse por lo bajo, mostrando sus hoyuelos y viendo cĂłmo el menor le besaba sin descanso.
Le devolviĂł varios besos de vuelta, haciendo contacto con aquellos belfos que siempre lo volvĂan loco.
Él no sabĂa que tenĂa aquel chiquillo, pero cualquier cosa de Ă©l lo volvĂa loco.
— ÂżTanto me has echado de menos, pequeño? — preguntĂł con burla, mientras sonreĂa de lado.
El más bajo, puchereó.
— ¿Qué tiene? Con suerte puedo verte por la noche...
— Me ves prácticamente todos los dĂas a todas horas, Jung.
— ¡Eso no cuenta! ¡Ahà solo te puedo tratar como un amigo o un cercano!
Sintió la mano del mayor acariciar su mejilla, mientras su zurda lo agarraba del mentón, obligándolo a mirarlo.
SonriĂł.
— Bueno, eso es porque tú quieres...
— ¿E-Eh? — tartamudeó Wooyoung.
— PodrĂas besarme delante de todos, como si fuera lo más normal, mas, te detienes y no lo haces. — dijo sonriendo con dulzura, ahora plantando un casto beso en las mejillas acaloradas del prĂncipe Jung. — Y no te culpo, WooWoo. Entiendo que tengas miedo, porque yo tambiĂ©n lo tengo.
Wooyoung lo tomĂł de la mano y lo llevĂł a la parte trasera del jardĂn, al menos no estarĂan tan a la vista.
En cuanto menos se lo esperĂł, el mayor lo estampĂł contra el muro del palacio, mientras lo besaba con Ămpetu.
Y claramente sin intenciones de parar, cosa de la que Wooyoung no se quejaba.
TratĂł de seguirle los besos, pero estaba tan aturdido por el repentino movimiento que apenas tenĂa tiempo para respirar, sus mejillas estaban rojas, el contrario sonriĂł, dejando pequeños besos en su cuello.
Wooyoung no tardĂł mucho en adentrar sus manos debajo de la camisa que San portaba, acariciando su piel suavemente.
Y nuevamente, aquellos ojos acaramelados, su piel morena, aquella sonrisa con hoyuelos que tanto le encantaba, le volvĂan a hacer sentir que estaba en el cielo, sin necesidad de tocarlo.

Quedaban menos de treinta minutos para que tuviera que decir un "SĂ quiero." a una pobre chica que eligiĂł bailando.
TratĂł de no reĂrse frente a la imagen que veĂa frente a Ă©l, de traje, muy elegante.
La palabra "Boda" le estaba dando escalofrĂos.
DespuĂ©s de varios minutos, ordenaron a Choi a salir ya, pues la novia habĂa llegado antes de tiempo.
«Pobre chica, lo que le espera...» pensó.
Se acomodĂł la ropa nuevamente y saliĂł de aquel pequeño cuarto, suspirando, mientras miraba el anillo que habĂa en su mano.
SegĂşn sus cálculos, la boda del prĂncipe Jung habrĂa sido a mediodĂa, la suya, sin embargo, al atardecer, por elecciĂłn suya.
AvanzĂł hacia al altar, quedándose en lo alto, observĂł el lugar: las cristaleras de colores de la Iglesia de Namhae eran especialmente bonitas, desde niño le habĂan gustado. La decoraciĂłn era minimalista, pero le agradaba.
«Total, para lo que va a durar esto.» pensó para sus adentros.
Entonces, todos los invitados comenzaron a ocupar sus asientos, el carruaje con la novia (futura reina) esperando afuera.
TragĂł saliva y mirĂł hacia el cura, un hombre mayor de buena fe, que siempre lo supo guiar por el buen camino cuando se sentĂa perdido.
Aunque no lo pareciera, San era bastante religioso, aunque después hiciera algo completamente, "supuestamente" prohibido por la biblia.
Amar a un hombre.
Amar a Wooyoung.
Wooyoung.
ExhalĂł aire, nervioso, viendo a Eunbi avanzar con un vestido de novia impecable, con piedras preciosas incrustadas en su corset. LucĂa hermosa, y San lo admitĂa.
Cuando veĂa algo bonito, sabĂa valorarlo. Y la pobre chica era muy bella.
El problema era Ă©l, que pretendĂa dejarla plantada en el altar.
ComenzĂł la ceremonia, el cura hablando sobre esta bonita y enternecedora uniĂłn entre ambos, Eunbi sonreĂa, sus ojos brillaban en felicidad.
MirĂł a los presentes: sus padres en primera fila, sus amigos por ahĂ, mirándolo mientras sonreĂan incĂłmodamente, pues sabĂan de la condiciĂłn de San, sabĂan de Wooyoung y lo aceptaban, no eran tan cerrados de mente como los padres del pobre chico.
La hora de los votos llegĂł, sintiĂł su garganta apretarse, le estaba faltando el aire, sentĂa que se iba a morir en ese instante.
El cura comenzó preguntándole a Eunbi, pues vio a San demasiado nervioso como para proceder.
La chica mirĂł a San, sin notar el manojo de nervios que era el chico y sonriĂł con dulzura, un leve sonrojo en sus mejillas.
— SĂ, quiero. — dijo la chica.
Entonces, el cura lo mirĂł, ya sabĂa que le tocaba.
AclarĂł su garganta una vez que el buen hombre le hizo las mismas preguntas que a Eunbi y se vio obligado a responder.
— Y-Yo...
Antes de que pudiera seguir, la puerta principal de la Iglesia se abriĂł estrepitosamente, mostrando una figura masculina con un traje parecido al suyo, solo que en vez de ser negro, era blanco.
— ¡Me opongo a esta boda! — chilló.
San sintiĂł su alma volver a su cuerpo, sonriĂł con ternura, aunque estaba sorprendido de verlo allĂ.
Un Wooyoung, que parecĂa haber corrido una maratĂłn, respiraba con fuerza, pero su mirada no se apartaba de las tres personas en el altar.
Los invitados se giraron sorprendidos de ver al prĂncipe del reino vecino allĂ presente.
— ¿Rey Jung? ¿Qué ocurrió, majestad? — preguntó la madre de San, de forma educada.
Wooyoung sonriĂł.
— PrĂncipe, prĂncipe Jung. — corrigiĂł. — No he contraĂdo matrimonio.
Todo el mundo lo mirĂł sorprendido.
La cara de San era un poema.
ÂżNo se habĂa casado? Entonces eso querĂa significar que...
— Vengo aquĂ a llevarme lo que es mĂo desde hace tiempo.
AvanzĂł hacia el altar, casi corriendo y abrazĂł a San, feliz de estar en sus brazos.
Nadie entendĂa nada y la pobre Eunbi tampoco.
— ¿San? ¿Qué está pasan-
Eunbi enmudeciĂł cuando vio a Wooyoung estampar sus labios sobre los de su futuro esposo.
San abriĂł los ojos en sorpresa, pero enseguida lo tomĂł de la cintura y le siguiĂł el beso, sonriendo en el acto.
Cuando Wooyoung se separĂł de Ă©l, se inclinĂł hacia su oĂdo para susurrarle.
— Más le vale correr, prĂncipe Choi, porque sus padres lo van a matar. — dijo mientras reĂa y bajaba corriendo del altar, yendo hacia la salida.
Los padres de San empezaron a gritar, exigiendo explicaciones a lo que acababa de pasar, sus amigos en el fondo de la Iglesia aplaudiendo, para después salir por la puerta también.
San caminĂł lentamente, bajando las escaleras del altar, y le sonriĂł a sus padres.
— Mamá, papá, soy homosexual. — dijo sin pudor alguno, y sintió que un peso se le quitaba de encima.
Quiso reĂr cuando vio las caras de sus padres, su madre casi se lanza a pegarle, pero nunca habĂa tocado a su hijo, tampoco lo iba a hacer ahora.
— Vete y no vuelvas más. — dijo su madre.
— Eres la escoria de la familia. — espetó su padre, mas San sonrió feliz.
VolviĂł su vista a Eunbi, quien seguĂa en el altar con el cura.
— Espero que puedas perdonarme, Eunbi, pero yo no te amo. — explicĂł. — Yo amo a Wooyoung, prĂncipe de Goyang.
Dicho eso, saliĂł del lugar, sin importarle todas las miradas de asco y repudio que recibĂa.
Se sentĂa en paz consigo mismo, y eso era más importante que complacer a centenares de personas.
Se encontró con sus amigos y les dio un breve abrazo, despidiéndose. Wooyoung le estaba esperando con el caballo de San para irse ya.
Se iban a escapar juntos, a un lugar donde nadie más los molestara, donde pudieran ser felices ellos dos, juntos. Tiraron los anillos al suelo, abandonándolos ahĂ, se sentĂan libres.
Se subiĂł al caballo y ayudĂł al bajito a subirse, notando que este se agarraba de Ă©l. En cuanto estuvieron listos, San hizo que el caballo fuese a galope, recorriendo los campos de flores que habĂa.
— ¿Crees que nos persigan con antorchas? — preguntó el más bajito.
El mayor soltĂł una carcajada y mirĂł al menor.
— No lo creo, pequeño. — dijo. — No creo que vengan a buscarnos, después de todo lo que ha pasado, nos desterrarán de ambos reinos y no podremos volver jamás. Ya sabes que la homosexualidad está prohibida en Namhae y en Goyang, lindo.
Wooyoung asintiĂł, haciendo un movimiento vago con la cabeza.
— Lo sĂ©, pero... voy a extrañar venir aquĂ...
TomĂł la mano del chico en la suya, su pulgar acariciando la mano contraria.
— Lo sĂ©, precioso, crĂ©eme que lo sĂ©. — dijo suavemente. — Yo tambiĂ©n echarĂ© de menos venir aquĂ.
Y entre los árboles del bosque, se perdieron.
— Te amo, San. — dijo Wooyoung, mientras apoyaba su cabeza en la gran espalda del mayor, mientras se dormĂa, rindiĂ©ndose a los brazos de Morfeo.
Mirando al frente, mientras dirigĂa al caballo, sonriĂł, sus ojos hechos dos medias lunas y sus hoyuelos mostrándose ante el anochecer.
— Yo también te amo, Wooyoung. — dijo suavemente. — Te amo de aquà a la luna y volver, hacia el infinito y más allá; te amo con cada latido de mi corazón, pequeño. Nunca lo olvides.
Porque ellos se merecĂan su final feliz, aunque no fuese el convencional.
Se merecĂan su final feliz, ese final donde comieran perdices y fuesen felices.
— FIN.








