El comienzo del fin
David y Alice Loughty, condenados por sus propios padres para luego cometer el mismo error con su propio hijo. Neil.
El caos había caído en el imperio luego del trágico asesinato del emperador a manos de su esposa. Tal parece que la emperatriz finalmente se volvió loca, al igual que todas las que la precedieron, y aunque ninguna compartía lazos sanguíneos, todas estaban bajo la maldición de los Loughty. matrimonios malditos por los errores de otros, pagando por los pecados de alguien más.
La habitación fue encontrada cubierta de un fuerte olor a hierro, proveniente de la sangre derramada por el corazón de David. A su lado yacía Alice, entre los restos de la copa que había bebido para suicidarse luego de asesinar a su esposo. Tenía sus labios manchados de sangre seca, que había corrido por sus labios y manchado su ropa, sus manos se encontraban apoyadas en su vientre ligeramente abultado debido al embarazo.
Los esfuerzos de los médicos fueron completamente inútiles. No pudieron salvar a ninguno.
-Lo lamentamos, príncipe. Llegamos muy tarde para poder hacer algo, nuestras más sinceras condolencias.
Con esas palabras los pocos médicos que se encontraban ahí se alejaron, no sin antes hacer una reverencia. Con la excepción de una que miraba todo con los ojos ya rojos por las lágrimas.
Las piernas del joven fallaron por un momento, haciéndole perder el equilibrio, el golpe fue evitado por uno de sus guardias y mano derecha, que con el mayor cuidado que podía lo estabilizó para ayudarlo a mantenerse en pie.
La mano del príncipe se mantenía en su boca, mientras miraba completamente conmocionado la habitación de sus padres.
El pasillo se inundó de un inmenso silencio; ninguno sabía cómo reaccionar a la repentina noticia. Lo único que podían hacer era apartar la mirada u observar en silencio cómo se llevaban los cuerpos para sus respectivas cremaciones.
-Matt, por favor, acompaña al príncipe a su habitación; no se encuentra en condiciones de continuar con sus actividades diarias. Una vez que termines, ven a mi estudio; debemos hablar urgentemente.
El tenso ambiente fue roto por la mayor en el lugar, caminando hasta estar a un par de pasos de los otros. Su apariencia no era la mejor; la habitual trenza que llevaba estaba desordenada y algo deshecha, su ropa poco acomodada por la prisa con la que salió de su estudio para llegar al lugar, además de tener sus ojos verdes completamente nublados por sus propias lágrimas. Aun en ese estado, trataba de mantenerse lo más tranquila posible mientras le hablaba a su hijo. Pero sin poder ocultar lo mucho que le dolía haber perdido a su mejor amiga en ese momento, al mismo tiempo que su cuerpo temblaba levemente.
La única respuesta que recibió fue un asentimiento por parte del Rubio, antes de llevarse a su amigo y superior a donde le indicaron, no sin antes darle una última mirada preocupada por debajo de su máscara a su madre.
-Lady Emma, necesitamos que nos ayude a preparar los cuerpos.
La mujer asintió mientras se tragaba sus emociones para concentrarse en su trabajo; aún no era momento para derrumbarse.
-Debo terminar unas cosas en mi estudio primero; que nadie toque los cuerpos.
Por otro lado, la pareja solamente cuando estuvieron dentro de la seguridad y privacidad del cuarto del menor es que dejaron caer la máscara de tristeza que habían mostrado anteriormente.
-No se suponía que las cosas fueran así… aunque es mejor, nos deja el camino más fácil. No es que le quedara mucho tiempo de todos modos..
El de cabello castaño caminaba de un lado a otro, no por nerviosismo, sino tratando de analizar cómo esto podría afectar los planes que ya tenía una vez que asumiera el trono. Después de un rato de dar vueltas por la habitación, terminó por tirarse a su cama, cubriendo su rostro con sus manos.
-No se suponía que ella debía morir..
Susurro finalmente luego de un tiempo, sin siquiera mirar a su amante; no podía decir que la muerte de su madre no le dolía, al fin y al cabo, jamás fue mala con él, pero tampoco estuvo muy presente. Su padre era el caso contrario, demasiado presente para su gusto y no por algo positivo, con el único propósito de castigarlo cuando cometía un error. Merecían su final, ¿no?
No se quedó mucho tiempo pensando en eso y decidió disfrutar de su éxito; finalmente reinaría y nadie podría detener sus objetivos. Le dedicó una rápida mirada a su guardián antes de fruncir el ceño en su dirección.
-Quítate esa máscara, me irrita.
La respuesta a su petición llegó más rápido de lo que esperaba; aquél accesorio fue dejado en una mesa cercana, al mismo tiempo que el Rubio se acercaba a pasos lentos a su jefe.
-Como usted lo desee, su alteza.
Una sonrisa arrogante pasó por los labios del más bajo, antes de acercar sus manos a la nuca ajena para atraerlo a un beso, uno suave y delicado. Como todos los que habían compartido antes.
Sus labios se movían lento, a un ritmo que les agradaba, donde podían transmitir todo lo que sentían, lejos de las miradas ajenas y de las actitudes que tomaban para que no los descubrieran.
-Lo siento, no debí hablarte así.
Susurró sobre los labios ajenos luego de separarse ligeramente, aun podía sentir la cálida respiración ajena sobre sus labios. Cerró sus ojos cuando sintió la mano contraria en su mejilla, acariciando delicadamente, esa era su manera de decirle que todo estaba bien.
-Sabes mejor que nadie que me gustaría quedarme a celebrar contigo, pero debo ir a ver a mi madre. Se molestará si tardo mucho en ir a verla.
Un pequeño suspiro salió de su novio, sabía que no quería que fuera, pero no se lo iba a impedir. Las palabras no eran muy necesarias entre ellos, después de haberse conocido casi toda su vida, una mirada bastaba para saber con claridad lo que podría estar pensando el otro.
-Bien.. Solo no tardes, no me gusta estar separado de ti mucho tiempo.
Se basaron una última vez antes de que el más alto se pusiera su máscara otra vez para salir de la habitación siendo observado por esos ojos violetas que tanto amaba.
No quería ser posesivo con Matt, pero realmente temía que algo pudiera pasarle cuando estuvieran alejados, más ahora que la maldición de su familia estaba sobre ellos. Su hora ya estaba dictada.
Con ese pensamiento en su cabeza se hundió más en las mantas de su cama y en algún momento cayó dormido.
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Dentro del estudio de Emma, se podía observar a la mujer buscando frenéticamente entre sus frascos hasta hallar uno tal cual lo había dejado.
-Esto no tiene sentido..
Perdió la fuerza en sus piernas, cayendo con el frasco en sus manos temblorosas. Los efectos tan rápidos de lo que su amiga había bebido debían deberse al contenido de ese frasco, entonces, si no lo robó de su estudio, ¿cómo lo consiguió?
Únicamente existían 4 personas capaces de crearlo aparte de ella y dos eran sus hijos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una intromisión al lugar, su hijo menor, Ellie.
-¡Madre!
Tenía la respiración agitada mientras se acercaba apresuradamente y se arrodillaba a un lado de Emma.
Y solo así, en los brazos de su pequeño, se permitió romperse.
Durante un tiempo solo pudo escuchar los sollozos de su progenitora, hasta que fijó su mirada en el frasco que ahora yacía en el suelo. No le fue muy difícil intuir lo que pensaba su madre, lo que sólo logró preocuparle.
-Má, quizás sea bueno que te tomes unos días libres y vengas conmigo a la finca. Necesitas despejarte.
No obtuvo una respuesta, solo sintió como se alejaba del abrazo y secaba sus lágrimas de forma brusca sin dirigirle la mirada.
—Mamá, por favor.
Recibió un suspiro y una afirmación silenciosa; no le gustaba mucho la idea, pero no podía negarse o lo tendría todo el tiempo a su alrededor hasta que aceptara. Sabía que solo estaba preocupado.
-Dejaré un par de cosas listas primero, ambos sabemos que ella no podría haberlo hecho sola. Debo encontrar a esa persona…
-No te preocupes por eso, de encontrarla me encargaré yo. Soy general por un motivo, ¿no?
Finalmente le dedicó una pequeña sonrisa, confiaba en sus habilidades, pero primero debía realizar las autopistas antes de que alguien más continuara con el trabajo, aunque eso le rompiera el corazón.
-Prepararé un caballo en ese caso, no tardes.
Con esas palabras salió de la oficina, encontrándose a su hermano en la puerta, intercambiaron un par de miradas sin emoción alguna. Poniendo su mano en el hombro ajeno antes de que entrara solo para susurrarle al oído una cosa.
-Espero que no hayas sido tú, pero conociendo a tu novio, no me sorprendería. No eres más que su perro.
Con eso en mente continuó su camino, teniendo en mente todas las veces que se sintió traicionado por su hermano. Su relación estaba hecha trizas, solo dejando cenizas de lo que alguna vez fue.
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Todo lo que esté en contacto con los Loughty terminará rompiéndose. Ellos tienen fecha desde el momento en que nacen; no importa lo que intenten, no podrán escapar del pacto maldito que les fue asignado hace tantas décadas, ¿o quizás sí?