the legend of eternal love
SecĂł sus lágrimas por sexta vez en el dĂa, mirĂł a la luna, que resplandecĂa en el hermoso cielo. SonriĂł con tristeza al ver ciertas estrellas brillar, como si la luna y el cielo lo estuvieran consolando, para asĂ no sentirse del todo solo.
Pero la realidad era otra, y es que cada dĂa que pasaba en aquel bosque, su bosque, se sentĂa solo y triste.
No podĂa culparse, pues aunque ese fuera su bosque encantado, no es que hubiera mucha actividad por ahĂ.
Era lindo, pero en cierta parte solitario, por las noches es cuando solĂa salir, pues por el dĂa estaba en su castillo creando pequeños conjuros.
La mayorĂa de ellos los hacĂa por aburrimiento. Pero era eso o estar vagando por el bosque sin alguna razĂłn, tal vez algĂşn conjuro de los que hacĂa le servĂa para curar a algĂşn animal que estuviese malherido, o para hacer crecer a algĂşn tipo de flor de rara especie.
Pero Ă©l sabĂa una cosa, pues el guardián de la luna de aquel bosque, lo consolaba cada noche, sabĂa que no debĂa de cambiar cualquier cosa para que el amor tocase a las puertas de su corazĂłn, pues el destino lo traerĂa a Ă©l, traerĂa a una persona que lo amase infinitamente, asĂ como Ă©l desea amar y ser amado.
Tristemente nunca pudo saber con exactitud quĂ© era lo que decĂan aquellos extraños libros sobre el amor, ya que nunca en su vida alguien se enamorĂł de Ă©l y nunca pudo sentirse amado.
Hasta que llegĂł aquella persona que provocĂł un remolino de sentimientos en Ă©l, algo que nunca jamás habĂa experimentado.
[...]
— No sé, Yunho... siento que no estoy destinado a ser amado. — dijo con un semblante triste.
Yunho, quien estaba sentado en la luna, bajĂł rápidamente al ver que el chico no podĂa contener las lágrimas, con sus pulgares, retirĂł las lágrimas del pobre mago y con una cálida sonrisa, hablĂł.
— Algo me dice que te estás equivocando, San. — dijo aĂşn retirando las pequeñas lágrimas que recorrĂan los pĂłmulos contrarios. — Estoy seguro de que esa persona llegará a ti, confĂa en mi palabra.
San observĂł al alto y sonriĂł, sintiĂ©ndose un poco mejor gracias a Yunho, el guardián de la luna de su bosque, a quien conocĂa desde la creaciĂłn del pequeño bosque.
— Gracias, Yuyu... eres un buen amigo, de verdad. — dijo sonriéndole, mostrando sus hoyuelos.
Yunho, en cambio, abrazĂł al mago, mientras lo hacĂa se fijĂł en su mechĂłn de color azul y rio suavemente.
— ¿Por qué tienes el pelo as� ¿Qué conjuro hiciste ahora?
— Ah, Âżesto? — señalĂł al mechĂłn de pelo de distinto color al castaño. — Creo que, al ser el dueño de este bosque, porque yo mismo lo creĂ©, mis emociones influencian el temporal, por lo que como llevo varios dĂas tristes, se ha vuelto de color azul. — dijo riendo suavemente. — Es por eso que igual muchos dĂas no he podido apreciar la belleza de tu luna debido a la lluvia y las nubes, lo siento.
Yunho negĂł con su cabeza y le dijo que no pasaba nada.
[...]
Paseaba por el camino del maravilloso bosque que lo llevaba al lago, un lugar en el que se sentaba en un tronco que cayĂł al suelo debido a una tormenta y se quedĂł ahĂ, donde observaba el paisaje y a veces, meditaba.
CaminĂł con más prisa, ansioso de llegar. No supo cuánto tiempo pasĂł, pero creyĂł que fue relativamente poco cuando llegĂł enseguida al sitio al que se dirigĂa.
Se sentĂł en su tronco favorito y mirĂł su reflejo en el lago, su mechĂłn no habĂa cambiado de color aĂşn, pero no habĂa lluvia, solamente nubes, por lo que agradecĂa eso.
Después de estar como por unos cinco minutos mirando su reflejo sin ningún propósito, se puso a meditar, cerró sus ojos y respiró profundamente.
Cuando casi parecĂa estar del todo relajado, una leve brisa hizo presencia, sus cabellos danzaban suavemente debido al viento, pero no le tomĂł importancia. Tiempo despuĂ©s, la brisa se hizo más fuerte, como si obligase a San a levantarse del tronco y le dirigĂa por el camino por el que habĂa venido.
San carcajeó levemente al sentir la figura del guardián del aire en su espalda, empujándolo.
— Yeosang, ¿qué haces?
El rubio observó al mago y siguió empujándolo, sin obtener respuesta.
Una vez que lo llevó por los caminos más enrevesados del bosque, desapareció sin decir palabra alguna.
Entonces, San se quedó parado en mitad del bosque y decidió caminar un poco más.
AhĂ fue cuando conectaron miradas, cuando aquellos orbes lo miraron con adoraciĂłn aunque no lo conociese.
Su pecho comenzĂł a sentirse cálido, sin explicaciĂłn alguna, agradeciĂł internamente a Yeosang de haberlo llevado ahĂ.
Desde ese momento en el que intercambiaron miradas, sintieron la necesidad de estar juntos.
Sintieron la necesidad de conocerse más.
[...]
Varios dĂas habĂan pasado y San no podĂa sentirse más feliz.
HabĂa conocido a un hada de nombre Wooyoung, un hada alegre, cariñoso y muy pegajoso. Demasiado pegajoso, o al menos era asĂ con San.
No habĂa dĂa que los guardianes de las flores y del aire, Hongjoong y Yeosang, se encontrasen al hada encima del mago, abrazándolo.
Y se sentĂan muy felices por parte de ambos chicos, pues el mechĂłn de San habĂa cambiado a un color más alegre, lo que hacĂa que los dĂas fuesen soleados. O cuando extrañaba a Wooyoung, su mechĂłn cambiaba a un color platino y en el cielo se dibujaba un arcoĂris.
Pero, un dĂa, despuĂ©s de varios encuentros con el hada, su mechĂłn comenzĂł a cambiar a un color extraño para Ă©l.
Un rosa pálido apareciĂł en el mechĂłn, sintiĂł curiosidad por saber quĂ© significaba eso, a medida que pasaron los dĂas, aquel rosa pálido se convirtiĂł en un rosa chillĂłn, como el color de sus mejillas cada vez que sentĂa a Wooyoung cerca o este lo abrazaba sin previo aviso.
Entonces, un dĂa hablando con los guardianes del bosque, reconociĂł algo.
Se estaba enamorando de él.
[...]
BesĂł aquellos labios carnosos suavemente, sonriendo en medio del beso que Ă©l mismo habĂa empezado, mientras escuchaba al pelimorado reĂr dulcemente cuando el mago le daba castos besos en sus belfos.
Con sus ojos, observĂł al hada frente a Ă©l, sus mejillas estaban sonrojadas, asegurĂł que Ă©l estarĂa peor, pues su mechĂłn seguĂa siendo rosa, sus orbes tenĂan un brillo particular cada vez que miraban al mago y San no podĂa evitar sonreĂr.
En cambio, el hada veĂa a San como una obra de arte, como la persona más hermosa que pudo pisar la tierra. Se habĂa enamorado profundamente de Ă©l, cuando lo vio por primera vez, no pudo evitar sentir las mariposas revoloteando en su estĂłmago y ya cuando conociĂł al mago en profundidad, cayĂł terriblemente enamorado de Ă©l.
Se enamoró de su persona, de sus acciones, de sus palabras, de los pequeños poemas que le recitaba, de su personalidad, de todo.
Y cuando lo besĂł por primera vez y vio que el mago correspondĂa, pudo ser el hada más feliz de todo ese bosque.
Pero la envidia era muy mala, tanta fue esta que, le arrebató al mago lo que más anheló en tanto tiempo hasta que conoció a Wooyoung.
[...]
Desde aquel dĂa, Wooyoung no se acercaba más a San, lo evitaba cuando este lo llamaba con una sonrisa en su cara. Le hacĂa sufrir.
ÂżPor quĂ© aquel hada de repente decĂa odiarle y repugnarle? ÂżPor quĂ© lo hacĂa sentir mal? ÂżPor quĂ© cada vez que podĂa, le decĂa cosas hirientes a quien supuestamente era el amor de su vida?
Y aunque el mago tratase de no demostrar sus sentimientos actuales, su mechĂłn hablaba por sĂ solo.
Las lluvias y tormentas volvieron, haciendo que los guardianes protectores de ciertos sectores de la naturaleza del bosque se preocupasen por San.
[...]
— ÂżPor quĂ© me dice esas cosas? ÂżPor quĂ© actĂşa asĂ? — decĂa abrazándose a Mingi, guardián del lago.
Este lo abrazaba mientras le daba palmaditas en la espalda. Los demás guardianes lo miraban.
— Esto es muy raro, ese hada no actuarĂa asĂ... — murmurĂł Hongjoong, guardián de las flores.
En cambio, el guardián del aire, Yeosang, estaba a punto de entrar en cĂłlera por cĂłmo habĂan tratado al mago con buen corazĂłn.
— ¡Aún asà no me parece correcto lo que está haciendo! ¡Está jugando con los sentimientos de San! — chilló.
Yunho, quien estaba callado desde hace un buen rato, hablĂł.
— Esto me parece raro... parece... controlado.
— ¿A qué te refieres con eso, Yuyu?
— Me refiero a que Wooyoung parece una marioneta, como si estuviera bajo los hechizos de algo.
Entonces, todos miraron a San, como si él supiera de algún hechizo, al fin y al cabo era mago.
— Hechizo de no sentir. — soltĂł. — Pero... eso es un tipo de magia negra, y por lo que pone en los libros, es muy difĂcil de romper.
SuspirĂł, entonces Wooyoung estaba bajo los efectos del hechizo más poderoso que conocĂa.
— ¿Crees que podrás romperlo? — preguntó Mingi.
San, asintiĂł levemente.
— Puede llevarme algo de tiempo, porque se necesitan una serie de conjuntos de hechizos para poder crear algo parecido a la cura de ese hechizo, porque se empieza por el odio y se termina por no tener ningĂşn tipo de sentimiento. — dijo con la voz quebrada, pensando en que no querĂa que a su amor le pasara eso.
Porque lo querĂa, lo necesitaba con Ă©l.
No querĂa volver a sentirse triste, no querĂa sentirse en soledad pese a tener a los guardianes del bosque, no querĂa estar mal, no querĂa volver a llorar.
QuerĂa a Wooyoung, querĂa a su pequeña hada con Ă©l, poder apretar su cuerpo contra el suyo, sentir su calor, sentir sus besos, oĂr su hermosa risa.
Y, sobre todo, observar los orbes de los que se enamorĂł, observarlos una eternidad y nunca cansarse de ver ese brillo que tenĂan cada vez que lo miraban.
Porque ahora gracias a esa magia, el brillo en los ojos del pelimorado desapareciĂł.
âť› En su castillo pasaba las noches el mago, buscando el poder que devolviera a su hada su amor, su mirada tan dulce de ayer.
Y no parĂł desde entonces, buscando la forma de recuperar al chico que aquel dĂa, en medio del bosque por fin pudo amar.
Y hoy sabe qué es el amor, y que tendrá fuerzas para soportar aquel conjuro.
Sabe que un dĂa verá su dulce hada llegar, y para siempre con Ă©l se quedará. âťś








