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— ¡Maldita!, ¡maldita historia!, a quien le importa si murió en 1500 o en 1420?!, ya están muertos, no me van a preguntar en mi trabajo “en que fecha y año murió Luis primero?” O ” ¿Cuáles son los nombres de los barcos en los cuales viajó Colón?!
La joven chica no paraba de maldecir no sólo a Colón, y a los Reyes de España sino también a Pitágoras y Platón que nada tenían que ver en su investigación de historia sobre el descubrimiento de América.
— ¡OYE! ¡Deja de gritar!, ¡intentó dormir!! —
Del otro lado de la habitación se encontraba golpeando la pared su hermano mayor, que por presión de la Universidad y varios tragos demás estaba de un humor muy espeso en plena noche.
— ¡Cómo los odio!, ¡maldito Colón!, sólo llegaste con basura a América, y te dicen “el descubridor de tierras”!, ¡eres una vergüenza! ¡eres un hijo de... —
Ella seguía hablando y maldiciendo cada vez peor con un vocabulario muy basto en groserías muy estrepitoso para apenas una joven de diecisiete años pronto dieciocho.
— ¡Ya va a anochecer y no tengo nada!, apenas unas tres páginas y me faltan matemáticas, física y química... arrgh!, ¡como los odio!--
La joven del vocabulario extenso se rindió y apagó todo lo que tenía encendido. Incluso la cafetera que había robado secretamente del cuarto de su hermano. Se estaba haciendo demasiado adicta al café.
Suspiro pesadamente y tomó su teléfono que permanecía inmaculado desde hace seis horas atrás. Tal cual sin guardar su ropa o arreglar su mochila para el día de mañana se recostó harta de todo y de todos. Ya no tenía fuerza, ni paciencia para toda la tarea que le habían mandado, sólo quería relajarse. Sin más empezó a ver videos de todo tipo incluso como armar un cubo rubik, algo que ella no entendía por qué se hacían competencias de eso. Para la muchacha era sólo un simple cubo con colores.
Casi a la madrugada encontró un video que tenía muy buenas referencias, dimensiones alternas se titulaba...
" ¡Qué loco!, pude ver a mi otro yo!”
" Viaje a Marte!, el video si vale!”
" Entre a los comentarios para ver si era cierto y omg!! quiero intentarlo!”
" Pude ver mi vida pasada, era un hombre y era gay, ahora entiendo por qué los amo!--
La pequeña empezó a leer comentario por comentario. Aquel video parecía efectivo así que sin más lo probó no tenía nada que perder. Así que sin pereza alguna se levantó, tomó sus auriculares los conectó a su móvil y siguió paso por paso el video.
Siguió todo a paso tranquilo y sin expectativa alguna, pero sentía como poco a poco su cuerpo flotaba y de golpe se aventaba de nuevo en otra superficie, los espasmos, el calor y los calambres que sentía en ese momento no le permitían que abriera los ojos, así que simplemente optó por intentar dormir a pesar del dolor que sentía en todo su ser...
La mañana pasó de lo más normal pero la joven se sentía como si le hubiese pasado un tráiler por encima. Podía escuchar a los pájaros trinar, que era muy extraño ya que, en la zona urbana que vivía sólo se podía escuchar la cotidiana bulla callejera. Pero ahora la bulla común de sus horas era inexistente, cosa que no le pareció raro. Únicamente quería dormir de a poco se movió ligeramente y sintió como algo bajaba lentamente, se movió incómoda sintiendo aquel flujo ya conocido bajar sin prisa alguna.
—¡Mierda no puede ser! ¡Se supone que llegabas hasta la próxima semana! —
Vociferó algo extrañada, su voz era muy fina, demasiado aguda, pero lo dejó pasar. La jovencita se levantó de un salto calculando mal y rebotando de nuevo en la cama. Aquel movimiento brusco la extrañó y molesto por completo, así que abrió los ojos y se percató de algo que no había visto antes, más bien, nunca en su vida.
— ¿Dónde estoy? —
Miró a los alrededores algo desconcertada. Paredes pulcras y llenas de diseños finamente colocados adornaban el lugar. La altura del cuarto excedía lo que para ella era normal. Incluso la cama parecía de película. Todo simplemente le parecía extraño.
—¡¿Desde cuándo duermo en una cuna?!-- admiro el lugar extrañada, no entendía a donde había llegado.
Su cerebro parecía que había sufrido un corto circuito, pues a pesar de que su boca hablaba con cierta coherencia, su cerebro no respondía, ni daba razón de lo que observaba a su alrededor.
—¡¿Maldición me secuestraron?!, ¡¿Dónde estoy?!... MAMÁ!!.. — grito entrando en pánico.
El silencio de la habitación la perturbó.
¿Quién era su mamá?
Por un momento se quedó quieta. Ningún recuerdo le venía a la cabeza y la alteró más.
¿Quién era? se preguntaba.
Un mareo la hizo retroceder dos pasos. Miles de imágenes nublaron su mente sin orden alguno.
— ¡Diablos!, diablos!... ¿Dónde estoy?, ¿Quién soy?! — chillo alterada.
Con rapidez empezó a revisarse así misma. Era más alta de lo que presentía y la ropa que vestía no sentía que era de ella. Pronto le llegó una imagen de su propio cuerpo con un pequeño shorts y camisa que traía puesto anoche y lo recordó de golpe, pero ninguna imagen era clara pues simplemente había sensaciones que le decían que no debía estar en ese lugar.
—¡Debo estar soñando!.. ¡Si eso!.. Debe ser un maldito sueño, ¡pronto voy a despertar!-- grito.
La joven giró sobre su propio eje. Estaba muy desconcertada y con cierta lentitud se acercó a un espejo grande. Por un momento al ver aquel hermoso espejo le dio un cierto rumbo a su cerebro que intentaba por todos los medios mantener coherencia en aquel momento.
La muchacha nunca antes había tenido uno de esos... o esa era la sensación que le daba. Gracias a que su cerebro tenía algo concreto en que centrarse las sensaciones y el control parecía restablecerse poco a poco.
Ahí observó a una muñequita. Una chica... no, más bien una niña, sus rasgos eran muy infantiles. Pero también se veía demacrada y muy delgada. Su cabello café caía en dos trenzas dando cierto volumen y mayor niñez a aquel rostro ovalado. Le impresionó notar que sus ojos eran grandes y de un color gris opaco, parecía un fantasma o la encarnación de alguna pintura antigua. Parecía como la pintura del nacimiento de Venus o quizás como el cuadro de la Dama del armiño o algo renacentista tal vez.
La joven se tocó su rostro y su cuerpo en general, pecho pequeño, cintura pequeña, sus piernas eran extremadamente delgadas, tenía caderas anchas y huesudas. En su rostro se podía notar su piel pegada a sus huesos. Su aspecto no era saludable, pero lo que le alarmaba era sentir sus propios huesos, sus costillas. Eso le causó escalofríos.
— ¡¿Soy un fantasma?! o ¡¿un muerto viviente?!- exclamó desconcertada.
Ella tocó su rostro nuevamente con más fuerza y le llegó una imagen familiar, un rostro definido, labios delgados, cabello tan oscuro como la noche. Tenía un cuerpo muy opuesto al que había revisado pues poseía un pecho un poco más grande que el actual y podía recordar que tenía una cintura muy definida y que amaba su aspecto. Lo único que seguía igual en ambos recuerdos y realidad era aquellos ojos grisáceos que no cambiaban.
—¿Dónde estoy?— se preguntó en un susurro.
Su mente gritaba ansiosa por la impresión de no recordar con exactitud quién era, dónde estaba y por qué era diferente.
— ¿Mi lady? —
Detrás de ella entraron tres mujeres la mayor de ellas la miraba asustada.
Las damas venían vestidas en trajes humildes pero de amplias faldas. Los colores de sus vestidos eran igual de deprimentes que la fría habitación, dando un contraste muy viejo y desolado a aquel lugar. Las sirvientas estaban asombradas. Después de mucho su lady estaba despierta.
La joven las miró con horror. Todas esas mujeres hablaban pero ella no podía emitir ningún sonido. Estaba petrificada, cada cosa le parecía más extraña que la anterior.
— ¡Oh por dios! ¡mi niña! — se lamentó la anciana y empezó a llorar en frente a la jovencita que parecía poco a poco poner sentido aquel griterío de palabras.
Una mujer de alrededor de unos cincuenta años algo canosa abrazo a la jovencita dando gracias a Dios por el milagro.
— Mi Lady, ¡creí que no despertaría!, ¿qué ocurre? Su rostro no está apacible — musito y el silencio fue su respuesta.
Todo quedó en silencio hasta que la anciana notó algo.
—¡Preparen el baño! —gritó la mujer mayor viendo como en la parte posterior de su Lady estaba manchado de sangre.
Sin duda alguna la pequeña Aliz, hija tercera del duque estaba destrozada. No sólo se enteró de la enfermedad de su mejor amiga y amante, sino que sufrio un accidente y ahora estaba enferma...
La jovencita estaba temblando. Sus labios se movían perezosamente encontrando las palabras adecuadas. Era difícil no saber qué preguntar primero o si había una sola pregunta que respondiera todas sus dudas.
— Qué...—susurró —¿Qué pasa?... ¿Dónde estoy?, ¿Quién eres?!--
La jovencita temblaba aturdida. Desconocía el lugar y se soltó bruscamente de la pobre mujer que la veía horrorizada.
— ¡No! —se tapó su boca asustada — mi Lady, no me diga... no me diga... ¿Ha perdido la memoria?!
La joven no sabía qué responder. No sabía si preguntar cómo llegó o por qué aquella mujer exageraba todo con tanto dramatismo
— No, no entiendo ¡¿Dónde estoy?! —
Un fuerte dolor de cabeza la desestabilizó por unos minutos. Su cabeza daba vueltas, se sentía perdida, su cerebro estaba demasiado estresado y ansioso. Como si fuera un rayo, los recuerdos la golpearon con rapidez y sensaciones de familiaridad. Luego recordó aquel video y el día de ayer con claridad. Los recuerdos como dagas la atravesó con cierta efusividad y nerviosismo miró a su alrededor como loca.
¡No podía ser cierto!.
— ¡Maldición no puede ser!... el video funcionó?!... el maldito video funcionó?!! — alzó sus brazos con éxito—... ¡genial!.... ¡o mierda! —se tocó la cabeza angustiada— Tengo que hacer mis deberes!!, ¡mamá me va a matar! —un deje de alivio la inundó. Había recordado a grandes rasgos quién era.
La pobre mucama y niñera de la joven Aliz la veía extrañada, mientras hablaba barbaridades y vociferaba maldiciones que cada vez hacían doler sus oídos y el alma. Con ello manchaba la educación refinada que había tenido por años.
— Mi Lady, ¿de qué habla? No entiendo.. —
La joven identificada como Lady Aliz no le prestaba atención a la anciana que pedía explicaciones, más alterada que ella misma. Su niña seguía ensimismada hablando y hablando cosas que la vieja mujer no entendía.
Al poco tiempo a regañadientes Aliz fue bañada y arreglada debidamente para su enfermedad de cada mes o más bien su periodo.
— ¿Por qué me están poniendo esto? — se quejó.
Ella se sentía cohibida con tantas mujeres viéndola desnuda. Su aspecto físico no le agradaba, estaba flácida y casi esquelética. Nadie a parte de su mamá y algunos ex la había visto con tanto detalle, pero aquel cuerpo en realidad no era suyo. Nada se asemejaba a su propia identidad a excepción del color gris de sus ojos.
— No entiendo por qué se siente tan cohibida ante estas humildes doncellas que han cuidado de usted desde antes de nacer. Simplemente la arreglamos para que viaje de inmediato a la ciudad para ver a lady Amelia que se encuentra reposando en cama.
Aliz no podía con la impresión. Seguía en un limbo entre creer que ha viajado a otro mundo y en pensar que es un sueño muy real o que se había vuelto loca.
— ¿Cómo me llamaste?! —
La impresión y emoción de haber viajado quizás en el tiempo se le había esfumado para pasar a la confusión total sobre lo que en realidad ocurría en ese momento.
— ¡Llamen al médico!-- gritó la anciana
Ambas sirvientas salieron sin antes despedirse de su lady Aliz.
— Mi dulce Aliz ¿qué sucede?, no me atrevo a afirmar que me ha olvidado y no recuerda nada de lo acontecido— la jovencita negó extrañamente serena.
— Oh mi niña, ¿en verdad no recuerda nada? —
Un corto pero profundo silencio fue la respuesta más clara que se podía interpretar para ambas mujeres que estaban confundidas por la reacción de la otra.
— No recuerdo nada. No se donde estoy o quien eres. ¡No sé cómo llegué aquí!-- dijo frustrada mirándose en el espejo asombrada.
No tenía nada de parecido con su imagen, era una persona desconocida y además le asombraba saber que era real, muy real.
— Ni siquiera recuerda su nombre—
Aliz negó viendo cómo aquella mujer casi se desmaya.
La nana la tomó de la mano y la llevó a unas pequeñas y finas sillas donde se sentaron
— Bueno mi niña, no se como le explicaré esto al duque, pero bueno— cerró sus ojos y suspiro intentando encontrar calma
La muchacha está expectante. La temperatura corporal de aquella mujer era más caliente que la suya. Estaba viva y podía sentir la aspereza de su piel bajo su tacto. No quería admitirlo pero era tan humano, tan real.
—Yo soy su nana personal, Anabelle— susurro despacio, pero al notar que la joven no reaccionaba continuó— Su nombre es Aliz Candida Hamilton, hija del duque Efrain Hamilton y la difunta duquesa Alissa Hamilton... —
Anabelle miro en silencio a su niña esperando alguna reacción o que recordará algo pero nada.
— ¡¿Soy hija de un Duque?! — expresó boquiabierta. No lo podía creer, al menos en un mundo era rica y de la realeza. Se emocionó pero luego se detuvo pensativa, ¿era pobre antes?
—Su expresión me dice que aún no recuerda... — suspiro afligida. — Usted tiene tres hermanos. El primero es el marqués de Wechsler más bien el señor Francisco. Él ya está casado con la marquesa Gregoria de quien heredó el título, pues es hija única. Además tienen un hijo, el señorito Aslan... emm la siguiente es Lady Bethany ya no vive aquí, está en América junto a su esposo el señor Campell que es un comerciante de buena posición. Usted es la siguiente y el último su hermano menor el señorito Steven que tampoco se encuentra aquí, ya que estudia lejos en un internado en Suecia, ya que él heredará el ducado.
El silencio reinó entre ambas. Por su parte, Anabelle esperaba ver alguna reacción de su ama. Mientras tanto Aliz intentaba afrontar la situación loca que tenía ahora. Movió su cabeza de un lado para el otro intentando relajarse. Sentía que se estaba ahogando en un vaso de agua.
La nana empezó a decirle cosas de su infancia y adolescencia con quien se llevaba y quien no, que había hecho y como fue el golpe que la llevó a perder la memoria.
— ...además huyó de casa a edad temprana porque no quería casarse con un hombre que le triplicaba su edad. Su padre no lo hizo con mala intención.... — dudo en continuar, era mejor dejar las cosas así.
— Entonces, ¿por eso huí de casa? —
Su nana asintió con pesar.
Todo atormentaba a su pequeña y fuerte Aliz. Después de la muerte de su madre, su padre junto con sus hermanos y tíos presionaban a la pequeña damita para que se casará con el duque de Grandchester.
La familia Hamilton debía preservar su poderío y extenderse a nuevos territorios. Ella aceptó a la fuerza siendo utilizada como títere y abusada sexualmente por su prometido, quien era un hombre asqueroso, odioso, mujeriego, egoísta, ególatra y sobre todo machista y ¡pedófilo!.
Todo lo había resistido en silencio.
Todas pasaban por lo mismo le decía su hermana sin conocer en verdad las atrocidades que aquel monstruo considerado un duque respetable le hacía a su inocente hermana, quien aguantó lo que más pudo.
Era triste ver como una niña caprichosa y vivas se marchitaba poco a poco. Los maltratos que recibía la estaban sobrepasando por mucho hasta vaciarla por completo. Cansada de humillaciones de parte de su futuro prometido canceló el casamiento y huyó de casa a una villa que poseía su tía Clemence. Su tía desconocía por completo a la intrusa de su adorada sobrina, así que nunca supo las penurias que pasaba su sobrina casi hija. Ahora esa joven lamentable estaba atormentada por deudas y escasez de comida. No tenía apoyo monetario, pero al menos era feliz y libre de hacer lo que quisiera aunque fuera difícil conseguirlo desde las sombras, pues su padre nunca se cansaría de buscarla hasta hacerla entrar en razón.
Por ello, esta joven empezó a trabajar vestida de hombre como un mensajero de idealistas anónimos, pues era un trabajo arriesgado pero bien pagado. Además de que a esas personas no les importaba el pasado de sus hábiles mensajeros.
Aquellos idealistas se oponían a la monarquía y expresaban con intelecto nuevas leyes que intentaban que llegarán a lo más alto y cambiar aquel triángulo de poder que solo traía caos a la humanidad. Aquel trabajo era muy arriesgado para una jovencita de apenas catorce años de edad, pero debido a su astucia y mentiras bien elaboradas salia siempre ilesa. Además de un rostro inocente pasaba totalmente desapercibida del peligro, pero eso no era todo lo que hacía.
¡Esta joven tan enamorada y agradecida con su salvadora servía a una baronesa como su amante!. Amaba a aquella mujer que la había sacado de aquel infierno en el cual vivía. Su plena gratitud y amor había empezado a curar sus traumas y también a superar el asqueroso contacto físico que tanto le disgustaba. Odiaba que la tocarán, pero como todo ser vivo herido y con cuidados especiales, poco a poco se abría a las caricias del amor olvidando así su antiguo infierno. Pero las cosas en su vida no eran del todo esperanzadoras, su amante tenía una enfermedad terminal. La joven quería parecer fuerte pero temía quedarse sola, la angustia y la desesperación por la avanzada enfermedad de su amante la hizo desfallecer y caer por las gradas causándole su “amnesia”.
(....)
— Ahora ¿a dónde vamos?-- preguntó serena admirando la exquisita decoración de aquella casa, aunque también observando cómo ciertas partes de su “hogar” se estaban deteriorando. Sin duda era una mansión enorme para ella sola.
—Iremos al poblado de West mi lady– respondió la nana mientras organizaba una maleta con ropa de hombre y colocaba una caja mucho más pequeña que sonaba como si estuviera lleno de alfileres.
—¿West?, ¿dónde queda eso? —preguntó intentando que su cerebro le diera alguna respuesta.
—En Europa mi lady... al menos sabe dónde queda Europa no es así? — preguntó la nana con cierta inquietud.
¿Qué tan desorientada estaba su joven lady?, se preguntaba preocupada.
– ¿Europa?..-- murmuró incrédula
La nana veía la confusión de su lady a todo esplendor. No sabía cómo más ayudarla, le había dicho todo lo que sabía pero a la vez sentía que la jovencita no le prestaba atención en absoluto.
Según el doctor no se podía hacer mucho tan sólo tomar reposo y esperar, podía ser la anemia pasajera o permanente eso sólo se decidía con el tiempo.
Pero para lady Aliz, la propia Lady Aliz no era una opción. Tenía demasiados planes por hacer y otros en marcha!.
Si esto llegaba a los oídos del duque sin duda la enviaría a un loquero para encerrarla o peor aún la obligaría a casarse con cualquier noble para que deje sus andanzas de marimacha y empezará a sentar cabeza y engendrar niños. Cosa que ni por asomo atravesaba la cabeza de la altiva e ingeniosa Aliz Hamilton. Pero ahora aquella agudeza y astucia que brillaba en aquellos ojos grisáceos eran reemplazados por un brillo de confusión. Y aquellos labios llenos de ingenio eran arrollados por una boca llena de blasfemias y groserías que ninguna dama se atrevería a pronunciar. Esto era lo que más preocupaba a su nana en quién recaía todo plan de ahora en más.
En su camino de ida la joven damita miraba con curiosidad desde la ventana de su carruaje. La antiguedad de los edificios y sus residentes era de sorprenderse y maravillarse.
— Señora Anabelle, quién es esa tal... ¿Amelia?--
La pregunta tan informal de Aliz alarmó a su nana. Esos no eran modales y se empezaba a preguntar si había sido buena idea salir apenas se había despertado su ama.
— Mi niña procure tener cuidado con sus palabras. Ninguna dama hablaría con aquel escandaloso vocabulario que pronuncian sus labios. Procure pasar desapercibida, no sabemos si el duque aún la busca o no. Debemos tener cuidado o ¿desea que todo lo que logró se desperdicie por descuidos innecesarios?.
Aliz fruncio sus labios preocupada. No sabía que haría a partir de ese momento o si aquel era un sueño lúcido demasiado real, pero era mejor prevenir que curar.
— Lo intentaré —suspiro– ... pero ¿que tiene de malo mi forma de hablar? — se quejó con una ceja alzada.
—Pero qué dice, ¿acaso no se escucha?, ¡habla como una pueblerina! — se quejó la nana mientras negaba con su cabeza dando a entender que su forma de hablar era espantosa.
—¿Y que tiene?, puedo hablar todo lo que quiera! Además, ¡la expresión coloquial es lo que más se usa! —se defendió.
—Pero quien le...arg!.. Dios, Dios, ayúdame — suspiro la nana. No debía seguirle el juego a la jovencita o se moriría de dolor de cabeza en explicarle lo insultante que era su forma de hablar para ella.
— ¿Por qué no vamos por la ciudad? —preguntó curiosa Aliz al notar como el carruaje se aproximaba a calles mucho más estrechas y se alejaba de la bulliciosa ciudad.
Antes de responder su nana suspiro derrotada.
—Mi niña, como le dije antes. Su padre, el duque la busca desde que se fue de casa. Usted pasó por muchas dificultades debido a eso. Si nos descubren sabrá Dios lo que llegue a hacerle el duque si la encuentra.
Aliz empezó a pensar, ¿había una consecuencia?, ¿que había hecho?
Su cabeza empezó a doler, recuerdos sobre Colón y la escala social de los nobles de España aparecieron en su cabeza. Esa era la investigación que estaba haciendo antes de caer en aquel video. Su mente empezó a recabar información como pudo las palabras “machismo”, “monarquía”, “patriarcado” surcaron su cabeza y le dio miedo pues había viajado a un época donde la mujer valía menos que un animal. La podrían matar si así querían. Un escalofrío le recorrió su espalda. Estas sensaciones no pertenecían a un sueño y temía por lo que le pudiera ocurrir.
Sin duda la ignorancia era su mayor enemigo.
— Arg!, ¡diablos!, no me dejes hablar de más— pidió Aliz preocupada.
La nana notó la palidez de su niña, parecía que la había asustado lo suficiente cómo para que tomara razón de su posición.
Podía tener tanta amnesia como quisiera pero la sensatez debía reinar en ella. Un error podría costarle caro, tanto a su identidad de hombre como mujer e hija de un duque, si es que seguía los mismos pasos de la verdadera Aliz.
(...)
— Entonces ¿has perdido la memoria? ¿En verdad no recuerdas nada? — jadeo y tosio de manera seca.
Aquella mujer de hermosa cabellera rojiza se veía muy pálida y esquelética. Se podía notar el color morado debajo de aquellos ojos esmeralda. La noticia no había hecho más que ponerla peor y provocarle más tos y dolor en todo su cuerpo.
-- ¿Estás bien?-- Intentó acercarse, pero su nana la alejó.
La enfermedad que tenía la baronesa no se podía definir como contagiosa o no, pero debían prevenir y no acercarse mucho.
-- ¡Qué haremos con tu identidad de Julian Heinlard! — tosió—se suponía que irías a América con el señor William por una alianza de nuevos derechos con otros idealistas al otro continente! —volvió a toser con más fuerza— ¿Cómo lo harás?! Oh dios y justo ahora nisiquiera puedo levantarme... y sobre todo— susurro sintiendo como su garganta se cerraba ante la mirada de incomodidad de la persona que le había jurado amarla hasta su último dia de vida
–-Ni siquiera me recuerdas–- sollozo y con sus manos apretaba las cobijas a su cuerpo buscando consuelo. Era la peor noticia que podía haber recibido jamás.
Aliz no sabia que hacer, se sentía impotente por no saber cómo reaccionar.
La nana lloraba en silencio, le dolía ver como aquella mujer poco a poco moría en vida y como su amante la desconocía por completo cuando más la necesitaba.
–¡Ingrata!, ¡niña estupida!-- grito a cada sollozo.
Las imágenes de aquella niña temerosa y sus lágrimas las cuales consoló día y noche. Los roces tímidos y las miradas llenas de amor que recibía de aquella jovencita le inundaron la cabeza. Tenían demasiados problemas pero le dolia mas verla alejarse y despreciarla cuando más la necesitaba.
—Lo teníamos todo listo. Viviríamos juntas el tiempo que me resta en América, pero ahora.. —sollozó con más fuerza a su vez que tosía de manera aterradora y de sus labios salían delgados hilos de sangre mezclada con saliva.
Aliz se sintió muy mal.
Esa mujer estaba por morir, eso era seguro. Se sentía culpable, desconcertada y sumamente incómoda. Y lo pero es que nadie hacía nada. Las pocas personas que estaban solo podían verla sufrir solitariamente y limpiar su rostro con pañuelos y volver a sus lugares de manera robótica.
La muchacha tenía ganas de llorar, su mandíbula temblaba por la escena inverosímil que presenciaba. ¿Dónde había despertado?
Un pitido incesante en su oído derecho la alteró.
—No entiendo... no entiendo nada —negó tomando su cabeza, le dolía, le dolía demasiado — no se como llegue aqui, no se si esto es real, o ¡un maldito sueño! — grito y giró bruscamente haciendo caer un bello florero que se hizo mil pedazos.
El asombro y el llanto de las damas presentes cesó un momento. Aliz con sumo cuidado tomó un trozo el cual perforó su piel pálida y delicada haciendo que la sangre saliera a borbotones.
—¡Mi niña! — grito la nana y corrió de inmediato a detener la hemorragia.
Aliz sentía el dolor de su herida recién hecha. Los calambres por su menstruación, el griterío y el dolor de cabeza. Todo era cierto.
¿Quién era en realidad ella?.
Era la hija de un duque que perdió la memoria o era aquella colegiala que se había metido en un video extraño y ahora estaba en el cuerpo esquelético y pálido de una jovenzuela que escapó de casa por un matrimonio que no deseaba?... ¿quién era? y ¿por qué a ella?
Aliz sintió como las lágrimas se desbordaron de sus ojos en contra de su voluntad y esto la horrorizó. No aceptaba que aquello ya era una realidad y que no era un sueño. Se dejó caer en el suelo, impactada, asustada, confundida y sumamente preocupada. Estaba llorando a mares, le dolía la cabeza, la garganta y el corazón. Todo era real y había tardado en darse cuenta.
El llanto descontrolado de Aliz alarmó a su nana. Debía ser un shock demasiado grande para su niña todo esto y era su culpa. Debían regresar a casa e intentar calmarla.
— Vamos a casa mi niña, vamos levántese— pidió intentando que su niña no se cortara con los pedazos de aquel florero.
Aliz se había calmado un poco, ¿qué tan ridículo era todo eso? Miro sus manos y la ropa ridículamente amplia. Observó a la anciana mujer que dijo ser su nana, y luego miró a aquella mujer pelirroja quien seguía llorosa y molesta.
— En verdad no me recuerdas o solo es otra de tus brillantes ideas— recrimino Amelia, limpiando sus lágrimas son furia.
La baronesa sabía que la insensata de su amante era de una actitud caliente, pero por suerte era astuta y eso la salvaba de todas las actividades ilícitas en las que se metía. A ella le parecía demasiado dramático que una simple caída de las gradas le haya causado amnesia cuando antes había caído de grandes alturas y nunca había perdido la memoria.
— ¿Ideas?, ja, preferiría que sea una maldita broma, pero esto —observó la habitación y luego miró por la ventana a las personas que caminaban por las calles con atuendos refinados y de siglos pasados— esto es una locura—
— ¡Locura!, ¿cómo una simple caída de las gradas pudo borrarte la memoria?!, ¿acaso planeas abandonarme ahora que mi enfermedad ha empeorado? —chillo angustiada, era la respuesta más creíble que la supuesta amnesia.
Aliz sonrió con ironía, ni siquiera conocía a esa mujer y esta ya le estaba recriminando algo que ella no recordaba.
— ¿Qué vamos a hacer? ¡Esta tarde hay una reunión muy importante para el viaje al otro continente!, debes ir... ¡deseabas ir! —
Aliz nego.
— No se que intentas, no me interesa ir a ningún otro continente, ni la ayuda de nadie, no te conozco—
— Pero mi amor... —
Aliz sintió un escalofrío por aquel apodo cariñoso. Realmente no le gustaba a donde había ido a parar
La jovencita quería refutar, pero nada salía de su boca, ni siquiera estaba segura de ser ella misma solo pudo negar varias veces
— Entonces, ¿en verdad tienes amnesia? —volvió a preguntar la dama con preocupación.
— ¡Es lo que te he dicho desde el principio! —se quejó la jovencita ya hastiada. No sabía ni por qué escuchaba a esa mujer. No valía la pena quedarse a hablar de algo que no entendía y no necesitaba saber.
— ¡Me largo de aquí! —sentenció y salió de la habitación dejando a Amelia gritando su nombre.
—¡Aliz!,¡ Aliz!, ¡no te vayas!, ¡¡espera!! —gritó la baronesa cayendo de rodillas en mitad del pasillo con la última vista de su amor de espaldas subiendo al carruaje.
— Mi señora, ¡levántese por favor! —pedían los sirvientes pero la mujer pedía a gritos que su amante regresara, tenía un mal presentimiento.
(...)
— ¡Maldita sea¡ me empieza a doler la cabeza— se quejó con pesar.
Su nana no se atrevió a contradecirla. Tenía miedo del cambio de su lady, eran demasiadas cosas para procesar en un día. Ilusamente creía que si su lady veía a la baronesa recuperaría la memoria por arte de magia y se arreglaría todo. Nunca imaginó aquel desenlace tan triste y caótico. Tenía un mal presentimiento, solo rogaba para llegar rápido a la residencia.
— Señora Anabelle, ¿Qué edad tengo? —
— Tiene quince mi niña, en menos de un mes cumplirá los dieciséis—
— Oh mierda! —se agarró la cabeza con ambas manos mientras se agachaba. Todo era una locura.
“Pero cómo?!, tenía planeado acabar mis exámenes e ir a la playa con mis amigos para celebrar mi mayoría de edad en dos semanas! como es que ahora tengo quince años!?”
— Diablos... ¡Esto debe ser una maldita broma! —
— ¿Qué sucede mi niña?, ¿aún sigue molesta con la baronesa?, estoy segura que pronto...—
— ¿Qué edad tiene la baronesa? —preguntó Aliz con la mano cubriendo su rostro
— ¿Por qué lo pregunta mi lady? —dijo preocupada.
— Solo dime la edad de esa mujer— respondió cortante
— Tiene cuarenta y siete años mi niña. ¿Qué sucede con eso? —
— ¡Cuarenta y siete! oh mierda... Aparte de mocosa ¡soy una asalta tumbas!-- se rió con ironía.
Todo le parecía un sueño demasiado dramático.
La pobre mujer no sabía qué decir. Parecía que su niña se había vuelto loca de repente. No era el mejor estado para asistir a la reunión que tenían para ese día, quizás deberían posponerlo, pero era algo demasiado importante. Si no iban se perderían la oportunidad de viajar al otro continente y de escapar de las garras del duque.
— ¡Mi niña por favor regrese a sus cabales!. Debemos asistir a una reunión importante este día. Usted ha luchado mucho para irse a América. Podrá hacerlo si asiste a esta reunión. No está sola mi lady, no dejaré que cometa ningún error, pero por favor razone!-- suplicó la mujer.
La muchacha aun estaba confundida, no sabia a donde iba a ir, ni tampoco que haría en otro continente.
— Esto es una pesadilla— suspiro derrotada— ... Anabelle, ¿desde cuando conozco a Amelia? —preguntó con interés, quería saber cómo es que una niña de quince años estaba con una mujer que le triplicaba la edad.
— Desde hace cuatro años mi niña. La conoció junto con el duque Grandchester quien era su prometido. Ellos son primos lejanos.
— ¿Qué edad tenía ese hombre? —
— Ahora tendrá unos treinta y ocho si no equivoco mi niña—
— ¡¿Por qué me iba a comprometer con un viejo?! —preguntó indignada.
“¡¿En qué estaban pensando los padres de esta niña?!, van de mal en peor”
— Mi niña, usted no eligió el matrimonio. Su padre lo escogió porque el duque de Grandchester es un hombre adinerado y de buena posición. Era una oportunidad única mi lady—
— Con razón huyó— susurro y dejo de preguntar. Aún no podía asimilar lo que ocurría a su alrededor.
— Mi niña, ahora usted es libre. Ya no tendrá que casarse con ese hombre. Además con la ayuda de la baronesa podrá vivir en otro lugar sin tener que esconderse por la culpa de su padre. Viviremos una vida nueva en América, mi lady-- sonrió la nana tomando las manos de la joven para tranquilizarla.
Aliz sonrió pero en verdad eso no le servía de consuelo, aun estaba confundida.
El ambiente se volvió silencioso. La joven se inundó de varios pensamientos sobre lo que le ocurría y sobre la razón verdadera de todo ese cuento dramático que no entendía. Pero todo se detuvo al llegar a una encrucijada del bosque que llevaba a su casa pues otro carruaje les cerró el paso y varios hombres salieron de los arbustos.
Aliz no sabía que ocurría, ¿que debía hacer?, ¿la iban a asaltar? o peor aún ¿matarla?
Ambas mujeres se quedaron en silencio y un disparo las alarmó. Los gritos de agonía del cochero las asustó a las dos, dejando pálidas a ambas
— ¡No puede ser!, Mi lady, ¡debemos huir! — grito alarmada pero el carruaje ya estaba rodeado por varios hombres.
— ¿A dónde?, ¿quiénes son? —grito sin comprender lo que sucedía, ¿iba a morir?, iba a morir en aquel lugar extraño, con unos desconocidos como testigos ¡no! Ella no deseaba morir.
— Lady Aliz, salga del carruaje. El duque la está esperando salga ahora. No le haremos daño-- hablo un hombre con una cicatriz en el ojo mientras abría la puerta.
La pobre Aliz no entendía nada, ¿qué había hecho?. Los llantos de su nana y las incontables palabras de aquel hombre la abrumaron. Salió rápidamente del carruaje, no deseaba que la mataran era preferible hacer caso a aquel hombre pues tenía un arma en sus manos.
— Me alegra su cooperación mi lady, pero solo nos encargaron traerla de vuelta sana y salva a usted—
Después de estas palabras Aliz vio horrorizada como la mujer que decía ser su nana era asesinada frente a sus ojos. Un disparo tras otro llenaron aquel bosque y en la mente de la jovencita se volvían eco. Sus piernas temblaron y perdieron fuerza.
La sonrisa de aquel hombre la aterrorizaba deseaba despertar con todas sus fuerzas, ¿Dónde estaba?, dónde está su mamá y su hermano, ¿¡cómo podía regresar!?
— No se altere mi lady usted tiene amnesia no podrá recordar nada de esto— dijo aquel hombre mientras sonreía y besaba su arma mientras otros hombres se encargaban de mover el cuerpo del cochero al interior del carruaje y este se marchaba lejos.
Las lágrimas de la jovencita salían con rapidez de sus ojos, bañando sus pálidas mejillas. Eso era una locura, como era que de un dia donde esta estresada por sus tareas pasaba a un dia donde veía cómo asesinaban a una mujer inocente frente a su ojos y como si fuera basura, lanzaban al cochero muerto encima del cuerpo de quien decía ser su nana.
—Dese prisa mi lady nos esperan—
El estado de shock de Aliz no le permitió moverse y pronto todo se volvió oscuro a su alrededor, esperaba sobrevivir a lo que le esperaba o despertar de la pesadilla.