Mr. Raven: Jason Prince

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Summary

Jason sabía reconocer que su vida seguía una firme rutina desde que tenía 4 años de edad: Despertar, comer, salir a caminar, mirar el paisaje y regresar a casa. Pero. Siempre se preguntó. ¿Qué había más allá de los seis acres que rodeaban el extenso límite de la propiedad "Prince"? Conocido por los habitantes de un pueblo cercano, como "Lord Raven" ya que no sabían ni su nombre, ni de donde provenía. Se embarcó en un sin fin de rumores que buscaría desmentir...O también convertir en realidad.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Las noches eran frías, sobre todo cuando las lluvias de invierno azotaban la ventana de su habitación.

Un chillido escapó de sus labios.

Sus ojos bañados en lagrimas, mientras sus manitos sujetaban con fuerza la mana que lo cubría hasta la nariz.

Miraba frenéticamente hacía la ventana, sacudiendo sus piernas con claro nerviosismo. En especial, cuando el viento que acompañaba la tormenta, se ofrecía como voluntario a sacudir las ramas del frondoso árbol viejo, plantado en la parte frontal de la casa.

Otro fuerte sonido, pero esta vez proveniente del tejado, lo hizo saltar fuera de su cama. Tirando a su paso las almohadas y peluches que le acompañaban al dormir. Arrastró la manta con él, saliendo apresurado de su habitación, sus pequeños pies rechinaban contra la madera vieja del suelo, bajando las escaleras hasta el piso inferior que se encontraba iluminado por múltiples velas, en especial, en la estantería cerca de la vieja chimenea.

Con la lluvia, la leña para encender un fuego que calentase el lugar, era imposible de conseguir.

Siguió su camino, pasando hasta el salón al otro lado de la estancia; la alfombra de terciopelo rojo, calentaba sus ya fríos pies, mientras se acercaba a la inmensa pared llena de miles de recuadros viejos y desgastados.

Siempre sintió que dichos cuadros, con tantos rostros desconocidos para él. Lo vigilaban constantemente. Sus ojos se enfocaron en uno en especial.

Allí, en el centro de la pared; era él. iluminado por el resplandor tenue de las velas.

El marco de madera, con ornamentas de cuervos, finamente tallado a mano; tenía labrado su nombre y edad, mismo que de forma curiosa iba evolucionando conforme iba creciendo en esa casa.

Jason Prince

(4 años)

Aún podía escuchar la tormenta a las afueras, pero su atención estaba totalmente puesta en su propia imagen.

Sonreía, a diferencia de los demás cuadros, él tenía el placer de sonreír para la pintura.

El aleteo del fuego de las velas fue lo que lo regresó a la realidad, girando su pequeño cuerpo para vislumbrar la imponente figura de su padre situado detrás de él.

—¿Jason? ¿Qué haces despierto?

Alzó su mirada hacía su padre, estaba empapado. No había escuchado cuando había entrado a la casa. Una sombre en su hombro, se sacudió y dejó ver a un cuervo abriendo sus alas mojadas.

—Papá, la tormenta. —dijo casi en un susurro.

—¿Tenías miedo otra vez? —asintió, sus manos envueltas en puños, aferrado a su manta —.Ya veo.

El cuervo, graznó mientras alzaba vuelo hacía una de las estanterías sin velas, situándose allí mientras los observaba fijamente. Jason entrecerró sus ojos hacía el animal con disgusto.

Lo odiaba tanto.

—Quizás Damond pueda pasar la noche en tu habitación— habló su padre mientras se quitaba la levita negra que llevaba puesta —Así la tormenta no te asustará.

—No tengo sueño.

—Jason —el tono autoritario de su padre,le indicaba que no era una pregunta, ni una sugerencia. —Sube con Damond a tu habitación. La tormenta pasará pronto y no habrán más ruidos.

Asintió.

Salió del salón con dirección al comienzo de las viejas escaleras; siguiendo con disgusto al cuervo que volaba al piso superior.

Regresó su rostro hacia su padre, y observó como iba apagando cada una de las velas del vestíbulo, con paciencia, dejando todo a oscuras.

En su habitación, se subió a la cama y se quedó sentado a la mitas de ella, moviendo sus pies que colgaban del borde con aburrimiento. No tenía sueño.

Esperó un par de minutos en silencio, la única luz que iluminaba la habitación, era la de la luna en el cielo, reflejándose en la ventana. Sus ojos se desviaban de cada tanto, hacía el cuervo situado ahora en una viga del techo.

La puerta se abrió con un suave movimiento, y la silueta de su padre, iluminado por la luz de una vela entre sus dedos, lo observaba con reproche.

—A dormir.

—Damond de nuevo está en el techo, odio que esté allí. —mencionó con las mejillas infladas.

ambos levantaron la vista al ave, y suspiraron.

La mano que sostenía la vela, se estiró hacía un sujetador de hierro en la pared al lado de la puerta, y encendió una nueva mecha; llenando de luz cálida la habitación.

—Todos aprendemos a vivir con miedo Jason, le temes a la oscuridad porque eres pequeño, pero es parte de nosotros. —su mirada viajó de las dos velas a su padre.

—Mientes... Tú no tienes miedo.

—¿Miento?

El niño asintió bostezando.

—Si, siempre mientes. —el mayor soltó un suave suspiro, mirando al infante recostarse en su cama. — ¿A que le tendrías miedo tú?

—Le temo a cosas, para las que no estás preparado para enfrentar. —escuchó decir, sintiendo de pronto la mano de su padre peinar su cabello. Como siempre, estaba fría.— Ahora a dormir, mañana iremos al arroyo.

Con ello, cerró los ojos.

Cayendo en un profundo sueño, donde no percibió a su padre salir de la habitación, y mucho menos apagar la vela que tenía en su mano.