Infidelidad
Suguru amaba a Satoru más que a nadie en el mundo. Conociéndose desde que eran adolescentes, pasando por diversos momentos difíciles, al final terminaron por aflorar sus sentimientos románticos entre ellos. Aún recordaba aquella cena a la luz de la luna mientras tenían un ambiente ameno, cuando Satoru se levantó y posteriormente se arrodillo frente a él, sacando de su bolsillo una pequeña cajita azul aterciopelada
— Ha pasado mucho tiempo desde que estamos juntos, por eso quería preguntarte esto... Dios, estoy muy nervioso -dijo sacando de la caja una sortija de matrimonio con un zafiro incrustado-Suguru, ¿Te gustaría... Casarte conmigo?-dijo sintiéndose extremadamente nervioso-
Luego de sentirse impactado y en un pequeño shock al ver la sortija, Suguru asintió con una sonrisa y lágrimas en sus ojos:— ¡Oh Dios mío, Satoru! ¡Si, si quiero!- dijo abrazando al albino por el cuello y besándolo, era perfecto, se sentía como si fuera ganado la lotería en ese momento.
Claro, en ese momento.
Ahora, en el presente, estaba nervioso, era su séptimo aniversario juntos, así que estaba ansioso por si a Satoru le gustaría su regalo, siempre se ponía así en esa fecha. Al llegar a casa,bajó de su auto y vio el auto de Satoru. Que inusual, siempre llegaba más tarde, quizás pidió permiso en el trabajo para volver antes, después de todo, era su aniversario.
No pudo estar más equivocado.
— ¡Toru! ¡Ya estoy en casa! - gritó al entrar en la misma, mientras dejaba sus cosas en el sofá y subía a su habitación - ¿Toru? - llamó curioso al ver que el albino no salía, hasta que abrió la puerta de la habitación y allí estaba... Con alguien más, o más específicamente, con una mujer.
Sabía que su marido era abierta y completamente bisexual, no le molestaba en absoluto, pero no quería verlo mientras lo demostraba, mucho menos el día de su aniversario.
Suguru estaba perplejo, siempre fue dedicado y atento con Satoru, por eso se preguntaba ¿En qué falló? ¿Por qué estaba allí, en la cama que ambos compartían, con alguien más?. Sentía náuseas, ganas de llorar pero ni siquiera eso podía.
Satoru, al percatarse de que el pelinegro lo miraba desde la puerta, se congeló. Rápidamente se quitó a la mujer de encima y se puso los pantalones para ir con Suguru.
— No llores, mi amor, hablemos afuera - dijo acercándose rápidamente a Geto, quien comenzó a llorar poco a poco - por favor, esto es solo un error.
— Ni siquiera te me acerques - dijo saliendo como podía hacia el pasillo en dirección a las escaleras. Estaba destrozado, haberlo visto con otra persona, en su cama, en uno de los días más importantes para recordar de su vida, le partió el corazón, necesitaba salir de ese lugar.
— Suguru por favor, ¡Espera! - dijo intentando salir, hasta que sintió como alguien lo tomaba de la muñeca.
— Déjalo, sigamos en lo nuestro - dijo aquella mujer de ojos grises y cabello plateado - yo puedo darte lo que quieres y más.
— ¡Aléjate de mi, perra barata! - dijo apartando con brusquedad la mano de aquella mujer, quien quedó perpleja ante el apodo.
Al ver que Suguru ya comenzaba a bajar los escalones, lo siguió, tomó su mano e hizo que el pelinegro volteara a verlo:— Por favor, déjame explicarte todo, es solo un error - dijo mientras lo miraba con ojos tristes, llenos de arrepentimiento, la había cagado de la peor manera, y todo por solo un momento de calor.
— ¡¿Explicarme qué, huh?! ¿El como te acostabas con alguien más mientras yo trabajaba? ¿el cómo llegabas aquí cansado del trabajo pero siempre olías a perfume? ¡¿Es que acaso me viste la cara de idiota, Satoru?! - preguntó exaltado viendo su rostro con lágrimas en los ojos, su mundo se venía abajo, estaba destrozado, sentía que todo se estaba yendo a la mierda - ten tu maldito regalo de aniversario, asqueroso infiel repugnante - dijo dándole con fuerza una pequeña caja, que en su interior tenía una pulsera de plata con un corazón grabado y una pequeña joya en ella también.
Se había esforzado tanto para poder darle ese regalo, aunque no por el dinero, sino por el material en sí, además de buscar un buen joyero en quien confiarle el regalo a su esposo.
Toda esa mierda, para nada.
— Mira, no es lo que tu crees, en serio, fue un momento de impulso, ¡Lo juro! - dijo en un intento de tomar su mano, lo cual fue imposible, ya que rápidamente fue apartada con brusquedad
— No quiero oírte, Gojo - dijo con desprecio y en ese momento Satoru se dio cuenta de que todo lo mandó al carajo, Suguru solo usaba su apellido en las ocasiones en las que estaba enojado, aunque ahora no solo estaba enojado, su corazón estaba roto y se sentía herido - iré a pasar la noche en otro lado, vete en la mañana - dijo tomando nuevamente sus cosas, tomó su teléfono y marcó el primer número que sabía.
— ¿Hola? -se oyó al otro lado de la línea
— Yuuji... ¿Cómo estás? Escucha, sé que no hablamos mucho pero... ¿Puedo quedarme en tu casa esta noche? - dijo a través del teléfono mientras su voz se quebraba tras cada palabra -
— Claro, pero ¿Qué pasa? ¿Estás bien? Te oyes destrozado, ¿Pasó algo malo?- preguntó el pelirosa al otro lado de la línea mientras Megumi se acercaba a su novio y oía también lo que Suguru decía
— Satoru... Él me engañó, - dijo rompiendo en llanto, poco le importaba - cuando esté en tu casa te digo - dijo mientras encendía el auto, aunque estaba consciente de que podía ser peligroso, Yuuji solo vivía a 20 minutos de su casa.
Luego de ese pequeño momento conduciendo, y preguntándose constantemente el por qué, llegó a la casa de la pareja, bajó de su auto y tocó la puerta, siendo rápidamente recibido por los menores, quienes lo abrazaron rápidamente.
— Geto-kun, por favor respira - dijo Yuuji ayudando a entrar a Suguru, el cual ya estaba vuelto lágrimas, mientras Megumi cerraba la puerta y guiaba a su novio y al esposo de su antiguo vecino
— Yuuji~ ¿En qué fallé? ¿Acaso soy una mala persona? ¿Qué fue lo que hice mal? - dijo ahora sentado en el sofá entre ambos chicos.
— Nada de eso, Geto-kun - dijo ahora el pelinegro - Satoru es un imbécil que no sabe cómo valorar a alguien especial como lo eres tú
Luego de aquellas palabras, continúo llorando, realmente estaba destrozado, su mundo se vino abajo al verlo con alguien más. No podía más, sentía que iba a morir.
Al amanecer, despertó sintiendo el cuerpo realmente pesado, solo pudo conciliar el sueño por apenas unas tres horas. Estaba hecho un completo desastre, sus ojos estaban hinchados, y su nariz un poco roja, su voz ronca, y de paso tenía todo el cabello enredado.
Al ir hacía la cocina, vio una pequeña nota en el pequeño mesón que había allí.
En el microondas tiene un pequeño desayuno, y la llave de la puerta está bajo la maceta. Volvemos a las 7. Por favor tenga cuidado, Geto-kun.
Yuuji y Megumi.
Al leer la nota suspiró, tomó el pequeño desayuno que le dejaron y comió un poco, aunque no quería, sabía que no podía dejar de comer por lo que hizo alguien más. Al terminar de comer, fue al baño, cepillo sus dientes, lavó su cara y cepilló su cabello, viéndolo en perspectiva, lo había dejado crecer bastante, y, contrario a lo que los demás decían, se sentía bien con ello.
A las 10:00 am, tomó sus cosas, y cerró la casa de la pareja con llave antes de irse, subió a su auto y arrancó en dirección a su “casa”.
Si, aquella casa que en algún punto llamó “hogar”, pero que ahora solo era una prisión.
Al llegar, bajó del auto y, cuando se acercó para abrir la puerta, se dio cuenta que esta no tenía llave, al entrar, se dio cuenta del por qué.
— ¿Qué haces aún aquí, Satoru? - preguntó al verlo sentado en el sofá, mientras estaba perdido en sus pensamientos
Satoru por otro lado no se había percatado de que el pelinegro llegó a casa sino hasta que el mismo emitió aquellas palabras. Palabras que fueron como un puñal en su corazón al oír la rabia en su voz.
Se levantó con cuidado, y se acercó lentamente, aunque lo había lastimado, aunque lo había traicionado, aún estaba desesperado por él, por su esposo, necesitaba tenerlo otra vez junto a él.
— Suguru... Estaba esperando por ti - dijo mientras lo miraba con los ojos llenos de lágrimas e intentaba tomar el rostro del contrario en su mano.
— Ni siquiera se te ocurra tocarme - dijo apartando con brusquedad la mano del albino - ¿Sabes qué? Quédate tu aquí, yo me iré - dijo tomando su camino hacía la habitación para buscar parte de sus cosas, sin embargo no pudo gracias a un jalón en su muñeca
— No. - dijo con firmeza - No irás a ningún lado - dijo completando la frase, esta vez viendo hacía el piso
— ¿O qué? ¿Lo harás tú? No lo creo - dijo con rabia y tristeza al mismo tiempo, si bien estaba destrozado, no dejaría que Satoru lo viera de esa forma - ahora, te lo pediré de manera amable, suéltame.
Satoru llevó su mano libre a su pecho, sentía una opresión enorme y sentía que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento:— No quiero que te vayas, por favor...- dijo tragando el nudo que comenzaba a formarse en su garganta -... No puedo estar sin ti.
— ¿Pero si puedes estar conmigo mientras te acuestas con alguien más? - dijo conectando sus miradas por primera vez desde la noche anterior - Satoru, eres un adulto, así que por favor afronta tu error y lo que está pasando como tal - aunque estaba siendo duro y lo sabía, necesitaba liberar todo lo que sentía - así que ahora suéltame, iré por mis cosas y me marcharé.
Al oír sus palabras, Satoru sintió otra punzada en el pecho, aunque debía afrontarlo, ahora esa es la realidad, lo traicionó y es justo lo que Suguru estaba diciendo, tenía toda la razón
—... Bien... - dijo soltando la mano del contrario - Sé lo mucho que te lastimé... - dijo bajando la mirada y soltando sus lágrimas.
— Sí, claro que lo sabes..- dijo dándose la vuelta al mismo tiempo que oía un susurro atrás de él.
... Lo siento, mi amor...
Al llegar a la habitación dejó salir sus lágrimas en silencio, estaba completamente dolido, pero debía salir de allí. Tomó la maleta que Satoru le compró una vez que salieron de viaje y su bolso se había estropeado. Comenzó a guardar sus cosas más importantes: parte de su ropa, parte de sus zapatos, su cepillo de dientes y su peine, además de otras cosas. Comenzó a meter todo allí como podía, y luego, antes de salir de la habitación, se acercó a la mesa de noche, y vio con sus ojos cristalizados aquella foto.
Su primer día nevado como una pareja casada. Apenas llevaban un mes de casados, jamás imaginó que terminaría en esa situación. Luego de 7 largos años de matrimonio, tomando sus cosas para irse de aquel lugar sintió tan cálido, pero que ahora solo le daba frío, justo como en un día nevado.
Vaya mierda, no había planeado algo como eso cuando dio elSien el altar.
Decidió quitarse la sortija de matrimonio, ya no le serviría de mucho. Se la quitó y la dejó junto aquella foto que alguna vez le encantó tanto, pero que ahora le dolía ver.
Salió de la habitación en dirección a las escaleras y bajó hasta llegar a la sala, no quería irse, pero sabía que Satoru no saldría de aquella casa, y él ya no podía seguir allí.
— Apenas tenga el tiempo vendré por lo que resta de mis cosas... - dijo tomando su llave la cual estaba sobre una pequeña mesa cerca de la puerta -... Espero pronto también tener los papeles de divorcio.
— Espera, ¿Divorcio? - preguntó atontado por las palabras del pelinegro. ¿Divorcio? ¿No verlo nunca más? No, esperaba todo menos eso - No puedes alejarte de mí, yo... ¡Yo te amo, Suguru! - dijo tomándolo por el brazo obligando al anterior mencionado a voltear a verlo.
— ¿Amarme? ¿Tú a mí? - dijo con rabia - ¡Si de verdad me amaras no te fueras acostado con alguien más! - dijo soltándose con brusquedad - Si alguna vez me amaste, fue en el pasado.
— ¡No es así! ¡Te amo más que a nada en este mundo! ¡No puedes hacerme esto!
— ¿Hacerte qué, huh? ¿Alejarme de tí? ¡Por amor a Dios, Satoru! ¡Me fuiste infiel en mi propia casa! En la habitación donde estaba lo nuestro, en la cama donde dormíamos, ¡En nuestro puto séptimo aniversario! - dijo derramando sus lagrimas las cuales se sentían calientes por la rabia - No puedo más con esto, me voy - dijo tomando sus cosas, y saliendo de aquella casa que guardaba tantos recuerdos.
Su primera cena como casados, su noche de bodas, sus noches de juegos que en mayoría de veces terminaba con Satoru sobre él dándole con tanta fuerza como para que no caminara al día siguiente, a petición de él mismo claro está.
Tomó la maleta y la colocó en el asiento trasero, luego rodeó el auto y se subió sentándose de conductor, se sentía terrible, su mundo se venia encima y no sabía que hacer. Posó sus manos sobre el volante y se apoyó en las mismas, llorando más y más por todo lo que estaba pasando.
Satoru, por otro lado tampoco estaba bien, apenas vio a Suguru azotando la puerta al irse se desplomó, comenzó a llorar con más fuerza y por puro impulso comenzó a arrojar todo lo que tenía en la mesa de la sala, partiendo el florero, algunos adornos y de inmediato se arrepintió al ver que partió una de las cosas más valiosas para él.
La foto enmarcada de él y Suguru en su primer aniversario de bodas, en la que estaban disfrutando en una isla a las afueras de Japón, regalo que le dio a Suguru de sorpresa y que encantó al último.
Con cuidado tomó la foto en sus manos, importándole poco si aún tenía vidrios rotos alrededor, la abrazó en su pecho mientras lloraba y pedía perdón por lo bajo, aunque ya nadie estaba allí, se había quedado solo.
Solo en aquella gran casa, lo tenía todo, un trabajo exitoso, belleza, y podría tener casi a cualquiera con él.
Pero nada de eso le importaba ahora, lo perdió aél, a lo único que le importaba, lo tenía todo... Y al mismo tiempo, no tenía nada.
| 5 Meses después |
Ya había pasado un tiempo desde aquella última discusión que tuvieron Suguru y Satoru antes de que el pelinegro se marchara. Para ambos fue difícil, pero consiguieron seguir adelante a pesar de que se extrañaban mutuamente, Suguru decidió concentrarse en su vida, se compró un apartamento a unos 40 minutos de donde vive Yuuji, al final se apegó más a aquella pareja que jóvenes que pronto pensaban en casarse, y, además, Suguru había conseguido un buen abogado el cual ya le había dado lo necesario para divorciarse, cosa que le ponía los nervios de punta.
Aquel día fue a aquella casa que ya no era más que un montón de ladrillos y cemento para él. Teniendo en mente que era entre semana y que Satoru no estaría allí, bajó del auto decidido a buscar sus últimas pertenencias y dejar los papeles para que el albino los firmara al regresar.
Al entrar se dio cuenta de todo el silencio que inundaba la sala, no habían señales del albino por ningún lado hasta ese momento. Subió a la habitación con la maleta vacía para llenarla con sus últimas pertenencias: Sus camisas, algunos pantalones anchos, y lo que restaba de sus zapatos. Estaba haciendo un calor de los mil demonios, y considerando que Satoru no estaba allí, tomaría un baño. Al fin y al cabo, nadie le diría nada.
O al menos eso fue lo que pensó hasta que deslizó la cortina de la bañera.
— S... Satoru.. - dijo en un pequeño estado de shock, realmente no esperaba encontrarlo allí, y menos en esa posición.
Tenía las manos en su rostro y sus rodillas abrazadas, estaba perdido en sus pensamientos, pensamientos que solo le recordaban que fue un total imbécil al serle infiel a la única persona que le importaba.
— ¿Qué haces en la bañera así? ¿Cuánto tiempo llevas allí dentro? - dijo viendo la pijama a cuadros que le regalo a Satoru en su cumpleaños, pijama que estaba mojada por el tiempo que llevaba allí dentro
— Dos horas... - dijo sin ganas y sin alzar el rostro - ... Siento que mi mente va en un mar de sentimientos mezclados y me tiene atrapado - en el matiz de su voz se oía que pronto podría quebrarse - Lo siento, solo estuve aquí deprimido pensando en que te perdí - trató de sonreír y alzó la mirada, sus ojos ya no tenían aquel brillo, y ahora solo eran un azul grisáceo - Sólo pensé que si te perdía a ti, ya no valdría la pena seguir viviendo. - dijo volviendo su cara la posición inicial.
Al oír eso, Suguru sintió una opresión en el pecho, le dolía ver al hombre que aún amaba de esa manera, cuando anteriormente decía ser de los más fuertes.
Sí, aún amaba a Satoru, no podía negar que su corazón dolía al verlo de tal manera. Sin embargo, entendía que perdonarlo sería tener el miedo y la desconfianza que volviera a pasar.
— No digas cosas como esa, por favor - dijo mientras cerraba los ojos intentando no girar los mismos - vamos, sal de aquí, me gustaría darme un baño.- dijo tomando del brazo al albino en un intento de alzarlo y sacarlo.
Intento que fue en vano, ya que resbaló y cayó en la bañera, pero justo antes de darse un mal golpe y salir lastimado, las manos de Satoru fueron más rápidas y sostuvieron el cuerpo del pelinegro.
— L... Lo siento - dijo Suguru con un cierto rubor en sus mejillas, esa cercanía repentina lo ponía nervioso - ¿Estás bien? - le preguntó al albino
Si Geto, debe ser que él se cayó, imbécil.Le dijo una vocecita dentro de él, dándose cuenta de la pregunta que le hizo a Satoru.
— Sí... ¿Tú estás bien? ¿Te lastimaste? - preguntó el ojiazul viendo al contrario con preocupación - ¿Acaso te golpeaste o algo?
— No, estoy bien, - respondió haciendo contacto visual con esos ojos que lo volvían loco de todas las maneras posibles - por...- intentó hablar, pero fue silenciado al instante por aquellos labios que conocía a la perfección.
Satoru en un arrebato de impulsividad terminó por besarlo, sentir aquellos labios que tanto había extrañado junto a los suyos le hizo sentir esa calidez que perdió al cometer ese fatídico error que lo alejó de su amado. Sus besos eran lentos y un poco tímidos temiendo que el pelinegro se alejara y lo golpeara en la mejilla.
— Lo siento - dijo al separarse - no pude evitarlo, entiendo si estás molesto o..- intentó decir y completar la oración, pero ahora fue él quien fue silenciado por un beso más agresivo.
A pesar de llevar un tiempo separados, Suguru anhelaba esos labios cada día y cada noche, anhelaba poder abrazarlo, besarlo, sus caricias y hasta como le hacía el amor de manera delicada, pero también como se lo cogía sin piedad, extrañaba todo de él.
Si al final iban a divorciarse, ¿Qué más daba una última vez entre ellos como pareja?.
Al separarse un poco en busca de aire, Suguru se subió en el regazo del albino acomodándose sobre él en aquella bañera, quizás no sería la primera vez haciéndolo en aquella bañera, pero si sería la última.
— Suguru espera...- dijo Satoru viendo como el mencionado se quitaba su propia camisa y comenzaba a desabrochar su pijama -... ¿De verdad quieres hacer esto?
— ¿Desde cuándo preguntas si quiero que me cojas? - preguntó en respuesta, y la verdad es que Satoru nunca preguntaba, solo lo hacía y ya.
— Solo preguntaba para estar seguro - dijo desviando la mirada con rubor en las mejillas, por eso amaba a Suguru, por lo directo que era, su manera de ser en general le encantaba, se había enamorado por completo.
— Te lo diré por si necesitas oírlo - dijo Geto con sus ojos denotando deseo - quiero que me tomes, que me hagas tuyo, que me hagas el amor de manera tierna, pero también quiero que me cojas hasta que no pueda más, que me hagas rogar por más, que me hagas gritar, que me llenes hasta el fondo, - dijo moviendo sus caderas sobre el miembro de Satoru, el cual ya estaba duro - quiero que me hagas tuyo por completo - dijo sobre sus labios mientras volvía a besarlo de forma posesiva y agresiva, ambos estaban calientes y en su límite, ya no había vuelta atrás.
Mientras seguían besándose, torpemente iban dándose caricias tímidas, realmente estaban nerviosos, y cualquiera que los viera pensarían que apenas son dos vírgenes aprendiendo sobre el sexo, cuando en realidad esos dos tenían tanta experiencia y tanto libido que fácilmente podrían durar una semana haciéndolo, con las únicas pausas para comer y bañarse, siendo que ésta última lo hacían juntos.
Satoru como pudo bajó a Suguru de su regazo para poder quitarse por completo la pijama, quedando únicamente en bóxer y con un Geto arrodillado viendo el buen cuerpo de su aún esposo.
— Suguru... - dijo con la voz un poco grave debido a la excitación - ... Lo miras mucho, ¿Acaso quieres tocarlo? - acarició el cabello del contrario y lo liberó de aquel pequeño moño que siempre cargaba, dejando caer así toda la melena que tenía el contrario - ¿Acaso te gustaría chuparla?
Suguru no pudo evitar sonrojarse ante eso, el cuerpo bien marcado de Gojo, sus venas marcadas en sus brazos y esa voz grave definitivamente lo podrían volver loco
— Si... - dijo apenas, intentando humectar por completo su boca para poder introducir todo aquello en su boca
— ¿Si qué?
— Si, mi amo ~
— Que buen niño - dijo el albino está vez acariciando el mentón de Suguru - ten, mereces un premio - dijo introduciendo su dedo pulgar en la boca del contrario para poderla abrir lo más posible para poder meter su miembro hasta la mitad, sacándole un gemido ahogado al pelinegro - ah ~ es incluso más caliente de lo que recordaba.
Comenzó a dar embestidas leves, pues no quería que Suguru se lastimara la garganta, pues trabajaba dando conferencias y su voz era de suma importancia.
— Ngh... Suguru~ esa lengua tuya podría volver loco a cualquiera - dijo bajando la mirada encontrándose con una escena bastante erótica: Geto con el miembro de Satoru en su boca, mientras se masajeaba los pezones él mismo y teniendo su otra mano dentro de sus pantalones, estimulándose a si mismo, haciéndolo mal a propósito para que Satoru lo prepara.
O lo castigara, lo que pasara primero, al fin y al cabo, se lo iba a terminar metiendo.
— Oh mierda... Si tan solo vieras la vista que tengo de ti en este momento, como quisiera cogerte contra la pared en este momento - esas palabras hicieron que el pelinegro se viniera mientras se la chupaba - ¿Oh? ¿Te acabas de venir sin permiso? ¡Que mal esclavo tengo! - dijo dando una fuerte estocada llegando a lo profundo de la garganta del contrario, haciendo que derramara algunas lágrimas. Asimismo, tomó a Suguru fuertemente del cabello, sacando su miembro de la boca del mismo - Eso que acabas de hacer amerita un castigo, ¿Lo sabes no?
— Sí, mi amo~ Me he portado mal, merezco ser castigado por el amo - dijo con una expresión de total sumisión, con una sonrisa lasciva y mastubando el miembro del contrario - Por favor amo, castígame, se lo ruego, por lo que más quiera ~
— Si lo pides de esa forma, ¿Por qué debería negarme? - dijo admirando a su esposo - pantalones abajo, de pie contra la pared - ordenó viendo como el contrario hacía total caso a las órdenes.
— ¿A... Así es como le gusta al amo? - dijo mientras volteaba un poco la cara para poder ver al albino a los ojos.
— ¿Acaso te portas tonto a propósito para que te castigue? - dijo soltando la primera nalgada al pelinegro, el cual soltó un sonoro gemido, eso le había dolido, pero más fue el placer que el dolor - Sólo te prepararé porque sé que lo hiciste mal, ¿O me equivoco? Después de todo, no me gustaría lastimar a mi lindo esclavo - dijo lamiendo el lóbulo de la oreja del contrario mientras se restregaba en el trasero del otro.
— Por favor, amo, basta de esta tortura - lloriqueo Suguru sintiendo el miembro el albino entre sus nalgas - se lo ruego, por favor, tomeme~
— Si lo pides, supongo que no podré oponerme más - dijo llevando dos de sus dedos a la muy mojada entrada - ¡Madre mía, Suguru! - exclamó al meter dos de sus dedos, dándose cuenta de lo mojado que estaba el pelinegro - incluso podría meterlo de una vez, ¿No es eso lo que querías? - le cuestionó al oído haciendo que el contrario se estremeciera - Sé que si, incluso si no respondes, te conozco y sé que dirás que sí.
— Amo~... ¡Ah! - gimió al sentir que el albino sacaba con brusquedad sus dedos y alineaba su miembro con la entrada mojada del azabache - Por favor ya metalo, siento que moriré si no lo hace
— Se supone que yo doy las órdenes. ¿No es así? - cuestionó Satoru mientras se hundía de lleno en el apretado agujero de Suguru - Ah, Sururu ~ Me aprietas tanto, siento que me lo vas a arrancar, relájate un poco.
— ¿Cómo me dices que me relaje si a ti nunca te metí nada? - cuestionó alzando una ceja mientras respiraba con dificultad - Ah~ Deberías verte el tamaño antes de decirme que me relaje... ¡Ah!~ ¡Maldición, más! - gimió sintiendo como Satoru comenzaba a moverse con estocadas lentas pero profundas, tocando su próstata con cada estocada.
A pesar de no ser la primera vez que lo hacían, sentías las emociones a flor de piel, sentía el calor, la excitación y el deseo, pero aunque estaban disfrutando de ese encuentro, y mientras sus cuerpos conectaban juntos cada vez, en sus corazones estaban tristes, pues aunque no hayan tocado el tema, ambos sabía que esa sería la última vez, incluso si Satoru no sabía que aquellos papeles ya lo estaban esperando en la mesa.
Ambos continuaron con aquel encuentro pasional como si fueran perros en celo, igual que una historia que Satoru leyó hace un tiempo. Lo hicieron en la bañera, en aquel lavamanos de mármol, en la cama, sobre la pared, aquel mesón en que solían cocinar juntos, el sofá, luego de nuevo la bañera y por último, otra vez, la cama.
Ambos al estar tan cansados solo se durmieron, ambos sobre la misma cama como lo hacían antes, sabiendo que a la mañana siguiente ya no podrían volver a hacerlo más.
La noche y parte de la mañana transcurrieron con normalidad, siendo que Suguru despertó primero y, a pesar del dolor de cadera que lo estaba matando, preparó un último desayuno para los dos juntos.
— Buenos días - dijo al ver al albino entrar a la cocina - siéntate, aún está caliente el desayuno, así que come antes de que se enfríe - tomó un sorbo de su café y mordiendo un poco de su pan tostado.
Aquello hizo que el corazón de Satoru se estrujara mientras recordaba todas aquellas mañanas que salía apresurado al trabajo y no tomaba su desayuno junto a su esposo, y cuando lo hacía era poco tiempo el que pasaba junto a él, ya que ambos llevaban una poca parte de su trabajo a casa, aunque era tedioso.
— ¿Pudiste dormir bien? - cuestionó Suguru sacándolo de sus pensamientos - ¿Pudiste descansar?
— Si... - dijo viendo la figura del azabache frente a él -... Pude dormir y pude descansar, ¿Y tú? - le preguntó de vuelta probando su jugo de pera.
Aunque le gustaba la naranja, a veces por la mañana tenía un poco de ardor en la garganta gracias al propio jugo.
— Si, yo también pude dormir - conectó sus miradas de manera rápida y la apartó - aunque realmente me duele la espalda y la cadera por lo de ayer - rió un poco dejando la tasa en el mesón - oye, sé que que no es el mejor momento ya que estamos en pleno desayuno, pero...
— No digas más, ya lo sé - dijo Satoru mirando hacía abajo, no podía verlo a los ojos, si lo hacía sentía que iba a llorar - ¿Dónde están los papeles? - dijo, e inevitablemente sintió que las lágrimas comenzaban a caer lentamente, cayendo sobre aquella fría baldosa.
Suguru no esperaba del todo esa reacción del albino,al verlo llorar de esa manera tan silenciosa le partió el corazón, intentó ser el fuerte de los dos y no llorar, sin embargo, al igual que el albino comenzó a llorar por lo bajo, tragando el nudo en su garganta para poder decirle a Satoru la ubicación de los documentos.
— Están sobre la mesa, junto a...- hizo una pequeña pausa tomando una bocanada de aire -... Junto a nuestra foto de aniversario...- cada vez que hablaba sentía aquella opresión en su pecho, decir que solo sentía dolor es poco, su corazón se estaba terminado de romper.
En aquella cocina llena de recuerdos de risas, discusiones y besos, ahora solo se escuchaban los sollozos de esos dos hombres, que se habían amado con locura desde que comenzaron a salir, pero que ahora solo se hacían daño con la presencia de la otra persona
Ambos querían abrazarse y consolarse mutuamente, sin embargo, sabía que eso los heriría aún más de lo que ya lo estaba haciendo. A pesar de todo, siguieron con su ahora silenciosa mañana, lo que antes era risas y diversión, ahora solo eran sollozos y tristeza, ni siquiera podían verse a los ojos, por miedo a volver juntos y hacerse daño, siendo el albino quien más se contenía, pues cada cierto tiempo alzaba la mirada y veía rápidamente al pelinegro, quien solo veía hacía otro lado mientras dejaba que las lágrimas bajaran por sus mejillas. Satoru quería abrazarlo, apretarlo, darle besos en el cabello y decirle que todo estaría bien, sin embargo, sabía que ya era tarde, que ya no podría hacer nada de aquello por el error que cometió, error que los puso en esa posición, error que hizo que su corazón se marchara con su amado.
Había pasado una hora, y mientras Satoru terminaba de firmar aquellos papeles, Suguru estaba en la habitación terminando de tomar sus cosas, tomó su maleta, dio un último vistazo a la habitación y salió de allí, sin dar marcha atrás, pues sabía que ya no podía arrepentirse, ya todo estaba listo.
Bajó con calma las escaleras, dio un rápido vistazo a la cocina desde lejos y se acercó a Satoru, estando detrás del sofá donde éste se encontraba firmando los papeles.
— Satoru... - llamó su nombre esperando a que el albino volteara, cosa que no pasó, y sólo oyó un sollozo en respuesta - y... ¿Ya están listos los papeles? - preguntó tragando el nudo en su garganta.
— Sí... Así es - dijo Satoru intentando no llorar, sentía que todo se iba con Suguru - La verdad, solo quiero decirte algo - dijo levantándose y dándose la vuelta, dejando la pluma sobre las hojas, las cuales estaban sobre la mesa.
— Adelante, sabes que no debes preguntar si necesitas hablar
— Sé que no, pero me es difícil, mi corazón al igual que el tuyo está roto, y sé que ya no puedo decir o hacer nada para enmendar mi error, pero.. - dijo tomando las manos del pelinegro entre las suyas - Sólo quería pedirte perdón, sé que me dí cuenta tarde y que en este momento no vale de nada decirlo, pero de verdad perdón Suguru, la jodí, y realmente me arrepiento diario, sin embargo tenerte conmigo solo hará que ambos nos sintamos mal, y prefiero dejarte libre y herirme a mí mismo, que tenerte conmigo y hacerte sufrir a tí... - dijo mientras las lágrimas calientes rodaban por sus mejillas, estaba más que herido, deprimido, pero sabía que eso era por el bien de ambos, y a él solo le importaban los sentimientos de Suguru, los cuales ya no quería herir más.
Suguru no sabía qué decir, pues estaba en un mar de lágrimas, no esperaba esas palabras, pero Satoru tenía razón, estar juntos solo les haría daño a ambos, principalmente a él.
— Te amé, Suguru, te amé con locura y aún lo hago, pero ya no quiero hacerte más daño, no te lo mereces... - dijo soltando las manos de Suguru, para poder rodear el sofá y estar justo frente a él sin que nada se interpusiera -... No te merezco, quizás en otra vida si pueda valorarte como debo, como lo mereces.
— Yo también, Satoru, te pido perdón por si alguna vez te herí, y te amé, te amé tanto que a veces me daba miedo - rió entre sus lágrimas - sin embargo tienes razón, si continuamos con esto, realmente solo será algo vacío en el que ambos saldremos lastimados a fin de cuentas. Espero que en otra vida podamos encontrarnos y ser mejores, y poder vivir una vida llena de paz juntos.
Mientras aún lloraba, Satoru besó el dorso de la mano de Suguru, primero la izquierda y luego la derecha, luego acortó la distancia y plantó un beso en la frente de Suguru, y por último, lo acercó para envolver su cuerpo en un abrazo que fue tristemente correspondido, luego de eso ya no tendrían nada que los uniera, siendo simplemente unos desconocidos con recuerdos y vivencias en común.
Infidelidad. Fin.