Máscaras y Secretos

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Summary

En las sombras de la ciudad de Taylas, un antifaz oculta el rostro de un misterioso individuo. La piel pálida se desvanece en la oscuridad, mientras que la transparencia de la piel morena revela sus secretos con nitidez. Dos superhombres, uno considerado héroe y el otro villano, se enredan en una danza peligrosa. ¿Qué oscuros lazos los unen? ¿Qué secretos comparten en su nido de cristales? Una identidad oculta permite al protagonista seguir de cerca al villano, pero una noche inesperada desencadena sentimientos prohibidos. ¿Cuán caótico puede ser algo tan típico y cliché como el amor en medio de la lucha entre el bien y el mal?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

El amor era a ciencia cierta una espada de doble filo qué cortaba cualquier superficie por muy dura qué fuera. Oliver era la prueba viviente de ese hecho tan dulce y doloroso en medidas similares. Solo tenía 18 años cuando se casó con María, pero no le importó nada más que estar con ella. Quería salir de ese miserable lugar al llamaba hogar, donde lamentablemente nació sin derecho a elegir nada en su vida.


Cuando tuvo la primera oportunidad, salió huyendo para no regresar jamás y aunque al principio solo poseían la vieja casa que su abuelo le heredó al fallecer, un año antes de que él cumpliera los 18 años. Con mucho trabajo duro, María y él volvieron aquella casa un hogar decente para los dos, su propio nido de amor creado desde cero. Era difícil porque ninguno tenía familia para apoyarse. A pesar de ese detalle, la felicidad siempre estaba presente en ellos, porque sabían que ambos construían la vida que deseaban vivir al lado del otro.


Oliver recogía basura con el camión de la ciudad qué estaba destinado para el sector oeste, Maria era mesera en un restaurante cercano a casa. Así era como los dos jóvenes salían adelante apoyándose en el otro para cumplir sus sueños, a pesar de las adversidades eran felices en su pequeño mundo formado por pedazos diminutos de esfuerzos armados de a poquito.


Un trágico día, tres años después. Cuando estaban a punto de celebrar su aniversario con una cena en un bonito restaurante al cuál la chica deseó ir desde que lo abrieron, todo se derrumbó. Oliver trabajó turnos extras y consiguió un segundo trabajo para poder ganar lo que se requería para ir a aquel restaurante, pero lastimosamente María fue arrollada por un conductor ebrio qué la dejó tirada en medio de la calle cuando buscaba cruzar hasta el otro extremo. Oliver sintió que ese día el mundo se le cayó encima con todo su peso.


Su amada fue llevada al hospital donde le practicaron una cirugía de emergencia. Salió bien en parámetros generales, aunque el cirujano qué la realizó habló con él para explicarle la gravedad de la lesión provocada por el accidente y también le informó que no sería posible para María retomar el rumbo de su vida normal si no practicaban otra cirugía y se corregían esas lesiones. La institución pública del hospital no podía ayudarles con ello, porque los apartados qué necesitaban usar para la intervención, solo los tenían los hospitales privados y aquello valía más de 7,000 soles. Sin contar la estadía en el hospital con sus cuidados paliativos, gastos de habitación y otras cosas que él no entendió del todo.


El Borges podía sentir como su corazón se aplastaba al escuchar las palabras del cirujano ¿De dónde sacaría 7,000 soles para pagar la cirugía? Además de los costos adicionales en el hospital privado. Apenas ganaba 200 soles al mes, 350 cuando le iba bien. Jamás podría recolectar esa cantidad a tiempo antes de que fuera demasiado tarde para su esposa, pero al menos debería intentarlo.


La cirugía debería ser lo más pronto posible, no debía pasar de mes y medio. Sería peligroso poder corregirlo después y los resultados no estarían claros para María. Así que Oliver puso de su parte para poder siquiera juntar lo de la cirugía y luego vería como se las arreglaba para lo demás. Sin embargo, aunque se partió la espalda día, tarde y noche no lograba reunir una cantidad adecuada para los gastos a final del mes, era casi imposible.


No tenía nada. Ni familia, ni amigos a los cuáles acudir en esa emergencia ¿Qué haría ahora? ¿Tendría que sacrificar así el bienestar de su adorada esposa? Le dolía el corazón con solo pensarlo, pero las alternativas se estaban agotando.


Oliver no comía ni dormía como la gente decente, a pesar de saber que no podría lograrlo en un tiempo tan escaso. El amor que sentía por María lo impulsaba a seguir adelante cada día por si acaso un milagro ocurriera delante de sus ojos resolviéndole la vida. El dichoso milagro se presentó delante de sus ojos como un volante escondido entre múltiples papeles pegados en la pizarra de la gasolinera donde trabajaba en las madrugadas. Markos y Jennifer Macarty buscaban personas para poder ayudar en sus experimentos a favor de Taylas. Reconocía los nombres por la radio y los periódicos de la ciudad. Ambos eran esposos, nombrados como dos de las mentes científicas más grandes a nivel mundial.


Hicieron cosas magníficas por la ciudad con su inteligencia y artefactos tecnológicos. Desde las tuberías de desagües hasta la facilidad para moverse en autobús pagando un cuarto de sol, cuando antes cobraban tres soles por estación. Eran unos genios, todos estaban agradecidos por sus ideas que ayudaban a la comunidad colectiva de la ciudad.


¿Por qué razón estaban buscando gente? ¿Eran de verdad Markos y Jennifer Macarty? Las dudas sobre aquel trabajo que sería "bien remunerado" según lo que decía el volante, le sonaba en la cabeza ¿Debería llamar para averiguarlo? ¿Qué perdía con llamar aunque fuera una estafa? En realidad no podían quitarle nada ahora, ya no tenía nada si María perdía su felicidad.


Oliver Borges llamó aquella madrugada justo después de salir del trabajo, al número que aparecía en el volante. Terminó llevándose la sorpresa de que genuinamente estaba hablando con la secretaria personal de Jennifer de Macarty, Nina Armas terminó citandolo el mismo día en el almuerzo para explicarle todo lo que conllevaba el trabajo a grandes rasgos. Pensó que sería como una entrevista cualquiera, pero al final quedó sorprendido porque tampoco se esperó conocer en carne y hueso a la pareja de científicos. Ellos le explicaron más a detalle cada parte del trabajo y los riesgos que podrían afectar en el transcurso del tiempo.


Tuvieron mucha paciencia, tampoco anduvieron con rodeos sobre lo peligroso que era la situación en cuestión. Dado que la delincuencia en Taylas iba en aumento, la pareja descubrió un par de cristales qué podían brindar habilidades especiales a seres humanos, con la decodificación correcta las posibilidades eran infinitas, pero necesitaban sujetos de pruebas en cuáles poner los comandos asignados y descifrados a lo largo de su investigación. La intención de la pareja era crear personas con habilidades qué eran superiores a las normales, para formar un grupo de élite qué protegiera a los ciudadanos de la delincuencia plagada en el corazón de Taylas.


Aquello sonaba aterrador, pero aunque le interesaba poder proteger a la ciudad y todo lo maravilloso que sonaba la visión planteada por ellos. Oliver fue sincero con la pareja explicándoles la situación en la que estaba envuelto con su esposa. Les preguntó de forma desesperada si ellos podrían ayudarle a pagar la cirugía, únicamente la cirugía para que su esposa pudiera tener una vida lo más normal posible después del accidente. Declaró con total seguridad que si le brindaban eso, él iría con ellos sin dudar. No obstante, se llevó el tan esperado milagro cuando los dos científicos le dijeron que si trabajaba con ellos en el proyecto, los gastos de todo lo que tenía que ver con María estaban cubiertos.


Las advertencias de una posibilidad de muerte eran claras, pero un desesperado Oliver de ahora 21 años, terminó aceptando la propuesta de los científicos sin objeción. Considerando que la cirugía podría hacerse a tiempo y también por toda la clase de comodidades para María que estarían disponibles mientras él trabajará con ellos, sintió que no debería pensar tanto en aquello.


Eso sí, no podría verla en persona una vez iniciarán, pero para la tranquilidad de la mujer. Ellos sugirieron qué hablara con ella diciéndole que había llegado una propuesta de trabajo fuera de la ciudad, cuando despertará de la cirugía una vez hecha. Lo dejarían hacer videollamadas cada que pudieran y si salía con vida después de los experimentos, podría regresar a casa como un hombre nuevo que además, tendría el poder el la palma de su mano para defender lo que amaba en el mundo.


Oliver temblaba de miedo, pero la decisión fue tomada. Solo se despidió de María quién seguía inconsciente por los sedantes qué le ponían para el dolor, pasaba más dormida qué despierta desde el accidente. Deseó poder escuchar el sonido de su voz una vez más, pero lastimosamente no fue posible, sólo podía mantener la esperanza de volver a su lado y confiar en que todo saldría bien.


—Te prometo que todo irá mejor —murmuró tomando la pálida mano entre las suyas, había perdido el color natural con el pasar de los días —. Volveré pronto, así que recupérate, mi amor, te necesito.—Besó los nudillos de Maria y se alejó lentamente de su cama, para encarar la seriedad de sus decisiones como un hombre. Estaba sabedor de lo mucho que aquel proyecto cambiaría su vida por entero o se la quitaría en los casos más extremos, pero el valor lo encontró únicamente en sus recuerdos donde los brillantes ojos de María lo alentaban a seguir avanzando.


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Y al final, no fue tan malo como pensó que sería, aunque sí sentía que sus huesos se derretían lentamente cuando los líquidos qué inyectaban en su cuerpo se abrían pasos por su sistema nervioso, pero de ahí en más todo fue muy cómodo.


Tenía buenas instalaciones donde descansar, comida, videollamadas con una María que ahora estaba en proceso de recuperación mientras él "trabajaba fuera" Así fue corriendo el tiempo como el agua entre sus manos al lavarse el rostro por las mañanas.


Tres años después, todo era una rutina. Estaba en soledad más allá de las visitas hechas a los laboratorios para pasar con Markos y Jennifer, quienes ahora eran amigos suyos o lo más parecido a una amistad que él había conocido. Siempre fueron muy amables y buscaban su seguridad antes de otra cosa, incluso se detenían cuando les decía que le dolía demasiado. Tampoco lo culparon cuando los resultados no eran lo que ellos esperaban, a pesar de tanto tiempo bajo investigación.


Según entendió el Borges, otras dos personas estaban dentro del proyecto para ser superhumanos, pero no tenía contacto directo o los había visto desde que entró.


Y luego de una larga espera, con un par de problemas respiratorios, pero vivo. El día siguiente a ese, era su liberación al mundo real. Se sentía extraño, aunque muy emocionado al mismo tiempo.


La última cena con Markos y Jennifer, fue agradable, cómoda y cálida. Al menos esas emociones lo envolvieron aquella noche.


—Gracias por formar parte de este proyecto —dijo Markos — . Aunque fracasó, no nos quedamos con la espinita.


—También te agradecemos por seguir con vida, Oliver —agregó Jennifer —. No ha sido fácil, has soportado mucho dolor durante los últimos tres años, pero por suerte. Cada suero inyectado en tu cuerpo no ha dejado estragos visibles de gravedad o a largo plazo, al menos por ahora.


Le dieron una caja metálica con tubos llenos de líquidos con diferentes colores. Rojo, morado, rosado, azul, amarillo, naranja, negro y verde.


—Esto es para los primeros dos años, no podrás dejarlo de una sola vez —mencionó Markos —. Luego de eso estarás bien. Gracias por tu duro trabajo, sé que no ha sido fácil estar lejos de María, pero pronto podrás verla.


—Cómo un regalo de nuestra parte —continuó Jennifer ante el silencio de su esposo— . Les daremos la cantidad que necesitan para sobrevivir por cinco años, es parte de nuestra gratitud hacía ti.


Oliver abrió los labios y los volvió a cerrar, aquello era sorprendente, aunque no tenía idea de por que eran tan generosos con él.


—Cómo última instancia, si tienes algún malestar extra al qué presentas, no dudes en venir a vernos en seguida. No ha habido cambios en tu cuerpo con la mutación, pero ha afectado ciertas partes en él. Es mejor prevenir que lamentar, así que ven en seguida. —finalizó Markos.


Oliver no pudo hacer más que agradecer a esas personas por ayudarlo en su momento de desesperación. Si bien, ser un experimento humano le trajo mucho dolor a lo largo de los meses en esos años, nunca una sola vez recibió un mal trato o malas condiciones para vivir por parte de la pareja.


Había estado mejor con ellos qué con cualquier persona en toda su vida. Y aunque Oliver tenía miedo de las consecuencias qué podrían traer las sustancias inyectadas en su cuerpo, con el pasar del tiempo... Ese terror se desvaneció, al no aparecer nada más que un par de malestares controlables con medicamentos. No obstante, lo que él no sabía era que la persona que pagaría las consecuencias de su elección no sería él. Sino que un día, 25 años más tarde, cuando el dolor envolviera el corazón de su hijo... Oliver sabría lo equivocado qué estaba con respecto a todo.