OSCURO

Summary

•Historia con Hermione Granger•

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

C: 1 - PILOTO

Orfanato de Wool




Londres, Inglaterra

1978

-




-En el invierno de 1978, específicamente el 31 de Diciembre, una joven de cabellos negros y ojos marrones, pero de piel pálida, se dirigía al nuevo y renovado Orfanato Wool con un pequeño bulto enrollado en mantas verdes.


Aquella mujer, triste por abandonar a su único hijo en aquel horrible lugar, suspiró, mirando por última vez al pequeño bebé de pequeños mechones castaños oscuros. Subió por tres escalones de piedra y frente a las puertas cubiertas de nieve, sintió sus lagrimas bajar por sus mejillas, al mismo tiempo, que aquellas maderas altas, se abrían de par en par.


Una mujer de cabellos canosos, un simple vestido negro junto a medias y zapatos del mismo tono, se dejaron ver; aquella mujer que se había revelado, se sorprendió al ver a la desconocida dejando al pequeño bebé en el suelo cubierto de nieve-


María: Oiga. -jadeo sorprendida-


-la mujer de cabellos castaños se sobresaltó, ocultando su rostro en aquel rebozo negro de seda y retrocediendo varios pasos hasta quedar en la acera de la calle-


María: ¡Oiga! -bajo hasta el segundo escalón- Disculpe... -la miró, pero la mujer misteriosa corrió, alejándose de aquel lugar y de aquel pequeño bebé- ¡Señorita! -llegó hasta la acera- ¡Su bebé! -gritó, pero fue en vano-


-la mujer misteriosa ya había desaparecido, sorprendiendo a María Hill, encargada de aquel Orfanato.


La mujer canosa suspiró rendida, y caminó de vuelta a las puertas del lugar para protegerse de la nieve que caía aquella noche. Mirando con preocupación aquel bulto, lo cargo con delicadeza, descubriendo un poco la tela y observando unos pequeños ojos marrones que la miraban con curiosidad-


María: ¿Y tú quien eres? -susurró meciendo al pequeño bebé- Lamento mucho que hayas terminado aquí. -suspiró mirándolo-


-la mujer se dio cuenta de que una pequeña esquina color amarillenta sobresalía de aquella manta, oculta entre esa lana que abrigaba al recien nacido y los pequeños pies del bebé. María la sacó, todo mientras entraba con el pequeño castaño en el acogedor, pero al mismo tiempo, solitario y frío Orfanato.


Una mujer regordeta y de cabellos rubios llegó a María-


Claudia: María, ¿eso es un bebé? -se sorprendió-


María: No, es un saco de papas. Claro que es un bebé, Claudia. ¿Qué más podría ser? -la miró ilógica-


Claudia: Pero, ¿en año nuevo? -se sorprendió, acercándose a la mujer y mirando el pequeño bulto- Oh, mi pequeño. -lo miró con ternura- ¿Quién puede ser tan frío de corazón para dejar a un pequeño bebé en pleno año nuevo? -suspiró-


María: No vi su rostro, Claudia. -suspiró- Pero esto estaba escondido en las mantas. -alzó el sobre-


Claudia: ¿Qué esperas? Ábrela. Ven, deja que cargue al bebé. -murmuró, cargando al nacido- Oh, que lindos ojos tienes, pequeño... o pequeña. -ladeo la cabeza- ¿Qué es? -miró a su jefa-


María: Creo que es un varón. -suspiró, abriendo la carta-


-una vez la desdobló, se aclaró la garganta para empezar a leer con un tono de voz audible para ambas mujeres-


María: "Donker Tomas Riddle". -leyó- Es muy raro, no creo que sea una carta. Pero empecemos. -suspiró-


Claudia: ¿Entonces sí es un varón? -miró al bebé-


María: Déjame leer, Claudia.


Claudia: Perdón. -sonrió apenada-


María: "Nacido el Treinta y uno de Diciembre de mil novecientos setenta y ocho". -suspiró- Tiene horas de nacido. -miró al bebé- Es... parece un certificado de nacimiento, solo que... diferente. -frunció el ceño- Es rara.


Claudia: Déjame ver. -miró aquel papel- Oh, cierto, incluso se ve antiguo. -ladeo la cabeza, meciendo al bebé en sus brazos-


María: Es lo único que dice. -miró a la mujer joven-


Claudia: Bueno, entonces, Donker. -miró al pequeño- Bienvenido al Nuevo Orfanato Wool. -suspiró con una pequeña sonrisa, esperando que el pequeño y nuevo miembro del lugar, tuviera una mejor vida-


-y de ser posible, una futura y rápida familia que lo quisiera adoptar-


...


1985-


—Aquella tarde de Primavera, donde la nieve había dejado de cubrir los campos, y las flores adornaban aquel verde pastizal, un pequeño de ojos marrones miraba con timidez y soledad a aquel grupo de niños que reían y jugaban con diversión a plena luz del sol.


Donker, a pesar de saber que aquellos niños con quienes vivía en el Orfanato Wool, eran malos con él, siempre esperaba alguna redención o que simplemente lo invitaran a jugar como uno igual a ellos. De todos modos, él también era como ellos, un huérfano.


El niño de siete años solo suspiró, sentándose en aquella tierra, detrás de un árbol enorme y un par de arbustos, el escondite perfecto en el jardín del Orfanato; un lugar donde no muchos iban allá, específicamente por la noción de que animales peligrosos se paseaban siempre por esa zona, y más al ser de pastizales altos. Y tenían razón todos esos relatos, porque sin darse cuenta, Donker sintió como algo se acercaba a él, al girar su cabeza, se encontró con una pequeña serpiente de color verdoso con tonos negros.


El pequeño castaño miró aquel reptil con curiosidad, ladeando su cabeza, pero se sorprendió al ver como aquella serpiente de cuerpo pequeño, imito su acción-


Donker: ¿Qué...


-"Comer" escuchó perfectamente el ojimarrón. Sobresaltado, giró su cabeza a todos lados, creyendo que alguno de los niños lo había escuchado y descubierto. Pero no, no había nadie más con él a excepción de aquel reptil.


Así que una vez más, su atención fue a la pequeña serpiente-


"Tus bolsillos. Tienen comida", escuchó con claridad. Aquella voz siseante y serena era sin duda rara, no pertenecía a ninguno de los niños que jugaban en medio de aquel campo que el Orfanato tenía en la parte trasera de sus instalaciones. Aun así, Donker llevo la mano a sus bolsillos de aquel saco viejo que llevaba, donde un par de tortas que había robado del desayuno se hicieron presente apenas las dejo afuera de su escondite.


Entonces, sorprendido, observó a la pequeña serpiente arrastrarse hasta él, con su cabeza mirando directamente a la comida. Entonces, Donker entendió todo, o al menos, el causante de aquella voz rara-


Donker: ¿Estás hablándome? -lo miró perplejo-


-la serpiente asintió, siseando una vez más al niño que más sorprendido no podía estar. Pensaba en que primero había sido la gata de María, después un pequeño ratón a quien inconscientemente hizo morder las camisas viejas y holgadas de sus malos compañeros hace unos meses. Y ahora una serpiente le estaba hablando y escuchando, sin duda creía que tenía un don especial-


Donker: Yo... eh.. ¿Quieres uno? -extendió la comida envuelta en una servilleta- Son de pavo. -sonrió tímido-


-la serpiente siseo con felicidad, y apenas Donker dejó el bocadillo sobre la tierra, aquel reptil empezó a devorar únicamente la proteína.


Aun así, cuando Donker escuchó y sintió unos nuevos pasos, se puso alerta, junto a aquel pequeño animal, quien a pesar de seguir comiendo, sentía el calor de algo más grande que ellos dos acercarse. Y cuando ambos vieron a un hombre parado frente a ambos, quien sonreía sorprendido de ver al niño junto a aquel animal, el pequeño ojimarrón sintió la necesidad de proteger más a su nuevo amigo que a él mismo.


Era un hombre alto, con ropas raras, piel pálida y pecosa, y cabellos rubios de paja. Era un hombre raro, pero quien sin esperar alguna acción más, se puso en cuclillas para ver a ambos pequeños seres-


Barty: Por fin te encontré, pequeño Riddle. -sonrió, sacando su lengua como si de un reptil se tratara-


-Donker lo miró más sorprendido por darse cuenta de que el hombre lo conocía, en lugar de aquel tic de la lengua-


Donker: ¿Me... conoce? -lo miró alerta-


Barty: Sí. -sonrió- Eres Donker Tomas Riddle, ¿no? -ladeo su cabeza, mirando de reojo al reptil que lo veía con un poco de desconfianza- ¿Amigo tuyo?


Donker: ¿Quién eres tu? -lo miró serio-


Barty: Oh, mil disculpas. -sonrió divertido- Soy Bartemius, Bartemius Crouch Jr. -lo miró- Pero dime Barty, odio la formalidad.


Donker: ¿Cómo me conoces? -lo miró aún con desconfianza-


Barty: Bueno, digamos que... te conocí cuando naciste. -lo miró feliz-


-y el niño una vez más, se sorprendió mentalmente, pero por fuera, sólo se veía aquella mirada neutral y sin expresiones que siempre tenía-


Donker: ¿Cómo es eso posible? Yo no tengo padres. Murieron.


Barty: Para muchos yo también lo estoy y mírame, estoy aquí, frente a ti. -sonrió otra vez con aquel tic-


Donker: Pruebalo. -lo miró desafiante- ¿Cómo los conoces?


Barty: Lord Voldemort. -lo miró fijamente- Tú padre.


Donker: ¿Lord Voldemort? -lo miró confundido-


Barty: Oh sí. -susurró, sacando su lengua cual reptil- El... hombre... más poderoso que hubo en el mundo ma...


Donker: ¿Más poderoso? -lo miró atento-


Barty: Sí. Lord Voldemort, o Tom Riddle, por si algún desconocido a quien no le confíes algo tan importante como ese nombre, te pregunta. -lo miró-


Donker: Si fue poderoso, ¿por qué te refieres a él como si ya no existiera? -lo miró serio- ¿Por qué me abandono en esta miseria? ¿Y mi madre?


Barty: Tus padres te dejaron aquí para que nadie sospechara, pequeño Riddle. -sonrió con el tic- Tú eres... el próximo legado y el futuro paso hacia la grandeza-


Donker: ¿Cómo es eso posible?


Barty: Cuando llegue la edad indicada, sabrás sobre el mundo que hoy te estoy hablando, pequeño Riddle. -sonrió- Y créeme, ese mundo te pertenece. Tu destino es terminar lo que tu padre no logró hacer.


Donker: ¿Y qué es? -lo miró impaciente-


Barty: Lo sabrás, con el tiempo. -sonrió, mirando el animal- Verte con tu amigo es... sin duda la mejor evidencia de que lo que te digo, es más que la verdad.


Donker: ¿Y mi madre? -lo miró- ¿Sabes algo de ella?


Barty: Solo quiero decirte, que tú madre no debe saber que te conocí. -sonrió- Yo... ella es un poco temperamental, pero aún así, fue ella quien te abandono, pequeño. Te privó de la gloriosa vida que pudiste tener en el mejor mundo. -lo miró- No creo que debas hacerle segunda si algún día llegas a conocerla.


Donker: Si ella me abandono, ¿por qué haría eso? -lo miró-


Barty: Exacto. -sonrió- Te visitaré pronto, Riddle. Mientras tanto, mi mejor consejo para ti por el momento es... que seas paciente. -se reincorporó- Quizá podrías adoptar a tu nuevo amigo. -miró el reptil- No está mal tener a alguien en quien confiar. Ahh, se me olvidaba. -rió bajo- ¿Te importaría no decirle a nadie sobre mi? Se supone que estoy... castigado, y no debo salir. Si te preguntan, mi nombre es Terence. -lo miró inocente-


Donker: ¿Terence? -frunció el ceño, mirando a su nueva mascota para obtener ayuda- Disculpe...


-pero el hombre no dejó que el niño pudiera terminar de hablar, porque en un abrir y cerrar de ojos, había desaparecido. Donker quedó perplejo, ¿cómo había podido ser eso posible?


Aquella visita fue tan rara e inesperada, con sentimientos encontrados que nunca creyó tener, pero al menos, estaba seguro de algo. Su destino sería legendario. No sabía cómo es que confiaba en ese hombre, pero le basto saber que su padre era alguien poderoso para entender que él también podía llegar a igualar e incluso superar sus zapatos.


Y claramente la ambición de Donker, ese día, cambió por completo-


...





1987.

Orfanato Wool-



-Un grupo de niños rodeaban a un pequeño de nueve años. Todos con sonrisas burlonas, sus ropas no eran las mejores, pero aún así, las intenciones de molestar al pequeño ojimarrón que estaba acorralado en el fondo de aquella habitación, estaban presentes-


Donker: Déjeme, por favor. -los miró asustado, sentado y con las rodillas abrazadas a su pecho-


Matthew: Te lo diremos una vez más, Riddle. Tú no perteneces aquí. -expresó con enojo- Eres raro, un fenómeno. -escupió con asco, al mismo tiempo que lanzaba una patada al pequeño castaño, quien chilló adolorido y cubriéndose su rostro con sus pequeños brazos- ¡Anormal! -gritó otra vez, al mismo tiempo que otra patada iba directo a las piernas del niño acorralado-


Sebastián: ¡Ladrón! -gritó, lanzando un balón de basquet directo a la cabeza del pelinegro-


Donker: ¡Agh, paren! -gritó adolorido-


Samantha: ¿Por qué lo haríamos? -sonrió burlona- No eres más que un raro demente.


Pedro: Ni siquiera sabemos cómo es que María dejó que vivieras aquí. -lo miró con asco- Debiste quedarte en las calles, en la basura.


Matthew: O en un hospital de locos. -sonrió con malicia-


Samantha: Que es donde perteneces. -rió divertida, antes de darle una patada-


Sebastían: Debería revisarte un Doctor. -lo miró mal- Tú cerebro no está bien. ¡Nada tuyo esta bien!


Pedro: Eres un fenómeno. -rió divertido-


Samantha: Examinarte, eso deberían hacer. María debería escribir una carta.


Matthew: O Claudia, pero de que deben llevarte lejos, deben hacerlo. -sonrió con malicia- Nadie te quiere aquí. -lo volvió a patear-


Donker: Paren, por favor. -susurró adolorido, sintiendo esta vez, una rabia llegar a su corazón-


-aun así, al no ser conocedores de aquel sentimiento, aquellos niños siguieron riéndose y lanzando insulto por insulto al niño de ojos marrones, quien ahora llevaba sus manos a sus oídos, tapandolos y esperando que aquellos hirientes insultos desaparecieran.


Los malos niños aprovecharon aquello para burlarse más, reír a carcajadas, y golpear con sus pies el pequeño cuerpo del niño.


Y Donker, sintió algo salir a la luz. Sus ojos irradiaron furia. Esos niños eran malos con él, y sin saber cómo, estiró su mano hacía el castaño mayor que estaba frente a él; Matthew salió volando hasta chocar y rebotar en la pared del otro lado de la habitación, cayendo inconsciente al instante del choque, y aterrando a los otros niños que habían visto aquello-


Samantha: ¡Eres un monstruo! -gritó apuntado al niño, antes de salir de aquel lugar corriendo y chillando-


-Donker se puso de pie, mirando con enojo a la niña de coletas y cabello rubio. Y solo con doblar y tronar su cuello, hizo que la niña cayera inconsciente apenas cruzó las puertas de la habitación.


Pedro y Sebastián retrocedieron con terror al ver aquello, no queriendo terminar como sus amigos; intentaron correr, pero Donker una vez más, con sus manos extendidas y en dirección a ambos niños, hizo que se quedarán quietos en sus lugares, inmovilizados.


El ojimarrón sonrió con malicia, acercándose lentamente al primero de los niños, y el azabache lo miró demasiado asustado que su pequeño cuerpo temblaba-


Sebastián: Por favor, déjanos ir. -suplicó llorando-


Donker: ¿Por qué haría eso? Ustedes son malos conmigo. -lo miró mal-


Sebastián: ¡Por favor! ¡Ayuda! -gritó desesperado-


Donker: Grita lo que quieras, nadie te oirá. -murmuró, parándose frente al niño petrificado en su lugar-


Pedro: Disculpa, ¿bien? No debimos hacer eso. -lloró y expresó a tres metros del castaño-


-el pequeño Donker llevó su vista al niño de cabellos negros, y solo rió divertido-


Donker: Es curioso, ¿no? -caminó hacía él- No se dan cuenta del daño que hacen, hasta que les toca estar en la posición. -lo miró sin expresión alguna-


Pedro: Solo fue una broma. -lo miró mal-


Donker: Pésima broma entonces, Tonto. -sonrió divertido-


-la vista del ojimarrón viajo a una pequeña tarántula que caminaba por la pared que estaba a espaldas del pelinegro, y sin borrar aquella mirada de diversión, miró a su víctima-


Donker: ¿Te gustan las tarántulas, Williams? -murmuró divertido- Ven aquí, amiguito. -susurró al animal-


-quien dejo de caminar por aquella pared y, lentamente, caminar con sus peludas patas hasta aquellos niños. La pequeña tarántula, sin recibir instrucción alguna, empezó a subir por el pie del pelinegro, y Pedro no pudo evitar gritar aterrado al no poder mover sus extremidades.


La tarántula entonces llegó hasta la nariz del niño de doce años, y no fue hasta que los ojos del pelinegro la enfocaron bien, que el grito de susto que soltó, fue suficiente para dejarlo inconsciente. Y sólo así, Pedro logró salir de aquel martirio.


Pero cuando Donker llevo su vista a Sebastián, quien estaba asustado por todo lo que pasaba y cómo habían terminado sus amigos, no resistió más; su terror fue tanto que él sólo cayó de narices al suelo, desmayado de terror que vivió en tan poco tiempo, pero que se sintió eterno-


Donker: Nadie debe ser malo conmigo. -comentó, mirando los cuerpos desmayados de los niños agresores- Gracias, Tarántula. -miró al animal, quien caminaba nuevamente hacía su pared-


-y solo así, Donker Tomas Riddle, salió de aquella habitación; adolorido, pero triunfante por no quedarse sin defender-


...


31 de Diciembre de 1989-


-Aquella tarde de invierno, un hombre de barba larga, blanca, y con lentes de media luna, entraba en aquel Nuevo Orfanato de Wool, siendo guiado por María Hill, quien a pesar de su edad, seguía siendo funcional en aquellas instalaciones.


El hombre, sentía una especie de déjà vu al caminar en aquel lugar que se sentía triste, frío y vacío, pero se sintió con los vellos en punta, al escuchar a la mujer-


María: Bueno, admito que me confundió haber recibido su carta... Señor Dumbledore. -comentó al subir las escaleras- En los años que Donker ha estado aquí jamás lo ha visitado nadie. Ha habido incidentes con los otros niños. -lo miró preocupada- Cosas horribles. -susurró al llegar a aquel piso donde el castaño se encontraba-


-Dumbledore asintió al escuchar aquello, definitivamente la historia parecía repetirse. Pero esta vez, sólo está vez, a pesar de saber que quizá estaba conociendo a otro de los magos más peligrosos de todos los tiempos, sintió una corazonada de poder alterar y cambiar el curso de esa historia, de ese final, de ese corazón.


Así que una vez, ambos adultos mayores, llegaron frente a una puerta de madera vieja, María tocó tres veces antes de abrir la puerta-


María: Donker. -lo miró, parada debajo del marco de la puerta- Tienes una visita.


Dumbledore: ¿Cómo estás, Donker? -lo miró, antes de pasar a aquella habitación-


-María miró preocupada al hombre, temiendo que algo como lo que los otros niños contaban que el pequeño castaño hacía, le pasara. Pero aún así, Dumbledore caminó con pasos lentos y sigilosos, hasta el niño que lo veía y estaba sentado en la orilla de su cama-


Dumbledore: Si no le molesta, quisiera hablar con Donker a solas, Madame Hill. -sonrió a la mujer-


María: Oh no. -sonrió sorprendida- Yo... grite si lo necesita.


-el hombre de lentes de media luna asintió, aunque no creía que eso fuera necesario. Aún así, cuando María cerró la puerta, dejando en paz y en un espacio más privado a aquellos dos, Dumbledore llevó su vista una vez más al niño de once años.


Donker se puso de pie, mirando con seriedad al hombre, quien sólo sonrió con toda la amabilidad del mundo-


Dumbledore: ¿Puedo pedirte que te sientes? -preguntó amable y con una sonrisa-


-Donker, rendido, se sentó en su silla que estaba a lado de la ventana de su habitación, y Dumbledore se sentó en la orilla de aquella pequeña cama, donde antes de su llegada, el niño estaba sentado.


El hombre miró aquella habitación, visualizando todo lo que el infante tenía. Habían piedras pequeñas como colección y decoración en la mesita situada a lado de donde el niño estaba sentado.


Había un baúl viejo y en mal estado a lado de la cama. Un ropero con un cable de acero impidiendo que alguien pueda abrirlo, incluso un diario de pasta verdosa sobre el colchón, un libro de Astronomía y sobre animales. Debajo de aquella mesita, el hombre adulto pudo visualizar una tarántula en una red bien tejida-


Dumbledore: Supongo que te preguntas qué hago...


Donker: ¡No! -lo miró aterrado-


Dumbledore: Donker...


Donker: Usted es Doctor, ¿verdad? -lo miró alerta-


Dumbledore: No, soy un profesor. -respondió con serenidad-


Donker: Eso no es verdad. -lo miró serio- Quieren que me examine. Dicen que soy... diferente.


Dumbledore: Puede que sea cierto. -respondió-


Donker: No estoy loco.


Dumbledore: Hogwarts no es un Hospital Psiquiátrico, Donker. Hogwarts es una escuela. -lo miró- Una escuela de Magia.


-el niño de cabellos castaños y ojos marrones lo miró con curiosidad, ni siquiera había preguntado por aquel nombre que el anciano mencionó, pero al saber aquello, su atención viajo más en el predicado de lo dicho-


Dumbledore: Haces cosas, ¿no es cierto, Donker? Cosas que otros niños no pueden hacer.


Donker: Hago que las cosas se muevan sin tocarlas. -lo miró sin expresión- Hago que animales hagan lo que quiero sin entrenarlos. -comentó, mirando de reojo a su pequeña tarántula- Hago que le pasen cosas malas a los que son malos conmigo. Los lastimo, si quiero; ¿Quién es usted?


Dumbledore: Soy como tú, Donker.


Donker: Demuéstralo. -lo miró fijamente-


-no pasaron ni dos segundos, en donde, aún con aquellos vellos de punta al sentir como todo se repetía, el viejo Dumbledore, hizo lo que hace más o menos cincuenta años demostró frente a alguien igual de parecido al niño frente a sus ojos.


El ropero que estaba cerca de la puerta, se incendio, y dentro de este, algo empezó a sacudirse. De inmediato, Donker se puso de pie, sintiéndose entendido por primera vez, y dejando atrás su mentalidad de alerta, caminó hasta aquella madera que se incendiaba, mirándola con una pequeña expresión de sorpresa-


Dumbledore: Creo que hay cosas en tu ropero que quieren salir, Donker. -miró al niño con curiosidad-


-Al acabar aquellos fuegos, el ropero seguía intacto, pero aún así, el niño de ojos marrones sentía que aquel mueble se veía diferente.


Aun así, al quitar el cable que impedía ver el interior, abrió por fin el mueble. Donker sacó una pequeña caja de galletas de aluminio, vacía de aquel aperitivo, pero con algunos instrumentos de diferentes funciones.


El ojigris caminó hasta su cama, Dumbledore se puso de pie para ver como el niño abría aquella caja con etiqueta verde y azul, y sacaba un yoyo, un pequeño cuento de bolsillo, una pulsera de hilo, una navaja oxidada y solo una mano de alguna muñeca-


Dumbledore: Los robos no son tolerados en Hogwarts. -explicó al ver todas esas cosas- En Hogwarts te enseñaran no solo a usar la magia, también a controlarla. -lo miró fijamente- ¿Me comprendes?


-Donker asintió, sin mostrar reacción alguna, pero sabiendo mentalmente que debía deshacerse de ese mal hábito si quería salir de aquel basurero e infierno donde vivía, y si su corazonada no le fallaba, volver a ver a su amigo Barty.


¿Ese era el mundo que el hombre joven tanto le platicaba en sus años de conocerse? Esperaba que sí.


Dumbledore mientras tanto, lo miró una última vez antes de caminar hacia la salida de aquella habitación, pero cuando tocó la perilla de la puerta, el niño volvió a hablar, haciendo una vez más, que el hombre sintiera esos escalofríos del pasado regresando a su presente-


Donker: También habló con las serpientes. Ellas me buscan. -comentó, mirando la espalda del hombre que quedo quieto a centímetros de salir de aquel lugar- Me susurran cosas. ¿Eso es normal para alguien como yo?


-Dumbledore no pudo responder una vez más; al escuchar aquello con su corazón acelerado al sentir la misma extraña energía que sintió la primera vez que vivió eso, solo se giró un poco para ver al niño, y salió sin decir nada más.


Dumbledore ese día solo esperaba hacer las cosas diferentes. Solo esperaba que tal vez, sólo tal vez, pudiera ser el mentor que el niño anterior necesito, y así, evitar que un alma más pudiera corromperse en el mundo de la oscuridad.


Porque de ser lo contrario, ya sería demasiado tarde.


Así que solo necesitaba un milagro, y un poco de fé; tanto en él mismo, como el niño de ojos marrones que había dejado en aquella habitación-.