Embarazado de mi profesor [Snarry]

Summary

Harry venció a Voldemort al final del cáliz de fuego, pero poco sabía que al haber matado al mago se metería en otro gran problema... ¡¿Ahora es un Omega y está esperando un hijo?! Pero el problema también recae en quien es el otro padre... Pero ¿Cómo sucedió esto? ¿Por qué Harry se volvió un Omega si se supone que esos seres están extintos? ¿Y como es que Snape termino siendo el otro padre del bebé que está esperando el chico? No importan las preguntas, ahora Severus y Harry tendrán que aprender a convivir si quieren que ese bebé mágico nazca sano y salvo, pero ¿Podrán llegar a amarse? No lo saben... Aún. • Los personajes pertenecen a J. K. Rowling, este Fic es completamente Snarry así que si no te gusta la pareja o la homosexualidad por favor no leas. •Tiene obviamente contenido Omegaverse pero no sé apega completamente al género, algunas cosas me las he inventado yo para esta trama así que espero comprendan. • Contiene la explicación de porque Harry se volvió Omega. •En esta historia nunca existieron los Horrocruxes. • Está historia tiene diferencia de edad, no la leas si eres sensible con el tema.

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
4.8 13 reviews
Age Rating
16+

• Nueva vida.

Harry James Potter “El niño que vivió… y venció”



Aquello sucedió el día final del torneo de los tres magos, en dónde después de tocar la copa había sido transportado junto a Cedric al cementerio. Vio revivir a Voldemort.


Pero habían subestimado al dichoso elegido, Potter se había dado cuenta de que algo no andaba bien. Como si el hecho de que su nombre saliera de la copa no fuera ya algo bastante sospechoso, su instinto le había incitado a investigar más y poner atención a su alrededor. Contrario a lo que habían creído, el si se dio cuenta de que el temible “Ojo loco” no era el verdadero.

Claro que no previo lo del traslador y mucho menos la muerte del chico que le acompañaba.


Al menos tenía un plan, porque sabía que antes de que terminara el curso se vería cara a cara de nuevo con el temible ser oscuro. Era cierto que el hecho de que aquello sucedió en la prueba final le tomo por sorpresa, sin embargo estaba preparado.


Su sangre había sido infectada, de una manera en la que no lo afectará a el mismo de forma negativa aparte de que tenía un antídoto, así que tan pronto como el mago oscuro volvió el chico sabía que no tenía los temibles poderos que aterrorizaron por mucho tiempo al mundo mágico.


Una vez que tuvo tiempo logro llamar a la orden del fénix y a sus amigos. Incluso algunos aurores venían con ellos. El mismo director de Hogwarts al igual que el profesor Snape llegaron a la escena.


Aunque Harry se vio un poco sorprendido por la presencia de este último e incluso le desagrado la idea de que el director le trajera, todas esas ideas se fueron de su cabeza cuando en medio de la batalla el profesor le salvó la vida.


Y aunque le costará admitirlo: sin el no hubiera vencido.


Severus se había atravesado cuando el mismísimo Voldemort trato de atacar a Harry por la espalda, recibiendo así la maldición Cruciatus que iba dirigida al muchacho. Dándole tiempo a este de voltear y poder encarar al señor oscuro con un rayo de su varita.


Y fue así como, luego de que ambas varitas se unieran en un rayo, Harry termino venciendo a Voldemort. La sangre había ayudado, estaba demasiado débil como para hacer frente al chiquillo.


Luego de ello se capturaron a todos los mortífagos presentes y se atendieron a quienes fueron heridos, incluido el profesor de pociones.


El orgullo de Potter era mucho, pero tenía que admitir que sin ese hombre la imperdonable le había dado y Voldemort lo hubiera asesinado.


Así que agradeció personalmente al mayor una vez que pudo hacerlo. Más bien la última en la que tuvo tiempo.

Ya que, como era de esperarse, luego de vencer al mago oscuro todo el mundo mágico hablo de el. Lo llamaron héroe y le persiguieron periodistas a más no poder.

Sinceramente fue el peor verano de todos para el tan famoso muchacho, era tan acosado que el propio director lo escondió a mitad de las vacaciones. Lo único meramente bueno es que pudo ver a su padrino un par de veces.


Aunque se sentía bastante aislado y tenía constantes pesadillas con la muerte de Cedric. Además de que su cuerpo se sentía extraño, no sabía explicar lo que ocurría pero algo era diferente. Lo había notado desde que vio a Voldemort volverse cenizas. Pero vamos, en aquel momento no se había puesto a pensar en ello. No podría haberlo hecho viendo todo el caos a su alrededor.


Pero ahora, estaba consiente de que sentía algo extraño recorrer todo su cuerpo y siempre terminaba en el mismo lugar: Su estómago. Despertaba cada mañana con una mano en el y aunque intentaba saber si era algún dolor estomacal o herida de la batalla, jamás encontró indicio de ello. Por lo cual termino dándose por vencido respecto al tema. Ya luego le diría a Dumbledore acerca de ello, por ahora solo contaba los días para salir de su escondite.


Tanto era el deseo que las semanas pasaron rápido, llegando así el día en el que volvería a Hogwarts. Fue tanta su alegría que todo el camino le pasó tan rápido. Para cuándo se dio cuenta ya estaba en el gran comedor con sus amigos y teniendo a muchos compañeros haciéndole preguntas.


Suponía que no se podía evitar, así que se dio tiempo a responder a todo. Pidiendo al mismo tiempo que le tratarán como un chico normal. Cosa que sucedió y agradeció con toda el alma.


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Hace poco había comenzado el curso, apenas dos semanas de ello para ser exactos.


Y, a pesar de que el rumor de que el oscuro profesor había recibido la imperdonable que iba dirigida al tan famoso muchacho se había extendido por el castillo entero, Severus seguía siendo igual de frío y terrorífico como siempre. El miedo que los alumnos le tenían no bajo ni un poco.


Seguía quitando puntos cada que podía a los leones y de igual manera tenía aún peleas con el tan famoso Potter. El mocoso le había dado las gracias por salvarlo pero al regresar a Hogwarts volvía a ser igual de insolente que su padre. Por ello se enorgullecía de hacerlo rabiar y ver que no podía hacer nada al respecto pues, héroe o no, seguía siendo su alumno. El tenía la autoridad bajo los viejos techos del castillo.


Hoy de hecho tenía una clase compartida de leones y serpientes, su día favorito de la semana. Podía dar puntos a su propia casa a la vez que les quitaba a la casa contraria.


Pero por alguna razón, ese día despertó mucho después de la hora en la que solía levantarse. De hecho batallo un poco para abrir los ojos, sentía el cuerpo pesado como si hubiese estado haciendo ejercicio. Claro que lo hacía, pero la noche anterior no recordaba haberlo hecho. Más bien tenía todo borroso respecto a ello. No sabía ni cuando se había acostado.


Mayor fue su sorpresa al sentirse un poco pegajoso, odiaba la sensación. Al parecer había estado sudando y… ¡Por Merlín! ¿Lo que había sobre su estómago era semen? Y pronto también sintió que le dolía el miembro. Se hizo una idea de lo que sucedió. Pero por más que miro a su alrededor no encontraba signo alguno de otra persona en su habitación, no parecía que hubiera estado ahí alguien más que el.



“Menudo fracasado, ya no eres un mocoso hormonal para pajearte y obligarte a olvidarlo” Pensó mientras se levantaba.



Hace mucho que no tenía una pareja, más haya de su enamoramiento por Lily solo había salido con un par de mujeres. Ninguna de esas relaciones salieron bien y al poco tiempo lo intento también con un tipo, termino igual de mal.


Tal vez se debía a qué no era muy abierto en cuanto a sus sentimientos y su atención casi siempre se centraba en otras cosas. Así que al final termino solo durante todos estos años y, por si no fuera poco, al parecer se había pajeado el día anterior.


Que vergüenza se daba…


En fin, hoy era un buen día. Nadie le arruinaría eso. Disfrutaba de atormentar dos esmeraldas detrás de uno redondos cristales. Así que se apresuró a ducharse y arreglarse para ir a desayunar.


Grande fue su sorpresa al no ver al tan famoso adolescente, no estaba sentado y supuso que se había quedado dormido.



“Tan idiota como su padre” Pensó el mayor al sentarse en la mesa de profesores.



Pero pasado los minutos el chico no llego al desayuno.


Severus no pensó mucho sobre ello, siguió su día tan normal como cualquier otro. Esperando ansioso por la clase que les daría a los de quinto grado.

Una vez que llegó la hora entro al salón con autoridad, causando en los leones un gran susto.



- La poción que realizarán el día de hoy es bastante fácil, ni siquiera el más idiota podría arruinarla – Camino un poco por el aula. – Pero siempre subestimó al señor Potter, espero que pueda tan siquiera logra algo meramente aceptable con su corta capacidad – Finalizó una vez que estuvo frente a el.


Pero la tan famosa mirada de evidente enojo en aquellos esmeralda que detonaban insolencia jamás llegó. En lugar de ello, el chico ni siquiera se dignaba a verle, solo asintió como respuesta.


Sorprendiendo no solo al profesor sino que también al resto de los presentes. Harry Potter era el único en aquel castillo capaz de sostenerle una mirada al oscuro maestro. De mirarlo con furia y no morir en el acto. El único que se atrevía a responderle a sus tan conocidos insultos.


Pero ahí estaba, con la mirada en el piso, aceptando la humillación del hombre.

Algo estaba mal, algo no era como antes…


Y el hecho de que el propio Severus no insistiera en molestarle lo dejaba claro. Porque en otros años el profesor seguiría hostigándolo hasta obtener la reacción deseada. Pero en aquel momento le dejaba en paz, cosa que ni el mismo comprendía. No podía explicar porque, solo sintió en el interior que no debía seguir molestando al chico.


Algo dentro de el no le dejaba seguir soltando su veneno.


No quería continuar pensando en ello así que prosiguió con las instrucciones de la clase y poco después de que está acabará logro seguir su día tranquilamente.


Extrañamente los demás días fueron iguales, el mocoso se comportaba raro todo el tiempo. Ya no solo era en sus clases.


En el pasillo, en el comedor, en el patio y en algunos otros sitios. Aunque lo que más le preocupaba a Severus era el hecho de que no sabía desde cuándo había empezado a observar a Potter con tanta atención.

Suponía que era porque el comportamiento del chico le resultaba tan impropio de el que trataba de averiguar si no estaba metiéndose en problemas y a los demás alumnos con el como en años anteriores.


James rompía las reglas a menudo y se la pasaba siempre hablando y sonriendo. Al igual que hacia su hijo desde que entró al colegio. Pero ahora… poco quedaba de aquel comportamiento, el chico parecía otra persona.

Todo el tiempo se notaba nervioso como si algo le estuviera preocupando, no levantaba casi la mirada del suelo y por alguna razón está a veces daba a parar a su estómago. De hecho le había visto tocándose ligeramente con la mano en aquel lugar. Por otra parte tampoco le había escuchado casi hablar, al menos no en su clase ni en el comedor.


Pudo observar que sus compañeros intentaban sacarle plática, pero el chico simplemente no salía de su silencio más haya de un par de risas.


Pronto el profesor le comunico al director lo que había estado viendo, pero este solo le prometió que el mismo hablaría con el chico de lo que estaba sucediendo para que tuviera aquel comportamiento.

Más nunca le dijo si había hablado o no con Potter.


Dos semanas enteras estuvo observando como el mocoso estaba raro, pero no sé atrevió a preguntar el mismo lo que le pasaba. Aquello no era asunto suyo. El chico había vencido a Voldemort y su labor de protegerlo había terminado luego de recibir la imperdonable por el.

Ya no le debía nada a nadie, ni siquiera al recuerdo de Lily.


El día miércoles llegó y Severus se encontraba en el gran comedor tratando de no levantarse y gritarle a todos que cerrarán la maldita boca.  Pues el lugar estaba lleno de fuertes conversaciones acerca de nada más ni nada menos que el mismísimo Harry Potter.

Como si no fuera suficiente haber escuchado de él todo el verano. Aunque bueno, lo que hoy se hablaba sobre el niño que vivió era un tema completamente diferente a lo que habían estado hablando de él durante los años anteriores…


Todo había comenzado luego de que las lechuzas llegarán con el correo, trayendo consigo el profeta. Con una portada tan particular…



“Harry Potter, el niño que vivió y venció, es un omega ¡Y está embarazado!”



Era el gran título que seguramente había puesto de cabeza a todo el mundo mágico. Al menos a los estudiantes de Hogwarts si que los había vuelto locos.


Aunque para el profesor fue más un alivio al por fin saber la razón del comportamiento extraño del chico.


No se sentía sorprendido ante el hecho de que el tan famoso e insolente mocoso fuera un Omega, el mismo Albus le había confiado esa información hace un par de días pidiéndole que investigará lo poco que sabían de aquellos, hasta la fecha creídos extintos, seres.


Pero en ningún momento el director hizo mención de que el famoso niño que vivió estuviera esperando una cría.



“Así que el mocoso insolente esta preñado y por ello andaba extraño. No quería que descubrieran su pequeño secreto. “


Pensó con maldad el mayor.


“Si el estúpido James supiera que su niñito le ofreció el culo a alguien… pagaría por ver su cara. “



Por poco se le escapaba una risita ante sus pensamientos, estaba con total felicidad y pensando en las burlas que haría no solo al mismo Potter si no que también al estúpido escuincle que lo embarazo.


Estaba ansioso por saber quién era el adolescente idiota que había dejado a Potter en cinta, había que tener muy poco cerebro para no saber siquiera cuidarse. Por ello pensó en Weasley, pero si no era el entonces el hombre que le había dejado embarazado estaba seguro que sería alguien sin cerebro.


El mayor de los idiotas.


Solo sabía que disfrutaría mucho burlarse de la situación de forma sarcástica.

Pero poco le duró la alegría al ver entrar al mismísimo ministro seguido de cuatro aurores al comedor de Hogwarts. Obteniendo el silencio y mirada de todos los presentes.



- Severus Snape – Dijo el ministro al llegar hasta la mesa de profesores, obteniendo un asentimiento de cabeza del nombrado. – Está arrestado, se le dictarán los cargos en privado para no hacer más escándalo del que ya hay en este colegio – El hombre giró su cabeza levemente hacia las personas que lo acompañaban. – Llévenselo.



Poca resistencia puso cuando fue tomado por ambos brazos, dándole solo una mirada a Albus pidiéndole que arreglará lo que sea que estaba sucediendo y obteniendo un asentimiento de parte de este último.


Se dejó llevar fuera del castillo para luego aparecer en el ministerio, en dónde fue llevado a una sala de interrogatorios.

Se quedó en el lugar esperando durante poco más de tres horas, viendo finalmente como una mujer entraba a la habitación sentándose enfrente de el. Con ella entraron también un par de aurores.



- No sé que ha pasado, pero es obvio que todo esto es un malentendido. – Aclaro de inmediato el profesor.



Estaba siendo tan directo porque odiaba la idea de que lo tuvieran ahí, solo imaginar cómo se estaban riendo los mocosos de Hogwarts al ver que le habían arrestado le causaba un revoltijo en el estómago. Sabía que los escuincles no tardarían en inventar rumores acerca de porque se lo habían llevado y estaba seguro de que al regresar le quitaría muchos puntos a todas las casas, excepto a las serpientes.



- No es un malentendido, Señor. Tenemos suficientes razones para tenerle aquí – Objeto la mujer levantando unos papeles para proseguir a leerlos. – Severus Snape ha sido arrestado por los cargos de abuso sexual y de poder. Se le dará un juicio en dónde podrá tener un abogado que tenga pruebas de su inocencia y se le dictará condena de ser necesaria, hasta entonces permanecerá en Azkaban – Finalizó levantándose y acomodando los papeles. Haciendo así una seña con la mano de que se lo llevarán, sin darle siquiera tiempo al hombre de refutar.



Solo fueron tres días los que permaneció en aquella prisión, pero se habían sentido como una eternidad.

El lugar era horrendo y su olor aún peor.

Además de estar rodeado de mortífagos que le odiaban por traidor.


Ahora, por alguna extraña razón, estaba siendo sacado del sitio por el ministro y su cuarteto de aurores. Viajaron por la red flu del ministerio llegando así a lo que evidentemente era el despacho del director de Hogwarts. Estaban en el castillo.


Pero lo que más sorprendió al oscuro profesor fue ver qué en la oficina también se encontraba un chico sentado mirando al piso. Lo identificó unos segundos después, era Potter. Que mierda hacía en ese lugar aquel mocoso, si había usado sus influencias para sacarlo de Azkaban nunca se lo perdonaría a Dumbledore.



- Ah, ministro un gusto verle. Gracias por aceptar está reunión y traer consigo a Severus.



- Esto es solo un favor, Albus. Pero te pido que lo que sea que vayas a decirme sea rápido. Luego de esto le daré condena a este tipo.



- Tranquilo, tranquilo. Eso no será necesario, tengo pruebas que dejan en claro que mi muchacho no ha abusado de nadie y todo ha sido consensuado.



Severus seguía tomado por ambos brazos por dos hombres a cada lado. Escuchando la plática delante de él. Joder… ¿En verdad pensaban que había violado a alguien? Jamás tocaría a nadie sin su permiso.



- Este hombre abuso de un menor de edad y le ha dejado en cinta.


Escucho que añadió el ministro sacando un pequeño frasco con un líquido morado-rosado que usaban como prueba de embarazo.

Efectivamente ese color indicaba que alguien estaba esperando un bebé.


¡Por Merlín! El jamás tocaría a una alumna. Nunca se sintió atraído por ninguna muchacha y aunque así fuese, jamás iría más haya de la relación alumna-maestro.


Por una milésima de segundo se tomó la molestia de pensar si había siquiera una mocosa que le llamara la atención, pero nada. Ni siquiera alguien de su propia casa.


¿Qué estúpida adolescente precoz le estaba cargando el niño? Por qué de eso sí estaba seguro, una niñata seguramente había salido embarazada y para no revelar al padre lo había inculpado a el. Menuda idiota.



- No fue así, el mismo afectado ha venido a hablar conmigo para decirme lo sucedido.



¿El? ¿Había escuchado bien? Si nunca había tocado a una mocosa, menos a un chico.


Pronto otro pensamiento cruzó su mente:


“Un hombre… esperando un bebé…”


Joder, eso solo podía significar…



- Harry me ha platicado que lo que el profesor hizo con el a solas fue totalmente recíproco. El bebé fue concebido con la total aprobación y conciencia de Harry.



Snape trago saliva y podía jurar que por un momento el alma se le escapó del cuerpo.

Esto no podía estar pasando.



- Es eso cierto, ¿Señor Potter? – Pregunto el ministro mirando al joven sentado en la silla con la cabeza baja. Recibiendo un asentimiento leve del nombrado.


- Pero desde luego Harry está exigiendo algo, por ello ha venido a confesarme todo.


- ¿Y que exige? – Exigió saber el ministro, mirando atentamente al chico. Quería que la respuesta viniera de el, no del director.



El silencio reino por unos minutos, hasta que el menor de la habitación se levantó y tomo un poco de aire. Al parecer tenía el suficiente valor para derrotar al mago oscuro más poderoso pero no para decir lo que exigía del hombre que le dejo en estado de embarazo.


Solo escucharon como trago saliva y alzo la vista decidido, nadie sabía de dónde había sacado repentinamente ese valor, pero miraba al ministro con seriedad.



- Exijo que Severus Snape Prince me tomé en matrimonio, cumpliendo así mismo con sus obligaciones de padre. Y al hacer esto, será liberado de Azkaban.



Si antes había dudado de que el muchacho tuviera el tan dichoso valor Gryffindor ahora mismo veía que tenía hasta de sobra. Casi tanto como la idiotez que desbordaba.


¿Qué no se daba cuenta de que si quería podía enviarlo a Azkaban? Si declaraba en el juicio podría conseguir incluso el beso del dementor.

Y nadie iba a objetar nada en contra de esa decisión, incluso estaba seguro que había miles y miles de magos que de inmediato le ofrecerían casarse con el y ejercer la labor de padre.


¡Por favor, era el maldito niño que vivió y venció! Tenía una fama enorme en todo el mundo. No había bruja o mago que no le conociera. No dudaba de que incluso habría peleas por ganar el honor de casarse con el héroe del mundo mágico.


Pero ahí estaba, justo frente a el, exigiendo que lo desposara como si fuese una damisela a la que le han faltado al respeto y quitado su honor.


No entendía porque lo hacía, que era lo que Albus le había dicho para convencerlo. Era obvio que no estaba exigiendo aquello por que estuviera “enamorado” de su profesor, para nada. Harry Potter sentía tanto asco hacia su persona como el lo sentía hacia el difunto James Potter.


Esto era obra del viejo director, Severus estaba seguro que había manipulado a Potter para que hiciera esto. Y como no, el muchacho estaba tan pegado a Dumbledore que con un par de palabras haría lo que fuese. Incluso morir.



- No estoy seguro de que eso sea lo correcto… - Aclaro el ministro luego de pensarlo durante unos minutos. Pero de inmediato la figura vieja del director se acercó a el poniendo una mano en su hombro.


- Pronto serán las nuevas elecciones para ministro, estoy seguro que si cumple con la petición de Harry ganará muchos votos. Será reconocido como “el que junto a el chico que vivió y venció con su destinado y próximo padre de su hijo”.



Debían darle un premio al maldito viejo por la perfecta habilidad de manipular a las personas. Pues el mismo ministro casi ni lo pensó, se vio convencido de inmediato.


Efectivamente ganaría muchos votos si le daba a Potter lo que exigía, todo el mundo mágico apoyaría a quien a su vez apoyará al héroe que venció al señor oscuro.



- Bien, Albus haznos el favor de enlazarlos. Quiero presenciarlo.



Al parecer el director sabía que pediría aquello, se notaba en su sonrisa. No pasó mucho hasta que ya se encontraban en posición. Harry y Severus frente el uno del otro y al lado izquierdo se encontraba el viejo hombre. El ministro estaba solo algunos pasos atrás con sus aurores.


La boda no duro mucho, solo hicieron cada uno los juramentos respectivos del mundo mágico. Al parecer el mismo Albus se los había dictado anteriormente al muchacho pues este ya sabía que tenía que decir.


Ambos se colocaron los anillos el uno al otro, Snape pudo sentir como el Gryffindor temblaba.

Era obvio que no quería esto. Y se odiaba por no poder negarse, si lo hacía volvería a Azkaban y aunque hubiera aceptado el sacrificio el mismo Dumbledore encontraría la manera de impedirlo.


La ausencia del beso se hizo presente, pero ninguna de las personas en el despacho objeto al respecto.


Luego de entregar los papeles anteriormente firmados por cada uno al ministro pudo escuchar como este se despedía del propio director.



- Bien, Severus. El día ha sido largo, será mejor que descanses y mañana resolveré cualquier duda que tengas, te lo prometo – El viejo hombre caminaba hacia la puerta, abriéndola. – Le he explicado ya a Harry la situación, así que sus cosas ya están en tu despacho. El sabe que debe dormir en tus aposentos, no tiene objeción con ello. Llévale contigo.



Conocía tan bien al anciano que sabía que no importaba que tantas preguntas y quejas tuviera al respecto, está noche no se dignaría a contestar nada.

Así que se puso en marcha viendo cómo el joven le seguía justo a su lado pero marcando distancia entre ambos.


El trayecto a las mazmorras fue reinado por un incómodo silencio, ninguno quería hablar.


Ni siquiera se sentía real lo que había sucedido tan solo unos minutos antes. Ni el hecho de que había estado en Azkaban hasta hace una hora.


Pero la atención del maestro de pociones se centraba en otra cosa.


¿Por qué el niño que vivió y venció, héroe del mundo mágico y que dicho sea de paso le odiaba con toda el alma había pedido que su abusador sexual, porque así se consideraba Severus en ese preciso momento, se casará con el para recuperar su… que? ¿Honor?


Aún con la manipulación de Albus no entendía porque el chico había accedido a casarse con el hombre que le había estado molestando desde que llegó a Hogwarts.


Y con aquellos pensamientos en su cabeza no se dio cuenta de que el muchacho ahora caminaba por delante de él.



- No quiero que me malinterprete, profesor. No estoy sintiendo una absurda atracción hacia usted, ni mucho menos un enamoramiento. Le he salvado porque usted me protegió de Voldemort el año pasado, le debía una. Sin embargo me veo en la necesidad de aclararle que fue el director el que termino por convencerme de esto. No espero nada de usted, no se preocupe.



Snape no se molestó en contestar, al igual que Potter tampoco volvió a hablar en lo que restaba del camino a lo que sería su nueva habitación durante los próximos años en Hogwarts.


Deberían aprender a tolerarse el uno al otro, al menos por el pequeño ser creciendo dentro del chico.



Al menos por el o ella.




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Aclaración: Se que ahora todo está muy confuso pero en los dos siguientes capítulos habrá una explicación de lo que sucedió entre el profesor y el alumno.