Sorpresas de la vida

All Rights Reserved ©

Summary

Eli ha sido destrozada por su ex al verle con otra. Poco a poco se dará cuenta que el tiempo pone todo en su lugar, y te traera lo que estaba destinado a ti. Vera que es posible volver a sentir ese nerviosismo y deseo por alguien que realmente te busca.

Genre
Erotica/Romance
Author
Ness
Status
Ongoing
Chapters
67
Rating
4.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Habían pasado ya más de 8 meses desde que dejé a Luis, cuando le encontré engañándome con su vecina.

Un día después del trabajo pasé por su casa, como era habitual, y al entrar en su piso los vi.

Tal cual abrí la puerta, la cerré de golpe al ver la escena. Con la mente a toda velocidad, bajé a por mi coche; solo quería desaparecer de allí, ni siquiera podía mirarle a la cara, de la furia que me recorría.

Luis salió corriendo detrás de mí sin camisa, pero me monté rápidamente en mi coche y me fui.

Desde ese momento corté todo contacto con él; me traicionó y es algo que no puedo perdonar, algo que él ya sabía.

Pasé por un infierno; seguía sin poder creer cómo me había engañado, o pensando en cuántas veces me había visto la cara de idiota. Con suerte, el paso de los meses ayudó y fui escondiendo todo en una pequeña caja, tanto en mi mente como en mi corazón. Al final, con el tiempo, dejó de doler su ausencia, sobre todo porque me di cuenta de que no me merecía nada de eso y, sobre todo, que valía mucho más.

Llegó el verano y pedí las vacaciones justo para que coincidieran con las fiestas del pueblo; allí me encontraría con mis amigas de toda la vida. Llevaba tiempo sin ir; se me había hecho difícil contarles lo de Luis; los últimos años había venido conmigo al pueblo y conocía a todos mis amigos. Sé que estarán de mi parte, pero enfrentarlas… es como volver a revivir todo.

Días antes recibí la llamada de Lucía.

—Eliiiii, ¿Qué tal? ¿Cómo vas? Nos vemos en unos días, ¿no?

—Hola, Luci, todo bien.

Comenzamos a hablar un poco de todo.

Preferí esperar a verla para contarle lo que pasó; al fin y al cabo, aunque nos habíamos distanciado, siempre será mi mejor amiga, pero cuando ella me preguntó por él, todo lo que creía cerrado y borrado me golpeó sin aviso y comencé a llorar.

—Eli, ¿Qué pasa? ¿Ha pasado algo con Luis?

Le conté toda la historia entre llantos.

Todo lo que había guardado lo saqué de dentro y me sentí mejor; ni siquiera sabía por qué lloraba realmente. ¿Por la pérdida de lo que creía que era amor? ¿Por la traición? ¿Por haberme distanciado de todos?

Lucía, como la gran amiga que es, escuchó todo en silencio y, al terminar, me soltó.

—¿Y te fuiste sin más? ¿Sin partirle la cara?

Me hizo reír como hacía tiempo que no hacía y ella me acompañó.

—Bueno, después de este drama, por el que quiero abofetearte por no contármelo, quería pedirte un favor.

—Tú dirás. —Limpié mis lágrimas sintiéndome más liviana.

—Un amigo de mi hermano va a venir al pueblo. Se han conocido en Inglaterra mientras trabajaban este verano y se han hecho muy buenos amigos. Lo que quería preguntarte es: ¿Podemos quedarnos estos días en tu casa?

—¿Tú y él? Y Nando. ¿No viene con vosotros? —Nando era el hermano mayor de Lucía; se llevaban 3 años, y sorprendentemente tenían una relación envidiable.

Lucía siempre le seguía a todas partes, así que imagino que se acostumbró a tenerla siempre cerca. Recordarla detrás de su hermano con 4 años me hizo sonreír.

—Tiene que terminar la semana, no le han dejado cogerse estos 3 días, así que él se quedará hasta el viernes y nosotros vamos a tu casa. Diego lleva fuera de España tiempo y quiere hacer algo de turismo.

—¿Cuándo llegaríais?

Supuse que Diego era el amigo de su hermano.

—Si te parece bien, esta tarde sobre las 7 estaremos allí; Diego está terminando de meter las cosas en el coche y tiramos para allá.

Terminamos de hablar cuando escuché la voz de un hombre llamarla. Así que me puse a recoger un poco la casa y a buscar el colchón hinchable por si nos hacía falta.

Mientras tanto, puse un poco de música.

Hay canciones que sanan el alma y es justo lo que necesitaba; contárselo todo a Lucía había hecho que el gran peso que tenía encima se desinflara por completo; ahora me reprendía a mí misma por no haberlo hecho antes.

Cuando estaba terminando de vestirme después de haberme dado una ducha que necesitaba para limpiarme tanto física como emocionalmente, escuché llamar a la puerta.

Al abrir, sentí cómo se abalanzaba para darme un gran abrazo. Su pelo me tapaba la cara mientras ella apoyaba su cabeza en mi cuello.

Yo solo podía sonreír; era como volver a tener 10 años, entre besos y saltitos.

Su abrazo me hizo sentir todo lo que en realidad nos habíamos echado de menos. Nos conocemos desde Infantil, hemos crecido juntas y esta es la temporada más larga sin vernos.

Cuando se separó, me di cuenta de que había alguien detrás de ella con una gorra. Ella señaló al chico y dijo.

—Eli, este es Diego; Diego, ella es Eli, mi muy amable amiga que nos deja quedarnos en su casa durante estos días —lo dijo con una sonrisa pícara.

No entendía por qué Lucía lo había dicho de aquella forma, pero Diego se acercó a darme 2 besos, que yo le devolví. Al separarnos, vi una mirada suspicaz en ella, esa mirada que ponía cuando pensaba en algo divertido, pero ahora no me lo iba a decir, así que no le di mayor importancia y les hice pasar hasta el salón.

Ella se sentó en el sillón, mientras Diego se sentaba en uno de los extremos del sofá. Me senté en el mismo sofá, pero en el lado opuesto, mirando a Lucía y, sin más, empezamos a hablar sin parar. Después de un largo rato, incluyo a Diego en la conversación.

La verdad, por un momento me había olvidado de él y me giré a mirarlo al escuchar contestar a la pregunta de Lucía.

No me había dado cuenta de lo guapo que era; no un guapo de revista, pero sí un aura que te hacía seguir mirándolo. Tenía una sonrisa preciosa y unos ojos negros que hipnotizaban.

Me di cuenta de que me quedé más tiempo del necesario mirándolo cuando sus ojos se encontraron con los míos. Sonrió y sentí que quería decirme algo, pero no lo hizo.

Después de que Diego nos contara cómo fue la experiencia de vivir y trabajar allí y de lo que había aprendido, bajó con Lucía a por las maletas que tenían en el coche mientras yo pedía unas pizzas.

Fui a la cocina a por algo de picoteo mientras esperábamos que llegara la cena, cuando sentí en mi espalda una mirada atravesarme. Dándome la vuelta, vi cómo me miraba Diego; sus ojos parecían haberse oscurecido más y su mirada era más intensa.

Se acercó cogiendo los vasos de mis manos con una sonrisa, pero sin apartar la mirada.

—Yo los llevo, ¿algo más? —Su voz había bajado un tono y yo quedé paralizada por unos segundos.

Negué con la cabeza nerviosa; su mirada había conseguido incomodarme, así que intenté adelantarme para ir al salón junto a Lucía, pero Diego no me dejó pasar.

Él inclinó su cabeza hacia un lado y yo hice lo mismo.

—¿Qué ocurre? —Pregunté nerviosa, pero con curiosidad.

—¿No vas a coger hielo?

De pronto me di cuenta de que me había olvidado de ellos. ¿Por qué me ponía nerviosa a su alrededor? Si nos conocíamos de hace unos minutos, ¿por qué me miraba así, tan intrigado?

Cuando por fin los cogí, los puse en un cuenco, y volvió a preguntarme.

—¿Algo más?

—No, ya está todo. —Forcé una sonrisa que no enmascaraba mi nerviosismo.

Cuando iba a pasar por su lado, volvió a interponerse, y eso hizo que le mirara directamente a los ojos. Mantuvimos el contacto visual durante un instante en el que me sentí inquieta de nuevo y después me preguntó.

—¿Te pongo nerviosa?

La verdad era que sí, pero me negaba a admitirlo, así que, sacando confianza de dentro, puse mi mejor sonrisa y negué con la cabeza.

—¿Por qué habría de ponerme nerviosa? Nos acabamos de conocer.

No entendía por qué realmente me ponía así; era algo que sentía, como si debiese tener cuidado de él.

Diego bajó la cabeza y me dejó paso, siguiéndome hasta el salón.

—¿Estabais fabricando los hielos? —Lucía nos mira riendo.

Sonreí, no quería darle más importancia de la que tenía esta situación.

Empezamos a beber y, cuando llegaron las pizzas, fue Lucía la que se ofreció a ir a por ellas.

Notaba cómo Diego me miraba y eso me estaba poniendo cardíaca, así que gracias al alcohol me envalentoné y me giré hacia su dirección.

—¡Me vas a hacer un agujero en la cabeza de tanto mirarme!

Diego sonrió y me contestó.

—¿No puedo? Me gusta lo que veo. Creo que detrás de tu apariencia tranquila se esconde una fiera.

No esperaba su respuesta, y dejé caer mi mandíbula incrédula de su chulería.

Me sonrió y pasó su mano por mi mejilla; el contacto hizo que reaccionara alejándome y dejó de sonreír.

—Siento si he sido muy directo.

Se separó de mí y esperó a que llegara Lucía con las pizzas.

Ella debió de sentir cómo había cambiado el ambiente, pero con su desparpajo y gracia volvió a crear un ambiente agradable. Diego no había vuelto a hacer nada raro y se comportaba de forma cordial, cosa que internamente agradecí.

Al terminarse las cervezas, decidimos irnos a dormir; pasé primero por el baño y allí se unió Lucía a mí.

—¿Estás bien?

Asentí. —¿Por qué no lo estaría? —Pregunté mientras me lavaba los dientes.

Me miró en el reflejo del cristal. —¿Ha sido Diego muy intenso?

Le devolví la mirada frunciendo el ceño; se había dado cuenta, así que no era solo cosa mía.

—Mira, Eli, tengo que decirte algo. —Continúo mirándome a través del cristal. —Diego, ya sabía de ti.

La miré sorprendida; luego, alcé una ceja en señal de que quería una explicación.

Me di la vuelta, haciendo que dirigiera su vista del espejo hacia mí. Antes de siquiera poder abrir la boca, ella empezó a ametrallarme con respuestas de preguntas que aún no había formulado.

Se sentó en la tapa del váter y me miró un poco avergonzada.

—Cuando llegó Nando de Londres, vino con Diego; se ha estado quedando en casa este tiempo; la verdad es que es como tener un segundo hermano. Un día estaba enseñándole fotos de cuando éramos más jóvenes y, al pasar por nuestra foto en los girasoles, me hizo parar. Me quitó el móvil de las manos para verla más de cerca y me preguntó quién eras. Al devolverme el móvil, yo le conté sobre ti y, al ver que ponía tanto interés, tuve que preguntarle por qué tanta pregunta.

Asentí, animándola a seguir.

—Me dijo con una sonrisa que le habías gustado, volvió a cogerme el móvil para volver a mirar tu foto. En ese momento le dije que tenías novio; aún no sabía lo de Luis, y vi cómo algo le golpeó desde dentro. Le cambió la cara en un momento. Esta mañana, cuando te he llamado y ha oído nuestra conversación, he visto cómo ha reaccionado. Su mirada era decidida, pero no sabía que reaccionaría así ante ti.

Escuché todo sin ni siquiera respirar; cuando mi cerebro procesó toda la nueva información, la cogí de las manos.

—No me estás vacilando, ¿verdad?

Negó con la cabeza algo avergonzada, algo poco común en ella.

—Lucía, no pasa nada, ¿pero de veras crees que a mí me interesa ahora mismo tener algo? Además, nos acabamos de conocer, me parece un poco raro.

Me miró a los ojos, vi algo que brillaba en su mirada y sabía que me estaba ocultando algo, pero por lo que parecía no podía contar. Después se relajó como si supiera que lo había comprendido y me contestó.

—¿Por qué no? Lo de Luis fue hace tiempo y fue un cabrón. ¿Por qué no divertirte? Déjate llevar, a Diego le gustas y, por cómo te mira, no solo quiere cogerte de la mano.

Soltó una carcajada sonora que me hizo sonreír.

Era inevitable; sus cambios de ánimo eran arrolladores y, en parte, tenía cierta razón.