VIRGIN - KOOKMIN BOYPUSSY

Summary

Jimin solo quería que su papi Jeongguk lo desvirgara... * PSEUDO INCESTO, jungkook es PADRASTRO de jimin * boypussy, chico con vagina * lenguaje MUY explícito y exagerado (te puede dar cringe) * sexo poco realista * diferencia de edad (jimin 19 y jk 40) * relación padrastro - hijastro * no acepto copias, ni adaptaciones, ni nada parecido. * no apto para menores de edad, contenido explícito y sin filtros. Si no te gusta NO LEAS!!!

Status
Complete
Chapters
2
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Take away my innocence, daddy

Jimin subió corriendo a su habitación con sus piernitas temblando de la emoción y los nervios. Se escondió bajo las sábanas luego de cerrar su puerta y se tapó la boca para acallar su grito de emoción. Hace tan solo unos instantes, había besado a su padrastro, de quien llevaba enamorado desde hace un año, cuando este se había casado sorpresivamente con su madre.


Lo mejor es que había sido el mayor quién se había atrevido a dar el primer paso, plantando un beso suave en sus labios mullidos que lo había hecho flotar por las nubes.


Unos momentos atrás


—¡Jeongguk! —Jimin llamó a su padrastro cuando, tratando de hacerse un emparedado, había encontrado el pan hasta arriba de la alacena, en donde su pequeña estatura no podía alcanzar.


El azabache apareció poco tiempo después de escuchar a su hijastro llamarlo con tanta insistencia, sintiendo su cordura fallar al encontrarse con la pecaminosa imagen del menor parado de puntillas tratando de alcanzar la bolsa de pan. Con sus brazos levantados, fue extremadamente fácil que su suéter oversized se levantara, dejando ver los grandes muslos y apetecible trasero apenas cubiertos por un diminuto short negro. Trató de recomponerse lo más que pudo para poder hablar coherentemente, pero con el tremendo cuerpo y carita de ángel de su hijastro era difícil controlarse.


—¿Qué pasó cariño? ¿Todo está bien? —Preguntó de la manera más calmada posible, entrando a la alacena hasta estar unos centímetros detrás del rubio.


Pudo percibir el momento exacto en el que un escalofrío recorrió toda la espalda del menor, y su respiración se entrecortó. No pudo evitar sentir un sentimiento de orgullo llenarlo, pues sabía el efecto que tenía en el pequeño.


—E-es que... el pan está muy alto, ¡no lo alcanzo! —Jimin puchereó frustrado, girando su rostro hasta encarar al mayor.


—Oh mi amor... —Jeongguk murmuró suavemente, acariciando lentamente el labio inferior de su niño, sin poder despegar su vista de tan hermoso rostro —con gusto te ayudo, déjame levantarte —Se ofreció amablemente, admirando el sonrojo de jimin extenderse por todo su rostro.


Con sus manos grandes y fuertes, tomó ambos muslos regordetes y alzó al rubio en el aire, usando su pecho como apoyo, en donde el culo perfecto y redondo del menor quedó posicionado. El bajito alcanzó el pan con un sonrojo pronunciado en sus mejillas, volviendo a tocar el suelo con sus pies no mucho después.


—G-gracias jeonggukie, has sido muy amable—murmuró girándose en dirección al más alto, con una sonrisa tímida en su boquita


—No hay de qué bebé, ¿necesitas algo más? —Jeongguk se acercó lentamente al más pequeño, hasta tenerlo acorralado entre su cuerpo y la estantería a sus espaldas.


Jimin abrazó la bolsa de pan entre sus brazos y negó adorablemente, sin embargo, sus ojos se desviaron por un momento a la boca del azabache, quién notó la acción de inmediato.


Jeon sonrió lascivo al presenciar la mirada asustadiza de su hijastro al darse cuenta de lo que había hecho. Cada pequeña acción que su pequeño hacía, por más mínima que fuera, lo invitaba a pecar, y estaba cada vez más cerca de perder la cordura.


No podía negar que ese pequeño de cabello rubio lo traía completamente loco. Desde que lo había visto por primera vez, cuando se casó con su madre por asuntos de negocios, había pensado que era el chico más hermoso que jamás hubiese tenido la dicha de conocer, y aunque había intentado tomar una figura paterna para el, en ese entonces, joven de 18 años, se le había hecho completamente imposible. No podía tomar el rol de un padre con un pequeño que le generaba un deseo incontrolable, con esa carita angelical, ese cuerpo tan sublime y curvilíneo que siempre era cubierto con suéteres anchos de estampados infantiles, y esa personalidad tan tímida y adorable. Simplemente perfecto.


Viendo lo receptivo que se encontraba el rubio, con sus ojitos brillosos y sus dientes mordiendo su labio en un claro gesto de anticipación, se acercó lentamente al rostro de querubín, y sin retrasar más lo inevitable, se lanzó a besar suavemente los labios de su hijastro.


Se sintió como la gloria, y con cuidado de no asustar al menor, tomó su nuca y profundizó el beso ligeramente, sonsacándole un jadeo al lindo rubio. La bolsa de pan se resbaló entre sus cuerpos, y cuando impactó suavemente con los pies del menor, este se sobresaltó y se separó del beso, viéndolo con ojitos de cervatillo asustado. Antes de que el azabache pudiera pronunciar palabra alguna, el menor se escabulló entre su cuerpo y la estantería, y salió corriendo de la alacena, dejándolo solo con las palabras en la boca.


presente


Se sintió abochornado y caliente cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por un hormigueo en su coñito y la abundante humedad que mojaba sus braguitas celestes de seda. Gimió de la manera más suave y aguda al darse cuenta de lo caliente que se encontraba, y era todo gracias a ese efímero beso entre él y su padrastro.


Como era costumbre, dirigió su manita a su coñito aún cubierto por la tela de su ropa interior y shorts de dormir, comenzando a frotar su clítoris lentamente, pensando en su padrastro y como sería que él le tocara y descubriera con besos y lamidas su flor virgen. Un gemido más alto se escapó de sus belfos de miel, y con urgencia, retiró toda su ropa de cintura para abajo, conservando su gran sudadera de color rosa palo. Sus deditos gorditos frotaron con más ímpetu su bolita de placer, tomando de su mismo lubricante natural para hacer los frotes más suaves y resbaladizos.


Se tumbó en el colchón, y con descaro, abrió sus piernas de par en par, cubriendo con su antebrazo su boca para acallar sus gemidos, y utilizando su mano libre para continuar con los frotes. Cada vez se humedecía más y más, a tal punto que su flujo se escurrió hasta mojar sus sábanas y formar una mancha blanquecina.


Se enfocó tanto en su placer, que no tomó en cuenta la forma en la que había escapado del mayor, y que este, muy probablemente, iría a su habitación a aclarar las cosas.


Eso fue exactamente lo que sucedió.


Jeongguk se había quedado en la alacena pensando en todo lo que había sucedido, y como, en su mente, había arruinado todo con su hijastro. Luego de unos largos minutos de pensar como remendar su error, subió hasta el cuarto de jimin con la intención de disculparse. Sin embargo, mientras más se acercaba, más podía percibir el sonido de suaves... gemidos. Sonaba como la absoluta gloria, así que con cautela se acercó hasta que su oído estuvo contra la puerta, escuchando de manera más clara los suaves y agudos gemidos del chico, sintiéndose caliente de inmediato.


Quiso confirmar que esos gemidos eran a causa suya, y el beso que se habían dado hace tan solo unos minutos en la alacena, por lo que, suavemente, tocó la puerta del chico, esperando respuesta.


Jimin se sobresaltó al escuchar los pequeños toques en la puerta, incorporándose en el colchón y quitando su manita rápidamente de sus partesitas de princesa empapadas. Se tapó hasta la cintura con las sábanas de su cama y rápidamente limpió su manita llena de sus propios fluidos. Finalmente, con la voz más estable que pudo, contestó: —¿S-si?


—Jimin, cariño, ¿podrías abrirle la puerta a papi Jeongguk? —Jeon pronunció con la voz ronca y aterciopelada, esperando por una respuesta.


Jimin escuchó a través de la puerta de su habitación, sintiendo un escalofrío recorrerle desde la espina dorsal hasta su lindo clítoris hinchado, sintiendo su respiración fallar al escuchar el tono de voz y la palabra que jeon había utilizado. Jamás le había vuelto a llamar "papi" a jeon desde que este había tenido una terrible erección en sus pantalones gracias a la frase, y él lo había notado, dejando de llamarle así por el bien de la relación de ambos. Sin embargo, escuchar como jeongguk le hablaba a través de la puerta y utilizaba esas palabras melosa, le hizo humedecerse aún más, conteniendo el pecaminoso gemido que se había formado desde el fondo de su garganta.


—Y-yo...está sin llave jeongguk, puedes pasar—Jimin dijo con nerviosismo, sabiendo que si se paraba, caería inmediatamente al suelo a causa de sus temblorosas piernas.


El azabache abrió lentamente la puerta, encontrándose con la adorable y tentadora imagen de un jimin sonrojado con las sábanas cubriendo toda su parte baja, sosteniendo estas con sus manos temblorosas.


La habitación se sentía pesada de calor y un aroma exquisito a excitación y lujuria inundaba el aire, dándole entender al mayor que jimin había estado jugando con sigo mismo. Lentamente se acercó a la orilla de la cama del rubio, y se sentó suavemente, haciendo a jimin encogerse aún más en su sitio.


—Bebé, no estés nervioso —Jeon trató de transmitirle calma al chiquillo, acariciando su mejilla suavemente.


Eso pareció calmar al rubio, pues se inclinó suavemente contra su toque como un gatito en busca de afecto. Trató de hacer contacto visual, y de inmediato, los ojitos azules de su hijastro le devolvieron una mirada suave y aún algo tensa, por lo que con delicadeza, se acercó para plantar un suave beso en la adorable naricita de botón. Jimin pareció olvidar todo tipo de nerviosismo en ese momento, y espero para ver que era lo que jeon tenía que decir.


—Amor, ¿qué hacías antes de que tocara la puerta? —Preguntó, directo y lascivo, acariciando el gordito labio inferior del rubio con su pulgar, bajando lentamente hasta su mentón.


—E-eeh y-yo... n-no, n-nada Jeonggukie —Jimin cortó el contacto visual ante esa pregunta, inundándose en un sonrojo carmín que coloreó hasta sus hombros.


—Cariño, vamos, te escuché... ¿es que acaso tiene que ver con lo que pasó allá abajo con papi? —el azabache cuestionó descarado y sin pudor, acorralando a jimin poco a poco entre su cuerpo y la cabecera de la cama.


El menor jadeó suavemente al tener al mayor casi encima suya, sintiendo sus ojos lagrimear y su conchita más húmeda que nunca, sintiendo la urgencia de tocarse hasta aliviar su calentura. Todo su mundo se vino abajo cuando el azabache volvió a plantar sus labios contra los suyos, solamente que esta vez, fue mucho más profundo y candente, haciéndole olvidar cualquier pena y nerviosismo que hubiese tenido antes.


Sin ser exactamente tímido (como lo era normalmente) tomó el cuello de su padrastro y profundizó el beso aún más, sintiendo como las manos fuertes del azabache apretaban su cintura con lujuria. Para ese punto, su vagina se encontraba totalmente empapada y palpitante de la excitación, aún cubierta por las sábanas y todavía siendo

un secreto para su padrastro. No sabía cómo o si las cosas escalarían, solo esperaba que si su padrastro llegaba a ver su vagina no fuera malo con él, pues le dolería de sobremanera.


Jeongguk dejó los labios mullidos del rubio atrás para concentrarse en su cuello, besando y dejando marcas rojizas en toda la piel clara del área. Siguió bajando con sus besos hasta que la sudadera le resultó demasiado incómoda para continuar con su trabajo, entonces, se incorporó nuevamente en la cama.


—¿Quieres continuar, jimin? —Jeongguk preguntó cauteloso y serio, cayendo en cuenta de lo que estaba a punto de hacer.


Sabía que una vez la sudadera el menor estuviese fuera, no habría vuelta atrás, y quería obtener el 'si' de su hijastro para continuar con cualquier cosa.


—S-si ggukie, por favor... —Jimin suplicó con ojitos necesitados, moliendo su labio inferior entre sus dientes gracias a la excitación y los nervios que recorrían todo su cuerpo.


Jeongguk continuó entonces con un asentimiento, retirando la gran sudadera de su hijastro y dejándolo completamente desnudo, apenas siendo cubierto por las sábanas de su cama de las caderas para abajo. Admiró la obra de arte que era el cuerpo del menor, con esa cintura tan delicada y fina, esos pezones de color rosa tan suaves y pequeños, y los hombros suaves y estrechos, era tal y como lo había imaginado. Sus manos recorrieron toda la piel a su alcance mientras jimin gemía agudamente, disfrutando de un toque que había añorado por demasiado tiempo.


Jeongguk recostó el cuerpo más pequeño suavemente en el colchón, levantándose para poder desnudarse en frente del chico. Retiró sus prendas, vistiendo solamente con unos bóxer ajustados que marcaban su gran miembro de manera deliciosa. Jimin jadeó al admirar esa imagen, calentándose aún más con el cuerpo de Dios griego de su padrastro casi denudo exhibiéndose frente a él.


El azabache no perdió más el tiempo, volvió a sentarse a la orilla de la cama, y con una mirada llena de confianza por parte de jimin, retiró lentamente las sábanas de sus caderas, exponiendo por completo ese cuerpo que estaba comenzando a amar. Cuando las sábanas estuvieron fuera, dejando el cuerpo del rubio al desnudo, esperó ver un pene, uno pequeño, pero un pene. Jamás esperó encontrarse con un coño, un adorable coñito totalmente lampiño, rosado y empapado a más no poder, tan gordito y tierno como un mochi de fresa relleno. Además, en las sábanas bajo su cuerpo se extendía una mancha húmeda y blanquecina, demostrando con ese viscoso fluido la excitación del rubio. Su respiración se cortó por un minuto, y con sorpresa, levantó la mirada, encarando a jimin, quien tenía los ojitos llorosos.


—J-jeonggukie p-por favor no me hagas sentir mal, entiendo si no te gusta pero, no me digas n-nada —Jiminnie sollozó suavemente, sintiendo pánico reemplazar toda la excitación en su cuerpo.


Rápidamente, sus manitas taparon su linda conchita, apenado a más no poder.


—¿Qué? —el azabache preguntó incrédulo —Cariño, ¿estás hablando en serio?—Cuestionó levemente ofendido, sin poder creer que su lindo niño estuviese llorando de pánico creyendo que no le había gustado.


La carita del rubiecito se llenó de confusión, y jeongguk notó eso de inmediato. Con cuidado, retiró las manitas del monte de venus de jimin, admirando nuevamente la preciosa vagina regordeta y rosadita.


—Amor, tu vaginita me fascina —Halagó lascivo, acariciando el abultado monte de venus con su dedo pulgar, deleitándose con la obra de arte que era ese pequeño coñito— es la vagina más linda y exquisita que he visto jamás, me has sorprendido de una grata manera —Sonrió socarrón, bajando su dedo lentamente hasta el clítoris palpitante del chico, sonsacándole un agudo gemido.


Jimin sonrió ante las palabras de su padrastro, sintiendo como la excitación volvía a recorrerlo al sentir el dedo de jeon encima de su bolita de placer, presionando suavemente y haciéndole delirar.


—¿E-en serio si te gusta? —Quiso confirmar una última vez, abriendo sus piernas cada vez un poco más, ansioso de sentir más.


—Mhm me fascina amor... ahora, ¿qué tal si me dejas probarla? Tengo tantas ganas de saborearte bebé — Con lasicivia y deseo, pidió permiso para poder degustar tal tesoro, sintiendo como su polla se endurecía solo con pensar en enterrar su rostro entre esos muslos tan rellenos y tentadores.


—Mgh~ s-si papi, ¡quiero que la pruebes! —Jimin confesó lujurioso, la adrenalina y excitación pura nublando su mente.


—Ah mi amor, así me gusta, que seas tan bien portado con papi. Te mereces que te coma muy rico cariño —El azabache siguió el sucio juego de su hijastro, acomodándose en medio de las piernas abiertas de este para comer ese coñito como era debido, como su niño se lo merecía.


Sin pensarlo dos veces, hundió su rostro en medio de ese sueño de piernas, tomando los muslos firmemente entre sus pesadas manos. Jimin gritó de la excitación cuando su lengua lamió el clítoris rosado e hinchado, tomando su cabello azabache desordenadamente entre sus manitas, tratando de mantener la cordura.


Él se deleitó con el sabor y aroma de las partesitas privadas de su niño, lamiendo con más ímpetu desde el agujero de la vagina hasta el final del clitoris, sintiendo los suaves pliegues rosados derretirse como mantequilla contra su lengua. El sabor era exquisito, y el aroma que inundaba sus fosas nasales era divino, tan dulce y almizclado. Comió deliciosamente al rubio por varios minutos, sin poder despegarse de tal preciosura. Los labios exteriores de ese coño eran tan rechonchos y rosados que escondían perfectamente los delicados pliegues interiores. La pequeña capuchita del clitty, tan rosada y fina, era lo único que sobresalía entre esos gorditos labios que se asemejaban a un mochi.


Jimin se sentía desfallecer, experimentando sensaciones que jamás había tenido antes. Siempre se imaginó al azabache comiéndose su coñito, se masturbó incontables noches pensando en él viniéndose con el mayor entre sus piernas, pero jamás se imagino que fuese a ser tan exquisito y devastador como lo estaba siendo. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás, dejando salir agudos gemidos mientras su clitty era chupado y sus pliegues eran devorados por la experta boca de su padrastro. En cierto momento, pudo sentir la lengua insistente del azabache haciéndose paso en su virgen agujero, y eso lo asustó un poco, por lo que se tensó al rededor de la lengua del mayor y soltó un gemidito nervioso.


—Bebé, relájate, ¿si? No te haré daño —Jeon se separó suavemente del coñito empapado, dejando dulces besos por encima, sin ser consciente de que el rubio era virgen.


Jimin obedeció a su mayor, tratando de relajarse cuando este volvió a hundir la lengua en su agujero, sintiendo una pequeña punzada de ardor, pero también demasiada excitación, gimiendo agudamente cuando los embistes de la lengua se volvieron continuos y cada vez más ricos y profundos. Las manos de jeon se posaron ahora en su cintura, dejando sus muslos encima de sus fornidos hombros mientras los embistes y lametones en su vagina se hacían cada vez más desastrosos y excitantes.


—¡P-papi papi! Ya n-no lo aguanto~ me voy a venir —Jimin chilló luego de largos minutos en los que el calor se acumuló en su vientre, sintiendo como el calor estaba a punto de disiparse en todo el rostro de su padrastro.


—Vente para mí, cosita linda —Jeon ordenó, saboreando el delicioso flujo blanquecino y viscoso que salía a borbotones de la vaginita rosada —Vente en la cara de papi —suplicó con lujuria, admirando el bello desastre en el que se había convertido la conchita del rubio, toda empapada con saliva y flujo y de un color rosado profundo, tan hermosa y deliciosa.


Jimin gimió mientras su respiración se entrecortaba, concentrándose en llegar a su orgasmo mientras admiraba la manera en la que jeon le devoraba su conchita. La pecaminosa imagen más la deliciosa estimulación en su linda vaginita fue suficiente para llegar a su orgasmo, pero esta vez, fue diferente a todas las anteriores.


—A-AAH G-GGUKIE, ¡S-SE SIENTE DELICIOSO!—El rubio gritó cuando de su precioso coñito salió un pequeño chorrito transparente, empapando el rostro de su padrastro y haciendo de su orgasmo 10 veces más fuerte y devastador que de costumbre.


El lindo chorrito se disipó lentamente, mojando el colchón y dejando un rastro de gotitas por todo su abdomen y monte de venus. Exhausto, cerró sus ojos y la tensión en sus extremidades se liberó, respirando entrecortado y con lágrimas en las esquinas de sus ojos. Jeon admiró a jimin devastado luego de ese arrollador orgasmo, con su coño tan bien comido y su piel sonrojada y sudada. Supuso que por la reacción de jimin, era el primer squirt que hacía, y de inmediato se sintió orgulloso, pasando su dedo suavemente encima de la bolita rosada que le daba tanto placer al pequeño cuerpo de su hijastro. En su boca perduraba el sabor tan exquisito de jimin, saboreándose una vez más al recordar que hace tan solo unos segundos había estado enterrado en medio de esos deliciosos muslos.


Poco a poco, jeon se acercó a jimin, quien mantenía sus ojitos cerrados y su respiración ya se estaba calmando. Suavemente, plantó un beso en los labios mullidos e hinchados del rubio, siendo correspondido de inmediato. Se besaron suavemente por unos cuantos minutos, separándose al poco tiempo y viéndose a los ojos.


Jeon picó una de las mejillas sonrosadas de jimin y este sonrió, sintiendo su sonrojo hacerse más prominente.


—¿Tu primer squirt mi amor? —Jeongguk rompió el hielo con una sonrisa ladina, depositando besitos en toda la piel de las mejillas del menor.


—¿M-mi primer qué? —Minnie preguntó confundido, desconociendo el significado de la palabra que jeon acababa de decir.


—Squirt bebé, el chorrito que me salpicó todo el rostro — Aclaró socarrón, rememorando lujurioso la manera tan sexy en que jimin se había venido en su cara.


Gracias a como había reaccionado el rubio, entendía que, efectivamente, era su primera vez haciendo uno de esos.


Jimin se sonrojó a más no poder, tratando de ocultar su rostro entre sus manitas. Cuando había sucedido, se había sentido exquisito, algo que jamás había sentido, y ver como su excitación mojaba el rostro de su padrastro había hecho todo aún más caliente.


—S-si, es la primera vez que hago uno —Jimin confesó, sintiendo los labios del mayor nuevamente en su cuerpo, dejando besos dulces y suaves por todo su torso y abdomen.


—Bueno bebé, creo que fue suficiente para dilatarte, es hora de divertirnos un poco más —Jeongguk incitó con lujuria, volviendo a posicionarse en medio de las piernas del menor, presionando su paquete aún cubierto por el bóxer contra la deliciosa vagina un par de veces, simulando embistes.


Jimin se sonrojó e inevitablemente se puso nervioso, pues era su primera vez. Creyó que tal vez habría un poco más de preparación, pero al notar que jeon no tenía planes de eso, se limitó a pensar que él sabría que hacer pues era quien tenía más experiencia.


—¿Dónde tienes tus condones Minnie? —Preguntó, apoyando sus brazos en la cama mientras sus labios repartían besos en todo el cuello de su hijastro, haciéndolo jadear.


—N-no tengo ggukie


—¿Qué? Bebé no podemos hacerlo sin condón, ¿cómo es que tienes sexo si no tienes condones? —jeon preguntó confundido, utilizando un tono dulce y calmado con su hijastro, pues no quería que pensara que estaba enojado de ninguna manera.


—N-no ggukie es q-que... yo no tengo sexo —Jimin confesó confundido, creyendo erróneamente que jeongguk sabría que él era virgen.


—¿Qué?— El azabache se incorporó en sus brazos, observando fijamente a jimin con sospresa.


—Ggukie y-yo soy virgen, todavía no he tenido sexo —Aclaró, entendiendo hasta ese punto que jeon no tenía idea de su virginidad.


—Oh amor... —Jeon entonces lo entendió todo, sintiéndose especial por ser él quien estaba a punto de desvirgar al rubio —Mi amor, entiendo todo ahora... te aseguro que te haré sentir muy bien bebé, desvirgaré tu linda vaginita como te lo mereces


Jimin sintió su conchita hormiguear ante esas palabras, emocionado a más no poder. Su lindo coñito virgen sería tratado como tanto había soñado, y por fin su fantasía de ser desvirgado por jeongguk se cumpliría. Gracias a la excitación y emoción, otra descarga de flujo blanquecino y espeso se escurrió por su conchita a borbotones, haciéndole gemir agudamente mientras sus ojitos celestes aún hacían contacto visual con los marrones del mayor.


La mirada de jeon se desvió de los bellos ojos celestes de su hijastro a la hermosa obra de arte que era su vagina, deleitándose con tan perfecta imagen de la linda concha regordeta dejando salir esos fluidos de pura excitación. Con la nueva información de que jimin era virgen, decidió que le haría una preparación minuciosa para no lastimar esa bella vaginita tan gordita y delicada.


Con delicadeza, tomó primeramente el clítoris rosado del rubio entre sus dedos índice y pulgar, comenzando a pinchar la linda bolita de placer entre ambos dedos, de forma suave y delicada, sonsacándole gemidos a su niño. Con su mano libre, comenzó a dar caricias suaves y sensuales entre los labios interiores de la conchita sensible, acercando su dedo medio cada vez más al lindo agujero estrecho que se contraía suavemente en el aire, levemente dilatado gracias al orgasmo anterior. Con extrema delicadeza, comenzó a introducir su largo dedo medio en el cálido y apretado agujero virgen, escuchando los quejidos de incomodidad del rubio. Sus ojos no se podían despegar de la conchita que tragaba su dedo con tanta facilidad, por lo que para calmar al chico, apretó más fuerte la bolita de nervios aún entre sus dedos índice y pulgar, haciendo que el chico gritara de la excitación.


Jimin sintió una sensación de alivio cuando el dedo medio de su padrastro estuvo metido hasta adentro de él, sintiendo un leve ardor pero nada significativo, pues su coñito era increíble para lubricar, mojándolo perfectamente bien cada que estaba excitado.


De sus labios se derramó un largo y agudo gemido cuando el dedo grueso y largo del azabache comenzó con un movimiento suave de arriba a abajo dentro de su vagina, acariciando perfectamente su punto g. Sus ojos lagrimearon cuando jeon comenzó a introducir un segundo dedo, tratando de dilatarlo de la manera más suave y placentera posible.


Jeongguk no pudo perderse la imagen de la linda conchita de jimin recibiendo sus dos dedos tan bien. Se veía tan bonita dilatada alrededor de sus falanges, contrayéndose suavemente y succionando sus dedos más profundo, haciéndole el trabajo de la dilatación demasiado sencillo. Con delicadeza, introdujo un tercer dedo al admirar como el flujo de jimin se escurría entre sus dedos, mojando toda su mano. Esta vez se aseguró de estimular el clitty rosa con con tres de sus dedos, y se inclinó para besar suavemente los labios del rubio, frotando la pequeña bolita de placer de un lado al otro una y otra vez.


Jimin chilló nervioso al sentir el ardor del tercer dedo dilatando su coño, tratando de concentrarse solamente en el placer para olvidar las punzadas de dolor en su interior. Sus manitas se aferraron a la espalda de jeon mientras este le besaba los labios, distrayéndolo del dolor con frotes rápidos en su clítoris mojado. El tercer dedo entró por fin hasta el fondo luego de un poco de dificultad, y el azabache volvió a incorporarse para admirar sus tres dedos enterrados en el coñito lampiño de su hijastro, con el flujo aún escurriendo por sus dedos.


Jimin tuvo dificultad para acostumbrarse a ese nivel de dilatación, pues jamás había tenido más de un dedo dentro suyo, y sus pequeños falanges no se podían comparar con los gruesos y largos de jeon. Se sentía muy bien, pero al mismo tiempo su agujero escocía y se sentía estirado. Todo cambió cuando el mayor continuó con el movimiento de arriba a abajo dentro de su coño, y si con un dedo se había sentido increíble, con tres se sintió como la puta gloria, haciéndole gemir y cerrar sus ojos ante la sensación.


El azabache admiró la mueca de puro placer de jimin, con sus ojos fuertemente cerrados, sus cejas fruncidas y su linda boquita abierta, dejando salir esos preciosos sonidos que lo ponían tan caliente. Se concentró en el movimiento para calentar y hacer disfrutar a jimin, y luego de un largo rato, comenzó un delicioso y lento mete-saca, para dilatar lo más posible el lindo coñito virgen.


—¿Te gusta bebé? ¿Sientes mis dedos estirando tu linda conchita? —jeon preguntó lujurioso, sin saber si admirar la regordeta concha receptiva y húmeda de su niño, o su linda carita angelical retorcida en una mueca de puro extasis.


—S-si papi, me gusta mucho~ ¡quiero m-más rápido!—El rubio suplicó chorreando de flujo, con los ojos entreabiertos y nublados tratando de enfocar en los ojos del mayor.


Jeon sonrió socarrón, y con todo el gusto, comenzó con embistes más rápidos dentro y fuera del agujero, haciendo que el fluido blanquecino salpicara por todos lados, creando un delicioso sonido de chapoteo.


Jimin chilló del placer ante la sensación de esos dedos largos penetrando sus lindas partesitas privadas una y otra vez, relajando su agujero virgen cada vez más, dejándolo listo para lo que vendría luego. Lo que terminó por acabar con su cordura fueron los dedos de la otra mano de jeon dirigiéndose a su clítoris nuevamente, frotando con ímpetu de un lado al otro, acercándolo cada vez más y más a su segundo orgasmo.


—P-papi papi, ¡m-me vengo otra vez! M-más rápido, ¡más! —Jimin rogó desesperado, abriendo sus piernas aún más para sentir los dedos del mayor de manera más clara.


—Cariño, ¿te vas a venir otra vez? —Jeon preguntó socarrón, sin parar con los movimientos de sus manos ni por un segundo. El lindo rubio asintió desesperado, apretando con sus manitas las sábanas de la cama. —Hazlo mi amor. Vente para mí, demuéstrale a tu papi lo mucho que te gustan sus dedos en tu coño.


El rubio chilló ante las lascivas palabras del azabache, y sin poder evitarlo, volvió a correrse con un grito desesperado que resonó en las cuatro paredes de la habitación.


—¡A-aah~! ¡papi, se siente m-muy rico!


Su coñito volvió a soltar los lindos chorritos que lo hacían delirar, mojando todo su abdomen y las manos del azabache. El mayor alargó el orgasmo de su niño lo más posible, frotando hasta que el último espasmo atacó el cuerpo de jimin y las últimas gotitas de squirt se escurrieron por sus manos.


Jimin suspiró exhausto al sentir los dedos del mayor abandonar su conchita, sintiendo un delicioso hormigueo desde su clítoris hasta lo más profundo de su interior. Se sentía derrotado, sin embargo, quería continuar. Al abrir sus ojitos se encontró con la excitante y deliciosa imagen de jeon admirando su coño mientras masturbaba su gran polla ya fuera de sus boxers. Jimin se sorprendió al ver el tamaño de jeon, miedo y excitación en partes iguales inundando su ser por saber que esa gorda verga era la que iba a quitarle la virginidad en unos momentos.


Jeongguk había sentido su polla dar un tirón entre sus boxers cuando sus dedos abandonaron la dilatada y húmeda conchita de su hijastro. Le fue inevitable sacársela y comenzar a masturbarse, con tan sólo la imagen de la perfecta vagina bien dilatada y relajada, aún contrayéndose en el aire, imaginando que el lindo agujero se contraía así alrededor de su polla. Ya no aguantaba las ganas de enterrarle la verga a su jimin en ese delicioso coñito caliente y desvirgarlo como era debido.


Poco a poco se acercó, hasta que su pelvis estuvo contra la de jimin. Sus testículos quedaron apoyados en el gran culo de su hijastro y su polla, larga y gruesa, quedó apoyada en el monte de venus y el abdomen. Jimin sollozó excitado al ver como la polla de su padrastro llegaba hasta su abdomen, imaginando que en poco tiempo, estaría adentro de él.


—Amor, ¿estás listo? —Jeon preguntó de manera delicada, frotando todo el largo de su dura polla lentamente con el clítoris del rubio.


—S-si papi, quiero que lo hagas ya, estoy muy emocionado —Jimin no pudo evitar sonar feliz e hiperventilado, sintiendo cosquillas en su abdomen por lo que estaba a punto de pasar.


Había soñado demasiado con ese momento, con su padrastro en medio de sus piernas, quitándole su virginidad, siendo su primera vez.


—Está bien bebé. Puede que al principio duela, no te voy a mentir —advirtió con amor, alejándose lo suficiente como para que el glande hinchado de su polla pudiese entrar en el agujero virgen.


Jimin se asustó levemente por las palabras del mayor. Si había escuchado que la primera vez dolía y se sentía raro, pero estaba dispuesto a soportarlo si era jeon quien se lo hacía, quien le quitaba la inocencia.


—Te prometo mi amor que te lo haré muy muy rico, disfrutarás como nunca lo has hecho, y haré lo que pueda para que no sea demasiado doloroso. —Jeon aseguró con una sonrisa de puro amor y lujuria, restregando su glande con el clitty de jimin.


Jimin asintió feliz, y lo siguiente que sintió, fueron las manos del mayor tomar sus muslos hasta dejarle las rodillas en el pecho, expuesto a más no poder. Su rostro se incendió en un sonrojo cuando los ojos de su padrastro admiraron su hermosa área íntima, devorandolo con tan sólo su mirada.


—Sostén aquí amor —Jeon ordenó, dejando que jimin tomara sus propias piernas por debajo de sus rodillas para mantenerlas bien abiertas.


—Aquí voy bebé —jeongguk dio un par de golpesitos con su glande en el coñito, y se alineó con el agujero, comenzando a entrar poco a poco, haciendo su mayor esfuerzo para no perder la cordura y entrar de un solo embiste, tarea difícil cuando el interior era tan húmedo y caliente, aterciopelado y apretado.


El coño virgen de su niño se abría deliciosamente dándole paso a su polla, apretándolo y acogiéndolo en su húmedo calor. Apenas la gruesa punta de su polla estuvo dentro con un poco de dificultad, y jimin cerraba sus ojitos de la incomodidad mientras pequeños quejidos se escapaban de sus labios, paró con la intromisión para que el menor pudiese acostumbrarse y que no fuera demasiado para él. Sus dedos tomaron el lindo clítoris de jimin para hacer el proceso menos difícil, logrando así, relajarlo un poco para poder continuar.


Siguió entonces con la intromisión, entrando poco a poco, lo cual ensanchaba a jimin cada vez más y más.


—¡A-ah papi! ¡M-me duele! M-mi conchita arde~ —Jimin no pudo evitar sollozar cuando la verga de su padrastro comenzó a hacerse cada vez más paso dentro de su vaginita, estirándolo incomodamente.


Se sintió demasiado estirado y abrumado, con sus ojos cerrados para poder controlarse y que ambos pudieran seguir. Sin embargo, jeon era demasiado grande y eso le estaba complicando demasiado la tarea de mantenerse tranquilo.


Sintió entonces, como los dedos de jeongguk le acariciaban su clitty con mucha delicadeza, mientras que con su mano libre subió hasta su mentón, haciéndole abrir los ojos. Hasta ese momento, no se había dado cuenta que estaba llorando, calmándose por fin cuando sus ojos chocaron con los profundos y pacíficos de su padrastro.


—Mi amor, sé que te duele, pero verás que si puedes soportarlo te terminará por gustar mucho. Demasiado, sé que me lo pedirás cada día —Jeon explicó amoroso, trasmitiendolé calma y deseo a su niño precioso, quién lo observó de vuelta con ojitos de cervatillo.


—E-está bien papi, quiero continuar~ —Jimin aceptó con una sonrisita temblorosa, aún con una parte de la gorda verga de su papi en su interior.


—Bueno bebé, quiero que ahora te concentres en lo bien que tu rica conchita recibe mi verga, eso hará que se sienta más rico, ¿si amor? —Preguntó socarrón recibiendo un asentimiento de parte de jimin, acomodándose nuevamente para seguir con lo que estaban haciendo.


Se inclinó y continuó metiendo su verga en el pequeño agujero que se estiraba deliciosamente alrededor de su eje, acariciando el lindo clítoris mientras admiraba la lenta intromisión.


Jimin sollozó al ver la imagen de su apretado coñito recibiendo la gorda verga de su padrastro dentro, se veía demasiado excitante, por lo que pronto, el sentimiento de incomodidad se convirtió poco a poco en placer. Ahora, consciente de lo excitante y erótico que se veía el pene de su papi enterrándose en su concha, se permitió gemir y disfrutar de la sensación. Todavía era punzante y doloroso, pero la excitación prevalecía ante cualquier sentimiento de disconformidad. La simple imagen de su vaginita abriéndose para jeongguk le hacía segregar más de su blanquecino flujo, lo que facilitaba la intromisión.


Jeongguk estuvo casi por completo dentro del rubio, sin embargo, su autocontrol ya no fue suficiente y arremetió de un solo embiste dentro del húmedo coño lo poco que quedaba por meter de su polla. Eso sacó un gemido desgarrado de la boquita del rubio, y un hilillo de sangre que se escurrió fuera del ahora desvirgado agujero. Se sintió satisfecho al admirar su verga enterrada hasta el fondo del recién desflorado coñito de su niño, sintiéndose totalmente fuera de combate al ser acogido por las apretadas paredes del rosado interior, tan deliciosas y aterciopeladas.


Jimin, al ver y sentir como todo ese pedazo de la polla de su padrastro entraba bruscamente en su coño, echó su cabeza hacia atrás y chilló con los ojos llorosos, sintiendo placer y un profundo dolor en partes iguales. Su coño ardía, sin embargo, ardía porque se lo habían desvirgado, y cada vez le gustaba más la sensación de estar estirado por la gorda verga de su papi.


Sintió la sangre caliente derramarse por su agujero, y paradójicamente, eso le sacó una sonrisa y un suave gemido. Por fin, había cumplido su más grande fantasía, y eso era superior a todo dolor. Su manita se dirigió instintivamente a su coñito, a acariciar su clítoris cuando la excitación burbujeó en su interior, y el dolor comenzó a menguar poco a poco. Jeon se deleitó con la imagen de jimin frotando su linda bolita de placer, con sus ojitos cerrados y su ceño fruncido, mientras lindos gemidos agudos salían de su linda boca. Sintió no mucho después como la bella vaginita comenzaba a contraerse alrededor de su verga, y el flujo comenzaba a segregar de manera obscena, por lo que con delicadeza, entregó una suave embestida, tanteando el terreno.


—¡A-ah! ¡Mi c-conchita! se siente tan rico~ —El rubio gimió agudamente ante la embestida de su papi en su apretado interior, sintiendo como su flujo se escurría de su coño y mojaba toda la verga y testículos del mayor.


—¿Te gusta, bebé? —Jeon tentó seductor, volviendo a embestir en la gorda conchita de su hijastro, sonsacándole un pecaminoso gemido.


—S-si~ papi, se siente tan rico, ¡quiero más! Más duro, ¡amo sentir tu verga dentro de mi vaginita! —jimin rogó desesperado, gimiendo caliente con los ojitos entrecerrados.


—Mi amor, te joderé tu florecita tan bien... —Jeongguk declaró antes de inclinarse hasta besar los labios de jimin, comiéndole la boca al rubio sexy con fervor.


El chico correspondió sin peros, tomando las hebras de cabello oscuro de su papi entre sus manitas.


Jeon cortó el beso para volver a incorporarse. Esta vez, reemplazó las manos de jimin en sus piernas por las suyas propias, y con ímpetu, propinó la primera embestida, sacándole un chillido de excitación a jimin. Sonrió satisfecho al escuchar tan hermoso sonido, y volvió a arremeter en el coño regordete, tan cálido y apretado, sintiendo el flujo escurrise por todo su pene.


Jimin se sintió en las nubes cuando su papi comenzó a embestir en su recién desvirgada vaginita, amando la clara sensación del falo profanando su interior. Como era usual en él, su lubricante escurría por montones, y eso hacía que las embestidas fueran aún más suaves y fáciles, cada embiste ensanchando su coño más y más hasta quitarle todo rastro de dolor, y quedarse con el burbujeante placer que se extendía desde su bajo abdomen hasta el interior y exterior de su conchita.


—¡P-papi! S-se siente tan rico~ me encanta, m-mi conchita se siente tan rica y calientita~ no puedo creer que al fin me la hayas desvirgado —Jimin gimió con lujuria, haciendo contacto visual con los ojos depredadores y oscuros de su papi.


—Sabía que te iba a gustar mi niño —jeon sonrió orgulloso y lascivo, tan cerca del rubio que sus respiraciones se mezclaban entre sí íntimamente —Te sientes tan delicioso alrededor de mi verga mi amor, tu coño es tan rico y acogedor. No sabes lo feliz que estoy de haber sido yo quien te haya quitado la inocencia —Confesó lujurioso, aumentando poco a poco la fuerza de sus empujes.


Jimin chilló agudamente al escuchar esas palabras, amando la sensación de jeon rozando su punto g cada vez que se la metía.


—P-papi, ¡yo también estoy muy feliz!, ¡q-quiero más! Más rápido, más duro por favor —Con la emoción y excitación arremolinándose en su abdomen, rogó a su mayor que le follara más fuerte, acercándose lo suficiente para que sus labios chocaran con los de él en un descontrolado y húmedo beso.


Jeongguk no se negó, comenzando a follar la vaginita del rubio de manera brusca y deliciosa, sacando todo su verga hasta solo dejar la punta dentro, para luego embestir de vuelta y llegar hasta el fondo, llegando a golpear el cervix. Jimin sollozó al percibir como toda la gorda polla de su papi salía casi por completo de su interior y se volvía a enterrar bruscamente en su agujero, llegando hasta el fondo una y otra vez, llevándolo cada vez más cerca de su orgasmo.


El chasquido de sus desordenados besos hacía eco en la habitación junto con el sonido de sus pieles chocando una y otra vez entre sí, creando una atmósfera caliente y deliciosa.


—Mhg papi Jeongguk~ —Jimin se separó del salvaje beso para poder hablar, necesitando hacerle saber a jeon lo mucho que le estaba gustando — t-te sientes tan bien~ mi conchita se estira tan rico cada vez que me la metes, eres tan grande~, ¡quiero que tengamos sexo toda la vida! —chilló de manera inocente, entendiendo por fin lo delicioso que era el sexo y lo mucho que le gustaba que se la metieran en su apretada vaginita.


—Eres un amor cariño, tan receptivo y sexy... lo has hecho excelente, y te mereces otro delicioso orgasmo —Jeongguk respondió hipnotizado sin parar de embestir dentro, incorporándose en una posición más firme, para comenzar a embestir de manera bestial dentro de jimin, con una deliciosa rapidez que tuvo al rubio delirando en tan solo unos segundos.


—¡A-ah! P-papi papi papi, que delicioso me la metes, ¡m-me voy a correr otra vez! — Minnie sollozó acabado, arqueando su espalda al sentir su coñito ser profanado una y otra vez por la polla del azabache, dejándolo totalmente dilatado.


Su manita inevitablemente se dirigió a su clítoris, sintiendo el orgasmo arremolinándose en su abdomen, listo para soltarlo todo nuevamente.


—Eso es amor, tócate para mí, vente en mi verga —El mayor ordenó dominante, admirando la manera tan deliciosa en la que su polla se hundía en jimin, dejándole la conchita bien dilatada y roja por la constante fricción.


Jimin obedeció como el niño bueno que era, frotando su clítoris con furor, sintiendo el conocido cosquilleo del orgasmo en su abdomen bajo.


—¡A-AAH! PAPI PAPI~ QUE R-RICO SE SIENTE~—Jimin gritó al sentir su orgasmo golpearlo, soltando un prolongado squirt que salpicó por todos lados gracias al movimiento de sus deditos en su clitty.


Las gotitas alcanzaron el rostro de jeon y su espalda se arqueó gracias a la profunda excitación, experimentando el orgasmo más fuerte y delicioso que jamás había sentido. Jeon siguió follándole la conchita hasta que sus gemidos se acallaron y su vagina dejó de salpicar squirt por todos lados.


—Amo tu coño amor, me exprime tan bien. Ahora es mi turno de venirme —Jeongguk insinuó socarrón, hipnotizado en el rostro post-orgasmo de jimin, embistiendo en el sobreestimulado coño hasta que su verga se vació abundantemente en lo profundo del agujero, como nunca lo había hecho con nadie.


Un grave gemido de satisfacción llenó su pecho, embistiendo un par de veces más hasta vaciarse por completo dentro del rubio, quedando gratamente satisfecho.


Poco a poco sacó su polla flácida del bien usado agujero, escuchando los suaves quejiditos de su niño por cada centímetro que salía de él. Jimin de inmediato se sintió vacío cuando su papi salió por completo de su vaginita, dejándolo completamente dilatado y con una sensación de hormigueo en toda su área íntima. Su desvirgado agujero escocía levemente, pues las embestidas habían sido duras y profundas, pero se había sentido tan bien que todo había valido la pena.


Jeon no pudo despegar sus ojos ni un segundo del precioso coño regordete bien dilatado y de un color rojizo profundo. Había dejado a jimin tan abierto que dudaba que este pudiera sentarse en las próximas horas. Entre las suaves contracciones del coñito usado, salió una descarga de flujo combinado con su semen, de un color rosado gracias a los restos de sangre que habían quedado dentro del rubio cuando había desflorado su conchita. Poco a poco se acercó al clítoris de su niño, y plantó un besito que hizo a jimin gemir suavemente. Subió con un camino de besos por todo el abdomen del chico, hasta llegar a su sonrojado rostro, y lo besó con delicadeza, mientras sus manos se dedicaban a acariciarle el cuerpo.


—Te ves como una obra de arte —Confesó al separarse del suave beso, sin poder dejar de ver el hermoso rostro sonrojado y el cuerpo curvilíneo con una brillante y fina capa de sudor.


Jimin sintió su rostro encenderse en un sonrojo más fuerte, si es que eso era posible, y cubrió su boquita para contener una risita tímida. Jeongguk le besó la nariz y lo abrazó con cariño, tumbándose en el colchón a su lado.


Apoyó su cabeza en el pecho fornido de su padrastro, sintiéndose como en el cielo cuando este le rodeó la cintura con su fuerte brazo. Además de imaginarse perdiendo la virginidad con el mayor, también se lo había imaginado mimándolo después del sexo y dándole cariños, justo como lo que estaba pasando en ese momento. Se sintió feliz y satisfecho, pues sus fantasías que veía tan lejanas se habían vuelto realidad de un día para otro.


—¿Qué tal te pareció mi amor? —jeongguk rompió el hilo de sus pensamientos con su pregunta, alzando el rostro hasta que estuvo cara a cara con el azabache.


Sonrió tímido y enamorado al hacer contacto visual con jeon, acomodándose para poder hablarle sin forzar su postura.


—E-estuvo increíble p-papi. No creí que fuese a sentirse tan... rico —Mordió su labio al confesarse frente al mayor, sintiéndose caliente de nuevo con tan sólo pensar en lo que había sucedido escasos momentos atrás.


—Oh cariño, me da tanta satisfacción haberte hecho sentir bien... no sabes lo delicioso que fue hacértelo, tienes la vagina más rica que he probado jamás —saber que la primera vez de jimin le pertenecía a él le hacía sentir especial.


Además de la atracción sexual que tenía hacia jimin, le tenía demasiado cariño, y cuando supo que él le quitaría la inocencia a su niño se sintió en la necesidad de hacerlo especial y placentero. Y vaya que había sido placentero para ambos. Nunca había follado a alguien tan receptivo y delicioso como su jimin, tan sumiso y con una vaginita tan malditamente apretada y cálida. Definitivamente el coño más rico que había tenido la dicha de probar.


El rubio inconscientemente soltó un gemidito al escuchar a jeon, calentándose nuevamente en cuestión de segundos. Su manita bajó lentamente hasta su coño que ya volvía a lubricar. Jeon lo notó inmediatamente, bajando la vista para admirar como el rubio se acariciaba el clítoris nuevamente, caliente y con la verga dura y erguida otra vez.


—Eres un pequeño necesitado bebé, ¿quieres que te la meta otra vez? —Preguntó caliente a más no poder, observando el rápido asentimiento de jimin.


Eso fue lo único que necesitó para volver a ponerse entre las piernas del rubio, inclinándose hasta tener la conchita usada frente a su rostro. Con desesperación, quitó la manita de su hijastro de enfrente, comenzando a devorársela con unas ganas irremediables.


—¡Aah papi! Tan delicioso~ —El rubio se dejó llevar, amando la sensación de la lengua de su padrastro lamiendo sus partesitas y metiéndola en su aún dilatado hoyo.


—Quiero que te voltees mi amor, te follaré esa sexy vagina tuya en cuatro —Jeon ordenó separándose del delicioso coño, palmeando suavemente el muslo del rubio.


Jimin obedeció sin rechistar, girándose en la cama hasta quedar de espaldas al mayor, con su redondo culo empinado y las piernas bien abiertas, dejándole ver a jeon no solo su linda vagina desde otro ángulo, sino también su lindo ano rosado que hasta el momento sólo había admirado de lejos.


—Uf bebé, ¿qué tenemos por aquí? —Jeongguk sonrió lascivo al encontrarse con el hermoso ano rosita de su hijastro, pasando su dedo pulgar por encima.


Minnie gimió suavemente al sentir el efímero toque en su ano, una ola de escalofríos recorriéndole desde la cabeza hasta los pies. Su ano siempre había sido parte de su rutina de masturbacion; su coño escurría tanto, que era inevitable que la humedad llegara hasta su ano, por lo que suavemente lo acariciaba junto con su clítoris hasta que eventualmente llegaba a su orgasmo. Que su padrastro haya notado su agujero, significaba que era tan bonito como él lo veía, y se emocionó por eso.


—¿T-te gusta papi? E-es mi anito —Se atrevió a preguntar, abriendo sus propias nalgas y moviendo sus caderas de un lado al otro, haciendo que la verga de su papi se pusiera aún más dura.


—Me encanta, se ve tan delicioso amor —El mayor confesó encantado, sintiendo la cruda necesidad de saborearlo en su lengua—¿Me dejarías probarlo? —Preguntó seductor, sustituyendo las manitas de su hijastro por las suyas propias, admirando el culo grande y redondo que contrastaba tan bellamente con la diminuta cintura de su niño.


—Ay papi~ ¡si si si! Porfis, pruébame —El rubio rogó, tan emocionado de probar tantas cosas nuevas.


De inmediato, sintió las fuertes manos de su papi apretar sus grandes nalgas, y luego, su lengua cálida y húmeda lamer su lindo ano, provocándole un largo gemido de satisfacción.


Por otro lado, jeongguk probó ese delicioso agujero fruncido y de inmediato, comenzó a devorarse tal preciosura, amando el sabor tan adictivo que este tenía y como perduraba en su paladar. Su boca comió el rico ano de su niño hasta sacar gemidos agudos de su boquita, comenzando a penetrar dentro con su lengua, dejando al rubio fuera de combate.


Jimin chilló al sentir la lengua de su papi escabullirse en el interior de su anito, apenas la punta haciéndose paso y saboreándolo más a fondo. Se sentía tan delicioso como alguna vez se lo imaginó, y eso le hizo escurrir más flujo de su vaginita, mojando la barbilla de su padrastro.


Eso hizo que jeongguk se detuviera, y ahora, metiera la lengua en el coñito dilatado y empapado, embistiendo dentro con ganas.


Antes de que las cosas se salieran de control, se separó de ambas bellezas de agujeros, amando la delicia de sabor de ambos de los que poco a poco se hacía adicto.


—Cariño, tu ano es tan delicioso —Confesó satisfecho, acariciando el pequeño agujero con su pulgar —¿Quisieras que intentemos por atrás la próxima vez? Conseguiré lubricante...


—¡S-si! Papi si quiero, ¡estoy muy emocionado! —jimin chilló feliz al saber que su papi planeaba una "próxima vez" con él, y encima planeaba que tuvieran sexo anal.


No sabía que era lo que había hecho para merecerlo, pero todas sus fantasías sexuales se estaban cumpliendo.


—Oh amor, será delicioso, no puedo esperar —Con algo de fuerza, entregó una deliciosa nalgada en el culo de su niño, sacándole un agudo gemido a este. —Por ahora, volveré a follarte tu rechoncho coñito bebé. —fue lo último que dijo antes de arremeter dentro del ya dilatado coño una vez más, comenzando con duras embestidas dentro mientas sus manos se cernían con fuerza a la cintura del rubio.


—¡Ay si papi! Que rico lo haces~ —El rubiecito sollozó excitado al sentir nuevamente su coñito siendo deliciosamente abierto por la gruesa verga de papi, sintiéndose tan excitado y mojado nuevamente.


Jeongguk se deleitó con como la rica vaginita rosada tragaba su polla una y otra vez, hasta el fondo y sin quejas. Parecía que ese lindo agujero estaba hecho para ser profanado por su verga.


Fue demasiado fácil para ambos llegar al orgasmo nuevamente, con las duras y placenteras embestidas y las palabras sucias entre ellos. Jeongguk fue el primero en venirse en lo profundo del coño del rubio y este le siguió con un escandaloso squirt que mojó todo, desplomándose en el colchón al no más terminar.


Jeongguk salió por segunda vez del coño usado de su niño, y esta vez, jimin se encontraba derrotado, exhausto luego de cuatro intensos orgasmos.


—Descansa un rato mi niño —Jeongguk murmuró de manera dulce, besando la frente del rubio admirando su bella sonrisa tímida.


Cansado, jimin se acurrucó en la cama, quedándose dormido sin mucho esfuerzo, tan lindo y adorable. Jeon lo arropó con las suaves colchas y dejó un besito en su frente, levantándose de la cama para dirigirse al baño.


Se daría una ducha mientras su niño descansaba luego de la larga tarde de diversión.


☆☆☆☆☆☆


Jimin revoloteó sus párpados al recién despertarse, escuchando el sonido de la ducha encendida dentro de su baño. Le tomó un momento entender que estaba sucediendo, pero cuando recordó todo, su rostro se coloreó de un rojo profundo.


Todavía no podía creer que había perdido su virginidad.


Un cálido sentimiento se acumuló en su estómago, y se abrazó a sí mismo aún bajo las colchas de su cama. Jeongguk le había quitado la virginidad y le había dado la mejor y más deliciosa follada, estirando su conchita tan bien y tan rico.


Sus partesitas de princesa se sentían en extremo sensibles luego de toda la acción, y cuando movió sus piernas, un agudo dolor estalló en su conchita y abdomen bajo, haciéndole chillar del dolor.


Jeongguk salió del baño en el momento exacto en el que se retorció del dolor en sus sábanas, corriendo hacia él con tan sólo una toalla de patitos amarillos amarrada graciosamente a su cintura.


Inevitablemente jimin soltó una risita, arrepintiéndose con un quejido cuando el dolor volvió a atacarle.


—¿Cariño, qué pasa? —Jeongguk musitó preocupado una vez estuvo sentado en la orilla de la cama, acariciando la espalda del rubio aún cubierta por las sábanas.


—Papi, m-me duele... —El menor se quejó con los ojitos llorosos, señalando en medio de sus piernas al mismo tiempo que alzaba las sábanas, dejándole ver al mayor su cuerpo aún desnudo.


El azabache no pudo evitar saborearse a jimin cuando vio su etéreo cuerpo desnudo, alumbrado por las luces tenues de las lámparas que había encendido cuando la noche cayó, antes de entrar a ducharse. Era tan hermoso, con sus curvas tan sublimes, piel suave y clara, y el inicio de su hermosa vagina siendo iluminado por las lámparas en suaves tonos rosas, naranja y amarillo.


—Oh bebé... entiendo, déjame ver —El azabache musitó volviendo a la realidad, recordando las lágrimas de su niño acumuladas en sus ojitos azules.


Sabía que era inevitable que le doliera luego de tener su primera vez, especialmente porque él era demasiado grande. Su delicada vaginita probablemente se sentía resentida luego de la fricción continua y los pequeños vasitos que se habían roto gracias a haberse estirado tanto de un momento para otro. Con delicadeza, su niño abrió sus piernitas para dejarle ver, soltando pequeños quejidos al sentir el incómodo dolor.


Se movió hasta quedar frente las piernas del rubio, y de inmediato, sus ojos se enfocaron en la maltratada vagina de su niño, entendiendo porqué le dolía, pero sin poder evitar relamerse los labios ante tal imagen. El coñito se veía rojizo y brillante, todavía con una mezcla húmeda de flujo y semen coloreado de rosa que se salía poco a poco del agujero recién desflorado. Jimin no había dormido por tanto tiempo, y se había quedado arropado con las sábanas, por lo que tenía sentido que todo estuviese aún fresco ahí abajo gracias al poco tiempo y ambiente encerrado de las sábanas. Se veía como una maldita obra de arte erótico, sin embargo, sabía que el dolor en ese momento era punzante e insoportable, y todo se encontraba demasiado sensible. Por el momento, se quedaría con las ganas de comerse a jimin por 3ra vez en lo que iba del día, y solamente se limitó a acariciar la sensible conchita con su pulgar, sacando suspiros entrecortados del chico.


—Cariño, entiendo porque te duele... —Su pulgar no dejó de dar caricias entre los labios del coñito —¿te parece si lleno la bañera con agua tibia y te relajas un rato? —ofreció con cariño, comenzando hacer suaves círculos encima del clítoris irritado del rubiecito.


Jimin asintió de acuerdo, suspirando gracias al rico toque de su papi en sus partesitas resentidas que ayudaba a disminuir el dolor. El mayor retiró la mano de su coñito y le dejó un beso en su frente, levantándose para llenar la tina del baño. Mientras esperaba a que su papi le preparara el baño, se permitió emocionarse y rememorar cada uno de los sucesos de la tarde, y aunque toda su parte baja doliera, sabía que había valido la pena. Había sido su pequeña fantasía durante demasiado tiempo y jeongguk se las había arreglado para superar sus expectativas con creces, como jamás creyó que sucedería. Simplemente su papi era demasiado bueno en el sexo, lo hacía demasiado rico, tan duro y sucio, justo para hacerle delirar y llegar a los más deliciosos orgasmos.


Jeon salió no mucho tiempo después con sus boxers puestos, sacándolo de sus sucios pensamientos cuando lo tomó en brazos con suma delicadeza y caminó nuevamente hacia el baño con él. Se sintió seguro entre los brazos de su mayor, tan pequeñito y vulnerable, que sin quererlo se derritió encima del pecho fornido de su papi. Sintió un suave beso en su cabellera rubia, y una risita surgió de su pecho, haciendo eco en el azulejo del baño.


Jeongguk sonrió al escuchar la suave risita del pequeño, sintiendo un sentimiento cálido llenar su pecho. Todo había sucedido tan de repente, que no se había tomado el tiempo de procesar todo lo que habían hecho con jimin. Y es que, no era tan simple como quedarse solos en casa un fin de semana (una rutina que ya llevaban desde hace tiempo), habían cogido como malditos conejos e inevitablemente, una conexión distinta había surgido entre ambos. Ya no era ese deseo escondido y prohibido entre ambos, y tampoco había sido cosa de una sola noche, incluso habían insinuado lo que harían "la próxima vez". Era, ahora, un deseo tangible y real, un deseo que ambos tenían por el otro y que habían demostrado hace tan solo unos instantes. Jeon supo en ese momento, que era demasiado tarde para retractarse, y realmente, no se arrepentía ni por un segundo. Habia perdido la cabeza, la había perdido en el placer que era follarse a jimin hasta la saciedad y la necesidad de cuidarlo con cariño luego, como lo estaba haciendo en ese momento mientras lo metía con delicadeza a la bañera.


Jimin suspiró cuando su cansado cuerpo hizo contacto con el agua tibia, sintiendo un escalofrío recorrer toda su espalda. Quedó sentado con el vapor humedeciendo su piel suavemente, haciéndole sentir relajado y somnoliento. Sintió como jeongguk se daba la vuelta, y sin querer dejarlo ir, tomó su mano, deteniendo su camino hacia la puerta.


—¿Qué pasa bebé? —jeon se giró de inmediato, colocándose de cuclillas frente a la tina.


—Mmmh... ¿no quisieras quedarte conmigo? Digo, el agua está muy rica, y supongo que tú también quieres relajarte... — Invitó tímido, abrazado a sus propias piernas encogidas contra su pecho.


Además del calor del agua que le generaba un sutil color rosa en el rostro, un sonrojo prominente subió hacia sus mejillas. Y es que, habían follado como animales, había sido sexo solamente; incluso él que estaba tan enamorado de su padrastro lo entendía, por lo que preguntarle eso al azabache le hacía sentir pena por sí mismo.


Para su sorpresa, el mayor le dedicó una sonrisa amorosa y se quitó los boxers, entrando al agua junto con él. Su sonrojo se extendió hasta sus hombros cuando sintió el cuerpo fuerte de su papi posicionarse atrás suya, abrazando su cintura con sus grandes y protectores brazos. Se sintió tan seguro en ese momento, que sin pensarlo demasiado, se recostó en el pecho del mayor, sintiendo la vibración de una ronca risa que conocía bien rebotar contra su espalda.


—Eres una ternura, bebé —Jeon susurró en su oído y le dejó un beso suave en el cuello, haciéndole suspirar entrecortado.


Por otro lado, jeongguk admiraba el sonrojo profundo en las mejillas de su hijastro, acariciando su abdomen bajo suavemente, aún tratando de disipar el dolor. En ese momento se sintió feliz y en paz, disfrutando del agua cálida relajando sus músculos y el perfecto cuerpo del rubio presionado contra el suyo. En ese momento no importaba nada, solo ellos dos juntos en esa burbuja de felicidad.


El tiempo pasó con ellos en la bañera, lavándose mutuamente con dedicación y cariño, hasta que el agua se enfrió. Jeon salió primero, envolviendo su cintura en la misma toalla de patitos que había usado anteriormente. Alzó a jimin en sus brazos y lo envolvió en una toalla celeste con estampado de nubes, cubriendo su cuerpo entero y caminando afuera del baño, hasta la habitación.


Depositó a jimin suavemente en la cama, encima de las sábanas que habían quedado completamente manchadas de fluidos corporales.


—¿Dejarías que te seque, amor? —Preguntó amoroso, retirando la toalla lentamente del cuerpo de jimin.


Vio el suave asentimiento del rubio y sin más, comenzó a frotar la toalla suavemente encima su cuerpo, tan sólo suaves toques encima de la piel nivea, dejándola libre de humedad. Abrió las piernas de su hijastro para seguir secando, poniendo especial atención en la linda área íntima, aún sensible e irritada. Anteriormente, en el baño, le había lavado su linda conchita al menor, retirando todos los restos de fluidos de manera delicada. Jimin se había quejado levemente al sentir el escozor todavía presente, por lo que estaba secando con extrema delicadeza ese tesorito. Se tomó el tiempo para admirar el sexy cuerpo de su niño, con esa cintura tan fina y caderas redondas, piel blanca y tan dulce. Aún no podía creer que había tenido la dicha de comerse a ese pastelito y de reventar su cerecita, siendo él el responsable de haberle quitado la inocencia. Se sentía irreal.


—Papi... —las melosa voz de su niño lo sacó de sus pensamientos —¿Crees que puedas quedarte aquí esta noche?


Los ojitos celestes hicieron contacto con los suyos, y de inmediato, se sintió débil. ¿Cómo podía decirle que no a su niño mimado? Siempre había sido un consentidor de primera con el menor, así que, ¿qué sería diferente ahora? Absolutamente nada. La única diferencia es que ahora tenían una relación distinta a la de hace unas cuantas horas, totalmente distinta.


—Claro que si puedo amor, sabes que tu madre regresa hasta mañana en la tarde —Accedió sin más, dejando un rastro de besos desde el abdomen del chico hasta su monte de venus, bajando solo un poco más hasta dejar uno en su delicado clitty, haciéndole suspirar encantado.


Ya para terminar, vistió a su niño con tan sólo unas bragas de delicada seda rosada y una camiseta ancha del dibujito animado cinnamon roll, arropándolo con las suaves mantas de su cama. Él se vistió solamente con sus boxers y se metió a la cama con su niño, abrazándolo por la espalda en cucharita.


El resto de la noche, se quedó al lado del rubio, acariciando su delicada vagina cada tanto para aliviar el escozor de la primera vez, sonsacándole suaves gemidos y suspiros de alivio.


Jimin durmió como todo un angelito esa noche, tan satisfecho y protegido por su papi. Lo mejor de todo, es que sabía que la mañana siguiente el mayor seguiría a su lado, cuidándolo y mimandolo, y si tenía suerte, tendrían una ronda más de delicioso sexo matutino.


Había sido en definitiva, el mejor día de su vida.