Eres mío

Summary

Tweek Tweak es el único sobreviviente de un planeta que fue atacado por una especie alienígena. La ayuda interplanetaria llegó tarde, ya no quedaba nada más que él. Craig es el líder de un escuadrón militar, su frialdad característica aumentó gracias a su corazón roto, volviéndolo una persona sin empatía. Ninguno de los dos tenía esperanza de volver a sentir amor. Pero, ¡ya no tenían otra opción! La imagen la saqué de acá: https://vk.com/creek_sp

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Capítulo 1

El silencio exterior hacía que sus pensamientos resonaran con más intensidad. Tweek llevaba días sin dormir y sin comer correctamente.

¿Qué clase de vida llevaría? El mundo había acabado, era la única persona que vivía. Tenía total libertad de tomar lo de que deseara de cada casa o tienda, pero Tweek ya no tenía ningún motivo para querer si quiera respirar.

A pesar del gran dolor, sentía miedo de morir. De que el método que eligiera para terminar con su vida fallara y lo dejara agonizante por más tiempo del debido. Le llevó días tomar la decisión final, buscó la soga que su padre siempre llevaba en su auto y la colocó con los nudos correspondientes en el techo de su casa.

Había imaginado múltiples veces el fin del mundo, pero jamás pensó que sería tan sangriento. Era sabido la existencia de esas razas alienígenas que solían atacar a los planetas pequeños con menos tecnología, sin embargo, nunca pensó que llegarían a destruir toda la vida existente.

¿Qué sentido tenía seguir? Sus padres, amigos y vecinos habían sido despedazados por sus brazos en forma de cuchillas y el veneno que inyectaban de esa forma. Él se ocultó en vano, solo para alargar su agonía.

Luego de varias idas y vueltas, Tweek se subió a la silla. Ya no sentía miedo, hambre o sueño, así que puso su cuello en el aro que armó con la soga. Cerró los ojos para pensar una última vez en sus amados padres, en la tienda de café que tanto habían hecho crecer y el que los condenó en el día del ataque.

La música que había dejado sonando pasó a ser un sonido insignificante en otro plano, lentamente se iba apagando mientras el latido de su corazón se aceleraba y golpeaba contra sus oídos.

Solo tenía que empujar la silla debajo de sus pies para quedar suspendido.

El sonido mecánico que parecía cortar el aire en el cielo lo hizo abrir los ojos nuevamente. Dudó en si debía apurarse para morir, no quería ser torturado por nadie, pero la curiosidad era persistente.

Se acercó a la ventana rota, vio en la calle algunas naves que no correspondía para nada a su planeta. Su estructura tampoco correspondía con un estilo de otra raza que no sea humana. Cuando vio que los hombres se agrupaban en una determinada formación, Tweek supo que lo estaban buscando a él.

No era extraño que lo rastrearan con su tecnología tan avanzada, lo que no concordaba es que llegaran varios días después del ataque, cuando ya no había nada que salvar.

Cuando ya no tenía nada que perder.

Caminó hacia ellos con pasos firmes, más específicamente hacia el hombre que poseía un traje militar más oscuro que el resto, Tweek supo que era el que tenía más poder, el que sería el jefe de aquel escuadrón. Todo su odio fue dirigido hacia ese hombre de cabello negro.

Lo miraron acercarse, sus armas no dudaron en apuntar hacia el rubio. No hubo advertencias porque el líder no pronunció ninguna orden, sino que parecía tener deseos de un encuentro con la única vida humana que había quedado en el planeta número 36.

Tweek supo que iba a provocar su muerte, pero no dudó en lanzar un golpe hacia el rostro del líder. Este, y ninguno de los presentes esperaban que hiciera alguna acción en contra de alguien que pertenecía a un alto rango de la seguridad interplanetaria.

—Eres un completo inútil en tu trabajo —expresó con odio. —¡Ya no queda nadie aquí!

Los ojos verdes del hombre permanecieron neutrales ante su insulto. Tweek supo que le importaba poco lo que había ocurrido.

Un golpe metálico en su cabeza lo dejó tirado en el piso con mucha facilidad. Había sangre brotando, pero no estaba seguro donde estaba la herida por el dolor sordo. Tweek alzó la mirada, el hombre de cabello pelirrojo lo miraba con ira. Era quién lo había golpeado y ahora lo apuntaba con su arma.

—Kyle, no te di órdenes. No hagas nada sin que te lo pida primero —pronunció el azabache con cierta irritación—. Llévenlo a la nave y atiéndanlo.

Pronunció antes de continuar su camino hacia el barrio. Tweek observó al pelirrojo apretando su mandíbula, después de algunos minutos habían quedado completamente solos; fue cuando le dio una descarga eléctrica con un pequeño aparato para dejarlo inconsciente.

...

La señora Tweak tarareaba una melodía alegre mientras preparaba el desayuno, había elegido preparar una torre de hotcake con un gran baño de chocolate para su único hijo. Eran días felices para los tres, el menor de la familia había cumplido su año número diecinueve; se había convertido en un jovencito trabajador y su simpatía hacía brillar el ambiente día a día.

Tweek miró a su madre con una sonrisa nostálgica, un extraño sentimiento de dolor lo había invadido al punto de querer llorar y abrazarla; pero se contuvo. Solo la admiró a la distancia.

Desde pequeño simulaba tener nauseas cuando le preguntaban cuantos hijos quería en el futuro o cómo debía verse el hombre con el cual querría casarse. Tweek miraba su cuerpo, siempre había creído que se parecía más a su padre que al cuerpo de su madre, no comprendía por qué las personas le decían que sería una buena esposa. Cuando llegó a la adolescencia comenzó a comprender mejor su anatomía y el por qué se parecía más a la señora Tweak.

Quizás era tonto pensarlo. Pero a sus diecinueve años imaginaba que sería una madre tan dulce como la suya, quería tener muchos hijos. En el café, coqueteaba disimuladamente con cada chico que le agradaba al mismo tiempo que él también recibía atención de sus pretendientes, pero aún no podía contestar sobre su tipo de pareja ideal.

—Tweek, tu café va enfriarse.

Odiaba el café frío, aseguraba que el sabor desaparecía si la temperatura bajaba. Llevó la taza a su boca, sin embargo, lo que había allí no era aquella amarga bebida. Observó tembloroso cuando el contenido en su interior, era de un rojo que rozaba la negrura y su sabor era similar al de la sangre.

Alzó su mirada hacia su madre para encontrarse solo en la cocina. Las ventanas estaban destruidas y las cosas se encontraban en piso como si alguien hubiera entrado a robar.

—¿Mamá?

No tuvo respuestas.

Un fuerte temblor sacudió su cuerpo, estaba desesperado. ¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba su madre? Escuchó un grito, era su propia voz, pero ahora estaba inmerso en una oscuridad asfixiante.

Abrió sus ojos, no pudo reconocer el lugar en donde se encontraba. ¿Había sido un sueño? No estaba en su habitación, la cama poseía un colchón rígido de color negro, demasiado angosto como para considerarlo un lugar para dormir.

Miró alrededor. Vio al pelirrojo de antes parado en la puerta sosteniendo un arma, lo estaba mirando con las cejas arrugadas por irritación. Ese hombre parecía odiarlo por alguna razón. Luego supo que no estaba solo, sino que también estaba el hombre de cabello negro que parecía ser algún tipo de líder. Este estaba sentado en una silla acolchonada, frente a él había una mesa y una silla más pequeña.

Tweek no pronunció ninguna palabra, recordó lo último que había vivido antes de ser incapacitado y tembló al pensar en la forma que habían llegado. Se apresuró a mirar por una pequeña ventana, su cabeza de pronto parecía estar rompiéndose por el dolor intenso que sintió. Esta viendo las estrellas, ya no solo alzando su vista hacia arriba, sino que estaban en todas partes, ¡estaba en el espacio!

Tweek odiaba los aviones, pero ahora estaba en una nave yendo a otro planeta. Le fue difícil encontrar de nuevo su respiración, no quería estar allí.

—¿Puedes decirme qué es esto? —interrumpió la voz profunda del hombre sentado.

Había puesto una pequeña jaula encima de la mesa y miraba con curiosidad en el interior. Tweek pensó que planeó esa excusa para poder entablar un diálogo con él, la expresión en su rostro, a pesar de ser neutral, parecía genuina.

El hombre le apuntó la silla para que se sentara. En la medida que se acercaba, Tweek pudo recordar dónde había visto esa jaula. Era de su pequeño vecino, la andaba trayendo en sus manos durante el último mes a pesar de que le había advertido que era peligroso.

Tweek metió la mano para sacar al animalito que estaba durmiendo, probablemente no había comido en mucho tiempo. Y debía estar tan aterrado como él.

El hombre de cabello oscuro había estaba manipulando la jaula con guantes, se los quitó en cuanto supo que el animal era inofensivo.

—Es una cobaya, aún es bebé —dijo finalmente, extendiéndosela para que la tomara—. Se llama Stripe.

—Stripe —repitió. Tweek no comprendía el comportamiento de aquel, parecía alguien enfermamente serio, pero su curiosidad era como la de un niño. —¿Qué debería comer?

—Zanahoria y lechuga. Verduras en general.

Luego de examinar a Stripe volvió a colocarlo en su jaula colorida y se la extendió a Kyle con la indicación de que le den de comer vegetales.

La habitación había quedado en silencio cuando la puerta se cerró, el azabache ignoró por completo su existencia al usar el extraño reloj en su muñeca. Tweek se quedó impresionado cuando vio que una pantalla azul aparecía como un holograma, supuso que realmente pertenecían al planeta primero; quienes poseían una tecnología exageradamente superior.

Luego de unos minutos, Kyle había regresado con una bandeja que dejó en frente de Tweek.

No tenía hambre, revolvió el alimento que podía comprarlo con una sopa espesa de color verde y sin ningún olor. Se veía asquerosa en todos lo aspectos, por lo que la alejó de él.

Fue cuando se ganó la mirada del hombre frente suyo. Suspiró y enderezó sus hombros para mirar directamente a Tweek.

—Necesito registrar tu testimonio sobre lo ocurrido para guardarlo en la historia. Sé que me odias por no salvar a tus seres queridos, pero creerme, no fui yo quien les cortó el cuello —dijo con total frialdad.

Tweek abrió sus ojos con indignación. No debía tener alma como para ser capaz de decirle tal atrocidad en la cara sin sentir ni siquiera un poco de culpa. Ellos eran los responsables de protegerlos.

—Habla —ordenó el pelirrojo, apuntando el arma hacia él.

Tweek no tenía miedo de morir, lo deseaba.

—Si me disparan con esa arma, ¿me matará de inmediato? —preguntó, dirigiendo su atención hacia el artefacto.

—Tu cráneo se partirá en mil pedazos y su cerebro quedaría esparcido —dijo el azabache. —Pero sería una lástima ensuciar el tapiz con sangre, es muy difícil de removerlo. Inténtalo en otro lugar, no aquí.

Su mente había quedado en blanco con tal descripción, aunque la idea no le desagradaba en absoluto. Sería una muerte tranquila y no sufriría mayores dolores del que estaba ya instalado en su corazón.

El azabache se levantó para buscar una botella de agua que estaba en uno de los compartimientos del lugar y la dejó frente suyo con una capsula que había sacado de uno de sus bolsillos. Tweek no alcanzó a leer el nombre escrito en el frasco.

—Creo que fui cruel contigo, disculpa. No puedo olvidar el golpe que me diste delante de mi escuadrón —confesó. —Toma esto, es una medicina que te hará sentir mejor.

Tweek abrió la botella que tenía una forma diferente, pero al fin y al cabo era agua. Sin embargo, no la bebió. Decidió que era mejor volcarla sobre la cabeza del hombre cuando este se sentó. De otra forma, nunca habría podido llegar.

—Craig, ¿qué debo hacer con él? —preguntó el pelirrojo.

Craig se miró fijamente a Tweek, parecía estar a punto de matarlo con su sola mirada. Tweek vio su rostro tenso, pero ya no sentía miedo.

—Hazlo dormir. El viaje va a ser un poco largo —dijo, yéndose inmediatamente de la habitación.

Kyle volvió a usar ese aparato que daba descargas eléctricas. Tweek sintió como su cabeza se golpeó contra el piso y luego todo se volvió oscuro.

...

Advertencia:

Esta historia contendrá el género doncel.

¿No sabes lo que es?

Además de hombre o mujer, existen los donceles. Son personas de apariencia física similar a la del hombre, pero son capaces de quedar embarazados. Se dice que en el futuro habrá un descenso en la natalidad, por lo que el cuerpo de ciertas personas comenzó a cambiar, con el tiempo pudo identificarse este tercer sexo biológico.

Algo así como un omegaverse sin los olores de las feromonas. Jaja

También voy a tomar prestado algunos términos de algunas novelas que leí, ya que no tengo imaginación para inventar nombres para artefactos futuristas. Gran parte de la idea sobre planetas y viajes entre ellos se lo debo especialmente a la novela Solicitud de Divorcio, aclaro que la historia es totalmente diferente. También fue una gran inspiración las novelas Black Lotus, Sr. Dior y otras. Repito, la historia no tiene nada que ver, solo noté ciertos clichés y los apliqué.

Si ven algún error, por favor díganme.

¿Puedo pedirles un favor?

Agradezco los comentarios, pero ¿podrían evitar el spam? Se me pierden las notificaciones de la historia que estoy escribiendo ahora mismo.

Desde ya se los agradezco ♥️

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