1. Hours.
JENNIE.
—Hasta que por fin compras esas entradas. Después de tanto tiempo mirándola a través de una pantalla, tendrás el sagrado poder de conocer a Lalisa Manobal —dijo Jisoo, tirándose en mi cama.
Sonreí con emoción, —Sí, lo sé. Es maravilloso, y creo que no podré ocultar mi fanatismo.
—Y no lo ocultes, estarás abajo pero en primera fila y la verá bailar. Debe verse mucho mejor en persona —se sabroseó Jisoo—. No quiero perderme ningún detalle, es más, estaré con un cartel lo bastante grande que diga: Soy tuya.
Rode los ojos, —Jisoo, la conociste después de mí.
—¿Y eso qué, Jendeukie? —formó un puchero sentándose en la cama y quedando a mi lado—. Sabemos perfectamente que ambas estuvimos esperando este momento por segundos. Eso fue por todas las veces que le recé a la virgen de los pollos. Amén.
Solté una carcajada, —Esa virgen no existe, Chu.
—Sí existe, que tú no confíes ni le tengas fé, es otra cosa, Jen.
Había estado años esperando este momento, desde el día cero soy fan de Lalisa Manobal, una bailarina que no sólo ha recibido un gran conocimiento por su tipo de baile y por su manera de moverse en un escenario, sino también por ser la creadora de varios bailes de muchos famosos, agregándole que tiene una increíble voz.
En cuanto la vi me cautivó, aunque poco se sabe de ella porque su vida es muy privada y a veces ni siquiera sale a las calles sino es cubierta de pies a cabeza para no ser reconocida, cosa que es prácticamente imposible dado que es Lalisa.
Su cabello rubio, largo y con pequeños toques oscuros era una de las cosas que mas resaltaba de ella sus ojos también, aunque verla a través de una pantalla estaba segura de que no sería ni la cuarta parte que tenerla a pocos pies de mí, era digna de admirar aunque bocas ajenas confirman de que Lalisa Manobal no es ni la cuarta parte de lo que muestra frente a cámaras <<que es poco>>.
Ex-maquillistas, bailarines, estilistas de moda y managers habían salido a decir que trabajar con Lisa no era nada fácil. Pero no iba a creer eso.
Se ve una persona amable y extremadamente guapa.
Sonreí con el sólo pensamiento de que entre tantas chicas y chicos que la miran, yo sea una de las afortunadas. Sería un sueño.
Sí, pero se queda como eso; un sueño. Pensé.
—Hasta pareces enamorada, Jendeukie —Jisoo me miró con ilusión.
—¿Enamorada?, no, lo que pasa es que la admiro mucho, si estuviera enamorada sería de su baile —me coloqué de pie—. Me gusta como se mueve, como baila, como... como su cabello tiene vida propia y su cuerpo toma el ritmo de la música.
Agregándole que es técnicamente imposible enamorarme de alguien a quien sólo veo por una pantalla.
—Estás mas pendiente de ella que de tu madre —se mofó mi amiga.
—Lo cierto es que sí, pero mamá se la pasa en la oficina así que no importa —inflé mis mejillas.
—¿Te imaginas que bailen juntas y que sean la maldita sensación del escenario?
—No, no me lo imagino.
—Pero si te mueves muy bien, tomaste clases de baile.
—Sí, pero por cinco meses, Jisoo. Eso no sirve para bailar de la manera que lo hace aquella tailandesa, para culminar fueron más las faltas que las asistencias, así que no, Sería una vergüenza.
Jisoo soltó un gritito, —Estoy tan jodidamente emocionada, no veo el momento para que estemos ahí, observándola desde tan cerca.
—Pues a prepararnos, Chu, porque esta noche es nuestra.
****
Gente. Luces. Música.
Eso era lo que veía mientras Lalisa Manobal salía, Jisoo estaba a mi lado igual de ansiosa que yo, ambas luchamos para conseguir las entradas en primera fila, sinceramente, no podía contar los minutos para ver a Lalisa en acción.
Me mordía el labio de la emoción, sonreía sin siquiera notarlo y mis manos sudaban como si fuéramos a conocernos en persona.
Y es que nadie nunca había llegado tan lejos, lo único que se supo de ella fue una relación fallida que no duró más de un año, que hasta el momento el desconocido el por qué o quizás ambas sabían que eso no daría para mucho, después de todo, Lisa nunca ha sido chica de mostrarse. Y se comentaba que aquella chica era lo único que quería.
Lisa se retiró por cinco meses gracias a que los entrevistadores y dueños de periódicos sólo querían estar sobre el mismo tema y de vez en cuando en las cámaras se notaba la desesperación y lo mucho que le incomodaba el que le recordaran siempre lo mismo. En parte logro entenderla, nadie quiere que le recuerden a su ex cada tres segundos.
Pero cuando regresó lo hizo con toda la actitud convirtiendo las canciones como suyas y dominando al público no sólo tailandes, sino también al coreano y al estadounidense, es que Lisa tiene el poder para convertir cualquier cosa en oro.
—No puedo contener la emoción —vociferó Jisoo por encima de la música que sonaba.
—Y yo no veo la hora de que esto inicie.
Era cierto, ya había pasado tiempo desde que quería hacer esto, tenía fotos, videos, y hasta música que ella de vez en cuando cantaba, la subía a sus redes sociales para que así la gente la escuchara, yo era de esas que lo podía hacer por horas.
—¿Chu?
—¿Sí?
—Iré a comprar una botella de agua, ¿tú quieres algo?
—Eh... sí, quiero una también así la garganta no se me reseca tanto.
—Perfecto, regreso en unos minutos.
Salí de entre la multitud <<que no era tanta dado que recién estaba iniciando>>. Me moví hasta llegar donde vendían las aguas, compré dos y traté de pasar otra vez por entre la multitud pero aquella era cada vez más. Maldije en voz baja y busqué la manera de pasar.
Camine un poco más adelante agudizando la vista buscando a Jisoo pero nada que ver, estaba irritada, no quería perderme el show, deseaba verlo completo pero era un don que siempre las cosas salieran como yo no querían que salieran.
Vi un camino libre cerca más no en el escenario, sabía que por ahí iba a poder pasar perfectamente. Sonreí y corrí prácticamente, rozando a una que otra. Fruncí los labios con incomodidad.
—¡Hasta que por fin, ¿a dónde fuiste por tanto tiempo?! —inquirió un hombre que yo desconocía, era alto y curpulento, unos hombros anchos y bien peinado, tenía una ropa casual, no parecía ser algún tipo de guardaespaldas. Miré hacia atrás asegurándome de que era a mí y no a otra persona—. Eres la maquillistas y te desapareces, esto es increíble.
—¿Ma-maquillista? no, es que...
Se colocó a mi lado con agilidez, y me tomó de los hombros.
—Tranquila, sé que Lisa es difícil pero recuerda que mi hermana es sabia y sabe perfectamente lo que hace y dice.
Intenté frenar con mis talones pero aquel me llevaba a rastras con las botellas de agua en las manos y un gran signo de interrogación en la cabeza no tenía idea de quien se trataba, mucho menos que Lisa tenía hermanos ya que nunca fue mencinado en redes o algo por el estilo. Tenía que estar hablando de otra Lisa.
—No, es que usted no entiende...
—¿Cuánto quieres? ¿Los cincuenta mil dólares no te sirven? vamos, Lisa no es tan idiota... bueno, sí un poco —me siguió empujando hacia la parte de atrás.
Donde sólo se podía escuchar a la gente desde fuera gritar el nombre de Lisa y entre esas debe de estar Jisoo.
—Yo no soy...
—¿No eres maquillista?
—¡Eso, no soy maquillista, Señor! —exclamé.
Se paró en seco, colocándose frente a mí y me detalló. Me barrió con la mirada e inclinando su cabeza hacia un lado.
—¿No eres maquillista? —vuelve a preguntar.
—No, no lo soy —y yo vuelvo a responder.
Se cruzó de brazos, —¿Eres Verónica?
—¿Qué?
—¿Claudia?
—No...
—Ah, ya sé, la chica que vino ayer —chasqueó los dedos, buscando respuesta—. Eres Patricia, ¿cierto?
—Pero... ¿cuántas maquillistas son?
—Muchas, tantas que ni sus caras recuerdo. ¡Ah, ya sé! ¿Gabriela?
—¡Que no, no soy ninguna de esas. Soy Jennie, Jennie Kim! —declaré.
—¡Ah, por supuesto, eres tú! —me tomó de la mano sin mi permiso y sin querer una de las aguas se me cayó y la dejé atrás.
—No, ¡no puede llevarme así! —frené y este se quejó.
—Te vamos a pagar increíblemente bien solo tienes que soportas las treinta quejas de Lisa —abrió los brazos.
—¡Quejas de Lisa?
—Sí, Por Dios, estaba lloriqueando porque el maquillaje no era como ella lo quería, es un maldito estrés, me tiene hasta la coronilla, pero me mantiene así que la soporto. Es mi hermana querida.
—Pero no soy maquillista, ¿me veo como una? —abrí los brazos.
Me analizó, —Luces como una vendedora de agua.
—¡Oye!
—Mira el lado bueno estás muy guapa. ¿Sabes maquillar? me salvarías de una gran si me dices que sí.
—Bueno...
—Te pago lo que quieras —juntó sus manos en modo de súplica—. Es que no encuentro a la maquilladora después de lo que Lisa le dijo.
—¿Qué le dijo?
—Que no la mire porque le rompera el dedo pequeño del pie —hice una mueca—. Doloroso, lo sé.
¿Lisa era así? no podía creerlo, pero sí habían muchas quejas y que ahora me estén ofreciendo la oportunidad de ver a la estrella más famosa de los tiempos me estaba haciendo pensar. Arrugué los labios y miré al chico otra vez.
—Me llamo Bambam, pero tú dime Bambi, como amigos. Soy hermano adoptivo de Lisa, por eso nunca has escuchado hablar de mí —sonrió con amabilidad—. Por favor, ayúdame aquí, solo esta vez, recibirás tu pago y desapareces. Lisa ni lo notará.
Con razón no se me hacía parecido. Cabello castaño, ojos verdes, tenía sus rasgos definidos. Aunque si no me equivoco él también era de Tailandia.
—¿Sólo esta vez?
—Pinky promise —levantó su dedo meñique y como una niña, yo lo entrelacé—. ¡Eres maravillosa, chica. Ven, sígueme!
Era la oportunidad perfecta para conocerla y decir que estuve a centímetros de Lisa, sé de maquillajes, toda mi vida me maquillé y vi hermosos tutoriales, agradecí a mi cabeza por eso por grabar todos esos momentos. Mis manos sudaban con el tan sólo pensamiento de entrar a aquella habitación, el chico en todo momento miró hacia atrás, chequeando que no me escapara.
No me comía las uñas porque tiempo no me daba, mi cabeza en estos momentos iba mucho más rápido que mi cuerpo. Me mordí el labio inferior con algo de fuerza lastimándome. Tragué en seco y cuando nos detuvimos en la puerta. Bambam se giró y me tomó de los hombros.
—¿Lista?
—Sí, creo que sí —mentí.
No estaba lista.
—Eres una fan, pero no temas. Yo estaré en todo momento ahí dentro, Lisa es una malgeniada a lo primero...
—¿Cuántas maquillistas se han ido?
Lo pensó, —Algunas... ¿treinta?
Ay, Señor Jesus.
Virgen de los pollos.
<<Jisoo sal de ese cuerpo>>.
—Estoy lista —me dije a mí misma.
—Luego de esto, vas a recibir tu pago y volverás a tu vida normal.
Recordé a Jisoo, no quería dejarla tanto tiempo sola, podía decirle a Bambam que la buscara.
—Espera... mi amiga está en el público, se llama Kim Jisoo, está en primera fila y prometo que la reconocerás en cuanto veas la gorra de pollo.
—Le diré a alguien más que la busque, tú y yo tenemos que entrar. Esto es para ahora —abrió la puerta.
Y ahí descubrí el mundo que guardaba Lisa en esa habitación, desde donde yo estaba se podía ver muebles con ropa, una ventana con cortinas oscuras, espejos, zapatos, la silla en la cual se sentaba ella para ser maquillada con un tramo completo de cosméticos. La habitación era blanca con muchas luces.
Di un paso la frente y por fin la vi. Estaba de espaldas a mí con una cola y mirándose en el espejo mientras personas se encontraba alrededor. Bambam tocó la puerta, avisando su llegada.
—¡Hasta que por fin, Bambam! —gruñó.
Su voz.
Joder.
La miré por el espejo y fue suficiente, aunque mi mundo realmente se detuvo cuando se colocó de pie y giró para así encararnos, la respiración se me cortó y me quedé muda, la botella de agua en mi mano casi se resbala y mi quijada cayó al piso pulcro y brillante, sus ojos de cerca eran aun más mieles, transmitía algo a través de ellos.
O no sé si era yo, pero apartar la mirada de ellos era técnicamente imposible, sus labios se veían aun mejor en persona, sus mejillas, su mandíbula y su nariz, incluso su flequillo el cual estaba perfectamente acomodado, un semblante serio sin salirse de lo formal.
Verla en persona fue sentir un cosquilleó por todo mi cuerpo, de esos cuando las hormigas se suben a tu piel, fue sentir un calor emanando de mí, uno que ni yo comprendía. No entendía el porqué de este sentimiento tan extraño cosa que jamás pasó mientras la veía por una pantalla.
Quería pasar saliva pero nada que ver, mi boca estaba reseca. Por un momento tuve miedo de hablar porque su mirada era penetrante y sumamente llamativa, sus pupilas eran captables, cosa que me hizo notar que estaban muy dilatadas fue como meterse en una burbuja y dejar el mundo exterior.
Por un momento su mirada subió y bajó por todo mi cuerpo, dándome un repaso sin pudor, no mostraba vergüenza alguna al sus ojos pasar mi de mis pies a mi cabeza, pero mucho menos se borró la mueca de sus labios.
¿Tan mal vestida estaba?
—Esta no es la maquillista Bambam —replicó.
Yo me puse nerviosa al instante.
—¿No? pero si yo la veo igualita —juzgó aquel sonando sin importancia.
—No es la misma.
—¿La otra era más rarita?
Lisa suspiró, molesta, —¿Que tramas Bambam? Tengo que salir ya.
—Tratas malísimo a todas, Lalisa. ¿Que carajos quieres que haga?
—Que no traigas a una puta desconocida a poner sus manos en mi cara —discutió.
Me sentí pequeña, pero tampoco me quería quedar callada esperando que aquellas dos personas terminaran de discutir <<sabrá Dios cuando>> tampoco era una inútil que no hacía nada.
La actitud de Lisa me sorprendió bastante, no sé porqué no le creí antes a esas personas.
—Su hermano sólo me pidió ayuda, no se enoje con él —hablé.
Lisa me miró, —¿Quién te pidió opinión a ti? deja de meterte en lo que no te importa.
Auch.
—No le hables así, Lisa. Deja de ser tan grotesca y agradece.
—¿Qué tengo que agradecer? No tengo que darle la gracias por nada, llévatela —ordenó.
—Perfecto que se cancele todo por tu maldita cabeza dura —bramó Bambam.
—Cállate —espetó.
—Tampoco le hable así —repliqué, Lisa volvió a mirarme—. Y no se atreva a levantarme la voz.
—¿Eres una fan? —rio con ironía—. Claro, te colaste aquí para averiguar de mi vida y exponerla.
Fruncí el entrecejo, —¿Por qué se armó esa película? No me colé, me trajeron, fue precisamente su hermano.
—Encontraste vía fácil —se cruzó de brazos.
—Deje de ser grosera, yo no soy a quien se le van las maquilladoras por ser una mujer con cabeza de niña, que ni eso porqué algunas se comportan con más madurez que usted —escupí dejando boquiarbierta no sólo a Lisa, sino a sus estilistas.
—¿Sabe qué? Si, quédese, quiero que lo haga a ver hasta cuando aguanta.
—No me quedaré ni muerta, no necesito ni que me paguen y mucho menos que me humillen, usted no vale lo que mostrara ahí afuera.
—¿Perdón?
—Lo que escuchó, Insoportable.
—Ah, no, a mí no me hablas así, a mí me respetas —levantó el dedo índice en amenaza.
—¿O si no qué? —la reté alzando la barbilla.
—No me conoces, Niña tonta.
—¿Niña? Déjeme y le digo que de niña no tengo nada y me sé defender muy bien, cuidado no vaya a romperse caminando, fósil de dinosaurio.
Abrió la boca ofendida, —¿De dónde carajos la sacaste, Bambam? ¿De un manicomio?
Miré hacia Bambam el cual me miraba con una sonrisa orgullosa como si le estuviera gustando las palabras que le devolvía a Lisa. Por un momento me agradó mucho más él que Lisa, la cual creí que era una persona totalmente diferente.
—¿Qué? No, no fue de ahí, ella si te pone en tu puesto, así que... la tomas o lo dejas —levantó las manos.
Lisa me miró mal, —Es una falta de respeto.
—Yo no soy la gruñona aquí.
—¡Me llamaste vieja! —chilló.
—Y tú me llamaste niña, no me dejaré de usted —me defendí.
—A mí nadie me rebaja de esa manera.
—Y a mi nadie me ofende, Lalisa Manobal —reprendí—. Me respeta o se quedara sin show. ¿Usted decide?
Se quedó unos segundos en silencio.
Es que por mas guapa que sea el cerebro lo tenía totalmente vacío. Era una mujer con temperamento y más que gustar, eso arruinaba todo, vendía una imagen que no era. Cosa que la mayoría de famosos hacen, pero esta sencillamente sobrepasó los límites. Bufó y sin alternativa, aceptó.
—Pero que sea rápido.
Sonreí a Bambam.
—Lo harás bien —me animó.
Eso espero.