No le digas a Nadie [ChenMin]

Summary

JongDae se lo advirtió cuando iniciaron su extraña relación. “No le digas a nadie, que nos besamos, que nos amamos, que nos enamoramos.”

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

01: JongDae

“…La sociedad está construida para seguir al pie de la letra algunas reglas, ideologías y normas. El ser humano como el individuo pensante y hablante, tiene la obligación de poner el ejemplo de la rectitud, encaminar a los más jóvenes por la línea de lo correcto.

Por lo tanto, los adultos tienen que mantener sus pensamientos en movimiento, modular con fluidez las palabras correctas que son transmitidas a las generaciones futuras. En base a la iglesia y las leyes del país, el ser humano debe mantener una postura firme ante los problemas; el hombre siempre imponiendo su presencia y educando a los hijos de la mejor manera, los pensamientos de una libertad convertida en libertinaje no están en las enseñanzas de los adultos, el conocimiento debe ser el adecuado, no meter ideas ridículas que puedan distraer a los jóvenes…”




Aquel texto lo sé de memoria, lo conozco al derecho y al revés, sé cuales son mis funciones como un ser humano pensante, entiendo completamente mi papel como un adulto funcional en un país conservador. Estoy siguiendo los pasos de mi padre, un hombre a quien admiré en su momento y que ahora, simplemente lo veo como alguien más en mi circulo social.

Mis ojos no se despegan del texto, mis manos pesadas sostienen el delicado libro, las hojas están desgastadas, las letras se pierden debido a los años que tiene ese libro en mi estante.

Cada día es más difícil leer el texto que olvido al llegar la noche.

Soltero y con una propuesta de matrimonio arreglado en puerta, dedico mis días a dar pláticas a los jóvenes que han olvidado seguir el camino de lo correcto. Arreglado de los pies a la cabeza, intento mantener una imagen sofisticada, los trajes tradicionales cubren mi cuerpo, un chaleco básico me protege del frío mañanero, los zapatos sencillos y cómodos, encima una gabardina que me ayuda a dar el porte de un hombre de principios.

Todos los días debo dar pláticas aburridas, todos los días camino por los mismos sitios y las mismas personas me saludan con respeto. Ayudo a aquellos que lo necesitan y pongo mala cara cuando algo que no es apto se presenta ante mis ojos.



La ciudad conoce a Kim JongDae o al menos eso creen.



Mi andar es recto, sin intención de provocar a cada paso que doy. El semblante que muestro a los demás es el adecuado, sonrisa discreta y saludos cordiales. Ojos fijos en el camino, sin vacilar ante lo desconocido de la ciudad. Así es como alguien debe verse ante los demás.

Sin embargo, dentro de mi sofisticado porte, ansío sumergirme en la perdición.

Deseo consumirme entre las perversidades del mundo, dejarme llevar por la corriente de la lujuria, quemar mi garganta con la exquisitez del alcohol. Sentir pieles ajenas tocar cada rincón de mi cuerpo, disfrutar de la estrechez alrededor de mis dedos, arremeter sin control y gemir en sintonía con el demonio debajo de mí.

Se necesita bastante fuerza de voluntad para fantasear con lo prohibido, mientras uno camina por las calles.

La gente alrededor no se imagina las cosas con las que fantaseo. No tienen idea que mi peor pecado es fingir ante ellos.

He esperado durante mucho tiempo con paciencia, a que la noche llegara con calma. Después de un largo día de trabajo, mi caminar es ansioso al momento en que mis pies entran al departamento. Me apresuro a cambiarme con las mejores y sensuales ropas que se esconden en lo más profundo de mi armario, desordeno mi cabello y adorno mi cuerpo con los accesorios que no puedo usar por las mañanas.

Nadie reconoce a la gente al caer la noche, no están seguros de quien camina entre ellos. Y es así como me escabullo entre la perfección y lo incorrecto. El sonido de la música sin sentido, los colores brillantes y los olores cuestionables; todo se presenta ante mí, ante alguien extasiado por colocar sus manos en lo prohibido.

Mis pies conocen de memoria el lugar al que nos dirigimos, cuestionable por fuera y un paraíso por dentro. El olor a cigarrillo, sudor y lujuria, entran directamente en mis fosas nasales, sonrío complacido, es el lugar donde pertenezco, mi piel cosquillea por sentir toques desconocidos. Mi imaginación es una constante estimulación ante la expectación. Los demonios del lugar reconocen mi rostro, sonríen con diversión en mi dirección, algunos de ellos pasean sus sucias manos por encima de la ropa. No puedo evitar mi sonrisa, mis ojos se dedican a observar de pies a cabeza a cada demonio que me da la bienvenida y se atreve a seducirme con delicados toques.

Siendo llevado por uno de ellos, tomo el lugar que me pertenece desde hace años. El acolchado sillón se siente magnífico debajo de mi cuerpo, me imagino sin remordimientos, a un demonio siendo tocado y besado por mí, en ese mismo sillón, gimiendo deliciosamente por las estocadas profundas que doy en el interior de su cuerpo.



Me lo imagino.



Me imagino sosteniendo a ese demonio por detrás, uno de mis brazos apretando firmemente su cintura, así arremeter con mayor profundidad, dando en los puntos correctos. La otra mano descansa entre su pecho y cuello, mis dedos acariciando con parsimonia sus clavículas. Oh, me imagino cómo ese demonio delira ante el placer que mi miembro le está dando.

Mientras mi imaginación termina en la culminación de un increíble acto, las luces del lugar oscurecen, uno de los demonios es presentador, endulza con palabras suaves a todos los que estamos en ese lugar, promete una revelación que nos encantará a todos. Mira en mi dirección, lame sus esponjosos labios y promete una vez más que quedaremos encantados con la presentación.

El sonido de una música suave y sensual resuena por el lugar, piernas bien tonificadas ocultas en un pantalón oscuro caminan con sensualidad al centro de la pista. Mis ojos se deleitan con los muslos carnosos y mi imaginación me enseña cómo se verían desnudos alrededor de mi cuello. Subiendo un poco la mirada, me regocijo al notar los glúteos esponjosos y duros, mis manos cosquillean ante la urgencia de apretar con ansias aquel exquisito trasero. El abdomen y pecho ocultos en una camisa holgada me genera curiosidad por explorar todo ese cuerpo. Parte del pecho y las clavículas son expuestas ante toda la gente hambrienta, suave a la vista y clara bajo la luz. Cuello delgado en donde una cinta lo adorna y resalta más la urgencia de morderlo. Un rostro encantador, labios casi finos y rosados, lubricados con un bálsamo que quiero probar. Una nariz donde podría pasar mi legua como si fuese un perro a sus pies, ojos cautivantes escondidos debajo de un pedazo de tela.

El baile es sin duda excitante, verlo contornear las caderas en el escenario, lamer de vez en cuando sus exquisitos labios, pasear sus manos desde su mandíbula hasta el inicio de sus clavículas; cada movimiento es un golpe a mi lujuria.

Vagamente recuerdo las palabras del diacono de la iglesia.



“… Dios creó a un hombre y a una mujer. Ambos creadores de nueva vida. No creó a dos hombres o a dos mujeres; Dios está en contra del pecado que genera la homosexualidad.

En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos no tienen cabida. Por eso, la Iglesia recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar”



Oh, si tan solo viera lo que un hijo de familia católica está haciendo en este momento. Los demonios de los que he hablado desde un inicio, no son más que hombres disfrutando de aquellos afectos que tanto discrimina la iglesia católica.

Si mis padres vieran que su hijo disfruta de ver bailar a un hombre hermoso, que lo desea tener entre sus brazos y llevarlo hasta el éxtasis; se les caería el pedestal del hijo perfecto. Mi prometida rompería el compromiso y me estaría haciendo un gran favor.

Pero no puede ser así. Aún debo continuar con la vida que he creado ante la sociedad.



Disfruto más de lo prohibido si es a escondidas.



En alguna parte del baile, los ojos de aquel demonio danzante son descubiertos, libres de la tela negra que los aprisiona. Encantadores, atrayentes y con una invitación a lo desconocido. Sé que me está viendo, siento toda la lujuria recorrer mi cuerpo, dejándose caer en sus rodillas, se ondea hacia adelante, dejando en alto su trasero, imitando a un hermoso gato negro. Sonríe encantadoramente y gatea hasta encontrarse entre mis piernas.

Imaginación o no, puedo sentir sus ojos clavándose en lo más profundo de mi ser. Sé que caeré ante los encantos que me mostrará encerrados entre cuatro paredes, soy consciente que me arruinará la vida perfecta que he construido durante tantos años.





Deseo que así sea.






No había deseado que la noche llegara rápido, hasta que lo conocí.

Termino mis asuntos antes de lo estipulado sólo para llegar más temprano a ese lugar. He dejado plantados a mis colegas, solo envío mensajes de buenos días a mi desconocida prometida, saludo a prisa a todos los que me rodean.

Y es que, desde que Kim MinSeok entró a mi vida, se ha instalado sin indicios de quererse ir.

Lo he visto bailar entre público, en una habitación privada. He tenido la fortuna de disfrutar cómo se mueve encima de mí, escuchar sus deliciosos gemidos y embriagarme de su exquisita piel.

Es tanta mi adicción que le he pedido vivir juntos, podemos construir una vida en base a las mentiras, decirle al mundo que solo somos amigos, fingir incluso que somos familia cercana.

Se lo he dicho y se lo repito cada que nos vemos. Solo son simples condiciones para tener una vida en la burbuja del secreto.




No le digas a nadie que nos conocemos.

No le digas a nadie que nos besamos.

No le digas a nadie que nos acostamos.

No le digas a nadie, MinSeok, que eres el demonio que ha logrado consumirme.




¿Será que puedo vivir así?, sabiendo que en cualquier momento seré descubierto si no controlo mis sentimientos enfermos.





Oh, deseo seguir viviendo bajo las faldas de una vida secreta, sólo si él está dispuesto a esconderse conmigo.