Mi final para Levi

Summary

Cuando leí el manga y después de ver su adaptación en el anime, siempre pense que nuestro capitán merecía un final feliz. Merecía ser feliz, reconstruir su vida al lado de una persona que lo quisiera, rodeado de vida y un futuro próspero. Éste fue el resultado. Desde hace mucho hice esta historia y ahora la publico, haciéndole unos cambios de acuerdo a las últimas actualizaciones que han dado. Nota: Muchos personajes le pertenecen a la obra SNK de Hajime Isayama.

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Después de la Guerra

Habían pasado tres años desde que la desgracia había acontecido. Se decia que solo el 20% de la población mundial había sobrevivido y que poco a poco se iba sobrellevando tanta destrucción.

Pude ver como se habían empezado a recontruir ciertas zonas pero era muy despacio lo que se avanzaba ya que la mayoría de la tecnología adecuada para ir moviendo todo de una manera más rápida había sido destruída con el paso del retumbar.

Ya nada era como antes,los titanes no solo habían acabado con la població


n, sino también con las comodidades que existían en ese momento. Por lo menos en los países afectados. Como civilización..., habíamos retrocedido enormemente.

Por mi lado, yo me encontraba en el frente médico, había tenido la dicha de haber estudiado medicina y de esa manera podía ayudar muchísimo curando a las personas que habían salido heridas con toda esta desgracia.

Fueron tres años de trabajo incesante, brindando mis servicios en diferentes zonas afectadas alrededor del mundo.

Muchas enfermedades aparecieron a causa de la destrucción, la muerte había traído enfermedades de todo tipo, llevándose consigo aún mas personas. Mis intentos para salvar vidas fueron exaustivos, pero no todas las vidas eran salvables, lamentablemente.

Vi muchos niños muy enfermos y muchos murieron a pesar de mis esfuerzos, eso era lo que más me afectaba de mi trabajo.

Después de pasar cuatro meses brindando mis servicios en algunos países orientales, me encontraba de vuelta en mi natal país. Estaba ubicado muy al norte, era un lugar conocido por su clima frio y por pasar tiempos en penumbras.

Al encontrarnos tan arriba del mundo, tres meses de los doce que correspondían al año, no veíamos la luz solar, nevaba muchos meses y además las luces del norte nos acompañaban casi la mayor parte del año. Era una tierra tormentosamente hermosa y los que vivíamos ahí la adorábamos, al menos la mayoría.

Tristemente mi estadía no duró más que una semana ya que nuevamente el deber llamaba.

- Joder piojosa, mueve tu gordo trasero, tenemos que llevar estas cajas al muelle rápido.

- Ya voy Bjorn!! - Dije con pereza. - No me dejas siquiera admirar por última vez las malditas luces del norte. No sé cuando podré volverlas a ver.

- Ya volverás pronto piojosa. Pero tu prioridad es en este momento ayudar a la nueva nación a la que fuiste asignada.- Me dijo con severidad.

- Yo lo sé y no me mal intérpretes hombre, no me estoy quejando, te recuerdo que estoy yendo porque así lo quise. Solo déjame un momento en paz para poder despedirme.- Bufé, bastante molesta, eso que pensara que me estaba quejando me sacaba de quicio, sobretodo porque cuándo se me informó sobre la situación que estaba pasando la nación de Marley a causa de falta de personal médico, no dudé en voluntariarme para prestar mis servicios en ese lugar. Y me molestaba que el amargado de mi supervisor pensara mal o cuestionara mis deseos por ayudar.

Miré nuevamente el cielo para poder ver las luces tornasoles bailar en el cielo, era lo que más amaba de vivir en esa zona. Todas las noches tomaba mi tiempo para salir a verlas aunque fuera unos minutos y hoy no sería la excepción.

Tres horas después ya me encontraba dentro del barco que me llevaría a lo que sería mi nuevo hogar por tiempo indefinido.

Había podido despedirme de mis compañeros de trabajo, y hasta de mi hermano y su esposa.

Gracias al cielo, nuestro pueblo había sobrevivido a la desgracia y debido a eso mi hermano se había vuelto bastante sobreprotector conmigo.

Cuando le conté que me marchaba nuevamente, se disgustó mucho, estaba por decirlo en pocas palabras, fuera de si, había hasta amenazado con hacerme encerrar si insistía en marcharme pero al final mi supervisor, siendo su mejor amigo, le ayudó a entrar en razón, no sin antes asegurarle que yo estaría bien y de vuelta lo más pronto posible.

Cuando se despidió dijo que pronto iría a visitarme y le agradecí que se preocupara tanto por mi, sabía que Marcus estaba asustado con perderme a mi también.

- Marcus, voy a trabajar, ya esas cosas enormes no existen más. Por favor ten un poco de paz.- Le pedí.

- Eres lo único que me queda en la vida junto con Freya, por favor entiendeme.

- Yo te entiendo pero también entiéndeme tu a mi.- Dije despidiéndome de él.

Nuestros padres había muerto producto de toda la desgracia, ellos al igual que lo hacía ahora yo, eran voluntarios médicos, tuvieron que morir productos de la horda de bestias que recorrió el mundo. Y digo que tuvieron que morir, porque en estos tres años que habían pasado, nunca regresaron a nuestro pueblo, ni supimos más de ellos.

Nuestro pueblo se había salvado de la destrucción por puro milagro divino, al ser un pueblo costero pudimos ver el vapor que emanaban las grandes bestias que venían hacia nosotros pero se detuvieron a unos kilómetros de llegar a nuestra orilla.

Me despedí de Marcus y de Bjorn con un fuerte abrazo y subí al enorme barco.

Estuve ahí hasta que ya no me fue posible ver más la orilla, entonces decidí bajar a donde me quedaría.

Estaba en mi camarote, quería dormir aunque fuera un rato, sabía que llegaría a Marley pasado mañana y no era que estaba cerca, pero el barco que me llevaría era conocido por ser rápido y el clima en esa época del año, ayudaba muchísimo porque hacía que el mar fuera como una piscina.

Me desperté después de unas 3 horas y me estaba muriendo de hambre, desde que había embarcado me había encerrado y no había salido más, no sabía como era el barco que Bjorn habia conseguido para llevarme a mi destino, solo me dijo que era uno de los pocos navios que había logrado sobrevivir a la tragedia y que era famoso por ser muy veloz.

Me desperezé y busqué mi maleta para cambiarme de ropa, necesitaba comer urgentemente, ya me empezaba a sentir un poco indispuesta.

Bjorn había empacado unos dulces que normalmente en mi pueblo eran muy conocidos, hechos a base de leche de vaca, arándanos silvestres y miel. Siempre que iba a algún sitio mi supervisor los preparaba en gran cantidad para que yo los repartiera a los niños en mis consultas. Tomé uno y me lo llevé a la boca.

También guardé unas barritas de carne seca ahumada de reno, eran muy buenas y ayudaban increíblemente a la hora de sentir uno hambre y no poder comer adecuadamente.

Salí del camarote y caminé tranquilamente por los pasillos de la vieja embarcación, cuando por fin divisé lo que parecía un gran salón me adentré temerosamente a donde estaba un grupo de cinco marineros comiendo algo que parecía bastante extraño.

- Buenos Dias Caballeros. - Dije fingiendo tranquilidad.

Ellos se voltearon al escuchar mi voz y puedo decir que la mirada que me dedicaron dos de ellos me dejó con los pelos de punta.

- Capitán, ¿porque no nos avisó de la nueva tripulante?.- Dijo uno de ellos lamiéndose los labios.

"Que asco". Pensé

- Ven gaviota. Come algo.- Me invitó el capitán de la embarcación.

- Gracias.- Me acerqué con mucho recelo.

- ¿Como te llamas avecilla perdida?- Dijo otro de los marineros.

- Me llamo Eilina.

- Que nombre tan extraño, ¿No te parece Victor?- Dijo el que se lamió los labio.

- Sii, nunca lo había oído antes.

Me sirvieron mi plato de comida y la verdad es que el hambre que tenía se me había esfumado ante tan extraña sensación de miedo que me despertaban estos hombres.

En ese preciso momento decidí que lo mejor era quedarme en el camarote lo que quedaba del viaje.

- ¿Que pasa gaviota?, ¿Acaso no tienes hambre?.- Otro de los marineros me preguntó al ver que no probaba bocado aparte a la rodaja de pan que tenía en mis manos.

- Disculpen, creo que la sensación del movimiento del banco me tiene un poco indispuesta.- Mentí.

- ¿Pero que estupideces dices?, si a los de tu pueblo se les conoce por ser grandes marineros, en aguas mucho mas movidas que el estanque en el que nos movemos.- Reía el capitán.

- Si, pero yo soy médico, no marinero y a mi si me afecta.- Me defendí.

- Doctora me pica aquí, ¿podría revisarme?.- Dijo uno de los marineros agarrándose su entrepierna con fuerza.

Todos los demás rieron a carcajadas, seguro por la cara de asombro y susto que debía yo de tener.

Le levanté de la silla disculpándome y cuando me dispuse a salir de ahí, uno de los infelices me arrinconó contra la barra, tomándo con su mano una de mis nalgas y con la otra mano mi seno, se acercó a mi oído y me susurró: - "Te visitaré hoy más noche preciosa gaviota".- Y lamió mi cuello.

Sentí morirme y a como pude lo empuje y salí del salón corriendo, estaba demasiado asustada y lo único que lograba escuchar eran las carcajadas de los hombres que rápidamente se iban quedando atrás.

Llegué a mi camarote y me encerré. Estaba aterrada, no sabía si lo que había dicho aquel tipo había sido solo para fastidiarme o de verdad pretendía algo pero estaba asustada y mucho.

Me sentía asqueada, nunca nadie me había violentado de esa manera, mucho menos en estos tiempos en los que estuve de voluntaria médica, me respetaban por querer ayudar. Pero estos infelices eran de otra clase de personas.

Maldije a Bjorn por haberme enviado así, sin conocer quienes dirigían el barco. "Estúpido".

La noche estaba ya bastante entrada y sin que yo me diera cuenta ya que no tenía más que una ventanilla pequeña para divisar el exterior, encerrada en ese lugar era complicado enterarse que pasaba fuera.

Y para colmo, los golpes en la puerta de mi camarote no se hicieron de esperar.

- Gaviotaaaa de mar, ven vamos a divertirnos.

- Me parece excelente ese nombre para ella, Gaviota.

- ¿Verdad que si Victor?, ella es blanca como ese pajarraco, vamos a ver si cuando se la meta será tan bulliciosa también. -Dijo carcajeandose.

Mis nervios se crisparon. Si bajaba la guardia, éstos bastardos me podían violar.

Golpearon la puerta fácilmente por dos horas, tenía mi estómago comprimido del miedo. No sabía en que momento botarían la puerta. Pero luego el silencio se adueñó del lugar.

No se en qué momento caí dormida pero había sido entrada la madrugada, casi amaneciendo.

Dormí por varias horas, cuando me desperté me comí una de las barras de carne seca y tomé un baño rápido, no me sentía tranquila. Ese día tampoco salí del camarote.

Miré por la pequeña ventanilla, rogando al cielo ver la orilla costera lo más pronto posible.

Durante ese día, los golpeteos insistentes no se hicieron esperar, nuevamente los marineros molestando.

Había colocado un viejo sillón en la puerta por aquello que quisieran tumbarla y con nervios empecé a repasar mis libros de medicina a ver si así el tiempo se me hacía más rápido.

Me desperté al escuchar dos grandes y secos golpes en la puerta.

- Estamos llegando, alistate para desembarcar.- La voz del capitán del barco retumbó detrás de la puerta.

Aleluya, había llegado. Lo único que quería era salir corriendo de ahí.

Me asomé por la pequeña ventanilla que tenía mi camarote y en efecto, logré divisar la costa ya bastante cerca.

Recogí las pocas cosas que había sacado de mi equipaje y abrí la puerta.

Tamaña estupidez había cometido.

Dos grandes moles se avalanzaron sobre mí.

- ¿Creías que te nos ibas a escapar así como así pequeña gaviota?.- Preguntó uno de los marineros mientra me tomaba de las muñecas para inmovilizarme.

- Sueltameeee!!. - Le dije molesta y asustada.

- Sí, pero primero lo primero, vamos a disfrutar un rato. -Dijo el otro marinero. Y de un tirón desgarró mi blusa.

- El pantalón tarado, lo que nos importa esta en el pantalón. - Reclamaba el que me sujetaba de las muñecas.

- A mi me prenden las tetas, me encantan, más si son blanquitas. - Reclamó el otro.

Yo trataba de forcejear con todas mis fuerzas hasta que sentí un golpe en mi rostro. El imbécil que había desecho mi camisa me había dado un puñetazo.

- Quédate quieta maldita puta, sino te va a doler más.

Desabrochó mi pantalón sin paciencia y ahí fue donde empecé a zarandear mis piernas, daba patadas al azar evitando que los lograran bajar. Logré asestar una patada tan fuerte en el hombre que tenía mis manos sujetas, que de inmediato me soltó y dando otra al otro tipo, logré salir corriendo del camarote.

Corrí como nunca lo había hecho y al llegar a la cubierta, ya el barco estaba anclado en el muelle pero al tratar de bajarme uno de lo tripulantes tomó mi cabello salvajemente logrando lanzarme al suelo del navío, se avalanzó sobre mí y me dejo caer en dos ocasiones su puño uno en mi mejilla y otro en mi boca.

- Maldita perra, espero darte tan duro que no te olvidarás fácilmente de nosotros. -Y destrozando mi brassier liberó mis senos y los mordió sin piedad, mordía todo mi pecho, hasta mis hombros y estómago, logrando sacarme gritos de dolor por lo que hacía. Cuando levantaba la cabeza para mirarme si rostro estaba manchado de sangre.

Sentía como clavaba sus dientes en mi piel.

Luego llegaron los otros dos tipos y sacando sus penes empezaron a bajar mis pantalones, yo forcejeaba tratando de evitarlo.

- Basta ya!!!. - Se oyó retumbar la voz del capitán.

Apartó a los marineros de mi y me tomó por el cabello, me levantó salvajemente y me bajó de la embarcación. Otro de los tripulantes lanzó mis maletas, callendo estas desparramandose en su totalidad sobre el piso del muelle.

Pude escuchar como elevaban las anclas y seguido escuché los motores de la embarcación, se estaban realmente marchando, por suerte.

No levanté mi mirada, solo veía aterrada mi pecho, estaba lleno de heridas que brotaban mucha sangre.

Las lágrimas silenciosas empezaron a bajar humedeciendo mis mejillas. Malditos y asquerosos bastardos.

Pero debía de sentirme feliz por el hecho de que no me hubieran violado totalmente. Lo que me habían hecho había sido terrible pero sin lugar a dudas, pudo haber sido mucho peor.

Estuve en la misma posición por bastante tiempo, y para cuando levanté la vista, el barco ni siquiera se veía ya a lo lejos, la noche había comenzado a caer.

Debía comenzar a caminar para llegar al campamento marleano, que según me habían comentado, estaba a más o menos dos horas a pie del muelle.

Empecé a recoger todas las cosas que quedaron tiradas en el muelle y las empecé a meter en las maletas, tomé un espejo que llevaba en mi maletilla de artículos personales y me miré, me examiné el pecho, mis lágrimas volvieron a bajar presurosas por mis mejillas, tenía el rostro inflamado, de seguro por los golpes que me dieron esos animales, y el pecho era totalmente bañado en sangre, no podía divisar en su totalidad el daño de lo que me habían hecho ya que la sangre se había secado y a menos que me lavara, no iba a poder valorar las heridas, di un último vistazo a mi rostro y guardé el espejo, sequé mis lágrimas y me cambié de ropa dejando enterrada la que llevaba, no quería llevarla conmigo.

Comí lo último que me quedaba de la carne seca de reno y me metí un dulce en la boca.

Así sin más y sintiéndome increíble cansada y adolorida, emprendí mi viaje.

.....................................

"-¿Dos horas viaje?, si claro..., ¿en que planeta?".- Iba repitiéndome después de haber caminado por casi tres horas, estaba exausta, demasiado adolorida, tenía hambre y me sentía de pésimo humor.

No me permití en ningún momento detenerme a descansar, la noche había caído y la única luz que llevaba conmigo era la de una pequeñita lámpara de vela que llevaba siempre para poder leer en campamentos donde la electricidad no había sido restablecida. Por suerte siempre llevaba velitas y fósforos.

Lo que se me dificultó terriblemente fue cargar las dos maletas, el bolso médico de mano, un salveque y además ahora la lamparita, teniendo que colocar entre las manijas de las maletas mi cinturon para así unirlas y poder jalar ambas con una sola mano, el salveque y el bolso guindando en mi espalda y pecho y con la mano libre la lámpara.

Para esas alturas pensaba que nunca llegaría y que lo mejor era parar, todo me pesaba una barbaridad y ya mi cuerpo no daba más.

"-Solo un poquito más y paro."

Ese era el pensamiento que me impulsaba a caminar un poquito más, sin embargo, al ir por las cuatro horas de caminata o tal vez cinco, no se bien, la verdad, logré ver al fondo unas luces que para mi dicha, tenía la fé de que fuera el bendito campamento al que me habían asignado.

Intente caminar con un poquito más de rapidez pero lamentablemente mi cuerpo no me lo permitía, me empezaba a sentir desesperada por llegar, deseaba llegar a tomar un baño y revisar mis heridas, quitarme de mi cuerpo los rastros asquerosos que me dejaron los malditos marineros, deseaba también algo decente de comer. Pero lo que más deseaba era que por favor fuera gente buena la que estuviera ahí.

POV Yelena.

Habíamos terminado de cenar y estábamos conversando sentados en la mesa de siempre.

Era lo normal que siempre hacíamos todas las noches, Onyankopon, el enano infeliz y yo, eramos los que siempre nos reuníamos a jugar cartas o simplemente a hablar después de la cena, aunque de vez en cuando, se nos acercaban otros compañeros más o Gaby y Falco.

Desde que habían detenido el retumbar, yo había decidido junto con los otros dos varones quedarme en Marley para ayudar en lo posible a reconstruir los nuevos cimientos de la lo que había sido una gran ciudad, ibamos muy depacio, pero poco a poco se avanzaba.

Todo hubiera sido más rápido si la gente, o mejor dicho, la poca gente que quedaba no se enfermara tan seguido, muchos de ellos no pudiéndose recuperar y muriendo en el proceso. Los que no murieron por el avance de los titanes lo estaban haciendo por las enfermedades.

Habíamos pedido a ciertas organizaciones que vinieron a ayudar, un médico pero ya teníamos cerca de seis meses que se les había pedido y nunca más oirmos de eso.

Después de la muerte de Zeke, me dediqué a servir de ayuda en todo lo que podía, lo que no me esperaba era tener que hacerlo al lado del hombre que le quitó la vida a mi gran amor.

En un principio lo odiaba con todas mis fuerzas, pero luego y producto de la convivencia diaria, ese odio se fue transformando en resentimiento, hasta llegar a lo que es hoy, simplemente un ligero desagrado, intentábamos ser más cordiales entre nosotros para no incomodar a Onyankopon pero en el fondo el trato que teníamos era mínimo, simplemente nos tolerabamos para llevar una vida tranquila.

El enano había quedado muy herido, su rodilla estaba casi destruída, por lo que no podía caminar, ver al soldado más fuerte de la humanidad postrado en una silla de ruedas fue suficiente para calmar mi sed de venganza y mi gran enojo.

Se sabía que podría eventualmente volver a caminar pero como que no le importaba mucho estar tranquilo ahí postrado en la silla.

Estábamos conversando sobre los nuevos árboles que se habían conseguido para sembrar, éstos eran frutales, dándonos la posibilidad de comer frutas cultivadas en nuestros propios campos en unos cuantos años.

Yo me encontraba sentada frente a los dos varones, y por mi ubicación pude ver al fondo como alguien se acercaba.

- Viene alguien.- Dije intrigada señalando la ubicación.

Los dos varones se volvieron para ver de quién se trataba.

- ¿Se espera a alguien?.- Preguntó el piloto.

- Tengo entendido que se esperaba un médico pero nunca se supo si lo enviaron o no.- Respondí.

- ¿Un médico?. - Preguntó el enano.

- Si, para ver si frenamos tanta enfermedad.- Respondí. - Aunque lo peor ya pasó, de igual manera en cualquier momento se viene otro brote y ahí de seguro, solo quedarás tu.

- Tch!!.

Me levanté para dirigirme hacía donde venía la persona. Segundos después vi como me siguieron mis dos compañeros.

Al irme acercando pude notar que era una mujer, de estatura media, muy rubia y venía..., manchada de sangre. Corrí a su encuentro.

Cuando llegué la asistí con las maletas que traía y la interrogué.

- ¿Que te pasó?.

Ella con duda me miro, analizándome. Me miraba con miedo.

- No te asustes no vamos a lastimarte, ¿quien eres?. - Volví a preguntar.

Mis compañeros llegaron a mi lado. Los tres la mirábamos asombrados. Algo malo le había pasado.

- Soy la médico de Unión sin Fronteras. Disculpen, tuve un pequeño contratiempo en barco en el que venía. ¿Será que me permiten curar mis heridas antes de explicarles más a fondo lo que soy y que hago acá?

- Sii, disculpa más bien, déjame llevarte a mi tienda, ahí podrás hacer todo lo que necesites. - Le dije llevando las maletas. Levi le pidió lo demás que cargaba para llevarlo en sus regazos, mientras Onyankopon jalaba su silla de ruedas.

Con cuidado y despacio la guíe hacía mi tienda.

Le indiqué a la mujer que podría tomar uno de los camastros para su uso, por lo menos mientras le asignaban una tienda a ella.

Le extendí un banco y una cubeta de agua que Onyankopon había traído para que se lavara, a esa hora el agua de las duchas se encontraba muy baja y lo mejor era lavarse así, ya mañana podría bañarse como debía.

- Me ayudas por favor, no aguanto el brazo y necesito lavarme el pecho. No me dijiste tu nombre.

- Chicas, las esperaremos afuera en las mesas. - Onyankopon dijo jalando a Levi para salir de la tienda.

- Me llamo Yelena, ¿cual es el tuyo?

- Soy Eilina. Muchas gracias por la ayuda.

Le ayudé a levantar la camisa que traía y mi impresión fue más que evidente cuando miré su pecho. Con razón estaba pidiendo ayuda, la camisa se había quedado pegada a sus heridas. Eran demasiadas, y por tirar de la prenda empezaron a sangrar nuevamente. -"¿Que demonios le había causado esas heridas a esta mujer?. No, un momento, esas son...., ¿Mordidas?.

- Unos infelices trataron de violarme. Estos son los resultados de sus intentos, por suerte no creo que a uno de ellos se le vuelva a parar el pito por haberlo golpeado en las pelotas.- Dijo como si leyera mis pensamientos.

Un leve gemido salió de mi garganta. Nunca había visto algo así en mi vida.

- ¿Que son?.- Pregunté indignada.

- Mordiscos.

No pude decir nada, no podía creer lo que veían mis ojos.

- Te dejaré por mientras te aseas, a menos que necesites mi ayuda. Cuando termines, búscame en las mesas del frente, te llevaré algo decente de comer.

- Gracias.- Dijo ella sin quitar la vista de su torso. Pude notar como lágrimas rodaron por sus mejillas mientras se miraba con impotencia.

Salí de la tienda con ganas de vomitar. Era imposible que alguien pudiera hacer una cosa tan terrible. Me dirigí a la mesa donde estaban mis dos compañeros.

- ¿Te pasa algo?. Tienes cara de haber pisado mierda.- Dijo Levi.

- ¿Que pasa Yelena?, ¿La chica te dijo lo que le pasó?. -El piloto preguntó.

- Chicos, no tienen una idea..., es asqueroso lo que le hicieron. Su torso..., esta totalmente lleno de horribles mordidas, nunca había visto algo así en mi vida.- Les dije encontrándome con la cara de asombro de los dos hombres al frente mío.

- ¿Mordidas?.- Preguntó Levi.

- Si, dijo que intentaron violarla y que eso le hicieron, también dijo que había logrado por lo menos golpear a un tipo en las pelotas.

- Bueno, por lo visto, sabe aunque sea defenderse.- Dijo el enano.

- Y los golpes en su rostro, de seguro fue para tratarla de calmar. -Remató el piloto.

- Los golpes en la cara no es nada en comparación a su pecho. - Dije aún conmocionada.

- No puedo creer que aunque solo quedara el 20% de la humanidad, sobrevivieran tipos de esa calaña, que asco me dan. -Dijo con visible disgusto el pelinegro.

- Voy a ir por su comida, de seguro muere de hambre. Por cierto se llama Eilina.

Fin POV Yelena


La mujer que me guío hasta la tienda había salido ya hacía unos 30 minutos, había podido limpiar mis heridas y desifectarlas a la perfección. Estaba exausta pero quería comer algo. Me coloqué algo de ropa cómoda y salí.

Al final, vi a la mujer hacerme señas con la mano para que fuera donde ella estaba.

No había casi gente ahí, de hecho contando a esos tres personajes solo habían cuatro más sentados en otra mesa que me miraban de vez en cuando con notable intriga, pero no de mala manera.

- Muchas gracias por la ayuda. - Dije sentándome en la silla libre que quedaba en la mesa.

- Ven come algo, necesitás energía. - Dijo ella extendiendo un plato y un vaso de agua, que bebí con rapidez, ella volvió a llenar el vaso una vez vacio.

Acepté el plato gustosa agradeciendo en el momento.

Comí despacio, estaba delicioso.

- Te llamas Eilina, mucho gusto, yo soy Onyankopon y este de acá es el Capitán Levi Ackerman. Un gusto.

- Mucho gusto a los dos.- Dije cubriendo mi boca con la servilleta.

El hombre de color era muy amable y el otro muchacho, en silla de ruedas se veía bastante serio pero "¿Que le habrá pasado en el rostro?”

- Somos soldados que ayudamos en el retumbar.- Dijo finalmente el hombre de color.

- No seas modesto hombre, el capitán aquí presente, es el que se encargó juntos con otros solados de la isla de Paradise en detener los titanes. - Dijo la mujer. - Y tu el encargado de llevarlos a su destino.

Miré con gran asombro a los dos hombres frente a mi. Eran los salvadores de la humanidad, unos verdaderos heroes.

- Les debemos la vida.- Dije con auténtica admiración.

- Tch, no nos deben nada. - Dijo el pelinegro con visible disgusto.

- Cuéntanos Eilina, ¿de donde vienes?. - Preguntó la mujer.

- Soy del norte, de las tierras del hielo.

Los ojos de mis tres acompañantes se abrieron al máximo.

- Eso es muy lejano. - Dijo Onyankopon

- Si, nunca había tenido la oportunidad de salir por este lado, siempre fui más por el lado del oriente. Y digamos que hasta el momento no ha sido muy buena la experiencia. - Reí por lo bajo.

- Malditos bastardos. - Oí como el hombre que estaba en la silla de ruedas se quejó. - Espero les hayas dado su merecido.

- No como hubiera querido, pero por lo menos algo les dolió. - Dije mirando su marcado rostro.

Al hacer contacto visual con él, le mantuve la mirada, su ojo sano era muy oscuro, y sus facciones era muy varolines, también enía el cabello algo largo que llevaba amarrado en una media coleta. Él quitó su mirada de la mía como evitando que yo lo mirara, seguro por vergüenza.

Terminé de cenar respondiendo más preguntas de los tres. Rato después me disculpé con los presentes, me sentía exausta y me dolía todo el cuerpo. Necesitaba acostarme con urgencia.

Yelena fue conmigo a la tienda y me prestó una sabana, yo la recibí por educación pero era lógico que en ese clima lo que menos sentiría era frio, estando acostumbrada a los vientos helados de mi país, estar acá era como encontrarme en el paraíso.

Intenté acostarme pero me encontraba demasiado adolorida por lo que la rubia me ayudó en la simple tarea. Cerré los ojos dejándome caer en un profundo y reparador sueño.


(Cabello de Levi en ese momento)