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Todo lo que fuimos

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Summary

Scout destaca por su su pasión por la historia y su estilo único. Su apariencia no encaja con los estándares de belleza convencionales, según ella y, básicamente todas las personas que se lo han hecho saber desde pequeña. Noah, el chico nuevo del colegio, capturó su atención desde el primer momento. Pero, por un desliz de su mejor amiga, todo el colegio se termina enterando y las burlas incrementan. Años más tarde, se reencuentran en la universidad. Scout se sumergida en su carrera de historia, mientras que Noah persiguió su sueño de convertirse en modelo profesional. La chispa entre ellos se reaviva, pero mientras Noah está decidido a iniciar una relación, Scout lucha contra los traumas de su infancia que la atormentan. Esta historia sigue su viaje de autoaceptación, sanación y amor.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1 - Scout

16 años

Siento el ardor subir por mis piernas. —Joder.

Todas las mañanas es lo mismo. No importa qué tan temprano me levante, llegar tarde al instituto se ha convertido en mi vocación.

Los pasillos se encuentran desiertos. Tropiezo con mis propios pies y maldigo sin detenerme a revisar si me he lastimado. Ruego que la maestra Raquel esté de buen humor; es la cuarta vez esta semana que llego tarde. Treinta minutos tarde a una clase de una hora, para ser exactos.

Encuentro la puerta e intento peinar los rizos negros que caen sobre mi frente y los nudos en la parte de atrás, y relajo mi respiración antes de tocar. Aliso la falda del horrible uniforme verde y noto que las medias blancas están adornadas de un rojo carmesí: sangre. Llevo el dedo índice a la boca e intento limpiar los restos de esta, pero solo consigo que se esparza aún más el desastre.

Desesperada, doy vueltas en el puesto pensando en una excusa para que Raquel “uniforme perfecto” Williams no me asesine por el estado en el que llego. ¿Si le digo que me robaron de camino? ¿Que me atacó un perro? No, idiota, piensa. Dejo caer mi trasero en el piso frente a la puerta, balbuceando ideas sin sentido.

Unos zapatos negros me sacan de mis divagaciones. Alzo la vista y pierdo el aliento. Es el chico más guapo y alto que he visto, el cabello negro le cae despreocupadamente sobre su perfectamente definido y pecoso rostro, sus pobladas cejas negras están fruncidas y sus orbes verdes me observan con dureza.

Le regalo una sonrisa, —¿Hola?

Su expresión permanece y lo escaneo. Porta el uniforme de la institución: pantalón gris, camisa blanca, corbata del mismo verde oliva que mi falda, todo debidamente planchado, limpio y organizado a diferencia de mí, que estoy llena de polvo, sangre y sudor. Me pilla mirándolo pero me veo incapaz de apartar la mirada de sus ojos verdes, así que no lo hago.

Sus labios se mueven y pienso que va a responder, pero en realidad hace un gesto de disgusto y sigue de largo, ignorando que en algún momento estuvo allí.

¿Qué diablos?

El chirrido de la puerta me hace desviar la mirada y una muy enojada Raquel me señala con la enorme regla de madera que tiene en las manos. Sus ojos negros, maquillados de un naranja fosforescente, me aniquilan con la mirada y las mejillas, excesivamente rojas del rubor, están hinchadas de enojo.

—Qué bien que nos honre con su presencia—, pronuncia con evidentes ganas de arrancarme las palabras con la regla.

¿Será buen momento para decirle que tiene labial rojo en los dientes?

Olvido la idea cuando soy empujada dentro del salón. Soy recibida por 40 pares de ojos divertidos por la situación.

Señora perfecta pasa por mi lado, —A tu puesto.

—Sí, Señora.

Me acomodo en mi asiento y con los ojos busco a Félix Ross, el chico que me tiene babeando desde que teníamos 13 años. Su mandíbula marcada, ojos miel, cabello ondulado. Me encanta, no lo puedo negar. Ya sabe que me gusta. Pero no hace nada al respecto, no le gusto.

— Smith, si dejaras de mirar a Ross quizás entenderías algo de lo que estoy explicando. ¿Te gusta? — me sonrojo fuertemente.

Nuevamente las miradas sobre mí. Me sonrojo, mirando el suelo. Aguantando las ganas de llorar. La profesora se ríe y sigue explicando.

—Scout, ¿estás bien?— Exclama una voz dulce detrás de mí. Es Lisa.

Somos amigas desde que la hice comer arena en el parque donde nos conocimos. El cabello castaño corto permite apreciar con claridad sus delicadas facciones y realza los ojos azules que carga.

Siento mi garganta arder cuando le respondo, —Sí, estoy bien.

Termina la clase después de algunos minutos y me volteo hacia Lisa, quien está guardando las lentes. Cuando nota que la estoy viendo, me sonríe.

—¿Si viste el video de Nick bailando Gangam Style? Lo amo— me rio y asiento. Es cierto, se veía hermoso mientras intentaba recrear el paso de PSY. La siguiente hora la teníamos libre, así que decidimos seguir viendo fotos y videos de Nick.

21 años

La luz del computador me consume y la página de Word en blanco me mortifica. Se supone que en dos horas debo entregar un ensayo sobre la influencia de Martín Lutero en el fin del oscurantismo en Europa.

¿Por qué escogí este tema?

¿Por qué tuve que quedarme leyendo todo el día y procrastinar mi entrega?

Ajusto mis lentes, tratando de concentrarme en el escrito pero fallo de manera monumental. Doy un vistazo a mi alrededor. La habitación está hecha un desastre, hay libros de historia en el piso, ropa limpia sobre la cama esperando ser guardada en algún lado, vasos de leche de chocolate a medio tomar y me pareció haber visto una rebanada de pizza de champiñones por algún lado.

Suspiro. Quizás un descanso no me sentaría mal.

Busco el móvil dentro del desastre. Un mensaje directo de Lisa ilumina la pantalla, por lo que decido entrar a Instagram. Muerdo la punta del bolígrafo mientras espero que cargue y observo por la ventana cómo el gato de la señora Martina intenta atrapar una mosca.

《Madre de Dios》la voz de Federica Peluche es lo que produce mi cerebro al ver la foto mandada por mi mejor amiga.

Lisa me había enviado la publicación de Noah. Hace años que no lo veía, de hecho, desde la graduación cuando derramé cerveza sobre su perfecto traje no lo había hecho.

Muerdo mis labios mientras engrandezco la foto. Tiene los ojos cerrados, así que no puedo apreciar los hermosos ojos verdes que sé que tiene.

Su rostro ha madurado. Sin duda, sigue siendo atractivo.

Tecleo rápidamente, —Antes era más lindo.

Mentirosa.

Dejo el móvil sobre la mesa mientras voy por una paleta a la cocina de la casa de estudiantes donde vivo. Actualmente somos seis, compartimos áreas comunes y es normal encontrarse a personas bebiendo alcohol, estudiando o cocinando. Aunque nadie como Adrián que lo he encontrado cocinando sancocho de gallina a las 2 de la mañana después de que terminaron los exámenes finales y celebró emborrachándose hasta la médula y robando un cactus de la señora Martina.

De regreso a la habitación, el reflejo que muestra el espejo me detiene. Observo la curvatura de las caderas que se han ensanchado un poco, el abdomen resaltado y los senos prominentes. Dirijo mis ojos al rostro: grandes ojos negros, cabello negro y ondulado y labios un poco grandes para mi gusto.

Suspiro y niego. No otra vez.

Pienso en mi mantra, —Soy hermosa, soy hermosa, soy hermosa.

Lo repito hasta llegar al escritorio. Meto la paleta en la boca y río por la respuesta de mi mejor amiga.

—Eres muy mala mentirosa.

Entro al perfil de Noah. No lo sigo, ni él a mí. Reviso las fotos recientes. Trabaja mucho en sus abdominales y le gusta mostrarlos, eso es seguro.

Hay muchas fotos con una rubia, que al mirar la descripción de una de las fotos me confirma que es la novia. Aparecen modelando juntos en Suiza, Berlín y Madrid.

Voy hasta el final. Un mini Noah aparece sonriendo con el uniforme de nuestro instituto. Hago zoom en sus ojos y una gota de paleta me asusta cuando cae sobre el móvil, intento limpiarla con cuidado pero...

Siento mi corazón acelerarse, un nudo formarse en mi estómago. El pequeño grito queda ahogado en mis labios de la impresión.

No.

Puede.

Ser.

Le di me gusta.

A una jodida foto de 2014.

Cuando reacciono, intento quitar el me gusta, pero la pantalla del teléfono queda en negro por falta de carga.

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