1: Es mĂĄs fĂĄcil perderse que
El fin del mundo, no comenzĂł por un meteorito, una guerra o extraterrestres, sino que por un virus, todo comenzĂł con una enfermedad que apareciĂł en diversos paĂses, y aunque al principio se pensaba que era un ataque con toxinas aĂ©reas o a travĂ©s del agua, todo sucediĂł muy rĂĄpido y no hubo oportunidad de investigar a fondo. De esta manera de la noche a la mañana las calles se comenzaron a llenar de caminantes. Se cree que el virus Wildfire ataca solo a los humanos, y se activa cuando alguien muere. De esta manera todos los que estĂĄn infectados y se convierten en caminantes al morir, y la mordida de un caminante sĂłlo acelera el proceso al contaminar el cuerpo a travĂ©s de la sangre. TenĂa once años cuando comenzĂł.
Era una mañana de domingo totalmente normal, mamĂĄ dormĂa hasta tarde, Beth pasaba el rato con Jimmy, Maggie cabalgaba sus caballos, y papĂĄ y yo Ăbamos al huerto a cosechar frutas para el desayuno. Todos nos juntamos a desayunar, mientras escuchĂĄbamos mĂșsica en la radio y charlĂĄbamos, nuestra tranquilidad fue interrumpida por una interrupciĂłn del locutor.
- Aléjense de los centros de la ciudad, aléjense de ellos, son monstruos, nos quieren comer, corran amigos, por el amor de dios, corran y escóndanse, cuiden a su familia, ellos no son humanos, repito, no son humanos- Dijo desesperado, todos nos quedamos en silencio y mi padre apagó la radio.
- Beth la televisiĂłn- Dijo papĂĄ, Beth obedeciĂł y fue a encenderla, y allĂ vimos, incendios, sangre, cadĂĄveres y aquellos monstruos de los que hablaba el locutor, la reportera nos hablaba sobre que virus Wildfire, resultaba ser mĂĄs letal de lo que parecĂa, que se les habĂa escapado de las manos.
Mis manos temblaban, todos miramos a papĂĄ- Tranquilos- Dijo el intentando mantenerse sereno, aunque sabĂa que estaba igual de asustado que nosotros- Estamos a salvo- TenĂa razĂłn, estĂĄbamos a salvo, lejos de la ciudad, nuestra casa contaba con agua y electricidad propios, estĂĄbamos seguros y a salvo.
Luego de dos semanas llegĂł Otis y su esposa Patricia, estĂĄbamos bien, pero todo lo que sube, baja.
Una tarde, Maggie y yo dåbamos un paseo por el bosque, para despejarnos, pero cinco caminantes se nos estaban acercando, nos subimos a un årbol, apoyé mal mi pierna y me enterré una rama, grité de dolor lo que llamó mås la atención de los caminantes.
-____- Dijo Maggie- Tranquila, todo estĂĄ bien- Dijo viendo mi pierna.
- Duele...- Dije quejĂĄndome.
- Lo sé pequeña...- Se quedó unos segundos en silencio- Distraeré a los caminantes, iré por ayuda.
- Maggie, no.
- VolverĂ©, te lo prometo, solo no te muevas- Dicho eso bajĂł y comenzĂł a llamar a los caminantes mientras corrĂa, ellos fueron detrĂĄs de ella, unos minutos despuĂ©s me quedĂ© dormida.
DespertĂ© y ya estaba amaneciendo, Maggie no habĂa vuelto por mĂ, bajĂ© con cuidado y comencĂ© a caminar de vuelta, pero mientras mĂĄs caminaba, menos reconocĂa el camino. LleguĂ© a una cabaña, era de unos tres metros cuadrados, parecĂa ser el campamento de un cazador, dentro tenĂa una hamaca, un calderoEl fin del mundo, no comenzĂł por un meteorito, una guerra o extraterrestres, sino que por un virus, todo comenzĂł con una enfermedad que apareciĂł en diversos paĂses, y aunque al principio se pensaba que era un ataque con toxinas aĂ©reas o a travĂ©s del agua, todo sucediĂł muy rĂĄpido y no hubo oportunidad de investigar a fondo. De esta manera de la noche a la mañana las calles se comenzaron a llenar de caminantes. Se cree que el virus Wildfire ataca solo a los humanos, y se activa cuando alguien muere. De esta manera todos los que estĂĄn infectados y se convierten en caminantes al morir, y la mordida de un caminante sĂłlo acelera el proceso al contaminar el cuerpo a travĂ©s de la sangre. TenĂa once años cuando comenzĂł.
Era una mañana de domingo totalmente normal, mamĂĄ dormĂa hasta tarde, Beth pasaba el rato con Jimmy, Maggie cabalgaba sus caballos, y papĂĄ y yo Ăbamos al huerto a cosechar frutas para el desayuno. Todos nos juntamos a desayunar, mientras escuchĂĄbamos mĂșsica en la radio y charlĂĄbamos, nuestra tranquilidad fue interrumpida por una interrupciĂłn del locutor.
- Aléjense de los centros de la ciudad, aléjense de ellos, son monstruos, nos quieren comer, corran amigos, por el amor de dios, corran y escóndanse, cuiden a su familia, ellos no son humanos, repito, no son humanos- Dijo desesperado, todos nos quedamos en silencio y mi padre apagó la radio.
- Beth la televisiĂłn- Dijo papĂĄ, Beth obedeciĂł y fue a encenderla, y allĂ vimos, incendios, sangre, cadĂĄveres y aquellos monstruos de los que hablaba el locutor, la reportera nos hablaba sobre que virus Wildfire, resultaba ser mĂĄs letal de lo que parecĂa, que se les habĂa escapado de las manos.
Mis manos temblaban, todos miramos a papĂĄ- Tranquilos- Dijo el intentando mantenerse sereno, aunque sabĂa que estaba igual de asustado que nosotros- Estamos a salvo- TenĂa razĂłn, estĂĄbamos a salvo, lejos de la ciudad, nuestra casa contaba con agua y electricidad propios, estĂĄbamos seguros y a salvo.
Luego de dos semanas llegĂł Otis y su esposa Patricia, estĂĄbamos bien, pero todo lo que sube, baja.
Una tarde, Maggie y yo dåbamos un paseo por el bosque, para despejarnos, pero cinco caminantes se nos estaban acercando, nos subimos a un årbol, apoyé mal mi pierna y me enterré una rama, grité de dolor lo que llamó mås la atención de los caminantes.
-____- Dijo Maggie- Tranquila, todo estĂĄ bien- Dijo viendo mi pierna.
- Duele...- Dije quejĂĄndome.
- Lo sé pequeña...- Se quedó unos segundos en silencio- Distraeré a los caminantes, iré por ayuda.
- Maggie, no.
- VolverĂ©, te lo prometo, solo no te muevas- Dicho eso bajĂł y comenzĂł a llamar a los caminantes mientras corrĂa, ellos fueron detrĂĄs de ella, unos minutos despuĂ©s me quedĂ© dormida.
DespertĂ© y ya estaba amaneciendo, Maggie no habĂa vuelto por mĂ, bajĂ© con cuidado y comencĂ© a caminar de vuelta, pero mientras mĂĄs caminaba, menos reconocĂa el camino. LleguĂ© a una cabaña, era de unos tres metros cuadrados, parecĂa ser el campamento de un cazador, dentro tenĂa una hamaca, un caldero, una mesa de madera, y sobre ella un plato, un cuchillo y unos fĂłsforos y un tronco que parecĂa ser usado como silla, todo estaba cubierto de polvo, con algunas telarañas encima, estaba abandonado desde hace un tiempo. SacudĂ la hamaca y me sentĂ© sobre ella, mis lĂĄgrimas de frustraciĂłn y miedo comenzaron a salir.
- Tengo que volver a casa- Me prometĂ a mi misma, lĂĄstima que nunca cumplĂ esa promesa., una mesa de madera, y sobre ella un plato, un cuchillo y unos fĂłsforos y un tronco que parecĂa ser usado como silla, todo estaba cubierto de polvo, con algunas telarañas encima, estaba abandonado desde hace un tiempo. SacudĂ la hamaca y me sentĂ© sobre ella, mis lĂĄgrimas de frustraciĂłn y miedo comenzaron a salir.
- Tengo que volver a casa- Me prometĂ a mi misma, lĂĄstima que nunca cumplĂ esa promesa.








