Just Us Two - Carl Grimes & Tú

Summary

Ni siquiera un Apocalipsis pudo evitar que estos dos jovenes se enamoraran locamente

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

1: Es más fácil perderse que

El fin del mundo, no comenzó por un meteorito, una guerra o extraterrestres, sino que por un virus, todo comenzó con una enfermedad que apareció en diversos países, y aunque al principio se pensaba que era un ataque con toxinas aéreas o a través del agua, todo sucedió muy rápido y no hubo oportunidad de investigar a fondo. De esta manera de la noche a la mañana las calles se comenzaron a llenar de caminantes. Se cree que el virus Wildfire ataca solo a los humanos, y se activa cuando alguien muere. De esta manera todos los que están infectados y se convierten en caminantes al morir, y la mordida de un caminante sólo acelera el proceso al contaminar el cuerpo a través de la sangre. Tenía once años cuando comenzó.


Era una mañana de domingo totalmente normal, mamá dormía hasta tarde, Beth pasaba el rato con Jimmy, Maggie cabalgaba sus caballos, y papá y yo íbamos al huerto a cosechar frutas para el desayuno. Todos nos juntamos a desayunar, mientras escuchábamos música en la radio y charlábamos, nuestra tranquilidad fue interrumpida por una interrupción del locutor.


- Aléjense de los centros de la ciudad, aléjense de ellos, son monstruos, nos quieren comer, corran amigos, por el amor de dios, corran y escóndanse, cuiden a su familia, ellos no son humanos, repito, no son humanos- Dijo desesperado, todos nos quedamos en silencio y mi padre apagó la radio.


- Beth la televisión- Dijo papá, Beth obedeció y fue a encenderla, y allí vimos, incendios, sangre, cadáveres y aquellos monstruos de los que hablaba el locutor, la reportera nos hablaba sobre que virus Wildfire, resultaba ser más letal de lo que parecía, que se les había escapado de las manos.


Mis manos temblaban, todos miramos a papá- Tranquilos- Dijo el intentando mantenerse sereno, aunque sabía que estaba igual de asustado que nosotros- Estamos a salvo- Tenía razón, estábamos a salvo, lejos de la ciudad, nuestra casa contaba con agua y electricidad propios, estábamos seguros y a salvo.


Luego de dos semanas llegó Otis y su esposa Patricia, estábamos bien, pero todo lo que sube, baja.


Una tarde, Maggie y yo dábamos un paseo por el bosque, para despejarnos, pero cinco caminantes se nos estaban acercando, nos subimos a un árbol, apoyé mal mi pierna y me enterré una rama, grité de dolor lo que llamó más la atención de los caminantes.


-____- Dijo Maggie- Tranquila, todo está bien- Dijo viendo mi pierna.


- Duele...- Dije quejándome.


- Lo sé pequeña...- Se quedó unos segundos en silencio- Distraeré a los caminantes, iré por ayuda.


- Maggie, no.


- Volveré, te lo prometo, solo no te muevas- Dicho eso bajó y comenzó a llamar a los caminantes mientras corría, ellos fueron detrás de ella, unos minutos después me quedé dormida.


Desperté y ya estaba amaneciendo, Maggie no había vuelto por mí, bajé con cuidado y comencé a caminar de vuelta, pero mientras más caminaba, menos reconocía el camino. Llegué a una cabaña, era de unos tres metros cuadrados, parecía ser el campamento de un cazador, dentro tenía una hamaca, un calderoEl fin del mundo, no comenzó por un meteorito, una guerra o extraterrestres, sino que por un virus, todo comenzó con una enfermedad que apareció en diversos países, y aunque al principio se pensaba que era un ataque con toxinas aéreas o a través del agua, todo sucedió muy rápido y no hubo oportunidad de investigar a fondo. De esta manera de la noche a la mañana las calles se comenzaron a llenar de caminantes. Se cree que el virus Wildfire ataca solo a los humanos, y se activa cuando alguien muere. De esta manera todos los que están infectados y se convierten en caminantes al morir, y la mordida de un caminante sólo acelera el proceso al contaminar el cuerpo a través de la sangre. Tenía once años cuando comenzó.


Era una mañana de domingo totalmente normal, mamá dormía hasta tarde, Beth pasaba el rato con Jimmy, Maggie cabalgaba sus caballos, y papá y yo íbamos al huerto a cosechar frutas para el desayuno. Todos nos juntamos a desayunar, mientras escuchábamos música en la radio y charlábamos, nuestra tranquilidad fue interrumpida por una interrupción del locutor.


- Aléjense de los centros de la ciudad, aléjense de ellos, son monstruos, nos quieren comer, corran amigos, por el amor de dios, corran y escóndanse, cuiden a su familia, ellos no son humanos, repito, no son humanos- Dijo desesperado, todos nos quedamos en silencio y mi padre apagó la radio.


- Beth la televisión- Dijo papá, Beth obedeció y fue a encenderla, y allí vimos, incendios, sangre, cadáveres y aquellos monstruos de los que hablaba el locutor, la reportera nos hablaba sobre que virus Wildfire, resultaba ser más letal de lo que parecía, que se les había escapado de las manos.


Mis manos temblaban, todos miramos a papá- Tranquilos- Dijo el intentando mantenerse sereno, aunque sabía que estaba igual de asustado que nosotros- Estamos a salvo- Tenía razón, estábamos a salvo, lejos de la ciudad, nuestra casa contaba con agua y electricidad propios, estábamos seguros y a salvo.


Luego de dos semanas llegó Otis y su esposa Patricia, estábamos bien, pero todo lo que sube, baja.


Una tarde, Maggie y yo dábamos un paseo por el bosque, para despejarnos, pero cinco caminantes se nos estaban acercando, nos subimos a un árbol, apoyé mal mi pierna y me enterré una rama, grité de dolor lo que llamó más la atención de los caminantes.


-____- Dijo Maggie- Tranquila, todo está bien- Dijo viendo mi pierna.


- Duele...- Dije quejándome.


- Lo sé pequeña...- Se quedó unos segundos en silencio- Distraeré a los caminantes, iré por ayuda.


- Maggie, no.


- Volveré, te lo prometo, solo no te muevas- Dicho eso bajó y comenzó a llamar a los caminantes mientras corría, ellos fueron detrás de ella, unos minutos después me quedé dormida.


Desperté y ya estaba amaneciendo, Maggie no había vuelto por mí, bajé con cuidado y comencé a caminar de vuelta, pero mientras más caminaba, menos reconocía el camino. Llegué a una cabaña, era de unos tres metros cuadrados, parecía ser el campamento de un cazador, dentro tenía una hamaca, un caldero, una mesa de madera, y sobre ella un plato, un cuchillo y unos fósforos y un tronco que parecía ser usado como silla, todo estaba cubierto de polvo, con algunas telarañas encima, estaba abandonado desde hace un tiempo. Sacudí la hamaca y me senté sobre ella, mis lágrimas de frustración y miedo comenzaron a salir.


- Tengo que volver a casa- Me prometí a mi misma, lástima que nunca cumplí esa promesa., una mesa de madera, y sobre ella un plato, un cuchillo y unos fósforos y un tronco que parecía ser usado como silla, todo estaba cubierto de polvo, con algunas telarañas encima, estaba abandonado desde hace un tiempo. Sacudí la hamaca y me senté sobre ella, mis lágrimas de frustración y miedo comenzaron a salir.


- Tengo que volver a casa- Me prometí a mi misma, lástima que nunca cumplí esa promesa.