|Nadie me entiende| •GoYuu•
Aviso:
AU sin maldiciones ni hechizos. Goyuu.
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"Él no es así." Decía con toda la seguridad el mundo.
"Ha de ser una amiga." Pensaba al ver cómo una chica se acercaba a su pareja. Ignorando su rostro de disgusto.
"Quizás sea una compañera del trabajo." Se decía a si mismo al ver aquel mensaje sugerente de un número no agendado.
"Soy el único para él." Mencionaba con orgullo. Incluso sin tener la afirmación del contrario.
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—Te lo digo en serio. Satoru es un maldito bastardo, Yuuji. —confirmaba la peli azul.
—No lo creo, Utahime-san. Gojo-san es muy gentil conmigo, aunque a veces sea un poco frío es muy gentil. —defendía el pelirosa.
—Si, claro. Todo es color de rosa hasta que ¡Pam! —golpeo la mesa exageradamente. —Te mete los cuernos con cualquiera. Ese idiota le da a todo lo que se mueve.
Ella podía confirmarlo. Ella fue una de su "lista de amores". Un maldito mujeriego, un hijo de puta hecho y derecho.
— Utahime-san, agradezco mucho que te preocupes por mi, pero Gojo-san y yo estamos bien. —decía con una sonrisa radiante el de piel canela. —Son solo rumores eso que tú me dices.
—¿Rumores? Yuuji, yo fui una más de ese imbécil. —confesó la mujer.
Eso dejo a el Itadori impactado.
Sintió un sentimiento feo.
Un sabor amargo en la boca.
— ¿Quieres que te cuente? Todo comenzó en un vera...—antes de poder terminar, fue interrumpida por un rubio.
—Utahime, te recuerdo que tú tienes trabajo con tus alumnos. No sería nada agradable que Yaga se ente... —fue interrumpido.
—¡Ya, ya! —gritó.— Ya voy, no le digas a Yaga. ¿Ok?
El rubio solo asintió y la peli azul se fue, no sin antes jurar que le terminaría de contar aquello en otro momento al pelirosa.
—¿De qué hablaban? El golpe de Utahime se escuchó hasta el decimotercer piso. —comentó Nanami tomando asiento. —Ah, perdona mi descortesia. ¿Cómo estás, Yuuji-kun?
—Estoy bien, Nanamin. Solo estaba hablando con Utahime-san sobre... Gojo-san. ¿Y usted? —preguntó tratando de animarse.
—Solo puros exámenes aquí y allá. —respondió. — ¿Que sucede con Satoru?
—Es que... Nanamin, no vaya a decirle nada a Gojo-san.. Por favor. —suplicó Itadori al mayor.
Nanami asintió con seriedad, haciendo un movimiento con la mano para indicarle al menor que puede hablar.
—Es que...todos dicen que Gojo-san es un patan, un bastardo, sospecho que el me está ocultando cosas.
—Muy mentira no es.
Eso dejo con una punzada en el pecho al pelirosa.
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Los ojos color miel de Itadori, estaban cristalizados al escuchar aquella confesión de parte de su pareja.
—Asi es. He estado con muchas personas, los rumores son verdad. Pero siempre he dejado claro que eran aventuras sin compromiso, solo una noche. Jamás hubo nada formal —confesaba el albino, sin ningún tipo de remordimiento. — Si piensas que tengo algún hijo por ahí, no es así, tontito. Siempre me cuide, así que estoy 100% seguro de eso, por si tenías esa idea, te lo aclaro.
El corazón de Itadori se estaba quebrando.
—Ah, y esos mensajes que seguramente habías visto en mi celular, son antiguas aventuras. No hay nada entre esas mujeres y yo. Les he dejado en claro que tengo pareja. —explicaba sacando su celular.— Te mostrare los mensajes, déjame buscar.
«¿Es en serio?» pensaba el pelirosa.
Satoru buscó los mensajes, puso los chats mientras dejaba su celular en la mesa, para que su pareja los vea.
— Están con fecha y todo, no borre nada, te lo juro. —confirmaba.
No hubo persona con la que Gojo no se haya acostado, desde asiáticas hasta americanas, de europeas hasta latinas. Todo un don Juan.
Yuuji sentía como su corazón se rompía, para él y su familia, ser la primera pareja de la otra persona, era especial. Te hacía sentir especial.
—¿Pasa algo, Yuuji? —preguntó el ojiazul preocupado. No obtuvo respuesta y eso lo alarmó.—Yuuji, por favor, di algo.
El silencio adorno el lugar por los proximos cinco minutos. Provocando que el albino comience a desesperarse. Se levantó de su asiento y camino hasta su pareja quedando enfrente de esta. Se arrodilló y tomo sus manos con suavidad.
—Yuuji, te juro que todo eso fue antes de conocerte a ti. Eso fue en mi época de rebeldía, jamás hubo algo for...—fue interrumpido.
—Pero... ¿por que no me lo dijiste antes? —preguntó el pelirosa.
Satoru tenía una sola razón; miedo.
—Es que...es difícil para mí hablar sobre mi pasado y otras cosas. ¿Lo comprendes? —dijo con tono de voz suave. —Además, tuve miedo de que te sintieras asqueado de mi y dejases de quererme. —confesó.
Era verdad, Satoru tenía miedo de eso. Muchos no lo creen, ni tampoco les preocupa, pero este albino sufrió demasiado. Nació en una familia en la que solo daban a luz a mujeres pero con el nacimiento de Gojo, esa tradición se rompió. Cuando cumplió los 16 años comenzó con su vida de mujeriego andando de cama en cama con hombres o mujeres mayores o menores que el. Tenía un mejor amigo llamado Suguru Geto quien siempre estaba para el. Pero lamentablemente Suguru falleció el un accidente automovilístico y perdió a quien el consideraba un mejor amigo. De hecho, así fue. Geto fue el mejor amigo que Satoru pudo tener, el único que ha tenido, que jamás lo juzgo, jamas le reprocho nada, que siempre buscaba su bienestar y estaba aconsejandolo. Eso fue lo que intensificó a Gojo a seguir como mujeriego. Luego llegó Ieiri Shoko, quien compartía más o menos el mismo pensamiento que Gojo, está mujer no lo juzgaba, no tenía porque. Pero todos juzgaban al pobre Gojo, al cumplir los 20 años ya se habia acostado con medio Tokio, casi todo Sendai. Si te ponías a contarlas, superaban las 400.
A sus 28 años, decidió trabajar como profesor en un colegio de Tokio, sus alumnos son divertidos al menos. Todo eso cambio cuando conoció a uno de los alumnos de su amigo Nanami Kento, quien era profesor en una universidad prestigiosa de Tokio. Yuuji Itadori.
El albino puede jurar que en cuando lo vio, supo que había quedado flechado por esa mata de cabellos rosados y aroma a cereza. El daba gracias a Dios de que Yuuji era legal, solo se llevaban tres años, no era la gran cosa. Por insistencia tóxica de Gojo, Nanami los presentó (obligadamente), él quería a Gojo alejado a diez países lejos de Itadori. Yuuji y Satoru se conocieron, ambos conectaron al instante, un par de salidas, visitas mutuas a sus casas, charlas, citas, cenas bastaron como para formalizar una hermosa relación que duró dos años. En esos dos años, Gojo no miro a ninguna otra mujer ni por casualidad, todo rastro del Satoru de 24 años había quedado atrás. Ahora sí prioridad era Yuuji y solo Yuuji.
Todo hasta esa conversación que aunque comenzó bien, termino en una discusión no mostrada.
—Yuuji, te estoy diciendo que eso fue hace cinco años. Esas mujeres me hablan desde otros números, he cambiado mi número de teléfono más de dos veces. ¿Qué más quieres que haga? —decía el albino con cierto enojo.
—Podrías decirles que ya tienes pareja. —era lo más obvio.
—¿Acaso no leíste los mensajes? —preguntó con incredulidad aquella mata de cabellos blancos.
—Mira, Satoru. Dejemos las cosas así, engañaste a Utahime-san, ¿que me garantiza que no haras lo mismo conmigo? —preguntó el de iris caramelo.
—No lo haré, Yuuji. Te lo prometo...por fa... —lo interrumpieron.
—No, no. Déjalo así. Mi hermano y todos tenían razón sobre ti. —fue lo último que dijo antes de irse del departamento.
Satoru solo se quedó obsevando, ¿que más podía hacer? Admitirá que él tiene ganas de salir corriendo tras el pelirosa, pedirle perdón de rodillas, pero eso no se le sería concedido. Además, el no quería obligar a Yuuji a perdonarlo. Preferiría dejarlo así.
No quería joder las cosas más de lo que ya estaban.
Él creyó profundamente en que Itadori lo comprendería, era cierto, el había dejado esa vida de mujeriego hace cinco años, dos en los que estuvo con Itadori.
En efecto.
Nadie entiende a Satoru Gojo.
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