Promesa
Disclaimer: Los personajes de «Tokyo Revengers» pertenecen exclusivamente a Ken Wakui.
Pasé mi lengua por su oreja, mientras lo veía enloquecer. El cálido aliento de su boca me estremeció la piel.
Desde que comenzamos esta relación, me moría por poderlo poseer y ahora lo tengo aquí, sometido a mi merced.
Chifuyu era la mezcla perfecta entre la seriedad y la timidez, que ardía de placer con solo tocarle una pequeña fibra de su ser.
Con pasión bajé a su cuello y lo besé. Nunca me cansaré de besar cada rincón de su exquisita piel. Seguí recorriendo su cuerpo, dejando enrojecidas marcas con mis dientes por todo su pecho; pequeños recordatorios de que solo yo podía acariciarlo de esa manera, pero sobre todo, recordándole, que era el único que podía hacer sucumbir su preciosa alma.
Lo levanté y lo senté a horcajadas sobre mis piernas. Chifuyu tenía un brillo particular en su mirada que me hacía perderme en él. Sonreí, llevé mis dedos hasta mis labios y los humedecí. Clavé mis profundos ojos en la boca de mi amante; quien, con mi acción, se lamió los labios al imaginar lo que iba a suceder.
Arañé la espalda de Chifuyu con devoción y con mis dedos humectados manipulé la zona en la que debían introducirse. ¡Dios, era tan estrello! Que me instinto animal me pedía a gritos devorarlo ya. Mordí su barbilla, mientras mi amado se retorcía entre mis brazos. Seguí torturándolo con mis juegos, hasta hacerlo olvidar la poca cordura que todavía le quedaba. La poca razón que aún conservaba.
—Baji, por favor —susurró. Su entrecortada y dulce voz me excitó.
—Dime —musité, besándole el cuello—. Quieres esto —mordí su blanca piel—, o esto —intensifiqué el movimiento de mis dedos—. Dime, mi amor, ¿qué es lo que quieres?
—Qui-quiero… quiero que me hagas alcanzar el cielo con la intensidad de tus besos —balbuceó sobre mi oído, antes de besarme con sus delicados labios—. Te quiero tener dentro de mí.
Besé profundamente su hombro, dejando una nueva marca sobre su nívea piel.
Saqué mis dedos de su cavidad y con determinación lo levanté, posicionándolo sobre mi miembro. Chifuyu puso sus manos alrededor de mi cuello, luego fijó sus ojos en los míos y en ese preciso instante lo bajé, haciendo que nos fundiéramos en un solo ser.
La coleta de mi cabello me golpeaba fuerte el rostro, a medida que nuestros movimientos fueron aumentando. Mi amado gemía de placer y yo me embriagaba con el aroma que segregaba su piel.
Ese hombre me tenía a sus pies y yo viviría solo para complacerlo a él.
Chifuyu clavó sus uñas en mis hombros cuando las embestidas se hicieron cada vez más intensas; el momento estaba por llegar y lo único que deseaba era que juntos lográramos tocar ese cielo azul con ambas manos.
Con desesperación busqué su boca y en un arranque de pasión la besé; perdiéndome en él, necesitaba con urgencia este suave contacto. Él me mordió el labio inferior cuando se liberó. Mordida que le regresé cuando me dejé ir en su interior.
Pegué mi frente a la de mi amado y cerré los ojos. Dejándome atrapar una vez más por su exquisito aroma. Amarlo sin condición era un preciado regalo.
—Te amo, Chifuyu —murmuré, cerca de sus labios.
—Te amo, Baji —susurró al acercarse más a mi boca—. Te amaré por siempre.
Sellamos esa promesa en un delicado y profundo beso; un exquisito y satisfactorio beso. Porque nuestro amor era así, sublime y perfecto… para siempre.
FIN