Dulces sueños
El mundo evolucionó con gran rapidez, no importaba realmente lo que decidieras hacer, siempre existía algo nuevo que descubrir o incluso otra cosa que intentar, eso pensaba Kim NamJoon. Él era uno de los científicos más reconocidos del mundo con respecto a los poderes de los superhumanos, su especialidad eran las habilidades relacionadas con la mente. Tenía mucho trabajo que hacer porque cada vez que parpadeaba aparecía otro lunático que destruía un edificio con solo pensarlo, una mujer que desorbitaba la luna o lo más estúpido que pudiera pasar por su cabeza. El mundo ya no era el mismo que hace algunos años, pero tampoco le molestaba, era bastante interesante analizar en qué punto la ficción colapsó contra la realidad y explotó para crear el universo en donde habitaba. Además, si no fuera por su habilidad telepática, tal vez no se hubiera casado con el chico más sensual de la universidad.
Después de un largo día de trabajo en su laboratorio, lo único que podía pensar era en regresar a casa para poder ver a su amado esposo, llevaban un tiempo sin verse por sus trabajos tan diferentes. Sus colegas no lo sabían, pero la mayoría de sus descubrimientos fueron hechos en casa, una gran parte de forma accidental mientras estaba al lado de SeokJin. Era algo raro que sus poderes se potenciaran al lado de él, todavía investigaba cuál podría ser la razón y lo único que podía suponer es que mientras más serotonina y oxitocina libere su cuerpo, más fuertes se vuelven sus habilidades sobrehumanas. En otras palabras, ver a SeokJin le alegraba y excitaba demasiado que podía llegar a casi los límites de su capacidad telepática.
Optó por poner la estación de radio mientras manejaba de camino a casa, sonó la canción telepatía de fondo, muy irónico porque el tema hacía mucha referencia a su artículo de investigación que publicó hace unos meses. Él y Jin sabían mejor que nadie que realmente podían hacer el amor por telepatía, ojalá fuera una broma, pero en realidad eso lo descubrió mientras hacía sus típicos experimentos caseros con su esposo, cuando el mayor dormía. Al principio quería que soñara con alpacas y que iban de paseo por Perú, pero por accidente se desconcentró al notar que SeokJin solo tenía puesta su ropa interior. Su imaginación viajó a que le hacía el amor en un hotel, una cosa llevó a la otra y digamos que se dio cuenta de su error cuando escuchó a Jin jadeando y totalmente mojado debido al orgasmo que tuvo por aquel sueño húmedo. Desde entonces, Nam no dejaba descansar a su sensual pareja por las noches.
—Media noche, seguramente está durmiendo —comentó para sí mismo al escuchar como en la radio anunciaron la hora.
Faltaban al menos quince minutos para llegar a su hogar, pero ya estaba ansioso por hacerle la travesura erótica a SeokJin, incluso se le ocurrió llamarle y tener sexo por teléfono como una hot line, después de todo él también podía usar su poder a través de los aparatos de telecomunicaciones, aunque no era una buena idea hacerlo en medio de la carretera. Minutos después ya estacionó su auto en el garaje, caminó hacia la puerta principal de su hogar, dejó sus cosas de trabajo en el estante cercano a la entrada y después subió con tranquilidad las escaleras para llegar a su habitación. Pensó en qué tipo de fantasía le gustaría experimentar el día de hoy, a pesar de ser un científico, debía tener mucha imaginación para que su esposo no le reprochara después que era un aburrido o hacía las cosas muy monótonas.
Al ingresar a su recámara, pudo divisar a SeokJin, quien dormía placidamente entre las sabanas de la cama y se abrazaba con ternura a su peluche de alpaca, el cual le hacía compañía en ausencia de NamJoon. Soltó una risita con diversión al ver el estado más adorable de Jin, lo cual no era muy común de ver últimamente, pero cada vez que existía la oportunidad no podía dejarse tentar a tomarle una foto. Caminó de manera lenta y pausada, esperando no romper o tropezarse con algo en el proceso y cuando finalmente llegó a su lado de la cama, se quitó su saco y sus zapatos.
Ahora venía la parte difícil de su misión, quitar a RJ, la alpaca, de los brazos de su sensual esposo. Aguantó la respiración y deslizó sus manos por debajo de los brazos de SeokJin, lo atrajo hacia sí mismo el peluche y tardó en sacarlo al menos unos dos minutos entre pequeños quejidos somnolientos de Jin, quien se removió al sentir como le quitaron algo discretamente. Jin no dijo nada porque pudo percibir la colonia de Nam muy cerca. Cuando RJ estuvo fuera del camino, NamJoon se tomó la libertad de sentarse al lado de Jin, quien se acomodó boca abajo y descansó su cabeza sobre el muslo de su marido. Finalmente, ambos se sentían en casa, cómodos y en confianza.
—¿Me escuchas, Jinnie? —preguntó el menor en un susurro—. Creo que ya te quedaste dormido otra vez. No seas egoísta, vamos a tener un dulce sueño juntos.
Nam retiró los cabellos que cubrían la frente de SeokJin, acarició su piel lentamente y procedió a conectarse con la mente de su pareja. Cuando entró a sus pensamientos, buscó el subconsciente; donde podía estar entre los sueños de SeokJin y el mundo exterior, así no se perdía entre las memorias. Parecía un proceso demasiado complejo, pero en realidad era mucho más sencillo para alguien con su nivel de experiencia, especialmente porque hubo una vez en donde hicieron eso por dos meses seguidos y sin descanso. No pasó más de un minuto para cuando ya tenía todo el escenario listo para comenzar con aquel juego.
Jin escuchó el sonido de las olas del mar que chocaban contra las rocas, junto a una brisa salada refrescar su piel lechosa, pero lo que lo sacó de aquel estado relajante, fueron unos suaves labios. Un camino de besos húmedos se formó sobre la zona de su columna, las sensaciones simplemente incrementaban más su calor y el sentir unas manos muy conocidas que apretaban sus glúteos fue glorioso. Las manos separó sus nalgas y amasó la zona, cuál masa de pan, poco después abrió por completo sus ojos y jadeó complacido en el proceso; en respuesta, recibió una palmada sobre su delicada piel y sintió un ardor exquisito formarse en esa área. Jamás esperó toparse con un escenario paradisiaco, a lo lejos se veía el inmenso mar creando sus grandes olas con gracia y belleza, la vegetación tropical acompañaba el entorno entre árboles frutales y flores exóticas. Incluso algunas parejas de animalitos de playa que jugueteaban a unos metros a la distancia.
—¿Qué es esto? —preguntó Jin, bastante confundido.
—Nuestra luna de miel. ¿No lo recuerdas?
—¿Luna de miel? NamJoon, eso fue hace cinco años.
—Debiste soñar una vida conmigo entonces. Eres tan adorable, Jinnie.
El mayor estaba más que dispuesto a refutar, pero la presencia de los dientes y lengua de NamJoon que recorrieron su cuello, terminaron por descontrolarlo. Su esposo sabía muy bien qué lugares recorrer para tenerlo suspirando de placer, una vez que empezaban con sus juegos previos al sexo, ellos no se detendrían hasta hacer el amor y terminar perlados por sus fluidos. Jin no se resistió a pesar de las aparentes dudas que surgían en su mente, no podía ignorar como Nam masajeaba su trasero con osadía y travesura, mientras le proporcionaba caricias sobre su espalda, sin mencionar la gran habilidad de su boca al besar su cuello. ¿Cómo logró conseguir a un hombre con tanta dualidad como NamJoon? No lo sabía, solo podía suponer que hizo algo muy bueno en su vida pasada.
—Nam, quiero verte.
—Pensé que te gustaba de esta manera —tomó discretamente la botella de lubricante—. La última vez que lo hicimos gritabas por más.
—Mentiroso… ¡Ah!
Cuando menos lo notó, NamJoon ya había colocado una generosa cantidad de lubricante sobre su entrada, la punta de sus dedos masajeó el borde del anillo de carne y cuando se detuvo sobre la zona arrugada comenzó a presionar. Intentó girar su cabeza para poder ver mejor lo que su descarado esposo hacía, obviamente no pudo porque no tardó en sentir la penetración de la mitad del índice; lo puso a temblar. Algo extraño sucedía y de eso estaba más que seguro, eso no pasaba en la vida real... A menos que estuvieran en una película porno, pero no había ninguna cámara. Las estocadas de dos dedos contra su punto de placer no se hicieron esperar, dilatando más y más su anillo. Nam era un jodidamente astuto para distraerlo.
NamJoon, por otra parte, estaba fascinado con lo que veía en tiempo real. No todos los días podía ver una reacción tan intensa en SeokJin, este gemía sin parar, con su rostro escondido contra el muslo de su amado, levantó sus caderas hacia atrás; donde se supondría estaría él en aquel sueño húmedo. Algo llamó su atención, una especie de líquido transparente manchó la ropa interior de su adorado, aunque no provenía de su pene. Colocó a Jin con cuidado sobre una almohada para que estuviera más cómodo, se levantó a investigar un poco. Una vez frente a los glúteos de su pareja, bajó con lentitud su ropa interior para poder descubrir el origen de aquel fluido. La sorpresa era una emoción muy pequeña para describir lo que sintió. ¿Su sensual esposo estaba segregando lubricante? ¿Cómo carajos era eso posible? ¿Era posible modificar el cuerpo de SeokJin a su gusto? No tenía ni idea, pero igual necesitaría hacer más pruebas, no podía desaprovechar este sueño caliente en perversiones, debía cumplir con su labor como científico. Retrasó dos meses de nuevos avances de su investigación al dejarse llevar sus experimentos, pero este podría ser el más grande del mundo. ¿Modificar cuerpos a gusto propio? Si eso era cierto, ¡podría curar cualquier enfermedad!
—Joonie. Quiero tu pene dentro, ahora —ordenó Jin entre sonoros gemidos.
La humanidad puede esperar una noche más.
La brisa fresca del mar refrescaba la piel caliente de Jinnie, hizo un desorden con las sabanas de su cama en medio de aquella playa paradisiaca, es que estaba bajo la sombra de una elegante carpa de seda. Seguramente no podría estar más que satisfecho con esta escena erótica al aire libre, tan jodidamente nudista, las cosas solamente mejoraron más en el momento que NamJoon sostuvo sus caderas y comenzó a restregar su miembro entre los glúteos de su esposo. Comenzó a quejarse entre jadeos por la tortura que le estaba haciendo pasar el moreno, no se merecía tanta crueldad. NamJoon tuvo el descaro de mostrarle una imagen tan vivida de su anillo de carne, rojizo y palpitante, incluso podía ver el pene de NamJoon...
¿Cómo carajos podía ver su falo si aún estaba de espaldas? ¡Eso no tenía un jodido sentido! Además, no recordaba como llegó ahí. Se fue a dormir temprano después de su entrenamiento y durmió abrazado a RJ, en su habitación, que obviamente no se encontraba en la playa. Eso solo podía indicar una cosa, una muy obvia, que si no fuera por el pene de su esposo jamás se hubiera dado cuenta. Nam estaba en graves problemas, definitivamente.
—¡Kim NamJoon! ¡Maldito pervertido!
Jin se levantó de golpe y por accidente lanzó a Nam fuera de la cama, quien cayó sobre la arena caliente de la playa y soltó un quejido de dolor por el reciente contacto; aunque realmente no le dolió. Estuvo a punto de volver a la cama, pero SeokJin lo miró lleno de furia, incluso el rojo adornaba parte de sus orejas de manera graciosa; no era una buena señal. Jinnie lo descubrió otra vez y le había advertido que si lo volvía a tratar como un experimento, se encargaría de cortarle los testículos. Parecía broma, pero Jin era capaz de hacerlo, era un ex agente federal que tenía misiones secretas para eliminar objetivos y posibles amenazas.
—¿Qué te dije sobre los sueños húmedos?
—Lo sé, Jinnie. Pero debes admitir que es muy placentero —intentó convencerlo—. Los sentidos se multiplican por mil, podemos imaginarnos en cualquier lugar y también me ayuda a descubrir más de mis poderes.
—Entiendo que sea genial, pero también me gusta el contacto físico —explicó con timidez—. Nam, comprendo que a ti te atraiga mucho más por ser telepata, pero yo no lo soy y necesito sentirme amado físicamente.
NamJoon, que podía ver en la realidad a su esposo, lo pensó un momento. Él también amaba estar entre las preciosas piernas de Jin, escuchar en vivo sus gemidos de placer y ser apretado por aquellos muslos carnosos; le encantaban, podría quedarse entre ellos todo el día. Nam amaba a SeokJin de todas las formas posibles en este planeta, pensaba que de la manera telepática sería la más intensa para demostrar su amor, pero tal vez se equivocó.
Se aproximó con cuidado a Jin, subió a la cama para sentarse a su lado y darle un pequeño masaje en sus amplios hombros, supo que funcionó porque se estaba relajando poco a poco. Nam en ocasiones se equivocaba, era un humano después de todo, pero eso no significaba que no supiera arreglar las cosas y que tuviera una buena relación con su pareja para apoyarse mutuamente.
—¿Te parece mejor hacer el amor por telepatía y la segunda ronda físicamente? —besó la mejilla de su esposo.
—Lo veo justo.
Una sonora risa salió de los labios de NamJoon, esparció varios besos por el cuello y parte del pecho de su amante, no hicieron falta más súplicas para que Jin finalmente sintiera su corazón palpitar de felicidad. Estaban unidos en un abrazo cálido e íntimo, solo ellos dos en medio de esa playa paradisiaca, que no solamente reflejaba la más vivida y caliente fantasía, sino que también provenía de los maravillosos recuerdos que formaron durante su luna de miel; ambos lo sabían. No existían límites para poder experimentar el amor pasional y ellos lo sabían perfectamente, daba igual si decidían que fuera piel contra piel o entre sus pensamientos, cualquier forma era la correcta, porque al final se unían en uno solo. Las palabras sobraban y ambos se anhelaban con locura, eran el uno para el otro y sin importar lo que dijeran los demás, ellos sabían de qué manera complementarse.
NamJoon besó con ansia e inquietud los abultados labios de Jin, quien pasó su gran mano sobre el miembro del moreno, masturbándolo hasta el punto sentir el aire caliente de su boca contra la suya; le encantaba saborear sus suspiros. La coquetería comenzó a invadir el ambiente y el amor nunca les faltó en ningún segundo. Sus pieles brillaban por las pequeñas perlas de sudor que viajaron sin pudor por el largo de sus cuellos y pecho, la humedad se hacía más presente con cada caricia o presión que dejaba su marca sobre la suave piel de Jin; tan exquisita y única.
—Quiero que me dejes ver lo que sucede afuera también —pidió entre el roce de sus labios.
—¿Por qué?
—Solo voy a continuar si también me haces el amor en el mundo físico.
—Siempre tienes que ganar, ¿no es así?
Lo siguiente que presenció SeokJin fue la imagen de él sobre la cama matrimonial de su habitación, pero a través de los ojos de Nam. No podía creer que estuviera tan excitado y mojado entre las sabanas, recorrió su cuerpo con la mirada hasta ver la mano de su esposo acariciando sus muslos para mantenerlo tranquilo. Era una escena tan erótica, el verse a sí mismo desde el punto de vista de Joon, tan excitante que incluso su cuerpo comenzaba a temblar de éxtasis y su entrada comenzaba a llenarse de una especie de lubricante, uno que provenía de su ser.
—¿Qué...?
—¿Ahora ves porque me pones tanto, Jinnie? —sostuvo sus piernas con firmeza—. En el mundo real estás muy cerca de llegar, tendré que apresurarme.
El sonrojo invadió las mejillas de SeokJin ante lo que dijo NamJoon, quería preguntar si siempre era así, pero no pudo hacerlo. El falo de su hombre arremetió con fuerza contra su centro, se abrió paso a través de su cálido cuerpo y se hospedó dentro de él unos momentos; sus piernas no le paraban de temblar. Era la parte que más le gustaba y no había ninguna duda de eso. Joon comenzó a mover sus caderas para sacar y meter su pene por su rosada entrada, presionó y acarició cada parte de su cavidad, moldeó la forma en que debería cobijar y resguardarlo entre sus entrañas. En algún punto ya había comenzado a gemir el nombre de su enamorado.
El balanceo de ambas caderas los volvió locos. Jin reconoció perfectamente la forma de Nam en su interior. El miembro acarició cada rincón sin excepciones, buscó el punto dulce del hermoso hombre, pero las sensaciones no se limitaron al espectáculo que provocó su vaivén. Jin sintió en su propio pene lo que Nam experimentaba al penetrarlo de manera tan deliciosa, mientras que en cada tanto tiempo podía ver su propia imagen en la vida real, siendo penetrado también por su esposo. Bendita telepatía que llevaba la experiencia sexual a niveles inimaginables. Pensó incoherencias sucias, seguramente dijo alguna tontería en voz alta, pero no le importó en esos momentos, no cuando sintió todo su cuerpo temblar gracias a una embestida que dio justo a su punto de placer.
—Te encontré —peinó su cabello hacia atrás—. ¿Estás listo para tener el sueño más dulce de tu vida, Jin?
Una de las cosas que más le fascinaba a Nam era callarle la boca mientras lo follaba, eso hizo justamente cuando iba a responderle. Todas las sensaciones lo atacaron de golpe y sin piedad. Arqueó su espalda, perdido entre el placer, y levantó su trasero para que Nam lo embistiera más fuerte, chocaba sus nalgas contra la pelvis de su hombre hasta poder sentir el roce de sus vellos. Los sonidos del choque entre piel contra piel desnuda, sumado a los característicos chapoteos del lubricante, todo mientras el moreno encajaba a la perfección su verga por el recto, era simplemente lo mejor.
Su marido era tan jodidamente caliente que no podía dejar de disfrutar todo ese banquete visual, notó como el abdomen marcado del contrario se contrajo, en un aviso previo a su pronta eyaculación. Ese detalle no era el único en el que se perdió, incluso ver las perlas de sudor sobre la hermosa piel tostada, llena de rasguños y marcas de besos, era un deleite. Él tampoco se quedaba atrás ante los ojos de Nam, ni siquiera el científico comprendía como pudo resistir tanto ante la imagen de Jin delirando por el éxtasis. Existía la más perfecta belleza en aquellas marcas rojizas sobre la piel delicada, entre sus piernas había un desastre húmedo debido al semen y lubricante de su entrada, pocos podían verlo tan perdido en el placer. Se sintió el hombre más afortunado del mundo al verlo de esa forma.
—Nam... Yo...
—Lo sé, amor. Hazlo.
Jin fue envuelto por la embriagante bruma del exquisito placer del sexo, lo elevó hasta alcanzar la punta máxima del orgasmo y liberó delgados hilos blanquecinos por la cabeza de su pene. Su clímax manchó su propio abdomen y el de NamJoon y este lo siguió un poco después de unas cuantas embestidas más, soltando un gruñido de éxtasis al liberar su sustancia entre las piernas de su amado, aunque en el mundo real había procurado ponerse condón. En el sueño, Nam procuró quitar la sensación del látex.
Pasaron unos cuantos segundos para que SeokJin pudiera recuperarse del fuerte orgasmo, abrió los ojos finalmente y se encontró al instante con su esposo, quien se dedicó a limpiar parte del lubricante entre sus glúteos. Tomó asiento poco a poco, llamó inmediatamente la atención del moreno y recibió una mueca preocupada por parte de este. No fue así, tomó las mejillas ajenas entre sus manos y comenzó a besarlo de una forma hambrienta, mordió y lamió ocasionalmente sus labios, Nam no tuvo tiempo de hablar ni de preguntar nada, porque en menos de un segundo Jin ya se la había trepado al regazo y un escalofrío le recorrió la columna cuando sintió el frote de los glúteos de su esposo contra su pene semi erecto.
—¿Segunda ronda, Joonie?
—Segunda ronda, Jinnie.
Quien diría que NamJoon y SeokJin sabían a la perfección que podían hacer el amor por telepatía, calentando al otro sin tocarse.