Jupiter. (Jenlisa)

Summary

Lalisa Manobal es una profesora que se mudó a la ciudad para así tener una oportunidad más abierta en su profesión, consiguiendo un buen trabajo luego de años de tener que sobrevivir para poder pagar su pequeño departamento, encontró lo que buscaba. Alejándose de una parte de su familia pero manteniendo una comunicación con su madre, eso era lo que necesitaba. Jennie Kim es una estudiante la cual apenas va por su tercer año de carrera, busca divertirse y tener buenos momentos, ya sea con sus amigos o de manera individual. Pero su atención es llamada por su nueva profesora de matemáticas. Sabiendo ella que siquiera puede fijarse en un docente. Pero a Jennie esas reglas no le interesan. _________ 18+ Contiene temas sensibles. Profesora/alumna. Abuso psicologico/físico.

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18+

𓂃 ࣪˖Capítulo 1. ִֶָ𐀔

૮꒰ྀི⸝⸝LALISA MANOBAL⸝⸝꒱ྀིა


Lancé la última caja a una esquina de mi habitación, agotada y con ganas de descansar, me dejé caer en la cama revuelta. Me pasé la mano por la frente y resoplé, lancé una mirada a mis alrededores, aun con cosas por hacer. Tenía mucho trabajo, solo la habitación era un desastre, la cocina y demás partes del departamento, eran mucho peor.


—No lo veo tan mal —dijo mi madre, dejando a un lado otro de las cajas—. Es espacioso.


—Sí, pero falta mucho por recoger, me dan ganas de dejar todo e irme a dormir para un hotel —expresé dolorida—. ¿Tú no tienes que regresar a casa temprano?, recuerda que el pueblo está lejos de aquí, Mamá.


—Quedarme a ayudar a mi hija, no representa ninguna fuerza mayor. Tu papá puede quedarse un día más solo —mi madre comenzó a sacar cosas de la casa, y a colgarlas en las paredes—. ¿Segura que quieres vivir aquí?, también tenías una muy buena oportunidad en el pueblo.


—Aquí también la tengo, y mucho mejor. Tienes que saber que la paga es mucho más grande, y podré ayudarlos —suspiré—. Por mientras, me estabilizaré, tengo lo necesario.


—Por allá te vamos a extrañar mucho, trata de no meterte en problemas aquí, Lalisa.


Sonreí, —Me subestimas, madre. Soy una mujer de treinta y tres años y sé perfectamente lo que tengo que hacer, estudié esto porque me gusta y lo pondré en práctica, no te preocupes.


Mi madre era de esas que se preocupaba mucho por todo, en diversas ocasiones quiso poner peros de mi mudanza a la ciudad, pero había vivido mucho tiempo con ella. Era momento de que encontrara mi camino, y no lo iba a desperdiciar.


No creí que me aceptaran en esta universidad, era grandioso, y tenía la oportunidad que antes no me habían ofrecido.


Iba a vivir sola, a descubrir mis caminos y a tener mucha más libertad. No haría lo incorrecto, solo trabajaría, y si se me presentaba algo más, lo tomaría sin chistar, sin que se saliera de lo ético o lo que yo considerara correcto.


Las horas siguieron pasando, y con eso, mi madre tuvo que regresar al pueblo. Era tarde de la noche, pero me avisaría en cuando regresara. Eran dos horas de camino, por eso le dije que fuera más temprano, pero ella discutía, al final, cedí a su petición.


Había dejado una vida atrás.


A un buen chico con el cual tuve dos años de noviazgo, amistades, y buenas personas. No quería arrepentirme luego.


Saqué los cuadros de mi familia, y los coloqué sobre la mesa de centro que se encontraba en la sala, todo era lindo. Minimalista, no contenía muchas cosas, era sencillo para mí.


Así fue parte de la noche, detenerme para cenar algo y regresar a ordenar, acostándome tarde de la noche, para al día siguiente, despertarme con dolor de cabeza y molestia en mi espalda. Solté un quejido de dolor, y maldije por lo bajo, por no haberme acostado más temprano.


Me senté en la cama y gimoteé.


—Es tu primer día, no empieces mal, Lalisa —me reproché a mí misma—. Para la próxima, te duermes más temprano.


Me coloqué de pie, y caminé hasta mi ducha, me deshice de la ropa y dejé que el agua cayera sobre mi cuerpo. Necesitaba esto, algo que me relajara y despejara mis pensamientos. El agua fría en la mañana lo hacía. Despojaba mi cuerpo de todo rastro de dolor, o de molestia. Minutos largos en la ducha, me amarré el cabello mientras cepillaba mis dientes.


—Luces bastante bien para una mala noche —me dije buscando levantarme el ánimo.


Avancé hasta mi tocador, y sequé mi cabello con paciencia, cuando aquel estuvo con ondas en las puntas, me maquillé un poco, y busqué mi ropa. Un vestido pegado a mi figura, unos tacones altos y un collar el cual me regaló William, mi ex-novio, y el cual dejé por venir en busca de un sueño.


Me di un último repaso en el espejo, y asentí, de acuerdo con mi vestimenta de hoy. Fui en busca de mis cosas, y avancé hasta la parte de abajo, donde agarré una manzana verde y mi café, dándole un pequeño sorbo y revisando la hora en mi reloj de muñeca.


—Voy tarde, maldita sea —farfullé.


Salí de mi departamento, y bajé en el ascensor, esperaba que el tráfico de aquí no fuese tan devastador, ya suficiente, tenía con haber dormido practicamente nada anoche. Entré a mi coche, y dejé las cosas en el asiento del copiloto.


Lo encendí y manejé por las calles con una muy bajita música en la radio, tararee, mientras agradecía a los cielos que el camino estuviese despejado. Podía ver a los chicos en sus bicicletas camino a la universidad, muchos iban caminando, y otros simplemente escuchando música, solitarios y metidos en las pantallas de sus celulares.


Esta ciudad era enorme, compartía lujosos coches y muchas personas, algunas iban apresuradas, otras se tomaban su tiempo.


Esto era un nuevo sueño, y una nueva aventura para el que lo quisiera. Así lo quería yo.


Algo nuevo y que me sacara de mis límites o que me sacara de la monotonía, cosa que quise evitar viniendo a vivirme aquí.


Busqué un estacionamiento en la parte de la universidad, y parqueé mi coche, ansiosa y queriendo llegar temprano, las llaves de mi coche terminaron cayendo al suelo, siendo recogidas por una persona que no conocía y quien me mostró una sonrisa amable al instante.


—Oh, muchas gracias —dije con entusiasmo—. Estoy un poco apresurada.


—No es nada, mucho gusto, mi nombre es Jimin... Park Jimin —dijo el chico extendiendo su mano hacia mí.


—Mucho gusto, soy la Profesora Lalisa Manobal —se la estreché por unos segundos para luego apartarla—. Tú seguro eres un estudiante.


—No, soy un docente. El profesor de Inglés —señaló su carnet—. Creo que nos veremos muy seguido.


—Lo siento mucho, no leí ahí... sí seguro... disculpe, tengo que ingresar, no quiero dar una mala impresión an mis alumnos desde el primer día —expresé con prisa—. Gracias, profesor Park. Fue un gusto conocerlo.


—Solo Jimin, y el gusto fue mío. Nos veremos luego, Señorita Manobal.


—Solo, Lisa. Con permiso.


Me apresuré a avanzar hasta dentro de la universidad, donde muchachos pasaban por todas partes, y se apresuraban a entrar a sus respectivos cursos. Yo leí mi horario, y con la mirada, busqué en cuál me tocaba. Al encontrarla, me preparé para estar frente a todos esos alumnos, y tener la paciencia suficiente para no derrocharla el primer día.


Al pasar por la puerta y escuchar el bullicio de todos, quise salir corriendo, di clases a muchos niños, pero nunca a tantos en un solo lugar. Pasé saliva y asentí, dándome ánimos a mí misma.


—Buenos días —dije, pero nadie pareció escucharme, sostuve la valentía y me erguí—. ¡Buenos días!


Todos se callaron, y miraron a mi dirección, algunos con algo de interés, otros por el tono de voz fuerte que utilicé. Pero ninguno se quedó sin mirarme fijamente, era una extraña para ellos, el interés en mí, como maestra, era recibido. Busqué las caras y las grabé perfectamente en mi memoria.


—¿Usted es la profesora de Matemáticas? —preguntó uno de los alumnos.


—Es correcto —tomé una respiración larga para empezar hablar—. Muy buenos días... —ladeé la cabeza, esperando que respondieran.


Ellos, al notar mi seriedad se enderezaron en sus asientos.


—Buenos días —respondieron al unísono.


—Mi nombre es Lalisa Manobal, seré su profesora de Matemáticas, impartiré varias ramas de la materia —hice una pausa mirándolos uno por uno—. Vengo aquí con el propósito para enseñar, no para bromas, ni mucho menos para seguirle el juego a personas ya maduras... En términos de edad.


Todos me escuchaban y prestaban atención, todos excepto una chica. Ella estaba con su celular en la mano, una mirada fija a la pantalla y con lo que parecía ser una paleta en su boca, no hacía ni el más mínimo intento para levantar la mirara y enfocarla en mí.


—La señorita con el celular —llamé, pero no hubo respuestas—. ¡La señorita que está detrás y tiene el celular en la mano!


La chica de pelo castaño levantó la mirada y empezó a buscar por todo el aula, pero al encontrar a todo el mundo en fila y sin ninguna persona en desorden. Regresó la mirada a mí y se enderezó en su asiento, pude notar cierto desinterés, y no me esforcé por mostrarle el mismo ánimo.


—¿Se puede saber el porqué mientras yo hablo usted tiene el celular en la mano? —pregunté sin despegar la vista de ella.


Carraspeó, —No le interesa —se encogió de hombros y regresó la mirada a su pantalla.


—La sacaría de mi clase, pero sé perfectamente que eso a usted no le importará, noto el tipo de estudiante que es —expuse con algo de duda—. Guarde el celular y preste atención.


—No lo guardaré —me retó sin dejar de manejarlo.


—Le ordené...


—Y yo no sigo sus órdenes —espetó—. Lo uso cuando quiero y a la hora que quiero.


—Perfecto, Señorita. Ya que no está dispuesta a respetar mi hora de clase, le pediré amablemente que se retire, hablaremos eso con el superior —me hice a un lado, invitándola a salir.


La estudiante alzó una ceja, como si estuviese interesada en mi comportamiento. No era de tolerar ese tipo de conductas, y no las pasaría por alto ahora. He tenido estudiantes rebeldes, pero ninguno me contestó de la manera en la que ella lo ha hecho.


Eso no me impidió no rendirme ante ella, era una estudiante, tenía que respetarme así, yo también lo haría.


—¿Y si no quiero salirme, Profesora?


—Me veré en la obligación de llamar a un superior, tendrás que respetarme para tener mi respeto —acoté.


Al ella hacerse de oídos sordos, supe que tenía que utilizar una fuerza mayor.


—Perfecto, pensaba ser buena el primer día, pero como veo que hay ciertos puntos poco aclarados —me apoyé de mi escritorio, cruzándome de brazos—. Como entenderán, soy profesora de Matemática, y la carrera que ustedes estudian, la cual es Administración de empresas, requiere de esta materia. Si no me respetan, no acatan mis órdenes y no siguen mis reglas, se atienen a no pasar de año, y a repetirlo una y otra vez.


Todos soltaron un abucheo, pero no me interesó, la chica rebelde que se encontraba atrás me sonrió de manera traviesa, como si estuviese preparando algo.


—Guardaré el celular —así lo hizo, lo dejó en su mochila—. Para que usted, Señora Manobal, continúe.


Ella había estado escuchando, por eso sabía mi nombre.


—Gracias, Señorita...


—Kim. Mi nombre es Jennie Kim —respondió con un tono frío.


—Perfecto, Señorita Kim. ¿Ya vieron?, si cooperan el transcurso aquí será mucho más fácil para todos, e incluso para mí.


En lo que restó de la clase, recibí la atención de todos, ninguno hizo preguntas fuera de los temas que yo estaba impartiendo, ni mucho menos, hizo objeción más que para, ayudar a agregar algo más a lo que se explicaba. La estudiante con la que discutí anteriormente, optó por hacer silencio en toda la clase, no formó parte de la participación, pero yo también puse peros ante ello.


Prefería que no lo hiciera, a que me alborotara la clase.


Al final de la clase, todos empezaron a recoger sus cosas, muchos se despedían de mí y otros salían conversando, me entretuve leyendo algunos temas que daría en estos días, eso hasta que sentí una presencia frente a mí, levanté la mirada, encontrandome con el cabello castaño y el mismo rostro que se encontró en la parte de atrás.


—¿Se le ofrece algo, Señorita Kim? —inquirí con las cejas fruncidas.


—Sí, ¿nos dará clases siempre o solo es este año?


—Eso no lo sé —regresé a mi trabajo—. Tendrá que ir con el Director y preguntarle.


—Me gusta que me miren cuando estoy hablando —expresó, pero lo hizo de una manera bastante fuerte, como si yo le debiera sumisión.


Me coloqué de pie, mirándola fijamente y adquiriendo un semblante un poco más duro, aunque no era parte de mí hacerlo, ya que me gustaba llevarme bien con los estudiantes.


—Y a mí me gusta que dejen su falta de respeto hacia mí, Señorita Kim. Vamos a tratarnos con igualdad, así que le pediré que si no tiene una pregunta que hacer referente a la clase, se retire —señalé la puerta robándole una sonrisa la cual no entendí a que venía. Jugaba con el piercieng en su labio inferior.


La estudiante asintió y se marchó, solté un largo y cansado suspiro, volviendo a mi silla.


—Tock, tock.


Levanté la mirada, encontrándome nuevamente con Jimin.


—Oh, hola, ¿qué haces aquí, Jimin?


—Pasé solo para traerte esto, es un rico café, es bueno luego de unas horas agotadoras con los estudiantes —lo colocó sobre mi escritorio.


—Muchas gracias, y sí que son agotadoras –le di un sorbo al café.


—Vi salir de último a Jennie Kim, espero que no hayas tenido inconvenientes con ella —dijo precavido.


—Nada que no pudiese arreglar, es difícil, pero se mantiene a raya si la vas captando, ¿Pero por qué me lo dices?


—Para los profesores es difícil mantenerla a raya, como dices tú. Casi nunca toman su tiempo, digamos que no tiene la capacidad ni la paciencia para tratar con Jennie Kim. Es rebelde, le gustan las cosas a su manera, y suele llevarse a los demás estudiantes por delante.


–Tampoco hablemos tan mal de ella, seguro debajo de esa fachada hay una increíble estudiante —defendí.


–No lo dudo, pero por el momento no lo ha dado a ver, lo que provoca que sus notas vayan en decadencia —Jimin exhaló—. Ya casi se acerca la hora de almuerzo, ¿vienes y te presento a los demás maestros?


—Por supuesto, deja y guardo esto.


Podía notar que no era la primera en tener a estudiante Kim en mi lista negra, pero no sabemos si eso con el tiempo cambie.