Capítulo 1: ¿Quién es CelestialQueen?
— El nivel más alto que existe es de 50, no es posible que tu nivel de poder sea de 70.
— Mi personaje tiene más nivel de poder porque ahora soy un moderador del juego.
— ¿Qué?, ¿te aceptaron como desarrollador? GENIAL, ahora puedo conseguir armas místicas gratis.
— No seas tonto, no puedo hacer eso, sabrían que fui yo —respondí—. Solo soy un moderador de bajo rango, pero tal vez tengan en cuenta mis ideas para el juego. Creé algunos diseños de enemigos y armas geniales.
— Ahora eres como el creador de Facebook, solo que con diecisiete años y sin los millones.
— Celestial dijo que hablaría con los creadores del juego sobre mí, quizá ella pueda hacer que le presten atención a mis ideas.
— Otra vez Celestial. Es por culpa de esa chica que no sales a que te dé la luz del sol. A este paso te convertirás en un ermitaño, esta caminata de regreso a casa es lo más cerca que has estado de vivir fuera de internet.
— Ya suenas como mi hermana.
— Hablando de ella, ¿crees que haya notado el tatuaje nuevo que me hice?
— Estoy seguro de que sí. No nota que existes, pero seguro que sí notó tu tatuaje.
— Oye, no hagas eso. Odio cuando hablas con sarcasmo y de forma confusa.
— Aquí nos separamos, salúdame a tu madre.
— Lo haré —respondió—. Te veo mañana, Kenny. No olvides que pasaré por ti. Sé puntual, odio llegar tarde.
— Lo que digas, nos vemos —dije antes de irme.
Conozco a Tyler desde que estábamos en preescolar. Fue mi primer amigo y también el único. Nunca tuve la habilidad de entablar relaciones con otras personas, pero él simplemente se acercó a mí y declaró que sería su amigo desde ese momento, como un niño que adopta a una mascota. Es una forma un poco triste de hacer un amigo.
Antes no tenía todos esos tatuajes. Últimamente se ha esforzado mucho por cambiar su aspecto y mejorar cosas de sí mismo, pero su personalidad sigue siendo la misma de siempre. En el fondo me alegra que así sea, no me gustaría que me dejara atrás en su nueva faceta.
Por lo general no caminamos desde la escuela hasta casa, pero la bicicleta de Tyler se descompuso a mitad del camino. Pudimos conversar bastante durante la caminata, solo tenemos tiempo para hablar cuando estamos en mi casa o camino a la escuela, ya que dejamos de ser compañeros desde que repitió el cuarto año. Ahora estábamos en clases distintas.
— Mamá, ya llegué —dije cruzando la puerta—. Hola, Darrell.
Darrell es el novio de mamá. Sé que si lo necesito para algo siempre voy a encontrarlo en el mismo sitio de siempre: en el sofá, delante de la televisión, con una cerveza en su mano. Aunque espero no necesitarlo, parece ser un inútil para lo que sea y su respuesta para todo es un movimiento de cabeza. Muchas veces ni siquiera entiendo qué significa.
— Kenneth, cariño —dijo ella—. ¿Cómo te fue en la escuela?
— Bien, aunque creo que el profesor tiene algo en mi contra, no deja de hacerme sentir estúpido cuando respondo algo.
— Ese idiota se cree la gran cosa.
— No te preocupes, puedo lidiar con él.
— Cariño, ¿podrías traerme la carne que hay en el refrigerador? Voy a preparar albóndigas, tus favoritas.
Noté en ese momento que mamá tenía las pupilas dilatadas y hablaba de una forma lenta, como si estuviera un tanto perdida de sí misma. Me di cuenta de lo que sucedía.
— ¿En serio?, ¿otra vez? —exclamé molesto.
— Kenneth, no.
— Nada de Kenneth. ¿Acaso no hablamos ya de esto? ¿Qué creés que hacés?
Mamá tiene un pasado con las drogas y fue reincidente en varias ocasiones. Creo que comenzó desde que papá murió y siguió desde entonces. Pasó cuando yo era muy pequeño, así que no recuerdo nada de aquel tiempo. Ella siempre dice que él fue el amor de su vida. Creí que ya no tomaba drogas porque había mejorado últimamente, pero parece que me equivoqué.
— Oye, no le hables así a tu madre, ella solo quería relajarse un poco —dice Darrell levantándose del sofá.
— Tú, maldito imbécil, le diste esta porquería sabiendo que tiene problemas. Cierra la boca y no te metas en temas que no...
Antes de poder terminar la oración, Darrell me dio un golpe sorpresivo en el rostro que hizo que cayera al suelo. Incluso me dejó un poco desorientado e intenté recomponerme antes de ponerme de pie. No era inútil para todas las cosas: tenía un talento natural para dar buenos golpes. Es lo único que puedo concederle, el desgraciado golpea con fuerza.
— ¿A quién crees que llamas imbécil, muchachito de mierda? Voy a enseñarte a respetarme como se debe —dijo acercándose a mí, mientras yo intentaba levantarme del suelo.
— ¡Darrell, ya basta! ¡Vete a la habitación! —gritó mamá poniéndose en medio.
— Él comenzó.
— Que te vayas a la habitación. Ahora.
— Maldito friki —agregó Darrell entre dientes antes de irse.
Luego de que se fuera, mamá se inclinó junto a mí, que aún estaba sentado de piernas cruzadas sobre la alfombra de la sala, con una cortada en la ceja izquierda y un pequeño rastro de sangre en ella, causada por el anillo de plata de Darrell. Nada que no pasase desapercibido a la mañana siguiente. Puso un pequeño paño húmedo sobre ella y la limpió para luego decir:
— A veces no sé si eres valiente o muy tonto.
— Prometiste que ya no lo harías —dije mirándola con los ojos cristalizados.
— Lo siento, Ken. Sé que no soy perfecta, pero las cosas no siempre son como quisiéramos.
Mi corazón se estremeció al oír esa frase tan desesperanzadora saliendo de ella. Aun así, no quería creer que las cosas seguirían así por siempre. Me negaba a aceptar una respuesta que no fuera la que yo quería oír.
— Dámelas —dije poniendo mi mano en alto.
— Cariño, no...
— Que me las des, Sara.
— Está bien. Ya sabés qué hacer.
Aún se me hace raro llamar a mi madre por su nombre, pero lo hacía cada vez que estaba molesto con ella. Es mi forma de decirle que no estoy jugando.
Ella me entregó una pequeña bolsa de papel en la que había algunas pastillas y restos de algunas otras. Cada vez que la descubría con este tipo de cosas, ella debía entregármelas y yo las desecharía. Ese era el trato, así ha sido siempre, y si se negara a cumplirlo, me vería obligado a forzarla.
— Las cosas no siempre son como queremos —dije levantándome del suelo—. Pero siempre podemos intentarlo aun así.
Sé que ella se quedó llorando en la alfombra luego de que me fui. Desearía saber cuál es el camino más fácil para solucionar sus problemas y calmar su dolor. Si tan solo hubiera una forma de hacerla feliz para que no tuviera que recurrir a estas cosas, podría solucionar todo. Pero, por desgracia, nunca es tan simple.
Esa noche fui con la bolsa de pastillas de mamá al baño para desecharlas por el retrete, pero un pensamiento me detuvo. Un sentimiento repentino me hizo cuestionarme lo que hacía. ¿Y si no me deshacía de ellas? Luego de meditarlo unos segundos, las envolví en las páginas de un viejo cómic y las guardé en mi mochila. No sabía realmente por qué las estaba guardando, pero creo que tirarlas tampoco serviría de mucho. Tal vez quería intentar algo diferente para variar, algo que cambiara las cosas de una vez.
<<Llega una notificación en mi laptop.>>
𝕮𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝕼𝖚𝖊𝖊𝖓 (MENSAJE)
"¿Estás despierto?"
𝕿𝖔𝖊𝖓𝕲 (MENSAJE)
"Sí, lo siento, resolvía algunos asuntos."
𝕮𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝕼𝖚𝖊𝖊𝖓 (MENSAJE)
"¿Problemas con tu padrastro otra vez? Maldito hijo de perra, ¿por qué tu madre sigue con él?"
𝕿𝖔𝖊𝖓𝕲 (MENSAJE)
"Me he hecho la misma pregunta muchas veces, supongo que no es la mejor para elegir pareja.
𝕮𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝕼𝖚𝖊𝖊𝖓 (MENSAJE)
"Estamos de acuerdo en eso. ESCUCHA, lo siento, sé que no tiene nada que ver con esto, pero tengo novedades: al creador del juego le ha gustado tu idea y quiere que participes en el diseño de los nuevos personajes también. Obvio, es porque yo apoyé tu idea. Puedes darme las gracias luego (emoji de orgullo)."
𝕿𝖔𝖊𝖓𝕲 (MENSAJE)
"¿EN SERIO? No creí que fueran a tomar en serio mis ideas para los nuevos niveles. Vaya, Celestial, no sé cómo agradecerte el apoyo con esto."
𝕮𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝕼𝖚𝖊𝖊𝖓 (MENSAJE)
"Puedes invitarme algo de la cafetería mañana en la escuela, con eso estaría bien. Compensa mi esfuerzo (emoji de risa)."
𝕿𝖔𝖊𝖓𝕲 (MENSAJE)
"Jajaja ¿Qué?, ¿de qué hablás? ¿Te refieres a mi escuela?"
𝕮𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝕼𝖚𝖊𝖊𝖓 (MENSAJE)
"Sí, ¿eres Kenneth, no? Kenneth Lambert, de quinto año."
La sangre se me heló. No supe qué responderle a Celestial en ese momento. Me tomó por sorpresa: la chica con la que había estado hablando los últimos meses resultó ser una persona de mi escuela. Me aterraba la idea de que alguien que conozco supiera prácticamente todo sobre mí y sobre mi vida personal. Tampoco entendía cómo había podido darse cuenta de que se trataba de mí. Jamás nos habíamos dicho nuestros nombres reales, al menos no que yo recordara.
Hice lo que me pareció más sensato en ese momento: cerrar la conversación y no volver a hablarle durante toda la noche. No sabía quién era la persona que estaba del otro lado de la conversación y jamás me había preocupado hasta ahora. Pero la situación dio un vuelco inesperado. Ahora estaba más nervioso y preocupado que nunca. Ella sabía muchas cosas. Tengo que averiguar quién es Celestial y, principalmente, cómo supo quién soy.
La noche se hizo larga mientras jugaba "Moon of Darkness", el juego del que ahora me había vuelto moderador. Mis ojos comenzaron a cerrarse hasta quedarme dormido frente a la pantalla. Tenía la tendencia de jugar hasta agotarme.
A la mañana siguiente bajé a la cocina y encontré una nota de mamá en la mesa junto a mi almuerzo para la escuela. Esta decía: "Siento lo de anoche, Kenneth. Suerte hoy en la escuela. Te quiero". Ella trabajaba medio turno como estilista en un salón de belleza y en la tarde como camarera en un restaurante de comida china. Casi siempre estaba de vuelta en casa para cuando yo volvía de la escuela, a no ser que debiera hacer horas extras, en cuyo caso volvía a medianoche. Darrell desaparece todas las mañanas. No tengo idea de qué hace, pero es mejor que tener que verlo tirado en mi cocina cuando me despierto. Esa sería una asquerosa forma de empezar el día.
Me quedé sentado en los escalones de la entrada, esperando a que Tyler apareciera con su bicicleta para ir a la escuela juntos. Él me cargaba siempre en el sillín de atrás. Decía que llevarme le servía como ejercicio para las piernas, a pesar de que no peso mucho. Esta mañana en particular estaba ansioso de que Tyler llegara; necesitaba contarle que Celestial, la chica del juego, era alguien de nuestro colegio. Mientras esperaba, miraba el mensaje en mi celular, pensando en qué podía responderle. No le había respondido a Celestial aún y no sabía qué decirle.
— Ken, ¿Qué haces ahí sentado en medio del sol?
Una voz surgió a mis espaldas repentinamente. Al estar tan concentrado en mi teléfono, causó que diera un pequeño brinco del susto. Al momento, guardé mi teléfono mientras me giraba.
— ¿Peyton?, ¿Qué haces aquí? —respondí.
— Vine a ver a mi tonto hermano pequeño, ¿ni un abrazo ni nada? —respondió sonriendo y estirando los brazos.
Peyton es mi hermana mayor. Es un poco cursi a veces, pero es muy ruda también, para ser mujer. Una vez la vi pelear contra dos chicas al mismo tiempo y ganarles en menos de dos minutos. Mamá dice que lo heredó de papá, ya que él era boxeador. Siempre nos contaba la historia de cómo ganó un campeonato local cuando eran jóvenes, aunque hace tiempo que ya no hablamos de cómo era él. Dejó de contarnos esas historias. Peyton se fue de casa hace tres años. Yo tenía catorce cuando ocurrió. Recuerdo haberme molestado mucho porque sentí que nos había abandonado a mamá y a mí. Aún a veces me molesta pensar en eso, pero ya no tanto como antes, ya que cada vez que nos vemos, ella me pide que vaya a vivir con ella y su novio al otro lado de la ciudad. Es insistente con el tema.
— Ya no soy pequeño, y no me gustan los abrazos.
— Bueno, eso es verdad. Ya estás más alto que yo. Es impresionante cómo crecen los de tu generación.
— En fin, ¿Qué quieres? Llegas en mal momento, debo ir a la escuela ahora.
— Lo sé, lo sé. Sólo estoy de paso, vine a dejar algo para mamá, y también traje esto para ti —diría metiendo su mano en una bolsa—. Son unas Air Jordan Low. Jared creyó que te gustarían. Son muy tu estilo.
— No puede ser, ¿de verdad? Son de mis favoritas. Muchas gracias, Peypey —esbozaría una sonrisa tomando el regalo.
— Qué tierno. No te había oído llamarme así desde hace un tiempo.
— Sólo lo dije, no lo vuelvas incómodo.
— Ken, sabes que si quieres podrías venir conmigo al oeste. Hay lugar de sobra. Y noté esa cortada en tu ceja, ¿Qué te...?
— Estoy bien, Peyton. Sólo me caí en la escuela, ya te lo he dicho. No pienso irme de aquí. Tengo a mis amigos, y alguien debe cuidar de mamá.
— Debería ser ella quien te cuide a ti, no al revés.
A pesar de lo insistente e irritante que mi hermana podía ser, sé que no tenía malas intenciones. En ese momento sólo lo veía como una forma de alejarme de mamá. No entendía por qué se había ido de casa sin avisar y dejando a mamá de lado. Nunca hablamos de eso y solamente fingimos que nunca sucedió. Desde entonces, ella viene a casa a verme y me trae regalos. Algunas veces ha venido sólo para hablar con mamá, pero nunca me dejan estar en esas conversaciones cuando suceden. Tampoco estaba interesado en saber de qué hablaban tan a solas, pero he comenzado a preguntarme si hay alguna causa para que Peyton se haya ido de casa para siempre ese día.
Mientras hablaba con ella, Tyler apareció con su bicicleta.
— Hey, Kenny, apresúrate o llegaremos tarde —dice Tyler—. ¿Qué hay, Peyton?
— Hola, Troy, ¿Cómo estás? —responde ella.
— Se llama Tyler —dije poniéndome la mochila para ir con él.
— Necesito dejar algo para mamá. ¿Aún guardan la llave debajo del macetero?
— Averígualo —respondí dispuesto a irme.
— Ken —pronuncia abrazándome antes de poder escaparme.
— ¿Q-qué haces? ¡Suéltame!
— Cuídate, ¿sí?
— Bien —dije dándole la espalda.
— ¿Ella acaba de llamarme Troy? —preguntó Tyler con tono bajo.
— Sí, lo hizo —respondí.
Subí en la parte trasera de la bici de Tyler y él aceleró como quien llega tarde al día más importante de su vida. Tyler tal vez era un mal estudiante, pero siempre llegaba puntual a cualquier parte. Creo que llegar tarde le generaba ansiedad. Luego de alejarme de casa, pensé en decirle a Tyler lo de Celestial camino a la escuela, pero lo vi tan agitado pedaleando que preferí esperar a llegar a la escuela para decírselo. Sólo a él podía contárselo, ya que después de Celestial, él era la otra persona que sabía todo de mí y de mi vida. Mientras más cerca estaba de la escuela, más ideas preocupantes aparecían en mi mente. ¿Y si Celestial era un chico? ¿Y si divulgaba a toda la escuela mis problemas con mi madre? O peor: ¿Qué tal si era una chica linda y no le gustaba mi apariencia en la vida real? Cada idea, más sin sentido que la anterior. Hasta que finalmente llegamos a la escuela. Tyler encadenó su bicicleta a los bastidores y comenzamos a caminar hacia la entrada.
— Oye, Tyler, antes de que entremos, hay algo que debo decirte.
— Sí, lo sé —dice caminando—. No puedo creer que tu hermana se haya confundido con mi nombre. Creí que al menos pensaría en mí de una forma especial. Podría decir que no me dolió, pero...
— ¿Qué? No, no hablo de eso. Ya olvídala, es mayor que tú.
— Kenny, amigo mío, para el amor la edad es sólo un número.
— Escúchame, es sobre Celestial, ¿la recuerdas?
— ¿La misma Celestial que trabaja en Moon of Darkness, de la cual no dejas de hablar nunca y de la que obviamente estás enamorado? Sí, claro que la recuerdo.
— ¿De qué hablas? No hablo tanto de ella.
— Hermano, sé más cosas sobre ella que de mí mismo. Claro que lo haces.
— ¡Escúchame! ¡Ella está aquí!
— ¿Aquí en la ciudad?
— No, aquí de aquí —dije señalando el suelo con mis manos. Tyler miró al suelo confundido, luego se quedó pensando un segundo.
— ¡¿Aquí en la escuela?!
— ¡¡SÍ!!
— ¿QUÉ? ¿Y QUIÉN ES?
— No lo sé. Desde que me dijo que estaba en la escuela no volví a responder sus mensajes —respondería mostrándole la conversación.
— Te paniqueaste.
— No me paniqueé.
— Siempre te paniqueas.
— Okey, tal vez sí me paniqueé un poco, pero... ¿Quién crees que sea?
— Pues, hasta donde sé, podría ser cualquiera. Tal vez es ese niño gordo de cuarto año, el que usa una mochila de Chewbacca. ¿Por qué no sólo le preguntas quién es?
— No puedo hacer eso. Ya no volví a responderle desde ayer. Maldita sea —diría sentándome en el suelo—. Ella sabe demasiadas cosas sobre mí.
— Tranquilo, hermano. No hace falta que te sientes como un bebé llorón. Levántate —dice Tyler levantándome del suelo—. Descubriremos quién es. Ya te ha dicho que está aquí. Lo más seguro es que te esté observando. Hay que abrir bien los ojos.
— Sí, tienes razón. Vamos. Hay que descubrir quién es CelestialQuenn.