You Wanna Piece Of Me

Summary

Soobin había conocido a Yeonjun desde que era un niño pequeño, su madre no había estado de acuerdo en que iniciara una relación con alguien que ya tenía un hijo no tan pequeño pero el estaba enamorado además... Ese niño no tenía la culpa de nada. Las personas dicen que las relaciones entre el Padrastro y los hijastros jamás era buena, en su caso no lo era... ¿Quizás si?... ¿Que había cambiado?... ¿Por qué había tenido que crecer?

Status
Ongoing
Chapters
22
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

I'm Miss American Dream

Ser el hermano mayor tenía sus ventajas y desventajas. Una de las ventajas era que tenía más libertad y podía ir a cualquier parte ahora que era todo un adulto ahora la única desventaja era que sus responsabilidades eran más grandes de las que el algún día llegó a imaginarse. Estaba en su tercer año de universidad, le faltaba un poco para poder graduarse y para su padre era el momento de que asumiera responsabilidades dentro de la empresa.


Sus padres lo habían tenido joven o quizás no tanto, ellos tenían su edad cuando decidieron vivir juntos y así agrandar a su familia. Su padre a sus cuarenta y tres años de edad era capaz de todo, Soobin estaba seguro que en todas las oficinas de el edificio se murmuraba cada que su padre entraba y no era por menos, el señor Choi tenía tanta presencia que hacía temblar a cualquiera.


– Buenos días. — Saludó a una de las encargadas recibiendo una mirada de reproche por parte de su progenitor, ya había cometido el primer error.


– ¿Que fue lo primero que hablamos, Soobin? Llevas muchos años asistiendo a la empresa y sabes muy bien como se debe de tratar con los empleados o luego ellos...


– Creerán que tienen voz y voto cuando no es así. — terminó por completar el sermón de su padre el cual desde niño lo había escuchado.


– Aprende de tú hermano. — fué lo último que dijo mientras entraba a la oficina que de ahora en adelante sería utilizada por su hijo. — Ahora sí, bienvenido a tu despacho. Lo mandé a construir y a perfeccionar para tí.


Y no era mentira, la oficina estaba muy bien equipada, el escritorio, los estantes, el gran ventanal que dejaba una vista hermosa a la cuidad. Sin duda era lujosa y para los ojos de todos, merecedora.


No le había resultado difícil acostumbrarse a ella, había pasado casi dos meses trabajando, tanto que ya había tomado práctica, había aprendido cómo saludar y tratar con los empleados, no al mismo nivel que su padre pero había logrado infundir miedo en todos ellos.


Su oficina era atendida por dos empleadas de limpieza pero cuando entro ese día las ganas de despedir a todo el edificio se apoderaron de él. Las hojas estaban regadas por el suelo, cuando se agachó y tomó una quedó aún más confundido. En el reporte de el conteo de la semana había un arcoiris, muy mal pintado, por cierto.


¡¿Quien dibujaba en un edificio que era para gente refinada?!


Fui recogiendo hoja por hoja encontrándose más y más dibujos, que iban desde caricaturas hasta de comida animada. Un pequeño canto se hizo escuchar en la espaciosa oficina por lo que guardo silencio intentando encontrar de dónde venía.


La pequeña voz estaba cantando una canción infantil, lo sabía pues el cuando llegaba a lo que suponía era el coro unas palmadas se hacían presentes. Era un niño, tenía que serlo.


– ¡¿Que mierda estás haciendo?! — No iba a gritar pero al ver que era su título de su graduación lo que el niño estaba coloreando, su grito salió por impulso. No podía golpearlo pero si asustarlo pues el niño dejó de cantar poniéndose de pie comenzando a llorar.


El era demasiado joven y no tenía hijos para aguantar eso. Tomó al niño de un brazo escuchando al pequeño llorar con más fuerzas. La puerta de la oficina fue abierta por una de las empleadas.


– ¡¿Yeonjun, que haces aquí?! — Nadie más en el edificio gritaba más que él y su papá y su hermano por supuesto pero en ésta ocasión la iba a dejar gritar, no solo porque la mujer era hermosa si no porque por lo visto el niño era su hijo. — ¡¿Por qué estás aquí?!


Soobin soltó el brazo de el niño al verlo llorar aún más pero no dijo nada, estaba demasiado confundido para poder decir algo. Un golpe fué lo que la mujer le propinó al niño al tenerlo cerca, iba a hablar pero la mujer tomó el otro brazo de el pequeño comenzado jalar de él a modo de regaño y decía regaño porque mientras la mujer jaloneaba de el brazo de el menor lo estaba regañando y de forma muy fuerte.


– ¿Eres la madre de el niño? — no iba a defender al maldito mocoso porque lo que la madre le estaba haciendo lo tenía merecido pero tampoco podía permitir que lo siguiera golpeando, el niño solo había cubierto con sus manitas su rostro evitando que los golpes de su madre cayeran en él. — No creo que sea la manera correcta de corregirlo.


– El no tenía por que haber entrado aquí. — Dejó un último manotazo en la espalda de el pequeño para pasar su mirada al joven. — Lo lamento mucho señor. En verdad no tenía idea de que Yeonjun estaba aquí, de verdad lo lamento.


Soobin dejó de ver al menor al escuchar la voz de la mujer más cerca. Llevaba puesto un vestido el cual era ceñido a su cintura, para ser la madre de el niño tenía un cuerpo voluptuoso.


La mujer dejó al niño avanzando en la oficina recogiendo las hojas que estaban tiradas.


– En verdad lo siento, no sé cómo pagarle todo ésto. — Habló volviendo a inclinarse recogiendo las hojas de una forma... Lenta. — Yo voy a limpiar todo ésto.


Soobin no era idiota, la forma en la que la mujer estaba recogiendo todo era lento, no habían tantas hojas, la única razón por la que ella estaba agachada era por...


– ¿Trabajas aquí?


– Así es... Estoy encargada de el departamento de marketing. — Sus labios estaban maquillados de un rojo intenso, era el mismo color de el vestido. — Entonces... ¿Quiere que me quede a limpiar?


Había bastado un llamando para que a los minutos la encargadas de la limpieza llegaran a su oficina.


– ¿Sucedió algo señor? — pregunto el encargado de el quinto piso entrando al despacho.


– Saca al niño. — Fué lo único que dijo sin voltear a ver, estaba demasiado entretenido para soportar aún los fastidiosos llantos de el niño.


El no conocía a ese señor y tampoco conocía al otro señor que le había gritado. Su mamá le había prometido que solo iban a sacar una copia. Ella era la que limpiaba el tercer nivel, no entendía por qué había llegado vestida así ese día. Yeonjun no entendía nada, el solo quería comer algo, tenía mucha hambre. Su madre le había dicho que el tenía que pintar y dibujar. Su mamá se lo había prometido, si el cumplía ella le iba a comprar un helado. No entendía por que lo había golpeado si el le había hecho caso.


El pequeño de seis años se encontraba hecho bolita cubriendo sus ojos al estar a oscuras en aquel cuarto. ¿Y si su mamá se había olvidado de él?. Más lágrimas comenzaron a bajar por su rostro al pensar en que ahora el estaba solo en aquel oscuro y tenebroso edificio.


– Entonces... ¿Será mañana?... Yo puedo a cualquier hora guapo. — La voz de la mujer hizo que Yeonjun detuviera su llanto levantando su rostro. — Incluso yo puedo ir, solo dame tu dirección.


Sin esperar a más Yeonjun abrió la puerta corriendo hasta la única oficina que tenía luz. Todo el pasillo estaba en oscuras, lo único que se veía era la luz de esa oficina, la puerta estaba ahora abierta.


– Te veré mañana pero no quiero al niño. — No sabía cuántas horas habían pasado pero en niño aún seguía llorando y el no iba a soportar eso. — Llega sin el niño.


– Prometo que no sabrás absolutamente nada de el. — Yeonjun extendió su manita buscando tomar la de su madre pero la mujer la apartó de un manotazo para así abrazar al hombre que le había gritado y apretado duro, su mano aún dolía pues lo había tomado con mucha fuerza.


El niño había visto mucho en un solo día, ¿Por qué su mami le estaba dando un beso a él?... ¿Eran novios?


– Vámonos Yeonjun.


Yeonjun volvió a extender su pequeña mano pero nuevamente no fue tomada por lo que no le quedó de otra más que correr detrás de su progenitora no sin antes voltear a ver a ese hombre quien tenía un semblante serio, Yeonjun le tenía miedo.