Prólogo.
“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafió de cambiarnos a nosotros mismos”
Viktor Frankl
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La misa estaba casi llegando a su final. Las personas estaban haciendo la hilera para recibir “el cuerpo de cristo” en forma de hostia.
Estabas al final de la iglesia, cerca de la puerta de entrada y salida. Tu madre ya había recibido la hostia y estaba de rodilla al lado tuyo, sus dedos entrecruzados, su antebrazo frente a la madera, su cabeza gacha. Estaba orando.
Ibas a ir cuando hubiera menos personas. No eras muy fanático del contacto y el amontonamiento.
De repente, por tu vista periférica ves una sombra moverse, saltando en cada paso que daba. Giras tu cabeza para ver mejor, y entonces tus ojos se posan en la espalda de la pequeña niña de cabellos dorados, casi blancos, que llevaba puesto un hermoso vestido de encaje de color rosa pastel y blanco, con mucho volumen en la falda. Lucia antiguo, como si fuera de época victoriana.
Lo que más llama tu atención es que nadie la mire, que ignoren su presencia -considerando lo difícil que se te hacía a ti no verla-. La niña llega al frente dando sus pequeños saltos y se gira, sus manos detrás suyo, y recorre el lugar con sus ojos de color ¿lila?
La niña te queda mirando, y de repente sientes como si el tiempo se hubiera detenido. Te sonríe, y se acerca caminando, algunas veces saltando, hasta quedar de pie frente a tu lado derecho. Allí compruebas que sus ojos son violetas -habías escuchado que era una mutación genética que solo portaba el 2% de la humanidad-. Pero sus inusuales ojos no son lo único que destacan en aquella niña. No. Su rostro blanco como el marfil cubierto de pequeñas pecas marrones la hacen ver aún más extravagante.
La niña de no más de 7 años parecía sacada de una película estadounidense.
No puedes decir nada, porque no hay palabra alguna que quiera salir de tu boca. Ella señala tu mano izquierda y miras, notando como algo comenzaba a brillar en tu dedo meñique, como si fuera una especie de hilo que estaba enredado. Levantas el rostro, asustado, mirando de nuevo a la niña y esta sonríe, tapando su boca con ambas manos, en un gesto cargado de inocencia y travesura.
Las personas comienzan a moverse de nuevo a tu alrededor, tu madre a un lado tuyo se pone de pie, pero no dejas de mirar a la niña quien te observa con aquellos grandes ojos. Miras tu mano, notando que el hilo comenzaba a hacerse cada vez más visible, y se extendía, volviendose mas largo, formando una especie de camino, un recorrido que se pierde entre las tantas personas que estaban en la iglesia, pero que hasta donde te permite ver y deducir, llega hasta la parte de delantera, donde están los primeros asientos.
- Jisung, la hostia - Te recuerda tu madre y la miras, con los ojos abiertos - ¿Te pasa algo? ¿Te sientes mal? - pregunta con genuina preocupación.
Vuelves tu vista a donde estaba la niña, pero ella ya no está. Miras tu mano, y no ves tampoco el hilo delgado que brillaba en un rojo intenso.
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- ¿Escucharon el rumor? - les pregunta Daehwi, cuando estaban sentados en el aula.
- ¿Qué Hyuna y Hyojong están saliendo? - pregunta Jinyoung, sin despegar la vista de su celular, jugando call of duty.
- ¿Están saliendo? - preguntas con auténtica sorpresa después de tomarte una selfie, mirando tu foto, pensando si publicarla o no.
- Dicen que ella lo invitó - respondió Jinyoung, la punta de su lengua en la comisura derecha de su boca por la concentración.
- Eso no - respondió Daehwi, apoyando ambas manos en la mesa, inclinado hacia adelante - dicen que el bicho raro de Kim Seungmin es gay y que lo vieron salir de un hotel de mala muerte con un hombre - dijo con diversión.
- Argh... so disgusting - pensaste en voz alta, no pudiendo evitar hacer una mueca de asco.
- No le bastaba con ser un rarito, también tenía que ser un marica - respondió con desinterés Jinyoung.
- Es un rumor igual, no sé qué tan cierto sea - dijo Dahewi, encogiendo los hombros y sentándose en tu banco.
- ¿Y si lo averiguamos? - pregunto Jinyoung, dejando su celular sobre la mesa.
- ¿Cómo?- pregunto Daehwi.
- Hyunjin, dijiste que querías dinero para comprar unas témperas - dijo Jinyoung, sonriendo de lado.
- Pintura al óleo, no tempera - “idiota” piensas, más no dices esto último, rodando los ojos con molestia.
Tu padre no quería que “perdieras tu tiempo en esas estupideces”. Pelearon a los gritos, él te golpeó e insultó, y te quitó tu mesada. Fin de la historia.
- Te las compro - dijo Jinyoung - la marca que vos quieras - y lo miraste con desconfianza.
- Aja, a cambio ¿de... - preguntaste y tu amigo sonrió.
- Si existe un chico que podría ser ”El Chico Ideal" de cualquier persona, Hyunjin, amigo, ese eres tu - dijo Jinyoung con diversión- estoy seguro que si no quiere que nadie lo sepa, nunca lo va a admitir, pero si vos le hablas... no sé, por ti, amigo, por ti lo dice.
- ¿Por qué me lo diría? nunca fuimos amigos - y la verdad sea dicha, ni siquiera lo mirabas.
Crees recordar muy lejanamente que una vez te saludo, pero preferiste ignorarlo, pasar de largo. Realmente no te interesaba hablarle, ni que te hablara.
- Eso es obvio, no luces exactamente como una persona confiable - dijo Jinyoung, por lo que rodaste los ojos - pero estoy seguro que si es maricon, y cree que estás interesado en él-
- Ni pensarlo, no lo vale - interrumpiste a Jinyoung.
- Te doy la llave de mi departamento para que puedas pintar allí- dijo Jinyoung, y recordaste a tu padre rompiendo el caballete y mandando a que quemaran esas ‘porquerías’, como le gustaba llamarlas.
- ¿Solo tengo que saber si es gay? - preguntaste y tu amigo asintió.
Inhalaste mucho aire por la nariz, y lo exhalaste al tender tu mano enfrente de tu amigo.
- Bien, acepto - dijiste con una sonrisa, estrechando sus manos, cerrando el trato.
No es como si realmente te interesará o importara. Solo era jugar a estar interesado en el raro.
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