1. Pizza
1. Pizza
Harry, jamás, nunca en su vida, había visto las películas de Harry Potter.
No porque no le gustaran, vamos, que ni siquiera sabía muy bien del todo de que exactamente trataban. Sabía que estaban inspiradas en algunos libros, sabía que tenía una cantidad de fans bastante considerable, sabía que algunos personajes morían, sabía que obviamente era un mundo mágico... Y sabía que su novio era un leal fanático.
No sabía nada de las películas.
Pero creía saber lo que estaba haciendo.
Después de todo, llevaba más de un mes trabajando en una réplica -Quería creer que exacta - del castillo de la película, tan solo basándose en una cantidad exagerada de fotos y referencias. Le agradecía a Pinterest, y más que nada, a su aparente nueva habilidad con las manualidades.
Nadie podría decirle que no se esforzaba con los regalos.
El cumpleaños de Luke, su novio, se acercaba con rapidez, y Harry por fin, después de tanto esfuerzo, había terminado su regalo. ¿Lo que no sabía? si era una representación al menos aceptable.
Deja la pintura a un lado, y se limpia las manos con un trapo viejo mientras mira el reloj en su pared. Es tarde, no había notado en que momento la luz del día simplemente se esfumó. Y tenía hambre, pero no tenía ganas de cocinar.
No solía pedir comida rápida muy a menudo, Pero bueno, una vez al año...
Busca su celular en su bolsillo, caminando por su pequeño apartamento, escuchando los tonos de la llamada.
—¿Buenas noches? —dice cuando alguien lo saluda al otro lado de la línea — Me gustaría ordenar una pizza — pide sonriendo.
°°°
Harry prácticamente corre a la entrada de su apartamento cuando el timbre es tocado.
Dios, moría de hambre.
Abre la puerta tan solo un poco, y se ve obligado a detener a su querido perro con una de sus piernas. El cachorro salta emocionado, tratando de escapar por el pequeño espacio.
—Lo siento -—se disculpa sin ver al repartidor, con su mirada clavada en su perro mientras lucha por detenerlo — Aún estamos trabajando en los modales, ¿No es cierto, perro?
—¿Tu perro se llama perro? — le dice una voz aguda, llamando su atención.
Harry alza su mirada con una sonrisa tímida, impresionándose por el monumento bonito frente a él casi en el mismo instante en que lo mira. ¿Desde cuándo los repartidores de pizza se ven así?
Trata de no ser tan obvio.
Trata.
Pero se olvida por completo del como disimular.
Traga saliva mientras sus ojos se deslizan por el chico con aquella sonrisa deslumbrante y juguetona, por la caja de pizza que sostiene, recorriendo sus brazos hasta llegar a nuevamente a su rostro; ojos azules, pómulos marcados, labios suaves, rosados, cejas arqueadas que no hacen más que magnificar esa mirada que podría parecer burlona, y aquella nariz de botón.
¿Dios?
Tenía novio... Pero no era ciego, ¿Está bien?
—Yo... — trata de recuperarse — Lo adopté hace una semana.
—¿Y aún no tiene nombre? — se ríe el chico.
Harry hace una mueca, volviendo la vista a su cachorro
—Soy pésimo con los nombres — responde.
—Oh, no, para nada — el chico hace un ademán con su mano libre — Perro es definitivamente el mejor nombre que he escuchado en toda mi vida. Muy... Original.
Harry no puede evitar una risita.
¡Ni siquiera fue gracioso, por dios!
—Entonces... — continua, balanceándose levemente nervioso, apuntando a la caja de pizza — ¿Puedo tener mi comida?
—No — le contesta el chico.
—¿Qué...?
—Claro que puedes tener tu pizza, rizado — lo corta el chico, mordiendo su labio para no reír por la cara de confusión de Harry — Es algo así como mi trabajo entregártela, ¿Sabes?
Rizado
—Por supuesto...— murmura, buscando su billetera en su bolsillo trasero — Toma — Le extiende el dinero.
Es cuando el Adonis del repartidor extiende su mano derecha que su chaqueta de mezclilla se levanta tan solo lo suficiente como para que el ojiverde pueda ver una peculiar pulsera con aquel emblema que tanto ha visto las últimas semanas.
—¿¡Te gusta Harry Potter!? — grita emocionado, saltando para tomar el brazo del chico para alzar su chaqueta y ver con más detalle su brazalete.
—Eh...¿Si? — el repartidor le responde confundido, no haciendo ningún esfuerzo para librarse de su agarre — ¿A ti te gusta?
Harry apenas y mueve la cabeza para negar, demasiado concentrado en los nuevos tatuajes que ha descubierto, pero pretendiendo que todavía sigue viendo la pulsera.
—Va a sonar malditamente extraño — dice, por fin devolviéndole su brazo al chico — Pero... ¿Puedo pedirte un favor?
El repartidor lo mira con las cejas fruncidas, pero no luce asustado, Harry se conforma con eso.
—Depende — le dice divertido — ¿Vas a secuestrarme?
—No voy a secuestrarte.
—No suelo ser tan fácil — Harry se ríe, dando un paso a un lado para que el chico pueda entrar — Pero puedo hacer una excepción por esos rizos.
¿El chico le estaba coqueteando?
—Tengo este... Regalo —le dice, recibiendo la caja de pizza que el repartidor aún sostenía y dejándola en la mesa — Es como una manualidad. Entonces... ¿Puedes darme tu más sincera opinión?
—¿Mi opinión? — el chico se señala.
—¿Qué mejor que la opinión honesta de un extraño?
—Muy bien... — acepta el ojiazul, frotando sus manos por unos segundos antes de alzarlas un poco y dejarlas caer en sus muslos — Hagamos esto.
°°°
Harry corre hasta su habitación para poder cargar con cuidado la maqueta que se ha esforzado tanto en hacer.
Cuando regresa a la sala de estar, el chico de ojos azules está jugando y acariciando a su perro, quien al parecer ha caído totalmente rendido a los pies del repartidor.
—No es la gran... — comienza, deteniéndose cuando el chico grita emocionado.
—¡No puede ser! — el castaño se le acerca emocionado, quitándole la réplica del castillo de las manos de la manera más cuidadosa que puede — ¿¡Tú lo hiciste!?
El chico de ojos azules ve a su maqueta como si fuera el amor de su vida. Lo toca cuidadoso, como si sus manos no merecían tocar lo que al parecer él cree una magnífica creación.
—¡El lago! — le muestra feliz, Harry sonríe — ¿Cómo hiciste esto?
—Puse...
—¡Y el bosque! — lo interrumpe — Esto es magnífico, ¿Cuánto tiempo te llevo hacer está maravilla?
Está maravilla...
—Como un mes — contesta, haciendo un gesto para quitarle importancia al tiempo invertido — Algo así...
—Es... Wow — concluye el ojiazul — De verdad, esto es grandioso. Ahora mismo me estoy reteniendo físicamente para no tirarte uno de tus cojines a la cara y huir con esto — Le sonríe.
Harry suelta una risa incrédula.
¿Quién es este chico?
—¿Gracias...? — dice lentamente — Por la opinión... Y por no lanzarme algo a la cara.
—De nada.
°°°
—Pero no entiendo — dice Harry, acariciando a su cachorro dormido en su regazo.
Su novio camina por toda la habitación, colocando cosas en la maleta negra que está a su lado sobre la cama.
—Ya te lo expliqué, Harry — Le dice Luke, despeinando su rubio y largo cabello en lo que parece ser un gesto desesperado — Es mi trabajo.
—¡Pero es tu cumpleaños!
—Y ya te dije que podremos celebrarlo después.
Harry bufa, ignorando todo lo que dice su novio a partir de ese preciso momento.
Siempre es lo mismo con él.
El trabajo es primero, siempre, durante los dos años que llevaban en esa relación... Luke se había perdido cumpleaños, fiestas, aniversarios, de todo.
Y siempre era lo mismo, el trabajo.
—Vamos, no te comportes como un niño — insiste su novio, sonriéndole amplio, con la pura intención de distraerlo.
Ojos tan claros como el reflejo del sol en el café que tomaba cada mañana, labios gruesos al igual que sus cejas pobladas, pequeñas pecas distribuidas de manera delicada por su rostro, cabello dorado y brillante...
Su novio era atractivo.
Pero no lo suficiente como para hacerlo olvidar su molestia con unas cuantas sonrisas.
—Planee por meses esa fiesta — dice, apartando la mano de Luke de su muslo — Y ahora, ¿Ni siquiera te lo piensas al ofrecerte para viajar al otro lado del país? Lo siento... Pero no se arregla tan fácil.
—Ya te dije que es una gran oportunidad para mí — gruñe Luke — ¿Por qué no puedes estar feliz por mi?
—¡Porque siempre es lo mismo!
—¡Yo no me quejo como un chiquillo cuando tú tienes turnos dobles en ese jodido restaurante! — contraataca su novio.
Harry abre la boca con indignación.
—Pero siempre trato de estar ahí para ti — suelta con enojo — La última vez que obtuve un reconocimiento por mi trabajo, tú estabas... ¡Oh, trabajando!
—¡Era importante!
—¿¡Y yo no!? — grita, asustando al cachorro dormido sobre él — Oh, lamento despertarte — acaricia a su perro, siendo consciente de la mirada furiosa de Luke.
—¿Sabes qué? — Luke cierra su maleta con brusquedad, prácticamente aventándola fuera de la cama — Hablaremos cuando puedas dejar de ser tan inmaduro — ¿Inmaduro? ¡¿Él!? — Dormiré en el sillón.
—Bien.
—Bien.
°°°
Está de mal humor.
De un terrible y horrible mal humor.
Se supone que hoy era el día, esa fiesta en la que se había esforzado tanto, el tiempo de entregar ese regalo en el que gasto días y noches enteras. No había sido nada fácil, se había desvelado en más de una ocasión, aún en esos días en los que había estado demasiado cansado después de un largo día de trabajo.
Y su trabajo era cansado.
Amaba cocinar, lo amaba con el alma.
Era su manera de relajarse, o de concentrarse, era la manera en la que podía expresar o liberar sus emociones. Simplemente era una parte muy importante de su mundo, Pero después de estar parado casi todo el tiempo, cocinando platillos elaborados y postres elegantes día tras día... Podía agotarse, llegar y tirarse en la cama y no despertar hasta al día siguiente.
Y él había renunciado a esas valiosas horas libres y personales para nada.
Era un mal día.
El hecho de que hoy especialmente el restaurante en el que trabajaba había estado funcionando a toda su capacidad solo le recordaba cuánto había desperdiciado en la planeación de la maldita fiesta.
Y no tenía ánimos.
Ni siquiera se había quitado el uniforme, había llegado a su departamento, se había tirado en el sofá y se había dedicado a ver su serie favorita mientras su perro - que aún no tenía nombre - dormía a su lado... Y tal vez había pedido una pizza, sin ninguna razón en específico que no fuera saciar su hambre combinada con sus pocas ganas de levantarse y cocinar.
Harry gruñe cuando puede escuchar el timbre de su apartamento.
—Debo enseñarte a atender la puerta — le dice al cachorro mientras se levanta de mala gana — Ya sabes, como esos perros en internet.
Arrastra sus pies hasta la entrada, abriendo la puerta por completo, sintiéndose un poco orgulloso cuando perro no sale disparado hacia la puerta.
—Dos pizzas en menos de dos semanas es algo que no esperaría de un chef — le dice el chico de esos conocidos ojos azules después de los primeros cinco segundos, señalando su uniforme con su mano libre — ¿No hay algún código o algo parecido?
Harry no va a reírse.
—¿Puedes simplemente darme mi comida?
El ojiazul hace un pequeño gesto, apenas perceptible antes de que se recupere y asienta colocando una nueva sonrisa en su rostro.
—Uh, ¿Un mal día? — tantea el chico, entregándole la caja caliente.
Le está sonriendo.
El chico le está sonriendo, y le regala una suave mirada. ¿Cómo puede mantener su mal humor y descargarlo contra él?
—Pésimo — Suspira — Horrible.
—Lo lamento — le dice el repartidor con una mueca de disculpa — Te ves cansado.
—Lo estoy — confirma, buscando su billetera.
Pero el castaño agita sus manos frente a él cuando Harry por fin encuentra su cartera.
—No te preocupes — le dice — Yo invito.
—¿Qué? — habla sorprendido.
—Estás cansado, y tuviste, al parecer, un día horrible — sonríe, pasando la caja de pizza a los brazos de Harry sin avisarle — Mereces una pizza gratis.
—No, claro que no — contesta, sintiéndose apenado, girando un poco sobre si para buscar que hacer con la caja que en ese momento lo incómoda. El primer intento, claramente, es devolvérsela al repartidor, pero este se cruza de brazos con una sonrisa — Voy a pagarte.
—No es necesario.
—Si, lo es — insiste en entregarle el billete.
El chico mira el billete extendido por unos segundos, antes de que una horrible - preciosa - sonrisa burlona se cree en sus labios.
—No tengo cambio — le contesta escogiéndose de hombros, logrando que su chaqueta de cuero se arrugue un poco — Una lástima.
—Buscaré otro billete — murmura, entrecerrando sus ojos hacia el ojiazul.
Harry voltea apenas unos segundos para dejar la caja en el mueble a un lado de la puerta, para poder volver a tomar su cartera, Pero cuando regresa la vista...
El chico ha desaparecido.
El rizado se asoma rápidamente al pasillo, tan solo para ver cómo el repartidor corre mientras suelta una carcajada antes de voltear sobre su hombro y hacerle una seña como cuando los militares saludan a sus superiores.
¿Ahora tenía una pizza gratis y un terrible crush con el repartidor?
°°°
Estaba triste.
Acostado en su sillón, envuelto en sábanas hasta la cabeza, a punto de terminar lo que probablemente sería su tercer bote de helado en tres días, con la única compañía de su pequeño labrador sin nombre.
Estaba triste, pero también estaba enojado. Furioso, más bien... Frustrado y decepcionado sí que podían entrar en la clasificación de sus emociones.
Su novio - ahora ex novio - lo había engañado.
¿Y Harry solo se había enterado por un absurdo video en alguna historia completamente al azar en Instagram?
No había hablado con Luke, había ignorado todas sus llamadas, había ignorado todos sus mensajes. Había cortado cualquier comunicación con él, ¿De qué serviría de todas maneras? Apostaba que el rubio ni siquiera se esforzaría en volver y darle una bien merecida explicación frente a frente.
Tal vez el idiota ni siquiera se había dado cuenta de que Harry sabía como es que le había estado comiendo la lengua a un chico en un bar mientras festejaba su cumpleaños.
Cumpleaños que no había pasado con Harry.
Al carajo.
Se merecía pedir una pizza... Se merecía ver una vez más al chico lindo que las entregaba, chico lindo al cual le debía dinero y tenía que pagárselo.
Si, eso era, Harry solamente quería devolverle su dinero.
Nada más quería devolverle su dinero.
Marca el número, hace el pedido, y espera con ansias.
¿Pero qué tal si es otro repartidor?
¿Este sería su horario de trabajo? ¿Y si tenía otro pedido? ¿Y si lo habían despedido en esas tres semanas? ¿Por qué Harry nunca había preguntado su nombre?
No le da demasiado tiempo a arrepentirse - que no es que hubiera cancelado el pedido, le daba la suficiente pena como para simplemente aceptar su error -La puerta es tocada, y Harry se siente ansioso, Probablemente la primera sensación nueva en su semana.
Camina aún envuelto en las sábanas, preparando tres diferentes maneras de pagar si es que al chico se le ocurre intentar correr por el pasillo nuevamente. Se asegura de ver por la mirilla de la puerta antes de abrir, solamente para poder tomar un tiempo para ocultar su decepción si no es el cabello revuelto que esperaba.
Pero no hay decepción.
El lindo repartidor está ahí, esperando a tan solo unos centímetros de distancia.
Harry deja que una sonrisa de victoria escape por sus labios mientras toma una respiración para poder encontrar la fuerza necesaria para afrontar a su estúpido flechazo, esperando hasta que se siente completamente capaz.
—No digas nada — es lo primero que dice.
—¿Sobre tu aspecto de una linda oruga o de la tercera pizza en un mes y medio? — responde el chico.
—¿Las dos?
—Pero realmente te ves adorable — ¿Se puede sonrojar? — Aún con las ojeras.
El rizado gruñe, apretando más las sábanas que lo cubren.
Siente que podría llorar.
Cómo si esa fuera la última pequeña gota que derramará su vaso.
—Eso fue rudo — dice con un pequeño puchero.
El repartidor parece alarmado después de eso.
El chico de ojos azules alza sus cejas antes de agitar su mano libre en el aire con energía, buscando una manera de consolar al rizado, quien al parecer ya cuenta con pequeñas lágrimas en sus ojos.
—Oh, no, amor — le dice en tono preocupado — No era mi intención, ¿Si? Lamento eso, yo... — el chico hace una pausa — Como dije, eres malditamente adorable, no debí decir...
¿Qué estaba haciendo?
¿Llorar solo porque su aparente crush le dijo que tenía ojeras?
Era patético.
—No, no te preocupes — se apresura a decir, sonriendo tímidamente — Es solo que estoy tan malditamente sensible, no es tu trabajo soportar mis lágrimas.
El repartidor parece estar en una pequeña crisis acerca de lo que debería o no hacer. Lo normal, y lo que Harry espera de cierta manera, es que el chico simplemente le entregué su comida y huya lo más rápido posible... Pero al parecer no es lo que el ojiazul piensa.
—¿Puedo preguntarte que te pasa? — le dice con cuidado — Quiero decir, ¿Estás bien?
Es ciertamente una sorpresa.
—Yo... Si — contesta con los labios fruncidos, con extraño sentimiento de nerviosismo — Solo, bueno, no es que te importe — tartamudea, viendo cómo el chico de ojos azules le sonríe — Pero mi novio, ex novio en realidad, no es que siga saliendo con él... Bueno, resulto ser un completo idiota.
—Oh, si — el chico concuerda con él sin cuestionarlo — Definitivamente lo es, un gran y completo... — hace una pausa, frunciendo el ceño de repente — Dime que el regalo no era para el idiota.
—Lo era.
—Dime que lo golpeaste y se lo robaste entonces — pide el ojiazul, luciendo tan horrorizado que Harry quiere reír.
—No... en realidad nunca se lo di— mascullo.
El chico luce aliviado, como, realmente aliviado. Cómo es que una persona que apenas conoce, con la cual no ha hablado más de dos veces, pueda mostrarse tan preocupado y molesto con su situación, incluso cuando no la conoce del todo - más bien, no conoce nada - Pero no puede quejarse.
—¡Genial!— lo alienta el chico — Podrás quedártela. Es increíble, no merece menos que estar luciéndose en tu sala de estar — le señala a la mesa de café frente a su sillón.
Harry hace una mueca.
No sabía si quería preservar la maqueta, mucho menos si quería colocarla en el centro de su sala de estar.
—No lo sé — contesta, encogiéndose de hombros — Nunca he visto las películas, así que...
—¿Qué? — el chico interrumpe bruscamente.
—¿Nunca he visto las películas...?
El chico ni siquiera espera a que termine para, después de parpadear repetidamente, asimilando las palabras del rizado, hacerlo a un lado suavemente, utilizando su mano libre para quitarlo de la entrada y poder acceder al departamento. Claro que Harry se sorprende, el repartidor de pizza camina por su departamento, saluda a su perro y se dirige a la cocina como si nada.
¿Qué carajo?
Harry se aleja de la puerta, olvidándose de cerrarla gracias a la sorpresa, y sigue con la mirada al repartidor, hasta quedarse parado a mitad de camino sin saber exactamente qué es lo que debería de hacer mientras que el chico de ojos azules parece abrir las diferentes puertas y gavetas de la cocina para buscar algo.
—¿Dónde están los platos? — el chico le pregunta tranquilo.
¿Los platós?
¿El prácticamente desconocido que acaba de colarse a su apartamento está buscando sus platos?
—Aquí — celebra el chico, ignorando por completo la manera en que Harry lo mira desde la sala de estar —¿Dónde dejo el dinero? — pregunta mientras toma dos platos y los coloca sobre la caja de pizza, tomando está con cuidado y caminando hacia él.
—¿El dinero? — responde desconcertado, simplemente observando con el chico se acomoda en su sofá mientras busca el control remoto de la televisión.
—Bueno, para la pizza. Yo invito — contesta el ojiazul — ¿A menos que quieras mitad y mitad?
Esto no podía estar pasando.
Harry voltea a cada rincón de su apartamento, esperando que en cualquier momento alguien salte y le diga que todo lo que está pasando no es más que una broma, pero eso no sucede. El chico lo mira con la cabeza ladeada y una sonrisa, casi como si quisiera burlarse de su completa confusión.
—Vamos, rizado — el chico lo alienta con calma, dándole palmaditas al sofá para invitarlo a sentarse — La comida se enfriará.
—¿Qué mierda estás haciendo? — pregunta por fin.
—¿Tratando de ver una película?
—¿Tratando de...? — repite incrédulo, riéndose a los pocos segundos de manera nerviosa — ¿Esto es una broma?
—No — contesta el ojiazul — Para nada — complementa serio, apuntándolo a él y luego a la televisión — No puedo dejar que vayas por el mundo sin haber visto Harry Potter... Es casi un pecado.
¿Sinceramente? Parecía que el chico había llegado a ese punto dónde no aceptaría un no por respuesta. Puede que la situación sea... Fuera de lo común, pero Harry suspira y se encoge de hombros simplemente aceptándola, de todas maneras, no es que tuviera mejores planes que pudieran superar a la idea de sentarse en su sala de estar a ver un maratón de películas con un lindo - pero al parecer extraño - desconocido.
—Ni siquiera sé tu nombre — bufa mientras toma asiento y el chico le entrega uno de los platos.
El ojiazul le sonríe feliz, claramente satisfecho por haberse salido con la suya.
—Louis — le contesta.
—Harry — se presenta también, tomando a su cachorro del lugar donde se encontraba pacíficamente dormido y levantandolo — Y el es perro, Pero eso ya lo sabes.
—Styles... — Bufa el chico, dejando en claro que es una broma por la manera divertida en la que lo mira — Es como el nombre de una super estrella de rock. Sinceramente, ¿Por qué no estás dando un concierto en nueva York ahora mismo?
¿Cómo...?
¿Debería llamar a la policía por qué ese chico está diciendo que su apellido parece el de una estrella de rock cuando claramente Harry nunca se lo dijo?
—Esta en tus recibos, amor — le dice Louis, Probablemente leyendo la cara de Harry.
Harry decide, con el soundtrack inicial de la película en el fondo, que esto es, sin duda alguna, lo más extraño - y de cierta manera divertido - que le ha pasado en sus cortos veinticuatro años de vida.
—Estas apunto de conocer un nuevo mundo, Harry Styles — escucha a Louis, y de cierta manera no puede evitar reír gracias al dramatismo en la voz del ojiazul — Y para tu buena suerte... Me tendrás a mi como tú encantador guía personal.
—¿Encantador? — pregunta divertido.
—Y guapo — completa el chico — Encantador y guapo guía personal.
Bueno... Aparentemente está apunto de ver la película de Harry Potter con un extrovertido desconocido.
•••
Ustedes no dejen entrar a un desconocido a su casa.