Al pie del Altar

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Summary

¿De qué serías capaz si te dejan plantado AL PIE DEL ALTAR? Ariel Del Valle es un hermoso y joven doncel comprado por Gilberto Manrique y Alvarado, Conde de Salvatierra, para convertirlo en su esposo. Pero el día de su boda, Ariel escapa dejando plantado al Conde, quien sintiéndose humillado y ofendido en su honor, jura que se vengará del doncel haciéndole llorar lágrimas de sangre. Un juramento de venganza hecho AL PIE DEL ALTAR arrasará con la vida de un hombre y un doncel destinados a odiarse y amarse con la misma intensidad.

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38
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18+

1.- El Conde y el doncel

CONTEXTO GENERAL DE LA HISTORIA

Esta novela se ubica en el universo ficticio de los donceles, los cuales son un tercer género humano, con apariencia andrógina, similares al hombre, pero con características peculiares.

Un doncel siempre tiene rasgos más delicados, es de menor estatura y complexión muscular inferior a la de un hombre promedio... pero su característica principal es que pueden embarazarse.

En las diferentes historias de donceles, hay muchas variaciones, pero en mi universo imaginario, los donceles tienen un útero y tienen las mismas sensaciones orgásmicas a los de una mujer, la única diferencia con ellas es que en la parte delantera tienen un pequeño pene, que únicamente les sirve para sus necesidades fisiológicas.

Por ser un tercer género, los donceles son considerados "raros" y discriminados por la sociedad que los ve con recelo, no son mujeres, pero tampoco son hombres, y eso los hace ser presa del machismo y la incomprensión.

Esta historia en particular se ubica en la década de los 50's del siglo XX, teniendo como escenario una provincia de la República Mexicana, Santo Tomás... por ser una novela ubicada en una época pasada, los donceles son sujetos a ideas anticuadas y machistas, siendo considerados como objetos que únicamente sirven para procrear y satisfacer a los hombres.

Y después de este contexto te invito a leer la historia de Ariel Del Valle, un doncel aristocrático cuyo mayor pecado lo cometerá AL PIE DEL ALTAR.

**********

AL PIE DEL ALTAR se perpetran juramentos inquebrantables, promesas que deben cumplirse y lazos que jamás deben romperse... aunque no siempre es así... quienes quebrantan sus juramentos son pecadores; aquellos que no cumplen sus promesas son pecadores; y quienes rompen los lazos hechos frente a Dios también son pecadores... entonces, ¿cuántos pecados se cometen AL PIE DEL ALTAR?

Esta historia comienza en el pueblo de Santo Tomás, en una época de caballeros y donceles, donde las clases sociales y las viejas costumbres aún predominan.

En la mansión más grande y lujosa del pueblo vive Gilberto Manrique y Alvarado, "el Conde de Salvatierra", un hombre de 30 años de origen español, poseedor de una gran fortuna heredada por su abuelo, don Ismael, quien también legó a su primer nieto varón el título nobiliario concedido por la corona de España hace tres generaciones.

Gilberto es también poseedor de un gran atractivo físico, de piel blanca, cabello negro azabache y ojos negros y profundos, el musculoso varón de 1.80 de estatura complementa sus rasgos viriles con una barba espesa y oscura.

Es por su físico y riqueza que en la vida de Gilberto han pasado una larga fila de mujeres y donceles, ninguno pudo atraparlo hasta que apareció un hermoso doncel que lo cautivó desde el día que lo conoció en el baile que celebraba su trigésimo cumpleaños.

Hoy, Gilberto, de pie frente al espejo, se ve luciendo un elegante esmoquin negro, listo para salir rumbo a la iglesia, donde contraerá nupcias con el doncel que convertirá en su esposo y madre de sus hijos.

Mientras acicala su cabello, Gilberto escucha abrirse la puerta de su amplia y lujosa habitación... a través del espejo, el varón ojinegro observa que quien entró es Santiago, su primo hermano.

Santiago Manrique y Alvarado es también un atractivo varón de piel apiñonada, cabello castaño, ojos café oscuros, de 1.79 de estatura y complexión musculosa... él también luce una barba cerrada que resalta sus rasgos masculinos.

Vistiendo un traje negro con corbata del mismo color, Santiago habló con una sonrisa irónica: ¿ya estás listo para echarte la soga al cuello, primo?

Sonriendo de la misma forma, Gilberto respondió: nunca se está completamente listo para perder la libertad, pero creo que ya es hora de casarme y tener hijos... de lo contrario, en vez de hijos, tendré nietos...

Santiago: ¿en verdad te casas solo para tener hijos o para complacer al abuelo?

Gilberto: ¿por qué me preguntas eso?

Santiago: porque sé que el abuelo desea que tanto tú como yo nos casemos cuanto antes para hacer crecer la familia, pero a diferencia de ti, yo no me dejo manipular por nadie...

El ojinegro replicó con firmeza: yo tampoco me dejo manipular, pero ya es momento de que forme mi propia familia... mis padres murieron hace muchos años y no tengo hermanos... tú y mis primas viven en España y apenas si vienen a visitarme, ¿qué de raro tiene que quiera hacer de esta enorme mansión un verdadero hogar?

Santiago: no tiene nada de raro y si esas son tus razones las celebro... aunque no dejo de pensar en que quizás solo deseas complacer al abuelo para recompensarle por todo lo que te ha dado, después de todo tú eres su nieto favorito, al que incluso le cedió su título nobiliario...

Gilberto se acercó a su primo diciéndole: aún te duele que el abuelo me haya cedido el título de "Conde" ¿verdad? yo no tengo la culpa de ser el primero y el mayor de sus nietos...

Santiago: mayor solo por un año... te recuerdo que yo tengo 29 años y tú 30...

Gilberto: lo sé y por eso creo que también deberías pensar en casarte... ya estás en edad de formar tu propia familia...

Con sonrisa socarrona, el ojicafé respondió: no, yo aún no encuentro a la mujer adecuada para hacerla madre de mis hijos...

Gilberto: pues si no encuentras mujer, búscate a un doncel como yo...

Santiago: a mí no me gustan los donceles, se me hacen demasiado "exóticos"...

Gilberto: por favor, primo, no juzgues a los donceles sin antes haberlos probado, te aseguro que ofrecen mucho placer para nosotros los hombres, además, son muy fértiles, ideales para incubar hijos... dentro de un rato, conocerás al doncel con el que voy a casarme y entenderás por qué lo elegí como mi esposo... es bellísimo...

Santiago: además de bello, debe ser muy bueno en "otras cosas" para haberte atrapado...

Gilberto: te equivocas, entre ese doncel y yo aún no ha pasado nada... de hecho, apenas si hemos hablado un par de veces... él es un señorito de abolengo y el trato lo hice directamente con su padre, se podría decir que le compré a su hijo...

Santiago: pues espero que hayas hecho una buena inversión...

Gilberto: seguro que sí... no sabes cuánto deseo que ya sea de noche para consumar mi matrimonio... lo que más deseo en estos momentos es yacer entre las piernas de mi bello esposo...

Con tono intrigante, Santiago comentó: ojalá que ese doncel no te dé una "sorpresita" en tu noche de bodas... si es tan hermoso como dices, seguramente no eres el primer hombre en fijarte en él...

Acomodándose el corbatín de su cuello, Gilberto habló con seguridad: mi futuro esposo pertenece a una familia de moral intachable... estoy seguro que ningún otro hombre ha tocado a Ariel...

Santiago: ¿Ariel?

Gilberto: sí, ese es el nombre del doncel con el que voy a casarme... ¡Ariel Del Valle!

**********

Y precisamente en la casa de la familia Del Valle, Ariel se miraba en el espejo de su habitación... el reflejo mostraba a un bello joven engalanado con un traje de color blanco como las perlas, pero con la mirada llena de tristeza.

Ariel es un doncel de 18 años recién cumplidos; mide 1.70 de estatura y pesa 60 kilogramos; es de piel blanca y ojos color verde avellana, los cuales iluminan su bello rostro de finas facciones; su cabello es ondulado y de color castaño cenizo; su delgada y espigada silueta complementan y hacen lucir aún más la belleza del joven.

Antonia, la madre de Ariel, una elegante dama de carácter fuerte, sonrió complacida al terminar de arreglar a su único hijo para el día que debía ser uno de los más importantes de su vida.

Antonia: luces radiante, querido... serás el novio más bello que ha pisado la iglesia de Santo Tomás... el Conde de Salvatierra se sentirá muy orgulloso al verte llegar...

Ariel escuchó a su madre, pero no dijo nada... no podía hacerlo, pues un nudo en la garganta le impedía expresar la amargura que sentía con palabras.

Antonia: ¿por qué no dices nada? deberías estar feliz porque en unas horas más vas a casarte con el hombre más rico de la región... con un "Conde"... esta misma noche serás el consorte de un noble... ¿no te alegra eso?

El doncel contestó: ¿cómo puedes pedirme que me alegre cuando sabes que no amo al hombre con el que voy a casarme? tú, como mi madre, sabes que a quien amo es a Sebastián...

Antonia: ¿amor? ay por favor, Ariel, tú ni siquiera sabes lo que es el amor... no puedes estar enamorado de un muchacho al que apenas conoces...

Muy seguro, el ojiverde afirmó: pues aunque lo dudes... ¡AMO A SEBASTIÁN!... voy a casarme con el Conde de Salvatierra, pero el hombre que amo es Sebastián...

Furiosa, la mujer respondió: no vuelvas a repetir ese nombre... debes olvidarte de ese joven para siempre, ya te lo dije, él no es hombre para ti...

Ariel: ¿por qué no? ¿por qué no tiene los millones, ni los títulos del Conde de Salvatierra? Sebastián también pertenece a una familia aristocrática como nosotros... antes no te desagradaba, madre...

Antonia contestó fríamente: sí, Sebastián Robles es un joven aristócrata, pero jamás podrá darte todo lo que Gilberto sí puede...

Ariel replicó: ¿darme a mí o a ustedes? porque sé perfectamente que estamos muy mal económicamente, por eso mi padre acordó este matrimonio, para salvarse de la ruina financiera... Sebastián no puede hacerse cargo de las deudas de mi padre y Gilberto sí puede...

Con lágrimas en los ojos, Ariel vociferó: esa es la verdadera razón por la que ¡MI PADRE ME VENDIÓ!

Antonia le dio una fuerte bofetada a su hijo: no digas eso nunca más... tu padre tomó la decisión más conveniente para todos y tu deber es hacer lo que tu padre te ordena... te he educado como un señorito obediente y sumiso, tienes que honrar nuestro apellido...

Llorando, el doncel cuestionó: ¿por qué mamá? ¿por qué tengo que casarme con un hombre que no amo?

Antonia: porque el matrimonio es un lazo que se establece por conveniencia, no por amor... el día que entiendas eso, serás un verdadero adulto... y ahora, límpiate esas lágrimas que arruinan tu rostro... este día tienes que lucir espléndido, porque cuando estés AL PIE DEL ALTAR del brazo del Conde de Salvatierra serás el doncel más envidiado por todos en este pueblo...

La mujer ayudó a limpiar las lágrimas del bello rostro de su hijo y después salió de la habitación... Ariel se sentó en un sillón haciendo un gran esfuerzo para no sollozar... a su corta edad, el doncel no comprendía el porqué tenía que enlazarse con un hombre al que su corazón no le pertenecía.

Ariel: ¡no quiero casarme con el Conde de Salvatierra! ¡no quiero! ¿por qué tuve que conocerlo ese día? ¿por qué él se encaprichó conmigo? ¿por qué?

Con el corazón apesadumbrado y un par de lágrimas rodando por sus mejillas de porcelana, a la mente de Ariel llegaron los recuerdos de cómo su destino se enlazó con el del Conde de Salvatierra.

SEIS MESES ANTES

Como todos los días por las mañanas, Ariel se encontraba recibiendo clases en un prestigiado instituto en el que señoritas y donceles de clase alta eran educados en buenos modales y buenas costumbres, así como en actividades del hogar para en un futuro convertirse en "esposos modelo".

Durante el receso, el ojiverde se encontraba en el patio de descanso leyendo un libro cuando un doncel menor que él, se acercó para decirle: ¡Ariel, ve ahora mismo a la barda trasera!

Sorprendido, el pelicastaño cuestionó: ¿qué? ¿por qué?

Con un aire de complicidad, el otro doncel le susurró: te conviene, ve pronto, sin que ningún prefecto te vea...

Nervioso, sin suponer de qué se trataba, pero con la curiosidad de descubrirlo, Ariel se dirigió al lugar indicado... llegó y no vio a nada ni a nadie, solo a la alta barda, que servía como un muro para resguardar a los estudiantes del mundo exterior.

Un tanto decepcionado, Ariel se dio la vuelta para ser sorprendido, por alguien que se mantenía escondido detrás de una pared.

Los carnosos labios del ojiverde se abrieron para decir un nombre, con mezcla de sorpresa y alegría: ¡Sebastián!

Frente a Ariel estaba un joven tres años mayor que él, de 21 años, cabellos de color café, ojos del mismo color, piel blanca, complexión delgada y rasgos de un hombre que aún está abandonando la adolescencia.

El joven y atractivo Sebastián sonrió ante la cara emocionada del doncel: ¿sorprendido?

Nervioso, Ariel respondió con otras preguntas: ¿qué haces aquí Sebastián? ¿cómo entraste? Los varones tienen prohibida la entrada al colegio...

Sebastián: tranquilo, que nadie me ha visto... salté la barda y lo hice porque necesitaba verte...

Ariel: ¿necesitabas verme? ¿para qué?

Sebastián abrió su saco y de uno de los bolsillos sacó un pequeño ramillete de gardenias: para darte esto... ¡toma!

Los hermosos ojos verdes del doncel se iluminaron al ver el regalo y tras tomarlo entre sus delicadas manos, expresó con dulzura: ¡Oh, Sebastián! Muchas gracias...

Sebastián: ¿te gustan?

Ariel: sí, son muy lindas y huelen delicioso...

Sonriendo con ternura, Sebastián tocó suavemente la punta de la nariz del doncel y le dijo: tu hueles aún mejor y también eres aún más lindo... ninguna flor se compara contigo, Ariel, tu belleza no se compara con la de nadie más...

Sonrojado por las palabras del joven, el doncel agachó la mirada: por favor, Sebastián, no me hables así... sabes que no es correcto, yo soy un señorito decente y...

Sebastián interrumpió: lo sé y no pretendo ofenderte con mi comentario, al contrario, lo que quiero es que sepas lo que despiertas en mí...

El varón sujetó una de las manos del doncel y agregó mirándolo fijamente a los ojos: Ariel, yo sé que aún no cumples los 18 años, pero falta muy poco para que los cumplas y en cuanto eso suceda, iré con mis padres a tu casa para pedirle a tu padre el permiso para visitarte... no quiero verte a escondidas como ahora, quiero visitarte como un caballero visita al doncel que ama...

Ariel levantó la mirada, al tiempo de decir: Sebastián, ¿acaso tú...?

Apretando la mano del ojiverde, Sebastián asintió: sí, Ariel, tú me interesas... me interesas mucho y quiero que un día tú y yo seamos... más que solo amigos...

Los rostros de ambos jóvenes comenzaban a acercarse, motivados por la emoción de sus corazones, pero antes que sus labios pudieran unirse, la campana del instituto resonó, anunciando el final del receso.

Ariel soltó la mano del varón diciendo: ya tengo que irme... tengo que entrar a clases o...

Sebastián: lo sé, entiendo, no te preocupes... solo una cosa más, dentro del ramillete de gardenias hay un papel con un poema que escribí para ti... léelo, por favor...

Ariel asintió con la cabeza y antes de marcharse, miró al joven con ojos radiantes de ternura y expresó: gracias Sebastián... tú... tú... tú también me interesas...

Sebastián sonrió ampliamente por las palabras del doncel, quien se fue corriendo sintiendo que su corazón latía muy fuerte.

Sosteniendo el ramillete en sus manos, Ariel corría hacia su salón de clases, sintiéndose ilusionado, creyendo que había encontrado el amor... el doncel era aún demasiando joven e ingenuo para entender que el destino tenía otros planes para él, más allá de la ilusión del primer enamoramiento.

**********

Más tarde, en casa de la familia Del Valle, Ariel entró a su recámara y colocó el ramillete de gardenias dentro de un pequeño frasco con agua.

El doncel abrió el papel que venía dentro del ramillete y tras extenderlo, lo leyó en voz alta:

"Tu cara está grabada

de inocencia.

Tus pómulos saltan hacia unos ojos

cargados de juventud que deslizan

por una singular nariz y sobre unos labios humedecidos de poesía.

Y la forma en que sostienes la mirada

me hace temblar y dudar de mi propia seguridad.

Porque algo dentro de mí me dice

que por probar tus labios, soy capaz de hacer lo indecible,

soy capaz de perderme en mi propia locura."

Al terminar de leer, Ariel llevó el papel, impregnado con la fragancia de las gardenias, a sus labios y lo besó con sensualidad, deseando que fueran los labios de Sebastián los que recibieran esa caricia.

Un largo suspiro siguió a ese momento, el cual fue interrumpido por la voz de la madre del doncel, quien tocaba a la puerta de la habitación.

Rápidamente, Ariel escondió el poema debajo de su almohada y le permitió la entrada a su madre.

Instantes después, Antonia, muy emocionada, le mostraba a su hijo la elegante invitación a la gala por el trigésimo aniversario de cumpleaños del Conde de Salvatierra.

Antonia: mira qué invitación tan fina y de buen gusto... es bellísima ¿no crees?

Ariel: sí, está muy bonita, pero lo que no entiendo es por qué tengo que ir yo a esa gala... es una fiesta para adultos, no para mí...

Echándose aire con su abanico, la frívola mujer respondió: ay Ariel, tú ya no eres un niño, tienes 17 años y ya debes acompañarnos a los compromisos sociales de tu padre... él está haciendo negocios con el Conde y además me dijo que Gilberto Manrique y Alvarado quiere que los donceles más bellos del pueblo asistan a su fiesta de cumpleaños... seguramente es porque está buscando esposo, él es un hombre en edad casadera...

El ojiverde respondió con firmeza: puede ser, pero el que no está en edad casadera soy yo...

Antonia: por supuesto que lo estás, yo me casé con tu padre a tu edad y él me lleva 15 años de edad... si lo piensas, el Conde te lleva más o menos lo mismo de edad... sería maravilloso que tú y él se casaran...

Ariel: ay mamá... hablas como si el Conde de Salvatierra fuera a fijarse en mí... cuando seguramente detrás de él andan decenas de donceles y mujeres arrastrándose a sus pies...

La mujer acarició el fino rostro de su hijo diciéndole: no te menosprecies, Ariel, tú eres un doncel bellísimo... eres de buena cuna, distinguido, elegante, cualquier hombre se sentiría orgulloso de hacerte su esposo...

Ariel: cualquier hombre menos el señor Manrique y Alvarado, él es un Conde y en todo el pueblo se escuchan rumores de sus correrías y aventuras amorosas...

Antonia: ¿qué tiene de malo eso? él es un hombre joven y tiene derecho a disfrutar de la vida... pero por la edad que cumple, seguramente ya está pensando en sentar cabeza y tener hijos... también estoy segura que a su lado como pareja busca alguien joven, hermoso y de buena familia... alguien como TÚ...

Enfadado por las insinuaciones de su madre, Ariel respondió tajantemente: ya basta, madre, deja de pensar que entre el Conde y yo habrá algo porque primero, él tendría que fijarse en mí y eso no sucederá... además, yo creo que...

Antonia: tú crees, ¿qué?

Con el rubor tiñendo sus mejillas, Ariel le confesó a su madre: yo creo que... mi corazón ya pertenece a un hombre... a Sebastián Robles...

Antonia: no digas tonterías... apenas si has visto en un par de ocasiones a ese joven... yo sé que te pretende y que es de una familia acomodada, pero no está a tu nivel... tu padre y yo queremos algo mejor para ti...

Ariel replicó emocionado: pero es que Sebastián me interesa realmente... él es amable y galante conmigo... además es solo tres años mayor que yo... tenemos muchas cosas en común...

Con ojos soñadores, el doncel reveló: él me dijo que esperará a que cumpla 18 años para pedirle permiso a papá para venir a visitarme... Sebastián quiere que seamos más que amigos... él quiere que yo sea su esposo y madre de sus hijos...

Disimulando su molestia, la mujer contestó: deja de soñar con necedades... mejor piensa bien en tu futuro... piensa que con Sebastián seguirías siendo un "riquillo" más del montón, pero con el Conde de Salvatierra, pertenecerías a la nobleza, ¿no te agrada la idea?

Ariel expresó con firmeza: para mí los títulos nobiliarios no tienen ningún valor... lo que en verdad vale de una persona es su corazón... y entre el Conde y Sebastián, me quedo con Sebastián...

Antonia: eres un tonto e inmaduro, pero prefiero no seguir discutiendo contigo y lo único que te digo es que este sábado irás a la gala del Conde de Salvatierra con tu padre y conmigo, así que esta tarde iremos con la modista para que te haga un traje apropiado... tú tienes que ser el doncel joven más bello de esa fiesta...

*********

La noche de la gala en la mansión del Conde de Salvatierra llegó... la lujosa residencia lucía aún más bella y elegante engalanada al estilo veneciano clásico... la fiesta sería algo similar a los bailes europeos de máscaras.

La familia Del Valle, integrada por Augusto, Antonia y Ariel, hizo su entrada captando las miradas de los invitados, pero quien más llamó la atención fue el bello doncel ojiverde, quien vestía un pantalón y camisa negros, adornado con un elegante arnés de piedras preciosas.

Augusto y Antonia comenzaron a saludar a sus amigos y conocidos, todos de la alta sociedad de Santo Tomás... a pesar de su belleza, Ariel se sentía incómodo, pues él disfrutaba más de la soledad y de leer libros... era un romántico soñador al que le cautivaban las novelas de amor.

Minutos después, el Conde de Salvatierra apareció en la parte alta de las escaleras vistiendo un elegante esmoquin negro que lo hacía lucir varonil y gallardo.

Con voz gruesa, Gilberto expresó: amigos, buenas noches a todos... les agradezco a cada uno de ustedes su presencia y el haberse tomado el tiempo de venir para celebrar conmigo mi trigésimo aniversario de vida... hoy es un día muy especial para mí, y aunque mi familia de España no pudo acompañarme, yo sé que aquí cuento con verdaderos amigos, a quienes puedo llamar familia... así que, bienvenidos, y ¡qué comience la fiesta!

Todos aplaudieron luego del discurso del anfitrión, entre ellos Ariel, quien por primera vez veía muy de cerca a Gilberto... el doncel no podía negar que se trataba de un hombre atractivo y apuesto, pero no era de su agrado.

Al ver que los invitados se arremolinaban para acercarse a saludar y felicitar al Conde, Ariel comenzó a retroceder para salir del amplio salón y dirigirse al jardín de la mansión buscando un poco de soledad.

Augusto le dijo a Antonia que se acercarían a saludar al Conde, pero cuando la mujer volteó a ver a su hijo, este ya no estaba, por lo que expresó con molestia: ¿dónde se habrá metido Ariel? este muchacho es un tonto...

Sentado en una banca del hermoso jardín de la mansión, Ariel escuchaba el bullicio del interior, pero él prefería estar ahí, solo con sus sueños y observando la luna llena que lucía esplendorosa.

Perdido en sus ensoñaciones, Ariel no sintió el tiempo pasar, así como tampoco se percató de alguien acercándose.

Harto de saludos y felicitaciones hipócritas, Gilberto salió unos instantes de la mansión para fumar un cigarrillo... eso hacía cuando sus ojos negros se posaron en un elegante joven de cabello castaño.

Cuando Ariel escuchó los pasos, volteó la mirada topándose de frente con Gilberto, quien con sonrisa seductora, se acercó al doncel.

Al estar frente al Conde, Ariel hizo una reverencia en señal de respeto: buenas noches, señor...

Gilberto respondió engrosando su voz mientras miraba de pies a cabeza al hermoso doncel: buenas noches... disculpa, pero no sé tu nombre...

Ariel: perdóneme a mí por no presentarme... soy Ariel Del Valle, hijo de Augusto Del Valle, usted ya conoce a mi padre...

Gilberto: por supuesto que lo conozco y también a tu madre, pero no tenía el gusto de conocerte a ti...

El barbado tomó la delicada mano del doncel y se agachó para besarla con un aire de seducción que ruborizó al ojiverde.

Gilberto: es un verdadero placer para mí, conocerte, Ariel...

Ariel respondió titubeando: también es un gusto para mí, conocerlo...

Gilberto: sinceramente no te creo, porque por lo que veo, mi fiesta te parece demasiado aburrida, de no ser así, no te habrías salido al jardín...

Intentando justificarse, el doncel comentó: no es eso... lo que pasa es que... me sentí intimidado ante tanta gente... casi no acostumbro asistir a esta clase de eventos...

Gilberto: lo sé... porque de lo contrario ya te habría visto en alguna de las fiestas sociales que frecuento... ¿qué edad tienes?

Ariel: 17 años... en dos meses cumpliré 18...

Sonriendo, el varón expresó: en dos meses serás un doncel adulto listo para casarse...

Ariel: ¿cómo dice?

Gilberto: nada, solo que en dos meses ya serás un adulto y tus padres te permitirán cosas que ahora no puedes hacer...

Ariel: quizás...

El Conde sacó de su esmoquin su cajetilla de cigarros y le ofreció galantemente al doncel: ¿quieres uno? son cigarrillos europeos y exquisitos...

Ariel: gracias, pero no fumo... mi madre se moriría si me ve haciéndolo... ella dice que no es propio de donceles decentes...

Gilberto: ja, en Europa las cosas son distintas... allá, mujeres, hombres y donceles fuman por igual... fumar da estatus social ¿sabías?

El Conde ofreció de su cigarrillo al doncel: al menos pruébalo... para que conozcas su sabor...

Ariel: gracias, pero prefiero no hacerlo...

Gilberto: vamos, no me desaires, al menos no esta noche que es mi cumpleaños...

Ariel no tuvo más opción que aceptar el cigarrillo y tras darle la primera probada, comenzó a toser: cof, cof, cof...

Gilberto río sinceramente: jajajaja... no cabe duda que aún eres un niño para muchas cosas...

Ariel: cof, cof, lo siento...

Gilberto: no tienes nada por qué disculparte...

En ese momento, la orquesta comenzó a tocar una pieza musical conocida.

La música llegó a los oídos del Conde, quien dijo: el baile ya comenzó y con una de mis canciones favoritas... ven conmigo, concédeme esta primera pieza...

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Se te olvida

Que me quieres a pesar de lo que dices...

Pues llevamos en el alma cicatrices...

Imposibles de borrar.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

El barbado tomó del brazo al ojiverde, pero este respondió: no, por favor, no quiero bailar frente a todos... me da mucha pena...

Gilberto sonrió ante la candidez del doncel: ¿no sabes bailar?

Ariel: no...

Gilberto: entonces, yo te enseñaré...

Ariel se negó nuevamente: se lo suplico, no quiero bailar con todos mirándome...

Gilberto: muy bien, entonces bailemos aquí, con solo la luna de testigo...

Ariel no tuvo tiempo de responder, solo sintió cómo una de las manos del varón lo rodeó por la cintura, mientras que su otra mano se entrelazó con la suya.

Gilberto: tú solo sigue mis pasos... muévete a mi ritmo, eso es todo lo que tienes que hacer...

Ariel asintió con la cabeza al tiempo que comenzó a moverse al mismo ritmo cadencioso del varón.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Se te olvida

Que hasta puedo hacerte mal si me decido...

Pues tu amor lo tengo muy comprometido...

Pero a fuerzas no será.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Mientras bailaban al ritmo de la romántica melodía, los ojos negros de Gilberto se clavaron en los profundos ojos verdes del doncel, quien sentía que su corazón latía con mucha fuerza.

Gilberto observaba cada una de las finas facciones del doncel, embelesado por tanta gracia y belleza en un mismo ser... era como bailar con un ángel.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Y hoy resulta...

Que no soy de la estatura de tu vida...

Y al dejarme casi, casi, se te olvida...

Que hay un pacto entre los dos.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Avergonzado por la penetrante mirada, Ariel bajó la mirada, pero Gilberto le pidió: no agaches la vista... nunca más bajes la mirada ante mí...

Ariel: ¿por qué no?

Gilberto: porque quiero mirar tu rostro... eres precioso, Ariel, el doncel más hermoso que he conocido...

Con las mejillas enrojecidas, el ojiverde respondió: por favor, Conde, no me avergüence...

Gilberto respondió con voz ronca: no te avergüences de tu belleza... si Dios te concedió ese don es para que alegres la pupila de los que tenemos la dicha de conocerte... y para que hagas feliz al hombre que será tu marido... afortunado el hombre que llegue a serlo...

Ariel no respondió y únicamente continuó bailando en silencio con el Conde de Salvatierra hasta que la canción terminó.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

Por mi parte...

Te devuelvo tu promesa de adorarme...

Ni siquiera sientas pena por dejarme...

Que ese pacto no es con Dios.

🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼🎼

**********

Al día siguiente, durante el desayuno, Ariel le contaba a su madre el encuentro que había tenido con el Conde de Salvatierra en la gala de cumpleaños.

Emocionada, la mujer comentó: ¿te dijo que eres el doncel más hermoso que ha conocido? eso significa que quedó prendado de ti... pero ¿tú qué hiciste? supongo que le agradeciste por el cumplido, ¿verdad?

Ariel: pues... me puse muy nervioso, tanto que no supe ni qué decir... solo continué bailando con él... en silencio...

Antonia: ¿y después? ¿qué pasó después que la melodía terminó? ¿te propuso algo o te invitó a visitarlo?

Al percatarse de la insistencia de su madre, el ojiverde respondió algo molesto: nada de eso, mamá... cuando la música terminó, no hubo oportunidad de platicar más porque otros invitados se acercaron a hablar con el Conde... yo regresé con ustedes y no supe más de él... había muchas personas, así que seguramente se dedicó a atender al resto de sus invitados...

Antonia: claro, como todo un anfitrión... el Conde es un verdadero caballero, pero no te preocupes, si él se interesó en ti, te buscará...

El doncel aclaró: yo no estoy preocupado porque el Conde me busque, es más, prefiero que no lo haga...

Antonia: ¿por qué no? ¿no vas a negarme que es un hombre muy atractivo y galante?

Ariel: no lo niego, pero... creo que si el Conde me busca no será con buenas intenciones... él es un hombre acostumbrado a tratar donceles adultos, con experiencia, no con donceles como yo... para él debo ser un "niño" y lo único que pretendería es jugar conmigo...

Acariciando la barbilla de su único hijo, Antonia replicó: pues si eso pretende, tu padre y yo no se lo permitiremos, aunque francamente dudo que tenga esas intenciones... el Conde sabe que somos una familia de abolengo y que no eres un doncel para usar y desechar... si te busca, será para algo más "serio"...

Ariel: te repito que yo prefiero no saber más de él y...

La conversación fue interrumpida por el timbre del teléfono.

Antonia contestó la llamada y al volver al comedor, Ariel le preguntó: ¿quién llamó?

La mujer respondió con desdén: la señora Robles...

Ariel: ¿la mamá de Sebastián? ¿qué quería?

Antonia: recordarme la fiesta de té que organizó para esta tarde, pero no asistiré...

Visiblemente emocionado, Ariel sujetó la mano de su madre: vamos, mamá... yo sí quiero ir a esa fiesta... vamos...

Antonia: lo que tú quieres es tener un pretexto para encontrarte con Sebastián, no es prudente que le muestres tanto interés a ese muchacho... debes ser más recatado, Ariel...

Ariel: pero es que yo no quiero ir por Sebastián, a esa fiesta del té solo asistirán mujeres y donceles... quiero ir porque...

La mujer interrumpió: no soy ninguna tonta, hijo, te recuerdo que alguna vez yo también tuve tu edad... si buscas pretextos para ver a ese joven, no cuentes conmigo... he dicho que no iré a esa fiesta del té y si yo no voy, tú tampoco irás...

Poniéndose de pie, la mujer se retiraba del comedor cuando Ariel vociferó molesto: pero si la fiesta del té fuera en la mansión del Conde de Salvatierra ahí sí me llevarías, ¿verdad mamá?

Antonia: no lo sé y no tengo por qué responder a tu pregunta hipotética...

Ariel: pues yo sí te digo que si la fiesta del té fuera en la mansión del Conde no te acompañaría porque no me interesa tener ningún trato con ese hombre, ni con nadie más...

Muy molesta, Antonia aseveró: tú irás a donde tu padre y yo consideremos conveniente... te recuerdo que eres un señorito y como tal tienes que ser obediente y respetuoso con tus padres, ¿entendiste?

Ariel agachó la cabeza sin decir más y Antonia se marchó.

Apretando fuertemente una servilleta, el doncel ojiverde pensó: pues si no quieren que me relacione con Sebastián, tampoco me relacionaré con ese tal Conde de Salvatierra... con él menos que nadie...

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Habían pasado solo tres días desde su gala de cumpleaños y Gilberto no podía sacarse de la cabeza a Ariel Del Valle... la belleza de ese doncel lo había embelesado y deseaba conocerlo más.

Decidido a hacerlo, el Conde estacionó su automóvil en la esquina de la calle donde se ubicaba la casa de la familia Del Valle; precisamente en ese momento, Ariel y Antonia salían de su hogar.

El primer impulso del varón fue acercarse al doncel y su madre, pero se detuvo... prefirió seguirlos de manera discreta para saber a dónde se dirigían, seguramente a algún lugar cercano, ya que decidieron trasladarse caminando y no en coche.

Usando lentes oscuros, Gilberto conducía su automóvil a baja velocidad, siguiendo los pasos del doncel... observaba ese andar pausado y cadencioso de Ariel, ese movimiento de caderas que provocaba que más de un hombre volteara a ver al ojiverde, causando la molestia del Conde que apretaba con fuerza el volante.

Luego de cuatro cuadras, la mujer y el doncel se detuvieron frente a una galería de arte... ambos entraron y Gilberto aparcó su auto para descender rápidamente y también entrar al mismo lugar.

La galería era un espacio amplio y abierto con muros interconectados, donde habían colgados retratos y pinturas de arte abstracto.

Cuidándose de no ser visto por Ariel y Antonia, Gilberto no le quitaba la vista al doncel, fijándose en cada uno de sus movimientos.

Situándose detrás de un muro que cubría su presencia, el Conde escuchó la breve conversación de Ariel con su madre.

Antonia: ya decídete, Ariel, me hiciste venir a esta galería porque quieres comprar algunos cuadros para tu recámara, no entiendo por qué comprarlos aquí y no en la capital... todos estos cuadros están horribles...

Ariel: lo que pasa es que tú no comprendes de arte abstracto, mamá... estos retratos son hechos por artistas de la nueva ola... hay tantos que me gustan que no sé cuál elegir...

Antonia: tienes razón, yo no entiendo nada de tus gustos raros y mejor voy a buscar algo que sí me guste... avísame cuando hayas decidido qué comprar...

La mujer se alejó dejando solo al doncel, quien contemplaba muy interesando las pinturas... Ariel estaba tan absorto que no se percató que a pocos metros de él, el Conde de Salvatierra lo miraba como a la más preciada obra de arte de esa galería.

Con el mismo interés que Ariel veía los cuadros, Gilberto devoraba con sus ojos al bello doncel... apreciaba esos labios carnosos, que anhelaba probar... evaluaba ese sedoso cabello travieso, que el ojiverde acomodaba con gracia y un aire de sensualidad.

El Conde contuvo sus deseos primarios de acercarse a Ariel, tomarlo por la estrecha cintura y robarle un beso... sabía que el ojiverde era un señorito de familia y tenía que abordarlo de otra manera.

Ese día, Gilberto prefirió no acercarse a Ariel, decidió marcharse de la galería sin que el ojiverde o su madre supieran que alguien los había estado espiando... pero el Conde ya había tomado una decisión, ¡ESE BELLO DONCEL TENÍA QUE SER SUYO!

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Dos semanas más pasaron... Augusto Del Valle se encontraba en la mansión Manrique y Alvarado cerrando un negocio con Gilberto.

Sentado frente al escritorio de su despacho, el Conde observaba a Augusto firmar un documento en el que se comprometía a pagar una deuda más contraída con los Manrique y Alvarado.

Augusto: le prometo que este negocio saldrá muy bien... ambos obtendremos muy buenas ganancias y podré pagarle todo lo que me ha prestado, Conde...

Tras verificar el documento firmado, Gilberto lo guardó en una gaveta, al tiempo de decir: eso espero, nada lamentaría más que tener que proceder legalmente contra usted...

Fingiendo una sonrisa, Augusto aseguró: confíe en mí... el honor de mi apellido está en juego... y ahora me retiro, no quiero hacerle perder más tiempo... con su permiso, Conde...

Antes que el padre de Ariel se levantara de su asiento, el varón ojinegro lo detuvo: espere un momento, Augusto... aún hay algo sobre lo que quiero hablar con usted...

Augusto: ¿le quedó alguna duda del negocio?

Gilberto: no es sobre negocios que quiero platicar con usted... de lo que me interesa hablar es de... ¡SU HIJO!

Sorprendido, Augusto inquirió: ¿de Ariel? ¿qué pasó con él?

Gilberto: no pasa nada, es solo que tuve el gusto de conocer a Ariel en mi gala de cumpleaños y debo felicitarlo por tener como hijo a un doncel tan bello...

Orgulloso, el padre expresó con una sonrisa: le agradezco sus palabras, Conde... ¿eso es todo lo que quería decime de mi hijo?

Carraspeando la voz, Gilberto agregó: voy a ser muy franco con usted, Augusto, la verdad es que la belleza de su hijo me impresionó mucho, tanto que estoy interesado en él...

La sonrisa se borró del rostro de Augusto, al tiempo de preguntar: ¿interesado? ¿qué clase de interés?

Mirando a los ojos del hombre mayor, el Conde aclaró: del tipo de interés que un hombre siente por un doncel hermoso...

Comprendiendo las intenciones de Gilberto, Augusto replicó con tono hosco: discúlpeme, Conde, pero me está faltando el respeto, a mí y a mi familia... mi hijo, Ariel, es un señorito decente y si usted lo quiere para jugar con él, yo...

El ojinegro interrumpió: un momento, Augusto, un momento... no tome a mal mi comentario, quizás no me expresé adecuadamente... yo no estoy interesado en Ariel para jugar con él... su hijo me interesa para algo serio...

Augusto: ¿qué quiere decir?

Gilberto: quiero pedirle que me conceda la mano de Ariel para casarme con él y hacerlo mi doncel...

Los ojos de Augusto se abrieron ampliamente ante las palabras del Conde: ¿está usted hablando en serio?

Con rostro formal, Gilberto afirmó: por supuesto... ¿cree que soy de los hombres que bromean con este tipo de cosas?

Augusto: no, claro que no, pero es que su propuesta es tan inesperada... solo ha visto una vez a Ariel como para que...

El Conde interrumpió nuevamente: no importan las veces que lo haya visto... en Ariel he encontrado todo lo que busco en un doncel... Ariel es bello, elegante, educado...

Augusto añadió: y también es muy joven... Ariel apenas va a cumplir los 18 años, es casi un niño...

Disimulando una sonrisa, el Conde comentó: yo diría que ya es casi un adulto... sé que faltan menos de dos meses para que Ariel cumpla la mayoría de edad y estoy dispuesto a esperar unos meses para desposar a su hijo, claro, si usted está de acuerdo...

Augusto: veo que usted está muy bien informado... ¿cómo sabe tanto de mi hijo?

Encendiendo un cigarrillo en su boca, Gilberto respondió: porque antes de hacerle esta propuesta, investigué a Ariel... sé que es un doncel de casa, que estudia en un prestigiado colegio de donceles, que siempre va acompañado por su madre a todas partes...

Augusto: sí, ya veo... investigó muy bien a mi hijo y supongo que también a mi familia... entonces ya debe saber la situación económica que estamos atravesando, la misma que en estos momentos no me permite dar una dote al hombre que despose a Ariel... ¿está consciente de eso?

Gilberto: por favor, Augusto, ¿usted cree que yo necesito esa dote?... si usted me concede la mano de Ariel, yo no voy a exigirle nada a cambio... al contrario, piense que si su hijo y yo nos casamos, seríamos familia y entonces su deuda conmigo quedaría anulada... ¿no le conviene?

Augusto se puso de pie, al tiempo de aseverar: nuevamente está ofendiéndome, Conde... lo que me propone ahora va más allá de una petición de mano, es como si estuviera comprándome a mi hijo... y mi Ariel ¡NO ESTÁ EN VENTA!

Poniéndose de pie, Gilberto expresó: tranquilo, Augusto, tome asiento y no se exalte... le pido que no vea mi propuesta como un negocio, sino como un trato... un trato que nos beneficia a todos, incluso a Ariel... como usted dice, no tiene una dote para su hijo y eso imposibilita que él pueda casarse dignamente con un caballero... en cambio yo, estoy dispuesto a no pedir esa dote y a cambio darle a Ariel toda la estabilidad económica a la que está acostumbrado... piénselo, Augusto, piénselo muy bien...

Un silencio incómodo se apoderó del despacho del Conde... Augusto volvió a sentarse y Gilberto hizo lo mismo, al tiempo de apagar su cigarro en el cenicero de cristal, que estaba sobre el escritorio.

Minutos después, Augusto tomó la palabra: sí, entiendo que quizás esto sea lo mejor para Ariel, pero es que es mi único hijo y para mí sigue siendo un niño... me es tan difícil dejarlo ir...

Gilberto: pero Ariel ya no es un niño... está en la edad casadera ideal para los donceles... además, le prometo que voy hacer feliz a su hijo... a mi lado, Ariel va tenerlo todo, lo voy a tratar como a un príncipe... le doy mi palabra de caballero...

Augusto: realmente estoy sorprendido por todo esto... no pensé que usted tuviera interés por desposar a mi hijo... sé que es un hombre que ha tenido múltiples aventuras amorosas y...

Gilberto: sí... en mi vida han habido muchas pasiones, pero llegó el momento de cumplir con uno de mis mayores anhelos... quiero formar una familia, mi propia familia... y para hacerlo necesito de una pareja...

Augusto: pero, ¿por qué Ariel?

Gilberto: ya se lo dije... encontré en Ariel todo lo que busco... él es el doncel ideal para ser madre de mis hijos... tiene todas las cualidades para ser mi pareja, es bello, refinado, recatado... y virtuoso...

Rápidamente, Augusto acotó: claro que lo es... mi esposa y yo le hemos dado la mejor educación a Ariel, con los más altos principios morales... y Antonia, sobre todo ella, se ha dedicado a cuidar la "virtud" de nuestro hijo... le doy mi palabra que mi Ariel no ha yacido con ningún varón y su "virtud" se mantiene intacta, reservándola para el hombre que será su marido...

Asintiendo con la cabeza, Gilberto refutó: le creo, Augusto, creo en su palabra... y para demostrarle mi respeto a su familia, estoy dispuesto a no someter a Ariel a la "prueba de virginidad", que se acostumbra en nuestra sociedad para comprobar la virtud de su hijo... francamente, esa prueba se me hace denigrante y yo soy un caballero... confío en el honor de su apellido...

Augusto: le agradezco la confianza, Conde... a mí tampoco me gustaría someter a mi hijo a esa prueba...

Gilberto miró a los ojos de Augusto y preguntó: muy bien, entonces ¿cuál es su respuesta? ¿me concede la mano de Ariel para hacerlo mi doncel?

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Tres días pasaron y Ariel se encontraba dentro de su habitación, leyendo por enésima vez el poema de Sebastián.

Mientras lo leía no dejaba de soñar en el atractivo muchacho, que era el motivo de sus desvelos y sus más ocultos deseos juveniles.

La intempestiva entrada de su madre cortó cada ilusión en el joven, quien no tuvo tiempo de esconder el trozo de papel.

Antonia inquirió: ¿qué estás leyendo, Ariel?

Titubeando, el doncel respondió: na-nada, e-es solo un poema que compuse en clase de literatura...

La mujer extendió su mano: a ver, déjame leerlo...

Obediente, el ojiverde no tuvo más que cumplir con el mandato de su madre, quien leyó apresuradamente el poema.

Antonia: ¿así que tú escribiste esto?

Ariel: s-sí... ya te dije que fue en clase de literatura...

Antonia: pues se me hace un poema bastante atrevido, indigno de un señorito como tú...

Molesto, el doncel le quitó el papel a su madre, y señaló: pues el profesor de literatura opinó muy diferente a ti... y mejor dime qué necesitas... ¿por qué entraste así a mi cuarto?

Antonia: tienes razón, ese poema no es nada importante comparado con lo que vengo a comunicarte...

Curioso, Ariel preguntó: ¿qué cosa, mamá?

La ambiciosa mujer se acercó a su hijo y mirándolo los ojos le informó con una gran sonrisa en los labios: Ariel, querido... vas a casarte... ¡VAS A CASARTE CON EL CONDE DE SALVATIERRA!