Capítulo único
Si cupido se enamora...
Las mañanas suelen ser tan bulliciosas y llena de palabrerías que expresa la gente que pasa a tu alrededor, no hay mucho interés, probablemente lo olvidarás horas más tarde. En cualquier caso, nunca pasan desapercibidos los estudiantes adolescentes que repelen felicidad y juventud, recordando a los adultos la bella etapa de preparatoria.
Tener apenas los dieciséis años para algunos es divertido, cuando las preocupaciones son los chismes o esa salida con amigos. Para otros es tal vez mucho estrés, aburrimiento y con muchas ganas de avanzar a la vida adulta. Sin importar cuál sea la razón, todos comparten algo en común...Quieren vivir la dulce fantasía de estar enamorado y ser correspondido.
─ ¿Lo escuchaste? ─ La campana de la academia sonaría en un aproximado de quince minutos, los estudiantes entran en total tranquilidad charlando entre sí.
─ ¿Sobre qué? ─ la chica mira su cabello en el espejo de mano, desinteresada en tales cosas como chismes.
─ ¡Sobre cupido! ¡El famoso casamentero de la U.A.!
─ ¿Cupido? ¿El de las flechas? ─ Cierra su espejo para mirar con confusión a su amiga.
─ Algo por el estilo, este cupido abrió sus puertas todo el mes del amor. Es muy bueno en su trabajo, tanto que se estima un 100% de efectividad en sus romances.
─ ¿Lo conoces? ─ Recordaba escuchar un comentario similar el año pasado. Al parecer ganó mayor reconociemiento.
─ ¡Claro que no! Es un estudiante anónimo. Lo único que se sabe, es que dejas tu petición en el casillero del salón abandonado con ciertos requisitos.
─ Sí, claro. ¿Nadie lo ha visto? ─ ella se burla, no cree posible que alguien sea tan despistado para tener en la mira algún sospechoso.
─ A nadie le interesa, si cupido se revela, entonces todos también pierden. ─ Cambian su calzado una vez en la entrada y suben al tercer piso.
─ Buen punto. ─ Resultaba gracioso porque el salón abandonado no era tan visitado porque los propios maestros lo tenían prohibido. Solo era un salón en total descuido y arruinado, por ello se ganó la fama de estar embrujado.
─ Lo único importante es dejar tus datos y el de tu destinado, para así pasar el resto de sus días juntos. Es muy solicitado, tanto que solo se reciben catorce peticiones en todo el mes. Es verdad que pueden ir más de cien, pero cupido escoge al azar entre el buzón, una por una hasta llegar a las establecidas.
─ ¿Entonces se lo vas a dejar?
─ Claro, probaré suerte con este ángel del amor. ¿No crees que sea una linda chica? ─ Ambas ríen, mientras suben las escaleras en dirección a su salón. Y esa pequeña charla no pasa desapercibida por muchos, en especial uno.
Como fuego se propaga la noticia y en cada uno de los pasillos de la academia, todos hablaban de dejar su carta en el salón abandonado. Se rumorea que cupido es capaz de formalizar una relación por más que ambos lados sean tan opuestos como el frío y calor. En el salón de cupido, siempre deja un mensaje en el grisáceo pizarrón, esto puede ser la cifra de cartas aceptadas hasta el momento y un pequeño buzón rosa exclusivo para los elegidos.
Muchos van a revisar si el buzón tiene una carta para ellos, solo uno sale feliz y otros nunca vuelven.
Nadie lo conoce, nadie está seguro de su identidad y tampoco buscan desenmascararlo, debido a que están tan concentrados en su romance adolescente.
─ Izuku, buenos días. ¿Vamos al salón? ─ Otro grupo ingresa por la puerta, encuentran a uno de sus amigos dirigirse a otro lado que no es su salón.
─ Buen día, chicos. Primero debo pasar por la sala de profesores, nos vemos luego. ─ Muestra una linda sonrisa mientras hace una reverencia de disculpa.
─ Está bien.
Cupido tenía su identidad secreta tan perfectamente cuidada. En la mente de un estudiante cualquiera pensaría que este cupido es una mujer, una adolescente apasionada con el romance de todo tipo.
Midoriya Izuku pasa por el salón abandonado, lleva una carta en sus manos. Sonreía feliz por lo que esperaba en aquel buzón rosa, mira el nombre del destinatario de nuevo, asegurándose de que estuviera impecable.
─ Suerte, Miyo-san. ─ Deja la última carta para la chica, dictando paso a paso lo siguiente que deberá hacer para completar su amor de ensueño, con unos consejos a futuro que sean para fortalecer la relación.
Al abrir el buzón, cae otra carta, una amarilla con garabatos tan desastrosos que no podían leerse. Al menos no tan fácil. Izuku para diferenciar las cartas solía determinar un color para cada persona con la que entraba en contacto.
─ Está es la décima carta. ─ Tratando de descifrar las palabras del remitente, puede leer un nombre familiar. ─ Kirishima Eijiro, debes mejorar esa caligrafía.
¡Cupido, acepta la misión de conseguir la pareja ideal de Kirishima Eijiro!
Claro, nadie sabe que Midoriya Izuku es quien aconseja sobre el amor o sobre lo que debe usar en una cita. Desconocen que el gran estudiante modelo tenía tanto tiempo de sobra como para ser un casamentero de adolescentes llenos de pasión y amor.
La futura pareja se trataba de nada más y nada menos que ¡El capitán y vice-capitán de baloncesto! Para ello, el pequeño muchacho obsesionado con el romance tiene muchas ideas en mente para cristalizar el momento perfecto en que una este par. Todo esto se le facilitaba aún más porque su objetivo, estaba en la misma clase.
La primera carta que aceptó de Kirishima, describía que desea confesarse ante su amor de la infancia y ser correspondido de alguna manera por él. Lo describía como su mejor amigo y que formaban parte del grupo de baloncesto y la clase 2-A, cosas irrelevantes como “su cabello rubio despeinado era tan tierno y lindo”, pero el nombre de su amor estaba tan mal escrito y era ilegible, aunque de todas formas no lo necesitaba, sabía quién es con tan solo pensarlo.
Kirishima Eijiro quiere confesar su amor a Bakugo Katsuki.
─ Tardaste mucho, Midoriya.
─ Perdón, Iida. ─ Apenas tomó asiento, fijó su vista en el capitán del equipo de baloncesto. No lo conoce mucho, no sabe casi nada de él, a pesar de estar compartiendo unos meses como compañeros.
─ Esto será difícil.
─ ¿Qué cosa? ─ Uno de sus amigos llega tarde, Mineta Minoru.
─ La clase, por supuesto. ─ Era obvio que no se refería a eso, era sabido que como buen estudiante las matemáticas le resultaban de maravilla.
─ ¿Por qué?
─ Lo digo por el examen. ─ Entonces a Mineta se le cayó el alma al piso, había olvidado por completo revisar sus apuntes.
─ ¡¿Cuál examen?!
─ ¡Voy a recoger las tareas hasta que el profesor llegue! ─ Iida, el presidente, empieza a recoger los cuadernos de sus compañeros.
─ ¡¿Cuál tarea?! ─ Izuku ríe divertido con la situación, sabe que su amigo es un despistado, pero realmente no es un mal estudiante.
Su mirada viaja al asiento de enfrente, Bakugo lo mira con cierto desagrado en su cara, sin desearlo ahora sus ojos viajarán hacia él con miles de pensamientos complicados.
Día 1, completa observación del objetivo.
Empezó con las minuciosas observaciones, detallando en su libreta hábitos y gustos que había detectado del chico, encontró cosas realmente aterradoras como su energía competitiva y otras impresionantes como su amor por lo gatos. Izuku necesitaba crear escenarios que lo pusieran cerca de Bakugo para conocerlo más y acceder a sus pensamientos, así que con ingenio terminaron siendo compañeros de limpieza después de clases.
Sin embargo, su vida se tornó un problema al toparse con alguien tan listo como Bakugo Katsuki, quien no pasó desapercibido el repentino interés. Sus misiones de amor siempre han consistido en hacerlo de dos a tres días, pues tomarse más de ese tiempo era un desperdicio de tiempo. Entonces, se aseguró de evaluar a la pareja junta, después de observar un día completo solo a una de las partes.
─ ¿A dónde vas Izuku? ─ Uraraka Ochako, una de sus amigas más cercanas, notaba que Izuku estaba más disperso de lo normal.
─ Quería ver el juego. ─ Señala el gimnasio, justamente por tiempos de invierno, el equipo jugaba dentro.
─ ¿Juego? Pensé que no te interesaba.
─ Realmente no, sé que pronto se acerca una competencia y están practicando duro. Quisiera ver como el equipo de nuestra academia se esfuerza. ─ Sonaba creíble, al menos a nadie se le hacía extraño.
─ Bien, te vemos allá. ─ Sus amigos van a la cafetería por unos bocadillos e Izuku se prepara para idear su próximo paso.
Los chicos suelen ser rudos en los deportes, es algo que a Izuku no le agrada, por ello cualquier deporte le parece no apto para él. Pero, ver a Katsuki jugando ha sido una nueva experiencia en la que disfrutó ver sus habilidades, su capacidad de liderazgo y esa sonrisa engreída al anotar puntos para el equipo.
Se mueve con elegancia, su caminar es rápido y preciso, sus movimientos le cautivan como si estuviera bailando. Sin ser consciente, Izuku sonríe tontamente contagiado de la alegría del cenizo y su corazón late al ritmo de la pelota cuando botea.
─ ¡Llegamos! ─ Sus amigos lo asustan, tanto que grita y es incapaz de entender su fascinación hasta ese momento, vino a ver a la pareja, no a admirar al tonto jugador.
Izuku se distrae y prefiere ver a sus amigos, sin notar que el grito de antes había llamado la atención de alguien. Una persona que no comprende que hace él ahí, sonriendo como bobo y gritando ridículamente.
Al llegar la hora de salida, los amigos de Izuku se despiden tristes, ellos irían por un delicioso ramen y él tenía limpieza con aquel explosivo chico.
─ Iremos cuando acabe mis días de la limpieza, vayan a divertirse.
─ Suerte, nos vemos mañana. ─ Los tres chicos corren por los pasillos e Izuku mira como Bakugo sacude los borradores de pizarra.
─ Yo puedo barrer.
─ Lo que sea. ─ La respuesta cortante pone de malas a Izuku, quiere un buen ambiente, pero simplemente no hay cooperación.
Trató de llevar una conversación durante ese tiempo a solas en el que fue completamente ignorado, cuando volvió de botar la basura Bakugo se había marchado y Kirishima probablemente desea una pronta respuesta.
Cataloga este día como un completo desastre.
Los chicos tienen una buena relación, Kirishima suele ser más afectivo que Bakugo, pero este no se opone a la idea de ser abrazado. Entonces, para rescatar información del día, al cenizo le gusta el afecto físico, siempre y cuando, sea de alguien que permita.
─ Bien, Bakugo-kun. Haré que tú romance se haga realidad.
En la oscura noche Izuku ríe con malicia mientras planea todos los posibles escenarios románticos.
─ Izuku, cariño. ¡Duérmete de una vez! ─ Su madre grita al escuchar desde su habitación los murmullos de su hijo sin poder dormir.
Día 2, implementar estrategias.
Izuku es alguien que le encanta ayudar, por ello siempre pasa por la sala de profesores para cualquier inconveniente y este era muy oportuno.
─ Realmente no es tarea difícil, pero necesito ir a hablar con el director. Solo necesito que juntes estás fichas de los estudiantes y, por último, haz una selección al azar de tus compañeros para los grupos sobre los que hablamos en clase.
─ No hay problema, lo haré tal cual. ─ Sonríe cuál ángel, pero en su mente ha planeado tener a Bakugo Katsuki como pareja de proyecto.
Así lo hizo, el resto de los estudiantes fue al azar. Y no pudo evitar sonreír cuando vio la cara de confusión de su compañero.
─ Casualidad o no, ahora convives con ese gruñón. ─ Uraraka también estaba llena de confusión y sorpresa.
─ Bueno, fue azar del destino.
“Por azares del destino” como lo llamó Izuku, esta oportunidad no podía escapar de sus manos. Así que, al terminar el horario escolar pondría la excusa perfecta para interactuar con el objetivo. La hora de la limpieza fue rápida, con cautela se acercó a preguntar.
─ Bakugo-kun, ¿Podríamos empezar el proyecto lo más pronto posible? ─ Con nerviosismo miró sus manos, por algún motivo eran tan lindas en ese instante.
─ Lo haremos en la biblioteca. ─ Katsuki rodó los ojos con cansancio, hizo una seña para que lo siguiera que, claramente, Izuku no entendió.
─ Oh, claro. Mañana estaría bien.
─ Hoy. ─ Sintió un escalofrió con esa palabra cargada de frustración, tenía la apariencia de estar enojado.
Caminaron en silencio por los pasillos, Izuku atrás de Katsuki mirando la dirección en la que se dirigían. Escribe en mensaje para su madre, avisando que llegará más tarde de lo normal por un trabajo. No había notado la diferencia de estaturas hasta ahora o lo tonificada que era espalda.
─ Busca los libros relacionados, yo pediré a la bruja de allá uno. ─ Izuku ríe bajito con el alias de “bruja” para la pobre bibliotecaria.
Acató la orden y regresa con varios libros relacionados a la historia de Japón, desde el periodo Kamakura al Edo. Todos, pensamiento de Izuku, luciendo importantes e interesantes para su proyecto.
Los libros caen sobre la mesa con fuerza, sacudiendo todo y haciendo ruido verdaderamente molesto. De la mochila de Bakugo cae una pequeña figurita amarilla que el estudiante modelo reconoce de inmediato.
Un hombre rubio, con gran sonrisa y su peculiar traje ajustado azul con dorado. ¡Era la figura coleccionable de All Might de hace dos años! ¡Es la misma que tiene tras una vitrina en casa por lo difícil que le resultó conseguirla!
─ ¿Por qué traes tanto? ¿Planeas hacer una tesis? ─ Izuku permaneció de espaldas, Bakugo en su lugar vio la figura en manos ajenas con desesperación. ─ ¡Eso no-!
─ ¡Genial! ¿Cómo la conseguiste? Yo tardé cinco horas en la fila, tuve que luchar contra un niño de seis años y fui a tres almacenes diferentes, también lo busqué en algunas convenciones.
─ ¿Qué?
─ Está tan bien cuidado que me entristece que se cayera.
─ ¡¿Se cayó?! ─ Exclama y la “bruja” los manda a callar con tanto griterío.
─ Perdón. ─ Izuku hace una pequeña reverencia con las manos juntas. ─ Se cayó al poner los libros en la mesa.
Bakugo sonríe por la tonta situación, olvidan que tenían un trabajo diferente a hablar de su superhéroe favorito de los cómics. La tensión de hace un momento no deja rastro cuando hablan cómodamente de quién tiene más coleccionables en su casa y sobre su arco de la historia predilecto.
─ No pensé que a alguien le gustaría eso, pero me tope con un friki total. ─ Salen de la academia como si fueran amigos de toda la vida, con la misma conversación de hace una hora que parece todo, menos aburrida.
─ No me importa serlo, es mi vida.
─ Recuerda no decírselo a los demás. ─ Puede que a Bakugo no le importe la opinión ajena, pero es mucho mejor pasar su vida en silencio.
─ Claro que no, Bakugo-kun. ─ Sonríe sin mentira, sin burla. Solo siendo Izuku.
Este día, no fue tan malo. Descubrió un secreto del chico, uno que compartían solo ellos y le daba tanto recelo compartirlo.
Oh, cupido, ten cuidado.
Día 3, planear la confesión.
Lleva horas pensando como debería ser la confesión adecuada y perfecta para que Kirishima reciba una respuesta positiva. Ha sido un manojo de nervios bajo un árbol mientras espera que sus amigos vuelvan, es el receso más estresante que ha tenido en mucho tiempo.
─ ¿Te comerás el lápiz? ─ un voz conocida lo saca de su ensoñación, Katsuki lo mira burlón y se sienta a su lado.
─ No, solo estaba pensado.
─ ¿Sobre qué? ─ en realidad, no tiene interés sobre lo que piensa, pero parece ser la manera más amistosa de entablar conversación con el peliverde.
─ Romance, supongo. ─ Esa respuesta sale de su boca sin pensarlo, tras notar su error trata de enmendarlo. ─ ¡No! Quiero decir, sobre una pequeña novela que estaba leyendo.
─ Y estapequeñanovela, ¿Sobre qué es? ─ entona la palabra “pequeña” con cierta gracia.
─ Pues, trata sobre un chico. Bueno, dos chicos. Son amigos de la infancia y uno de ellos vive enamorado de su amigo. ¿Cómo debería declararse?
Izuku sonríe, es astuto, y con claro interés busca la declaración perfecta para esta futura pareja. Bakugo, por su lado, desconoce la razón del repentino entusiasmo y se imagina una escena donde Izuku es quién se confiesa a su persona.
─ Pues que se lo diga y ya. ─ Mira como la ilusión se pierde de sus ojos y hace una mueca de disgusto.
─ Eso no es romántico en absoluto.
─ No necesitas planear una escena romántica a la perfección, lo que cuenta son las palabras que salen del corazón, solo ser directo con tus sentimientos... Que mierda tan cursi. ─ Bakugo es quien tiene una mueca de asco ahora e Izuku carcajea tan a gusto.
─ Supongo que tienes razón.
─ Solo no me gustan los rodeos.
─ ¿Te gustaría algo así? ─ Katsuki mira el cielo, realmente no es un tema que le provoque interés, sin embargo, se siente cómodo con el chico de ojos verdes. Se siente en paz.
─ Me gustaría.
No vuelven a hablar, pero Izuku escribe en su libreta “Ser directo” en una fina caligrafía y un corazón al final. Demostrar los sentimientos desnudos puede ser lo más difícil para muchos, pero también lo más valorados.
─ Vale, Izuku. Ya cuéntanos. ─ Uraraka se sienta frente a el durante una pequeña salida después de clases.
─ No entiendo de que hablas. ─ La chica rueda sus ojos y lo mira fijamente.
─ Sobre Bakugo Katsuki.
─ ¿Bakugo-kun? Pues somos amigos, solo eso.
─ ¿Solo eso? Por Dios, puedo notar esas miradas en ustedes y tú dices ¡¿Solo amigos?! ─ Izuku vuelve a negarlo como si se tratase de una broma, pero el resto de sus amigos lo miran buscando la misma respuesta. ─ Incluso ahora, no paras de sonreír como idiota desde que se despidieron. ─ y el resto asiente.
─ De verdad, no hay nada.
─ Te gusta.
─ ¡No! ─ la gente del restaurante regresan a mirarlo y avergonzado vuelve a responder. ─ No imagines cosas donde no las hay.
─ ¿Imaginar? Tu clara exaltación lo hace más evidente. No está mal que te enamores mi querido amigo, solo ten cuidado con ese loco. ─ Ella solo le da una palmadita en su hombro izquierdo y dejan el tema.
─ Simplemente, no me puede gustar. ─ No lo escuchan, reprime ese dolor en su corazón y se traga el ardor de su garganta con un vaso de negación.
Esa noche, no pudo mirar sus apuntes para formar la nueva pareja. Tenía tanto temor de confirmar lo que Uraraka dijo esa tarde, tanto miedo de que sus sentimientos crecieran y sea espectador de un amor no correspondido.
Día 4, entrega de las cartas.
Era el día límite para entregar la carta con palabras de aliento y consejos de amor, pero su contenido estaba más vacíos que sus ojos. La mañana escribió tan solo el destinatario sin poder escribir una letra; estaba tan perdido y exhausto.
Ahora mismo, sigue sin poder entender a su cabeza.
─ Deja de suspirar. Me molesta. ─ Uraraka sabe que está así desde que mencionó el tema del romance ayer.
─ Perdona. Iré a los baños. ─ Katsuki mira desde su asiento como el chico sale y se arrastra cansado por el pasillo.
Izuku lava su cara con agua fría, quiere despejar su mente de una persona en particular, pero la carta no deja de ser una daga en su pecho, que provocan un inconmensurable sufrimiento. Al salir su cuerpo choca con el de alguien más, golpeando su nariz.
─ Disculpa.
─ ¿Estás bien? ─ La persona de sus tormentos y anhelos, de su dolor y amor. Esa persona le ha alegrado y llenado de alivio con una pregunta.
─ Sí, totalmente. ─ Sonríe olvidando su preocupación anterior.
─ Terminemos el proyecto después de clases, en la biblioteca. No tengo entramiento estos días, debo estar descansado para el día del partido. ─ Katsuki busca entre sus bolsillos un pequeño dulce de miel que suele llevar y se lo ofrece. ─ Despierta, pareces un zombie.
─ Gracias. ─ Mira su espalda, admira su figura y su pecho vuelve a revolotear. ─ Eres molesto, Bakugo. ─ Izuku deja caer unas lágrimas y mira el dulce, nunca pensó que la miel podría saber tan amarga.
Como nuevo, vuelve el sonriente Midoriya Izuku que presta total atención a sus clases. Tiene en lo más profundo de su mochila amarilla la carta sin terminar y se condena a vivir en resginación con respecto al amor.
Durante la sesión de estudio en la biblioteca, Izuku pasa evadiendo cualquier oportunidad de contacto o momentos donde no se relacionen netamente a su trabajo. Finalizan después de dos horas, sin mayor conversación que palabras vacías o monosílabos.
─ Con esto terminamos el proyecto de historia, yo lo llevaré mañan-
Había escapado de cualquier interacción innecesaria hasta ese momento, todo pasó en cámara lenta y olvidando como respirar, contempla el rostro sereno de Katsuki besando sus labios con suavidad.
Sus manos tiemblan y se aferra a las manos de Katsuki, mismas que sostenían su rostro con firmeza. Le roba el aliento, le asfixia la nueva sensación y le consume la traición momentos después, rompiendo aquel deseo.
─ No...
Izuku lleva su mochila, corre a la puerta sin mirar atrás e ignorando el grito desesperado que lleva su nombre.
─ No te puede gustar, Izuku. No... ─ Llega al salón abandonado, saca el sobre amarillo junto a su lapicera. ─ No puedes, Izuku.
Escribetan rápido, detallando una confesión perfecta a la persona que decidió ayudar, las palabras salen de su desgastado corazón y forman una bella carta llena de esperanza.Escribeun sin numero de palabras, que se comparan a la cantidad de lágrimas que ha detenido para no empapar el papel.
Describela cita ideal, los mejores consejos de amor que pudo dar y sobre la felicidad que le puede brindar, junto con“Cupido les desea total felicidad, esperanza y amor”.Deseandoen lo profundo de su corazón y alma, ser él la persona que pueda vivir esos momentos junto a la persona que le gusta.
─ No hay marcha, atrás. ─ Sella la carta y la coloca en el buzón.
Deja atrás las ilusiones y esperanzas, hace morir lo que no pudo nacer y vuelve a ser solo el espectador de parejas destinadas a un amor correspondido.
Antes de terminar el jueves, Kirishima recibe la respuesta de como confesarse.
Día 5, declaración de amor.
La fiesta se extiende por toda la academia, el equipo de baloncesto hizo campeón a la U.A. con su partido finalista. La voz se corre por todos los salones y el gimnasio está a reventar por la gente, el equipo planea ir a festejar por su cuenta mientras todos se retiran después de la emocionante final.
─ ¿Escuchaste?
─ ¿Ahora qué?
─ ¡El vice-capitan confesó su amor atrás del gimnasio, después del partido!
─ Vaya forma de coronarse campeón. ¿Quién es la persona?
─ ¡No lo sé, solo dicen que es parte del equipo! ─ Las chicas pasan por un lado de Izuku totalmente emocionadas.
─ ¿Fue aceptado? ─ Izuku suplica, ruega y espera que no sea verdad.
─ ¡Claro que sí! Lo hizo cupido después de todo.
¡Cupido enlazó dos corazones, misión cumplida!
Izuku camina despacio al gimnasio, sus pies se mueven solos. Tal vez, estos también se niegan a que su amor se acabó y creen la fantasía de que no fue así. Para cuando llega, el sitio ya está desierto y recorre con la mirada el graderío, donde han dejado tirado un cartel con el nombre del capitán.
─ Me alegra que hayan ganado. ─ Sus ojos se nublan, le duele y se siente tan cruel la realidad que la odia. ─ Espero que sea feliz.
─ ¿A quién se lo deseas? ─ pega un grito agudo, entre sorpresa y llanto.
─ Bakugo-kun, felicidades por ganar la final. ─ El capitán está irritado, esa sonrisa falsa llena de lástima le hace explotar de manera abrupta.
─ Oe, deja eso. No es gracioso. ─ Sujeta los hombros de Izuku, no utiliza mucha fuerza, pero es la necesaria para que el muchacho no vuelva a correr.
─ No entiendo de qué hablas. ─ Katsuki, aún más cabreado, trata de explicar su ira... Más o menos.
─ ¿Eres tonto? No, verdad. Entonces, seré lo más directo posible contigo. ¿Te gusto?
─ ¡No! ─ Aún en la negación, Katsuki se irrita más.
─ ¿Y por qué todo el espectáculo?
─ No entiendo.
─ Planear las parejas de limpieza, las conversaciones innecesarias, el proyecto al “azar”, esa molesta sonrisa de nervios y la mirada fija. No me tomes por idiota Izuku ¿Qué es lo que querías? ¿Jugar conmigo a los amigos? ¿Una broma?
─ ¡Nunca! Jamás haría eso.
─ Me gustas, Izuku. Me tienes harto, al mismo tiempo, logras meterte en mi cabeza y lo único que quiero es besarte. Así que si querías burlarte de mí, lo lograste. ─ Cansado, suelta su agarre y está dispuesto a irse de la escena más dolorosa que se le ha presentado como capitán.
─ ¡Nunca jugué contigo! ─ Izuku toma sus manos con desesperación. ─ A mí... De verdad, me gustas mucho, demasiado que duele. No quiero que te vayas, por favor. ─ Sus ojos vuelven a lagrimear, le duelen de llorar estos últimos días.
─ Era tan sencillo, pero me tuvo que gustar el niño llorón. ─ Levanta su flequillo y besa su frente, toma su cintura para después abrazarlo con fuerza.
─ Me gustas...
─ ¡Así que el capitán también consiguió su amor ideal! ─ El resto del equipo regresó por Katsuki, quién fue a buscar “algo” que dejó en el gimnasio.
─ Pueden irse a la mierda. ─ Katsuki tapa con su cuerpo al pequeño novio que ha conseguido, está todo llorón y adorable a su parecer.
─ Kirishima y tú son tan afortunados. Ahora los dos tienen pareja.
Izuku mira por encima del hombro de Katsuki, el destinatario de su última carta besa a un chico de cabello rubio y más bajo que él. Seguramente del otro salón que había visto unas pocas veces, de nombre Kaminari Denki y que es parte del equipo.
─ Después de todo, fue gracias a cupido. ─ Es lo que dice Kirishima.
─ Si, gracias a cupido. ─ Repite Bakugo viendo esta vez a Izuku.
¡Kirishima debe mejorar su maldita escritura!
Conocerá el verdadero dolor del amor.
Nos leemos, nos vemos. Adiós, personitas bellas.