1. La vida bajo celestia
La infancia de Daryl estaba marcada por los momentos compartidos con su hermano mayor, Daniel. En aquellos días, el mundo parecía un lugar lleno de aventuras y descubrimientos, y los dos hermanos eran inseparables. Corrían por los callejones estrechos de la Ciudad Subterránea de Celestia, persiguiendo sueños de libertad y oportunidades en un mundo que parecía conspirar en su contra. El eco de sus risas resonaba en las frías paredes de ladrillo, mientras exploraban los secretos escondidos de las profundidades de Celestia. Daniel, siempre el protector, guiaba a su hermano menor por los peligros y maravillas de su hogar subterráneo. Juntos soñaban con un futuro mejor, lejos de la pobreza y el caos que los rodeaba, pero nada podía haberlos preparado para la noche que cambiaría sus vidas para siempre. Daryl y Daniel llegaron a la calle principal del SubCelestia, y comenzaron a caminar por la multitud. Las luces de neón parpadeaban sobre sus cabezas, arrojando destellos de colores brillantes que reflejaban en sus ojos asombrados. El aire estaba lleno de una mezcla embriagadora de olores, desde el humo de las cocinas callejeras hasta el distintivo aroma a hierro y maquinaria. Daryl, con su cabello desaliñado y una sonrisa traviesa en el rostro, caminaba alegremente, observando con curiosidad todo a su alrededor. Sus ojos se iluminaban cada vez que veía un puesto de juguetes improvisados o alguna golosina tentadora. Sus pequeñas manos se aferraban a la de su hermano mayor, Daniel, quien lo guiaba con cuidado por la multitud. Daniel, con expresión protectora y ligeramente seria, mantenía una mirada vigilante mientras conducía a su hermano menor a través del mercado. Vestía ropas sencillas, pero su postura y actitud denotaban una cierta madurez que superaba su corta edad. Las luces de neón se reflejaban en sus ojos, dándole un brillo de determinación. El mercado estaba lleno de vendedores callejeros, puestos de comida humeante y una variedad de personajes coloridos. Los habitantes iban y venían, hablando en una mezcla de dialectos y mostrando la diversidad que caracterizaba a la ciudad subterránea. El rugido distante de la maquinaria industrial y el constante zumbido de la actividad económica creaban un ambiente ruidoso y vibrante. Era un mercado que parecía latir con vida propia, donde las luces de neón y el resplandor de las vitrinas llenaban el aire de un ambiente eléctrico y mágico, como si estuvieran en un mundo aparte. A medida que los hermanos avanzaban por el mercado, los letreros de neón formaban un arco brillante sobre sus cabezas, creando una especie de cúpula luminosa que parecía abrazarlos en su exploración de ese fascinante rincón de SubCelestia Los hermanos continuaban su camino, rodeados por la cacofonía de sonidos y la atmósfera. A su paso, se cruzaban con vendedores que gritaban sus ofertas, intentando atraer la atención de los clientes. Las vitrinas estaban llenas de artefactos ingeniosos, reliquias oxidadas y extrañas curiosidades que parecían contar historias olvidadas. Daryl, con sus ojos curiosos y una chispa de emoción en ellos, a menudo se detenía para observar con admiración los extraños artilugios que adornaban los puestos. Se preguntaba sobre las historias detrás de cada objeto y soñaba con un día ser lo suficientemente grande como para comprender el funcionamiento de aquellas máquinas. Daniel, siempre atento, le explicaba a su hermano menor lo que sabía sobre la tecnología y los artefactos que encontraban. Le hablaba sobre la historia de SubCelestia y cómo aquella ciudad subterránea había surgido de las profundidades, bajo la sombra de Celestia, la ciudad en lo alto. Mientras avanzaban, podían sentir el rugido de los motores y el latir constante de SubCelestia, una metrópolis en constante movimiento y cambio. Las luces de neón se reflejaban en charcos de agua y daban un brillo irreal a las calles adoquinadas. El ambiente estaba lleno de una mezcla de esperanza y desafío, como si cada persona que pasaba tuviera su propia historia que contar. Los hermanos compartían risas y asombro, olvidando por un momento las preocupaciones de la vida en la ciudad subterránea. No sabían lo que les depararía el futuro, pero en aquel instante, mientras exploraban el mercado, estaban unidos por el lazo indestructible de la familia y la promesa de aventuras por venir. —Mira, Daryl, ¿ves ese aparato allá? —señaló Daniel hacia un puesto donde se exhibía una extraña máquina con engranajes y luces titilantes. Daryl se detuvo y observó el objeto con asombro. La maquinaria parecía un enigma, pero también una promesa de posibilidades infinitas. —¿Qué crees que sea eso, Daniel? Daniel sonrió, disfrutando de compartir su conocimiento con su hermano menor. —Eso, hermanito, es lo que llaman un "generador de chispas". Los ingenieros de SubCelestia, lo usan para encender las lámparas de neón y mantener las luces de la ciudad brillando. Es asombroso cómo algo tan complicado puede hacer que todo luzca tan hermoso, ¿verdad? Daryl asintió con entusiasmo. —¡Sí, es increíble! ¿Tú también aprendiste a hacer esas cosas, Daniel? Daniel asintió, recordando su propia infancia llena de curiosidad. —Sí, hermano. Papá y yo solíamos pasar horas en el taller, desmontando y armando cosas. Aprendí mucho de él. Y, ¿sabes? Algún día, tú también serás capaz de hacer cosas asombrosas como estas. El rostro de Daryl se iluminó con una sonrisa, y miró a su hermano con admiración. —¡Lo prometo, algún día seré tan bueno como tú, Daniel! Los dos hermanos continuaron su paseo por el mercado, con la promesa de un futuro lleno de aventuras y descubrimientos. Mientras las luces de neón titilaban sobre sus cabezas y el bullicio de la ciudad los envolvía, el lazo entre ellos se fortalecía, listo para enfrentar cualquier desafío que el mundo de Celestia les tenía preparados. Tras salir del mercado los hermanos se dirigieron muelle donde se encontraba su estancias. Era una estructura singular, una mezcla de ingeniería improvisada y creatividad desenfrenada. Construida sobre las bases de edificios más antiguos y modificada a lo largo de los años, la casa se alzaba con una apariencia caótica y pintoresca. El exterior de la casa estaba cubierto de graffiti y grafitis, una especie de arte urbano que adornaba cada pulgada disponible de pared. La fachada estaba hecha de materiales diversos, desde ladrillos viejos y oxidadas planchas de metal hasta madera rescatada de barcos naufragados en el puerto cercano. En lugar de ventanas tradicionales, la casa tenía agujeros con vidrios rotos y tablones de madera improvisados como persianas. El techo estaba cubierto de lo que parecían ser fragmentos de chapa metálica reciclada, sostenidos por vigas de hierro retorcido. La casa se alzaba en múltiples niveles, con balcones y pasarelas de madera que se extendían hacia afuera en todas direcciones, dándole una apariencia laberíntica y caótica. El interior de la casa era igualmente ecléctico. Las habitaciones estaban llenas de muebles hechos a mano y objetos extraños, desde lámparas de aceite hasta reliquias tecnológicas del pasado. Las paredes estaban decoradas con más grafitis y con posters de artistas locales y eventos de la ciudad. A pesar de la apariencia caótica, la casa tenía un encanto propio, una sensación de vida y creatividad que emanaba de cada esquina. En SubCelestia, una casa como esta era un refugio, un lugar donde la gente luchaba por sobrevivir y encontrar belleza en medio del caos. —Ya era hora de que regresaras —dijo el hombre que se encontraba dentro de la casa mientras afilaba un cuchillo con destreza—. ¿Dónde estuvieron? —Fuimos a hacer un trabajo en el distrito Blue —respondió Daniel, colgando su mochila en uno de los fierros que sobresalía de la pared. Daryl tomó asiento en el sofá desgastado de la sala mientras sacudía el polvo de sus pantalones. —Sabes que no me gusta que se acerquen a Blue. Si Cyno llega a verlos, nos meteremos en un gran lío —comentó antes de sacar un pescado de un balde que tenía a un lado—. Ven y ayúdame a limpiar estos peces. Colocó una silla junto a él para comenzar con la limpieza del pez. Mientras ambos trabajaban en la tarea, la luz parpadeante de neón que entraba por la ventana iluminaba la sala de manera intermitente, creando sombras inquietantes que se movían por las paredes. A lo que a Daryl le solía asustar. —No tienes por qué preocuparte, Bennett. Cyno rara vez sale de la fábrica. Además, el trabajo fue bastante sencillo y la paga fue buena. Tuvimos que deshacernos de algunos problemas menores, pero nada que no pudiéramos manejar —añadió Daryl, buscando prolongar la conversación. Bennett asintió mientras continuaba limpiando los peces, y luego preguntó: —¿Y qué has estado haciendo tú mientras estaban fuera? ¿Alguna novedad en el subterráneo? —Los Soldados de Celestia deambulan por acá abajo, parecen estar buscando a alguien. Por suerte, a Daryl y a mí no nos reconocen, pero... —Daniel comenzó a hablar con evidente tensión en su voz, y sus palabras pronto se cargaron de ira—. Si fuera tú, arreglaría un encuentro con ese maldito de Cyno. —¡Daniel! —Bennett exclamó en un tono de advertencia, pero la discusión ya estaba en marcha. —¡No es justo que Cyno te haga la vida miserable, Bennett! —ambos comenzaron a alzar la voz—. ¿Por qué no luchas contra él? Lo haría pedazos. —No ganaríamos nada con eso, y lo sabes. Además, gracias a Cyno, pude sobrevivir a esa herida que sufrí durante la segunda guerra. —¿Salvarnos para qué? —Bennett espetó—. Terminamos robando para sobrevivir, comiéndonos las sobras de los de Arriba y durmiendo con un cuchillo en la mano por si algún bastardo intenta asesinarnos. Ya estoy cansado de esto, Bennett. —¿No estás hablando en serio, verdad? —Bennett cuestionó con preocupación. —¿Por qué no subimos a la superficie? Allá tienen de sobra. ¡Ellos vomita para poder comer más, mientras nosotros nos pudrimos en las sombras! —Daniel replicó, la rabia aún en su voz mientras miraba a su hermano mayor con desafío. Daryl, sentado en el sofá, observaba en silencio la intensa discusión entre los dos hombres que significaban mucho para él. Sabía que las tensiones entre Daniel y Bennett eran profundas y antiguas, pero esta vez, la pelea parecía haber alcanzado un punto de no retorno. —¡No entiendes, Daniel! —Bennett gritó, levantándose de su silla con un movimiento brusco—. No puedes verlo desde mi perspectiva. Cyno tiene el control de todo en este lugar. Si cruzamos esa línea, si nos enfrentamos a él, no solo estamos poniendo en riesgo nuestras vidas, sino también la de Daryl. ¿No entiendes eso? Daniel pareció retroceder por un momento, su enojo cediendo ante la preocupación por su hermano menor. Miró a Daryl, quien aún mantenía silencio, y luego a Bennett. La tensión en la habitación era palpable, y ninguno de los tres sabía cómo resolver el conflicto que se había desatado entre ellos. Daniel notó el rostro preocupado de su hermano menor y se acercó a él, poniendo una mano en su hombro. A pesar de su discusión con Bennett, su amor por Daryl siempre estaba en primer lugar. —Daryl, lo siento si te asusté —dijo Daniel en tono más suave—. Solo estamos teniendo una discusión. Sabes que siempre estoy aquí para protegerte, ¿verdad? Daryl asintió tímidamente, mirando a su hermano mayor con ojos llenos de admiración y confianza. —Todo estará bien, pequeño. Nos cuidaremos mutuamente, como siempre lo hemos hecho. La tensión en la habitación comenzó a disiparse lentamente mientras los tres comprendían la importancia de mantenerse unidos en un lugar tan peligroso como el subterráneo de Celestia. Daniel notaba que la vida en el subterráneo estaba afectando a Daryl de maneras que él no comprendía completamente. Un día, después de regresar de uno de sus trabajos en el distrito Blue, Daniel decidió tener una conversación seria con su hermano menor. Se sentaron en el rincón más tranquilo de su destartalada casa, lejos de los oídos curiosos. —Daryl, sé que las cosas aquí abajo son difíciles —comenzó Daniel con voz tranquila—. Pero no quiero que te acostumbres a esta forma de vida. No es la única opción que tienes en este mundo. Daryl lo miró con curiosidad, preguntándose a dónde llevaba esta conversación. —Ves, la violencia y el robo no son la única forma de sobrevivir. Sé que lo hacemos para conseguir comida y mantenernos a salvo, pero eso no significa que tengamos que ser como los delincuentes que nos rodean. Daryl asintió, pero todavía tenía dudas en sus ojos. —Te prometo que hay un mundo afuera donde la gente vive de manera honesta, donde no tienes que mirar por encima de tu hombro todo el tiempo —continuó Daniel—. Pero para llegar allí, debemos ser fuertes y, sobre todo, inteligentes. Quiero que tengas la oportunidad de elegir un camino diferente si lo deseas. Daryl se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras de su hermano. Sabía que Daniel tenía razón, pero también sabía que cambiar su vida no sería fácil. Sin embargo, la idea de un futuro diferente y mejor comenzó a tomar forma en su mente. —Lo intentaré, Daniel. Haré lo que sea necesario para encontrar ese mundo mejor, no solo para mí, sino también para nosotros. Daniel sonrió con orgullo y abrazó a su hermano menor. Sabía que el camino hacia un futuro diferente sería difícil, pero con determinación y el apoyo mutuo, estaban dispuestos a enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en su camino. —Vamos a ver si ya llegaron los chicos —dijo Daniel saliendo de su cuarto. Daryl lo siguió hasta abajo, ansioso por reunirse con los demás. Hacía una semana que los chicos habían salido en busca de provisiones para la casa. Cuando llegaron abajo, vieron a Luca, Sam y Jack, quienes también compartían su vida con Bennett, junto con Daryl y Daniel. Todos eran adolescentes, excepto Daryl, quien todavía era un niño de 12 años. —Eso estuvo de locos —comentó Sam mientras bajaba una bolsa llena de objetos de valor. —Para ser sinceros, prefiero ir a saquear en Blue que volver a ese distrito de mierda —se quejó Luca, dejando su mochila de lado. —Podrías ser un poco menos grosero, Luca. Daryl está aquí —dijo Jack con su habitual expresión seria, que inexplicablemente atraía a las chicas. —Solo digo lo que pienso —respondió Luca con sinceridad—. Además, las ideas de Daniel eran mejores. —¿De qué están hablando? —preguntó Sam. —De ir a Celestia, con lo de Arriba —intervino Daryl con una voz más tranquila. Hubo un momento de silencio mientras los chicos procesaban la declaración de Daryl. Sabían que la idea de Daniel de aventurarse en Celestia había sido un tema candente en la casa últimamente. —Es solo que... he escuchado muchas historias sobre lo peligroso que es Celestia, y Cyno parece tener un control total sobre este lugar. No quiero entrt en problemas aún mayores. Luca se rió, aunque no con burla, sino con un toque de complicidad. —Lees muchas libros de terror, ¿verdad, Daryl? —dijo Luca—. No te preocupes tanto. Siempre hemos vuelto sanos y salvos de nuestras incursiones. Sam asintió y puso una mano en el hombro de Daryl. —Tienes a Daniel para protegerte, y siempre encontramos cosas valiosas en Celestia que pueden ayudarnos. No te preocupes tanto por eso. Daryl se sintió reconfortado por las palabras de sus amigos, pero aún tenía sus reservas. Sin embargo, ver a los chicos regresar ilesos y con suministros valiosos le dio un poco de esperanza de que tal vez, solo tal vez, podrían considerar la idea de aventurarse en el peligroso distrito de Celestia en el futuro. Daniel observó a Daryl mientras jugaba con sus juguetes en un rincón de la habitación. Sabía que el niño estaba completamente absorto en su mundo de juegos y que les daría un poco de tiempo para hablar sin que Daryl escuchara. Con un gesto a Sam, Luca y Jack, Daniel se acercó sigilosamente a Daryl y le habló en voz baja. —Hey, Daryl, ¿te gustaría mostrarme ese nuevo juguete que encontraste hoy en el mercado? Parece realmente interesante. Daryl levantó la vista con entusiasmo y asintió, emocionado por compartir su hallazgo. Mientras Daryl le mostraba el juguete, los otros chicos se alejaron hacia un rincón más apartado de la casa para discutir sus planes sobre Celestia sin preocuparse de que Daryl los escuchara. Esta distracción permitió que la conversación fuera más privada y sin interrupciones. —Chicos, necesito hablar con ustedes sobre la idea de ir a Celestia —comenzó Daniel en voz baja Luca se cruzó de brazos, claramente molesto por el tema. Sam asintió con curiosidad, mientras que Jack mantuvo su expresión seria de siempre. —Sabes que no estoy de acuerdo con esto, ¿verdad? —dijo Luca, sin rodeos. —Lo sé, Luca, pero escucha —respondió Daniel—. Estamos viviendo en condiciones difíciles aquí abajo. No tenemos suficiente comida, y las tensiones están aumentando. Celestia tiene recursos, y si logramos entrar, podríamos conseguir lo que necesitamos para sobrevivir. Sam intervino, tratando de mediar en la conversación. —Pero, Daniel, todos sabemos que Celestia es peligrosa. Los soldados de arriba no nos quieren allí, y podríamos ser arrestados o peor aún. Jack asintió. —Está en lo correcto. Infiltrarnos en Celestia no será fácil, y si nos descubren, no habrá vuelta atrás. Daniel miró seriamente a sus amigos. —Lo entiendo, y sé que es un riesgo. Pero no podemos seguir viviendo así. Bennett está cada vez más preocupado por Cyno, y si no hacemos algo pronto, no sé cuánto tiempo podremos aguantar aquí abajo. Los chicos intercambiaron miradas pensativas, conscientes de la gravedad de la situación. Reconocían que la idea de Daniel tenía méritos, pero también entendían los peligros que enfrentarían si intentaban infiltrarse en Celestia. La decisión sería todo menos fácil. —¿Y qué hacemos con Daryl? ¿Y si Bennett se da cuenta de nuestra ausencia? —preguntó Luca, expresando una preocupación válida. —No quiero ponerlo en peligro, pero considerando su pequeña estatura, podría ser útil allá arriba. ¿Qué opinan? —Daniel se encontraba sin respuesta ante el grupo, reflexionando sobre la mejor opción. —Es cierto que puede ayudarnos —confirmó Sam—, pero los Soldados andan por todas las calles y podrían atrapar a Daryl fácilmente. Llevarlo con nosotros es un riesgo muy grande. —Nunca dije que iríamos por las calles, Sam —los demás quedaron confundidos con la respuesta de Daniel, quien continuó—. Mi idea es recorrer Celestia por los techos de la ciudad. Los edificios son altos, lo que hace menos probable que nos vean. Además, ya tengo un departamento en la mira para saquearlo. Jack, el siempre serio del grupo, finalmente habló. —Entiendo que necesitamos recursos, pero debemos tener un plan sólido y estar seguros de que podemos llevar a cabo esta operación de manera segura. Si vamos a llevar a Daryl, debemos asegurarnos de su protección en todo momento. Daniel asintió con seriedad. —Estoy de acuerdo, Jack. No haré nada que ponga a Daryl en peligro. Si vemos que la situación se complica o se vuelve demasiado riesgosa, nos retiraremos de inmediato. Luca, aunque reticente, finalmente cedió ante la insistencia de sus amigos. —Está bien, hagámoslo. Pero recordemos que estamos haciendo esto para proteger a Daryl y a todos nosotros. Con la decisión tomada y un plan en mente, los chicos comenzaron a prepararse para su incursión en Celestia, conscientes de que enfrentarían desafíos y peligros desconocidos. Distrito Blue Cyno avanzó con paso seguro a través de la vasta fábrica de productos químicos en el corazón de la Ciudad Subterránea de Celestia. El lugar era un laberinto de tuberías y máquinas zumbantes que arrojaban humo y chispas. El olor acre de los químicos llenaba el aire mientras caminaba, sin inmutarse por el ambiente tóxico que lo rodeaba. Los trabajadores, temerosos de su presencia, se apartaban de su camino con miradas nerviosas. Cyno era un hombre imponente, con una cicatriz que cruzaba su rostro y una expresión que imponía respeto. Era el líder de los mercenarios que controlaban gran parte del subterráneo de Celestia, y su poder era innegable. A medida que avanzaba por la fábrica, Cyno observaba con ojo crítico los procesos químicos en curso. Sabía que el control de los recursos y la tecnología era la clave para mantener su dominio sobre la ciudad. Cada tonelada de producto químico que salía de esa fábrica representaba poder y riqueza. Deteniéndose junto a un enorme tanque de líquido burbujeante, Cyno sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo y comenzó a analizar los datos que se proyectaban en la pantalla. Estaba buscando cualquier indicio de una nueva fuente de poder, algo que pudiera aumentar aún más su influencia en Celestia. Mientras los trabajadores continuaban con sus tareas bajo su mirada vigilante, Cyno se sumió en sus pensamientos, consciente de que en ese mundo subterráneo, la ambición y la astucia eran las claves para sobrevivir. —Parece estar a gusto con el producto —dijo una mujer bajando las escaleras del segundo piso de la fábrica con elegancia—. No te preocupes por el virus, este parece ser más efectivo que el anterior. La mujer se veía imponente e inteligente. No solo era rubia y atractiva, su presencia era magnética. Su nombre era Silvie, y era la mano derecha de Cyno. Su mirada reflejaba una lealtad inquebrantable hacia aquel a quien servía, el futuro líder de SubCelestia, el hombre que se encargaría de las negociaciones con Celestia. —Silvie, no esperaba verte aquí —respondió Cyno, apartándose de la máquina—. ¿Tus amigos del bar no te dieron un descanso? Silvie sonrió con astucia mientras se acercaba a él. —Nada de eso. Me preocupaba que algo saliera mal con el virus Lunaris, así que decidí venir a supervisar personalmente. La paz con Celestia es demasiado importante como para dejarla en manos de otros. La fábrica seguía zumbando con actividad a su alrededor, y Cyno se dio cuenta de que tenía a una aliada poderosa en Silvie. La incertidumbre de lo que les deparaba el futuro pesaba sobre ellos mientras continuaban con su plan de establecer una paz precaria con la ciudad de arriba. —Silvie, debes entender lo importante que es este tratado de paz con Celestia —comentó Cyno, con una mirada de determinación en sus ojos mientras se adentraban en la discusión—. Nuestro subsuelo se está volviendo cada vez más inestable, y necesitamos acceso a los recursos de arriba para mantenernos a flote. Silvie asintió con seriedad, consciente de la gravedad de la situación. —Lo sé, Cyno. Celestia tiene lo que necesitamos para sobrevivir y prosperar. Pero también sabes que no nos darán nada sin algo a cambio. Cyno sonrió con astucia, revelando sus intenciones. —Por eso he estado trabajando en algo especial. Tengo información valiosa sobre las actividades clandestinas de Celestia, y estoy dispuesto a usarla como moneda de cambio. Quiero que Celestia acepte una alianza comercial con nosotros, un trato beneficioso para ambos lados. Pero, por supuesto, necesitaremos su tecnología y recursos, y estoy seguro de que estarán dispuestos a compartir. Silvie asintió, impresionada por la visión y la estrategia de Cyno. —Eres un hombre inteligente, Cyno. Si logras que Celestia acepte este trato, podríamos asegurar un futuro próspero para SubCelestia. Pero, también debes tener cuidado. Los políticos de arriba son astutos y no se dejarán engañar fácilmente. Cyno asintió con gratitud por el consejo de Silvie. —Lo sé, Silvie. Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para proteger a nuestro pueblo y garantizar que tengan un futuro mejor. El tratado de paz será solo el comienzo de nuestro ascenso en Celestia. Y con tu lealtad a nuestro lado, estoy seguro de que tendremos éxito. Los dos continuaron discutiendo los detalles de su plan, sabiendo que el camino hacia la paz con Celestia sería complicado pero necesario para el futuro de SubCelestia. —Señor Cyno, la mercancía llegó —avisó un hombre de complexión robusta llamado Geraldine, con una expresión seria que denotaba la importancia de su mensaje—. Está esperando en la entrada. Cyno observó con interés el tanque de químicos rosa que burbujeaba en el laboratorio, una muestra de lo que sería el siguiente paso en su maquinación. Sus ojos reflejaban la ambición y la anticipación de un hombre que estaba a punto de llevar a cabo un plan de proporciones épicas. —Dile que pase a mi despacho, estaré allí en breve, Geraldine —respondió Cyno con calma, sin apartar la mirada del inquietante líquido rosado. Silvie, su leal mano derecha, se acercó a Cyno con una mirada intrigada. —¿De que se trata? —Animales, no Planeo probar el virus Lunaris en ellos. No quiero arriesgar a mis hombres a convertirse en mutantes biológicos —aclaró acomodándose la cobarta con elegancia mientras descendía de la plataforma donde se encontraba el tanque.— Silvie, No podemos permitirnos errores en este experimento. Además, los resultados podrían ser... interesantes —respondió, dejando entrever una chispa de emoción en su mirada. —Ya veo —Avisame cuando el cargamento Silex esté listo, un soldado de Celestia vendrá a recogerlo pronto. —dijo con seguridad. Silvie, sin embargo, no pudo evitar expresar su preocupación. —Admito que vender la droga Silex en Celestia fue una excelente idea, Cyno, pero no deberías confiar demasiado en ese soldado. Podría ser peligroso. —Su voz estaba llena de preocupación genuina—. Los hombres de Celestia no son de fiar, podrían jugar sucio en cualquier momento. Cyno sonrió con suficiencia mientras comenzaba a subir la escalera que conducía a su despacho. —No hay motivo de preocupación, Silvie. Esteban es un hombre competente para este tipo de trabajo, y tengo a algunos de mis hombres vigilándolo de cerca. Cumplirá con la orden sin problemas. Ahora, si me disculpas, debo atender al joven caballero que espera en mi despacho. La fábrica zumbaba de actividad mientras Cyno se alejaba, dejando a Silvie con sus pensamientos y preocupaciones. El destino de SubCelestia estaba en juego, y los enemigos y aliados se movían en las sombras de esta ciudad dividida. Cyno avanzó con determinación por los pasillos iluminados de su suntuosa guarida en lo más profundo de SubCelestia. El ambiente en su fábrica era un constante flujo de actividad y sonidos industriales, pero al llegar a su despacho, la atmósfera cambió por completo. El despacho de Cyno era un oasis de lujo y comodidad en medio del caos y la decadencia de SubCelestia. Las paredes estaban revestidas de madera oscura, talladas con intrincados diseños que evocaban una sensación de poder y prestigio. Grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de la ciudad subterránea, con sus luces destellantes y neblina constante. Un escritorio de ébano pulido ocupaba el centro de la habitación, con una silla de cuero oscuro detrás de él. Sobre el escritorio, una serie de documentos y archivos estaban meticulosamente organizados, evidenciando la naturaleza meticulosa y calculadora de Cyno. El suelo estaba cubierto por una lujosa alfombra de terciopelo carmesí que absorbía cualquier sonido, haciendo que el lugar fuera un refugio de tranquilidad en medio del bullicio de la fábrica. En una esquina del despacho, una pequeña barra de licores albergaba una impresionante selección de bebidas de alta calidad, desde licores exóticos hasta botellas de vino de añada. Era un rincón destinado al placer y la indulgencia, una indulgencia que Cyno no temía disfrutar. Cyno se dirigió con elegancia hacia su escritorio y se sentó en la silla de cuero, esperando al invitado que lo aguardaba. Desde su posición, podía observar el constante flujo de la vida en SubCelestia a través de los ventanales, recordándole que él era el amo de esta ciudad subterránea y que no descansaría hasta lograr sus ambiciones más oscuras. El joven soldado novato, cuyo nombre era Esteban, entró al imponente despacho de Cyno con una expresión nerviosa en el rostro. A pesar de su entrenamiento y su determinación, enfrentarse al líder de SubCelestia era una experiencia abrumadora para él. Cyno, sentado con elegancia detrás de su escritorio de ébano, lo observó con una mirada penetrante antes de hablar. —Esteban, ¿verdad? —dijo Cyno con una sonrisa afable mientras extendía la mano hacia el joven. —He oído hablar mucho de ti. Soy Cyno, el líder de esta gran familia en SubCelestia. Esteban asintió con timidez y estrechó la mano de Cyno. —Sí, señor, soy Esteban. Es un honor conocerlo. Cyno asintió con satisfacción. —Me han dicho que eres un hombre de confianza y que has demostrado ser muy capaz en tus tareas. Eso es exactamente lo que necesito en este momento. El joven soldado se sintió halagado por las palabras de Cyno y empezó a relajarse un poco más. —Gracias, señor. Haré todo lo que esté a mi alcance para cumplir con sus expectativas. Cyno sonrió de nuevo y señaló hacia una cómoda silla de cuero frente a su escritorio. —Por favor, Esteban, toma asiento. Tenemos mucho de qué hablar. Esteban tomó asiento, tratando de mantener la compostura mientras se preparaba para la conversación que estaba por venir. Cyno, con su elegante presencia y su carisma imponente, tenía un aura de misterio y poder que lo hacía aún más intrigante para el joven soldado novato. Cyno mantuvo su mirada fija en el joven soldado novato, Esteban, con una actitud intimidante que buscaba dejar una impresión duradera. Esteban, sintiéndose nervioso bajo esa mirada penetrante, asintió con timidez. —S-sí, señor. El Soldado Cole me explicó cómo funcionan las cosas aquí —respondió Esteban con voz temblorosa. Sabía que esta era una oportunidad crucial para ganarse la confianza de Cyno y su organización. Cyno se levantó de su silla de cuero y comenzó a caminar con elegancia por la espaciosa oficina, mientras continuaba hablando. —Correcto —dijo Cyno con un tono de voz que denotaba experiencia y autoridad—. El pago por el cargamento de los animales ya ha sido procesado. Ahora, tu tarea es llevar una carga llamada Silex. La tensión en la habitación aumentaba a medida que Esteban escuchaba atentamente las palabras de Cyno. El líder de SubCelestia parecía tener un conocimiento profundo de los asuntos de negocios, lo que hacía que el joven soldado se sintiera aún más pequeño e inexperto. —Dos de mis hombres te ayudarán a cargar el cargamento en la nave —continuó Cyno mientras se detenía frente a un estante lleno de libros antiguos. Parecía estar buscando algo entre los volúmenes. Esteban, sintiéndose cada vez más nervioso y asombrado por la magnitud de la operación de Cyno, asintió nuevamente. Sin embargo, no estaba completamente preparado para lo que vendría después. Cyno finalmente encontró lo que estaba buscando entre los libros y sacó un papel, que colocó sobre su escritorio. Esteban observó cómo Cyno comenzaba a escribir algo en el papel, lo cual marcaba un punto crucial en su tarea. —Cole te dijo algo más. —Ah, si —Esteban comezón a buscar entre su bolsillo para luego sacar un pequeño saco de moneda—, me dijo que esto eran el pago del cargamento Silex. Cyno asistió —Esto es importante, Esteban —dijo Cyno con seriedad mientras escribía—. Deberás llevar esta factura a Cole. Solo tú debes tener conocimiento de esto y nadie más. Esteban recibió la factura con cuidado, sintiendo la presión de la responsabilidad que se le había confiado. Sabía que cada detalle era crucial en este mundo peligroso de SubCelestia. —S-sí, señor Cyno, lo entiendo —respondió Esteban con respeto y temor en su voz. —Con su permiso, me retiraré para cumplir con mis deberes. Cyno asintió, indicando que Esteban tenía permiso para partir. La habitación estaba cargada de tensiones y secretos, y el joven soldado novato salió de la oficina de Cyno con la certeza de que había entrado en un mundo donde cada paso era crucial y cada decisión, determinante. Al día siguiente, en el distrito Hydro, Daniel y su equipo se reunieron cerca de los acantilados, el punto de partida para su peligrosa incursión en Celestia. La atmósfera estaba cargada de anticipación y nerviosismo mientras se preparaban para la misión. El distrito Hydro, conocido por su proximidad a Celestia, estaba cubierto de sombras y misterio, lo que solo aumentaba la tensión en el aire. El equipo de saqueadores estaba compuesto por individuos con habilidades y roles específicos. Luca sostenía un ingenioso mecanismo diseñado para abrir puertas y cerraduras, una herramienta esencial para su incursión en la ciudad de arriba. Sam, por otro lado, llevaba un bate a modo de arma improvisada, listo para defenderse en caso de que la situación se volviera hostil. Jack, el hábil hacker del grupo, portaba un conjunto de dispositivos de hackeo que les permitiría desactivar alarmas y sistemas de seguridad. Daniel se había cargado con varios sacos, destinados a contener artefactos de valor y objetos que pudieran intercambiar por recursos esenciales. Por último, Daryl, había optado por llevar solo un cuchillo como medida de defensa personal. Su elección de armamento era un recordatorio constante de los peligros que acechaban en Celestia y la importancia de pasar desapercibidos. La vista del acantilado que conducía a Celestia se extendía ante ellos, una ruta que habían estudiado detenidamente para evitar patrullas y cámaras de seguridad. La tensión en el grupo era palpable, pero también había una determinación férrea en sus rostros. Estaban dispuestos a arriesgarlo todo en su búsqueda de recursos y un futuro mejor en el mundo implacable de SubCelestia. El grupo de saqueadores avanzaba con sigilo por el escarpado acantilado que les llevaba cada vez más cerca de Celestia. La luna, apenas visible entre las nubes, proporcionaba una tenue luz que les permitía ver sus alrededores. En cada paso, la adrenalina fluía por sus venas mientras se mantenían alerta ante cualquier peligro. A medida que ascendían, se encontraron con patrullas de soldados de Celestia que recorrían la zona en busca de intrusos. El equipo se ocultó en las sombras y evitó ser descubierto gracias a su entrenamiento y experiencia en misiones similares. Pasaron agachados entre arbustos y rocas, esperando pacientemente a que las patrullas pasaran de largo antes de seguir avanzando. Finalmente, después de una hora de tensa ascensión, llegaron a un punto crítico en su camino. Se encontraban frente a un callejón estrecho y oscuro, compuesto por una maraña de tuberías oxidadas y enmohecidas que descendían hacia Celestia. Este callejón era la entrada no oficial a la ciudad de arriba que habían estado buscando. Las tuberías formaban un laberinto enrevesado que descendía hacia las profundidades de Celestia. El óxido y la corrosión habían dejado su huella en el metal, creando un ambiente lúgubre y siniestro. El olor a humedad y moho impregnaba el aire, y las sombras parecían danzar en las paredes como espíritus inquietos. El equipo se reunió en el umbral de este callejón de tuberías, mirando hacia abajo con determinación y algo de inquietud. Tras escalar la enrevesada tubería oxidada, el grupo de saqueadores emergió en las caóticas calles de Celestia. La ciudad de arriba estaba viva con actividad, incluso en las primeras horas del amanecer. Los enormes edificios se alzaban majestuosos, con sus luces parpadeantes y el constante ruido de la vida urbana que llenaba el aire. Sin embargo, el grupo no tenía tiempo para perder. Sabían que debían moverse con rapidez y sigilo para evitar ser detectados por las patrullas de soldados de Celestia. Corrieron a través de estrechos callejones y pasadizos entre edificios, utilizando su conocimiento del terreno para mantenerse ocultos. A medida que el cielo comenzaba a iluminarse con los primeros rayos del sol, el equipo llegó a un callejón que llevaba directamente a uno de los imponentes rascacielos de Celestia. Sin dudarlo, comenzaron a ascender por las escaleras de emergencia en el interior del edificio. El sonido de sus pasos resonaba en el vacío, pero se movían con agilidad y rapidez. Finalmente, alcanzaron el techo del edificio, donde se detuvieron un momento para recuperar el aliento. Desde allí, tenían una vista impresionante de la vasta metrópolis de Celestia extendiéndose a su alrededor. Las luces de la ciudad destellaban, y el ruido de la vida urbana se intensificaba a medida que la ciudad despertaba por completo. Con la luz del amanecer bañando sus rostros, el equipo sabía que su verdadera prueba aún estaba por delante. Tenían que adentrarse en el corazón de Celestia, enfrentar peligros desconocidos y cumplir su misión. Mientras el equipo se encontraba en lo alto de uno de los rascacielos de Celestia, Daryl no pudo evitar asombrarse por la belleza y la opulencia de la ciudad de arriba. El contraste con SubCelestia era abrumador. A medida que el sol se elevaba en el horizonte, bañando la ciudad con sus cálidos rayos dorados, todo adquiría un aspecto aún más impresionante. Las calles de Celestia estaban llenas de vida y actividad. Daryl pudo ver a familias adineradas paseando por las aceras, vestidas con elegancia y disfrutando de la mañana. Los edificios eran majestuosos, con arquitectura deslumbrante y detalles ornamentados que capturaban la esencia de la riqueza y el poder. Las vidrieras relucían bajo la luz del sol, y las fuentes adornadas con esculturas añadían un toque de belleza artística a la ciudad. Mientras observaba desde lo alto del rascacielos, Daryl notó aves volando en el cielo, libres y sin restricciones. Eran un recordatorio de la libertad que se disfrutaba en la superficie, muy diferente de la vida bajo tierra en SubCelestia. El amanecer en Celestia era espectacular. El cielo se teñía de colores vibrantes: tonos de naranja, rosa y violeta se fundían en un hermoso espectáculo de luces. Daryl no podía evitar sentir una sensación de asombro y admiración ante la magnificencia de ese nuevo mundo que estaba descubriendo. A pesar de la brevedad de su estancia en la superficie, Daryl entendió por qué tanta gente anhelaba vivir en Celestia. La riqueza, la belleza y la libertad que ofrecía eran irresistibles. Sin embargo, también sabía que detrás de esa fachada brillante se escondían secretos y peligros que debían enfrentar para cumplir su misión en esa ciudad desconocida. El grupo de saqueadores avanzaba con sigilo por los techos de Celestia, intentando mantenerse oculto de la mirada de los soldados que patrullaban la ciudad. Daniel, en un extremo del edificio, llamó la atención de Daryl. —¡Vámonos, Daryl! —gritó, instándolo a unirse al grupo. —¡Voy! —respondió Daryl, preparándose para saltar al siguiente tejado. Mientras se movían ágilmente entre los edificios, Sam no pudo evitar hacer un comentario. —Ese es el castillo de Celestia, ¿verdad? —dijo, señalando el majestuoso edificio—. ¡Fascinante! A veces sueño con vivir allí y ser atendido por mis sirvientes. Luca no pudo resistir la oportunidad de burlarse un poco. —Pues sigue soñando, Sam —dijo con tono sarcástico—, porque lo único que te van a atender son las palizas de esos soldados. Jack, siempre con una sonrisa en el rostro, se unió a la conversación. —Me gustaría ver eso —comentó, provocando una risa entre los demás. Sam no estaba dispuesto a dejarlo pasar. —¿Tú qué, Jack? ¿Prefieres verte cosquilleado por una chica para poder robarle? —contraatacó. Daryl, un poco desconcertado por la conversación, trató de entender de qué estaban hablando. —¿De qué hablan? —Pensó ingenuamente. Daniel intervino, intentando mantener la calma. —Chicos, por favor, suficiente —les advirtió, tratando de poner fin a la conversación vulgar de Luca y Sam. El grupo continuó su camino por los tejados de Celestia, y la conversación, aunque tensa en momentos, no dejaba de tener su toque de humor. Luca, entre risas, recordó un incidente del pasado. —¿Recuerdan cuando atrapamos a Sam con las manos en la masa, con una chica de servicio de acompañante? —comentó mientras se reía—. Eso fue bastante vergonzoso. Sam, visiblemente incómodo, no pudo evitar exclamar: —¡Oye! Daryl, ajeno al contexto, preguntó inocentemente: —¿De qué están hablando? Daniel intervino rápidamente para poner fin a la conversación vulgar de Luca y Sam. —Está bien, eso es suficiente —reclamó con firmeza, deseando mantener la concentración en su misión de infiltración en Celestia. Acto seguido le tapó la orejas a Daryl con ambas manos para evitar que escuche —, un chiste sexual más por parte de ustedes y alguien tendrá un terrible y desafortunado accidente aéreo, ¡oyeron! Ambos se quedaron paralizado ante la amenaza de Daniel.—Sigamos, adelante. Daniel dirigió al grupo por los tejados de Celestia mientras explicaba el plan para saquear el departamento. La ciudad se extendía ante ellos, y el sol comenzaba a iluminar el horizonte. —Chicos, escúchenme —dijo Daniel en voz baja pero firme—. El departamento que vamos a saquear está a unas cuantas manzanas de aquí. Jack, necesitaré tu experiencia en hackeo para desactivar las alarmas. Sam, estarás a cargo de la entrada, asegurándote de que nadie nos sorprenda. Sam asintió con determinación, preparado para la tarea que se le asignaba. —Luca, usarás tu dispositivo para abrir la puerta principal. Y Daryl, estarás conmigo. Necesitaremos tu agilidad para movernos rápidamente por el interior del edificio. Daryl asintió con seriedad, listo para seguir las instrucciones de Daniel. —Recuerden, este saqueo debe ser rápido y discreto. No queremos llamar la atención de nadie. Una vez dentro, buscaremos objetos de valor y nos iremos lo más rápido posible. ¿Entendido? El grupo asintió en acuerdo mientras continuaban avanzando por los tejados, listos para llevar a cabo su misión en la rica y opulenta Celestia. El grupo se encontraba en el tejado de un edificio alto en Celestia, mirando hacia el departamento que tenían como objetivo. La pregunta de Jack sobre cómo Daniel conocía ese lugar colgaba en el aire. —Por cierto, Daniel, ¿Cómo supiste de ese lugar? —preguntó Jack, refiriéndose al departamento. Daniel se acomodó en su posición, mirando hacia el objetivo mientras respondía: —Cuando Daryl y yo fuimos a hacer un trabajo en el distrito Blue, después de terminar, fuimos a comer a una posada. En ese momento, un chico híbrido se nos acercó a nuestra mesa para conversar sobre los trabajos que ofrecía el Gremio de Aventura. De tanta conversación, surgió el tema de los residentes de Arriba y su estilo de vida. Aparentemente, el híbrido se dedicaba al escuadrón de Vigilantes. —¿Vigilantes? —inquirió Jack—. Ya veo, entonces tenía este lugar como objetivo, ¿no? —Así es —confirmó Daniel—. Estuvo observando a la familia que vive en ese departamento y resulta que ahora se encuentran de vacaciones. Salieron por una semana, así que el lugar estará vacío y vulnerable. Daryl, el más joven del grupo, estaba intrigado. —¿Qué son los Vigilantes? Jack procedió a explicar con más detalle: —Los Vigilantes son personas que se encargan de investigar a los residentes de Arriba para obtener cualquier información valiosa sobre sus vidas, familiares y riqueza. Luego, venden esa información y piden un precio a cambio. Por lo general, son híbridos quienes realizan este trabajo debido a sus sentidos animales, que les permiten obtener información de manera discreta y eficiente. Aquí está la conversación con algunas correcciones y más detalles: —30 monedas de plata y, a cambio, quería el 30% de las ganancias que obtuviéramos por la cosa —explicó Daniel. —Vaya, parece que ese vigilante es bastante avaricioso —comentó Jack—. Por suerte, su trabajo no implica secuestrar a las personas. —Parece que estaba bastante desesperado —agregó Daniel—. Muchos aventureros y cazarecompensas no están dispuestos a arriesgarse a subir a Celestia, especialmente porque este departamento está tan cerca del castillo. En ese momento, Sam pareció darse cuenta de algo y exclamó: —¡Espera un momento, Daniel! —No creí que fuera importante mencionar esto antes, pero... —Daniel vaciló antes de continuar—. Ese departamento está muy cerca del castillo de Celestia. —Lo dices ahora —exclamó Sam nervioso Daniel respondió con una sonrisa irónica: —Mira el lado bueno, Sam, al menos estaremos más cerca del castillo. Jack intervino, sarcástico: —Ya veo por qué nadie quería hacer este trabajo. — La tensión en el grupo aumentó mientras continuaban planificando su incursión en el departamento, hasta que Daniel miro su destino — Ahí está. De acuerdo recuerde el plan. —No hay problema —dijeron para dar un salto a la escalera de de emergencia del siguiente edificio donde tendría que entrar. Aquí tienes la conversación con algunas correcciones y una mayor expresión de preocupación por parte de Bennett: Mientras tanto, en el distrito Hydro, Bennett, el cuidador de los niños, se encontraba en un establecimiento bebiendo con una vieja amiga. Por sus notables rasgos, se trataba de una híbrido, pero ella no pertenecía al escuadrón de los vigilantes. —No sé qué hacer con Daniel. Cada vez se vuelve más impulsivo. ¡Puede creer que tiene la intención de subir a Celestia para robar! —decía mientras tomaba un trago de licor—. Ah, a veces me arrepiento de haberle enseñado esas cosas. La chica, con orejas de mapache, limpiaba un frasco con un trapo y respondió: —No es tu culpa. ¿Qué otra opción tenías? Ya has visto cómo se vive en esta pocilga. Aquí, nadie gana nada siendo amable y generoso. Bennett suspiró y continuó, mostrando más preocupación: —Quizás debí esforzarme más para conseguir lo necesario para esos niños. Así, Daniel y Daryl no tendrían que estar haciendo este tipo de trabajos. ¿Tú qué opinas, Lif? Lif miró a Bennett con compasión y dijo: —Opino que ya has sufrido suficiente. Lif miró a Bennett con compasión y luego suspiró antes de responder: —Mira, Bennett, entiendo que estás preocupado por Daniel y Daryl. Son jóvenes y están tratando de sobrevivir en un lugar tan despiadado como SubCelestia. A veces, las decisiones que toman pueden no ser las mejores, pero esas decisiones también los están moldeando y fortaleciendo. —Pero me preocupa su seguridad. Celestia es un lugar peligroso, y si intentan robar algo allí, podrían meterse en serios problemas, o peor aún... —Bennett dejó la frase en el aire, incapaz de pronunciar sus temores en voz alta. Lif puso una mano reconfortante en el hombro de Bennett y dijo: —Lo sé, pero también son jóvenes y valientes. A veces, debemos permitirles cometer errores para que puedan aprender y crecer. Además, siempre puedes hablar con Daniel, tratar de entender sus motivaciones y preocupaciones. Tal vez juntos puedan encontrar una solución más segura para su futuro. Bennett asintió, agradecido por las palabras de Lif, pero su preocupación por los niños todavía pesaba en su mente. Sabía que esta conversación era solo el comienzo de un dilema que tendría que enfrentar en el futuro. —Siempre sabe que decir, es lo que envidio de ti. En el tranquilo rincón del bar, mientras Bennett y Lif seguían conversando sobre la seguridad y el futuro de los niños, hubo un momento en el que sus miradas se encontraron de una manera que revelaba una conexión más profunda. Era un destello de complicidad, una chispa de algo que había existido entre ellos durante mucho tiempo. Bennett desvió la mirada por un momento, sus ojos mostraban una mezcla de emociones difíciles de describir. Finalmente, rompió el silencio: —Lif, a veces siento que hemos pasado por tantos desafíos juntos que nuestra amistad es algo más que eso. Es como si... —titubeó un poco antes de continuar—... como si hubiéramos compartido algo que va más allá de la amistad. Lif asintió con una sonrisa triste en los labios. —Sí, Bennett, entiendo lo que quieres decir. Hemos enfrentado muchas dificultades juntos, y eso ha creado un vínculo especial entre nosotros. Algo que no se puede describir fácilmente. Bennett suspiró y miró su vaso de licor. —Recuerdo cuando Ian estaba con nosotros. Era parte de nuestro grupo, y su ausencia aún se siente. No sé cómo enfrentaría todas estas preocupaciones sin tu apoyo. Lif tocó suavemente la mano de Bennett. —Ian siempre estará en nuestros corazones, Bennett. Y aunque ha pasado tiempo desde que se fue, no olvidaremos todo lo que compartimos con él. Nuestra amistad y apoyo mutuo son un tributo a su memoria. Bennett asintió, agradecido por las palabras de Lif. Habían compartido tanto juntos, incluso el dolor de la pérdida de su amigo Ian. Aunque su relación había evolucionado con el tiempo, la amistad y el vínculo especial que compartían seguían siendo una parte importante de sus vidas. El repiqueteo de las botas de cuero en el suelo del establecimiento llamó la atención de Bennett y Lif, quienes se volvieron para ver quién había llegado de forma tan decidida. La figura imponente de Cyno Paradise se recortó en la puerta mientras entraba con confianza. Su presencia ejerció una influencia magnética sobre la atmósfera del lugar, y los murmullos se apagaron gradualmente mientras todos los presentes volvían su atención hacia él. Cyno avanzó con elegancia hacia el mostrador y se apoyó en él, mirando a Bennett y Lif con sus ojos fríos y calculadores. Su presencia no pasó desapercibida, y tanto Bennett como Lif sintieron una mezcla de inquietud y respeto ante su llegada. —Bennett, Lif, siempre es un placer encontrarlos en este tipo de lugares —dijo Cyno con una sonrisa burlona en los labios. Su tono era condescendiente, como si estuviera disfrutando de la incomodidad que causaba—. ¿Charlando sobre asuntos familiares, supongo? Bennett apretó los puños bajo la mesa, consciente de que Cyno siempre parecía saber cómo presionar sus botones. —Cyno, ¿qué estás haciendo aquí? Esto no es asunto tuyo. Lif, por su parte, mantuvo la calma y una sonrisa en el rostro. —Cyno, no estamos aquí para causar problemas. Solo estamos teniendo una conversación tranquila. Cyno se rió entre dientes y se enderezó. —Oh, estoy seguro de que es una charla fascinante. Pero, ¿no creen que sería más productivo si trabajamos juntos en lugar de perder el tiempo aquí? Bennett frunció el ceño, escéptico ante las palabras de Cyno. —¿Trabajar juntos? No confío en ti, Cyno. Lif, por su parte, no pudo contener su desprecio y se explayó con su característica franqueza. —A la mierda con tus trabajos, Cyno. El líder de SubCelestia, lejos de molestarse, simplemente sonrió de forma socarrona mientras tomaba asiento. —Siempre tan directa, Lif. ¿Aún no has cambiado? La tensión en el aire era palpable, y Bennett podía sentir la rivalidad histórica entre Lif y Cyno. Los 3 había sido amigos en su juventud, pero las circunstancias los habían separado y los habían convertido en rivales amargos. La historia no contada entre ellos pesaba en cada interacción, y la desconfianza reinaba en sus palabras. —Basta de juegos, Cyno. ¿Por qué estás aquí? —preguntó Bennett, ansioso por llegar al punto. Cyno se recostó en su silla y cruzó las piernas con tranquilidad. —Bueno, Bennett, Lif, he venido a proponer una alianza. SubCelestia se está volviendo un lugar cada vez más peligroso, y creo que podríamos beneficiarnos mutuamente si trabajamos juntos. Tengo información valiosa que podría ayudarnos a todos. La mirada de Lif se volvió más aguda. —¿Información? ¿Sobre qué? Cyno inclinó la cabeza ligeramente. —Sobre los experimentos biológicos que se están llevando a cabo en SubCelestia. Creo que ambos saben a qué me refiero. —El Virus Nocturnus Bennett y Lif escuchaban con atención mientras Cyno continuaba explicando sobre el Virus Nocturnus. —El Virus Nocturnus es un mal que está arrasando en otros distritos de SubCelestia. A diferencia del Virus Lunaris, que es de mi creación y que hemos utilizado para nuestro beneficio, el Nocturnus es una creación diferente, y su objetivo es sembrar el caos y la destrucción. Los infectados experimentan una especie de oscuridad interna, que los hace más propensos a la violencia y el caos. Además, sus sentidos nocturnos se agudizan significativamente, lo que los convierte en cazadores letales durante la noche. Lif levantó una ceja, intrigada. —¿Y cuál es tu objetivo con respecto al Virus Nocturnus? Cyno sonrió con malicia. —Mi objetivo es aprovechar el caos que está causando el Virus Nocturnus en otros distritos para debilitar a los grupos que se oponen a mi liderazgo y, en última instancia, tomar el control completo de SubCelestia. El Virus Nocturnus es una herramienta que me ayudará a lograrlo. Bennett apretó los puños con furia. —Eres un maldito desalmado, Cyno. No permitiremos que sigas con esto. Cyno rió con desdén. —Oh, Bennett, siempre has sido tan moralista. Pero en este mundo, la moralidad es un lujo que no podemos permitirnos. Prepárate para enfrentar el caos que se avecina, porque SubCelestia nunca volverá a ser la misma. Además como lo dije, el virus Nocturnus no es de mi propiedad. La conversación continuó mientras Bennett, Lif y Cyno discutían los planes y las consecuencias del Virus Nocturnus. La amenaza que representaba esta nueva arma biológica se cernía sobre ellos, y estaban decididos a detenerla, sin importar el costo. Lif arqueó una ceja, intrigada por la revelación de Cyno. —¿Tu Virus Lunaris? ¿Hace lo opuesto al Virus Nocturnus? ¿Qué significa eso? Cyno asintió con satisfacción. —Así es. Mientras que el Virus Nocturnus aumenta la violencia y el caos, el Virus Lunaris tiene el potencial de traer paz y estabilidad. Cuando los infectados por el Lunaris están cerca de alguien, ese alguien se siente más calmado y en paz. También puede tener efectos curativos en ciertas enfermedades y heridas. Bennett miró a Cyno con desconfianza. —¿Y por qué no has distribuido el Virus Lunaris en SubCelestia para traer paz y estabilidad en lugar de causar más caos con el Nocturnus? Cyno sonrió siniestramente. —Ah, mi querido Bennett, el Lunaris tiene un defecto fundamental. Puede ser controlado, pero también puede ser descontrolado. Si se esparce demasiado, podría llevar a la apatía total y a la pérdida de la voluntad de luchar. No quiero que mis súbditos sean pasivos, quiero que estén desesperados, buscando una solución, y esa solución soy yo. Bennett frunció el ceño. —Eres un monstruo, Cyno. No importa cuánto intentes justificarlo, lo que estás haciendo está mal. Cyno rió con desprecio. —La moralidad es subjetiva, Bennett. Yo veo el poder como una virtud, y haré lo que sea necesario para alcanzarlo. Ahora, debo ocuparme de mis asuntos. Nos vemos en el campo de batalla, queridos amigos. Cyno se levantó y salió del establecimiento, dejando a Bennett y Lif con la difícil tarea de detener la amenaza del Virus Nocturnus antes de que se desate el caos total en SubCelestia. —Mierda... ¿ahora que hacemos? —Preguntó Lif para ella misma. Por otro lado en Celestia, el grupo de Daniel finalmente logró infiltrarse en el departamento de Celestia que habían planeado saquear. Después de evadir a los soldados y recorrer los tejados de la ciudad, habían llegado a su destino. Ahora, se encontraban en el interior de un lujoso apartamento que contrastaba proporcionalmente con las condiciones en las que vivían en SubCelestia. El apartamento estaba iluminado por grandes ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. Las paredes estaban decoradas con obras de arte costosas y muebles elegantes llenaban la sala de estar. Un candelabro colgaba del techo, iluminando el lugar con luces tenues y parpadeantes. Daniel lideraba el grupo mientras exploraban el apartamento en busca de objetos de valor. Luca estaba ocupado revisando una colección de joyas en una vitrina, mientras que Sam observaba con envidia una serie de aparatos electrónicos de última generación. Jack se había dirigido a una estantería llena de libros caros y raros. Daryl, por otro lado, se encontraba fascinado por la cocina de alta gama. Abró el refrigerador y quedó boquiabierto al ver una amplia variedad de alimentos frescos y exquisitos. No podía recordar la última vez que había visto una cantidad tan grande y variada de comida. El grupo continuó explorando el apartamento, encontrando objetos de valor como joyas, artefactos electrónicos, ropa de diseñador y más. Sabían que debían ser rápidos y discretos, ya que cualquier ruido o movimiento en falso podría alertar a los ocupantes del apartamento oa los soldados de Celestia. Mientras exploraban, Luca hizo un gesto para que todos se detuvieran. Había encontrado una caja fuerte en la habitación principal. Con habilidad, comenzó a trabajar en la cerradura, consciente de que lo mejor aún estaba por venir. Mientras tanto, el grupo seguía maravillado por la riqueza y el lujo que les rodeaba, sabiendo que esta incursión podría cambiar sus vidas en SubCelestia para siempre. Mientras Luca se concentraba en abrir la caja fuerte en la habitación principal, Sam decidió explorar un poco más el apartamento. Siguió un pasillo que lo llevó a una puerta entreabierta, y cuando la empujó suavemente, descubrió un pequeño cuarto que parecía esconder secretos oscuros. El cuarto estaba lleno de planos, documentos y fotografías esparcidos sobre una mesa. Sam notó de inmediato que estos no eran planos comunes, sino que parecían tener un carácter más confidencial. Había diagramas detallados de edificios y estructuras en SubCelestia, marcados con anotaciones encriptadas y rutas de escape. Las fotografías mostraban a personas en situaciones comprometedoras o entrando y saliendo de lugares sospechosos en SubCelestia. Había imágenes de individuos que Sam reconocía como líderes de pandillas o personas influyentes en el submundo criminal. Sam comenzó a conectar los puntos mientras revisaba los documentos. Esto no parecía ser solo una colección de información aleatoria; más bien, era un archivo de actividades ilegales y operaciones secretas en SubCelestia. ¿Quién había recopilado toda esta información y con qué propósito? El corazón de Sam latía rápidamente mientras se daba cuenta de la gravedad de lo que había descubierto. Sabía que debía llevar estos documentos de regreso al grupo y contarles lo que había encontrado. Esto podía cambiar el rumbo de su incursión en el apartamento de Celestia y llevarlos a enfrentar peligros aún mayores de los que habían anticipado Sam continuó examinando los documentos y planos que había encontrado en la habitación secreta del apartamento de Celestia. A medida que avanzaba por la pila de papeles y gráficos, sus ojos se agrandaban con cada descubrimiento. No se trataba solo de información sobre actividades ilegales, sino de un plan mucho más siniestro. En uno de los planos, Sam vio un diseño detallado de un arma que parecía capaz de causar una gran destrucción. Estaba marcada con notas encriptadas que indicaban su poder destructivo y su capacidad para afectar a grandes áreas de SubCelestia. Las implicaciones eran aterradoras: alguien había estado planeando usar esta arma para causar estragos en su hogar. Mientras seguía examinando los documentos, Sam encontró evidencia de que estos planes estaban respaldados por el gobierno de Celestia. Había comunicaciones que indicaban que altos funcionarios estaban al tanto de este proyecto y estaban proporcionando fondos y recursos para su desarrollo. El corazón de Sam se hundió mientras se daba cuenta de la magnitud de la amenaza. Estaban en posesión de información que podría cambiar el destino de SubCelestia y de todos sus habitantes. Sabía que debía llevar esta información de regreso al grupo de Daniel de inmediato y decidir cómo enfrentarían esta situación. Lo que habían planeado originalmente ya no importaba; ahora debían detener este plan nefasto antes de que fuera demasiado tard El grupo de Daniel continuó su incursión en el apartamento de Celestia, revisando cada rincón en busca de objetos de valor y recursos que pudieran ayudarles en su lucha por la supervivencia en SubCelestia. Mientras caminaban por las habitaciones lujosamente decoradas, compartieron una charla casual entre ellos. —Este lugar es increíble, ¿verdad? —comentó Luca mientras miraba a su alrededor—. No puedo evitar pensar en cómo vive la gente de arriba. —¿Te imaginas lo que sería vivir aquí arriba? —preguntó Jack mientras curioseaba en una estantería llena de objetos extraños—. Debe ser como estar en otro mundo. Daryl, que normalmente no decía mucho durante estas expediciones de saqueo, miró hacia una ventana con vistas a la ciudad de Celestia. Los colores del atardecer se reflejaban en los cristales de los rascacielos, creando un espectáculo de luces y sombras. —Es hermoso —murmuró Daryl, más para sí mismo que para los demás. El contraste con la oscuridad de SubCelestia era abrumador. Justo cuando el grupo estaba disfrutando de este breve respiro de la realidad, Sam irrumpió en la habitación con una expresión de preocupación en el rostro. Guardó los documentos y planos en su mochila y miró al grupo con urgencia. —Chicos, necesito que me escuchen. Encontré algo muy, muy grave en una de las habitaciones. Algo que podría cambiarlo todo para nosotros y para SubCelestia. Tenemos que hablar de esto de inmediato. —Shh, todos, mantengan la calma —susurró Daniel en voz baja mientras señalaba hacia la puerta de entrada—. Escuché voces afuera, parece que alguien está entrando al edificio. Tenemos que salir de aquí lo antes posible. El grupo se apresuró a guardar los planos y cualquier otro objeto de valor que hubieran encontrado en sus mochilas. El ambiente en la habitación se volvió tenso mientras cada uno hacía su parte para mantener el silencio y prepararse para partir. —¿Qué hacemos, Daniel? —preguntó Luca en voz baja. Daniel miró a Sam, que aún estaba con los documentos. Sabía que no podían dejar evidencia detrás de su visita al departamento. Con decisión, se acercó a Sam y le susurró al oído. —Sam, tenemos que irnos, escuché voces afuera. Guarda esos papeles y vámonos. Sam asintió y comenzó a guardar los documentos en su mochila lo más rápido que pudo. El grupo se mantuvo en silencio mientras esperaban a que Sam terminara. Cada segundo que pasaba aumentaba la tensión en la habitación. Finalmente, Sam cerró su mochila y se puso de pie. Daniel lideró al grupo hacia la puerta, asegurándose de que todos estuvieran listos para moverse. Con pasos sigilosos, salieron del departamento y se dirigieron al pasillo, donde las voces se escuchaban más cerca. La situación era crítica, y el grupo de Daniel sabía que debían ser cautelosos y rápidos si querían evitar ser descubiertos. Mientras se dirigían hacia la salida del edificio, sus corazones latían con fuerza, conscientes de que estaban en una carrera contra el tiempo para escapar de la amenaza que se cernía sobre ellos en Celestia. El camino del edificio llegaba a su fin con un nuevo problema que se cernía sobre el grupo de Daniel. Mientras escapaban de Celestia con la información vital en su poder, una sombra misteriosa comenzaba a seguirlos. Daniel podía sentir la mirada penetrante que los observaba desde las sombras, y un escalofrío recorría su espalda. No sabían quién o qué los perseguía, pero sabían que no podían permitirse ser atrapados. Mientras tanto, en el distrito Hydro, Bennett estaba profundamente preocupado por la decisión que tenía que tomar. Había escuchado las palabras de Cyno sobre trabajar juntos para detener la amenaza del Virus Nocturnus, pero también sabía que Cyno no era de fiar. La seguridad de los niños a su cargo y la de SubCelestia estaba en juego, y tenía que tomar una decisión que afectaría a todos.